DISCLAIMER: Los personajes, algunos lugares y objetos son creación de JK rowling y le pertenecen a ella y a la WB TM. Espero que de igual manera disfruten el relato.
Capítulo Dos
"La Adivina del Callejón Diagón"
Por: TlalGalaxia
Hermione Granger no estaba segura de qué día era a pesar de esta consciente de que era el año de mil novecientos noventa y uno. Justo se había percatado de ello al escuchar a un niño hablar del más nuevo modelo de escoba. Y sabía perfectamente bien, tanto como lo sabía Harry, que la Nimbus 2000 era ahora considerada un clásico en el mundo mágico y que ni de chiste pasaría como novedad en ningún escaparate. Pero la duda de Hermione en ese momento no radicaba en saber si dicha escoba era nueva o no. La pregunta que había estado intentando contestar los pasados minutos era la de por qué estaban ahí en ese lugar y en ese preciso momento. No era una pregunta existencial, por supuesto, hasta donde Hermione y Harry habían supuesto, deberían encontrarse un día antes del día que recién habían vivido y no más de veinte años atrás.
-¿Cómo llegamos a mil novecientos noventa y uno?
La respuesta a la pregunta de Harry era tan desconocida para Hermione como lo era para él. Le molestaba un poco, sí, saber que no le podía dar una respuesta de inmediato. Y sobre todo, le molestaba el haberse dado cuenta solo unos segundo atrás que su principal preocupación no debía ser el saber la manera en que habían llegado ahí.
-Harry…- comenzó a decirle en un tono nervioso mirando a su alrededor,- podría ponerme a estudiar el mecanismo del giratiempo para averiguar la respuesta a esa pregunta… pero creo que has pasado de largo la pregunta importante en éste asunto ¿Cómo haremos para volver a nuestro tiempo?
Harry no había reparado hasta entonces que, en efecto, todos los viajes al pasado con los giratiempos , eran sólo un viaje de ida. Sorprendido ante ese hecho, empezó a contar rápidamente con los dedos.
-¿Tenemos que esperar veintiséis años antes de volver a nuestra época?
Como no lo había hecho en bastantes años, Hermione comenzó a morderse el labio inferior. Luego como volviendo en sí se apresuró a aplastar el cabello de Harry.
-No puedo pensar en eso ahora,- le dijo apresuradamente,- por lo pronto debemos asegurarnos de que nadie vea esa cicatriz tuya o alguien va a sospecha algo…
Harry intentó ayudarla pero sabía que no tenía caso que lo hiciera. Desde niño siempre había sabido que su cabello tenía vida propia y que no había manera de domarlo. Por otro lado, el saber que se encontraban años atrás y no horas, como en primer lugar habían deseado, le daba una sensación de tranquilidad que no estaba seguro de poder manifestar ante Hermione. Después de todo, fuera la época que fuera, estaban en el pasado. Y eso quería decir que estaba en sus manos cambiar cualquier cosa que ocurriera en el futuro. No pudo más que dejar que la esperanza llenara su pecho mientras que con la mano derecha sujetaba el mechón que debía taparle la cicatriz.
Hermione se apresuró a su bolso y sacó una gasa sencilla, de esas que se utilizan para las heridas comunes. No es que no fuera capaz de arreglar las heridas de sus hijos con magia. Pero siendo hija de muggles, muchas veces tenía que pretender que no era la bruja que sí era y eso implicaba el no utilizar la magia en público. Y si Hugo, su hijo menor, no fuera de tal palo tal astilla, no tendría que estarse previniendo con equipo de primeros auxilios cada vez que salía. Aunque debía aceptar que ésta vez le había venido bien que así fuera y le dedicó una sonrisa a su hijo mientras terminaba de colocarle la gasa a Harry a manera de parche para esa tan llamativa cicatriz.
-¿Crees que alguien nos reconozca?- cuchicheó Harry para que solo ella lo escuchara.
-Espero que no,- replicó ella quitándole las gafas y colocándoselas ella en su lugar.
Intentó dar un par de pasos pero le fue difícil dada la graduación de las gafas de su amigo. Harry tampoco estaba muy complacido con eso.
-Hermione… te recuerdo que no puedo ver nada sin ellas.
-Y yo no puedo ver nada con ellas,- repuso ella sin dejar de caminar,- pero no podemos arriesgarnos a que nadie nos reconozca. Y todavía traemos puesta la ropa muggle ¡Y es tan distinta! Temo que alguien lo note en cualquier momento…
-¿No tienes nada en ese bolso tuyo que disimule nuestros atuendos?
Hermione se detuvo en seco y buscó a tientas algo dentro del bolso que pudiera servirles para vestirse. Solo encontró una pañoleta que ató apresuradamente a su cabeza. Y un faldón floreado que había estado utilizando para enseñarle a Rose, su hija mayor, el movimiento de las faldas en los bailes de salón ya que ese año iban a hacer en Hogwarts un baile de navidad como los de antaño.
-Dudo mucho que disimule mi atuendo…- lamentó Hermione colocándose la falda por encima de la ropa que traía puesta- y lo siento… creo que no traigo nada más que pueda darte.
La gente que pasaba los observaba con curiosidad, Hermione se había dado cuenta que estaban fracasando en su plan de pasar de a percibidos.
-Hermione… necesito mis gafas.
Harry hablaba en serio y Hermione lo sabía pero también sabía que el hecho de que Harry fuera un tradicionalista y que aún cuando hubieran pasado más de veinte años siguiera utilizando el mismo tipo de gafas redondas de carey negro, no les ayudaban en lo absoluto. Si en ese entonces la gente ya había visto a Harry, era posible que lo asociaran mucho más con el niño que vivió. Si de por sí ya era la viva imagen de James…
-Te las devolveré cuando estemos en un lugar menos concurrido,- replicó ella rápidamente en un tono que más bien parecía que estaba reprendiendo a uno de sus hijos.
Así que él no pudo hacer más que asirse de su brazo mientras ella caminaba dando tumbos debido a que tampoco podía ver claramente por el efecto de las gafas. Luego de determinado tiempo, ella se detuvo frente a un establecimiento y apenas avisándole a Harry entró de improviso.
-¿En dónde estamos?- quiso saber él.
-Flourish and Blotts,- repuso ella devolviéndole las gafas.
-¿Por qué no me sorprende? Donde sea que hay libros siempre hay una Hermione.
Hermione intentó parecer molesta ante el comentario irónico de su amigo pero fracasó garrafalmente. Sabía a la perfección que no había malicia en el comentario de Harry. Lo conocía tan bien que a pesar de haber utilizado la ironía para señalar su opinión acerca de ella, en el fondo esa era una de las cualidades que más admiraba de ella y por la que más se sentía orgulloso. Había sido eso, después de todo, lo que le había salvado la vida tantas veces en su juventud. Y era eso también lo que la hacía la gran abogada que ahora era. O como era mejor conocida en su ámbito laboral: la fiera de los tribunales. Desde el primer día en que Hermione había puesto pie en una corte, ella había escrito las reglas. Sin importar cuál fuera la causa que ella defendiera, lo haría con uñas y dientes hasta ganar. Y para bien de los defendidos de Hermione, siempre lo lograba. Y gran parte del mérito de sus victorias, como Harry bien sabía, se debía a su habilidad para hacer la investigación bibliográfica que mejor defendería a su cliente.
-Te puedes quejar todo lo que quieras,- sonrió ella dirigiéndose al segundo piso de la librería y siendo seguida por su amigo,- pero no he escuchado el plan alternativo aún. Y mientras no me des otra opción, esto es lo que haremos…
Harry asintió disimulando la sonrisa que se moría por salir. Era verdad, la única opción que tenían en ese momento era la de investigar hasta encontrar algo que les explicara por qué habían viajado tanto en el pasado y sobre todo, cómo acercarse más al futuro que querían cambiar. Sabía, pues, que esa era una situación en la cual Hermione no le podía ayudar… aún.
-¿Qué tipo de libro buscamos?- demandó él a media voz colocándose a su lado.
Hermione caviló por unos segundos antes de contestar.
-Magia antigua… viajes en el tiempo… giratiempos… usa tu imaginación. Recuerda que en esto estamos en pañales…
Harry asintió y empezó a leer rápidamente el lomo de los libros en esa sección. La mayoría de ellos eran acerca de hechizos para fines específicos lo cual era bueno. Lo malo era que ninguno de ellos decía nada relacionado a lo que estaban buscando. Claro, no era como si Harry estuviera buscando un libro que dijera "Hechizos para ir hacia el futuro lo suficiente para impedir un atentado terrorista" pero la mayoría de ellos, la parecía, eran para amateurs.
Luego de varios minutos, Hermione lo encontró en algún otro pasillo de la librería no muy lejos de donde lo había visto por última vez. Harry se había resignado a que era inútil encontrar algo así que había comenzado a divagar con los libros que estaban frente a él. Los recordaba perfectamente bien porque en la sección en la que ahora se encontraba de pie, era la que tenía los libros que había comprado cuando tenía once años para sus primeras clases en Hogwarts. La nostalgia lo había invadido inadvertidamente.
-Ahí estás,- dijo ella acercándose con un par de libros en brazos,- ¿Has encontrado algo?
Harry negó con la cabeza.
-Sabes perfectamente bien que no soy bueno para esas cosas,- respondió despabilándose y mostrándole el libro que tenía sus pensamientos absortos.
Hermione sonrió al notar que era una copia de la Historia de Hogwarts. Ni siquiera necesitaron palabras para explicar que Harry recordaba ese libro porque lo había leído después de que, cansada de que nunca le hicieran caso, Hermione había terminado regalándoles una copia a Ron y a él. Ron lo había utilizado para nivelar un mueble, Harry había cedido a la presión de leerlo un día que se había fracturado un pie y no había podido ir a trabajar. El libro había estado en su mesita de noche por meses antes de que eso sucediera. Así que había dicho ¿Por qué no?
-Wow,- dijo Hermione contemplando el libro más de cerca,- las nuevas ediciones ya no las hacen igual… yo tuve uno así cuando niña… de hecho…
Y sin aclarar lo que estaba en sus pensamientos, Hermione colocó una copia de ese libro entre sus brazos acompañando los otros dos libros de magia antigua que había decidido leer en busca de respuestas. Harry supuso entonces que Hermione había decidido quedarse con el libro por el valor sentimental que éste representaba ¿Cuántas veces en su juventud no la había escuchado citar ese mismo libro?
-Veo que encontraste algo…- señaló Harry al instante refiriéndose a los otros dos libros que ella traía consigo.
-Esperemos que sí,- suspiró Hermione,- ahora lo que debemos encontrar es un lugar donde podamos quedarnos hasta que resolvamos esto… y tracemos un plan.
Harry asintió pensativo. No se le ocurría ningún lugar a donde ir en ese momento. Sabía que la joven versión de sí mismo debía estar con los Dursley en ese momento, la casa de Sirius aún no era su casa y los Weasley aún no lo conocían. Sabía que la casa de Godryc's Hollow estaba sola en esos momentos, pero su mala experiencia la única vez que había puesto pie en esa casa le daba mala espina solo de pensar en ir ahí de nuevo. Lo único que le venía a la mente eran esos meses que habían pasado viajando los dos solos sin nada más que una casa de acampar.
-Supongo que la casa de acampar de los Weasley no es una opción en este momento…- lamentó recordando que la misma debía encontrarse en el sótano de la familia que ni siquiera sabía que existían.
-Entonces tendremos que comprar una…- replicó ella tal vez comprendiendo que era su única opción.- vamos, creo que al final del callejón hay una tienda de chatarra, puede que tengan una de segunda mano que podamos transfigurar…
Mientras se apresuraban al mostrador de la librería, Hermione volvió a quitarle a Harry las gafas. Estaba convencida que si Harry se mantenía con el parche en la frente y sin las gafas, un hombre de treinta y seis años de su complexión y estatura podría pasar de apercibido a pesar de sus deslumbrantes ojos verdes. Hermione por otro lado, creía que la pañoleta en la cabeza, el faldón como de gitana y las gafas redondas, a pesar de darle un look parecido al de Trelawney, le ayudaban a no ser asociada con nadie en el futuro aunque bien sabía que no tenía de qué preocuparse. En esa época, Hermione Granger no era nadie para la sociedad mágica.
Habituándose un poco más a la graduación de las gafas de Harry, Hermione lo condujo a lo largo del callejón hasta llegar casi al final. Justo a la altura de Ollivander's, cruzaron la calle donde podían ver el letrero de "Artículos para toda ocasión al alcance de tu bolsillo". Sabía que era el eufemismo para anunciar las baratijas que vendían en esa tienda y que, en su mayoría, eran artículos de segunda mano.
Estaban a punto de entrar a la tienda cuando vieron a una familia con ropa muggle contemplar el establecimiento de enfrente. Los padres intentaban animar a la niña mientras que ésta con una expresión desganada se negaba a cruzar la calle.
-Si entro ahí será definitivo y yo aún no estoy segura…
Sintiendo la urgencia por asegurarse de que no se había equivocado al escuchar la voz de los padres de la niña, Hermione se removió las gafas un poco para contemplarlos mejor. En efecto, sus sospechas eran ciertas. Sin mencionarle el evento a Harry lo tomó de la mano ayudándolo a entrar a la tienda.
Hacía mucho tiempo que no había pensado en eso. El recuerdo de ese día en el callejón Diagón se había quedado para siempre en su memoria pero al mismo tiempo lo había ido olvidando a medida que nuevas preocupaciones y eventos ocupaban sus pensamientos. Pero aún así… mirando en retrospectiva… sabía perfectamente que ese había sido uno de los días que le habían cambiado la vida.
Recordaba el colegio para niñas al que asistió y el infierno que había representado el que ella fuera tan diferente a simple vista pero de alguna manera había logrado sobrellevarlo refugiándose en los estudios. Ella siempre había sabido que de alguna u otra manera, sus compañeros siempre la atacaban y la herían. A veces por su cabello esponjado o por sus dientes prominentes y otras tantas por ser un ratón de biblioteca. Pero mientras crecía, Hermione había logrado convencerse que no importaba lo que ellos dijeran o lo mucho que se burlaran de ella, un día las cosas serían diferentes y ella estaría por sobre todos ellos. Solo tenía que resistir y procurar ser siempre la mejor para lograrlo.
Pero entonces algo había pasado. A diferencia de Harry y de Ron, Hermione ya había estudiado el primer año de la secundaria en otro instituto antes de ir a Hogwarts. Harta de ser señalada y de que las niñas se burlaran de ella y de no tener amigos, Hermione había pedido a sus padres que la inscribieran en una de esas escuelas donde solo los niños dotados asistían. Sus padres habían accedido gustosos pues sabían de las capacidades de su hija y que ninguna escuela la rechazaría.
Y en efecto, Hermione había sido aceptada en el internado "King William para niños de alto rendimiento escolar". Desde entonces la vida de Hermione había dado un giro de ciento ochenta grados. No solo había sido aceptada en esa nueva sociedad, sino que además había logrado hacerse de un grupo de amigas que compartían con ella esa mirada crítica y ese deseo por estudiar y ser mejores cada día. Ni siquiera su cabello enmarañado o sus dientes prominentes importaban ya. En esa pequeña sociedad, lo que importaba era lo bien que te pudieras desempeñar académicamente y eso era algo en lo que Hermione se sentía como un pez en el agua.
Pero su buena racha estaba por cambiar. Para Hermione, el haber recibido la carta de Hogwarts luego de haber terminado su primer año escolar en King Williams no había sido tanto una bendición como lo había sido para Harry. Sí, era verdad que desde joven había logrado hacer pequeñas cosas como abrir los grifos del agua sin tocarlos, especialmente cuando la hacían enojar, pero sus padres siempre le habían dado explicaciones físicamente posibles que habían terminado por convencerla. Pero el día que su carta llegó, venía acompañada de una visita inesperada.
Vestida en un traje sastre femenino muggle con el cabello negro apretado en un moño en la nuca, la Profesora McGonagall había tocado la puerta de los Granger. Era de noche y la familia recién había terminado de comer su cena cuando Jean Granger, la madre de Hermione, había abierto la puerta.
-Disculpará la hora y lo atrevido de mi intromisión, señora Granger,- le había dicho la profesora McGonagall con toda la propiedad que la caracterizaba,- pero tratándose éste de un caso tan especial me vi en la necesidad de hablar personalmente con ustedes. Si usted me lo permite.
-Disculpe… ¿Quién es usted?
La expresión de la señora Granger había sido de desconcierto sin embargo, su mano aún sujetaba fuertemente la puerta para no permitirle la entrada a la extraña mujer que aparecía a esas horas tocando su puerta. Desde el momento que la había visto, Jean se había dado cuenta que no podía ser una simple vendedora de puerta en puerta.
-Mi nombre es Minerva McGonagall y he venido a entregarles esto.
Y apenas dando tiempo a que la mujer reaccionara, la profesora colocó en su mano libre, la que no sujetaba la puerta como si su vida dependiera de ello, un sobre con el escudo de Hogwarts y el nombre de Hermione en la parte de atrás.
-¿Qué es esto y por qué tiene el nombre de mi hija escrito? ¡Henry!
La profesora McGonagalla había esperado a que el señor Granger se acercara a la puerta. Hermione había estado observando la escena desde la ventana de su cuarto en el segundo piso incapaz de escuchar en su totalidad la conversación que la mujer de apariencia nazi estaba teniendo ahora con sus dos padres.
-Necesito hablar con ambos… y con su hija Hermione,- demandó la profesora con el tono más humilde que pudo emular.
-¿Qué es lo que quiere de nosotros?- había demandado el señor Granger sintiendo la amenaza inminente de la mujer a su puerta.
-Mi intención no es atacarlos, si eso es lo que usted teme,- se había apresurado a aclarar la profesora McGonagall.
En ese momento y sin saber por qué, Hermione tuvo el impulso de bajar las escaleras y ver el rostro de la mujer que hablaba con sus padres y quien ahora parecía estarse metiendo en una conversación acalorada. Cuando Hermione alcanzó el último peldaño de la escalera, la mirada de la profesora McGonagall se posó en la de ella. Con once, casi doce, años de edad, Hermione hizo algo que nunca antes había hecho. Pasando por entre sus padres había tomado la mano de la profesora y la había conducido dentro de la casa hacia la sala. Incluso años después, Hermione no podía asegurar o negar si había sido obra de la Profesora McGonagall o si la había influenciado de esa manera para hacerlo. Lo que sí podía decir era que una acción como esa, había sido el primer eslabón para que los planes que había forjado los pasados meses en su nuevo colegio, comenzaran a desvanecerse poco a poco.
Lo que había sucedido a continuación era algo que Hermione recordaría para siempre. La Profesora McGonagall le había explicado al matrimonio Granger que su hija no era una niña normal pero que el brillo de la misma no era su inteligencia solamente. Luego empezó a hacerles una serie de preguntas intentando comprobar si ellos habían notado algo extraño en las habilidades de la niña. "Cosas inexplicables" y sucesos extraños habían sido narrados pero ningún patrón había sido detectado que hubiera disparado una alarma. Además, como bien decían sus padres, Hermione era una niña brillante. La mejor de su clase.
Cuando la profesora McGonagall había utilizado la palabra "bruja", los señores Granger se habían observado de manera incrédula. Por un momento había pensando que la mujer en su sala estaba loca de atar. Pero fue entonces cuando ella los invitó a abrir la carta. Había sido difícil explicarles lo que Hogwarts era y que no era un fraude, tampoco era fácil explicarles que las Hermione no era la única con esas habilidades y tras decir eso, la misma profesora había hecho levitar el sillón en el que los señores Granger se encontraban.
-Un día de estos, Hermione podrá hacer lo mismo,- le había dicho luego de colocar el sillón de regreso en el suelo.
Hermione había observado la escena con los ojos y la boca abiertas a su máxima capacidad física. Luego, cuando la profesora McGonagall la había mirado a los ojos y le había preguntado si estaba feliz de descubrir las respuestas a por qué era tan diferente, Hermione no había logrado contestar.
-Lo que pasa es que Hermione ya cruzó el primer año de secundaria,- había repuesto su madre dándose cuenta de los miedos que su hija podía estar teniendo,- comprenderá que no le hace gracia empezar de nuevo… y además, esto es nuevo para ella. Desde que nació siempre ha sido tan dedicada y considerada… ¡mi hija ya tiene planes para su futuro!
La Profesora McGonagall había escuchado todas y cada una de las palabras de la señora Granger pero sin despegar la mirada de la pequeña Hermione. Luego que su madre había terminado de hablar, Hermione había asentido enérgicamente a lo que la Profesora solo había atinado a suspirar hondamente.
-Sea le decisión que tomes no puedes negar lo que eres,- le dijo como si se tratara de un adulto frente a ella,- en diez años a partir de ahora posiblemente te gradúes en una universidad prestigiosa con todos los méritos pero en el fondo siempre sabrás que no eres como el resto. Por más que intentes encajar y por más que quieras comportarte como ellos, un día mirarás atrás y te preguntarás ¿Qué habría pasado de haber ido a esa escuela? Hay muchas cosas que no sabes y que solo podrás descubrir si aceptas.
Dicho eso, la Porfesora había colocado la carta de Hogwarts con la lista de útiles y un mapa para llegar al callejón Diagón sobre la mesita de centro de la sala. Luego había extendido un segundo papel sobre la misma y les dio una pluma a cada uno de los Señores Granger.
-Es un permiso y una especie de contrato,- les dijo,- con éste se les permite acceder a las ciudades e instalaciones del mundo mágico siempre y cuando estén acompañados de su hija y mientras ella sea una menor. El contrato les impide hablar de nada relacionado con el mundo mágico con cualquier persona que no sea del mismo.
Los señores Granger habían firmado de inmediato sabiendo que las palabras de la mujer más que una petición eran una orden. Y después de ver de lo que ella era capaz con esa vara, preferían no meterse en problemas averiguando qué más podía hacer con ella.
Esa noche Hermione no había dormido mucho y la Hermione adulta que ahora se encontraba buscando baratijas en una tienda del Callejón Diagón sabía que la escena que acababa de observar minutos antes justo afuera de donde ella estaba, era lo que había ocurrido al día siguiente de la visita de la Profesora McGonagall a su casa.
Hermione se había quedado contemplando la tienda de varitas como por media hora antes de decidir que lo mejor para ella posiblemente no estaba en el mundo mágico. Le daba mucho miedo más que pereza el volver a empezar. Después de haber crecido en una escuela donde sus diferencias eran tan remarcadas día a día no estaba dispuesta a volver a hacerlo. Prefería volver a su colegio de chicos dotados donde sabía tendría amigos y sus habilidades no serían criticadas o minimizadas.
Pero la Hermione adulta sabía lo que estaba por ocurrir. Y mientras caminaba entre los pasillos de la tienda, sonreía para sí misma recordando a la mujer que estaba por abordarla en esa pequeña bifurcación que conducía al callejón Nocturno justo en frente de Gringotts. Recordaba muy poco de ella físicamente pero habían sido sus palabras las que habían forjado el segundo eslabón en la cadena de su nuevo destino.
Mientras Hermione pensaba en esto, observaba detenidamente una botella vieja de perfume con almohadilla rociadora. Apretó un poco para ver si aún tenía algún líquido dentro cuando el mecanismo la roseó con el contenido de la parte contraria a la esperada y de momento fue bañada con una fragancia que le resultó por demás familiar. Sí, conocía ese olor a flores marchitas. Definitivamente lo había olido en un momento crucial de su vida muchísimos años atrás. Y casi como atando cien cabos al mismo tiempo, Hermione se apresuró a una de las vitrinas para contemplar su reflejo. La pañoleta en su cabeza, las gafas redondas y negras de carey, el faldón viejo de flores…
-¡Por Merlín!- exclamó poniendo el frasco viejo en el primer estante que tuvo a la mano,- ¡Debo detenerme!
-¿Hermione?
Harry apenas pudo reaccionar cuando Hermione desapareció y se apareció en la bifurcación del callejón Nocturno. Para su suerte, la Hermione de once años apenas pasaba acompañada de sus padres. La imagen de lo que había pasado veintiséis años atrás aún vivía en su memoria, así que sabía qué era lo que tenía que decir.
-No te marches aún si crees que aún hay cosas por considerar…
La joven Hermione se había detenido de inmediato como preguntándose si lo que acababa de escuchar había sido real o si era producto de su imaginación. Entonces la Hermione mayor había dado un paso al frente revelando su presencia ante la niña. Los padres de Hermione contemplaron a la mujer que se dirigía a su hija con la seguridad de quien sabía de lo que hablaba.
-¿Ustedes… las brujas… pueden ver el futuro?- inquirió la señora Granger con más temor que curiosidad- ¿Pueden leer mentes?
Posiblemente la apariencia de la Hermione adulta le recordaba a la señora Granger a las gitanas o a las adivinas esas que leían la mano en la calle. Hermione sonrió pues recordaba haber pensado lo mismo cuando vio a la mujer del callejón que ahora resultaba era ella misma.
-No puedo decirte tu futuro… pero puedo darte las opciones, pequeña Hermione. La vida no es una línea recta sino un camino con bifurcaciones como ésta. Y cada vez que eliges tomar una o no tomarla, estás trazando tu propio destino.
-¿Y qué si decido no tomarla?- las dudas de la pequeña Hermione eran justificables.
Hermione mayor dio un hondo suspiro y se puso en cuclillas para verse a sí misma veintiséis años antes ¡Cómo deseaba decirle miles de cosas! Advertirse, tranquilizarse, decirse que todo saldría bien después de todo y también asegurarle de las veces que hizo lo correcto pero sabía que no podía hacer nada diferente a lo que recordaba que había sucedido por miedo a cambiar algo de lo que seguía. Y sabía perfectamente bien lo importante que ese momento había sido en su vida. Así que sujetó la palma de la niña y trazando con el dedo índice las líneas ya dibujadas en su palma derecha, comenzó a describirle sus posibilidades.
-Si decides volver a tu viejo mundo, serás una chica sobresaliente con las mejores notas, te casarás y tendrás dos hijos y tu vida irá viento en popa pero si decides quedarte en este nuevo mundo que no conoces, tu vida y la de los tuyos correrá peligro. Estarás en peligro de muerte constantemente pero serás salvada. Y lo que es más importante, salvarás la vida de otras personas si te quedas.
A pesar de tener solo once años, la pequeña Hermione comenzó a evaluar las opciones que la adivina del callejón le estaba dando. Cualquier persona en su sano juicio elegiría volver a la vieja vida y salvar su propio pellejo y el de los suyos. Sin embargo, la siguiente pregunta de la niña era de otra índole.
-Y si me voy… ¿Alguien más salvará la vida de esas personas?
La Hermione mayor apretó la mano de la pequeña entre las suyas antes de seguir hablando.
-No puedes decidir ir por la vida negando quien eres, Hermione. Eres quien eres no solo por lo que sabes o no sabes, ni por cómo te ves o no te ves. Eres quien eres por las cosas que quieres hacer y tienes el valor de hacer. Por las injusticias que no te callas y por el valor de ayudar a los demás…
La Hermione mayor hizo una pausa para buscar rápidamente en su bolso y sacar la copia de la Historia de Hogwarts que acababa de comprar en la librería. Luego se lo extendió a la niña.
-Es la historia de Hogwarts, la escuela para la que has sido convocada. Estoy segura que no sabes nada de esa escuela aún y no entiendo cómo la curiosidad por saberlo aún no te ha corroído. Tal vez ahora te parezca más cómodo regresar a lo que es seguro y no te lastima pero de esa manera jamás descubrirás todo el potencial que hay dentro de ti. Y hacer eso no solo te priva de oportunidades, también privas al resto del mundo. Me has preguntado si alguien más podrá salvar a las personas que tú podrías salvar y mi respuesta es "no lo sé", no le leído la mano de todas esas personas, solo te puedo decir lo que he leído en tu mano y me dice que si decides quedarte eso es lo que pasará contigo…
-Pero…- Hermione se ruborizó y se mordió el labio antes de agregar lo siguiente,- dijiste que si decido volver me casaré y tendré dos hijos… ¿Qué pasará con esos hijos si me quedo? Y tampoco me dices si seré feliz… yo sé que es egoísta y no quiero serlo pero ¿Conoceré el amor si voy a Hogwarts? Es decir… yo quisiera salvar a esa gente pero ¿Qué tal que alguien más puede hacerlo también? No quiero dejarlo todo por algo que me hará miserable…
La Hermione mayor tuvo que contener la carcajada antes de contestar. Ya había olvidado lo romántica e idealista que podía llegar a ser entre los once y los trece años, no pues así sabía que terminada esa conversación, la niña compraría toda la colección de libros de Gilderoy Lockhart en la librería cerca de ahí.
-Encontrarás el amor, Hermione… y él salvará tu vida y tú salvarás la suya. Y con respecto a esos dos niños… no te preocupes, existirán de cualquier manera.
-Debiste haber dicho eso en un principio,- sonrió Hermione,- con eso cualquier otra cosa vale la pena ¿No?
La cara de la pequeña Hermione se puso roja como un tomate tras haber dicho esas palabras. Era verdad, siempre había pensado de esa manera. Pero era la primera vez que se lo hacía saber a alguien o que sus padres se enteraban que pensaba de esa manera. Había pasado la mayor parte de su vida dando la imagen que era una persona que solo le interesa el progreso académico y que esa parte romántica, la parte que soñaba con su príncipe azul, siempre la mantenía escondida de todos los demás.
-Solo una cosa antes de que te marches,- agregó la Hermione mayor,- habrán momentos en tu futuro donde volverás a ser tentada a tomar el camino fácil, a volver a lo que te parece más cómodo pero siempre debes pensar ¿Qué es lo que me hará crecer? ¿Qué es lo que me hará aprender lo que yo no puedo aprender por mí misma? Ahora todo es confuso y no puedes ver el gran plan hasta que esté completado. Recuerda: nunca verás el pastel con solo ver la harina, los huevos, la leche o la mantequilla. Todo necesita pasar por un proceso antes de que veas el resultado final.
La pequeña Hermione no lo supo en ese momento, pero las palabras de la adivina del callejón le habían ayudado a tomar una decisión cuando el sombrero sorteador había considerado ponerla en dos casas de Hogwarts. Hermione sabía que de ir a Ravenclaw, habría logrado encajar y tener mayores oportunidades de crecimiento que de ir a Gryffindor. Pero también sabía que esa característica que Gryffindor más apreciaba era de la que más carecía y era algo en lo que debía trabajar si era verdad que su vida estaría en peligro en el futuro: el valor. Fue así que cuando el sombrero sorteador gritó "¡Gryffindor!" ella sonrió complacida mientras se dirigía al gran comedor de la casa que formaría el tercer eslabón de la cadena que era su nueva vida.
Mientras Hermione caminaba de regreso a la tienda donde Harry aún se encontraba, un sentimiento extraño la invadió ¿En efecto había sido ella misma a quien había visto cuando niña? ¿Cómo era eso posible? Sabía que muchas cosas eran posibles en los viajes en el tiempo pero también recordaba a McGonagall advirtiendo las cosas que podía y no podía hacer. Sabía que estaba prohibido hablar consigo misma del pasado, pero siempre se había escondido de la Hermione de su pasado inmediato. La posibilidad de encontrarse con la Hermione veintiséis años menor jamás había cruzado por su cabeza ¿Pasaría algo si regresara sobre sus pasos y se advirtiera a sí misma del Troll del baño de niñas? Pero casi tan pronto como ese pensamiento asaltó su mente lo descartó. Por supuesto que pasaría algo. Pasaría que Harry y Ron jamás habrían sido sus amigos y eso era la último que quería.
-¿Hermione?- Harry la llamó apenas la sintió cerca de él. Posiblemente era la pestilencia a flores marchitas de la loción que se había vaciado encima minutos antes lo que la había delatado.
-He vuelto,- le dijo devolviéndole las gafas para gusto de su amigo,- tuve que ir a… darle el libro de la historia de Hogwarts a una niña que lo necesita más que yo.
Harry contempló a su amiga aún sin comprender lo que quería decir con eso.
-Olvídalo,- sonrió ella,- ¿Has encontrado algo que nos sirva?
-Pues sin mis gafas no pude ver mucho, pero aquella pareja de allá me ayudaron cuando les dije que había perdido las gafas y encontraron ésta tienda usada ¿Qué te parece?
Hermione miró a lo lejos a una pareja de magos jóvenes. La bruja estaba embarazada y parecían felices al empezar su nueva familia. De pronto Hermione sintió que el estómago le daba vueltas. Le parecía que había pasado una eternidad pero sabía que hace no más de de cuatro horas ella también tenía a una familia perfecta con los dos hijos que la adivina del callejón le había prometido cuando tenía once años ¿Tal vez debería haberse advertido a sí misma sobre los incidentes del andén nueve tres cuartos? No estaba segura de que eso habría funcionado… sabía que había algo que fallaba en la fórmula de haber procedido así pero aún no estaba segura en qué parte el plan estaba defectuoso. De inmediato hizo una nota mental para no actuar sin antes pensar fríamente las consecuencias de sus actos. Como minutos antes cuando el impulso de advertirse a sí misma del Troll habría desencadenado que no fuera amiga de Ron y Harry.
-¿Hermione?- volvió a interrumpirla Harry,- ¿Te encuentras bien? Creo que estás a años luz de distancia…
Hermione sacudió la cabeza y después sonrió levemente mientras caminaba en dirección al mostrador para pagar por la vieja tienda de campaña. Seguro que necesitaba varios arreglos pero eso era algo en lo que desde hacía mucho se había vuelto experta. Y ahora que lo pensaba, el haber visto a la bruja del callejón sacar ese enorme libro de un bolso tan pequeño había sido solo el inicio de sus experimentos para agrandar interiores.
-No te preocupes… solo meditaba un poco acerca del pasado. Pero estando aquí es un poco inevitable ¿No crees?
Harry asintió mientras la mujer en el mostrador tomaba la casa de campaña de las manos de Hermione y luego le aplicaba un hechizo reductor para colocarla dentro de una caja pequeña.
-Son veinticinco galeones y seis sickles ¿Van de campamento?
Hermione asintió buscando el dinero dentro de su bolso. Harry tomó la caja que la chica del mostrador acababa de sellar.
-¿Segunda luna de miel?- agregó la chica guiñando un ojo mientras le daba el cambio a ella.
Hermione y Harry se pusieron rojos como tomate pero no se atrevieron a negar la suposición de la mujer. Después de todo, se supone que debían pasar de a percibidos. Luego de colocar el cambio y la caja con la tienda de campaña dentro de su bolso, Hermione se apresuró a salir de la tienda seguida de Harry mientras que la chica de la tienda gritaba aún desde el mostrador.
-¡Escuché que el bosque de Sherwood es genial para acampar! ¡Hay un campamento de magos!
Harry y Hermione ni siquiera pudieron agradecer el consejo de la chica. La simple suposición de que ellos eran una pareja había sido lo suficientemente incómodo de por sí.
-El bosque de Sherwood…- murmuró Hermione distraídamente mientras veía a la joven Hermione entrar a la tienda de Ollivander's acompañada de sus padres. Minutos después, sabía, resurgiría con una varita de vid y núcleo de nervio de Dragón.
-Yo estaba pensando más bien en otro bosque,- le repuso Harry sin reparar que su amiga estaba absorta en sus pensamientos del pasado,- ¿Qué tal el Bosque de Dean?
De pronto Hermione resurgió de sus cavilaciones y miró a Harry de manera confusa.
-¿El bosque de Dean?
Cada vez que ella pensaba en ese bosque el estómago le daba vuelcos. No podía decir que ese lugar guardara los mejores recuerdos de su adolescencia.
-Pues… nos funcionó una vez ¿No?
Hermione asintió intentando que ningún fantasma del pasado volviera a nublarle el juicio. Se había dado cuenta que el estar de vuelta la había mucho más de lo que estaba dispuesta a aceptar. Debía alejar de sí a esa niña insegura del pasado y dar cabida a la mujer adulta que ahora era. Debía empezar a pensar en las cosas importantes antes de que las distracciones la arrastraran lejos de su objetivo.
-Tienes razón,- sonrió ella luego de llegar a esa conclusión,- ¿Harry?
-¿Sí?
-Estoy segura que resolveremos este problema pronto. Y cuando menos lo esperes tendrás a Ginny, a James y a Al contigo.
Harry quiso sonreír pero fracasó en el intento. Pensar en sus hijos aún era doloroso pero no podía reprender a Hermione por mencionarlos. Después de todo ella también sufría.
-Y tú tendrás a Rose y a Ron contigo.
Hermione sonrió y asintió. Sí, era una promesa. No descansaría hasta lograrlo y nada, ni siquiera el pasado, la detendría para conseguirlo. Si todo lo que estaba en su pasado era necesario para tener a Rose y a Hugo, lo dejaría pasar incluyendo al mismo Voldemort.
Se que hay muchos lectores a los que no les gusta cuando el escritor deja un mensaje al final del capítulo y se que es una de las cosas que más se ha criticado de mí en mis pasadas historias. Desgraciadamente para quienes no les agrada, eso no es algo que piense dejar de hacer en ningún tiempo próximo. Espero les haya gustado el capítulo y que hayan disfrutado lo que aquí se narra. Desgraciadamente ésta vez no avanzamos mucho en la trama… o por lo menos eso les parecerá. Demasiado Flashbacks, posiblemente, pero siempre quise dar esa cara de Hermione que Rowling siempre nos negó. Ésta es la manera en la que yo veo y entiendo a Hermione. Posiblemente esté equivocada pero no hay nada en el canon que me niegue que es así ¿No?
Disculparán la poca participación de Harry en éste capítulo, juro que en mis borradores participaba mucho más pero como el capítulo tenía mucho enfoque de Hermione pues claro que se fue perdiendo. No se preocupen, no seré una de esas escritoras que monopolizan a los personajes (aunque quienes me han leído antes saben bien lo mucho que disfruto escribir a Herms). Harry tendrá su parte también pero pues ya saben que el pasado de Harry ya nos lo conocemos de pies a cabeza ¿no? Para mejor referencia pues lean los 7 libros XD
En fin, me despediré. Espero me dejen un comentario. He de aceptar que iba a actualizar SDT en lugar de LCF pero pues como ha recibido menos mensajes de lo normal, me parece que no todo mundo ha tenido la oportunidad de leerlo así que decidí esperar un poco más. Bueno, una vez más muchas gracias por leerme y nos vemos pronto!
TLAL
