CAPÍTULO 23: EXTRANJEROS. LA AYUDA ESTÁ EN CAMINO.
.
((Gracias a todos por los comentarios, me alegraron mucho el día. Ahora ya solo me queda el viernes 28 otro examen y a ver si me dicen si sigo adelante o me quedo por el camino. Cruzaré los dedos para que me digan que sigo adelante.
De todas formas, aquí os dejo un capítulo donde, para no variar, sigue apareciendo gente, espero que al cabo de unos capítulos, alguno llegue a gustaros también un poquito aunque sea. Los hay para todos los gustos, la verdad. :-)
Besitos.))
.
(Voz de Ann)
"Aún no me puedo creer que estés viva." Me dice Roberto en castellano en un intento de que los chicos no se enteren. "Cuando oí lo de los ataques en Seattle y los rumores de que quienes los causaron mataron a mucha gente incluyendo policias y que a alguien le separaron la cabeza de los hombros como si fuese un osito de peluche medio descosido se me ocurrió pinchar los archivos policiales. Llamé a Ícaro y me dijo en menos de un minuto que tu habias estado allí esa mañana."
"Pense que habiamos quedado en que íbamos a dejar a Ícaro fuera de esto porque no le importaba." Le digo.
"Eh, hablando clarito, que no nos enteramos." Me dice Paul aún con el morro torcido.
"Esto es una conversación privada." Le dice Roberto. "¿Necesitas ayuda para escaparte de estos chuchos asquerosos?"
"Roberto, no soy su prisionera." Niego yo. "Y aunque lo fuera, tú y yo solos no podríamos salir vivos de aquí. Hay demasiados chicos-lobo y cinco de los Cullen aquí. Nosotros solo somos dos."
"Sí, pero unos 'dos' bastante hábiles." Me dice sonriéndo con picardía.
"Ahora en serio, a qué has venido hasta aquí." Le digo.
"Ann, somos amigos." Me dice cogiéndome la mano con cuidado de no hacerme daño en las heridas que llevaba tapadas con vendas. "Tú me enseñaste a comer carne cruda y llena de sangre bien regada con unas cuantas jarras de sangre para trasfusiones en lugar de alimentarme de humanos vivos. Si alguien quiere matarte, yo estaré ahí para ayudarte a conservar tu vida. Y si a quienes te enfrentas son los Vulturi... Ellos no han hecho nada por mi, nunca. Tú me has salvado la vida, eres mi amiga y eso no va a cambiar."
"Roberto." Le digo. "Si te quedas a mi lado, te matarán también."
"Que lo intenten." Me dice encogiéndose de hombros. "Los buenos tiempos acabaron hace siglos. Los bancos de sangre no tienen la emoción de una buena pelea en altamar. Las mujeres de ahora no tienen el misterio que tenían cuando les atraía el peligro que suponíamos. Y nuestra raza se ha pisoteado tanto en el cine que cuando una mujer te ve los dientes porque tienes sed hasta te pone el cuello. Los triunfos no son igual si te los dan en bandeja de plata. Asi que... Vulturis tiene pinta de ser un gran final épico para el gran Roberto."
Eso me hace sonreír y al momento lo lamento porque me duele la cara.
"Muy bien, dejame echarte un ojo a eso, pequeña pulga." Me dice extendiendo una mano hacia mi cara para que una mano fuerte y morena se la detenga apartándosela.
"No nos fiamos de ti." Le dice Seth.
"Roberto, Seth. Seth, Roberto." Le digo haciendo las presentaciones. "Roberto es un gran amigo mío y Seth está algo asi como que por mi."
"Oh, eso es... Mejor no me deis detalles, odiaría vomitar la poca sangre que me queda en el estomago del cuarto trasero de vaca que tuve que tomarme el otro dia. Ya sabes enana que la carne no le sienta del todo bien a mi estómago."
"Roberto como unos amigos de ambos, han descubierto que comiendo carne recién matada aun conserva gran parte de la sangre y si se bebe sangre de trasfusiones recién recolectada para evitar que este tratada, todo permanece en el estómago, así que la sangre de la carne se mantiene casi intacta." Les explico.
"Es un buen metodo para evitar matar a alguien y que te expulsen de las ciudades perseguido con horcas y antorchas." Les dice Roberto divertido. "Aunque echo de menos la época en que mi nombre era temino y mi cabeza tenía precio."
"¿Eras un bandolero?" Le pregunta Jasper Hale.
"Por favor... No me insultes." Le dice.
"Ay, ay, ay... Que ya empezamos." Murmuro.
"Yo no soy basura como esa." Afirma Roberto digno. "Soy el gran Roberto 'el sanguinario', el pirata más temido de todos los mares al sudeste del pacífico."
"Un pirata." Afirma Seth sorprendido.
"Eso explicaría por qué ha sobrevivido tanto tiempo al control de los Vulturi." Afirma Jasper.
"Esos hombres podrán ser los reyes de la raza, pero el mar no tiene reyes ni leyes." Les contesta divertido con uno de sus dichos favoritos.
"Roberto, dime una cosa." Le digo. "¿Hay alguien mas que haya oído qué me ha pasado?"
"Ícaro." Me dice. "Te recuerdo que fue él quien me confirmó que habia un 95 por ciento de posibilidades que estuvieras tu mezclada en lo de Seattle."
"Genial." Afirmo.
"¿Y eso?" Me pregunta Jacob.
"Ícaro es el mayor hakker encubierto que el mundo haya conocido, y también es vampiro." Les digo. "Existe una red de información en la que yo estoy afiliada. Si pasa algo de esta magnitud, ten por seguro que en cuanto llegue a sus oídos, si no estaba en la red pasará a estarlo."
"¿Y qué significa eso exactamente?" Pregunta Sam.
"Significa que ahora mismo, todo el mundo que somos parte de esa red estará al tanto de lo que ha pasado." Afirmo.
"Eso hacen como unos 20 más aparte de nosotros tres." Afirma Roberto. "Unos cuantos ni siquiera sabemos quienes son porque nunca han compartido nada ni tienen apenas actividad."
Uno de ellos era Aidan McKenneth, el mestizo mas viejo que conocía que era icluso anterior a los maestros y cuyo talento era ser escurridizo y pasar inadvertido. Se habia unido a la red con mi ayuda y nunca habia participado de nada ahí, sin embargo, era evidente que la usaba para estar al tanto de todo. Y asi se habia enterado de lo de que necesitaba un vehículo. Solo que el no creo que moviera un dedo. Al contrario, probablemente corriera a esconderse al agujero más profundo y lejano de donde estuviéramos nosotros para evitar que le descubrieran. Asi había sobrevivido todos estos siglos y los milenios y era evidente que era de utilidad.
Seamus probablemente hubiera vuelto a su escondite en ese continente, y aunque éramos amigos no tenía demasiado claro que la lealtad llegara tan lejos porque solo era un contrabandista con quien tenía algo de relación y que nos caíamos muy bien. El problema era que Aidan era un superviviente y Seamus una maldita rata cobarde que vendía sus servicios al mejor postor siempre y cuando eso no implicara fastidiar a sus amigos, y entre ellos estaba yo.
Ícaro que también tenía sus años se había dedicado a la informática. De hecho lo de Ícaro no era su nombre auténtico sino un sobrenombre que se habia ganado por 'volar demasiado cerca del sol', o sea, por apuntar siempre mas alto y pasar siempre por encima de los límites legales y morales en cuanto a teconología, informática y combinaciónes de ambas para colarse en cualquier lado y conseguir informaciones que nadie mas podria conseguir. Lo mismo se colaba en las bases de datos del pentagono por aburrimiento que te daba una nueva identidad con registros de todo tipo falsos en las bases de datos de cualquier punto del planeta. Él me habia hecho Suiza para esta tapadera.
Pero asi éra aquella 'red'. Tódos teníamos un talento oculto. Contrabandistas, espías, hakkers, asesinos silenciosos, maestros del disfraz... Todos teníamos un talento oculto. Yo era la 'bebé Vulturi' demasiado rara para la familia, sin embargo, era la experta en pasar por humana quitando a Aidan a quien nadie salvo yo parecía conocer en persona y que por tanto, nadie sabía qué talento ocultaba.
"Por cierto, qué te ha pasado en el ojo." Me pregunta cambiándo de tema para taparse el suyo indicándome qué quería decir.
"Gianni por poco me lo saca." Le digo calmadamente. "El muy cabrón ha mejorado mucho desde lo que tenía entendido."
"¿Puedes ver?" Me pregunta.
"No." Niego. "Carlisle me lo ha bloqueado. Noto algo presionándomelo y tiras de espaladrampo."
"Son puntos plásticos." Nos dice Seth aún de malas pulgas. "Y dijo que tienes que tenerlo cerrado para que se te curen las heridas."
"Entiendo... ¿Sabes si hay cobertura para redes?" Me pregunta pasando del resto como casi desde que llego.
"Rober, estamos en medio de la nada." Le digo.
"Tú siempre tienes moviles que son una pasada." Me dice.
"Tengo un nokia de medio pelo." Le digo.
"¿Para qué necesitas cobertura?" Le pregunta Jasper.
"Hay un pueblo si bajas de la montaña." Le cuenta Edward. "Si corres rápido serán solo menos de media hora por viaje. Pero podrían descubriros."
"No creo." Niega Roberto divertido. "Nadie es capaz de encontrar el rastro de la página, Ícaro se encarga de ello. Preciosa... Enseguida vuelvo."
"Tranquilo, me quedo en buenas manos." Afirmo.
"Ya, pero te tienen esposada a la pata de la cama." Afirma divertido. "¿Una perversión?"
"Sabes que no es un problema." Le digo divertida. "Y lo hacen porque temen que me escape. Como si fuera tan sencillo salir corriendo estando tan herida, débil y rodeada de tantísima gente por ahí fuera patrullando. Por cierto, ya que vas a contactar con Ícaro, pídele un favor de mi parte."
"Claro, preciosa, lo que sea por la chica más linda de los 7 mares." Me dice cogiéndome por la barbilla con cariño antes de que Seth le de un manotazo para apartarle.
"Seth... tranquilo." Le digo. "Rober, necesito que le pidas que se meta en la red de cámaras de la ciudad. Volterra y Seattle. Que busque a los Vulturi. Si vinieron por mi, habrán venido de uniforme dado que los que vinieron por mi asi iban. Necesito nombres y fotos. Yo tengo un registro minucioso en mi 'caja de pandora' en la red; él sabe dónde y cómo entrar. Y los que sean nuevos probablemente aparezcan en los registros policiales."
"Eso podría tardar un buen rato en llegar." Me dice.
"Si lo prefieres dile que me mande una copia en archivo al móvil." Le digo. "Si consigues un portatil en el pueblo me bastará con que tenga lector de tarjetas para meterlo en un dispositivo mas grande."
"Oído." Me dice sonriéndo. "Dame unas horas, volvere antes de que te dé tiempo a echarme de menos."
"Sabes que no soy de echar de menos." Le digo divertida. "No podría trabajar en esto si lo hiciese."
Eso no era del todo cierto.
Había echado de menos a Félix cuando...
Dios, me daba vergüenza haber podido echar de menos a ese monton de... Mentiroso, sin corazón y...
De nuevo, mi corazón me dolía horrores.
"¿Estás bien?" Me pregunta Alice. "¿Quieres que llame a Carlisle?"
"No." Niego. "Me duele horrores, pero no hay nada que un médico pueda hacer por mí."
"Si te duele el pecho podría ser que te queda alguna herida interna o..."
"Claro que tengo una herida interna." Afirmo. "Pero insisto en que no es nada que un medico pueda tratar." Añado frotandome el pecho. "Me siento... Estúpida. Aposté todo lo que tenía por algo que no existía y he perdido. Y lo peor es que los cobradores se niegan a cobrar porque les doy pena. Pena... Yo odio dar pena."
"No creo que los chicos sientan precisamente pena por ti." Me dice.
"Deberian." Afirmo. "Soy idiota, una confiada, crédula y estúpida. He sido incapaz de ver lo que tenía hasta que no he perdido todo. Y ahora... Ahora no tengo nada. Estaria mucho mejor muerta. Porque ni siquiera tengo fuerzas para alimentarme ya."
"Puedo hacerte lo que quieras." Me dice. "Hay sopa de lata. Tenemos de tomate, verduras, pollo con pasta... Y también hay alubias de lata y pasta con tomate en latada."
"Necesito carne." Le digo. "El pescado normalmente también funciona, pero estoy tan débil que necesitaría medio mar para poder salir. La carne es mucho mejor."
"Los chicos consiguieron un par de piezas anoche."
"No, carne fresca." Niego. "Tiene que estar recién matada, aún tiene que estar caliente o no servirá de mucho."
"Podría conseguir algo, si le rompo el cuello o le muerdo antes..." Me dice.
"No, no lo entiendes." Niego. "No necesito nada muerto o desangrado."
"¿Y cómo lo quieres pues?" Me pregunta.
"Vivo." Afirmo. "Recién muerto cuando llegue a mis manos."
(Salto espacio-temporal)
(Voz de Roberto)
No podía creérmelo. Nunca había conocido a nadie que moviera tanta gente.
Me había hecho falta un único mensaje y en menos de diez minutos había conseguido una respuesta breve: "Dalo por hecho. Necesito tiempo."
Aunque le había intentando meter prisa, la respuesta no había llegado antes.
Claro que me parecía bastante difícil que pudiera conseguir información tan rápida. Pero como siempre, ese Ícaro era impredecible.
Apenas media hora más tarde tenía un archivo comprimido y adjuntado a un mensaje igual de breve pero contundente: "Le acabo de mandar la misma información con codificación diferente al móvil de Ann que le dieron por trabajo. Hasta un mono con un palo podría descomprimirlo, así que procura no liarla esta vez. He colgado un aviso en la red de información y ahora mismo me pongo al resto."
"Puñetero friki de las tecnologías…" Digo. "No sé cómo coño lo hace." Añado levantándome para ir a pulsar botones de la impresora del demonio hasta que consigo que se encienda y descodifico el archivo para imprimirlo y encontrarme con que las hojas no dejan de salir por lo que cojo una para mirarla. "La virgen, sigo sin saber cómo narices hace para reunir tantísima información en tan poco tiempo. Este tiene que tener algo raro por ahí seguro."
Ann no me había pedido que lo imprimiera, pero apostaba a que si me había pedido que le subiera un ordenador con el archivo era precisamente no solo para leérselo sino para enseñar al resto algo. Así que tener una copia en papel tenía que ser bueno para ella.
"¡Uhhh! Cómo se parece esta a la buena de Rosarito pero en paliducho." Me digo viendo una de las chicas que salen en las fotos de las fichas que ese aparato del demonio no deja de vomitar. Y cuando por fin deja de hacer ruido, salgo por la puerta y paro para mirar los aparatos y, con un movimiento rápido, sacar el trabuco para disparar haciendo volar en multitud de trocitos y circuitos rotos, la torre del ordenador y la impresora. "Ea, a ver cómo recuperan ahora eso." Añado soplando el humo que ha salido de mi arma para volver a esconderla en mi ropa y salir volando de allí.
Tal y como me habían dicho, corriendo todo lo que pueda, el pueblo no está tan lejos de la maldita casa aislada y tan bien protegida donde tienen a Ann cautiva los lobos y esa familia de vampiros a quien, para empezar, yo siempre le había dicho que no debería haber aceptado ir a espiarles.
Entonces me pasa un relámpago corriendo a toda velocidad, solo que no es a pie sino en lo que parece una moto de nieve y cubierto y recubierto con capas de ropa humanas.
"Pero qué…" Murmuro.
No había moto de nieve, ni aunque la trucaran, que pudiera correr así.
(Salto espacio-temporal)
(Voz de Seth)
"¡Cogedlo!" Grito mientras mi hermana y yo corremos flaqueando a quien va en una moto de nieve corriendo a una velocidad de locos que hubiera jurado que era imposible para este tipo de vehículos mientras Jared y Paul lo perseguían y veía en mi cabeza cómo Jacob, Embry y Quil planeaban ponerse en medio antes de que pudiera llegar a la explanada de la casa.
"¡No podemos dejar que se acerque a la casa!" Nos grita Jacob.
Sin embargo, cuando se ve cercado, el tío de la moto de nieve grita y hace un viraje para estamparse contra un tronco y derribarlo subiendo por él para pasar por encima de todos y girar en el aire para volver a caer en el suelo gritando divertido antes de gritarnos algo en una lengua extraña y apretar aún más el acelerador.
"¡Que no avance ni un metro más!" Gritamos Sam, Jacob y yo casi a la vez.
No podíamos dejar pasar a nadie desconocido. Mucho menos si cantaba a vampiro con ropa humana y sangre humana de al menos seis personas diferentes, dos al menos bastante fuertes.
"Ann!" Grita de pronto cuando está cerca ya de la casa tocándose la oreja para ponerse a hablar en el lenguaje que sea que hable. "Ann! Mo cairde, mo chuisle! (Amiga mía, mi pulso!) ¡Diles a estas molestias que dejen de acosarme!. ¡Sabes que las nieves y yo no nos llevamos bien, sobre todo si tengo que moverme encima de un cacharro del demonio de estos!"
"¿Qué puñetas habla este?" Preguntamos varios casi a la vez.
Entonces, Sam salta sobre él de sobre una piedra y lo derriba de la moto, solo que es casi frente a la casa y el tío se deshace de él para convertirse en poco más que una centella y estamparse contra la puerta de la cabaña para saltar al tejado y golpear la puerta cabeza abajo para volver a ponerse a salvo en el tejado.
"Ann! Mo cairde, mo chuisle!" Repite. "Ábreme, por Finn!. Que estos monstruosos chuchos salvajes me matan!"
Entonces algo sencillo.
Un silbido y Alice se asoma a la puerta.
"¿Fin?" Le pregunta.
"Nae!" Contesta el tío. "Sean is ainm dom. (Me llamo Sean.)"
"Dejarle todos en paz, es otro amigo." Nos dice ella misma mientras seguimos saltando intentando atraparle. "Y tú, Sean, deja de hablar tu puñetera lengua o me pondré a hablarte en italiano."
"Sabes que no sé hablarlo." Le dice él con un acento demasiado fuerte que nos dice que es del viejo continente.
"Ni nosotros celta. Y baja de una vez. No te van a morder si no haces ninguna tontería tú primero." Le dice ella. "¿Qué haces aquí?"
"Seamos está de camino. Ha parado a comprobar el vuelo que va a tomar Monique." Le dice. "Y no pienso bajar hasta que esos chuchos no se larguen a un kilómetro de mí."
"No van a alejarse." Afirma Alice.
"Entra por la chimenea, está apagada." Le dice Ann acariciándome la cabeza dado que he bloqueado la puerta. "Seth… entra si quieres, pero mejor hazlo como persona. A mis amigos no les gusta que un animal enorme pueda morderles y arrancarles los brazos o piernas."
"A nosotros tampoco que se te acerque un vampiro que huele a sangre humana." Le digo a pesar de ser consciente de que no puede oírme.
Sin embargo, entro y me desconcierto en en baño para ponerme encima un par de pantalones de los que se lavan cada dos días o así y se quedan doblados en el pajar para que nos los pongamos cuando entremos.
Cuando salgo, veo que el tío ha entrado. Y lleva a Ann casi en brazos hasta la cama donde la deja.
"¿Quieres hacer esto aquí?" Le pregunta.
"No." Niega ella cogiendo para acariciar lo que parece un mapache drogado y bastante grande con las mandíbulas atadas y las patas rotas colgando en un ángulo extraño mientras el animal parece llorar. "Pero agradezco que me hayas traído esto de contrabando." Afirma mientras él saca de sus bolsillos unas latas de al menos medio litro de algo llamado 'Blood-cola' y un par de botellines de 'Bloodweiser'. "Me apetece una 'weiser'."
"No creo que beber alcohol sea bueno para ti." Le digo.
"Créeme, este sí." Me contesta mientras el tío le destapa el botellín con la mano demostrando que tiene mucha fuerza y ella da un trago grande mientras huelo algo extraño que dista bastante del alcohol en si mismo dentro de esa botella.
"Cuidado, pequeña." Le dice el tío sonriendo. "Me ha costado mucho conseguírte 3 de cada, al menos degústalas un poco."
"Es una 'weiser', no caviar iraní." Le dice ella suavemente dando otro trago esta vez más corto.
"Sigo diciendo que no deberías tomar alcohol." Le digo quitándole la botella para olerla y llevármela a los labios.
"Seth, no…" Me dice mientras pruebo un poco antes de notar el sabor metálico en la boca y escupir para frotarme los labios y ver que eso, además de alcohol, llevaba sangre.
"Pero qué…" Le digo mirando de uno a otro mientras el tío me quita la botella para devolvérsela a Ann.
"No me digas que no sabían qué eres." Le dice el tío.
"Seth, no te asustes." Me dice suavemente. "No es lo que parece."
"Bebes sangre." Le digo atónito.
"No exactamente." Me dice. "No mato para alimentarme, ni me alimento de nada vivo propiamente dicho. Como comida normal, tú mismo me has visto."
"Pero eso lleva…"
"Soy una híbrida." Me dice. "Aunque no me guste, necesito tomar algo de sangre de vez en cuando. Contando con que lo que tomo no alimenta, tengo que comer al menos carne cruda una vez al día."
Carne cruda. Eso… eso podía aceptarlo.
"Eso no es carne cruda." Le digo asustado mientras capto que Alice y alguien más que están dentro de la cabaña tienen puesta la oreja a lo que hablamos.
"Está enferma, no hay más que ver la pinta de moribunda que tiene." Me dice el tío divertido. "Cuando está tan hecha unos zorros, la carne cruda no sirve sola, tiene que tomar algo más."
Sangre… era… ahora entendía por qué había animales vivos en su cabaña cuando estaba enferma, por qué había tenido la impresión de que esos animales disminuían de número o parecían diferentes. Es que realmente era diferentes. Parecían cambiarlos para mantener las apariencias para evitar que pudiéramos pensar que los mataban.
Y ahora entendía por qué.
"Eres… eres como Nessy." Le digo.
"Creo que no exactamente." Me dice negando suavemente con la cabeza mientras llaman de nuevo a la puerta.
"Ah, ya decía yo que había sentido a Roberto cerca." Afirma el tío. "Ese idiota tostado…"
Mierda, por un momento se me había olvidado.
No solo teníamos a Ann que acababa de revelarme que no era humana siquiera, también teníamos otro vampiro llamado Roberto que al parecer era su amigo y ahora a este otro que ni siquiera recordaba si se había presentado. Y ninguno de los dos tenía los ojos dorados sino de una tonalidad rojo con puntos dorados cerca de la zona exterior.
Y por la experiencia que teníamos, ojos rojos no eran para nada buenas noticias.
