CAPÍTULO 42: MALAS NOTICIAS. A PAGAR LA CUENTA.
(Voz de Seth)
Un movimiento suave junto a mi en la cama, sonrío y me giro para atraparla entre mis brazos y besarla medio dormido para hacerla sonreír.
"¿Te he despertado?" Me pregunta contestando a mi beso con otro suave.
"¿Dos meses viviendo juntos y aún tienes que levantarte al alba?" Le pregunto medio dormido aún.
"Sabes que no duermo demasiado." Me dice sonriéndo y besándome una vez más para liberarse de mi abrazo y sentarse en la cama. "Y necesito mantenerme en forma. Voy a hacer un recado mientras corro y estaré aquí para desayunar."
"Dame cinco minutos." Le digo estirándome. "Me despierto y te acompaño."
"No te preocupes, duerme." Me dice inclinándose para besarme tiernamente y acariciarme la frente sonriéndome. "Dejare haciéndose algo de asado mientras corro. Cuando vuelva lo apagaré."
"Está bien." Le digo suavemente. "Me quedaré, pero dame uno más antes de irte." Afirmo cogiéndola de nuevo entre mis brazos para tirárla sobre mí haciéndola reír mientras la beso y ella me besa de nuevo.
Llevamos ya dos meses desde que me mudé a vivir con ella, en esos dos meses, recibimos una visita de la chica francesa hacía medio mes, se quedó apenas 4 días y se fue a Seattle para coger el avión de vuelta.
Había sido amable conmigo, para ser una vampiresa completa y yo un chico-lobo. Me caía bien esa mujer, era realmente agradable, un poco obsesionada con la moda y la decoración, pero aún así, muy femenina y agradable.
Y desde que ella se había ido, no habíamos recibido más visitas.
(Salto espacio-temporal)
(Voz de Ann)
Zius... Zius... Zius...
Viento, me encantaba correr al límite de mi velocidad. Me encantaba correr mano a mano con el aire que se movía a mi paso y parecía correr a mi lado.
Sin embargo, cuando llego a un pico, paro y salto para subir a un árbol a otear el camino. Entonces me siento y observo el camino y entonces saco el mapa y lo miro.
Voy por buen camino, asi que sonrío guardandome el mapa y bajo con un salto para colgarme en una rama y tocar el suelo suavemente, como cuando era cuervo y me posaba. Entonces vuelvo a correr hacia aquel punto en el mapa, cerca de Seattle para poder cazar pero no lo suficiente como para cantar demasiado, con las suficientes comodidaes para poder pasar un rato allí y esperar.
Aún tengo las palabras de Monique en mente: "Ann, ma amie... Se avecina algo, oigo rumores. Iniciamos un cambio y no a todos les gusta... ... Estáis en peligro, los lobos, tú..."
Peligro, al final lo que decía Raven era cierto, los cuervos éramos portadores de desgracias.
Finalmente, llego al punto que habia marcado en el mapa, allí abajo hay una casa de construcción sureña medio derruída, oculta por la vegetación del bosque que rodea las tierras de la ciudad a las afueras; allí deberian estar esperándome. Cuando me habia llegado el mensaje de parte de un número desconocido, al leerlo me había quedado bien claro quién lo habia mandado. Solo habia una persona que hubiera escrito algo así. Y cuando llego a aquel edificio y veo un par de hombres que he visto alguna vez hace demasiado tiempo, me cortan el paso, mis sospechas se confirman.
"¿Quién es?" Pregunta Marcus dentro en un susurro en italiano.
"Marcus, sonno Io." Le contesto.
"Dejadla pasar." Afirma Demetri tuerto en la puerta para los dos hombres que están allí y mirándome con el único ojo que le queda para ofrecerme la mano en señal secreta de buena voluntad.
"Te veo bien."
"Tú estás mejor." Me dice un poco demasiado estirado. "La guerra es la guerra, causa grandes daños, no te preocupes."
"No lo hago." Niego mientras me lleva a la estancia donde veo a Marcus, sentado en una silla tan vieja y ajada que es evidente que lleva allí mucho tiempo, pero que sin embargo, con Marcus sentado en ella, parece un autentico trono, no por ella, sino por quién esta sentado encima. "Marcus." Le saludo llevandome la mano al pecho y agachando la cabeza en un gesto de respeto que aun tengo a pesar de que ya no es mi maestro.
"Ya no tienes por qué hacer eso." Me dice moviendo la mano para indicarme que me incorpore y levantándose también él para cogerme de la mano con un gesto cálido a pesar de que sus manos son frías como piedras. "Eres libre."
Aunque no debería, me alegra ver que esta mucho mejor, el tiempo le ha hecho bien, parece más vivo, tiene mucho mejor aspecto si bien sigue teniendo ese aire triste que supongo que yo tendria si alguien en quien habia confiado hubiera matado a lo único que habia amado nunca. Y aún con todo, su postura es ergida y su gesto, sus ojos, reflejan de nuevo vida. Algo que me hace sonreír antes de darme cuenta.
"Exacto." Afirmo. "Soy libre, puedo mostrar respeto a quien crea que se lo merece."
"Entonces crees que merezco tu respeto." Afirma erguido con una postura regia.
"Estoy aquí y aún no me ha mirado con lástima ni sintiéndose superior." Afirmo. "Sí, Marcus, mereces mi respeto. Una persona que es capaz de entender, fiándose de la palabra de una mujer que no es de los suyos y que ha sido proclamada enemiga de su raza, juzgar y pactar una paz duradera con su enemigo para mantener la paz y evitar una guerra que seguiría hasta que solo quedara una única persona viva, merece no solo mi respeto sino mi amistad. Por eso he venido, sola."
"Eres una buena mujer." Afirma calmadamente. "Veo el valor en tí, eres como tu madre."
"¿Acaso la conociste?" Le pregunto esperanzada.
"No." Niega. "Si pensabas que podría darte alguna pista sobre tu familia, me temo que no puedo. Nunca hemos sabido quién fue tu padre."
"A estas alturas ya no importa." Afirmo. "Vine porque recibí tu mensaje. Aunque fuera una trampa, me interesaría saber tanto cuando pudiera sobre cualquier cosa que pudierais contarme del viejo continente."
"Ya veo…" Afirma asintiendo suavemente para mirar a la ventana. "Supongo que sabrás que al matarnos a gran parte del clan, causasteis una revolución."
"Lo suponía." Asiento.
"Y ahora hay gente que duda del sistema establecido." Me dice. "No sé si eres consciente de lo que eso supone. Hemos sido una sociedad regida por reglas desde que tengo memoria, siempre hemos tenido el mismo orden y eso ha servido para que hubiera una paz más o menos ordenada. Si ahora los miembros de nuestra sociedad comenzaran a dejarse dominar por propios deseos y comenzaran a desafiar el sistema…"
"Sería el final de la época de paz y normas ordenadas." Afirmo dándome cuenta.
Cuando había comenzado la guerra no había pensado en algo así.
No había pensado siquiera en qué pasaría si de pronto, quitábamos la cima de la pirámide. Con solo Marcus arriba, el resto de príncipes de la raza aniquilados, habría muchas comunas deseosas de planta cara y tratar de quedarse con los puestos vacantes.
Y no lo habíamos visto ni venir.
De pronto, la felicidad por haber conseguido no solo liberarme de las cadenas sino la paz para mí y los que quería ya no era algo hecho de acero y roca sino algo en cristal, y estábamos en un tremendo temporal peor que en las películas de miedo.
"Supongo que no te diste cuenta cuando empezasteis esa cruzada contra nosotros." Me dice. "Que también es cierto que tenías tus motivos. Lo que te hicieron Aro y Cayo no fue justo, jugaron con tus sentimientos y te utilizaron, pero ahora hay que afrontar lo que nos viene. Tú tuviste tu guerra, y ahora hay que apechugar con las consecuencias que se deriban de nuestras acciones. Aro y Cayo han muerto por todo el mal que hicieron, pero el resto que sobrevivimos, somos los que tenemos que hacer frente a lo que venga."
En el fondo me daba cuenta que tenía razón.
Yo había tenido mis motivos para contestar a aquella declaración de guerra que habían hecho su clan, me alegraba que no me culpara de la muerte de sus compañeros y que hubiera entendido que el dolor que me habían causado era tan enorme que estaba dispuesta a pelear lo que hiciera falta y más.
Pero igualmente, me daba cuenta que tenía razón. A consecuencia de matar a Aro y Cayo había desestabilizado el orden que había en nuestra sociedad. Debería haberme dado cuenta que al mermar el clan rey entre los vampiros, muchos lo tomarían como una invitación para rebelarse y tratar de convertirse en los reyes de la especie. Y había gente peor, mucho peor que los Vulturis que quedaban.
"¿Y qué sugieres que haga?" Le pregunto.
"¿Que hagas?" Me dice. "No… no 'hagas', 'hagáis'." Afirma calmadamente. "La guerra la salvasteis porque no estabas sola. Es muy moñas, pero la verdad."
"¿Insinúas que ha vuelto a empezar?" Le pregunto poniendo en palabras lo que más temía.
"No… no ha vuelto a empezar." Niega para mirarme fijamente. "No acabó entonces. Cuando nuestra guerra terminó, comenzó otra mucho peor. Vosotros incendiasteis la mecha, no se puede acabar con el orden establecido y no esperar consecuencias."
"La he jodido, la he jodido pero bien…" Afirmo suavemente.
(Salto espacio-temporal)
(Voz de Seth)
Despierto un poco tarde, sin embargo, cuando bajo vestido con unos vaqueros esperando encontrar a Ann, no la veo.
La espero, la espero y espero hasta que se me hace tarde y decido desayunar rápidamente y correr hasta el chiringuito, pero cuando llego, es evidente que allí no hay nadie más. De hecho, Arik está poniendo las mesas y sillas de fuera.
"¿Y Ann?" Le pregunto.
"Ni idea." Me dice encogiéndose de hombros. "Pensaba que vendría contigo."
"¿No ha venido aún?" Le pregunto para que sacuda la cabeza. "Vale, eso sí me preocupa un poco." Afirmo yendo al móvil del garito y encendiéndolo para llamarla por si acaso se le ha ocurrido llevarse el móvil que siempre lleva cuando corre. "Da señal. Que raro… me dijo que iba a correr y a hacer un recado pero que volvería para desayunar. Pensaba que se le habría hecho tarde y había venido aquí."
"Llevo aquí desde hace media hora y no ha venido aún." Niega dejándolo todo ya puesto y mostrándome que también está preocupado. "Es raro que se salga de sus planes." Añade mientras vuelvo a marcar y esta vez, tras un momento, me descuelgan el móvil.
"¿Ann?" Le pregunto.
"Seth…"
"Ann, dónde estás." Le pregunto mientras algo dentro de mí se da cuenta que el tono no es el de siempre y preocupándome más. "¿Estás bien?. ¿Te ha pasado algo mientras corrías?"
"No, no, es… estoy bien… ahora iba a llamar a Arik al bar." Me dice suavemente con un tono que me indica que no está nada bien.
"Está aquí. ¿Quieres que te lo pase?" Le pregunto.
"Por favor." Me dice.
Con cuidado entonces, le paso el aparato a él que lo coge para contestar y asentir escuchando algo.
"¿Seguro que estás bien?" Le pregunta para esperar un segundo. "No, no, no te preocupes. Por el negocio no te preocupes. Ahora mismo llamo a Marina y le doy un sueldo de día… No, tú no te preocupes de nada, yo me hago cargo. Tú tómate el día… No, en serio, no te preocupes, lo hemos llevado bien mientras tú estabas fuera, no vamos a morirnos por llevarlo un día solos… Te vuelvo a pasar con Seth para que habléis." Le dice para mirarme y tapar el micrófono pasándomelo. "No le dejes que venga hoy." Me dice suavemente. "Dice que está bien pero es mentira."
"Ya lo sabía." Asiento cogiéndolo para volver a llevármelo a la oreja. "Ann… dime dónde estás. Me da igual que sea en medio de la nada, voy a buscarte."
"No te preocupes, puedo volver sola, es… Arik me ha dicho que…"
"Que no." Niego. "Necesito correr un poco. Solo díme dónde estás y voy yo a buscarte."
"Seth, yo…"
"Insisto." Afirmo. "Necesito correr un poco a 4 patas."
Es raro, supongo que estaremos un poco discutiendo, como siempre porque es un poco cabezota, sin embargo, la oigo hacer un ruido extraño y acaba susurrando.
"Estoy en Mt. Deception." Me dice.
"Lo conozco." Afirmo sacando el mapa mental para ubicarlo como el más alto de la cordillera de las agujas (the Needles). "No te muevas de allí, ahora mismo voy para allá."
"Hum." Me dice con un tono que me hace doler algo en el pecho. "Ann… te quiero."
"Y yo." Afirma antes de colgarme.
"Está en un pico en la zona noreste del parque nacional de Olympic." Afirmo para Arik saliendo corriendo para gritarle para que me oiga. "¡Avisa a mi hermana Leah!"
Había mucho camino por delante. No podía avisar a mi hermana, así que mientras me interno en el bosque, me deshago de los pantalones a golpes y cogerlo entre mis dientes para correr notando que las almohadillas me duelen un poco de intentar ir tan deprisa como pueda, incluyendo mi propio límite de mis fuerzas.
(Salto espacio-temporal)
La verdad es que nunca había corrido por aquella montaña, pero mientras acabo de remontar la última subida donde ya casi no hay vegetación, siento cómo me falta un poco el aire de los pulmones.
Es un camino realmente largo de la reserva hasta allí, más aún corriendo al límite de tus fuerzas como yo he hecho, y encima, ni siquiera sé dónde estará Ann.
No, sí que lo sé.
Bueno, no es saber, saber exacatamente, es más bien… algo dentro de mí sabe dónde encontrarla, como si fuésemos imanes.
Con cuidado, subo lo más alto que puedo y entonces busco exactamente el lugar donde más aire corra, así que tras caminar con cuidado por un sendero donde un paso en falso causaría que me callera al vacío, acabo llegando a un sitio donde acaba la montaña y se abre el cielo azul para ver una figura allí mismo, sentada en el borde mismo donde la tierra acaba y empieza el vacío de la caída del pico, está una figura que causa dos cosas totalmente opuestas. Por un lado la alegría por ver que la encontré y que está bien.
Por otro, hace que mi corazón se encoja al ver que el aire que la rodea, lejos de cálido como siempre es triste y gris a pesar del día radiante.
Entonces me acerco a ella que gira ligeramente la cara sin mirarme y vuelve a mirar al infinito hasta que le beso el hombro abrazándola desde atrás y ella me abraza mis brazos apoyando sus manos suavemente en mis muñecas.
"Estás helada." Le digo dado que es así y supongo que se debe a que el aire allí arriba es frío por la velocidad que adopta al no encontrar obstáculos que lo frenen.
"Lo siento, es… cuando estoy tan arriba se me olvida que hace frío y que no puedo notarlo por mi mitad fría." Me dice.
Con cuidado entonces, me siento tras ella y la rodeo con mis brazos intentando darle algo más de calor para que ella se eche un poco hacia atrás apoyándose en mi pecho y dejándome tenerla así.
Es extraño, no necesito preguntarle ni que me cuente nada para saber que mientras ha estado fuera algo ha pasado.
"¿Qué te pasa?" Le pregunto suavemente tras besarle el hombro para apoyar mi cara ahí y ponerle la nariz contra la mandíbula suavemente apoyando mi frente en su cabeza con suavidad. "Estás demasiado apagada, eso no es propio de ti."
"He estado hablando con Marcus." Me dice poniéndome en alerta. "No te preocupes, estaba con bandera blanca. Había venido a contarme unas cosas de lo que pasaba por el viejo continente."
"¿Y qué es tan importante como para hacer que venga todo este camino a hablar exclusivamente contigo?" Le pregunto.
"Que soy el nexo de unión entre vampiros y lobos aquí." Me contesta. "Sabe qué siento por vosotros, probablemente que tú y yo somos demasiado cercanos. Sabe que los Cullen y bastantes otros vampiros estuvieron a mi lado cuando saltó la guerra. Y sabe perfectamente que vosotros y los Cullen sois aliados, igual que yo les aprecio a los Cullen y viceversa. Sabía que avisándome a mí, yo os lo diría a vosotros y que hablaría con los Cullen."
"¿Y si es una trampa?" Le digo. "Era parte de nuestros enemigos."
"No creas que no se me pasó por la cabeza." Me contesta. "Pero en lo que me ha contado, no hay ni un solo punto flaco. Demasiado lógico como para ser una mentira, por no contar que también recibo noticias por otros lados y todas apuntan a lo mismo." Me dice para suspirar acurrucándose más contra mí. "Estaba tan furiosa, tan llena de rabia hacia los Vulturi por todo el daño que me habían hecho, que nos habían hecho a todos pero sobre todo a mí misma, que no me paré a pensar qué repercusiones tendría lo que hacíamos. Y ahora… nosotros mismos nos hemos metido hasta el cuello en un berenjenal del que no sé salir."
Eso parece mucho más serio de lo que había pensado. En cuanto había oído mentar la guerra me había puesto aún más alerta, pero cuando me había dicho que todo eso que parecía ya parte de una pesadilla vieja, había tenido repercusiones había sido como volver a desenterrar todo aquel horror.
"Vale, pues… cuéntame qué pasa, igual así puedo ayudarte." Le digo.
Primero suspira, pero entonces, comienza a contarme todo, con pelos y señales. Todos y cada uno de los efectos que habíamos desencadenado con lo que habíamos hecho.
Y a cada minuto que pasa, más cuenta me doy que lleva razón.
Sí, nos vengamos por lo que nos habían hecho en las dos guerras y evitamos que volvieran a buscar a Nessie para dios sabe qué. Ann y yo nos vengamos de ellos por el daño que le habian hecho. Cada cual tuvo su propia venganza y cumplió su propio deseo. Por decirlo así, nos habíamos comido el buffet completo del restaurante, y ahora era la hora de pagar la cuenta.
"Tenemos que decírselo al resto." Le digo. "Esto es todo demasiado... Complicado para que decidas nada sola."
"Seth, es... No hay nada que decidir." Afirma. "Yo quiero quedarme aquí, contigo, hasta que uno de los dos muera y todo eso. Pero no puedo cerrar los ojos ante la que se ha liado por nuestras decisiones."
"Estoy de acuerdo." Afirmo. "Y bueno, esta vez, si tú vas, yo voy contigo."
"Te quiero mucho, Seth." Afirma recostándose contra mi para besarme la mandíbula. "No creo que pueda decírtelo suficientes veces."
"Ni yo cansarme de oírtelo. Porque yo te quiero más." Afirmo sonriéndo y besándola.
"Siento que a veces no lo demuestro demasiado." Me dice.
"Sé leer entre líneas." Afirmo sonriéndole.
Era evidente que me quería, pero supongo que para alguien que nunca ha recibido cariño de ese tipo, debe ser muy difícil saber demostrarlo. Pero yo veo cariño en cómo me recibe cuando voy por el chiringuito, en cómo cuando hacemos la cena, la mayoría de platos son mis favoritos. Y sobre todo, en cómo me besa igual que ahora, o en lo que hacemos muchas noches. Porque si algo estaba demostrando de las chicas mitad vampiro, era que, al menos en su caso, el apetito sexual era bastante grande. No es que fuese buscándolo a cada segundo, pero al menos una o dos veces al día...
Y curiosamente, allí arriba, a pesar de estar rodeados de nieve, el aire frío y el dolor de las noticias que acababan de llegar... Calentarnos no resultaba tampoco tan difícil. Por momentos, todas las noticias malas, qué dirían los otros de esas noticias o que el mismísimo mundo pudiera quedar patas arriba haciendo que todo cuanto conocíamos pudiera acabar, no tenía importancia. Lo único que importaba era esa mujer que tenía entre mis brazos mientras nos echábamos sobre el suelo, sin ropa dado que ella debía haber llegado allí volando y al desconvertirse, como nosotros, quedaba desnuda.
Y entonces, noto algo y abro los ojos para mirarle. Parece querer morderme, y no es la primera vez; y como siempre, parece retirarse antes de intentarlo siquiera.
"Puedes morderme." Le digo. "Ya te lo dije en la guerra, me gustaría alimentarte aunque fuera una vez. Y ahora no estoy herido." Afirmo recordándo cuando le habia pedido que me mordiera la vez anterior. "De hecho, tengo toda mi sangre intacta, y llevo mucho tiempo sin hacerme una herida que sangre."
"Ah... Eso, es... Me da... Me da un poco de miedo." Afirma. "Es... Soy muy fuerte y... Me da miedo no saber parar a tiempo."
"Si veo que te vas a pasar, puedo separarte." Le digo divertido. "Subestimas mi fuerza."
La veo dudar un poco, pero cuando la cojo de la barbilla y la beso, parece decantarse.
"Prométeme que al menos tú mantendrás el control." Me pide. "No podría seguir viviendo si por mi culpa tú murieras."
"Claro." Afirmo besándole suavemente de nuevo. "Te lo juro."
"Bien... Esto va a dolerte un poco..." Afirma apoyando su frente suavemente contra la mía con los ojos cerrados para suspirar y abrirlos mientras coge mis manos y se las pone en las caderas sonriéndo. "Pero nadie dijo que no pudiéramos hacer otras cosas antes de eso."
"Me gusta la propuesta." Afirmo sonriéndo y correspondiendo a sus besos con mas besos para que poco a poco, eso vaya subiendo de calor.
