CAPÍTULO TRES

"Las arenas del tiempo"

Por:TlalGalaxia

De todos los recuerdos de su pasado, el bosque de Dean era de los peores que Hermione por mucho tiempo había preferido dejar en el olvido. Los motivos eran muchos, empezando porque en esas fechas lo único que venía a su mente cuando pensaba en esos días era lo mucho que había llorado casi sin parar. Para Harry, por otro lado, todo había sido un largo periodo de confusión. El no saber lo que estaba sucediendo, temer por la vida de sus seres queridos y sobre todo tener siempre presente la gran tarea frente a sí lo distraían de lo que tenía que hacer. Posiblemente esa era la principal diferencia entre aquella época y la presente. En aquel entonces era un joven inexperto sin idea de lo que tenía que hacer; en el presente era un adulto con años de experiencia como Auror en el ministerio de magia y Hermione era una abogada con más conocimiento, si es que eso era posible, que casi veinte años atrás.

Estaban en la casa de campaña que habían comprado en el callejón Diagón. Harry la había ampliado un poco más para hacerla más cómoda y Hermione había transfigurado un par de árboles en dos camas individuales mullidas, algunas rocas en una mesa con dos sillas y el suelo en alfombra. Tenían suerte de que en esa época del año el frío aún no fuera algo de qué alarmarse pero aunque nunca lo manifestó, a Hermione le preocupaba el tiempo que se iban a quedar ahí recordando lo implacable que era el frío en esa zona de Inglaterra.

Les había tomado un par de días con pocas horas de sueño para leer todos los libros que habían conseguido y decidir que necesitaban más información y solo cinco segundos en llegar a la conclusión de que el único lugar con todos los libros habidos y por haber que existían y que les podían ayudar estaban en Hogwarts.

-Harry, no podemos entrar a Hogwarts así como si nada ¿Te imaginas qué sucederá si las personas de nuestro pasado se enteran de algo que pasó en el futuro?

Harry lo consideró por unos minutos. Ya no era el chico de once años e ingenuo a quien todo se le tenía que explicar, aunque a veces le parecía que a Hermione siempre se le olvidaba ese detalle.

-Hermione, no pienso entrar por la puerta principal gritando que soy Harry Potter del futuro.

Hermione dio un hondo suspiro como dándose cuenta que posiblemente ésta vez no tenía que ser solo ella quien hiciera los planes y dejó que su amigo siguiera hablando.

-Hermione, necesitamos los libros de la biblioteca de Hogarts si queremos encontrar una respuesta a por qué hemos viajado tanto al pasado y sobretodo, para encontrar una manera de ir hacia el futuro más rápido.

Hermione lo miró con impotencia, ella mejor que nadie sabía cómo funcionaban los giratiempos. Sabía perfectamente que luego de viajar al pasado, ya no se podía viajar al futuro. Debían esperar a que el tiempo transcurriera normalmente. Luego un recuerdo la asaltó haciéndola soltar una risilla que le dejó una sonrisa en los labios por unos segundos más.

-¿Sabes? Ron siempre solía burlarse de mí por el asunto del giratiempo que usé en Hogarts…,-Harry miró a Hermione sin comprender de qué hablaba,- como yo era de por sí casi un año mayor que ustedes, solía decirme que era más bien dos años mayor,- dijo esas últimas palabras intentando inútilmente imitar el tono de Ron,- porque según él mi cuerpo había vivido dos años en lugar de uno.

Harry comprendió y rió un poco también.

-¿Eso quiere decir que yo soy en realidad unas cuantas horas más viejo de lo que debería ser?

Hermione volvió a reír a pesar de sí misma. Estaban sentados a la mesa con todos los libros que habían leído en los pasados días. Y dejó su cuerpo caer en el respaldo de la silla.

-¿Te imaginas lo que dirá si tiene que esperar a que envejezca veinte años? ¡Me llamará anciana y me va a pedir el divorcio!

Harry dejó salir una carcajada mientras imitaba la postura de Hermione en su propia silla. Pero la risa no les duró mucho. Harry pudo percibir entonces que la preocupación de Hermione tenía un poco de verdad escondida en las bromas. Harry estaba seguro que ese era un rasgo que había adquirido luego de tantos años de vivir con Ron.

-Ron no es tan superficial para botarte porque eres unos años mayor, Hermione.

Hermione miró a su amigo a los ojos. Tenía el rostro adornado con una sonrisa fraternal pero podía ver que se preocupaba por sus sentimientos. Hermione estaba convencida que ese era un rasgo que él había adquirido luego de haber vivido dentro de una familia de verdad por tantos años.

-Gracias, Harry.

-Además se las vería conmigo si lo hace. Has tomado los años con gracia, Hermione, estoy seguro que en veinte años no te verás mucho más diferente de lo que te ves ahora.

-Oh, Harry,- rió Hermione halagada,- solo dices eso porque no puedes verme diferente a la niña de doce años que una vez salvaste del Troll. Además ¿Cómo lo vas a castigar? Serás igual de viejo que yo ¿Le vas a pegar con tu bastón?

Ambos rieron ampliamente posiblemente imaginándose la escena. Luego guardaron silencio y se contemplaron largamente.

-Tenemos ventajas, Hermione,- dijo Harry finalmente intentando tranquilizarla,- para empezar, conocemos los pasadizos de Hogwarts mejor que nadie.

-¿Nos vamos a escabullir?,- Exclamó Hermione alarmada.

-Hermione, si quieres que deje de verte como la niña de doce años que rescaté del Troll, podrías por lo menos dejar de actuar como tal ¿A qué le temes? ¿A que nos expulsen?

Hermione bufó y puso los ojos blancos con las manos cruzadas sobre el pecho. Harry supo entonces que Hermione tenía rasgos propios que nunca perdería sin importar que viviera cien años al lado de Ron.

-Tú sabes a qué le temo. Que estemos aquí es muy peligroso, Harry ¿Cuántas veces tengo que decírtelo?

Harry rió para pesar de Hermione.

-¿Y cuantas veces tengo que decirte que no estás hablando con un amateur?

-Entonces dime tu plan y deja de hablar en círculos.

Horas después una mujer se aparecía en las afueras de Hogsmeade. Llevaba una caperuza de lana azul sobre un traje formal de dos piezas de pantalón y saco de lino en color crema. Sus zapatos no estaban hechos para caminar por el campo y maldecía a la suerte mientras caminaba y parecía estar hablando consigo misma. Cautelosamente evitaba la cercanía de cualquier otra persona y éstas detectaron de inmediato que prefería permanecer en el anonimato así que compartieron la apatía.

A eso de las tres de la tarde, Madame Rosemerta la vio pasar afuera de su negocio e intentó saludarla porque parecía distraída y pensó que tal vez estaba perdida, pero en cuanto la dueña del bar la vio le dio la impresión de que aceleró el paso. Cinco minutos después del incidente, el señor Dukes estaba introduciendo en la dulcería unas cuantas cajas con ingredientes para sus nuevos dulces cuando casi tropezó con ella al pasar apresuradamente. La última persona que tuvo avistamiento de la mujer antes de desaparecer en el camino al castillo fue Geoffrey Emrys, el apotecario que se encontraba limpiando la vitrina empolvada de su negocio.

Mirando en todas direcciones para asegurarse de que nadie viera su destino final, Hermione abrió la verja oxidada de la casa abandonada y se apresuró a forzar su entrada con un "alohamora". Una vez adentro se retiró la capucha de la capa y miró a su alrededor mientras Harry aparecía junto a ella luego de removerse la capa de invisibilidad.

-La próxima vez que quieras venir conmigo vistiendo solo la capa de invisibilidad, apreciaría que no hicieras ningún comentario que requiera que hable sola en la calle como una demente,- le reclamó desatando la capa de su cuello y poniéndola en la mesa polvosa de la entrada.

-Lo dices como si fuera la primera vez que lo haces. Además, si no te hubiera avisado de tu distracción, habrías chocado con el señor Dukes.

Hermione suspiró molesta, sabía que Harry tenía razón.

- Si no fuera porque ésta pocilga está protegida desde los tiempos en que el profesor Lupin solía vivir en ella, nos habríamos aparecido en ella.,- dicho eso, Hermione suspiró resignada,- Está bien pero… la próxima vez yo vestiré la capa de invisibilidad.

Harry negó enérgicamente con la cabeza.

-Sabes perfectamente que con once o treinta y seis años, ésta marca en mi frente llama la atención ¿No crees que la gente sospechará?

-Oh, eso tiene solución,- replicó su amiga con las manos en jarras,- te volveré a desfigurar la cara y esa marca se irá de inmediato.

Harry la miró como si le acabara de dar una bofetada. Sí, recordaba que esa medida le había salvado la vida cuando fueron capturados por los mortífagos casi veinte años atrás pero eso no quería decir que le hubiera gustado. Luego se quedó pasmado un par de segundos antes de que una sonrisa se formara en su rostro.

-Cuánta razón tenía Ron.

Apenas dijo eso, Harry se arrepintió de haberlo hecho.

-¿Ron tenía razón en qué? ¡Harry! Dime… no es gracioso que te rías de mí así…

Harry se limitó a encogerse de hombros y a evitar dar respuesta o pelea mientras desempolvaba la silla junto a la mesa donde Hermione había puesto la capa pensando que no podía decirle a Hermione que comprendía esos "golpes de adrenalina" de los que Ron hablaba cuando Harry una vez en su juventud le había preguntado cómo era que soportaba pelearse con Hermione un día sí y un día no.

"Hermione es un golpe de adrenalina" le había dicho Ron como rememorando alguna pelea del pasado "no lo entenderías" había sonreído luego su amigo dándole una palmada en la espalda "tu vida ha sido muy difícil así como ha sido como para que quieras algo como esto en ella".

En efecto, Harry siempre había pensado que demasiado de Hermione en su vida era simplemente demasiado. Hermione era demasiado terca, demasiado metódica, demasiado… Hermione. En realidad nunca se había puesto a pensar que incluso eso tenía sus encantos. Era increíble la manera en la que siempre lograba dar una respuesta a cualquier argumento de manera lógica y precisa. Por supuesto, no es que Harry a pesar de tener las anteriores opiniones negativas de Hermione nunca se hubiera dado cuenta que Hermione también era brillante, tenaz, perspicaz y sobre todo sensata. Un poco demasiado sensata, si le preguntaban a él. Pero a final de cuentas eso tenía sus ventajas.

-Olvídalo ya, Hermione,- dijo Harry acercando otra silla del rincón a la mesa,- mejor cenemos algo y revisemos el plan una vez más antes de ir a dormir.

Parecía como si Hermione quisiera agregar algo a lo antes mencionado pero cambió de parecer casi de inmediato. Sacudió la silla y comenzó a tomar notas mientras Harry hablaba. Luego de eso buscó en su bolso lo poco que quedaba de los comestibles que había puesto de último minuto antes de ir a encontrar a Harry en San Mungo. Ella solo había planeado un día y ya habían transcurrido dos. Esa noche ninguno de los dos tenía mucho apetito y apenas tocaron los emparedados que cada quien se hizo antes de ir a dormir. Sabían que solo esa mañana habían visto a su familia por última vez pero no podían quitare la impresión de que había sucedido años atrás. Harry había traído un par de troncos de la zona boscosa detrás de la casa abandonada y Hermione los había transfigurado en un par de camas mullidas donde apenas lograron dormir un par de horas antes de que la mañana llegara inclementemente.

-Debemos desayunar algo,- dijo Hermione a Harry sentándose en la orilla de s cama que estaba junto a la de Harry.

-No tengo hambre,- contestó Harry sentándose de golpe en la suya.

Hermione se puso de pie y encendió fuego azul en un frasco. Lugo hizo levitar una tetera sobre el fuego mientras buscaba entre su bolso algo más de comida. Rápidamente sacó una manzana y se la lanzó a Harry quien, de no ser porque había desarrollado sus reflejos a lo largo de los años, habría sido golpeado por ella.

-No tengo hambre,- volvió a decir.

-Ni yo tampoco,- replicó Hermione en un tono seco y sacando una segunda manzana para sí misma, que era de lo último que quedaba en su bolso para comer - pero el día de hoy tenemos mucho que hacer y no voy a dejar que la falta de energía le quite eficiencia al plan.

Harry suspiró resignado y le dio una mordida a su fruta mientras se sentaba en la orilla de la cama y poniéndose los zapatos que había dejado en el suelo sin usar las manos. Luego, sujetando la manzana con los dientes, se pasó las manos por el cabello. Era una manía que había adquirido desde que compartía la cama con Ginny y le avergonzaba que viera su cabello por las mañanas. Entonces Hermione se sintió contagiada por esa vanidad que no conocía en su amigo y rápidamente sacó un espejito del bolso. Su cabello siempre había sido tan indomable como ella misma, al igual que el de Harry, y se había resignado que cuando no tenía mucho tiempo para peinarse, lo mejor que podía hacer era atarlo en una coleta.

-Debimos haberlo hecho anoche,- sugirió Harry buscando entre los viejos gabinetes de la cocina un par de tazas para el té.

Habían decidido que lo mejor era mantenerse en una sola área de la casa ya que no sabían cuánto tiempo iban a estar ahí y si tenían que partir pronto debían borrar cualquier indicio de que alguna vez habían estado ya que bien sabían que en unos años Lupin volvería a vivir ahí.

-No podíamos hacerlo entonces,- repuso Hermione sacando la tetera del fuego mientras Harry limpiaba las tazas con magia,- estábamos tan cansados y con tantas cosas en la cabeza… Harry, el que estemos aquí es muy peligroso… no podemos equivocarnos.

Harry asintió sentándose a la mesa y colocando una taza de cada lado. Hermione se acercó después y vertió el té para luego sentarse en la silla vacía frente a él.

-Tenemos suerte que aún es verano,- dijo Harry finalmente luego de darle un sorbo a su bebida,- no había manera de estar aquí en invierno sin encender la chimenea.

-Pero no podemos encender la chimenea… la gente se daría cuenta que hay alguien viviendo aquí y vendrán a ver.

-Lo sé.

Hermione se puso de pie rápidamente y revisó su bolso una vez más. Extrajo una manta que pronto le dio a Harry.

-Es de Hugo…

Dicho eso, Hermione no pudo evitar las lágrimas que pronto comenzaron a correrle por las mejillas. El impulso de Harry fue ponerse de pie y abrazarla hasta que pronto se fue calmando. Harry acarició su espalda unos minutos más antes de soltarla. Cuando eran jóvenes, Harry siempre manifestó diferentes sentimientos hacia ella y tenía muchas reacciones que eran automáticas. Cuando era insoportable, la repelía; cuando era brillante, la admiraba; cuando luchaba por sus ideales, la apoyaba; pero cuando lloraba… sabía que eso de las palabras no era lo suyo, así que dejaba su apoyo moral en los abrazos. Pronto se dio cuenta que la mayoría de las veces eso era todo lo que ella quería. A Ron le había costado trabajo aprender eso pero finalmente lo había logrado.

-Estoy seguro que encontraremos algo en la biblioteca de Hogwarts. Recuerda que no hay nada que nunca hayamos encontrado ahí.

-Salvo una manera para hacerte respirar bajo el agua,- agregó intentando sonreír a pesar de sus lágrimas.

-Pues resulta que sí la había, solo que no supimos en dónde buscar. Pero hoy somos más inteligentes que hace veinte años,- replico Harry tocando la nariz de su amiga con la punta del dedo índice.

Hermione supuso que esa era un gesto que normalmente utilizaba con su hija Lily o con Ginny, pero prefirió no decir nada.

A mediodía, Harry bajó por la trampilla que llevaba al pasadizo a Hogwarts para asegurase de que estaba despejado y regresó a la casa embrujada varios minutos después cubierto de telarañas. Hermione se encontraba realizando encantamientos en la capa que había vestido camino ahí.

-¿Lo conseguiste?- quiso saber Harry.

Hermione suspiró exhausta.

-Nunca les di el crédito merecido a Fred y a George. Esto de hacer artefactos mágicos requiere de mucho tiempo antes de lograr los resultados esperados.

Harry tomó la capa y cubrió su brazo con ella. Podía notar la transparencia de la tela pero su aún podía ver la forma de su brazo como si se tratara de un fantasma.

-¿Lo tendrás listo para esta noche?

-Eso espero,- replicó ella intentando un conjuro nuevo,- ya le he aplicado cinco conjuros diferentes y todavía me falta descubrir cómo hacerla imperceptible cerca de Dumbledore, Snape y la señora Norris ¿Alguien más?

-Fang,- respondió Harry inmediatamente recordando que él había sido el único que parecía verlo cuando se escondió en ella dentro de la cabaña de Harry,- aunque simplemente podemos intentar evadirlos. Dudo mucho que Dumbledore o Snape estén en la biblioteca por la noche. Tampoco olvides que hoy es el banquete de inicio de clases, así que todo mundo estará ocupado en el gran comedor.

-Lo sé, por eso decidimos apresurar las cosas.

Cuando empezó a oscurecer, Harry y Hermione escucharon el expresso de Hogwarts y esa fue su señal para empezar a actuar. Sabían que en ese momento Hagrid y la mayoría de los profesores estarían concentrados en los alumnos de primer ingreso. La capa de Hermione no era perfecta pero no era perceptible a simple vista, así que decidieron seguir adelante y se adentraron a la trampilla que los llevaría en dirección a Hogwarts.

Una vez fuera del sauce, Hermione congeló el árbol por unos segundos antes de dirigirse al castillo. Confiaba en que nadie hubiera notado ese breve tiempo de quietud del árbol. Cuando por fin llegaron a la biblioteca casi no podían creerlo, había sido mucho más fácil de lo esperado. Hermione atribuyó eso a la cena en el gran comedor y le susurró a Harry, mientras revisaban un librero de la sección prohibida, que no debían tentar mucho a la suerte y apresurarse antes de que Filch cerrara la entrada principal. Había transfigurado las suelas de sus zapatos para hacerlas silenciosas. Harry estaba consciente de su larga relación con la suerte y la falta de ella así que siguió las instrucciones de su amiga.

-Quidditch a través de los tiempos, tiempo de cosechar, el tiempo necesario…,- Hermione se detuvo para ojear ese libro unos segundos pero comprobó desairada que no era más que un libro de sanación.

-Temporada de caza de bestias, éste debe ser de Hagrid,- añadió Harry descartando un libro más,- ¿La magia del tiempo?

Hermione se detuvo en seco y avanzó rápidamente hacia Harry arrebatándole el libro de las manos. Era una escena extraña pues solo habían decidido descubrir sus cabezas mientras estaban en la biblioteca, así que quien quiera que los viera ahí, solo podía ver un par de cabezas flotantes y varios libros volando a su alrededor.

-Es un tratado de magia acerca de cómo el tiempo nos afecta.

-Entonces no sirve…

Hermione meditó por unos momentos y luego lo puso dentro de su bolso.

-Puede contener algo interesante,- agregó encogiéndose de hombros. Harry asintió aunque en el fondo no comprendía de dónde sacaba su amiga tiempo para la lectura por placer.

-Nuestra segunda opción es el área de propiedades mágicas,- sugirió Harry viendo que no estaban teniendo mucho éxito.

-¿Propiedades mágicas?

-Si no hay libros que hablen de cómo crear un giratiempo, posiblemente encontremos la manera de hacerlo nosotros.

Hermione negó enérgicamente con la cabeza.

-¿Te imaginas cuánto tiempo nos tomaría hacer eso? Sería mejor entonces esperar a que transcurran los veinticinco años…

Harry suspiró desesperado. Luego trepó una de las escaleras y comenzó a buscar en los estantes superiores. Nunca en su tiempo en el ministerio se le había ocurrido pasarse otra vez por la sala de los misterios y lo estaba lamentando en gran manera.

-Pero tú tenías el giratiempo de que te dio Percy para estudiarlo ¿No investigaste nada?

-Lo único que se del giratiempo es que la arena dentro de él es…

Sin terminar su oración Hermione abandonó la sección prohibida y se dirigió a los estantes normales. En la parte superior tomó un viejo libro de cobertura café y de apariencia más antigua que el resto y también lo guardó en su bolso.

-Lo tengo.

-¿Qué cosa?

Hermione no contestó una vez más. En lugar se puso la capucha de la capa e hizo lo mismo con la de Harry antes de jalarlo del brazo en dirección fuera del castillo. Harry ni siquiera tuvo tiempo para preocuparse de ser atrapado ya que intentaba descifrar lo que estaba cruzando por la mente de su amiga. Pronto desistió pues sabía que si en casi treinta años no lo había logrado, no le quedaban muchas oportunidades de lograrlo en unos minutos.

Cuando llegaron a la casa abandonada, Hermione se apresuró a sacar el libro y lo dejó caer sobre la mesa. Harry encendió la varita para no caerse en la oscuridad y Hermione sacó entonces el frasco que llenó de fuego azul casi de inmediato.

-Los giratiempos no fueron inventados en Inglaterra,- dijo abriendo el libro en una página al azar y ojeándolo apresuradamente como si supiera qué página estaba buscando.

Harry pudo darse cuenta de inmediato que el libro frente a él carecía de letras. Si mal no sabía, estaba escrito en jeroglíficos. Y Hermione pasaba rápidamente las páginas como buscando algo o como si en realidad entendiera.

-¿Cuándo aprendiste a leer jeroglíficos?

Hermione negó con la cabeza levantando una mano en señal para que guardara silencio.

-No sé leer jeroglíficos…,- se apresuró a decir rápidamente y apenas mirándolo mientras hablaba,- es decir, no tan bien como quisiera. Bill me enseñó cosas básicas pero nunca tuve tiempo de practicarlo.

Harry asintió anonadado. Claro, evidentemente Hermione aprendería jeroglíficos con ayuda de Bill. Ella siempre intentaba aprender tanto como fuera posible. Aún recordaba cuando se enteró que Harry había inventado varios hechizos para atrapar mortífagos, no había pasado ni un día cuando le pidió que le enseñara a hacerlos y que le explicara cómo era que los había inventado

Luego de unos segundos más, Hermione se detuvo en una página.

-Las arenas del tiempo,- dijo finalmente,- las arenas del tiempo eran una leyenda en el antiguo Egipto. Se dice que estas arenas tenían el poder de revertir el tiempo en eventos recientes y eran ampliamente buscadas por los sabios y magos de la época. Dice que hay un capítulo entero dedicado a ellas en el libro de Los Muertos.

-Déjame adivinar,- razonó Harry al momento,- ahora vamos a ir a Egipto a buscar ese libro…

Hermione puso los ojos en blanco. Luego sacó un aparato de su bolso delgado como una hoja pero firme como si estuviera hecho de plástico duro. Tocó sobre ella y se encendió al momento dejando ver una pantalla como de ordenado pero más pequeña. Hermione pasó los dedos sobre ella como si estuviera escribiendo algo, y luego le mostró a Harry.

-Es bien sabido, Harry, que gran parte de la legacía del viejo Egipto está en Inglaterra.

Harry miró la imagen en la delgadísima tablita de Hermione.

-¿El museo Británico?

-Tienen el papiro de Ani y el Papiro de Nu, vale la pena echarles un vistazo antes de viajar hasta Egipto.

-¿Y cómo piensas escabullirte al museo?- inquirió Harry llevándose una mano a la barbilla,- recuerda que aún no hemos desarrollado ningún hechizo para no ser detectados por sus sensores de movimiento. Y si los desactivamos sonará otra alarma que…

-Honestamente, Harry…- rió Hermione poniendo los ojos en blanco.

Era una mañana no muy concurrida en el museo Británico en Londres. Luego de que las clases en las escuelas públicas y privadas habían iniciado oficialmente, había muy poca gente haciendo su exploración en el inmenso edificio de influencia romana. La mayoría de las personas que observaban las colecciones eran turistas, casi todos japoneses o chinos que tomaban decenas de fotos cada veinte centímetros y reían estridentemente, aparentemente, ante cualquier cosa que veían.

Una pareja entró como a eso de las diez y quince pasando de a percibida gracias que hicieron un recorrido decente en el primer piso deteniéndose en los puntos obligatorios al igual que la mayoría de los visitantes en la piedra Roseta y las puertas de Babilonia. Vestían ropa de acuerdo a la época gracias a la habilidad de Harry para el disfraz y a la de Hermione para transfigurar la ropa, la cual aún no estaba perfeccionada pero había logrado crear una versión retro de su traje sastre y un estampado más "cuadriculado" en el de Harry. En cuanto a los peinados… bueno, ambos tenían una tendencia natural al estilo "cardado" que en los noventas era muy "in".

A nadie le pareció extraño que luego de eso se encaminaran a la sala egipcia, pues ese era el punto favorito de la mayoría de los visitantes. Luego de pasar las reliquias reales, se apresuraron a la sala mortuoria donde algunas cajas eran adornadas con cuerpos de momias antiguas que nada se parecía a los cuerpos envueltos en vendas que siempre se veían en la televisión. De pronto a Harry le pareció un poco macabro ver que se parecían más a un esqueleto lleno de lodo que a un humano completo. Hermione se detuvo frente a un grupo de papiros que empezó a revisar cuidadosamente. Luego sacó la tabla de plástico de su bolso y la puso contra el vidrio donde estaban guardados los escritos. Una réplica de la imagen se generó automáticamente. Luego hizo lo mismo con todas las demás imágenes de la sala cuidando que nadie a su alrededor se diera cuenta que lo que ponía sobre el vidrio no era una simple hoja plastificada sino una tableta electrónica de tecnología avanzada treinta años para su época.

-¿Lo tienes todo?- preguntó Harry luego de unos minutos cuidando que nadie se acercara demasiado.

Hermione asintió.

-¡Merlín! ¡Cómo extraño el internet!,- exclamó mientras abandonaban la galería lamentando el hecho de que en mil novecientos noventa y uno no se usara en wi-fi.

Antes de volver a aparecerse en Hogsmeade, Hermione había hecho una pequeña parada en un Tesco donde había comprado unos cuantos sándwiches preparados, dos litros de jugo de arándanos y unas bolsas con ensalada preparada; tuvo cuidado de pagar con un billete que fuera de mil novecientos ochenta y luego buscó un callejón vacío del cual se desvaneció junto con Harry.

Tuvieron el cuidado de aparecer invisibles mientras caminaron por las calles principales. Cuando estuvieron en la casa abandonada, Hermione puso manos a la obra para intentar encontrar en los textos algo que les fuera de utilidad mientras que Harry echaba vista al único libro que podía comprender: La magia del tiempo.

Luego de largas horas de revisión y que la noche volvió a caer sobre Hogsmeade, y deteniéndose en lapsos de cinco horas para comer algo más bien por indicación de Hermione que por ganas, tuvieron un hallazgo que parecía llevarlos por lo menos a la física de cómo eran fabricados los giratiempos.

-Las arenas del tiempo no tienen esas propiedades por sí mismas, ni siquiera es arena,- declaró Hermione luego de transcribir varias notas en su tableta digital,- es una mezcla de polvos con diferentes tipos de propiedades mágicas bajo la influencia de un hechizo antiguo…

-¿Polvos de qué?

-Harry, no necesitamos otro giratiempos para ir aún más al pasado.

-¿No podemos cambiar las mismas propiedades mágicas con otro hechizo para hacer que haga lo inverso?

-No lo sé a ciencia cierta… es una teoría pero…

-Podemos intentarlo ¿No?

Hermione suspiró hondamente antes de asentir.

-No será fácil pero podemos intentarlo.

Harry dejó a un lado su libro y empezó a transcribir en papel la lista de ingredientes que Hermione había hecho en la tableta. Solo hasta entonces Hermione decidió que estaba demasiado cansada para pensar más y salió de la casa embrujada vistiendo su capa de invisibilidad. Pronto se encontró en el camino que llevaba a Hogwarts y pasando los árboles más espesos tuvo por fin una vista buena del castillo ya que estaba en una colina.

-¿Nostálgica?

Hermione no pudo evitar dar un salto de sorpresa pero se tranquilizó casi al instante al reconocer la voz de su amigo en la pregunta que había escuchado.

-¡Harry! ¿Cómo me viste?

A pesar de eso, ella no podía verlo.

-Se te ven los bordes,- señaló Harry,- además te vi mover unas ramas.

Hermione manifestó una sonrisa que Harry no pudo ver. A veces se le olvidaba que su amigo era un Auror bastante capaz y no el niño o adolescente por quien muchas veces sintió la necesidad de aconsejar y mantener lejos del peligro.

-Solo estaba recordando mi primer día en Hogwarts,- declaró ella volviendo la vista al castillo, Harry hizo lo mismo,- estaba muerta de miedo. Pensaba… ¿Y si se dan cuenta que soy muy diferente?

Harry sintió un pinchazo de culpa. Él había sido uno de esos que había pensado que era muy diferente.

-No puedo imaginarte muerta de miedo. Siempre has sido más… de armas tomar. Nunca dejaste que cosas tan insignificantes te afectaran.

Hermione no supo si reír o enojarse con Harry por esa declaración.

-No me extraña que pensaras eso, te tomó años entender por fin a las chicas. Y aún hoy… no estoy segura si tuve éxito en mis lecciones.

-A las chicas las entiendo,- se apresuró a decir él,- es a ti a quien nunca he comprendido. No sé por qué te daba miedo ser diferente cuando es precisamente eso lo que te hace especial.

-Gracias.- finalmente Hermione se decidió por una sonrisa.

Se quedaron de pie mirando al castillo y sin decir nada más hasta que las luces comenzaron a apagarse. Luego de eso regresaron a la casa abandonada y se dispusieron a dormir. Era el dos de agosto de mil novecientos noventa y uno. Esa noche por primera vez desde su viaje en el tiempo, había algo que les daba esperanza y posiblemente fue eso lo que los hizo dormir sin interrupciones hasta la mañana siguiente.

A veces me da miedo escribir capítulos que sé que no pasa mucho solo para explicar una situación. Otras veces pasa mucho pero en el contexto tiendo a ser demasiado sutil y el mensaje no se capta de inmediato. Pero bueno, este capítulo, aparte de iniciar el camino del fict (Que no es en sí la trama establecida aún) fue también para crear un poco de interacción HH y delimitar cuál era la relación que estos dos tiene. Quise pues, intentar demostrar que tanto entendían el uno del otro (sobre todo Harry de Hermione) para ver hasta dónde estaban en realidad compenetrados.

Espero pues que les haya gustado el capítulo, no es de los mejores pero la trama avanzó y más adelante, espero, habrá cosas que les parecerán más interesantes. Gracias por leerme =)

PS: Por favor vean, like y comenten mi video "someone like you" de Harry y Hermione en Youtube. Mi nikname en youtube es el mismo que aquí así que solo busquen "Someone like you" tlaltgalaxia y creo que aparece. Gracias de nuevo

TLAL