Declaración: Rurouni Kenshin no me pertenece. Pertenece al gran Noubuhiro Watsuki.

Capítulo 3: De planes y visitas sorpresa.

Kenshin observaba abrirse la puerta del baño. Intentaba taparse la entrepierna para que su Kaoru-dono no viera el estropicio que se había hecho, pero ¡cagada! se le veían las piernas. Intentaba taparse las piernas y… ¡más cagada! se le veía la entrepierna. Le faltaban manos para cubrir cuerpo, y no las tenía.

Con las prisas por meterse en la tina, había dejado la toalla y sus ropas en el cuarto. Por lo que solo tenía una manera de salir de allí, y era desnudo.

Miro hacía la pequeña ventana que había al lado de la tina. ¿Y si intentaba salir por allí? Con un poco de suerte Kaoru no lo vería y con su velocidad divina, estaba seguro de que llegaría al cuarto antes de que ella se diera cuenta.

Abrió la ventana y extrajo medio cuerpo. ¡Diablos! Se había quedado encajado. "Piensa Kenshin, piensa" nada, su cerebro no reaccionaba. Lo único en lo que pensaba era en su penosa situación y en una Kaoru, bokken en mano, y echando chispas por los ojos.

Tembló "¡Dios, que yuyu!" Cuando su Kaoru-dono se enfadaba era mejor echar a correr.

Forcejeaba por intentar salir, pero estaba bien atascado a la altura de las axilas, y no podía meter los brazos. ¿Por qué Hiko no le había enseñado que no era correcto intentar pasar cosas grandes por agujeros pequeños?

En ese momento no podía moverse, ni para atrás, ni para adelante.

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Tae y Sanosuke observaban como Yahiko se llevaba a Kaoru afuera del dojo. Habían tenido que buscar una manera de distraerla para poder ayudar a Kenshin con su "pequeño problema", y… ¿qué mejor manera que decirle que Kenshin la esperaba en Akabeko para hablar con ella?

Kaoru no lo comprendía, normalmente siempre hablaban en el dojo. Pero pensó que quizá tuviera preparada alguna sorpresa para ella. Así que no preguntó y siguió a Yahiko sin rechistar.

Tae terminó de abrir la puerta del baño, y no pudo más que largarse a reír con la escena que presenciaban sus ojos.

Kenshin estaba encajado en la ventana, con la cabeza y los brazos dentro del baño, y el resto del cuerpo afuera. Y parecía que tenía dificultades para moverse.

Sanosuke entró detrás de Tae. Un par de lagrimitas escaparon de sus ojos y soltó tal carcajada, que todos los presentes dieron un brinco. Si, Kenshin y su ventana, también.

Kenshin se sonrojo y bajó la mirada al suelo. ¿Cómo podía tener tan mala suerte¿Por qué nada le salía bien? – ¿Podrían dejar de reír y venir a echarme una mano?

Tae y Sanosuke se enderezaron y reprimieron su risa. Había llegado el momento de demostrar cuan amigos eran de Kenshin.

Se acercaron a él, y lo cogieron uno por cada brazo. –Bien, Ken-san, vamos a estirar. Ayuda tú también -. Kenshin asintió y Tae y Sanosuke empezaron a estirar. Nada, no se movía. El único movimiento era el de su boca soltando infinitos "oros" e infinitos "no volveré a hacerles caso nunca más".

Tae soltó el brazo de Kenshin y miró a Sanosuke con gesto de reproche. –Sano, lo haces mal. Hay que estirar hacía delante, no hacía arriba. Así no lograremos sacarlo. Le romperás un brazo. ¿Y luego que le decimos a Kaoru?

Sanosuke dejó caer el brazo de Kenshin de golpe, por lo que al pobre pelirrojo no le quedo más que soltar un "oro" aún mayor que los anteriores.

-No, yo estiro hacía mí, de frente. Eres tu la que estás estirando hacía abajo. Le dislocaras un hombro.

-Los dos están estirando bien, pero hay mucha diferencia de alturas -. Kenshin suspiró¿en que momento fue, que se le ocurrió confiar en ese par? Siempre le pasaba igual.

Tae pensó unos minutos, que a Kenshin le parecieron una eternidad. – ¡Ya se! Sano, uno tiene que estirar de sus brazos, y el otro lo ha de empujar por el otro lado, así conseguiremos sacarlo.

-Es cierto. ¡Eres genial, Tae! - .Tae se sonrojó. Sanosuke no era muy dado a los halagos.

-Bien, Sano. Tu ve afuera y empuja hacía adentro, que yo estiro de los brazos.

Sanosuke puso cara de pánico. -¿Estas loca? Ve tú afuera. A penas hace unas horas que este cabeza de zanahoria me amenazó con afeitarme con su Sakabattou si me acercaba a menos de medio metro de su trasero. Aprecio mi vida¿sabes?

Tae se cruzó de brazos y empezó a taconear con el pie en el suelo. –Sano, yo no puedo hacerlo. ¿Te imaginas la que se puede liar si Kao me viera con las manos puestas en el trasero de Ken-san?

Sanosuke miró a Kenshin con gesto suplicante.

Kenshin sospeso las posibilidades. "Veamos, si lo hace Sano, tendré a un hombre sobándome el trasero ¡malo! Pero…si lo hace Tae-dono y Kaoru-dono nos pilla con las manos en la masa… ¿Qué es lo mejor que nos puede pasar? Pues que se líe a dar golpes con su bokken a diestro y siniestro ¡Aun peor!" pensó y tembló. Estaba muy claro que prefería que Sanosuke lo tocara antes que enfrentarse a la ira de su mujer.

-Sano, que sea rápido por favor -. Suplicó.

Sanosuke se consolaba con pensar que no moriría asesinado por intentar ayudar a su amigo.

-Bien Sano, cuando estés listo avisas. Contamos hasta tres y empezamos las maniobras -. Sanosuke asintió y se dirigió a la parte trasera del patio, lugar sonde quedaba la ventana.

Kenshin miró a Tae de reojo, y bajo la mirada. "No me va a tocar el trasero ningún hombre, no me va a tocar el trasero ningún hombre. Piensa que es Kaoru-dono, si, eso. No, eso no¡Idiota, mas que idiota! Mi Kaoru-dono tiene las manos suaves y finas, y las de Sano no se parecen en absoluto. Además, que estoy pensando, si seré…"

Sanosuke se encontraba delante de la ventana. El cuerpo de Kenshin sobresalía, y colgaba unos tres palmos del suelo. Lo iba a ayudar, pero no pensaba tocarle directamente el trasero. ¡De eso nada! No quería tener pesadillas. Así que se quitó la chaqueta del traje y con la cara bien retirada se la colocó encima, tapándole sus intimidades.

Kenshin suspiró aliviado y agradeció mentalmente el detalle de Sanosuke. Tae enarcó una ceja. Ese suspiro había sonado bien raro.

-¿Ken-san?

Kenshin miró a Tae y su rostro se tornó del color de su cabello. –No, no, no...es que me tapó con su chaqueta. No piense mal, Tae-dono. ¿Cómo cree que yo…?

Sanosuke interrumpió la conversación con su estruendosa voz. –He Kenshin, no te ventosees, que me lo como de lleno. Tae, cuando quieras.

Kenshin resopló y maldijo el día en que se le había pasado por la cabeza que cualquier idea de Sano y Tae pudiera funcionar.

Tae agarró a Kenshin de las manos. –Bien, a la de una… a la de dos…y…a la de tres.

Con un sonido de ventosa, Kenshin se libró de la ventana y cayo encima de Tae.

Tae se sonrojó furiosamente. Tenía a un hombre completamente desnudo encima suya, y por lo que podía apreciar, Kaoru tenía toda la razón. No estaba nada mal. ¿Pero que estaba pensando? Era Kenshin, el marido de su amiga, no podía pensar así de él.

Sanosuke apareció en ese instante y se apoyó en el umbral de la puerta. –Si molesto me marcho.

Kenshin enrojeció más si era posible, carraspeo y se levantó tapándose con una mano su masculinidad. Tae ocultó la mirada azorada y se levantó poniendo distancia.

-Bueno, Tae. Ahora que estamos los tres de cuerpo entero, explícanos que es lo que Kenshin hizo mal -. Sanosuke sonreía. Estaba muy claro que lo no pasaría por una situación similar en la vida. Y mucho menos por una mujer.

-Bien, primero tengo -. Tae sopeso la posibilidad hacerse consejera de hombres más a menudo. Era una excusa perfecta para verlos sin ropa, ya que en su vida cotidiana no se comía un guis.

-¿Oroo¿Ver el desperfecto¿Está segura¿No le puedo explicar como está y todos contentos? -. Sanosuke no podía parar de reír. No sabía que era más rojo en ese momento, si Kenshin, o un tomate maduro.

Tae puso una mano en su cintura y con la otra señalo a Kenshin. – ¡Ken-san, no me hagas perder la paciencia!

Kenshin bajó la mirada al suelo. –Pe…pe…pero Tae-dono, Kaoru-dono está en el dojo. ¿Y si entra y ve que le estoy…?

Tae no dejó terminar de hablar a Kenshin. –No Ken-san. Kao está con Yahiko en Akabeko. El se la llevó para despistarla.

Kenshin puso cara interrogante y un brillo dorado atravesó sus orbes. – ¿Qué le habéis hecho para convencerla de que vaya con Yahiko?

Tae tragó saliva. ¿Qué era lo que pensaba ese loco¿Qué la habían raptado y amordazado o que? –Nada, Ken-san. No le hemos hecho nada. Solo le dijimos que tú la esperabas en mi restaurante.

Kenshin pareció relajarse y sus ojos volvieron a la normalidad. Pero…"un momento…si yo estoy aquí…no puedo estar allí. Y si no estoy allí, Kaoru-dono pensara que me estoy burlando de ella…"

Kenshin se llevó una mano a la cabeza. –Me va a matar. ¿Cómo voy a estar en Akabeko si estoy aquí¡Kaoru-dono me matará¡Y tendrá dos motivos para hacerlo!

Tae se quedó pálida, Sanosuke se quedó pálido y el color de Kenshin a esas alturas ya era indescifrable.

-Bien, que no cunda el pánico. Ha sido un pequeño error de cálculo, esto tiene solución -. Tae empezó a pasear de lado al lado del cuarto de baño ocasionando que a Kenshin y a Sanosuke les rodara una gotita por la sien.

-Ken-san, sácate esa mano de ahí. Tengo que mirarte.

-¡Oroo!- Kenshin negó frenéticamente con la cabeza. –No, me da vergüenza.

-Sanosuke, agárrale las manos, tenemos que darnos prisa.

Kenshin miró con cara de pánico a Sanosuke, que sonreía maliciosamente y crujía los dedos conforme caminaba hacia él. Maldijo su mala suerte y su mala cabeza por haberse dejado la Sakabattou en el cuarto.

Sanosuke se abalanzó y lo agarró mientras Tae se acercaba a él con mirada examinadora y profesional.

-¡Dios, Ken-san¿Qué te has puesto ahí¿Acido¿Te pusiste el aceite que te dije?

Kenshin suspiró y resignado contestó con voz apagada. –Si, lo hice. Y picaba como mil demonios.

Tae puso su mano en su mentón y pensó durante unos segundos. – ¿Qué aceite te pusiste?

Kenshin carraspeo, y señaló con la cabeza un bote que había al lado de la tina. –Es aquel bote de allí. ¿Sano, podrías soltarme ya?

Sanosuke lo soltó y dio cinco pasos atrás. No se fiaba. En algún momento Kenshin le haría pagar el haber ayudado a Tae.

Tae se acercó a la tina y cogió el bote que Kenshin le había indicado.

"Aceite desmaquillante hidratante" – ¿Queee¿Te pusiste desmaquillante? Ken-san, te dije aceite hidratante. Esto es desmaquillante.

-¿Orooo? Pero si ponía…-. Kenshin bajó la mirada al suelo. –Soy un burro. Merezco que kaoru-dono me mate.

Tae miró a Sanosuke, y este se acercó a Kenshin y posó su mano en su hombro a modo de consuelo. –Tranquilo, no permitiremos que Jou-chan lo descubra.

Tae hizo el mismo gesto que Sanosuke en el otro brazo del pelirrojo. –Si, Ken-san, no lo permitiremos.

Kenshin los miró con cara de derrota.

-Bien, Sano, tenemos que ayudar a Kenshin. Tenemos que poner en marcha el Plan A.

-¿Y cual es ese plan? -. Sanosuke se rascó la cabeza mientras de ella salían un par de signos de integración.

-Plan A; evitar a kaoru.

-¿Y si eso no funciona? -. Sanosuke seguía con sus interrogantes.

-Entonces pasaremos al Plan B.

-¿Y consiste? -. Esta vez fue Kenshin quien habló.

-Plan B: Conseguir evitarla.

Tae sonrió y a Sanosuke y a Kenshin les rodó otra gran gota por la sien.

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Yahiko estaba desesperado y se mordía las uñas como un poseso. Sabía que la única manera de entretener a la Busu, era hablar sobre las hazañas de Kenshin. Pero ¡demonios! Ya había hecho mención del Amakakeru Ryu No Hirameki, del Do Ryu Sen, del Ryu Suy Sen, del Kuzu Ryu Sen… De tanto repetirlo le daba la sensación de que era él el maestro y la Busu la alumna.

La cara de Kaoru se iba ensombreciendo por momentos. Y el aura maligna que destilaba de ella por momentos, estaba haciendo tartamudear a Yahiko.

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Una pareja caminaba por el largo camino adornado de árboles de cerezo blanco en dirección al dojo Kamiya.

-Vamos Aoshi. Venga, date prisa. Estoy deseando ver a Kaoru y a Kenshin.

Misao corría como si su vida dependiera de ello. Aoshi la miro con un amago de sonrisa en la boca. Esa Misao nunca cambiaria.

CONTINUARA

Gracias por los reviews a: Satsuki Haru, CiNtHiA, Ghia-Hikari, Nadeshiko miko, gabyhyatt, Athena Kaoru Himura, Monika-Dono, okashira janet y kagomekaoru.