CAPÍTULO 39: ANUNCIOS INESPERADOS, DESPEDIDAS.
Apenas dos años después...
"No puedo creerme que esto este acabado." Me dice Aidan.
"Nos hemos esforzado mucho pero al final ya está." Afirmo sonriéndo cubierta de pintura mientras la luz que anuncia el nuevo día comienza a anunciarse por el horizonte.
Hacía casi dos años desde que habíamos comenzado a hacer aquella casa. Trabajando el terreno para hacer los sótanos hasta un nivel seguro para evitar comprometer la seguridad dado que estaba en lo alto del acantilado desde el que se veía la playa a nuestros pies. Sellando todo lo que excabábamos en la tierra antes de construir, sotanos, la planta baja... Y al menos dos pisos más y el ático.
Había hecho todo de forma que en la planta baja estuviera el salón y una biblioteca-museo cerrada con llave, además de una cocina pegada a un comedor suficientemente grande para poder comer allí al menos 20 personas un poco apretados entre una mesa principal y asientos varios rodeándolos, y de ahí, con una cristalera, se salía a una zona del bosque donde habíamos conseguido construir un patio empedrado lo suficientemente grande como para hacer un bonito comedor al aire libre donde ya podía ver a todos los chicos y mis amigos vampiros sentados allí comiendo y riéndonos cuando hiciera un día suficientemente bueno como para estar al aire libre, con una zona con hierros y parras y enredaderas que con tiempo y cariño, llegarían a hacer un emparrado.
En la primera planta había puesto la zona de las dependencias comunes y un par de habitaciones para invitados, mientras que en la segunda planta era la de las habitaciones própiamente dichas.
Aidan tenía una habitación tan grande como su cabaña irlandesa, Roberto tenía su habitación que decía que decoraría con motivos del mar y desde la que se abría una balconada al mar que al menos mientras la habiamos construido y mientras seguíamos construyendo hacia arriba, cuando me había asomado me había dado la impresión de estar en la poa de su barco.
Y finalmente, estaba el ático, mi santuario.
El ático estaba dividido en dos: la zona de trastero y mi propio lugar. Ambos separados de forma que mi santuario fuera precisamente eso, un santuario.
Y entre medio de eso habia una planta más, una planta muy especial. La tercera planta donde estaba mi habitación junto a una de invitados y al otro lado, una sala que aún estaba construyendo y que siempre que entraba y me sentaba en el suelo, me hacia sonreír al ver exactamente lo que yo siempre había soñado que tendría, cada cosa en su sitio, en aquel vacio donde aun faltaba acabar de pintar y sin muebles ni ningún tipo de decoración.
Y entonces, me pita la alarma y enseguida oigo a lo lejos los ruidos que me indican que hay vida acercándose en el bosque.
"Bueno... Aquí os dejo." Afirmo sonriéndo divertida y dejando mi rodillo en su sitio.
"Dile que luego se pase." Me dice Roberto divertido. "Hoy he traído un cesto entero de muffins, de esa panadería que nos gusta tanto en California. Ya sabes, en San Francisco nunca notan cuando me pasan las bolsas."
"Oye, vosotros mucho le invitáis a venir ¿no?" Les digo calzándome las deportivas sin calcetines para salir a correr. "Como sigáis así no os lo váis a quitar de encima ni con agua caliente."
"Oye, a esta casa le falta un perrito correteando por ahí." Afirma divertido Aidan.
"Sí, pero creo que preferiría un cocker o tal vez uno de esos pastores tan chulos que tenéis en Irlanda o Escocia." Les digo divertida levantándome de un salto para estirar.
"Entonces no podríamos tener al chico por aquí." Dice Aidan mientras Roberto me para en la puerta con los brazos cruzados.
"¿No se te olvida algo?" Me pregunta.
"Hacemos entrenamiento luego." Le digo sonriéndo entendiendo que se refiere a la promesa de que haríamos entrenamiento de espada antes de irme yo a correr.
"Esta bien." Me dice frotándome la cabeza divertido. "A la noche me gustaría comentarte algo."
"A la noche tenemos hogueras en la playa." Le digo. "Va a venir incluso Marina y Arik. Además de Maya y Raven. Dado que voy a llevarme al pequeño milagro... ¿Por qué no os venís también los dos?"
"Demasiado chucho junto." Afirma Aidan. "Yo me largo a cazar a la gran ciudad."
"Roberto..." Le pido haciendo ojitos de cachorro.
"Está bien... Me pasaré un ratito y luego me iré a cazar." Me dice.
"Bah... La consientes mucho." Le dice Aidan mientras vemos cómo Roberto ha vuelto a acabar otro juguete tallado en madera. "A las dos."
(Salto espacio-temporal)
(Voz de Seth)
"Entonces a ver si lo entiendo." Le digo. "¿Esos dos vienen también o no?"
"Aidan no, y Roberto se vendrá solo un rato." Afirma Ann sonriéndo mientras salta de la punta del pino centenario al que ha trepado para colgarse en la última rama antes del suelo para saltar haciendo una pirueta. "Hay unos cazadores por aquella zona, lo que me sorprende un poco porque no estamos en temporada de caza."
"¿Había policías?"
"Creo que sí." Me dice.
"Entonces están rastreando algo." Le digo. "Y esta tarde cuando vayamos a verte, será un problema porque tendremos que aplazar todo porque nos mandarán a algunos ir a ayudar a rastrear."
"Puedo ayudaros, lo sabéis ¿no?" Me dice indicándome que podemos volver a correr y esta vez no paramos hasta que no acabamos de saltar la cascada, solo que esta vez, cuando me caigo al agua, me encuentro cogido por el tobillo para salir volando y caer en la espalda de un cuervo gigante.
"Y de nuevo, 9 sobre 9." Afirmo sujetandome mejor.
Cualquiera tendría miedo de que un cuervo negro como el azabache y con unas garras tan grandes que sin duda podria atraparme la cabeza fácilmente con una sola, lo andara cogiendo y lanzando por el aire, por no decir colgarse a su espalda. Sin embargo, era divertido jugar con ella.
Y comenzaba a hacerme a lo de volar también yo, sobre todo días atrás cuando se habia elevado conmigo a la espalda y me había tirado al convertirse, habiamos caído haciendo caida libre y de la mano, y a metros del suelo, se habia soltado para cogerse a mi cintura con las piernas cara a cara y convetirse de nuevo en un cuervo para evitar que me convirtiera en una tortilla de Seth y posarme suavemente en el suelo desconvirtiéndose por lo que la había tenido que coger en brazos.
Eso habia sido una pasada, mucho mejor y más terrorífico que saltar por el acantilado.
Y bueno... Tenía que reconocer que me había gustado el hecho de tenerla desnuda en brazos y contra mí. No habia visto demasiado, pero aún así, me habia gustado.
"Oye, Seth." Me había dicho cuando me posa junto a un árbol cerca de la reserva donde sé que conserva en la copa un par de paquetes de conjuntos de ropa envueltos en una bolsa de plástico al vacío y resellable a la que podía sacarle el aire con el aspirador de su casa. "Esta noche espero que me reserves un sitio a tu lado."
"Eso ni lo dudes." Afirmo divertido mientras la veo cambiarse en la copa del árbol a pesar del follaje antes de que vuelva a descolgarse por las ramas con una facilidad asombrosa. "Deberías hacer una cacería un día de estos."
"Es extraño, pero no noto la debilidad." Me contesta. "Es... Es como si últimamente no necesitara tanta sangre. Y mis ojos... No sé, apenas se oscurecen." Afirma encogiéndose de hombros. "Aidan me dice que eso es bueno, pero no sabe qué es. A él no le disminuyó la necesidad de sangre así. Es... Llevo días sin probar sangre. Ni siquiera en la comida cruda. Llevo días comiendo comida cocinada y... Apenas he probado un dedal en semanas. Siempre de la ración de la enana."
"Que tampoco es ya tan enana." Le digo.
"Lo sé." Afirma suavemente. "Aidan y yo le enseñamos bien, intentamos hacerle entender que ser un mestizo no es tan malo. Que precisamente por tener un padre vampiro nos hace especiales."
"Ya, pero... Dijiste que ella es como tú." Le digo. "Le dejas pasar demasiado tiempo con Arik y esas chicas."
"Bueno... Mientras trabajo alguien tiene que cuidarla." Me dice sonriéndo. "Y a fin de cuentas, sabes que esa gente cuentan con nuestra confianza."
"No es eso lo que me parece por la cara que ponen tus amigos cuando le ven." Le digo.
"Cuenta con mi lealtad." Me dice. "Eso será suficiente."
"Esa chica, Marina." Le digo. "Dijo que si él se quedo allí contigo no fue por leantad, que era tu prisionero."
"Es posible." Me contesta haciéndome que se me caiga del pedestal. "Pero nunca le trate como tal. Y para mí, que se halla quedado tanto tiempo aquí, en esa casa, es mas que suficiente prueba de su amistad. Para mi es suficiente."
Eso era cierto.
En todos los meses en que ella no habia estado allí, él se habia quedado en aquella cabaña de la playa, había estado cuidando de la cabaña día tras noche, y había seguido mirando día tras día el mismo punto, en el mar, en la tierra... Incluso muchas veces miraba al aire, como si esperara que ella viniera volando hasta aquella playa.
Y finalmente, nuestras plegarias habían sido escuchadas, ella habia venido de nuevo a casa. Había vuelto acompañada del vapiro-pirata y del mestizo irlandés, con la huérfana de otro de los vampiros irlandeses.
Eran tres, vivían en los acantilados al borde de nuestras tierras, eso habia ayudado mucho a que no hubiera habido más chicos convirtiéndose. Cuando ella había estado sola, al ser una mestiza y casi no beber sangre, no había habido problemas, pero ahora que había un puro, preferíamos no arriesgarnos. Y la verdad es que ellos lo estaban llevando mucho mejor que bien. Ayudaban mucho quedandose casi al margen de la vida en la reserva.
Así que cuando llegamos al punto de siempre donde se pueden oír las voces dentro de la casa de la pequeñaja gritando que quiere ir con su tía Ann, un poco antes de verla correr hasta nosotros a una velocidad considerable y que Ann la coja en brazos a pesar de que aparentemente, la niña ya tiene los 9 al menos.
"¿Has hecho caso a los tíos?" Le pregunta Ann.
"Aidan me ha vuelto a reñir porque no hablo bien gaélico." Le dice la niña haciendo pucheros. "No sé por qué es tan importante que hable una lengua tan rara..."
"Porque tu papá hablaba eso." Le contesta ella cogiéndole de la mano tras dejarla de nuevo en el suelo para ir juntas a la casa donde puedo ver al irlandés en la puerta de brazos cruzados mostrando que está molesto por algo y al pirata en el balcon del salón levantando unos papeles que agita en las manos. "Y es importante hablar la lengua de tus padres, aunque sea una lengua que habla una minoría del mundo."
"Pero es que Aidan se enfada mucho."
"Aidan se enfada porque no pones interés." Le dice él. "Y tú, 'tita Ann', deberías dejarte de suavidades y reñirle como dios manda. No pone interés en aprender sobre sus raices."
"Tranquilo Aidan." Le digo. "Os tiene a los tres para hablarlo por ella."
"Tú no te metas, se supone que deberías saber hablar bien esa cosa que habláis entre vosotros y por lo que sé eres el que menos habla." Me dice.
"¡Aidan!" Le riñe Ann casi gritando para ponerse a hablar con él en lo que se supone que es gaélico, solo que, igualmente por lo que se ve, ella lo habla mucho peor.
"Eso, eso." Afirma la niña para que Aidan le diga algo y ella le saque la lengua mientras yo la cojo en brazos.
"¿Tú entiendes algo?" Le pregunto.
"Poco. La títa Ann le está riñendo porque se mete contigo." Me dice. "Dice que eres un amigo."
"La tita Ann es una mentirosa, pero tú no tienes que ser como ella." Le dice Roberto apareciendo con una nevera en la mano. "Chicos, comida fresca…"
"Veo que os lleváis suficientemente bien como para meteros los unos con los otros." Le digo mientras la pequeña se vuelve loca al olor de la sangre de trasfusiones dentro de aquella nevera y apostaría que también en formato de botellines de imitación a marcas conocidas para hacerlas pasar inadvertidas y poder ayudar a mezclarse mejor entre la gente normal. "Wow… tranquila."
"Eh, Niamh, no nos portamos como salvajes." Le dice Roberto para que la niña se pare quieta y ponga cara de niña buena. "Pequeña tramposa…" Afirma dándole lo que parece una piruleta roja oscura que la niña coge con un salto para alejarse y metérsela en la boca feliz.
"Veo que esos dos han mejorado la receta." Afirma Ann haciéndome reparar que la pelea ha acabado y que el irlandés está mirando la nevera.
"Sabes que consiguen lo que sea si se centran el tiempo suficiente." Le dice Roberto divertido. "Voy a meter esto en la nevera de los mayores. ¿Ron, lobo?" Me pregunta mirándome mientras lleva la nevera en brazos. "Hoy me ha llegado una buena remesa, tengo mucho en la bodega, pero voy a dejar un poco aquí."
"No suelo beber tan temprano, pero… no voy a hacerte un feo." Afirmo divertido.
"Llevaré un par de botellas a la fiesta de la noche." Me dice.
(Salto espacio-temporal)
(Voz de Ann)
"Aún no puedo creerme que hoy echemos el cierre tan pronto." Me dice Arik.
"Tenemos una fiesta de hogueras." Le digo divertida mientras le ayudo a hacer caja y recoger las mesas y sillas para ponerles el candado. "Hemos hecho sopa de algas, Roberto ha traído el ron, los chicos traen las cosas para asar en la hoguera…"
"Por cierto, hablando de tus amigos, Roberto se pasó antes por aquí." Me dice. "Ha dicho que iba a cogerle algo a la niña y volvían. ¿No estába un poco más raro que de costumbre?"
"La verdad es que me dijo que tenía que contarme algo esta noche." Le digo un poco confusa. "¿Crees que será algo importante?"
"No lo sé." Me dice mientras oigo gritar un águila y un cuervo en el acantilado anunciando la llegada de Maya y de Raven mientras que Marina sonríe al ver que sus amigas han llegado. "Ah, aquí llegan las chicas."
"¡Hola!" Me saluda Raven feliz dándome un abrazo. "¡No te lo vas a creer!. ¡He visto a un par de cuervos más de paso!. ¡Y son chicos, hay uno para cada una!"
"Raven, yo ya tengo un chico." Le digo divertida.
"Te dije que no le interesaría." Afirma Maya.
"¿Me estás diciendo que una chica ave está interesada en un chico de tierra?"
"A ver… Seth es Seth y punto." Afirmo sonriendo divertida mientras les siento acercarse, al menos a unos cuantos. "Es la primera persona que no me trata como si fuese... Nada, solo yo, solo... Ann."
"¿Y qué hay de tu nombre de verdad?" Me pregunta Raven.
"Ann es el nombre con el que me conocieron aquí." Afirmo. "Me parece bien dado que es el acortado de mi Nannuk natal."
"Me gusta más el de verdad." Afirma Maya. "Es un nombre con fuerza. Ann..." Añade haciendo burla casi. "Menudo nombre más mierda. Ann hay miles, pero Nannuks..."
"A mí me parece un nombre bonito." Les digo encogiéndome de hombros divertida mientras oigo aullar en la otra punta de la playa y miro para ver a varios chicos acercandose a la carrera y noto una alteración en el aire a nuestras espaldas indicándome que se acercan vampiros.
"¿Llegamos tarde?" Me pregunta Roberto mientras Naimh me salta en la espalda haciéndome caer de las manos las maderas para la hoguera y moviéndome para cogerla cabezabajo.
"Sois los primeros, aparte de Maya y Raven, que como todos sabemos, son más rápidas." Le dice Marina.
"Naimh... Portate bien y deja que la tita y sus amigos acaben de poner todo para hacer fuego ¿vale?" Le dice para cogérmela de mis brazos.
"Mi sobrinita no me molesta." Afirmo haciéndole un beso esquimal antes de dejarla en el suelo. "¿Sabes que aquellos chicos que vienen por allí aún no saben que sabes jugar al escondite con sorpresa?"
"¿Puedopuedopuedopuedo?" Me dice.
"Todos tuyos." Afirmo sonriéndole.
"Esto... Comienzo a pensar que Aidan tiene razón." Me dice Roberto ayudándome a coger la madera que se me había caido y cargándola para comenzar a hacer una pira para la hoguera. "La tenemos un poco mimada."
"Es como la niña que probablemente nunca tenga." Le digo susurrando. "Solo tengo 16 años, pero mi mente es plenamente adulta, y que yo sepa... La otra mestiza que conozco es..."
No podía acabarlo.
Lo habia descubierto tan solo unos meses antes de regresar a la reserva. Aidan y yo no éramos los unicos mestizos de vampiro, había más aparte de Nessy Cullen, Aidan, Naimh y yo. En total había descubierto otro par. De ellos, la única mestiza que nunca habia visto. Katja, en las estepas rusas. Vivía sola, en las estepas rusas, en una zona donde no había problemas si de vez en cuando desaparecía una persona. La habíamos encontrado cazando. Nos habiamos metido en su terreno por error y la había descubierto mirándonos.
Era una persona salvaje, casi no sabia hablar pero entendía y se hacía entender con gestos. Me habia contado muchas cosas.
Ella tampoco había visto nunca otra como ella. Me dijo que había comprobado que si yacía con hombres, no se quedaba embarazada. Si mordía a sus amantes, no los convertía. Si se controlaba a la hora de comer, no mataba.
La tenían por bruja, de vez en cuando se cambiaba un poco el aspecto, se renovaba un poco el vestuario o se cambiaba el estilo del peinado, y la tomaban por su sucesora.
Así que, con ella habia confirmado muchas cosas y habia descubierto una terrible verdad: por mas que lo quisiera, nunca podría tener hijos. Naimh iba a ser lo más parecido que tuviera nunca a una hija.
Y para alguien como yo, que nunca habia sabído quién era mi padre, que nunca había sabido quién era su madre porque la maté al nacer, aquella gente que me rodeaba, los vampiros y vampiresas con los que seguía manteniendo contacto regular por internet en "la red"... Era lo más parecido a una familia que nunca podría tener.
"Ann." Me llama entonces Roberto. "¿Podemos hablar un momento? A solas."
"¿Ahora?" Le pregunto un poco confusa. "Estamos en medio de la fiesta."
"Tenemos que hablar de algo." Me dice serio y suavemente a la vez. "Hay algo que quiero que sepas antes que nadie."
"Claro." Le digo mirando a un lado para ver que Arik y las chicas me miran disimuladamente y entonces Marina llama a Naimh diciéndole que le contará una historia de una mujer que vivía en el mar.
Sinceramente, nunca habría pensado que alguien como aquella gente, que desde el primer momento me habian odiado y supongo que no sin razón a pesar de que todo habia sido un error, se pudieran convertir un día en alguien tan importante y en quienes pudiera confiar tanto como ellos.
Con cuidado, me levanto y sigo a Roberto hasta llegar a la otra punta de la playa.
"Roberto, qué pasa." Le pregunto.
"No sé como decírtelo." Me dice suspirando y apagándose un poco. "Ann, nos vamos."
No, no podía ser.
"¿Cómo?" Le digo confusa y perdida. "¿Cuándo?. ¿Por qué?"
(Salto espacio-temporal)
(Voz de Seth)
Cuando había visto a Ann irse con el pirata-vampiro me habia preocupado, pero viendo que habian dejado a la niña allí, con Arik y las otras chicas de ese grupo, me habia dado cuenta de que no iban a irse y dejarla allí.
Y se me habia confirmado cuando habían vuelto, solo que en cuanto veo la cara que tiene Ann, me doy cuenta que algo no va bien.
Ann esta demasiado seria, demasiado... Triste.
"Ey... ¿Estás bien?" Le pregunto yendo a sentarme con ella en lugar de con mis amigos y haciéndole una leve presion en el hombro para que ella conteste con otra presión suave y sonría a medias.
"Ejem." Afirma Roberto dando unos golpes suaves con su navaja contra su copa. "Disculpad... Disculpad un momento... Tengo algo que decir."
"Va, dejadle hablar al chupasangres." Dice Jacob bromeando. "Es broma, es broma... Habla, Roberto."
"Como diria un camarada mio... Capitán, Capitán Roberto." Le contesta bromeando. "Y voy a hablar en nombre no solo mío sino también de Aidan que no ha podido venir hoy."
"¿No ha podido o no ha querido?" Le digo bromeando también.
"Ya sabéis que no ha querido." Afirma Ann uniéndose a la broma, sin embargo, sin la fuerza habitual.
"En nombre de todos nosotros... Gracias por habernos acogido entre vosotros." Nos dice Roberto. "Pero por desgracia, me temo que eso acabará mañana."
"¿Qué dices?" Le preguntamos confusos y sorprendidos.
"Llevamos aquí más de dos años, es hora de levar anclas y volver al mundo real." Afirma. "Hay muchos sitios a los que debemos ir, tenemos que hacer muchas cosas y ahora que la casa está por fin acabada, es hora de volver a levar anclas."
No podía creérmelo.
"No puedes ir en serio." Le digo para mirar a Ann pidiéndo que lo niegue.
"Naimh tiene que conocer más sobre las raices de su familia." Nos dice Roberto continuando mientras veo que Ann es incapaz de hablar una sola palabra y mira la hoguera triste. "Lleva demasiado tiempo aquí, aprendiendo lejos del hogar de sus padres, es hora de que vuelva a sus raices. Aidan echa de menos su patria, aunque aquí haya mucha naturaleza, nunca se podra comparar con el hogar de uno. Asi que... De corazón... Gracias. Gracias por habernos acogido como si fuésemos unos más en vuestra sociedad."
