CAPÍTULO 40: PARTIDAS Y EXTRAÑAS PETICIONES.
(Voz de Seth)
Al principio no había podido creerme lo que había oído en la fiesta. Que de pronto Roberto, el pirata, hubiera dicho que ya había pasado demasiado tiempo en tierra firme y que iba a volver a levar anclas para viajar de nuevo había sido una sorpresa, pero lo que más me preocupaba era saber que como Aidan y la niña iban a irse a Irlanda para que esta aprendiera algo más sobre sus raices, eso significaría que Ann volvería a irse con ellos. A pesar de lo que había dicho de que había vuelto porque sentía que le faltaba algo.
¿A quién pretendía engañar?
Ann era una mujer-cuervo, era el viento hecho carne. Ella necesitaba ser libre como el elemento que la respaldaba, y aunque yo quisiera seguirla, tenía mis raices tan enterradas que no podría seguirla, pero la esperaría, hasta que volviera.
Así que había seguido sonriéndo y cuando la había visto ir a pasear con los dos vampiros mientras la niña se quedaba con los chicos, yo había decidido que era mi hora de irme a casa.
"¿De verdad no te quedas un rato más?" Me habían dicho los chicos.
"Nah, estoy cansado, y mañana tengo que levantarme pronto para… tengo que hacer unos cuantos recados, así que… será mejor que no me acueste demasiado tarde." Les había dicho.
En cuanto me había metido en la cama, me había dado cuenta que no podía seguir así.
Todo aquello de la impronta me estaba haciendo daño. El que Ann y yo fuéramos de diferente especie, el que tuviéramos diferentes necesidades… Me iba a volver loco.
(Salto espacio-temporal)
"Eh, no me digas que acabas de volver de hacer los recados." Me dice Jacob cuando me lo cruzo en el camino a casa, yo yendo y él saliendo del camino en su coche.
"Pues sí." Le digo. "Hoy tenía mucho trabajo que hacer."
Y más aún porque había decidido que el estar ocupado me impediría pensar en que volvía a estar lejos de mi impronta.
"Vale, chico serio." Me dice divertido. "Oye, escucha, nosotros vamos a ir a la playa, y tu hermana irá cuando vuelva. ¿Te espero y te vienes?"
"No sé… me apetece quedarme aquí de tranqui." Le digo.
"¿En serio?" Me pregunta un poco sorprendido para pasar a mostrar confusión. "No quiero meterme donde no me llaman, pero… ¿os habéis peleado o algo?"
"No, claro que no." Le digo. "Eso solo que… no me apetece demasiado pasarme por allí hoy. Dile a Arik que me pasaré por allí cuando se me pase el bajón."
"Esto… vaaaaaleeee." Me dice un poco escamado. "Vale, ya se lo digo." Afirma antes de volver a ponerse en marcha.
Yo había esperado poder pasar el resto de tarde ocupado haciendo mis cosas, sin embargo, estaba claro que no podía pasar.
Cuando acabo de hacer todo, me echo en la cama, y tras un rato aburrido y sin poder hacer más, decido que un paseo me iría bien, así que me voy caminando monte a través.
Y a tontas y a locas, acabo llegando al acantilado donde solemos saltar.
Desde allí se ve toda la reserva que me interesa. Allí veo el acantilado donde está la casa de Ann y sus amigos, y debajo, donde había estado fondeado el barco a unos metros para no molestar y desde allí en moto de agua a una covacha donde tenían las 2 motos de agua bien atadas a unos salientes para que no se perdieran… nada.
Se han ido, no hay ni rastro del barco, así que suspirando, me deshago de toda la ropa y salto.
La adrenalina del salto me viene bien, y el agua fría en la que me sumerjo, me ayuda a calmar un poco el dolor en mi pecho.
Entonces nado hasta la playa y me doy cuenta que el chiringuito está abierto y ya no tengo excusa para no ir allí.
"Arik… siento lo de antes." Le digo entrando y sentándome en la barra. "Es que no me encontraba demasiado fino."
"Menos mal, ya pensaba que era por mí." Afirma una voz femenina. "Llevo todo el día aquí después de que estos zarparan por la mañana. Y trabajar es divertido, pero… no sé, te he echado en falta en el bullicio."
"Es… sigues aquí." Le digo boquiabierto al ver a Ann quitándose el pelo de la cara mientras avisa a Arik que ha vuelto a irse dentro cuando ella se levantó de debajo del mostrador que ya ha cambiado el barril.
"Sí, claro." Afirma. "Los que se iban eran el resto. Yo no dije nada de irme ¿no?"
"No, pero… asumía que tú… quiero decir… siempre has querido ver mundo." Le digo sin poder acabar de creérmelo del todo.
"Sí, claro, y ya lo he visto." Afirma. "Además, sabes que tengo una bonita cuenta en Suiza para poder pagarme varios viajes cuando quiera. Pero de momento me quedo aquí, a no ser que ya no sea bienvenida, claro. Pero Jacob y uno de sus amigos ya me han dejado bien claro que sigo siendo bievenida siempre y cuando mantenga mi hambre bajo control, cosa que hago dado que te recuerdo que Jasper, Emmet, Bella y Edward me enseñaron los mejores cazaderos de la zona, así que no tendría problemas de caza por aquí. Además, el jefe Swan me ha dicho que cuando haya batidas de animales para controlar la población me avisará y me cercará un coto para cazar. Por no hablar de que estoy experimentando lo de alimentarme de gente."
"¿Y qué tal lo llevas?" Le pregunto.
"Esto… sabes que seguimos en un bar ¿no?" Me dice.
"Vale, pues… a qué hora acabas, te espero." Afirmo feliz.
"Cuando se disipe esto. A las 9 creo que hoy ya estará acabado." Me dice. "Ayudo a limpiar un poco a Arik que es mi socio y damos por terminada la noche."
"Vale, pues… te espero." Afirmo. "Si quieres puedo ir a ayudar a la cocina, para las cenas."
"Ah, no importa, si quieres toma pedidos." Me dice. "Pero de momento no es necesario. Lo que sí… cerveza bien fresquita, invita la casa." Me dice sacando un botellín que descorona fácilmente para ponérmelo delante antes de tener que atender otro pedido.
(Salto espacio-temporal)
(Voz de Ann)
Había sido un día largo y medianamente normal, pero cuando los chicos de la manada de Seth habían bajado y él no, me había preocupado. Y luego, cuando Jacob, Quil y Embry habían bajado solos y me habían dicho que Seth estaba cansado y que ya bajaría otro día para ayudar a Arik… bueno, entonces el día se me había oscurecido de pronto.
Había pasado toda la tarde dividida entre el trabajo y sonreír a todo el que venía al chiringuito y preguntándome qué había hecho para que Seth, que siempre había venido a verme aunque estuviera tan herido que viniera cojeado, dijera que estaba cansado y que vendría al día siguiente para ayudar a Arik en lugar de decirme algo a mí.
¿Estaría enfadado conmigo por algo?
No, no creo que fuera eso.
Y de pronto, casi al anochecer, había aparecido calado por la puerta. No le había visto hasta que no había llamado a Arik que estaba tras de mí mientras yo estaba agachada cambiando el tonel de cerveza del grifo.
"Arik… siento lo de antes." Le había dicho mientras yo acababa de ajustar la goma. "Es que no me encontraba demasiado fino."
"Menos mal, ya pensaba que era por mí." Le había dicho aliviada de verdad de ver que había venido, aunque fuera solo por Arik. "Llevo todo el día aquí después de que estos zarparan por la mañana. Y trabajar es divertido, pero… no sé, te he echado en falta en el bullicio." Había añadido intentando cubrir la alegría que me producía verle allí.
"Es… sigues aquí." Me había dicho boquiabierto mientras yo me quitaba el pelo que se me había soltado y caído por la cara y por tanto me estaba molestando ahora que estaba de pie de nuevo y lista para seguir trabajando.
"Sí, claro. Los que se iban eran el resto. Yo no dije nada de irme ¿no?" Le había dicho un poco confusa de que pensara que yo también me iba.
"No, pero… asumía que tú… quiero decir… siempre has querido ver mundo."
"Sí, claro, y ya lo he visto." Le había dicho sin poder acabar de salir de mi confusión del todo. "Además, sabes que tengo una bonita cuenta en Suiza para poder pagarme varios viajes cuando quiera. Pero de momento me quedo aquí, a no ser que ya no sea bienvenida, claro. Pero Jacob y uno de sus amigos ya me han dejado bien claro que sigo siendo bievenida siempre y cuando mantenga mi hambre bajo control, cosa que hago dado que te recuerdo que Jasper, Emmet, Bella y Edward me enseñaron los mejores cazaderos de la zona, así que no tendría problemas de caza por aquí. Además, el jefe Swan me ha dicho que cuando haya batidas de animales para controlar la población me avisará y me cercará un coto para cazar. Por no hablar de que estoy experimentando lo de alimentarme de gente."
Había sido una conversación extraña, pero entonces me había dado cuenta de por qué no había ido antes. No era del todo cierto que estuviera cansado, que podía ser, la verdad era que no había querido venir antes porque pensaba que me había ido.
Y ese pensamiento me hace sonreír mientras sigo sirviendo mesas, cocinando con Arik y dejando a Seth y Marina en la barra sirviendo bebidas mientras nosotros acabamos de encargarnos de las cenas y antes de salir yo fuera a seguir trabajando. Hasta las 8 que el sitio se queda muerto y cerramos.
"Buen trabajo, chicos." Afirmo sonriéndo mientras echo el cierre de la puerta y voy recogiendo las copas vacías en el barreño donde las solemos meter para llevarlas al fregadero y ponerlas en el lavavajillas al final del día. "Marina, iros Arik y tú si queréis, ya tengo otro par de manos que esclavizar para limpiar un poco esto."
"No te preocupes, no nos cuesta nada." Me dice sonriéndome.
La verdad es que desde que mi naturaleza de mujer-cuervo se había revelado, su tendencia a odiarme por lo que le había hecho a su hermana había ido suavizándose, y ahora mismo, la verdad es que éra bastante amistosa conmigo, como Maya, la mujer-águila y Raven que como el nombre con que se había rebautizado a sí misma, era una mujer-cuervo como yo.
"Últimamente parece que vosotras dos os lleváis mejor." Me dice Seth sonriéndo mientras recojemos entre los dos la zona del bar mientras ellos se encargan de la cocina.
"Ah, es que antes tenía algo pendiente conmigo." Le digo sonriéndo. "Pero desde que volví… digamos que hemos ido haciendo las paces poco a poco."
"Me alegro." Afirmo sonriéndo. "Sería una pena, te llevas tan bien con Arik y él parece muy pegado a ella."
"Sí ¿verdad?" Me dice sonriéndo divertida. "Yo siempre había dicho que harían buena pareja, pero hay complicaciones."
"¿Más que con nosotros?" Me pregunta bromeando.
"¿Y qué problemas tenemos nosotros según tú?" Le pregunto uniéndome a su broma.
"Que tú eres mitad lo que nosotros cazamos y yo soy de una raza que parece que vosotros debéis odiar."
"Ya, pero es que me gusta jugarme la vida." Afirmo sonriéndo divertida.
La verdad es que no es que me gustara, pero era lo que hacía. No paraba de jugarme la vida cada vez que salía a cazar con los Cullen, no paraba de jugarme la vida cada vez que salía de casa y pasaba cerca de otro vampiro, porque podían reconocerme y decidir que merecía la pena matarme.
Y cuando finalmente conseguimos acabar, llamo a Arik que ya ha acabado en la cocina casi.
"Deberías irte." Le digo. "Yo puedo acabar con eso."
"Perdona, pero yo vivo a 23 pasos de aquí y tú tienes un bonito camino hasta casa." Me dice.
"No si voy 'como vuelan los cuervos' ((N.T. Es un dicho inglés que equivale a 'en línea recta'.))" Afirmo divertida.
"Incluso así." Me dice. "No te preocupes, yo echo el cierre."
"Vale, pues… mañana me vengo temprano." Afirmo.
"Como siempre." Afirma divertido. "Por cierto, mañana probablemente traiga algas nuevas."
"¿Necesitas que te la devuelva?"
"Puedo ir así." Me dice sacudiendo la cabeza.
"Espero que no te estés enamorando de mí." Le digo bromeando a pesar de que Seth debe estar oyéndonos.
"Nah… eres una gran amiga." Me dice divertido. "Cuando te encariñas de alguien tampoco haces demasiado esfuerzo." Afirma guiñándome un ojo divertido mientras Seth me coge suavemente la mano para decirme si nos vamos con un gesto silencioso y yo asentir para seguirle.
Cuanto más conozco de ambos, más cuenta me doy de lo 'a oscuras' que hemos estado siempre sobre los trasformistas de cualquier tipo.
Siempre había pensado que los Selkies solo dejaban de buscar sus pieles cuando se las robaban si la persona que se las robaba era su amor, pero al parece también funcionaba cuando la persona que se la había robado era alguien que apreciaban.
"¿En qué piensas?" Me pregunta Seth.
"En que todavía hay mucho que tengo que aprender sobre los trasformistas." Le digo sonriéndo y dándole un beso mientras me deshago de la ropa a sus espaldas para convertirme en cuervo y cogerle suavemente entre mis garras para elevarme y llevarnos a ambos a casa.
Y aún me quedaba la parte más difícil de todas.
(Salto espacio-temporal)
(Voz de Seth)
Nunca había volado en mi vida, y desde aquel día en la guerra en que me había precipitado al vacío abrazado a Ann para protegerla de la caída porque no podía creerme lo evidente que era que ella estaba muerta dado que tenía el cuello partido así como la mano y alguna costilla, había volado sobre aquel cuervo gigantesco y entre sus zarpas unas cuantas veces.
Y aún así, mientras me lleva bien sujeto entre sus zarpas o a su espalda dado que a menudo suele jugar a tirarme en el aire y cogerme a su espalda para llevarme suavemente por el aire mientras yo me sujeto bien con las piernas justo donde acaban sus alas mientras con mis brazos me sujeto al principio de estas, no puedo evitar sentir salvo una tremenda libertad. Mi corazón está más ligero.
Solo que, tal y como ella dice, la distancia entre su casa y la playa volando es bastante corta, y enseguida pasa junto a la terraza del tejado donde hay una puerta de entrada para cuando está convertida y no le apetece que la vean desnuda dejándome saltar mientras ella se vuelve a elevar y desciende suavemente para posarse tras de mí y coger una bata del armarito que tiene ahí arriba para estos casos mientras yo abro la puerta con la llave que hay escondida en una de las tablillas que es la falsa.
"Aún sigo sintiendo lo mismo que el primer día mientras me llevas por el aire." Le digo divertido abriendo la puerta mientras noto que se acaba de vestir.
"Deberías poder sentir lo que yo siento cada vez que vuelo." Me dice destilando felicidad en su voz. "Es… mientras vuelo, aunque sea menos de un minuto, es como si fuese de verdad yo. Es… me siento… libre."
"Es como cuando yo corro por el bosque." Afirmo sonriendo al entender a qué se refiere aunque seamos de diferente especie.
Con cuidado, me quito los zapatos en la antesala donde tiene ella una especie de recibidor pequeño para dejar los zapatos si alguien entra por allí, claro que normalmente solo entramos ella y yo, alguna vez creo que han entrado las chicas amigas de Arik, pero aún así, allí está esa sala. Y también es para evitar hacer ruido dado que hay una niña pequeña en la casa. Y entonces oigo a Ann reírse.
"¿Por qué vas tan sigiloso?" Me dice divertida.
"No quisiera… ah, ya." Afirmo dándome cuenta que no hay nadie a quien despertar.
"Me gusta eso de que sigas teniendo esa consideración." Me dice divertida pasando junto a mí para entrar a su parte de la casa. "¿Quieres tomar algo conmigo?"
"Claro." Afirmo feliz.
"Tengo té, café… y espero que los chicos no acabaran con la bodega para aprovisionar el barco." Me dice bajando por las escaleras sin problemas mientras yo la sigo.
Me conozco esa casa como la palma de mi mano, sé que estamos bajando al salón-cocina de la planta baja. Y allí me dice que me ponga cómodo mientras ella va a coger algo a la bodega.
"No importa, un poco de té sirve también." Le digo.
"Ah, espera, creo que dejé… sí, aún queda zumo." Afirma. "Y un poco de cola, es de la genérica, pero…"
"Por mí está bien." Afirmo para ver cómo vuelve con la botella, un par de vasos y una bolsa de patatas fritas que pone en un cuenco delante de mí antes de ponerse a servirme cola en el vaso y servirse ella otro. "No me imaginé nunca cuando construisteis esto que llegaría el día que estuviera tan silencioso."
"Sí, la verdad es que yo tampoco me lo imaginaba tan silencioso cuando hicimos los planos para comenzar a construirla." Reconoce con un punto de tristeza en su sonrisa que supongo que a cualquiera se le hubiera podido pasar desapercibido, pero no a mí, no cuando conocías todas y cada una de sus expresiones. "Pero bueno, supongo que así estará mejor, a veces vivir con una niña pequeña o con alguien tan descuidado con Aidan puede ser un poco caótico."
De nuevo, si no la conociera, hubiera pensado que le molestaban la niña y sus compañeros, pero la conocía, y sabía perfectamente que adoraba a esa niña como si fuese suya propia y que quería a todos y cada uno de sus compañeros que habían ido a la guerra como si fuesen sus hermanos que nunca tuvo.
"Ya les echas de menos ¿no?" Le digo bromeando.
"¿Tanto se me nota?" Me pregunta asintiendo suavemente. "No sé, debería estar acostumbrada a esto. Cuando estaba en Volterra me pasaba la inmensa parte del tiempo sola. Pero… no sé, me había comenzado a acostumbrar a tener a gente siempre por aquí."
Sí, bueno. Supongo que al final te hacías a aquello, y el que de pronto, la casa estuviera vacía era… extraño y supongo que se le haría hasta raro.
Sin embargo, parecía estar llevándolo bastante bien. Parecía estar tranquila y calmada ante el hecho de que de ahora en adelante, al parecer iba a estar sola en casa.
"¿Sabes que antes se pasó Rudy por el bar?" Me dice después de un rato hablando de todo y nada.
"¿En serio?" Le digo medio bromeando dado que después de mí, los hermanos Beaber y Rudy son los que más cariño le tienen a ella.
"Como lo oyes." Asiente. "No es que me extrañe, siempre estáis unos u otros por allí. Y me encanta teneros por allí."
"¿Pero?" Le digo entendiendo que hay un pero.
"No, sin peros." Afirma divertida. "De verdad que me encanta teneros a alguno siempre por allí. Lo hacéis todo más divertido. Por ejemplo, Rudy." Afirma divertida. "Me ha traído una pata de algo que cogieron esta madrugada, cuando al parecer salisteis a mirar un rastro sin decirme nada."
"Ah, eso…" Le digo un poco abochornado por no haberle dicho nada. "Es que eran vampiros, no estábamos seguros y… bueno, podían ser alguien de los que te buscaban."
"Seth… te recuerdo que puedo defenderme bien." Me dice recostándose un poco y apoyando su cabeza en mi hombro mientras se pone el bol de patatas fritas en el regazo y se lleva una a la boca que le robo bromeando para meterle la que yo tenía en mi mano divertido.
"Y yo que dado que ahora mismo estamos bien como estamos, preferiría no volver a arriesgarme a perderte." Le digo divertido refiriéndome a poco después de volver que nos había acompañado, le habían alcanzado la compañera de comuna del tío que habíamos perseguido nosotros y había estado a punto de abrirse el cráneo al caerse por un cortado destrasformándose a medio camino y golpeándose por el cortado.
"Hablando de eso…" Me dice levantando un dedo. "No sé, ahora que tengo la casa entera para mí y no vamos a molestar a nadie…"
Por un momento me aguanto la respiración.
Llevo deseando que llegue ese momento… ya no sé ni cuanto tiempo.
Que me pida que viva con ella, que podamos dar un paso más y tener una relación aún más física. Que no es que no haya habido cosas antes, pero… yo creo que tenemos gafe, porque cada vez que hemos intentado pasar a mayores, al final nunca hemos podido tener sexo porque por uno u otro motivo, al final se nos cortaba el rollo o no podíamos acabar.
"Soy todo oídos." Afirmo divertido.
Sonriéndo, me besa.
Bueno, al final va a ser solo intimar. Prefería que fuese irme a vivir con ella, pero…
"No sé si será lo que piensas." Me dice sonriéndo divertida. "Pero… bueno, iba a preguntarte si crees que a tu madre y hermana les molestaría que te vinieras a vivir aquí, conmigo."
"¡SÍ!" Afirmo feliz.
"Oh, mierda, entonces…"
Entonces la beso feliz.
"Me da igual lo que piensen, ya soy mayor." Afirmo feliz abrazándola. "Mañana mismo me traeré lo que necesite y…"
"Sabes que puedo ayudarte a traerlo." Me dice un poco escamada. "Pero preferiría que no viniera pasado mañana vuestro amigo el policía a detenerme por secuestro."
"No es secuestro si hago todo el papeleo avisando de que me mudo." Afirmo feliz volviendo a besarla.
"Cuidado, Seth." Me dice seria.
"¿Cuidado con qué?"
Como respuesta, me coge la cara entre ambas manos con suavidad y es ella la que me besa tiernamente antes de separarse un poco.
"Cuidado con los besos tan seguidos, podría acostumbrarme." Me dice haciéndome reír por dentro para volver a besarla.
"Pues acostúmbrate, desde ahora y hasta que vuelvan a venir a molestarnos, pienso darte ración tri… no, séxtuple, ración séxtuple de ellos." Afirmo para hacerle reír a ella ya sí que sí.
Que tuviera cuidado porque podía acostumbrarse a los besos… ¡Ojalá pudiéramos seguir así eternamente!
Me parecía que esa felicidad, esa confianza que por fin teníamos entre nosotros podría durar eternamente. Y a la vez, me daba miedo que esa fina felicidad que nos unía se perdiera para siempre, porque había tantas cosas que podían acabar con ella…
Además, nos habíamos enfrentado a los Vulturi, algunos habían sobrevivido; aunque Marcus o como se llamara el líder que quedaba hubiera prometido la paz, quién sabe cuánto sería eso.
O alguien del campo de batalla podía decidir que prefería seguir haciéndonos la guerra a pesar de lo que hubiera decretado el último de los líderes de la raza fría y venir a buscarnos.
Pero de momento, tenía todo lo que podía pedir, no podía irme mejor.
Tenía paz, tenía a la chica y sobre todo, tenía su corazón a cambio del mío. Seguíamos vivos, sí, probablemente no pudiéramos tener hijos, pero me daba igual, me bastaba con tenerla a ella.
Que si quería irme a vivir allí con ella… Llevaba soñando con ese momento desde que llegó a la reserva después de su viaje por el mundo tras la guerra. De hecho, había convertido en mi segunda casa aquella su mansión hecha milímetro a milímetro por ella y sus dos amigos más cercanos en su "red de contactos" para poder albergar a todo el mundo y aún así tener una habitación para visitas inesperadas.
Sabía que convivir en aquel lugar con ella iba a ser difícil, además, aquel iba a ser su casa, yo era el que se mudaba; sin embargo, algo en cómo me lo había ofrecido, con esa timidez que parecía haber tenido de pedírmelo, me decía que aquello iba a salir bien.
