CAPÍTULO 32: BATALLA DE CAMPEONES. IROS YA, CULLEN, LUEGO NO PODRÉIS Y ESTO NO ES VUESTRA GUERRA.

(Voz de Ann)

Tres horas.

"Sigue sin haber rastro." Afirma Sam a mi espalda mientras sigo mirando por la mira de la ametralladora.

"Vendrán." Afirmo. "Están esperando el momento. Vendrán de noche. Os sacarán ventaja entonces."

"No cuentes con ello." Me dice. "Somos lobos, vivimos en la noche."

"Lo sé, pero ellos no." Afirmo divertida. "Les dije que erais lobos con mente humana, pero apuesto a que en su estupidez, no habrán entendido lo que les dije."

"Y habrán creído que…" Me dice.

"Que sois licántropos de verdad." Afirmo. "La cosa que más temen. Por suerte para vosotros, creen que solo os ponéis como locos con la luna llena. Y hoy no lo es. Creerán que sois totalmente vulnerables."

"¿Puedo preguntar cómo sabes todo eso?" Me pregunta mientras localizo un vampiro de los duros y disparo una granada incendaria que explota contra el cuello cuando se gira a mirar el lugar donde alguien ha disparado una flecha.

"Como vuestros amigos no paran de recordarme, era una Vulturi." Afirmo levantando el arma en el soporte. "He sido espia suya el tiempo suficiente como para saber cómo es más probable que piensen. Por desgracia para ellos… parece que no es suficiente como para que a ellos les entrara en la cabeza cómo pienso yo. O que me la pueden jugar una vez, no más. ¡Axel, cielo, te presto el pepino un rato!"

"Encantado." Me dice apareciéndome a la espalda de la nada debido a su velocidad para cogerme el arma como si fuese poco más que una pajita de peso y echarse en el puesto que había estado ocupando yo.

"¿Por qué dejas a ese demente con un arma así de potente?" Me pregunta Sam molesto.

"Porque ese demente tiene una puntería increíble, no le dará a otro blanco que no sea el que quiere dar. Y porque yo voy a bajar un momento. ¡Seth, hay que volver a poner un rastro por la nieve!"

Al momento se levanta de su escondite cubierto el pelaje de nieve debido a que lo he cubierto así para esconderlo a la vista a no ser que lo anden buscando expresamente o se mueva él. Y en cuanto bajamos, enseguida se nos unen otro par de lobos más, así que me saco las dos camisetas que he llevado bajo la que llevo normalmente para dejarles mi olor a pesar de tenerlas hechas una maldita bola usándolas de fajín que les paso para que cojan al aire sabiendo que las frotarán por el camino mientras Seth me cubre las espaldas y yo voy frotándome contra todo lo que puedo tras quitarme la chaqueta que él lleva entre sus fauces.

"Lo sé, lo sé. Apuesto a que parezco idiota frotándome por los árboles y dejando rastros de sangre con lo que me saca Carlisle dejando huellas con sangre." Afirmo volviendo a untarme el tobillo con un poco de sangre para que escurra y deje marcas de pisadas con gotas de sangre que vuelva locos a los Vulturi porque no podrán resistir demasiado el olor. "Y créeme, me duele rozarme la piel contra la corteza, esto está realmente frío, y es super áspero. Pero apuesto a que deja un precioso rastro de olor y sangre que los mantenga un poco ocupados." Afirmo frotándome un poco más contra otro arbol exfoliándome la piel contra todos los que puedo. "Y bueno, ya sé que tienen unos rastreadores bastante buenos, sabrán que esto es falso, pero… no son tan tontos como para dejarlos sin comprobar, así que al menos mandarán a alguien a comprobar que son falsos."

Era un poco… parecía una loca, hablando con un lobo que no podía contestarme. Sin embargo, Seth y todos me respondían, a su manera.

Vale, solo me funcionaba a derechas con Seth, pero… también es cierto que él siempre se esforzaba mucho para hacerme entender sus contestaciones.

Como ahora, que me frota la cabeza suavemente contra el hombro y me da un lametón a la piel haciéndome parar divertida para darle unos toques en la cabeza.

"Gracias." Le digo sonriéndole. "Pero igual Jacob y el resto tienen razón. A fin de cuentas, estoy luchando en contra de mi familia."

"Ellos no son tu familia." Me dice una voz en el árbol contra el que me he rascado.

"¿Aidan?" Le digo.

"No me gastes el nombre." Me dice. "Y eso iba en serio. Los Vulturi no son tu familia. Puede que te recogieran, no lo dudo. Pero… créeme, eso no es una familia."

"Aidan…"

"Qué." Me dice. "Es la puta verdad. Esos tíos no son tu familia. Vale, yo no tengo una familia. Pero vivo mezclándome con la gente normal que si tienen familias. Y esa gente no son tu familia."

"Aidan…"

"Porque una familia, no te utiliza." Afirma. "Os peleáis, y créeme, de eso sé un rato." Afirma divertido. "Una familia, te quiere, con lo bueno y lo malo. Una familia te apoya cuando lo necesitas…"

"¡Aidan!" Le grito dándole una patada al árbol para hacerle callar y agarrarse a la rama donde está sentado. "Por 'ma donna della sera'… eres imposible de callar… Ya sé que no son mi familia. No tengo una familia, y creo que puedo vivir con ello. Ah… y por cierto, sé lo que es ser una familia. Y tú no estás solo, sabes que me tienes a mí. Nos tienes a todos. Y yo os tengo a todos también…" Afirmo para que Seth-lobo me de un lametazo en la cara. "Y a ti también, lobo." Afirmo riéndome para palmearle la cabeza haciendo que ladre al aire justo antes de oír un aullido en la distancia que nos hace mirar a todos hacia donde proviene antes de que Seth me mire preocupado.

"Aidan, ve a esconderte." Le digo. "Por fin han movido ficha."

(Salto espacio-temporal)

(Voz de Seth)

"Aidan, ve a esconderte." Le dice Ann. "Por fin han movido ficha."

No podía creérmelo. Me daba mucho miedo notar cómo los Vulturi se habían vuelto a poner en marcha. Esta vez de forma bien marcada y a velocidad progresiva.

Nuestro plan había estado bien para proteger a Ann contra mindundis que habían ido mandando hasta ese momento, pero si los que mandaban eran los Vulturi de verdad… aquel monte no iba a ser suficiente.

"Ann, no pienso ir a esconderme." Le dice para mirarme un segundo mientras intento apremiarles a moverse. "Aprecio mi vida, no te lo niego. Pero tú eres importante para mí. Eres mi amiga, eres… eres como una hermanastra pequeña. Eres mi familia. Lejana, pero familia." Afirma saltándo para ponerse cara a cara con ella "Y la familia no se abandona." Añade estirando su brazo hacia ella mientras yo le gruño.

Entonces, tras un segundo que me parece eterno, ella asiente y le coge por el antebrazo suavemente para abrazarse con el otro una única vez.

"Gracias, Aidan." Le dice susurrándole antes de separarse ambos. "Vamos a correr."

"Como el viento." Le dice él divertido. "De hecho… ocúpate tú de los perritos, yo me adelanto para avisar al resto."

"¿A quién coño llamas perritos?" Le dice Sparrow molesto saltándole casi encima. "Seth, los tenemos casi encima."

Con cuidado le rasco el costado a Ann para hacerla mirar y hacerle señas de que tenemos que irnos ya porque vienen.

Curiosamente, ella parece entender lo que le digo porque asiente y se lleva un dedo a los labios para hacernos señas de que salgamos corriendo.

Correr cuando estamos mal, es difícil, pero correr cuando sabes que estás persiguiéndote unos de los hombres más peligrosos y asesinos de esa familia, eso no tiene palabras.

No oyes nada, no sientes nada. Lo único que notas es el corazón bombeándote por todo el cuerpo, el pulso en tus oídos y el resto se vuelve silencio para oír solo si tus perseguidores están cerca. Esta vez no subimos por el tunel, al contrario, nos destrasformarmos y subimos como podemos por la pared, en gran parte a las espaldas de los vampiros, básicamente Cullen, que no paran de subir y bajar para subirnos a todos. Y cuando me llega a mí el turno, es Ann quien se pone de espaldas a mí.

"Sube." Me dice.

"No creo que sea buena idea." Afirmo.

"Por favor… vale que sea mestiza, pero tengo fuerza." Me dice. "Y hay que darse prisa. Así que… al menos dame la oportunidad de demostrar que parte del rechazo de tus compañeros es cierto, que al menos una parte aunque sea mínima de mí sea temible."

"Créeme, todo tú eres temible." Afirmo rindiéndome para colocarme en su espalda y que ella me haga subir las piernas para colocárselas en su cintura mientras mi trasero reposa un poco más abajo. "Igual peso mucho."

"Oh, sí, eres una foca." Me dice con ironía. "Por favor… he cargado con cajones más pesados que tú. Los cadáveres son más pesados que tú, y no siempre los mataban del todo, así que yo los llevaba por los pasadizos de alcantarillado a un amigo para que les curara." Afirma mirando arriba tras comprobar con un saltito suave que estoy bien sujeto. "Coge aire, que vamos."

Vale, podía ver centellas trepando al doble de nuestra velocidad, pero la verdad es que en su espalda sentía una extraña sensación de seguridad y a la vez también notaba cómo me cortaba la respiración el hecho de estar trepando sin ningún tipo de seguridad. Y eso unido a la velocidad que estaba usando, me daba un poco de miedo.

Hasta que llegamos a un punto donde salta y aterriza en el suelo para girarse y dejarme bajar mientras ella otea el horizonte junto a Jasper y Carlisle.

"Están demasiado cerca." Afirma este último.

"Ya me he encargado yo de eso." Afirma el pirata que parece haberse puesto un sombrero de ala con plumas y una chaqueta que le hace parecer un pirata de los de verdad sonriéndo con ironía.

"¿Y puedo preguntar por qué crees exactamente que funcionará?" Le pregunta Edward.

"¿Qué se supone que has hecho ahora, Roberto?" Le pregunta Ann mirando tirándose al suelo para seguir mirando, esta vez desde la mira del arma que había estado siempre allí montada.

"Resulta que en mis viajes he conocido mucha gente curiosa." Afirma. "Y en una de las islas del caribe, conocí a una gran mujer. Rosarito, una gran sacerdotisa del vudú, claro que ha tenido siglos para perfeccionarlo. Concretamente más de 4 y medio, dos décadas y un lustro."

Hice cuentas, eso hacían alrededor de 475 años.

"¿Vampiresa?" Pregunta Carlisle.

"De las que preferimos vivir al margen de la ley Vulturi. Se esconde bien y listo." Afirma. "El caso es que es una buena amiga cuando se trata de casos importantes. Y ayudar a un buen alma a salvarse de la ira de unos tiranos que se creen que pueden controlar el mundo entero, siempre es buena. Le pedí que hiciera un hechizo a uno de sus miembros, así que no tenéis por qué preocuparos por la niña. No tendrá más efecto que una mirada asesina de cualquier… niño al que le has robado su caramelo."

"Eres una caja de sorpresas, Roberto." Le dice Ann pasándole la mira. "Pero se te olvida que las damas están en la casa."

"Con Millie 'la tramposa'." Le dice divertido. "Idea del rubio este. Me encantará ver cómo los que intenten entrar se convierten en sus muñecas para hacerles ricitos y vestirlas con vestiditos de pololos y esas cosas."

Esa idea me hizo gracia.

"Ann." La llamo para hacerla mirarme. "Procura tener cuidado ¿vale? Nosotros haremos lo que tenemos que hacer."

"Acordaros del plan 'estampida de ovejas', todo irá bien si conseguimos seguir con el plan." Me dice sonriéndome para mirar a un lado vigilando. "No sé si funcionará o no, pero si funciona... Será brutal. Voy a ponerme en mi puesto."

"Annie..." Le llama el pirata suavemente mientras yo me trasformo para ir a revolcarme por la nieve para cubrirme de un manto blanco. "Esto se va a poner duro."

"Va a ser una batalla épica." Le dice Ann atándose el pañuelo blanco a modo de cubierta para la mitad inferior de su rostro. "Apuesto a que ni siquiera el gran Barbanegra tuvo una como esta."

"Esto va a ser muy complicado." Le dice él. "¿Tú crees que esos lleven algo de valor?"

"Seguro que sí." Contesta riéndose mientras se abrocha la cazadora de cuero blanco. "Y podrás quedartelo todo para tu botín."

"Me gusta." Afirma divertido mientras ella corre a esconderse en un hueco de las rocas, fundiéndose casi con el paisaje nevado.

No se por qué, pero de todos los vampiros que la rodeaban, precisamente ese y tal vez las mujeres que se mantenían un poco en segundo plano siempre, un poco a su bola sin exponerse demasiado, eran los que mejor me caían.

Sí, los irlandeses eran también agradables, pero iban demasiado a su bola. No nos tragaban demasiado, pero tenía que reconocer que eran divertidos. Había uno, Sean, que se pasaba el día cuando no vigilaba sentado en el tejado bebiendo cerveza y sangre.

Aidan, el caradura, era harina de otro costal. Él se alimentaba de sangre humana directamente. Incluso a veces incluso se traía comida a casa, no a casa casa, sino a casa de los territorios.

"Tú, perrito, cúidala bien ¿vale?" Me dice a mí sin tocarme siquiera.

Como respuesta, asiento sin hacer más ruido antes de verle cabar un agujero y meterse ahí con un arma en las manos.

"No te preocupes por él." Me dice Ann frotándome las orejas un segundo antes de buscar su hueco. "Aidan es un caradura, pero también es un experto en crearse subterfugios y pasadizos. ¿Sabes el juego ese de golpear el topo cuando te sale? Bueno, pues él es el topo y es imposible pillarle."

Eso me hace un poco de gracia, pero no puedo evitar pensar que no estamos allí para jugar. Los Vulturi están allí, están de caza y vienen por nosotros.

"Seth." Me llama Jake poniéndose frente a mí y paseando en círculos frente a mí mientras Ann va a esconderse en la nieve. "Vamos a ponernos en posición. Si alguien intenta acercarse demasiado a ella…"

"Ya, no necesitaba que me lo dijeras." Afirmo. "La defenderé con mi vida si es necesario."

No necesitaba oir al resto para saber que estaban de acuerdo conmigo.

Rudi, los Beaver, Jeff… todos estaban dispuestos a luchar por nosotros y por los Cullen.

Incluso me parecía que los otros vampiros, por muy a su bola que fueran, también estaban dispuestos a lo que fuera por mantenerla a salvo.

Y eso, aunque no me gustaran ellos, tenía que reconocer que les honraba, aunque fuera un poco.

"Prepararos." Nos dice Edward. "Ahí llegan."

(Salto espacio-temporal)

(Voz de Carlisle)

No podía creérmelo.

El sitio cambiaba, los aliados cambiaban, pero en el fondo, parecía como volver a vivir la guerra que habíamos tenido que enfrentar hacía tiempo. Solo que en lugar de venir por nosotros por un rumor, venían por hechos fundamentados.

A por mi nieta y nosotros porque… bueno, no sabía exactamente por qué. Pero parecía ser que les habíamos enfrentado en algo.

A por los lobos porque apostaría que seguían con la estúpida idea de que eran un peligro y una amenaza para ellos.

Y ahora, también a por aquella mujer, Ann, por haber desertado de su bando.

Lo quisiéramos o no, estabamos todos juntos en esto.

Así que ahora estábamos allí, cara a cara con la primera línea de soldados Vulturi, separados por una distancia prudencial en aquel claro en lo alto de la montaña.

Estába todo como congelado.

"Tranquilos, chicos." Oigo susurrar a Ann suavemente mientras veo cómo le frota la cabeza a dos de los lobos más pequeños. "Son unos caballeros. No van a atacar si estamos con la bandera blanca por negociaciones en ambos lados."

Eso era algo que yo no tenía tan claro. Sin embargo, ella parecía tenerlo totalmente claro.

"Ann, ven aquí a hablar." Afirma Demetri.

"De eso nada." Le dice ella. "Yo si hablo, lo hago con los maestros."

"¿Quién te crees que eres para dirigirte así a los maestros?" Le dice crujiéndose los dedos.

"Cuidado, colega." Le dice Axel, uno de los hermanos locos del grupo de amigos de Ann. "Tengo un lanzagranadas y no dudaré en usarlo si vuelves a faltarle al respeto a la dama."

"She… aún sigo buscando a un hijo de perra que le hizo daño hace tres años." Le dice el otro. "El que había quedado con ella en Boston pero acabó dejándola plantada."

"Ah, no, espera." Dice su hermano. "Si es el día que la conocimos en persona… Una cena especial."

"Callaros los dos ya." Afirma Ann.

"Ann." Le llama entonces Felix dando unos pasos adelante. "Acabemos esto de una vez. Tú y yo."

"Ni pienses que va a…" Comienzo a decir para notar una mano en mi hombro y ver a Ann a mi lado mirándo de frente al resto de ejército enemigo.

"Félix, zanjemos esto de una vez." Le dice. "Maestros, quiero vuestra palabra de que esto será una pelea legal. Si yo gano, nos dejáis en paz. Nadie irá a atacaros mientras nadie nos ataque a nosotros."

"¿Y qué pasará si pierdes?" Le pregunta Aro.

"Félix podrá matarme, así que no creo que sea un problema." Afirma ella. "Yo soy el problema."

"¿Y qué nos garantiza que ese bando respete el trato?" Le pregunta Aro de nuevo.

"Te doy mi palabra como líder del clan." Le digo adelantándome. "De que ningún Cullen moverá un dedo por atacaros si la matáis." Añado un poco asustado porque los lobos rujen con más fuerza.

"Chicos, se acabó." Afirma Ann. "Esto es cosa mía. Querían matarme y eso es lo que van a hacer. Al menos me queda el consuelo de que podré defenderme."

"Esto no es justo." Afirma Roberto molesto. "Este tenía que ser mi final épico, no el tuyo, idiota."

"Oh… Roberto, créeme. Será tu final también." Afirma ella dándole un toque suave en la barbilla. "Prepáraos. No van a respetar su palabra. Se juegan demasiado para dejar supervivientes."

Eso sí podía entenderlo. Así que miro rápidamente a los Vulturi.

No podía ser cierto.

Parecían aceptar de buena gana las condiciones que Ann estaba poniendo. Pero en nuestro bando habían claras discrepancias. En general los chicos-lobo se negaban a permitir siquiera que tocaran un pelo a Ann. Todos sus amigos allí presentes se negaban a dejar que ella fuera a una muerte certera y evidente.

Entonces, ella parece decir algo para ellos y aunque parecen negarse, finalmente entiendo que hará lo que sea que ella les ha pedido.

Pero entonces, mira a Jasper y me mira a mí.

"Ann, sabes que no tienes nada que hacer contra ellos ¿verdad?" Le pregunta Jasper.

"Sí." Asiente firme. "Félix me va a matar. Y yo le dejaré a él tan malherido que morirá en cosa de minutos. Porque los maestros no le darán atención médica. Sin embargo, unos cuantos han caído en el plan B de los gemelos."

"¿Qué plan B?" Le pregunta Jasper. "Sabía que eran anárquicos, pero no que tuvieran un plan B."

"Oh, son unos puñeteros pirómanos." Le dice ella. "Podéis prepararos porque cuando yo muera, va a empezar todo de nuevo. Y antes de que empiece, será mejor que vosotros os vayáis."

"Ni sueñes que vamos a dejarles a estos toda la diversión." Le dice Emmet.

"No." Dice ella tranquilamente. "Tenéis que iros. Es mejor que no os metáis en lo que va a pasar después."

"No va a pasar nada." Afirma Jasper. "No vamos a mover un dedo."

"Vosotros." Nos dice ella. "Me temo que aquí no todos tienen tanta palabra. No cuando van a matar a una amiga. He pedido a Millie que haga una última cosa por mí, pero… no podrá hacerlo con tanta gente."

"Ann, nosotros no somos cobardes." Le digo. "Los chicos lobo son nuestros amigos, nuestra familia también. Si ellos se quedan a defenderte, nosotros también."

"Carlisle, tú eres el cabeza del clan." Me dice mirándome fíjamente. "Debes anteponer tu familia al resto de cosas. Si no te vas de aquí os matarán, y una vez hayan acabado con la parte problemática de tu clan, irán por el resto. Y no pararán hasta que acaben con la niña."

Eso ya lo sabía.

Había vivido con ellos lo necesario para saber perfectamente que no pararían hasta conseguir lo que querían.

Sin embargo, el honor también era importante, para todos.

"Ann, te honra que pienses en nosotros." Se me adelanta Jasper. "Pero no depende de lo que tú quieras. También se han metido con nosotros. Te tendieron una trampa, desde el principio querían matarnos a todos. Solo buscaban un motivo para poder enfrentarse y poder decir que nos matarían."

"Y tú cómo una ingénua caíste de lleno." Le dice Emmet.

"Emmet." Le riño. "No es de ingénuos confiar en los que consideras tu familia. No hay nada malo en ello." Añado mirando a Ann.

"No, Emmet tiene razón. Fui una idiota y una ingénua." Afirma. "Pero ya no pueden engañarme."

"¡Ann!" Le grita Félix llamándola a enfrentarse a él.

"Ya va, cagaprisas." Le dice ella levantando la mano para darle la espalda de cara a nosotros. "Cullen, no tendréis otra oportunidad para huir, hacedlo en cuanto yo atraiga todas sus atenciones sobre la pelea." Añade antes de girar para encontrarse con varios lobos en medio que salta con un sencillo salto al que ellos no responden intentando cogerla porque, para empezar, les sorprende verla saltar así de alto y rápido.

Una caída de 9 sobre 10. Aterriza sobre sus pies de espaldas a la batalla para correr a parar ante Félix que ya la está esperando.

"Pórtate como un caballero y no hagas trampas." Le dice ella.

"Si me portara como un caballero dejaría que una de las mujeres se enfrentara a ti." Le contesta él mientras Aro levanta su pañuelo de cuello para explicar para ella las normas antiguas sobre duelo en las que, cuando él soltara el pañuelo, el duelo se daría por comenzado. "Un caballero no pega a las damas." Añade mientras el pañuelo vuela.

"Suerte pues que yo no sea una dama ya." Afirma ella pasándole bajo las piernas para hacerle un par de agujeros en las corvas con un par de dagas que saca de sus mangas justo cuando el pañuelo de Aro toca el suelo haciendo al vampiro adulto gemir de dolor.

Era totalmente imposible que ella tuviera la menor oportunidad contra un vampiro completo y tan antiguo como era Félix. Por mucho entrenamiento que hubiera tenido, por mucho que ella hubiera mejorado, Félix seguía siendo varias veces más fuerte que ella, más rápido y agre… no, más agresivo no.

"Me da que estaba mucho más rabiosa de lo que parecía." Me dice Emmet cuando ella vuelve a esquivar a Félix llevándose un golpe de refilón para estamparle un mazazo en pleno cuello que cuanto menos hace que él se tambalée por el mareo, cosa que ella aprovecha para con un salto darle una patada horizontal con ambas piernas para caerse al suelo y levantarse con una agilidad pasmosa.

Solo que él también es rápido, aunque ella compense su falta de nivel de fuerza y velocidad con movimientos de esquiva bien calculados y la repetición de movimientos sin pensarlos para darle dos en lugar de uno solo, Félix sigue siendo un vampiro completo que ha servido como guardaspaldas a los Vulturi durante siglos. Y eso es algo que ella no puede compensar.

Así que cuando ella va a volver a pegarle un mazazo, es él quien aprovecha que le ha clavado una de las dagas en el costado para girarse y cogerla del puño para producir un crujido haciéndola perder la fuerza de la mano y con un único golpe de puño en su pecho que suena a costilla rota, la manda volando lejos para convertirse en un relámpago y cogerla del cuello para estamparla en el suelo antes de que pueda caerse por el acantilado.

"Ann… idiota." Le dice haciéndome caer en la cuenta que mientras se han estado pegando, han estado hablando frases cortas en algún idioma que no alcanzo a entender porque casi ni les he oído salvo cuando ella le gritaba insultos en italiano que lo único que conseguían era que los Vulturi, sobre todo Aro y Cayo, sonrieran divertidos.

Y entonces, Félix grita con dolor y veo cómo Ann ha conseguido clavar sus dientes en la muñeca de él de forma que aunque la levanta, ella no suelta ni un ápice su agarre, hasta que oigo un crujido terrible y la oigo gritar mientras él, por inercia para quitársela de encima, la ha tirado, con tan mala suerte, que sobrepasa el límite del acantilado y cae perdiéndose en la bruma que comienza a bajar de la cima hacia el valle.

"Porca putanna… cagna ... Ho iniziato la mano con un morso ..." Gime con dolor.

Dos insultos algo gordos y entonces reparo en que no es que ella haya soltado su mordisco, es que le ha arrancado la mano hasta dejarla colgando de apenas una tira de piel.

"Eh, Vulturi." Les dice Axel, el loco moreno de los dos vampiros locos amigos de Ann, sonriéndoles con ironía.

"¿Qué le dice el vampiro al demonio cuando llega a las puertas de su casa?" Les pregunta el otro sonriéndo de una forma que me parece que quieren suicidarse pero sin moverse de donde están.

¡Kabooom!. ¡Booom!. ¡Boom!. ¡Kataboom!

De pronto, varios de nuestros enemigos estallaron para estallar en llamas debido a que les había explotado algo en los pies y las espaldas.

"¿A que jode pisar bichitos y cucas?" Dice Axel chocando la mano con su hermano.

"Ya te digo." Afirma este divertido. "Y no hemos roto la promesa porque esos los llevaban de antes de subir aquí siquiera."

"Jodidos colgados… hay que ver lo listos y efectivos que son." Afirma uno de los irlandeses.

"Y lo mejor es que con esa tontería adivinad a quién se le ha incendiado el corazón desde dentro." Afirma el otro revelando que tiene un rifle aún humeando a la espalda y que lo está enterrando en la nieve con disimulo.

"Aunque sean una panda de tramposos y locos anárquicos hay que reconocer que saben cómo hacer las cosas." Me dice Jasper. "Aunque hayan iniciado una guerra."

Realmente la guerra la habían iniciado los lobos, cuando un par de lobos pequeños habían conseguido burlar la barrera que estabamos haciendo nosotros para verse retenidos por Millie con una orden. Todos salvo Seth que había seguido casi volando a saltar por el acantilado por donde Ann había caído.

Y entonces me doy cuenta de una cosa. Chelsea está en el suelo. No sé siquiera si sigue viva, pero no se mueve.

"Chelsea…"

"Francotirador experto con cualquier tipo de arma a distancia." Afirma Aidan con ironía señalándome a un punto a varios kilómetros de distancia cruzando el valle donde forzando la vista consigo ver una sombra de alguien que está colgado bocabajo de un árbol, a las espaldas de los Vulturi. "Vincenzo e Igor. Creo que el que le ha acertado ha sido Igor. Vin le ha clavado algo en el estómago."

No podía creérmelo.

Ann había muerto, pero no parecía consciente de la fuerza que había desatado dando a todo ese grupo de gente loca un motivo para unirse contra los Vulturi. Y con esa colección de habilidades normales cultivadas a lo largo del tiempo y dones especiales como el de Monique que era capaz de curar todo tipo de heridas en gente viva, formaban una armada invencible y totalmente letal.

Y entonces veo algo más.

Felix, Demetri le ha recogido ligeramente. Y aunque ya no tiene una de las manos y se la sujeta contra el pecho. No para de mirar el precipicio con una mueca de dolor en la cara.

"Al final es posible que lo que sentía por Ann no fuera tan fingido." Pienso.

Sin embargo, no me da tiempo de pensar demasiado, porque de pronto, algo más entra en mi campo de visión.

Primero un grito agudo y prolongado y luego una serie de sonidos que puedo reconocer como un cuervo ante de un nuevo grito agudo de cuervo precediendo una enorme sombra que se mueve como una centella hacia el cielo.