CAPÍTULO 37: REGRESO.
.
((Bueno, bueno... haya paz, señoritas... :-)
Creo que esta vez no se me dio demasiado bien plasmar lo que sienten cada uno, que ambos tienen un conflicto interior brutal por estar divididos entre el corazón y el deber en el caso de Seth y los sueños en el de Ann.
Y aunque no lo parezca (porque reconozco que no lo parece), a Ann se le parte el corazón de separarse de Seth, pero piensa que siempre ha soñado con ser libre y ver mundo y ahora que lo consigue por fin, resulta que hay algo que sí que la ata a un sitio. Lo del viaje no es tanto deseo sino necesidad. Lleva tanto tiempo estando atada que necesita sentirse libre aunque sea por un tiempo. Y bueno, ya vais a ver que esto sigue y que tonta lo que se dice tonta no es. ;-)
Lo siento fans de Seth pero el chico tiene su corazón entregado. XD .))
.
3 meses y medio después
"Hombre, otra vez tú por aquí…" Me dice el tendero de la tienda de donde sacaba la carne para hacer los perritos calientes para el tenderete playero de Ann. "Mira, hoy te he separado una partida de frankfurt de las buenas. Y mira, me ha llegado una partida de nachos, si les pones un poco de queso y salsas podrías tener una buena fiesta. Te hago precio de cliente VIP."
"No sé cómo lo haces pero siempre me engañas para comprarte de todo." Le digo divertido mientras llaman a la puerta.
"Cartero… paquete certificado, me tienes que echar un autógrafo." Le dice antes de mirarme. "Hombre, precisamente tenía que ir luego por la reserva."
"¿Tienes algo para mí?" Le pregunto como cada día.
"Como cada día." Afirma sonriendo. "Hoy viene con paquete. No sé si eres un hombre afortunado o no, pero quien sea que firme con ese dibujo además de un artista me da un motivo para ver a esa belleza morena de tu casa."
"A ver cuándo le pides salir a mi hermana." Le digo. "Si te lo montas bien seguro que te dice que sí a una cita."
"¿Tú crees?" Me pregunta tendiéndome el registro para que firme que he recibido un paquete enorme.
"Seguro." Afirmo cogiéndolo para ver que es un poco pesado.
Es gracioso, pero cuando Ann me prometió mandarme postales cada vez que visitara un nuevo sitio, me imaginé que recibiría una postal de vez en cuando, pero en lugar de eso, cada día me llega algo nuevo. Fotos dentro de sobres y escritos como si fuesen postales además de cartas, otras veces postales llenas de una letra pequeña y pulcra… no hay día que el cartero no tenga que venir a casa o darme algo por la calle mientras hago compras para abastecer el chinguito. Arik me pillo a la primera cuando lo abrí y en lugar de enfadarse porque era el negocio que hubiera pertenecido a Ann si no se hubiera ido, se ofreció a echarme una mano, así que ahora en lugar de un chiringuito para beber en la playa, también se puede comer. Comida vegetariana, comida basada en productos de mar que hace él ambas, o comida de parrilla y barbacoa que hacemos nosotros, principalmente yo.
Así que, en cuanto monto en el coche, echo un vistazo breve al paquete.
"Hawai, vaya, sí que sabe pasarlo bien." Afirmo.
Ya tenía postales y fotos de Japón, Rusia, toda Europa, sobre todo París, donde había estado varias veces, e Irlanda.
Tenía un mapa en el chiringuito donde clavaba chinchetas en todos los lugares que me llegaban cartas o paquetes postales. Colgaba las fotos que más me gustaban y las postales más bonitas en el corcho del bar, bien protegidos por un cristal. El resto las ordenaba cronológicamente en una caja en mi habitación. Tenía tantas fotos de todos los días que llevaba lejos que tenía decorada la habitación con fotos de amaneceres, anocheceres, vistas de todo tipo… fotos que hacía en su viaje.
En algunas salía ella, en otras estaba acompañada y la mayoría de ellas eran solo paisajes.
Esta vez, cuando abro el paquete tras descargar todo, veo que hay una postal y muchas fotos.
Como siempre, hay fotos del amanecer, fotos del cielo nocturno… y unas fotos de Ann vestida con una falda hula y cocos a modo de sujetador sobre su bañador, igualmente, lleva un collar y una corona de flores y parece estar bailando.
Esa imagen me hace sonreír, y cuando la giro y leo un "Bailar hula no es tan difícil como parecía, pero la ropa es un poco…" seguido de una carita con las mejillas rojas; eso me hace acabar riéndome.
Entonces sigo sacando cosas de la caja.
Un montón de collarles de flores, una bolsa con lo que parece semillas y que pone que son de una flor típica de la isla…
"¿Otra vez correo?" Me pregunta Jeff acercándose con Abe, Rudy y Jeremy mientras Saulo parece caminar un poco por detrás cojeando un poco todavía por las secuelas de haberse roto la pierna peleando meses atrás lo que le ha dejado una leve cojera a ratos que queda visible cuando se trata de caminar sobre la arena.
"Como cada día." Afirmo sonriéndo feliz. "Y hoy hay caja."
"Qué envidia." Me dice Abe quitándome las fotos de las manos. "Ya me gustaría que me mandaran cosas de todos los puntos del globo porque alguien que conozco está visitándolos todos."
Entonces parece llegar a la foto de la bailarina Hula y se echa a reír.
"Está preciosa." Me dice Rudy quitándosela para verla. "¿Puedes ponerla en el corcho de honor?"
"Esta me la guardo, además, ahí solo van las más divertidas que enseñen algo bonito." Le contesto.
"Eh, Ann es lo más bonito de las fotos." Me corrobora Jeremy sonriéndo divertido. "Y por lo que se ve, eres al único que escribe tanto."
Eso era cierto. Pero también se debía a algo más.
"Ya sabéis, sigue pensando que estáis todos enfadados con ella por lo de que tuvo que espiarnos y eso." Les digo. "Y yo no paro de decirle que no es cierto, que no paráis de preguntarme por ella y que venís todos los días para ver si puedo compartir algo de lo que me manda con vosotros. Vaya… esto tiene pinta de ser la leche." Afirmo viendo unos cuantos paquetes envasados al vacío con lo que parecía frutas desecadas y empaquetadas.
"Que chulo." Afirma Rudy. "Esto es mango, había oído hablar de ella, pero nunca había visto uno ni que estuviera deshidratado como este."
"Tengo muchos. ¿Os apetece si abro uno y lo compartimos?" Les ofrezco.
"Pero te los ha mandado a ti." Me dice Abe.
"Seguro que le encantará saber que habéis probado esto conmigo." Afirmo cortando el precinto para abrir la bolsa poco a poco y sacar aquellas tiras de color amarillo dorado y secas para ponerlas en uno de los cuencos para aperitivos que pongo con las consumiciones de alcohol. "Vamos a dejarlos airearse un poco y atacamos."
"Dónde anda ahora exactamente." Me pregunta Rudy.
"El matasellos decía que Hawai. Así que… si quieres hacer el honor y clavar la chincheta…" Le digo ofreciéndole una.
Bueno, supongo que daba un poco igual quién clavara la chincheta. A fin de cuentas, lo importante era saber dónde había estado.
Yo creo que en general todos le seguíamos un poco la pista por los sitios de donde me mandaba noticias o paquetes. Así que ahora mismo, tenía chinchetas por todos los puntos del globo. Desde oriente a occidente.
Y mientras servía las mesas, llevaba jarras de cerveza de barril, botellines a las mesas y platos de comida cuando el sol ya era fuertecillo y picaba y la gente venía a refugiarse al interior, miraba el mapa donde cada día ponía una chincheta nueva si podía porque a veces estaban demasiado juntas para poner varias, y sonreía.
Desde luego en las fotos veía a Ann sonriéndo feliz, así que era evidente que al menos ella era feliz volando libre como el viento. Viendo todo lo que siempre había querido ver y haciéndo todo lo que se había perdido en sus años de vida, fueran los que fueran realmente.
(Salto espacio-temporal)
"Pero qué…" Oigo a Jacob decir mientras oímos un ruido de motores en el mar al atardecer mientras Arik y yo cocinamos unas cuantas hamburguesas y perritos vegetales para cuando cae el sol y la gente viene a echarse unas últimas risas en la playa.
"Seguro que ya ha vuelto ese idiota de Newton a traerse la moto de agua." Afirmo pasándole a mi hermana un par de perritos más.
"Habría que conseguir que alguien pusiera una señal que las prohíba." Dice Arik. "No son buenas para los animales marinos."
"¿En serio que no eres un biólogo marino de esos?" Le digo para que se quede parado cuando dejamos de oír los ruidos de motores fuera indicando que alguien les han dicho que lo dejaran o algo.
Y entonces, él coge el pedido vegetariano y sale por la puerta a la barra, dejándome de nuevo solo mientras oigo griterío fuera.
"Ala, ya han vuelto a venir las niñatas esas a tocar las narices." Suspiro para salir con lo que ya tenía a servirlo y ver que las niñatas están por allí, cocleando mientras miran hacia unas mesas.
"Camarero, por favor." Dice una persona.
"Ahora mismo." Afirmo poniendo un par de pedidos con un 'que aproveche' y una sonrisa para ir a tomar nota a la nueva mesa. "Buenas tardes, qué van a pedir."
"Ah, yo pido, yo pido." Afirma una voz femenina que suena familiar pero desconocida y que no me hace ni levantar la mirada. "Hamburguesa cruda, con triple de kepchup y sin cebolla, lechuga, tomate, ni tampoco…"
"Vale, lo pillo, lo pillo." Afirmo sonriéndo divertido. "Una hamburguesa al punto entre pan y pan. Con mucho kepchup."
"Que sean 3." Afirma otra voz que reconozco y que me hace saltar el corazón. "Y dos 'Bloodweissers' y una 'Blood-cola'. Del tiempo, por favor." Afirma haciéndome levantar la mirada para ver una imagen que hace que me salte el corazón y se me caiga todo lo de las manos.
"Pero… pero… Hawai… El caribe…" Digo.
"Sí, bueno… resulta que me di cuenta de que por ver todo lo que siempre había soñado me estaba perdiendo algo más." Afirma sonriéndo. "No sé… todo eso está genial, pero… no es lo mismo si no tengo una molestia continua a mi lado."
"¿Molestia?" Le pregunta Sparrow. "¿Qué molestia?"
Como respuesta, solo sonríe con ironía sin apartarme la mirada mientras yo sonrío igualmente.
'Molestia', ahora soy una molestia, sin embargo, ha dicho que me echaba de menos.
"No tenemos las bebidas, pero puedo traeros café." Afirmo.
"Vale, pues… ¿cerveza?" Pregunta al negro y al irlandés que está con la niña pequeña.
"Una Harp, y no digas que no tienes. Sé que Annie te mandó un par de cajones de Harps y Guinness cuando estuvo visitándonos."
"No están mal, pero prefiero las nacionales." Le digo. "Ahora os traigo eso."
"Una Guinness para mí." Me pide Ann.
"Y un poco de Ron para mí y para la señorita…" Me dice Roberto, el pirata.
"¡Gelatto!" Dice feliz. "Oh. ¿Puedo tía Ann?"
"Solo una bola, y luego tienes que cenar lo que te pongan mis amigos ¿vale?"
"¡Sí!" Dice feliz. "¡Gelatto, gelatto!"
"Eso es un helado." Me dice el irlandés con ironía.
"Ya lo sabía." Le digo. "Tengo todavía un par de tanques de tuttifruti del que me mandó Ann hace meses."
"¿Lo ves?" Le dice la rata irlandesa. "Te dije que le mandaras un congelador para todo lo que le mandas."
"Ann… te dijimos que no te pasaras mandado cosas…" Le susurra Roberto.
"¡No os metáis con la tía Ann!" Les dice la niña.
Era gracioso. Desde que habían llegado, todo se había vuelto más luminoso. Así que me doy prisa y saco el helado que había dicho y saco una bola grande para una copa mientras saco las cervezas que han pedido.
"Arik, adivina quién ha vuelto." Le digo feliz.
"Ya lo sé." Me dice asintiendo y medio sonriendo. "Y ver cómo sonríes me lo confirma. Ah, ten, llévale esto a la niña." Afirma poniéndome un vaso con agua con tintes verduzcos.
"Oye, esto tiene pinta de ser agua del pozo negro." Le digo mirándolo. "A ver si los mayores se van a enfadar."
"No creo." Me dice sonriéndo. "Y no es agua del pozo ciego. Es una bebida que seguro que le gustará."
"Está bien, está bien… como quieras." Le digo para salir a llevar el pedido a la mesa de Ann. "Jeff… ¿puedes cubrirme un momento, por favor?"
"Claro, me gusta la coctelería." Afirma divertido. "Ah, pero dale saludos de mi parte."
Sonriéndo, vuelvo a la mesa.
"Una Harp para ti, el ron de caña… y para las señoritas más bonitas… una guinness para la señorita más bonita y… tachán… un helado de tuttifruti con sombrillita de cóctel para la señorita más sonriente de todo el bar."
"¡Sí!" Dice la niña palmoteando feliz.
"Oh, y Arik te manda saludos Ann y esto para la señorita." Afirmo para que sea Ann quien lo coge y lo huele para dárselo a la niña.
"Mira que bueno Niamh." Le dice suavemente. "Un zumito de mar especial para nuestra pequeña sirenita."
"¡Dame, dame!" Le dice la niña dejando de comer helado para pedir el vaso.
"Pero ten cuidado, no vayas a echártelo otra vez por encima ¿vale?" Le dice sonriéndole.
"Niamh es mayor." Le dice volviendo a manotear.
"No sabía que viajábais con una niña." Les digo sentándome en la mesa también.
"Es la hija de Finn." Me dice Ann. "Su madre… bueno, ya te lo imaginas."
"¿Y cómo ha sabido ese tal Arik que Niamh…?" Le pregunta el irlandés mientras Ann le frotaba a la niña la boca manchada de aquel agua sucia con toquecitos suaves.
"La gente de una especie nos reconocemos entre nosotros." Afirma sonriendo para mirarme.
(Salto espacio-temporal)
Horas más tarde
"Seth, déjalo ya." Me dice Arik. "Tienes visita."
"Aún no puedo creerme que haya vuelto." Le digo feliz dado que llevo horas en una nube de felicidad. "Seguramente sea solo una parada entre destinos, pero… me alegra tanto volver a verla cara a cara…"
"Deberías salir a hablar con ella." Me dice sonriéndo mientras su amiga la rubia entra a la cocina.
"Eh, no me puedo creer que esa zorra haya vuelto." Afirma.
"Marina… ya te he dicho cientos de veces que fue un error." Le dice.
"¡Pero es que ahora Shelly y hasta Maya no paran de hablar con ella!" Se queja.
"Marina… Ann es una 'gente de aire', como ellas." Le dice mientras yo salgo tras doblar el delantal. "¿Qué crees que harías tú si en lugar de ella fuese una de los nuestros que hubiera matado a un ave?"
Como siempre, esos dos hablaban en código.
En este tiempo había aprendido que ambos eran del mismo grupo, más o menos. Ella vivía en un sitio y él seguía viviendo en la misma casa.
Le había preguntado más de una vez por qué no se había ido, y la única respuesta era que había un motivo para no irse de aquel lugar.
Pero todo eso de Arik, Marina la rubia, gente rara y demás queda olvidado cuando salgo al chiringuito ya casi vacío salvo por los últimos clientes que siguen festejando con las últimas copas y los chicos con sus parejas bailando en la zona que por las noches usábamos para eso colgando unos faroles de palos que clavábamos en la arena para delimitar la zona de baile junto al chiringuito, y veo una sombra más en la playa. Sentada en bañador sobre una plancha de madera sobre el mar con los pies en el agua.
Sigue ahí, no ha sido un sueño.
Entonces, me acerco por el agua para comprobar que no está demasiado lejos, que para llegar allí solo ha tenido que mojarse apenas hasta medio muslo.
"Si pretendías asustarme te aviso que he mejorado mi oído y el olfato." Me dice sonriéndo sin dejar de mirar el cielo.
"Ya he acabado por hoy." Afirmo sentándome junto a ella. "Me sorprende verte sola."
"Ah, Aidan ha salido a cazar a cientos de kilómetros hacia el sur, y Roberto se ha llevado a Niamh dormida en brazos. La pobre… duerme bastantes horas en la noche para ser una mestiza como yo." Me contesta apoyando su cabeza en mi hombro. "Y antes de que lo preguntes, no, no es mi hija. Es la hija de uno de los chicos que murieron en la nieve. Su madre nos encontró, estaba embarazada de hacía poco antes de que vinieran aquí. Nunca había pensado que fuese tan duro decirle a alguien que la persona a la que quería ha muerto, y cuando encima es una mujer en cinta…" Afirma para cortarse en medio de la frase.
"Ya sabía que no era tuyo." Le digo. "No oléis ni parecido. Salvo por el champú. Las dos oléis a fresas. Además, no tiene ningún rasgo en común contigo, salvo lo de parecer más madura de lo que su edad sugiere. ¿Vas a quedarte por aquí unos días?"
"En realidad… algo más que unos días." Me dice suavemente.
"Oye, pues si te quedas una semana deberías venir a la fiesta de la playa que va a dar tu chiringuito el sábado." Le digo. "Vamos a hacer una parrillada brutal, hora feliz y hogueras para decorar. Y Leah va a traer una mezcla de música y vamos a poner horas y horas de música para que la gente se divierta en la playa."
"Eh, suena brutal." Afirma sonriéndo divertida. "¿Y pondréis algo que ilumine en el agua?"
"¿Y eso para qué?" Le digo divertido.
"No sé, en una isla del pacífico nos encontramos una tribu que celebraba unas fiestas brutales para su diosa del mar." Me dice mirando al cielo de nuevo. "Hacen unas especies de cestas que flotan en el agua del mar, les ponen velas y las van soltando al mar. Y luego sueltan más barquillas con ofrendas para agradar a la diosa del mar y que les de buena pesca y les bendiga con mares en calma. Es una pasada nadar en el mar esa noche porque el agua es tan clara y cristalina que las velas sobre las cestas flotantes lo iluminan y puedes nadar entre los peces."
"¿En serio tú nadas?" Le digo.
"Pues claro." Afirma divertida. "Lo que pasa que al contrario de lo que pasa con el resto de mis amigos que son puros, yo sí tengo que respirar. Aguanto más que un humano, pero aún así, de vez en cuando tengo que parar a respirar. Y cuando el agua es clara y hay peces es… me encanta nadar. Es casi como volar. Por cierto, un día te tengo que enseñar un truco que hemos perfeccionado los chicos y yo. Se llama 'aerosurfing aunque no haga viento'. Es muy divertido. Lo que pasa es que no se puede hacer donde te vean gente normal."
"¿Y cómo habéis venido hasta aquí?" Le pregunto.
"En el velero de Roberto." Me dice sonriendo. "Me ha dicho que un día tienes que venir con nosotros. Podemos hacer una excursión corta de una semana solo, así no tendrías que faltar mucho de casa."
"No suena tan mal." Afirmo concediéndole un poco de razón. "Por cierto, aún no sé dónde vas a dormir. Tu cabaña sigue estando casi vacía."
"¿Casi?" Me dice con ironía.
"Sí, bueno, Arik sigue viviendo ahí." Le digo.
"Bueno, pues creo que puedo dormir ahí también." Me dice. "Aunque la cama se la he cedido a Niamh. Así que creo que dormiré en una esquina. Ahora sé hacerme nidos bastante cómodos con una sábana. Hamacas vamos."
"Si quieres puedes venir a refugiarte a mi casa." Le digo.
"¿Y escandalizar a tus padres?" Me pregunta con ironía. "Nah… mejor dormimos en la playa. La arena es un poco coñazo, pero está guay. Con el cielo sobre tu cabeza…"
"Eh, he visto todos los cielos que me mandabas." Le digo echándome a su lado para mirar al cielo también. "Es una pasada. He ido haciendo un planetario y todo en el techo de mi cuarto."
"No sé… sí, me he divertido mucho viajando, he visto todo lo que siempre quise ver y más, pero… no sé, siempre era como si me estuviese perdiendo algo. Así que… decidí volver."
"Y yo me alegro mucho de que hayas vuelto." Afirmo sonriéndo divertido para poner un brazo junto a su cabeza. "No sé… ya sé que no pasaste mucho tiempo por aquí, pero echaba un poco de menos venir a ayudarte con el chiringuito. Vale, para qué mentirnos. Esto es una mierda si no estabas tú por aquí. Echo mucho de menos lo de venir a hacerte compañía y esas cosas."
"Ya os he dicho antes, yo también echaba de menos tener una molestia pegada que me impidiera hacer mi tarea." Me dice con ironía apoyándose en su codo para mirarme de frente apoyada en su costado. "Pensaba que habías entendido por dónde iba."
"Me hacía una idea." Reconozco divertido.
Mierda… después de tanto tiempo y aún me moría por besarla.
Mientras la veo sonreírme, tumbada sobre aquella plataforma de madera flotante, noto como si no hubiera pasado ni un solo día desde el ultimo beso que nos dimos en la guerra.
"Te he echado de menos." Le digo. "Cada uno de los 108 días que hace que te fuiste."
"En realidad fueron 107, 17 horas, 15 minutos y... Vale, los segundos no los cuento." Me dice sonriéndo divertida. "Deberías saberlo, tienes que tener 106 cartas y postales. 45 paquetes y unas miles de fotos."
"Sí, tengo las cartas archivadas en una caja debajo de mi cama, cada vez que te echo de menos miro a un lado a la pared y te veo en las fotos, o saco la caja de debajo de la cama y leo algo sobre tí. Pero prefiero verte en las fotos."
"Si lo prefieres puedo irme al barco." Afirma. "Te mandaré fotos desde allí."
"¡No!" Le digo cogiéndola por la cintura en un abrazo sin darme cuenta para soltarla cuando me doy cuenta, entonces ella me pone la mano sobre mi brazo para retenerlo allí suavemente. "Tenerte aquí de nuevo, aunque sea por poco tiempo es mucho mejor que todas las fotos que me has mandado hasta ahora."
"¿En serio?" Me pregunta.
"Sí." Afirmo asintiendo suavemente con una sonrisa suave de felicidad. "Ya sabes lo que siento."
"Sí..." Afirma como suspirando.
Me había prometido que si volvía a verla, le diría exactamente todo lo que sentía. Que la necesitaba a mi lado, que me moría cuando ella estaba lejos, cuando ella se iba lejos con aquellos hombres.
Pero ahora que la tenía allí, que sabía que volveria a irse y veía lo feliz que había sido mientras estaba viajando... No podía pedirle que se quedara conmigo, igual que no se lo había podido pedir cuando acabó la guerra.
"Seth... He tomado una decisión." Me dice suavemente. "Voy a ir a ver a los jefes de tu tribu. Voy a necesitar una casa mayor, con un cuarto solo para Naimh, y otro para mí. Arik podrá quedarse con la cabaña de la playa. Creo que le gustaba mucho."
"No te preocupes, para cuando vuelvas, probablemente la hayamos podido terminar." Le ofrezco.
"No." Niega ella suavemente. "No voy a dejaros el trabajo sucio a vosotros. Me quedaré al menos hasta que acabe la construcción. Roberto y Aidan han dicho que me ayudaran."
"Yo te ayudo." Afirmo rápidamente. "Mañana hablo con Sam, mi madre forma parte del consejo, yo me encargo de convencerla. Billie, el padre de Jacob… Quil Sr. el abuelo de Quil… si preparamos bien los argumentos no creo que se opongan. El problema va a ser dónde. La playa no era un problema porque te cogiste una barraca y la convertiste en tu casa, pero lo de construirte una casa en la nada…"
"Mira allí." Me dice señalando el acantilado que se formaba al final de la playa. "Cuando vivía aquí, siempre me gustaba irme allí a notar el viento en la cara. Como no hay vegetación, creo que pusiera ahí una casa bien diseñada, no haría nada al medioambiente y estaríamos todos felices."
"Una casa allí. Me cuesta imaginármelo." Reconozco.
"Va, tú préstame un mantel, me hago un nido, descanso un poco y si quieres mañana te me unes en la carrera de madrugada y hablamos algo más." Me dice levantándose. "Y para que conste, tengo ya un par de rutas hechas de cuando vivía. Aidan está cazando, así que para mañana ha vuelto, y la niña corre bastante también."
"Me cuesta creerlo." Afirmo divertido mientras la veo bajarse de la plancha de madera bajando para seguirla. "Es una niña."
"Pues vente mañana y lo compruebas." Afirma divertida. "Yo salgo a las 6, si me levanto para las 5.30 alguna vez he salido también."
"Vale." Le digo. "Pues… supongo que te veré para las 5.30 pues."
"O también… podríamos coger un par de manteles y te hago otro nido a ti." Me dice sonriendo divertida. "Yo calculo que con las farolas esas tan chulas, cogiendo tres, nos da para hacernos unos nidos chulos y con las cabezas juntas."
"Me apunto." Afirmo.
Esto tenía una pinta genial. Definitivamente hoy tenía que ser mi día de suerte. Lo había notado temprano y ahora se confirmaba.
Volvía Ann, se iba a quedar una temporada hasta que acabara su casa… y Ann se iba a quedar una temporada.
Eso era lo mejor del día.
