CAPÍTULO 19: TARDES DE CINE. ¿CUÁNDO TE DARÁS CUENTA?
(Voz de Seth)
"Bueno… pues ahora que hemos acabado de hacer las compras… ¿y si hacemos algo más?" Le digo.
"¿Algo más?" Me dice confusa echando la llave a la zona que está cerrada de la zona de carga. "¿Cómo que algo más?"
"No sé, esto es enorme." Le digo captando el tono de nerviosismo. "Podríamos pasear o… apuesto a que hay algo más que te pueda interesar. Ah, hay un cine." Afirmo recordando que Jake me lo había dicho. "Podríamos buscarlo y ver que películas ponen. O también podemos ir a un bar y nos tomamos algo. No sé si te gusta ir al cine."
"Pues… sí, sí, es… claro que me gusta." Afirma dudando. "Pero… No sé qué películas hay."
"Ah, no importa." Afirmo feliz de que diga que el cine no es tan mal plan. "Podemos pasear hasta allí y… miramos las que ponen y… bueno, si hay alguna interesante podemos entrar a verla."
"Guao, es… es… ¡qué buen plan!" Afirma feliz.
"Me alegra que te guste el cine." Le digo.
"¡Eso no, eso!" Afirma señalando a un lado para hacerme ver un músico callejero. "Oh, oh. ¿Podemos parar un momento a verlo?"
"Sí, claro." Le digo confuso para alegrarme al ver cómo se porta como una niña pequeña al ver el músico tocando.
Sonriéndo la sigo y me pongo junto a ella a oír al hombre.
"¿Sabes qué?" Me dice suavemente. "Recuerdo que cuando era más pequeña, me gustaba escuchar a los músicos callejeros. Pero como no me dejaban, acababa escondiéndome para escucharlos, nunca supe qué cara tenían."
"Eso es un poco raro." Afirmo. "¿En serio eso es lo que recuerdas?"
"Sí, es… sé que es extraño de creer, pero… no sé, los únicos recuerdos de mi vida que conservo son siempre iguales." Me dice adoptando una mueca de extrañeza mientras yo capto un olor extraño. "Yo… desde que recuerdo siempre he estado escondiéndome. Todos los recuerdos que tengo son… escondiéndome."
"¿Por qué?" Le digo.
Supongo que me contestará algo, pero no abre la boca y al final acaba suspirando.
"No lo sé, no creo que hiciera nada malo." Me dice suavemente. "Recuerdo escuchar música y ver gente divirtiéndose fuera de casa."
"Pero habrás ido a fiestas ¿no?" Le digo.
"No lo sé." Afirma. "Pero me gusta bailar." Añade sonriéndo tristemente para mirarme como dedicándome ese pensamiento. "¿Cine?"
"Cine." Asiento. "Que está… bueno, ya preguntaremos."
(Salto espacio-temporal)
"Una de palomitas, con sal y tamaño gigante." Afirmo. "Y dos colas."
El paseo hasta allí había sido una pasada. Había sido cansado, porque nos había costado encontrarlo y habíamos ido andando, sin embargo, nos lo habíamos pasado bien. Y ahora, yo aprovechaba que Ann estaba en el retrete para coger algo para compartir y esperarla en las escaleritas junto a las puertas de los retretes para que al salir, la sorprendiera desde atrás haciéndola reírse por haberla asustado y mirarme con sorpresa al verme cargado con el cubo de palomitas y las dos colas.
"Siempre quise ver qué era eso del menú parejas, así que… ahora que somos dos, pensé que era el momento perfecto para pedirlo."
"Ya, pero no… nosotros no somos…" Me dice un poco confusa.
"Ah, no, es… como amigos." Afirmo.
"Vale, entonces… te pagaré la mitad."
"No, no por favor." Le digo rápidamente. "Yo invito, era… ha sido un capricho mío. A mi hermana también le invito a veces."
"Ah, claro." Afirma sonriéndo de nuevo.
¿Qué mosca le había picado?
Era muy extraño que no parara de reaccionar así.
Me dejaba estar cerca de ella todo lo que quisiera, pero es que era salir el tema de dar un paso más hacia algo, la más mínima sugerencia y… le salían espinas, se asustaba y reaccionaba como un ciervo amenazado.
"¿Puedo hacerte una pregunta?" Le digo a Ann suavemente mientras nos sentamos en los asientos que nos han dado.
"Claro." Me dice.
"¿Por qué cada vez que sale la palabra 'parejas' parece que te esté metiendo estillas bajo las uñas?" Le pregunto. "¿Tanto asco te doy?"
"No, claro que no." Me dice. "Es… ¿en serio eso es lo que te parece?"
"Hombre, supongo que asco no." Le digo. "Pero… no sé, te digo que he cogido esto porque me apetecía probarlo y siempre que he venido no he podido coger uno para ver qué era y parece que te estuviera pidiendo que te tiraras a la vida del tren."
"Ya es que…" Me dice poniendo una cara que me indica que la estoy acorralando.
"No te preocupes, no tienes por qué decírmelo si no quieres." Le digo cogiendo una palomita.
"Seth, es… me caes bien, así que… dejemos las cosas como están, por favor." Me dice suavemente tras un silencio.
"¿Hay alguna posibilidad de que alguna vez puedas verme como algo más que un amigo?" Le pregunto tristemente.
"Si no te viera así, no me importaría para nada darte falsas esperanzas." Me dice.
Vale, ahora no entendía nada.
¿Sí que me veía como a algo más que un amigo pero no quería darme falsas esperanzas?
No entendía nada, por desgracia la película comenzó y no pude preguntar más.
Sobre todo me llamó mucho la atención que ella casi no cogía palomitas, y la cola tomaba sorbos cortos y sin dejar de mirar la pantalla.
Así que me distraje y seguí mirando la película. No valía la pena que me comiese la cabeza con tonterías que no tenían respuesta y…
Un roce de dedos al intentar coger la misma palomita a la vez, una mano que se retira rápidamente y un lo siento con un gesto de que cogiera yo primero que respondo cogiendo una palomita para metérsela en la boca y cogerme otra para mí sonriéndo.
Por mucho que dijera lo que dijese, era evidente que le pasaba algo. Se había sonrojado y estaba preciosa. Y a mí me había dado un salto el corazón con ese simple contacto.
Un salto con tripe mortal y doble tirabuzón.
Y a fin de cuentas… qué más daba que lo liase todo con palabras. No era un simple amigo, con eso me bastaba. Tenía todo el tiempo de mundo por delante para hacerle perder el miedo a que pudiera haber algo más entre nosotros.
(Salto espacio-temporal)
(Voz de Pam)
"Ha sido una tarde fantástica." Afirma Seth feliz mientras conduzco de vuelta a la reserva con la moto que hemos llevado esa mañana bien sujeta en la zona de carga descubierta. "Ha sido una suerte encontrar ese restaurante de comida italiana. Aunque siento mucho no entender demasiado de esa comida."
"No importa." Le digo sonriéndo. "Ha sido muy gracioso verte pedir por dos."
"Sí, la camarera nos ha… Ha sido rápida trayendo la comida ¿no?" Me dice.
"Sí, me ha sorprendido." Afirmo.
La comida había sido… un poco tensa, porque la camarera nos había confundido con una pareja, y con esa iban… unas cuantas veces ya que nos confundían. Y era raro, porque por un lado tenía miedo de que al decirlo le crearan a Seth falsas esperanzas y por otro lado… inexplicablemente… me alegraba.
No sé por qué, pero me alegraba que nos confundieran con una pareja. Debería enfadarme, yo… yo quería a Félix. No había duda de eso.
Era evidente que Félix estaba bajo algún tipo de influencia, sin embargo… me era casi imposible no quererle.
Félix había sido todo lo que había conocido. Siempre me había protegido, me había reconfortado en los momentos tristes u oscuros… me había enseñado qué era ser querida. Sus besos… sus besos eran… ¿qué eran?
Félix era lo único que conocía.
"Seth." Le digo parando el coche en unos acantilados a petición suya.
"¿Sí?" Me dice.
"Qué… qué hacemos aquí." Le pregunto.
"Nada, solo quería parar un momento a estirar las piernas." Afirma sonriéndo mientras bajo para seguirle y ver que va hasta el acantilado donde mira al mar.
"Ya, pero… esto está en medio de la nada." Le digo.
"Lo sé, por eso es tan genial." Afirma sonriéndo feliz. "Ven, acércate." Me dice girándose y haciéndome un gesto de invitación con la mano que había estado haciéndose visera para protegerse del sol. "No te preocupes, no te voy a dejar caerte. Esto es totalmente seguro."
"¿Seguro?" Le pregunto cogiéndole la mano dado que no me gustaría caerme al mar.
"Claro." Afirma divertido cogiéndome la mano con firmeza, como buscando darme tranquilidad. "Mira. ¿Ves ese punto de ahí?" Me pregunta señalando al frente hacia un punto donde sale una roca un poco. "Ahí vamos a saltar al mar. Es un subidón enorme."
"¿Saltáis al mar por diversión?" Le pregunto.
"Sí." Afirma feliz. "A veces vamos ahí todos y otras, simplemente para descargar la adrenalina. Ya sabes, para evitar pensar y eso."
"Hum." Afirmo.
Descargar las preocupaciones. Eso no me vendría nada mal ahora mismo.
"¿Hacéis escalada?" Le pregunto.
"No, simplemente saltamos." Me contesta. "¿Por qué?. ¿Quieres probar?"
"Creo que no." Afirmo. "Al menos no hoy."
"Me gustaría poder preguntarte, pero…" Me dice. "Creo que no he conseguido lo que quería."
"¿Y qué querías?" Le pregunto.
"Al principio quería algo persona, pero he decidido que no me interesa más." Me dice divertido mirando al horizonte. "Pero además, mi objetivo era hacerte sentir algo mejor y que se te olvidara lo que quiera que tuvieras en la cabeza que te está haciendo daño; pero creo que no he conseguido nada."
"No, lo has conseguido." Afirmo sonriéndo divertida. "Me he divertido mucho. Romper un día la rutina me ha sentado bien."
"Genial." Afirma feliz haciendo un gesto de victoria.
"Seth, es… recuerdo que solía tener a alguien." Le confieso. "Un hombre. Yo creía que me quería, pero… resulta que solo fingía… Pensaba que tenía a alguien, y resulta que estaba sola."
"Yo no te dejaría sola." Me dice dándome un tirón suave de la mano porque me he girado para intentar volver al coche.
"Ya lo sé, por eso no puedo corresponderte, lo siento." Afirmo. "Porque si te dejara pensar que puedo… estaría mintiéndote."
"Tú… aún quieres a… ese hombre, sea quien sea." Me dice apenando.
"Sí." Afirmo suavemente. "Es… por mucho que sepa que fingía, mis sentimientos era ciertos, no puedo olvidarlos así como así."
"Esperaré." Afirma dejándome boquiabierta.
"¿Cómo dices?" Le digo confusa girándome para mirarle y ver que está serio.
"Esperaré." Repite encogiéndose de hombros. "Habéis roto ¿no? Me da igual que tardes años, décadas si quieres. Estaré esperando. Me basta con que me dejes estar a tu lado, por muy bochornoso que sea."
"Eso sí puedo consentirlo." Afirmo.
Es triste que alguien que acaba de conocer hace poco pueda sentir algo así de bonito por mí. Que un chico que hace tan poco que conozco me diga que me esperará, el tiempo que haga falta para que mi corazón pueda curarse un poco y pueda olvidar lo que he sentido, lo que aún siento por Félix… todo eso era algo que… no me merecía.
"Seth." Le digo. "Es… es muy probable que en algún momento tenga que… irme."
"Perfecto." Afirma. "Es… dímelo al menos un día antes. Tendría que despedirme de todos y… ¿crees que necesitaría un pasaporte? Debería ir haciéndomelo..."
"Seth, no… no lo entiendes." Le digo. "Me iría sola."
"¿Por qué?" Me dice. "Es… sería el doble de trabajo tener que buscar tu rastro y seguirlo para encontrarte."
"¿Tú… tú me seguirías?" Le pregunto.
"Hasta el fin del mundo." Afirma.
No podía seguir mintiéndole.
"Seth." Le digo. "Es… mantente alejado de mí/ quédate un poco más aquí, con… conmigo."
Debería haber dicho lo que pensaba, no lo que le había dicho. Tendría que haber dicho que se alejara en lugar de que se quedara a acompañarme.
Éramos de especies diferentes, enemigos por naturaleza.
(Salto espacio-temporal)
(Voz de Arik)
"Lo he pasado muy bien, de verdad." Oigo a Pam decir por el camino hacia casa mientras yo estoy echando tomando el sol.
Tan pronto como la veo volver caminando tranquilamente junto al lobo que no para de seguirla a todos lados porque está imprentado de ella me quedo más tranquilo.
"Ah, yo también me he divertido." Afirma él sonriéndo. "Sobre lo del acantilado…"
"Ah, es… creo que lo mejor sería que no se lo dijeras a nadie." Afirma ella. "Ya sabes, por… qué dirán."
"No te preocupes, será nuestro secreto." Afirma divertido. "Vaya, Arik. ¿Has estado tomando el sol?"
"El sol es bueno para coger energía." Afirmo. "¿Y vosotros?"
"De paseo." Me contesta él sonriéndo.
"Seth me llevó a Port Angels en moto y buena noticia, ya tengo coche." Afirma Ann sonriendo.
"Un coche que contaminará el ambiente y…"
"No, es un híbrido." Afirma él.
"Además, no voy a usarlo mucho." Afirma Ann encogiéndose de hombros. "Solo para ir a la ciudad, o para comprar cosas grandes."
"Bueno, yo voy a ir yéndome ya a casa." Afirma Seth.
"Dale recuerdos a Leah." Le dice Ann.
Ella siempre está diciendo que quiere ignorar los sentimientos de ese chico, porque tiene a otro y parece que lo quiere mucho, pero no puedo evitar reparar en que observa cómo se va ese chico y no pierde la sonrisa hasta que yo no abro la boca.
"Veo que ya os lleváis mejor." Le digo.
"Creo que me llevó a la ciudad para animarme." Me dice perdiendo la sonrisa al momento tras carraspear. "No quería llevarlo, pero… se puso muy pesado."
"Ya veo." Afirmo. "Apuesto a que ha sido una tortura ir con él. Aunque ahora que lo pienso, apuesto a que le has sacado mucha información."
"No, la verdad es que… no." Niega. "No sé, hemos ido a pasear, al cine… por cierto, he comprado una taza preciosa y opaca para cada uno. La mía es roja, la tuya azul. Me pareció sencillo de recordar por lo que van a tener dentro."
"Me parece bien." Afirma. "Yo he traído más peces para 'el estanque'."
"Me he comido dos en el desayuno." Me dice. "No sé por qué lo hice, es… cuando me di cuenta estaba secando el segundo."
"Tenía sangre cálida, los traje para eso." Afirmo. "Como los conejos y las liebres, pero estas avisa cuando las hagas desaparecer porque las consiguen Maya y Shelly."
"He estado pensándolo." Afirma. "No entiendo por qué unas chicas que casi ni conozco harían algo así por mí."
"En realidad lo hacen por mí." Le digo.
"Y supongo que tú lo haces para que te devuelva…"
"No, lo hago porque me parecía que tenías mala cara." Niego tranquilo.
"¿Y por qué tendrías que hacerlo?" Me pregunta.
"Vivimos juntos." Le digo. "Me preocupas."
"¿Yo?" Me pregunta.
Como respuesta, simplemente me encojo de hombros y asiento.
"Supongo que no estás acostumbrada a que se preocupen por ti, pero…"
"En casa también se preocupan por mí." Me dice. "Cuando hace sol no me quitan la vista de encima para evitar que salga y me puedan descubrir."
No sé si no se daba cuenta de que probablemente no les importara que la descubrieran a ella sino que si la descubrían tirarían del hijo y llegarían a ellos.
"Era extraño." Afirma. "Yo te tengo aquí cautivo. No entiendo por qué tendría que interesarte mi salud. De hecho… si me muero será bueno para ti. Podrás recuperar tu piel y volver al mar."
"No estoy del todo mal aquí." Le reconozco. "Me dejas comer lo que quiera y puedo estar junto al mar tanto como quiera."
"Sí, pero… no eres libre." Me dice.
"¿Y tú sí?" Le pregunto. "Hoy es el primer día que has salido a hacer algo que tú quisieras en lugar de para trabajar."
"Es cierto…" Me dice para sonreír. "Ha estado bien. El cine de verdad es divertido."
"Y aún no ha venido nadie a decirte que volvieras o que no salieras." Le digo.
No me contesta. Ni una palabra. Sin embargo, sabía que no estaba dejando la mente en blanco. Le estaba pasando algo por la cabeza.
Y al final suspira y mira al mar. Algo gordo.
"Voy a apresurarme un poco." Me dice. "Estudiaré un poco a la familia Cullen y presentaré los informes que ya tengo. Voy a pedir que me saquen de aquí y…"
"¿Vas a irte?" Le digo sorprendido de que lo reconozca.
"Sí, es… no puedo quedarme más." Afirma. "Los maestros estaban equivocados con estos chicos. No son peligrosos. Sí, son muchos, pero no son inmortales, simplemente son… chicos que se trasforman. Son perfectamente humanos en el sentido de racionales y con sentimientos. No… no me parece bien seguir engañándoles así."
"¿Y tú quieres irte?" Le pregunto.
"Sí."
"Pero… si pudieras quedarte, si diera igual que fueras lo que eres y pudieras quedarte aquí… ¿te irías?"
"No, pero… eso no es así." Me dice. "Yo soy quien soy, no puedo cambiar eso. Tengo gente que me espera, tengo una misión… y no soy ni humana ni como ellos. Nunca me aceptarían."
Cómo podía hacerle entrar en su dura cabezota de vampiro que tenía que esos chicos no eran del todo tontos. Que había oído a Jacob, que parecía jefe de uno de los grupos, decir que le había pedido a uno de los vampiros de la zona que la ayudara con lo de la amnesia y que sospechaba que, aunque algo no iba como debería en su cabeza, lo de la amnesia no era del todo cierto.
"Ann, antes de que hagas algo que te puede costar la cabeza… piénsatelo bien, por favor." Le digo. "No creo que tus jefes vayan a ver con buenos ojos que des un informe apresurado. Y de momento, aquí estás a salvo."
"¿Y por cuánto tiempo?" Me dice. "Bloquear mis recuerdos no va a servir eternamente. Llevo días que no puedo separar el pasado del presente. Y mañana quiero pedir a Jacob que me lleve a visitar a los Cullen para investigar a la niña."
"La niña no necesitas investigarla." Le digo. "Shelly la ha visto, crece rápidamente, parece estar a punto de acabar la primaria."
"Los maestros me dijeron que la madre era humana y el padre vampiro cuando nació la criatura." Me dice. "Pero nunca hemos visto otra cosa igual."
"Ann." La paro haciéndola mirarme. "Escúchame y escúchame bien, por favor. No necesitas investigar a esa niña porque ya sabes lo que tienes que decir. Esa niña es como tú. Ambas sois mestizas, solo que ella es medio humana y tú medio ave."
"Yo no soy medio nada." Afirma. "Soy una…"
"Ann, escúchame." Le pido. "Esa gente se alimenta de sangre, la niña y tú de sangre y comida humana por igual. Tú de hecho casi no tomas sangre."
"Debo parecer humana, ya lo sabes." Me dice.
"Ann, Maya conoce a la gente que son como ellos." Le digo. "Cazan. Pueden cazar más o menos, pero todos ellos cazan con regularidad. Tú apenas te tomas dos tercios de vaso al día."
La había observado. Si la apreciaba es porque por más que me había esforzado en buscarlo en ella, no había encontrado ninguna de las cualidades que tenían los vampiros que habían pasado por nuestros territorios durante tiempo.
Ella no mataba nada que no fuera estrictamente necesario matar para alimentarse porque estaba al límite y necesitaba algo más que un poco de sangre recalentada en el microondas. Bebía pescado y liebres porque eran pequeños y tenían la cantidad de sangre necesaria para mantenerse.
No era agresiva, no reaccionaba agresivamente ante la presencia de sangre… Incluso sus gustos eran humanos.
Lo único que parecía denotar que era en parte vampiro era el ligero brillo oleoso que tenía su piel al sol si se le iba la crema hidratante que se echaba todos los días del orden de dos a tres veces al día y que había comprobado que tenía maquillaje. Nada especial, de ese que vendían en las tiendas de cosmética, de hecho el bote que estaba usando ahora lo había comprado por catálogo en uno humano por internet.
El único gusto que tenía que pudiera traicionarla era el que había estado haciendo estos últimos días, y era correr por el bosque donde no pudieran verlo a una velocidad y agilidades mucho superiores a lo humano pero no tanto como para suponer un problema para un vampiro. Shelly la había seguido desde las alturas; nos había dicho que en una carrera contra otro vampiro completo, el resultado estaría reñido.
De hecho tenía mucho más de 'gente del aire' que de vampiro. Comenzando por esa particular afición por estar al aire libre. Por sentirse libre.
Le gustaba correr, corría a diario casi, como una rutina, al amanecer porque había comprobado que los chicos no estaban por ahí pululando y le era más sencillo salir y entrar de la reserva sin llamar la atención.
Y parecía tener una particular afición por la naturaleza. Algo muy raro para una chica que como nos había dicho, procedía de una mansión en una ciudad solariega.
E igualmente, estaba el hecho de que me parecía que cuando estaba con esos chicos, realmente sonreía sola, no porque debiera para ganarse su simpatía y poder espiarles sin levantar sospechas, sino porque realmente era allí donde cuajaba, entre aquella gente.
"Arik, me apetece un trago." Me dice tranquilamente levantándose para desaparecer en la casa y volver con un par de botellines en la mano pasándome uno y quedándose ella con otro diferente.
"Qué es esto." Le pregunto viendo que la botella sabe a agua de mar con zumo.
"Se llama isotónica." Me dice. "He encontrado esta en una tienda que los hacen ellos mismos. Tiene más concentración de sal y menos de zumos que las otras, así que he pensado que te gustaría más que beber directamente agua de mar filtrada."
"Gracias." Afirmo sonriéndo.
Y luego me preguntaba por qué me preocupaba por ella y protegía su secreto.
Me sorprendía cómo era posible que esta chica supiera captar los matices más diminutos en huellas y sonidos para espiar y en cambio era incapaz de ver algo tan sencillo como que comenzaba a considerarla un poco más 'amiga' y menos 'extraña', o que ella misma era más feliz rodeada de esos chicos que espiaba que hablando por teléfono con la gente de su grupo antes de sospechar que la habían traicionado.
