Disclaimers: Los personajes de Harry Potter pertenece a J.K. Rowling y a los que han comprado parte de los derechos de autor, lo cual NO es mi caso, y sólo los utilizo sin intención de lucro alguno, la trama me pertenece, salvo los personajes, como ya se ha mencionado anteriormente.
¡Hola! Bueno, a pesar de que me dijeron que actualizar los viernes es sinónimo de que no lean hasta el lunes (la mayoría de los casos) aun así les dejaré capítulo, muchas gracias por todo el apoyo, es mi segunda historia que alcanza los 200 reviews, y se siente bien saber que les está gustando la historia, bien ya saben que éste es uno de los últimos capítulos ¿cierto? Bueno, muchas gracias por sus bonitos reviews, por sus follows, por sus favoritos, espero que les guste el capítulo, nos leeremos después.
Capítulo 32: Felicidad.
La observó de reojo mientras daba su clase programada, ella anotaba lo que consideraba importante, pero como él amaba molestar a sus estudiantes, hacía énfasis en lo que no era importante y dejaba ir lo que sí en comentarios sin chiste, así que sonrió ante el hecho justo cuando ella volteó a verlo; grave error, tal vez ella pensó que tenía inclinaciones insanas con ella —aunque normalmente era cierto— en ese momento no, tragó saliva cuando la chica acarició sus labios con la pluma y la recorrió por su cuello.
—Como decía –se aclaró la garganta –cuando se está expuesto, hay muchas formas de ser atacados, la que más nos interesa evitar es la maldición asesina, porque ¿hay algo peor que la muerte?
—Lily Potter –se burló Jenny Smith haciendo que la clase riera.
Recargó sus caderas en su escritorio y se cruzó de brazos con un rostro impasible, todos dejaron de reír del comentario y se agacharon, sumisos, como siempre.
—Estoy harto de sus comentarios negativos para su compañera es torpe –informó en un tono que sólo Lily entendió como insinuación sexual –pero ninguno de ustedes es suficientemente bueno para mí.
—Ningún Potter es digno de usted, profesor –intervino Goyle –mi padre me ha contado sobre que su padre Remus Lupin impartió la clase de Defensa Contra Las Artes Oscuras en sus años de Hogwarts, y que a pesar de todo, ha sido el mejor profesor que ha tenido en su vida; creo que es un honor ser su alumno también –sonrió honesto.
—Gracias Goyle y sí, mi padre fue profesor de Defensa y sin duda mejor profesor que yo –sonrió incómodo.
—No lo creo –intervino Lily con una mirada seductora –mi padre ha hablado mucho de su padre como un buen maestro, pero sin duda considero que usted puede superarlo en todo –se lamió el labio superior haciendo que su novio sonriera ante la insinuación, Lily debería aprender a defenderse en el campo de batalla tan rápido como a regresar las insinuaciones en pleno salón de clases.
—Son tiempos distintos Señorita Potter, mi padre vivió en medio de dos guerras mágicas, yo, simplemente vivo en el mundo pacífico que él ayudó a construir.
—Tal vez debería notar que todos aquí piensan que es el mejor profesor –intervino Jack Goyle de nuevo –incluso los años más avanzados se han quejado de que usted no les de clases –se burló –aunque sabemos que se retirará pronto.
—Los chismes corren rápido ¿no?
—Al menos déjenos terminar el único año que tendremos la suerte de tenerlo como profesor –intervino Jenny Smith –después le tendremos como compañero –sonrió coqueta pero Teddy desvió la vista sin prestarle importancia.
—Volvamos a la clase, contrario de lo que mis compañeros del Departamento opinan, no soy tan egocéntrico que adoro las adulaciones –observó sobre su hombro a Lily, con una mirada posesiva, haciéndole saber que en el único lugar donde le gustaban, era en la cama.
Ella negó ocultando una suave sonrisa y anotó algo más de lo que él dijo.
oOo
Lily se alejó de su novio cuando la lechuza golpeó el vidrio del apartamento, él volvió a sujetarla, para pegarla de nuevo a su pecho, pero la chica se alejó con una amplia sonrisa, dejó pasar al ave y se hizo a un lado, después de trabajar con tantas, había optado por poner un poco de comida y agua para la que necesitara, y no hacerla esperar en lo que buscaba algo.
—Bien ¿quién nos interrumpe? –interrogó con pereza bajando el libro.
—Es Audrey –sonrió –quiere que vayamos a su pequeña reunión este fin de semana –observó emocionada a su novio, hacía casi cuatro meses que no veía a Audrey, y no iba a desperdiciar la oportunidad de verla –así ¿Qué dices? –sonrió.
—Digo que no –soltó bostezando después –cada vez tienes más cerca el final de año, y tienes que estudiar y practicar –movió la cabeza negativamente.
—Teddy por favor –le brincó encima, tomándolo desprevenido, Lily lo sintió contraer sus abdominales provocando una sensación agradable en ella.
—No –volvió a negarse.
—Di que sí –lo besó en el mentón suavemente, con la mirada fija en la de él –será sólo un fin de semana y es Audrey –le recordó meciéndose sobre él.
—Eres una gran chantajista –gruñó, se incorporó hasta ella y besó su garganta –pero aún no he dicho que sí.
—Bueno, sino dices que sí, no tendremos sexo jamás –le dedicó una sonrisa inocente, la mirada felina se colocó en su rostro.
—Sólo si prometes que nada de salidas con Scorpius y Jarvis hasta que pasen tus exámenes –pidió –y tendrás que ser demasiado obediente en el sexo ahora.
La chica soltó un chillido divertido cuando los dedos de Teddy se movieron en su estómago haciéndole cosquillas, rodeó su cuello mientras reía divertida, agradecía las medidas de seguridad que había tomado contra los muggles porque si no estarían en un serio problema.
—Dime algo –recorrió suavemente con su nariz el hombro de la chica, hasta detenerse detrás de su oído, en ese montón de risos pelirrojos, le encantaba su olor corporal, era suave y discreto, como ella –dime ¿eres feliz conmigo? ¿Te hago realmente feliz? –indagó en tono serio.
— ¿Por qué otra razón estaría contigo? –lo cuestionó sin dejar de moverse sobre él.
—El sexo –admitió.
—El sexo –repitió con una suave risita –no es suficiente razón para hacerme permanecer a lado de alguien ¿no lo has pensado? Hay dos personas con las que pude quedarme, elegirlas, sin embargo, me alejé de ellos, pensando que posiblemente, si tenía suerte –se aferró a él y soltó un leve gemido –podría tenerte a ti, podrías enamorarte de la invisible Lily Potter.
—No eres invisible –la observó directamente a los ojos.
Una extraña sensación recorrió todo el cuerpo de la mujer al escucharlo decirle eso, y la mirada que le dedicó fue tan intensa, que le hicieron sentirse bien.
La pasión que apenas había iniciado realmente se vio interrumpida cuando alguien tocó la puerta, la mirada de Lily fue confundida.
—Bueno, para evitar que nos encuentren haciéndolo en la sala, en la cocina o en otro lado, puse más seguridad, sólo yo puedo aparecerme aquí, y la chimenea sólo va en una dirección –sonrió encogiéndose de hombros.
—Deberías avisarme eso, llevaré las llaves a todos lados.
Se levantó acomodándose la falda, Ted la sujetó de la muñeca y la besó tiernamente.
—Reboté seis veces antes de darme cuenta de que ya no puedo aparecerme libremente aquí –soltó Scorpius.
—Interrumpes –gruñó Teddy.
—Ya lo sé pero… -observó a Lily –dulce y adorable Lily… no puedes escuchar lo siguiente –sonrió.
— ¿Piensas declarártele a mi novio?
—Posiblemente a Dom no le guste la idea de que haga eso –se burló –y no, hay asuntos que tengo que aclarar con él de la Academia, tu padre envió la carta para que vuelva al Departamento, y piensan dejarme su clase –suspiró –no te vayas, ya lo dije –hizo pucheros.
— ¿Hace cuánto envió la carta? –interrogó Teddy.
—Hace unas horas, pero el director primero me quiso preguntar si podría tomar tus clases, después de todo falta muy poco, Harry quiere que vayas a Australia de inmediato a ayudar a James en una investigación que requiere a alguien mucho más competente y habilidoso, como tú.
—No voy a ir a Australia –se negó enfadado recargándose en el sofá.
—Claro que vas a ir a Australia –soltó Lily enfadada.
—No, sabes que tu padre sólo quiere que te deje sola, y no pienso hacerlo, es el fin de esta discusión.
—Yo iré a verte cada fin de semana –sonrió –no puedes darle el gusto a mi padre, Ted, él sólo busca que esto no funcione, y le vamos a demostrar que incluso estando de misión, lo lograremos.
—Lily, si damos pie a esto, cuando salgas de la Academia, te enviará al otro extremo del mundo, no quiero eso.
—Amor –se sentó en su regazo con una sonrisa –en tres años, él verá que no ha podido separarnos, no lo hará, te lo prometo, mi padre no podrá separarnos, nadie podrá separarnos, no mientras me ames realmente –sonrió.
—Lils tiene razón, Ted, tienes que ir a hablar con el director, a ver que más decía la carta, porque a mí no me ha dado todos los detalles. Y Dom quiere que vayas al apartamento, Lily, tiene algo que hablar contigo, y mi padre también, sólo que él quiere verte en su oficina.
—Iré primero con tu padre, no quiero que vuelva a amenazarme con correrme –rió divertida.
Usó la chimenea dejando a los dos Aurores en el apartamento, Scorpius volvió su vista al metamorfo y sonrió divertido.
oOo
Draco Malfoy levantó su vista hasta la pelirroja que entró sin anunciarse, puso los ojos en blanco pero no dijo nada, era inútil reprenderla siempre con lo mismo si sabía que al final de la charla, se le olvidaría y la siguiente vez, volvería entrar sin anunciarse.
—Buenas tardes –se sentó frente al escritorio en la bonita silla de piel de color blanco que flotaba.
—Iré al grano, Potter –soltó enfadado y se recargó en su escritorio –dime ¿qué es lo que quieres para ser mi nueva contratista? –los ojos grises brillaban y su ceño fruncido le indicó que hablaba en serio.
—Yo… señor Malfoy, ambos sabemos que ese trabajo requeriría más de mi tiempo y con la Academia…
—Dejarías la Academia, vamos, no tienes que mentirme a mí, te conozco muy bien, sé que odias la Academia, que la única razón por la que vas se llama Edward Lupin.
—Quiero ser Auror como mi padre –contestó seria y su mirada fue segura.
—Lily…
—Ya lo hemos hablado, señor –admitió –y si es la única razón por la que le pidió a su hijo que me hiciera venir, me iré.
—Por favor piénsalo.
—Yo no tengo nada que pensar, he estado los últimos meses negándome por una razón, y seguiré haciéndolo, con permiso.
Lily se tropezó cuando salió de la chimenea en el apartamento de Scorpius y Dominique, se quejó a causa del dolor en sus rodillas, se levantó con un suave suspiro, es que jamás se le quitaría lo torpe.
—Dom –le gritó cuando no la encontró en el lugar.
—Aquí estoy, lo siento, estoy terminando mi prueba, que dio negativa –frunció el ceño frustrada.
—Sigues sin embarazarte –negó.
—No, y mira que Scor y yo hemos estado siguiendo tu ejemplo con Teddy –le guiñó un ojo –incluso un millón de posiciones diferentes, pero no.
—He estado pensando que las mujeres a mi alrededor comienzan a querer hijos, no sé la razón.
—Dime que jamás lo has pensado –sonrió.
—Claro que lo he pensado, pero después de los veinticinco, soñaba con encontrar al amor de mi vida en la academia, y no estuve tan errada en eso –le guiñó un ojo –casarme con él después de un tiempo y dedicarnos a nuestra profesión antes de los hijos.
—Y algo te molesta –soltó Dom.
—Bueno, a mis trece años nunca pensé que del hombre que me enamoraría en la Academia sería mi profesor de Infiltración y defensa en un campo abierto –se encogió de hombros –que tendría una larga carrera y lo bastante exitosa, como para que él ya estuviese en el momento de querer hijos.
—Bueno, Teddy ya es bastante viejo –se sentó junto a su prima.
—Eres su mejor amiga ¿te ha dicho algo respecto a eso? –le dedicó su mejor mirada tierna, haciendo que Dom no pudiese evitar hablar.
—Bueno, cuando vio que Scor y yo íbamos en serio con lo de la boda y tener hijos se quedó callado y no dijo nada, al inicio –suspiró –pero conoces a Scor y esa facilidad que tiene de irritar a todo mundo hasta que hable –se burló –él sin duda quiere hijos, y los quiere contigo, no va a presionarte en ningún momento, esperará hasta que te sientas por completo segura de que es momento para tenerlos.
—Lo odio –vociferó con el ceño fruncido, haciendo que su prima riera divertida –lo odio porque es tan comprensivo, lindo y encantador, que me hace sentir como la mala de la historia por negarle un hijo –negó.
—Bueno, es que son una pareja, Lily, las decisiones tienen que tomarlas entre los dos, si no quieres hijos, él tiene que comprender que la que pondrá en pausa su vida y sus sueños eres tú.
—Creo que lo ha comprendido, ha entendido que tengo ganas de triunfar, ser alguien, ser buena en lo que hago, sentirme realizada como persona, no sólo como mujer y… lo amo, ¿crees que no lo amo suficiente por no querer hijos ahora?
—No amarlo lo suficiente ¿es que tienes un ave en lugar de cerebro? Que digo, las aves son más inteligentes que eso –bufó –Lily, cuando noté que se atraían, jamás pensé que su amor fuese a ser así de grande, creo que amas a Teddy más de lo que yo amo a Scorpius y Teddy te ama más de lo que Scor me ama, y de eso estoy segura –sonrió –que no quieras hijos está bien, no es tu culpa que tu novio sea un anciano –se burló.
—Cierto –admitió con una bonita sonrisa –algún día tendremos un hijo que se llamará Arthur –brincó emocionada –como el abuelo, será el primogénito, después tendremos a una niña que se llamará Ginevra, como mi madre, y tendré que pensar en los dieciocho nombres restantes –le guiñó un ojo a su prima.
—Vaya, sí que quieren hijos –la abrazó –bueno, con lo activos que son, sin duda agradece que he reforzado tus pociones.
—Lo agradezco –sonrió de nuevo –estoy tan enamorada de él, estoy tan feliz todo el tiempo, que tengo miedo de que sea un sueño solamente.
—No sabía que tenías sueños tan pasionales, y de serlo, todo sería perfecto, Andrómeda no se hubiese puesto como loca y tu padre tampoco.
—Cierto –abrazó un cojín.
Estuvieron la mayoría de la tarde hablando de los planes a futuro que ambas tenían, los de Dominique eran un tanto opacados por sus turnos en San Mungo, pero se las arreglaban, el único que gozaba ahí de un buen horario era Scorpius.
—Tengo que irme, le prometí que reduciría mis salidas sociales.
—Tiene que dejarte salir de la cama –frunció el ceño enfadada.
—No es… bueno, también es eso, pero ha estado un poco histérico respecto a los exámenes finales, así que quiere que me la pase estudiando.
—Scorpius también ha estado estresado por eso –admitió –pero el sexo es un buen amigo que lo ayuda.
—Bueno, estamos bien en eso, pero cuando yo termino agotada suplicando poder dormir, él aún tiene energía suficiente para arreglar los detalles.
Cuando abrió la puerta del apartamento, Scorpius ya no estaba, Ted estaba en la mesa con un montón de papeles, el ceño fruncido y el cabello violeta, ni siquiera la observó, pero cuando puso un pie en el lugar, su cabello se volvió de color azul, haciéndole sonreír.
—Se ve estresado, profesor.
El metamorfo levantó la vista lentamente, admirando el cuerpo de su novia, la falda blanca le llegaba a mitad de la pierna, dejando que la piel desnuda lo hipnotizara, subió su vista, había perdido peso, pero lucía delgada y hermosa, le sonrió coqueta cuando su vista llegó hasta su rostro, algo andaba mal en ella, y regresó su vista hasta las caderas.
—Te cortaste el cabello –soltó en un gruñido.
—Ya lo tenía demasiado largo –contrarrestó –tardaré menos en desenredarlo a esta altura –fue hasta él y lo besó –es cabello, crecerá.
—Cortaré el mío en ese caso –la jaló sentándola en su regazo –te ves hermosa –la besó.
—Vuelves a ser el novio lindo –rió –iré a ver qué llevaré para mañana.
—Regañaré a Audrey por sonsacarte en épocas de examen.
—Todavía falta un mes para el examen, Teddy –se burló Lily.
—Quiero que estés preparada, eso es todo –besó su mejilla –ve a la cama, tengo que trabajar –hizo un puchero.
—Si cambias de idea, sabes dónde encontrarme –rió y fue a la habitación.
Lily se fue temprano a la cama, se quedó dormida después de un rato al descubrir que Ted en realidad si se quedaría a trabajar, despertó un poco cuando lo sintió abrazarla, pero sólo se giró hasta él para acurrucarse entre sus brazos.
—Te amo –susurró en la parte superior de la cabeza de Lily y cerró los ojos.
oOo
El apartamento de Audrey era inmenso, dejándole saber a Lily que le iba incluso mejor que cuando trabajaba con Draco, había bastante gente, lo cual le indicaba que su personalidad encantadora le había permitido adaptarse a la perfección incluso en un mundo donde las costumbres mágicas eran demasiado diferente a lo que ellos acostumbraban.
Se giró cuando escuchó que la pequeña niña de ocho meses que venía con una bruja de cabellos miel, su rostro se veía un poco cansado y navegaba un poco por controlar el llanto de la niña que lloraba desesperada.
—Basta Tracy –pidió la bruja –no te pongas insoportable ahora –la agitó para mecerla.
—Sólo la espantarás –frunció el ceño Ted.
—Supongo que tú sabes mucho de niños ¿Cuántos hijos tienes? –le reprendió la mujer.
—En realidad ninguno, pero en la familia donde crecí había muchos niños y yo siempre fui el mayor –sonrió.
—Vaya práctica –se burló.
—Bien, déjame ayudarte.
Fue hasta la chica y se agachó a la altura de la pequeña Tracy, su rostro adquirió rasgos de pato, haciendo que de inmediato se calmara, le extendió los brazos y la niña de inmediato cedió ante los encantos del metamorfo.
—Dice tu mamá que eres insoportable ¿es cierto? –le sonrió y la pequeña manoteó feliz balbuceándole algo al hombre.
—Claro, si yo fuera una metamorfa también la controlaría.
—Se trata de tener encanto –contestó Ted frunciendo el ceño y se alejó con la niña rumbo al gran ventanal, para ver la ciudad.
Audrey sonrió ante los hechos y negó divertida para soltar una carcajada que enfadó a la mujer.
—Oh vamos Eliza –la tranquilizó –has estado cansada, entre el trabajo y cuidar de la niña es normal que estés fastidiada.
—Bueno, si Harvey ayudara un poco como ese chico, sería mejor.
Lily observó a su novio, seguía jugando con la niña, en ese momento la tenía en brazos, sobre su cabeza, los dos rieron como locos cuando el hilo de baba le cayó en la mejilla al hombre.
—También quiere hijos –contestó Lily suspirando.
—Es raro cuando ellos los quieren –soltó Eliza –te lo digo en serio, mi novio perdió la cabeza cuando me embaracé, y ahora… bueno, es complicado.
—Ted es un encanto mientras esté de buenas –contestó Audrey –creo que es de mis conocidos favoritos, y por eso soy la persona más feliz del mundo porque esté con mi mejor amiga –abrazó a Lily.
—Es guapo, sensual y le gustan los niños, no lo dejes ir o tendré que lanzarle las garras –bromeó Eliza.
—No pienso dejarlo ir jamás –admitió sonriendo –iré a regañarlo –se levantó cuando Teddy comenzaba a lanzar a la niña un poco por los aires haciendo que riera como loca.
—Ted –lo reprendió, así que cargó a la niña bien y cambió sus facciones a las de un gato.
—Descubrí que no le gustan los perros –sonrió.
—Eso es genial, pero no deberías lanzarla por los aires, cuando es…
—Pero le encanta –frunció el ceño.
—Y es peligroso –le informó.
—Bueno, ya sabemos que la pequeña Tracy será una chica de acción cuando crezca ¿verdad amiga? –la bebé golpeteó y sonrió en contestación –ves.
—El bebé pareces tú –sonrió.
oOo
Ginny giró cuando sintió que alguien la sujetaba del hombro, le sonrió al hombre un tanto confundida, y asintió cuando él miró la silla vacía.
—Pensé que estarías en tu casa, jamás pensé encontrarte aquí, y menos sola.
—No quiero estar en mi casa –informó viendo la vida en de la calle frente a ella –me aburro de estar ahí, ahora que mis hijos están grandes, Lily en una de las relaciones más estables que jamás pude imaginarme, me pregunto qué hubiese sido de mí si jamás hubiese dejado de jugar por tenerlos –suspiró.
—Huiste de mí –contestó él.
—Vamos, Draco, dejemos eso en el pasado ¿quieres? –sonrió –no hui de ti, escapé de lo que siento por ti, de lo complicado que sería para mí que fueras mi jefe, verte todos los días posiblemente, con las escenas frescas de lo que entre nosotros pasaba, y dejó de pasar un día porque te comprometiste con Astoria.
—No éramos más que simples amigos, Ginny –le recordó –recuerdo que me atreví a besarte cuando estabas ebria, fue el beso más esperado en mi vida.
—Estábamos ebrios la vez que lo hicimos.
—Corrección, estabas ebria cuando lo hicimos, yo no lo estaba –la pelirroja lo observó con el ceño fruncido –ni siquiera sabía si te gustaba en esa época, éramos los mejores amigos, sí, pero jamás te dije nada porque ciertamente no quería perderte, incluso cuando me comprometí con Astoria supliqué a Merlín no perderte, te amaba, te he amado más de lo que he amado a nadie en mi vida.
—Fuimos un desastre, pero al menos podemos seguir siendo amigos –lo sujetó de la mano –si hay algo que no está destinado, y somos nosotros, al menos nos seguimos teniendo uno al otro.
—Soy lo mejor que te ha pasado, Potter –gruñó.
—Weasley –informó tomándole a su café, mientras su vista se perdía en la nada.
—Te duele separarte de él, ironías, yo fui el hombre más feliz del mundo cuando me separé de ella.
—Mi matrimonio con Harry no fue una tortura si eso quieres decir, nos llevábamos bien, nos seguimos llevando bien, es sólo que veo a mis padres y noto que a pesar de tener tantos hijos y nietos se han ido quedando solos –negó –yo sólo tuve tres, y ahora técnicamente estoy sola, no me gusta esa vida.
—Yo sólo tengo un hijo –se encogió de hombros –y la mujer que amo me envió directo al infierno.
—Audrey McLaggen no te envió al infierno, sólo te pidió que volvieras en un año, y es lo que tienes que hacer.
—Deberían sentarse y hablar entre ustedes ¿Sabes? Tú me arrojas a sus brazos y ella hace lo mismo, me lanza hacia ti.
—Es que ninguna te quiere en realidad –le otorgó una sonrisa sencilla, cálida y adorable, logrando que algo en su interior se moviera incómodo, como antes.
—Soy mucho hombre para ustedes –contestó, haciéndole soltar una risotada.
—Vaya, Malfoy, eso no se ha ido, el ego, porque posiblemente es lo único que sigue en lo alto –bromeó.
—Bueno, no sé Potter, pero el mío es un poco difícil de controlar.
—Oh por Merlín, eres un macho que prefiere morir antes de ser impotente.
—Bueno, es que no lo soy –gruñó.
—Tienes a una chica loca por ti, supongo que tengo que creerte eso –admitió haciendo que él sonriera triunfante.
La camarera le dejó su café y se retiró, Draco observó a la pelirroja frente a él ¿qué tenía Ginevra Weasley que no podía lucir imperfecta? ¿Qué tenía que le hacía sentir como un adolescente inseguro, ante tanta belleza? Se secó las palmas de las manos en sus pantalones, observándola atento.
—Quiero que seas mía –informó haciendo que Ginny lo observara confundida –hace años te negaste a ser mía –la mujer sonrió.
—No descansarás hasta que trabaje para ti ¿cierto?
—No, ahora me he obsesionado con tu hija, quiero que sea mi contratista estrella, y no voy a descansar hasta que eso pase.
—Oh vamos…
—Tú eres la del don maravilloso en el juego, ella detrás del juego, quiero que en un futuro no muy lejano ella se encargue del equipo.
—Te estás volviendo viejo –sonrió.
—Ven conmigo a París –pidió –pediré una habitación para ti si es que te soy tan irresistible y no podrías controlarte –Ginny puso los ojos en blanco –te quiero conmigo, ya lo dijiste, si no pudo funcionar nuestro amor, déjame tenerte de todas las demás formas.
—Creo que cuando vayas por Audrey eso podría incomodarle.
—Bueno, ella es visionaria y te adora, eres su ídolo, y había insistido en que te suplicara en que trabajaras con nosotros.
—Iré a París –aceptó y él sonrió triunfante –y veremos si nos acoplamos como equipo, pero no es un sí definitivo.
—Con eso me conformo –su mirada gris fue intensa, haciendo que se removiera, ese hombre tenía el poder de estremecerla con una sola mirada, lo amaba, lo había hecho hacía años, lo seguía haciendo ahora, y comprendía que si no podía tenerlo de esa forma, también quería tenerlo de la forma en que sí podía.
—Sin duda agradezco que permanezcas junto a mí, eres lo único que tengo y…
—He pensado en la posibilidad de que hagas una adquisición más –Draco frunció el ceño al verse interrumpido, esa mujer jamás lo dejaba decirle lo mucho que significaba para él –tu hijo y mi sobrina están pensando en tener a tu nieto por fin.
—Algo escuché, pero soy demasiado joven para que alguien me llame abuelo.
—A quién le importa tu juventud, abuelo, creo que necesitas un medimago en tu cuerpo de los Chudley.
—Es que fuiste tú quien envió a Jarvis ¿verdad? –Ginny soltó una risa cantarina, encantadora y divina, era la mejor melodía para sus oídos, eso jamás cambiaría.
—Sólo charlábamos y se me ocurrió que tal vez Dom esté tan estresada con San Mungo que no ha podido embarazarse por eso.
—Bien ¿algún nepotismo más? –sonrió.
—Oh vamos, fuiste tú quien no permitió que Scorpius siguiese tus pasos.
—Quería que mi hijo fuese él mismo, que se olvidara de qué pasos seguir, si los de su madre o los míos.
—Astoria jamás ha trabajado.
—Sí bueno, a algunas personas prefieren la comodidad.
—Tú nunca la dejaste trabajar –la defendió.
—Pero tampoco es como si ella hubiese querido hacerlo.
—No pelearemos por eso –aclaró.
—Hagámoslo, vamos, peleemos por algo, me encanta pelear contigo, tu ceño fruncido, tus mejillas rojas a punto de estallar, la chispa en tu mirada, lo disfruto.
—Eres un imbécil, nunca cambiarás –negó.
—Esa es mi chica, vamos continúa, ríñeme hasta que me den ganas de callarte a besos –las mejillas de Ginny enrojecieron, sí, Draco jamás perdería el don de provocarle un millón de sensaciones.
Estuvieron un largo rato hablando de todo y nada, como siempre lo hacían cuando se encontraban y encontrarse en una cafetería en el centro de Budapest sin duda había sorprendido a Ginny; ella estaba ahí por trabajo, no sabía por qué razón estaba Draco, pero por un momento quiso engañarse y pensar que la había seguido, como tantas veces en el pasado, cuando siempre estaba ahí, para recordarle que no importaba que estuviesen separados, casados con diferentes personas, él siempre iba a amarla; ahora no era así, al menos podía tenerlo como amigo.
—Si vendrás conmigo a París ¿cierto? –la observó e introdujo sus manos en los bolsillos de su pantalón negro que le quedaba a la medida.
—Aún falta un mes para eso, Draco –negó enfadada –ya te he dicho que sí.
—Hace tres años me dijiste lo mismo y nunca llegaste.
—Lily había enfermado, y tuve que ir por ella a Hogwarts –le recordó –ahora ella tiene una pareja, en la que confío más que en nadie para cuidar de ella.
—Es bueno que el señor Lupin se animara y dejara de ser un idiota con tu hija.
—Bueno, es la sangre Black ¿cierto?
—Seguramente tiene que ser –se quedó callado al ver la sonrisa de la pelirroja, cerró los ojos en una mueca de enfado –que su padre fuera un idiota –terminó.
—Ibas a decir que sí –le sacó la lengua divertida.
—Yo también tengo sangre Black –le recordó.
—Por eso lo he dicho –sonrió.
La acorraló contra la puerta, la mirada de Ginny brilló un poco más, y su rostro se volvió serio, expectante ante lo que él haría, su respiración se agitó al sentir la figura de la pelirroja contra la de él, la sensación lo llenó por completo, sintiéndose indiscutiblemente en un paraíso, esa sensación que había dejado de sentir desde hacía años atrás, la clase de satisfacción, emoción, lujuria en cantidades exactas y perfectas, acercó su rostro al de ella, mezclando sus alientos, rozó un poco sus labios, sólo un poco, no quería volver a lo mismo, quería saber si algo entre ellos había cambiado ahora que amaba a Audrey, pero cuando contuvo el aliento y el deseo de besarla se apoderó de todo él, supo que así pasaran cien años, jamás dejaría de sentirse de esa forma con ella, Ginevra Weasley le completaba a la perfección, era su otra mitad.
—Te veré después –murmuró ella y se alejó, sin permitirle que la besara de nuevo.
—Ginny –la observó.
—Descansa –se alejó de él y entró a su habitación, había tardado en besarla.
