CAPÍTULO 41: SUEGRA Y NUERA. PRIMERAS VECES.

(Voz de Ann)

"Creo que esto era la último." Me dice Seth mientras sacaba la última bolsa deportiva y el cajón con cosas que quería llevarse a casa en la mudanza y cargándolo todo en el coche de Jacob.

"¿Seguro que llevas todo?" Le pregunto confusa. "Eso es demasiado poco."

"Tienes la casa amueblada." Me dice su hermana Leah sonriéndo divertida. "¿No puedo pegarme también yo? Prometo no molestar a vuestro nidito de amor."

"No." Le dice su hermano empujándola a la vez que yo contesto con un: "Claro, sabes que tengo cuartos de sobra."

"Yo por el sofá con la tele esa tan grande también me aguanto la respiración y me tapo los ojos y oídos cuando estéis en hacer…" Comienza a decir Rudy haciéndome reír mientras tanto Leah como Seth le dan unos capones por pasarse.

"Está bien, ir vosotros llevando eso, yo voy a llevarme los fardos." Les digo.

"Deberías dejar que los llevaran los chicos." Me dice Sue, la madre de Seth.

"¡Mamá!" Le dice Leah haciendo un gesto de ojos. "Tu futura nuera tiene la fuerza de estos pero más agilidad."

"Ya que voy a quitaros al caballero, lo menos que puedo hacer es dejaros a vosotros despediros de camino a la casa." Le digo sonriéndo y echándome los fardos a los hombros divertida solo para comprobar el peso y decidiéndome a ir hacia la arboleda lateral para convertirme y elevar el vuelo para llevar esas primeras cosas a la casa para meterlas al garaje y volver por el resto. "Además, esto no pesa ni lo que una persona."

"¿Y tú no vas a venir en el coche?" Me pregunta.

"Yo prefiero viajar de otra forma." Le digo sonriendo ampliamente y moviendo la mano para despedirme. "Os veo allí. Si puedo os cojo algo más luego."

"Vale…" Me dicen contestando a mi despedida.

Me sabía un poco mal dejar a la pobre madre de Seth en manos de aquellos lobos y sus hijos, pero la verdad es que no cabíamos más en el coche y alguien tenía que llevar algo más, así que yo casi prefería ir volando.

Corro a toda velocidad hasta la arboleda y allí me desnudo para trasformarme y coger mi ropa en el fardo para salir volando en vertical con un salto y elevar el vuelo para volar siguiendo al coche que enseguida paso graznando mientras noto el aire acariciándome las plumas. Volando así, el camino hasta la casa no es tan lento, así que aterrizo junto a la puerta de casa y pulso el botón de apertura de cerrojos electrónico que nos había puesto "Ícaro" en su única visita hacía unos meses. Y la verdad es que era bastante cómodo porque lo llevaba colgado del cuello con una correa tan larga cuando salía que bastaba con soltar un nudo cuando iba a trasformarme para que me colgara del cuello sin caerse.

Cuando meto los fardos desnuda, me pongo la ropa y salto para colgarme de los salientes y aterrizar cómodamente en el suelo junto a la entrada al garaje empotrada en la roca para ponerme a correr por el bosque junto al camino de llegada a la entrada a nuestras propiedades.

Siempre había pensado que me gustaba correr al límite de mi velocidad por la adrenalina que soltaba, pero lo que realmente buscaba inconscientemente era sentir la libertad del aire, cómo el aire me reconfortaba al acariciarme las plumas mientras volaba convertida en aquel pajarraco negro.

Y entonces me cruzo con el coche que lleva a los chicos y sonriéndo salto para sentarme en la zona de carga asustando a todos dentro hasta que ven mi mano.

"¿Qué ha sido eso?" Pregunta Sue asustada aún.

"Mamá, recuerda que te dijimos que Ann era como el viento." Le dice Leah divertida.

"Sí, inalcanzable y libre." Le dice esta.

"Y también extremadamente rápida." Le digo sonriendo.

"Bueno, bueno, no te tires tanto el pegote que nosotros tampoco nos quedamos atrás ¿eh?" Me dice Rudy divertido.

"Eh, soy yo la que llega volando a los sitios." Le digo haciendo doble sentido.

(Salto espacio-temporal)

(Voz de Sue)

"¿Por qué nos paramos aquí?" Le pregunto a mi hija que conduce el coche donde estábamos yendo la familia con mi sobrino-nieto Rudy y Ann, la novia de mi niño y amiga de los chicos incluída mi hija que al parecer, por fin tenía una amiga en el grupo.

"Hay que entrar por el garaje." Me dice Leah. "A no ser que puedas subir trepando, pero… salvo sus amiguitos pacíficos y ella creo que no puede subir más gente."

"Esa era la idea." Nos dice Ann desde la zona de carga y sonriéndo pícaramente como casi siempre que la he visto. "Un castillo infranqueable para estar protegidos, además, me gusta estar cerca del cielo."

"Espero que no vivas en una cabaña como la de la playa." Le digo recordando que me habían dicho que había pasado tiempo viviendo en la vieja cabaña de pesca de los Moose que había quedado abandonada hacía al menos dos generaciones y que la había adaptado hasta convertirla en una casa habitable.

"No." Niega dando unas palmadas para encender las luces y ver que tiene allí un par de coches lujosos, una moto con apariencia de ser de las buenas y un coche más normal que parecía de segunda mano, quedando al fondo de la sala unas puertas de metal que sin duda serían un ascensor. "Yo me hubiera conformado con una casa normal, pero… mis ex-compañeros tenían unos gustos un tanto… excéntricos. Así que si yo tenía mi habitación de ático, ellos tenían que tener otras cosas y… bueno, quedó una casa un tanto…" Afirma suspirando y abriendo los brazos cuando las puertas se abren.

Excéntrico… excéntrico era poner paredes de colores vivos, aquello era… el colmo del buen gusto. Parecía sacado de un catálogo de decoración.

Había decoración un tanto minimalista con detalles de otras culturas y a la vez con todos los avances tecnológicos actuales. Una tele enorme de plasma en una pared, rodeada de un cerco de unos sofás de corte modernista en piel blanca y con una mesa de té en el centro y mesitas más pequeñas con lámparas en los laterales alternaban con un comedor con una mesa de madera rústica y sillas forradas en una tela acolchada verde musgo que recordaban un poco a una taberna pero con gusto de nuevo.

Había una lámpara de araña que proyectaba luz a toda la estancia y sobre un piano bien cuidado que me llamó la atención.

"Es de Monique, me lo mandó a pesar de que le dije que no sé cómo tocarlo." Me dice Ann encogiéndose de hombros. "Pero Roberto sabía tocar algo y a todos nos gustaba sentarnos a escucharle tocar. Siéntate donde quieras, en cuanto dejemos todo por aquí te invitaré a un té."

"Gracias, pero puédo hacérmelo sola." Le digo.

"Ah, no, de eso nada." Niega efusivamente para sonreír. "Eres la invitada de honor, y aquí los invitados nunca hacen nada. Salvo algunos de los chicos que parecen haber decidido con Aidan que el salón era su sala particular de ver películas de peleas y los partidos y carreras de motos y coches."

"Porque tienes la tele más grande en kilómetros." Le dice mi sobrino-nieto sonriéndo divertido.

"Y vosotros la cara más grande en kilómetros." Le dice ella cogiéndole bajo su brazo y frotándole la cabeza divertida mientras se volvían a ir hacia el garaje.

"Me parece increíble que tu hermano vaya a vivir aquí." Le digo a Leah mientras ella viene a sentarse conmigo en el sofá. "Esto es como una mansión."

"Ya he estado por aquí antes." Me dice calmadamente. "Solo en la planta baja y una vez en la primera planta. Un visitante no necesita ver más. Aquí abajo hay todo lo que puedas pedir: este salón, la biblioteca-museo que está cerrada con llave, la cocina... Y tienes que ver el comedor pegado a esta, es realmente grande. Diria que caben lo menos 50 personas."

"En realidad son 20 y apretados." Afirma Ann divertida volviendo con una de las cajas de mi hijo mientras los chicos llevan el resto de pesos. "Podéis creéroslo, lo hemos comprobado. Hace buen día. ¿Qué tal si os enseño un poco la casa y salimos al patio?"

"¿También tienes un patio?" Le pregunto.

"Claro, está pasando la cristalera del comedor de gala." Me dice sonriéndo y dejando su caja en un rincon del salón para frotarse la cara y quitarse un sudor inexistente antes de dar una palmada sonriéndo. "Venga, pondre agua a hervir y os enseñaré todo esto. Y no, Rudy, ahora no se puede poner la tele, vamos a salir al patio a tomar el té aprovechando que hace bueno."

(Salto espacio-temporal)

"Y ese balcon de ahí es el de la habitación de Roberto." Me dice Ann sonriéndo y señalando un balcon que se podia ver desde el patio donde habíamos salido. "Está en esa cara porque da al mar. El verdadero amor de Roberto es el mar, si algún dia os dice otra cosa, miente." Afirma sonriéndo y guiñándonos un ojo haciéndonos sonreir. "Y ahora, sentaros aquí mismo mientras yo voy a buscar el té."

No había podido creerme lo lujosa que era aquella casa tan enorme cuando había visto el salón donde salía el ascensor, pero al conocer toda la planta baja y la primera planta, me había quedado claro que allí había todo un palacio.

Había visto varios salones más que según me había dicho Ann, eran las dependencias comunes para toda la casa, un baño de invitados en esa planta con una bañera grande y salones entre los que estaban un salón para ver la tele, un despacho comunal, la biblioteca que aún no tenía demasiados libros pero que parecía esperar llenar al menos en parte muy pronto, un par de habitaciones para invitados… incluso una especie de cocina pequeña con un horno-microondas y un hervidor de agua eléctrico para poder hacer cosas fáciles mientras se estaba en aquella planta.

Me había extrañado un poco no haber visto más plantas, pero me había dicho que la segunda planta era una planta de dormitorios para la gente que podía usar la casa y donde estaban los dormitorios de unos amigos mestizos y vampiros amigos de Ann.

Luego venía la tercera planta con más cuartos y la que debía ser la habitación de Ann, su dormitorio al menos.

Y justo al final, estaba el ático.

Cuando me habían dicho que había un ático, me había imaginado lo típico, un lugar donde almacenar cosas, sin embargo, me habían dicho que estaba dividido en 2 zonas: la zona de trasteros y las dependencias de Ann. La primera era visitable si bien estaba llena de polvo y era aburrida, y la segunda… aunque Ann se había ofrecido a enseñarnos su cuarto, mi hijo había dicho que no era necesario.

"Serth, por qué no querías que subiéramos al ala de Ann." Le pregunto con la curiosidad precavida de una madre.

"Es su santuario, por decirlo así." Me dice. "No es nada del otro mundo, pero para ella es todo su mundo. Aunque ella no lo quiera mantener oculto… creo que tampoco es plan de meter las narices."

"Aquí viene el carrito del té y los refrescos…" Canturrea Ann volviendo. "Traigo cola y una tetera para todos."

Bueno, dentro de lo malo, mi hijo se había ido a improntar de una buena chica que sería lo que fuera y le haría el daño que fuera sin darse cuenta, pero era realmente alegre y llena de vida. Así que, por primera vez desde que mi hijo me dijo que estaba imprentado y que la chica en cuestión era mitad vampiro que había comenzado a temer el día que había llegado por fin esta mañana cuando me había dicho que comenzaba a recoger unas cuantas cosas para mudarse desde ya a aquella casa para vivir con ella aprovechando que el resto de habitantes de la casa se habían ido al alba el día anterior, siento que el peso que tenía en mi corazón desde que me había enterado que mi pequeño no solo era uno de los guerreros lobo de los que hablaban las leyendas sino que, además, se había imprentado en una chica que tenía dentro una parte aunque fuese diminúta de los demonios que ellos cazaban.

"Mamá." Me llama Seth suavemente mientras vuelvo a la realidad y veo que están riéndose mientras Ann les contaba algo haciendo unos gestos algo exagerados. "¿Qué te pasa? Estás muy seria."

"Nada." Afirmo sonriéndole dándome cuenta que aunque ya no vaya a vivir con nosotras, no va a dejar de ser mi hijo. "Solo me daba cuenta que ya no sois unos niños."

"Mamá…" Se queja.

"¿Más té, señora Clearwater?" Me ofrece Ann, tetera en mano para venir a sentarse a mi lado mientras Leah le abre hueco yendo a sentarse ella en el pequeño asiento-huevo colgado de una de las barras de metal que hacían aquel lugar a la sobra para los días de sol.

"Gracias, y no me llames señora." Le digo sonriéndole mientras Seth me frota la mano sonriéndo sospecho que sobre todo a ella. "Llámame Sue, por favor."

"Sue, no sé qué es lo que pensarás de mí." Me dice Ann sonriéndo y sirviéndome el té aprovechando que el resto se han vuelto a meter en una conversación amena. "No me conoces demasiado y de buenas a primeras tu hijo ha ido y conociéndole te habrá soltado que venía a vivir aquí, conmigo, así, sin preparación previa."

"No, ya sabía que estaba imprentado." Niego.

"Bueno, todo eso aún es nuevo para mí." Me dice sonriéndo. "Y no sé si te lo habrá dicho, pero soy mitad vampiro y mitad… 'cambiaformas'. Así que soy bastante protectora y sobre todo, tengo mucho sentido del honor."

"También sabía que eres mitad vampiro." Le digo asintiendo contenta por su sinceridad y su franqueza al decírmelo tranquilamente. "Supongo que tiene que ser difícil para ti vivir rodeada de los chicos."

"Nah… mi otra mitad me hace más afín a ellos." Me dice divertida. "Sue, supongo que sonará muy tópico, pero… no pierdes a tu hijo, al contrario."

"Gano/ Ganas una hija." Decimos a la vez para hacerla sonreír mientras yo también lo hago.

"Puedes venir siempre que quieras." Me dice. "Serás más que bienvenida."

"Vendría, pero es un camino endemoniado y esto está demasiado alto." Le digo sonriéndole.

"Ah, no importa." Afirma sonriéndome. "Hay un timbre abajo, bastará con que llames y si hay alguien aquí te abrirá."

"Lo tendré en cuenta." Afirmo.

Sí, definitivamente, aquella chica me caía bien.

Aunque fuese en parte aquello que nuestros protectores habían perseguido durante siglos, desde que el primero de ellos había aparecido en nuestras tierras… bueno esa chica, Ann, no era para nada como el resto, era más bien… como los chicos pero a la vez, en parte, como los Cullen.

(Salto espacio-temporal)

(Voz de Seth)

Había sido una tarde realmente divertida, y cuando había vuelto de llevar de vuelta a mi madre y a Rudy a la reserva, me había encontrado la casa vacía y una nota en la mesa: "Estoy estirando un poco las alas, volveré con algo para poner a ahumar."

Sonriéndo, voy a inclinarme sobre las cajas que han quedado apiladas y comienzo a abrirlas para mirar qué va dónde y comenzar a vaciarlas llevando cada cosa a su sitio.

Al cabo de poco, he deshecho las cajas con mi ropa y las cosas del baño que he colocado ya en el baño de la planta donde vive Ann. Casi una hora después de llegar ya he deshecho todo lo que podía organizar solo y decido ponerme a mirar el frigorífico hasta que encuentro una pizza precongelada con la típica etiqueta "Propiedad de Ann." y la de "En serio, si la tocas eres hombre muerto. Aidan y 'Frick y Frack', eso va por vosotros." Que me hacen sonreír mientras la cojo y caliento el horno para ponerla a hacer.

Y mientras compruebo que el horno está suficientemente caliente, noto una pequeña rafaguilla de aire que me indica que he dejado de estar solo poco antes de notar un par de labios suavemente en mi espalda mientras unos brazos me rodean suavemente por la cintura haciéndome sonreír aún más ampliamente.

"Bienvenida a casa." Le digo sonriéndo e incorporándome para girarme y darle un beso mientras la abrazo y veo que deja unas liebres y un lechón salvaje en el fregadero y encimera debido al tamaño de este último. "Te he echado de menos."

"Y yo siento haberte dejado solo." Me dice sonriéndo. "¿A qué huele?"

"Te he cogido una pizza." Afirmo divertido. "Prometo reponértela."

"Ah, no te preocupes, eso era porque Aidan no compraba nada y siempre me quitaba a mí cosas." Me dice haciendo un gesto de que no importaba. "Soy un poco territorial a veces."

"Ah, eso igual es por lo de que eres en parte… cuervo." Le digo reparando en que en la realidad no sabía para nada cómo eran los trasformistas cuervo, solo los lobos.

"Sí, ya me he fijado que también vosotros sois a veces un poco territoriales." Me dice sonriéndo. "Todos los cambiaformas sois en cierto modo territoriales."

Eso me hace sonreír divertido y abrazarla desde atrás mientras se pone a despellejar los animales en el fregadero para ponerlos en la bandeja de metal que ha sacado de uno de los cajones bajos de la cocina.

"Mierda… creo que en los Vulturi no me enseñaron a pelar animales." Afirma con las manos pringadas de jugos.

"¿Y cómo ponías a asar todos los animales que cazabas?" Le pregunto divertido apartándola suavemente para ponerme a hacerlo yo como me enseñó mi padre a hacerlo cuando salíamos de caza los dos.

"Aidan es un gran cazador." Me dice encogiéndose de hombros y sentándose en la encimera para ponerse la bandeja metálica en las piernas sujetándola para mí. "Se le daba mucho mejor hacer esto que a mí. A cambio yo guisaba casi siempre. No es que él no supiera, pero… cada uno hacíamos algo diferente."

Ya había comprobado anteriormente que el buen humor que había allí era en parte porque entre los 3 habitantes adultos se turnaban bastante bien las tareas y Ann además, trabajar en el chiringuito playero y a los dos hombres, cuidar un poco de la niña mientras Ann trabajaba. Claro que la mitad de las veces Aidan la llevaba al chiringuito y acababa escaqueándose y tocándonos a unos u otros cuidarla un poco con Ann mientras esta trabajaba. Y luego cuando volvía a ver a Aidan, le caía la bronca, que le entraba por un oído y le salía por el otro. Y vuelta a empezar.

"No me imaginaba que se te diera tan bien esto de despellejar animales." Me dice mientras termino de arrancar la piel del lechón y se lo pongo en la bandeja para comenzar con el resto de animales.

"Mi padre me enseñó en las salidas de caza y pesca." Reconozco.

"Tienes suerte." Me dice. "Yo no sé quienes son mis padres. Lo más cercano a padres que he tenido murieron asesinados cuando tenía 6 años cronológicos, aún no sé quiénes los mataron." Afirma tristemente. "Aprendí mucho de ellos, lo más importante a mantenerme oculta porque era especial. Y de los Vulturi… digamos que lo único que he aprendido de ellos era… creo que nunca he aprendido de ellos. La única lección que me repetían una y otra vez era que nosotros estábamos por encima de todo el mundo, y sinceramente, yo no me lo creía demasiado." Afirma sonriéndo con una sonrisa triste y tratando de parecer un poco irónica.

Entonces paro de despellejar animales y me froto las manos en un trapo de cocina para abrazarla a pesar de la bandeja de carne sangrante que tiene en su regazo.

"Tú eres mucho mejor que ellos." Le digo. "Y no te preocupes por no tener familia, a nadie nos importa de dónde vengas, nos importa quién eres." Afirmo para besarle la mejilla viendo que ha comenzado a juntar lágrimas en los ojos para besárselos haciéndola cerrarlos y secándoselos con cariño cuando los abre un poco. "Si quieres una familia puedes quedarte con mi madre y mi hermana, no me importa compartirlas. Y no creo que a los chicos les importe hacerte a alguno de hermano."

"¿De verdad?" Me pregunta.

"Pues claro." Afirmo volviendo a besarle la mejilla antes de echarme un poco hacia atrás para mirarle la cara con una sonrisa y ver en sus ojos a la niña que sin duda había quedado atrás mirándome a través de esos preciosos ojos. "Me ofrecería a ser tu hermano, pero… me parece que me es imposible verte así."

Eso parece hacerla reír mientras aparta la bandeja de carne para cogerse con las piernas a mi cintura y con sus brazos por mis hombros para pegarse a mí y besarme mientras yo la sujeto para evitar que se caiga de su agarre feliz de poder estar por fin tan felices.

Y cuando por fin podemos parar un momento, ella sonríe aún en mis brazos con sus piernas por mi cintura.

"¿Y si apagamos el horno y apartamos la carne a la nevera?" Me pregunta suavemente.

"Encantado." Afirmo feliz. "¿Baño?"

"Había pensado más bien algo un poco más cómodo." Me dice sonriendo. "Y aún no te has quedado a dormir nunca. ¿Querrás quedarte una habitación de invitados?"

Como respuesta, le dedico una mirada de obviedad que la hace reír.

"Sí, eso pensaba." Afirma divertida para bajarse y cogerme de la mano cogiendo la bandeja con la carne para meterla en el frigorífico cuando yo he apagado el horno.

Con cuidado, me lleva de la mano hacia el primer piso, el segundo… y entonces me lleva al tercero, y cuando pienso que vamos a ir a su habitación, pasa de largo a la siguiente. Y de nuevo de largo hasta la siguiente donde saca una llave de encima del marco de la puerta para abrir la puerta sonriéndo y hacerme pasar antes de cerrar y notar cómo se muéve rápidamente para encender la lámpara de la mesilla y sonreírme sentándose en la cama.

"No es gran cosa." Afirma mientras miro alrededor sorprendiéndome de lo que veo allí dado que es tan lujoso como el resto de la casa pero a la vez es diáfano y claro. "Pero se me ocurrió que algún día podría dar un uso a una habitación, que querrías venir a pasar la noche y que no podríamos conformarnos con una habitación cada uno, así que… voilá. La suite de la luz."

Y tan de la luz. Estaba todo reluciente, olía a nuevo y estaba todo en blanco, desde la pintura de las paredes al mobiliario, incluyendo una alfombra que parecía hecha de pelo y de aspecto suave que sobresalía bajo la cama como acolchando los alrededores.

"Supongo que el hacer caso a Monique con los muebles por catálogo no fue buena idea…" Afirma tras unos segundos.

"¿Por qué?" Le digo un poco sorprendido por el lujo de detalles que tenía esa habitación para ser solo una 'opción' como lo había puesto ella.

"Es evidente que no te gusta." Me dice. "Personalmente creo que parece sacada de un palacio de cuento de hadas, así que supongo que no es del estilo masculino que gastáis vosotros."

"Es… una… ¡pasada!" Afirmo divertido. "¡Dios mío, esto es como en un sueño! No… no sé qué decir."

"¿Entonces no te parece demasiado femenino?" Me dice poniendo una cara que me deja bien claro que está un poco perdida.

"Es perfecto." Afirmo sonriéndo y yendo a sentarme junto a ella para hacerla tumbar y hacerle cosquillas. "¡Y tú la has tenido escondida todo este tiempo!"

Evidentemente, no me contesta porque hacemos una guerra de cosquillas que, como siempre, acabo ganando yo hasta que me dejo tumbar y acaba ella encima de mí mientras paramos y la sujeto suavemente por las caderas con las manos simplemente posadas sobre sus caderas con una caricia suave y sonriéndole.

"Me daba tanto miedo equivocarme que no sabía ni cómo decírtelo." Me dice sonrosándose y quitándose un mechón de la cara que le había caído en la pelea.

"Pero qué tonta eres." Le digo divertido incorporándome para besarla y volver a hacerla rodar, esta vez para quedar ambos de lado y abrazados para besarnos.

Yo me hubiera conformado con solo eso. Abrazarnos y besarnos libremente y sin miedo a que pudiera entrar nadie y pillarnos así, quedarnos riéndonos y sin soltarnos de los brazos ni un segundo hasta que acabáramos quedándonos dormidos; sin embargo, poco a poco, los besos dejan de ser suficiente y comenzamos a tener hambre de más.

Entonces, las manos comienzan a buscar más, y con cuidado, le levanto los costados de la ropa sin ser consiciente de a dónde nos vamos metiendo, hasta que después de jugar juntos un rato y con las respiraciones ya un poco entrecortadas, me vuelve la cordura al darme cuenta que aunque aún lleve mis calzoncillos, y gracias a dios que hoy los he llevado bajo los vaqueros, y a pesar de que sus manos estén bajándolos ligeramente en mi trasero dado que están enterradas igual que las mías lo están en las caras exteriores de sus caderas y muslos deformándole sin lugar a duda sus braguitas un poco, pronto podríamos tener un accidente.

"Ann… creo que deberíamos parar." Le digo. "Yo… no había previsto esto y no tengo…"

"¿Hum?" Me dice.

Como respuesta, le hago un gesto con los ojos hacia mi paquete junto a su entrada aún protegida pero totalmente expuesta dado que sus piernas están rodeándome la cintura una y la otra estirada junto a mi otra pierna.

"Ah, eso… ¿quieres seguir?" Me pregunta.

"¿Tú qué crees?" Le digo frotándome un poco contra su ingle para que vea que no estoy de broma y que vamos a acabar en accidente.

"Suerte que soy una chica liberal pues." Afirma sonriéndo divertida y estirando sus brazos sobre su cabeza para señalar con un dedo la mesilla. "Primer cajón, no sé qué sueles usar, y no es que sea una experta, pero… hay con sabor, con estrias o algo así y ultra-finos talla estándar."

"No será cierto." Le digo asombrado para abrir el cajón y ver que, en efecto hay un surtido allí puestos en una especie de cestita pequeña que me hace reírme para coger el primero que cojo y moverlo entre los dedos.

"Lo siento, pero he tenido una educación un poco libertina, aunque no me haya estrenado aún." Me dice sonriendo a pesar de que su cara está roja como un tomate. "Y eso implica estar siempre protegida. Así que… tú decides."

"Pues prepárate, porque entonces nos estrenamos los dos." Le digo.

"Genial, así puedo presumir de estrenar a alguien." Afirma para hacerme reír.

Qué puedo decir, es posible que los dos fuésemos nuevos en eso, y me quedó más que claro que no mentía cuando noté resistencia y sus uñas clavándoseme suavemente en los hombros mientras empujaba suavemente. Pero a pesar de todo, todo fue sobre ruedas y ¿qué puedo decir? Creo que ese fue el mejor momento de mi vida.

La sensación de ser uno solo con ella, notar esa conexión con ella… ni siquiera la impronta era tan fuerte como eso. Ahora sí que por fin sentía que estábamos unidos de verdad, a fin de cuentas la impronta no tenía por qué ser una unión de ese tipo. Que yo supiera, Sam y Emily eran los 'improntados primigenios' de nuestra generación y aún no tenían cachorros, claro que si tomaban precauciones supongo que no era tan raro.

"¿Duele mucho?" Le pregunto a Ann suavemente mientras le acaricio la espalda y dándole un beso suavemente en la cabeza mientras ella tiene su cara contra mi pecho y ambos estamos desnudos en la cama tras haber acabado.

"Uh-hu." Niega ella suavemente para levantar la cara y ver que está sonriéndome feliz y divertida. "¿Y a tí?"

"¡Pero qué cara!" Le digo divertido. "A nosotros no nos duele."

"Pues a mí tampoco." Afirma para volver a poner su cara contra mi pecho desnudo de nuevo. "Al menos no mucho."

Sonriendo, le hago levantar de nuevo la cara para besarla y volver a besarla hasta que finalmente, el sueño nos alcanza.

Y justo momentos antes de que el sueño gane la partida, no puedo evitar sonreír mientras pienso que algún día, dentro de poco, espero, le pediré que me deje regalarle un sencillo anillo de oro delante de un tío vestido de negro con un alzacuellos y delante de tantas personas de la reserva como pueda pagar. Que al día siguiente mismo iba a buscar un trabajo en lo que fuera que me permitiera ahorrar dinero para poder pagar eso y todo lo que ella se merecía. Y finalmente, supongo que ya en mis sueños, me imagino a Ann con una cosita diminuta en sus brazos sonriéndome, una cosita diminuta que me coge el dedo con toda su manita diminuta cuando le hago una caricia con la punta de la yema y que me lo mordisquea intentando sacarme sangre sin darse cuenta que no tiene dientes mientras yo le doy un beso a ella. Lástima que solo sea un sueño… porque es el sueño más bonito que nunca he tenido.

Y me da igual que de nuestra unión pueda salir algo que sea al menos un cuarto vampiro, o que con ella nunca pueda salir nada de nuestras uniones. Ni siquiera me importa que Ann no tenga familia, yo seré su familia. Haré de mi familia su familia y yo le daré una familia que aunque quiera, no pueda echar nunca más de menos el no haber tenido una familia antes.

Yo quiero ser su familia, el resto me da igual.