Disclaimer: Los personajes le pertenecen a JK Rowling así como el universo Potter
CAPÍTULO CINCO
"El Año del Basilisco"
Por: TlalGalaxia
Los calabozos de Hogwarts eran normalmente la parte más fría del castillo sin importar la época del año. Esto era probablemente debido a que se encontraban a la misma profundidad del lago y era por eso, seguramente, que los Slytherin siempre parecían personas frías. Ya que como el reptil que representaba su casa, adquirían la misma sangre fría para la vida. Harry y Hermione aguantaron esa temperatura por unos momentos hasta que les pareció seguro moverse en otra dirección. Hermione especialmente tenía que ser más precavida ya que a pesar de haber logrado un excelente trabajo con su capa, aún no era perfecta y cualquier persona con buenas habilidades de observación, dígase Snape o Dumbledore, podría darse cuenta que ella estaba ahí.
Luego de un buen rato, pronto llegaron a los terrenos. Habían tenido que detenerse en cada esquina solo para asegurarse de que ningún adulto estaba cerca. Sin embargo, la principal preocupación de Harry era encontrarse con el basilisco. Estaban seguros que justo en ese día había atacado pues si mal no recordaban ese había sido el día que habían encontrado la inscripción que Ginny había hecho acerca de la cámara de los secretos. Luego de varios minutos de suspenso por fin llegaron a los terrenos de Hogwarts donde esperaron pacientemente a que nadie los viera para congelar el árbol y tomar de nuevo el pasadizo a la casa abandonada de donde habían partido antes. Apenas unos minutos para ellos, un año entero para el resto de la gente a su alrededor.
Luego de hacerle una limpieza básica a la casa, finalmente se sentaron frente a la misma mesita que habían dejado antes. Antes de partir Hermione había insistido en borrar toda evidencia de su presencia ahí, así que tuvieron que volver a hacerla habitable. No les costó mucho trabajo pero mientras trabajaban un silencio abismal se apoderó de ellos. Harry no quería hacer preguntas que Hermione posiblemente (y seguramente) no podía responder. Y ella por su parte seguramente ponía su cabeza a trabajar a mil por hora para responderse a sí misma lo que había sucedido. Finalmente fue ella quien habló.
-El reloj no soportó tantas vueltas,-suspiró ella.
Harry asintió.
-Intentaremos repararlo mejor y lo volveremos a intentar.
Hermione suspiró y dejó caer su cuerpo en el respaldo de la silla. Sus ojos estaban cerrados, su respiración profunda. Harry sabía lo que estaba pensando. Tanto por lo que habían pasado la primera vez. El momento adecuado, la situación perfecta, el peligro de cambiarlo todo y además el dinero casi nulo que les quedaba… era casi imposible que volvieran a conseguir lo ingredientes con tanta relativa facilidad como la primera vez que se les acababa de escapar de las manos.
Entonces ella se puso de pie de golpe. Al darle la espalda, Harry supo que algo no estaba bien así que hizo lo mismo y fue tras de ella.
Estaba llorando.
-Lo resolveremos,- le dijo él pasándole el brazo por la espalda.
-No lo prometas, Harry,- replicó ella limpiándose las lágrimas,- estoy cansada, ya no puedo más…
Harry se colocó frente a ella sujetándola de los hombros.
-¿Eso qué quiere decir?- inquirió él en un tono molesto,- ¿Vamos a dejar que el tiempo corra así como así? ¿Vamos a desperdiciar más de veinte años de nuestras vidas esperando el tiempo correcto? Tú misma lo dijiste, seremos muy viejos cuando volvamos y…
Hermione lo interrumpió con un gesto de su mano. Luego se alejó de su amigo y emitió otro suspiro hondo. Pero éste suspiro parecía más bien como de resignación.
-Tienes razón, Harry. No sé lo que estoy diciendo. Debo estar muy cansada, es todo…
Esa noche no dijeron más al respecto. Hermione repartió el poco pan que les quedaba y bebieron agua que hirvieron y enfriaron con magia. Hacía mucho que no tenían un alimento decente y las fuerzas y los ánimos los estaban abandonando. Para cuando ocuparon las mismas camas que volvieron a transfigurar de unos troncos, se quedaron dormidos, casi inconscientes al contacto con el colchón.
La mañana siguiente era primero de noviembre, bebieron té con una rebanada de pan cada uno de desayuno y se contemplaron en silencio.
-Iré a cazar algo,- dijo Harry como de la nada,- nunca lo he hecho pero conozco hechizos que pueden funcionar… cazar o pescar.
Hermione asintió. Se veía débil y pálida. Sus ojos un poco hundidos tal vez de llorar o porque estaba muy preocupada y no había dormido bien, sus labios estaban casi azules. Harry se preocupó.
-No estamos comiendo bien,- le dijo aun masticando su pan insípido,- y necesitamos fuerzas para armar un plan.
Hermione dejó caer el pan en el plato y apretó el puño sobre la mesa.
-¿Qué plan?
Harry estiró la mano encerrando la mano de Hermione en la suya.
-Se nos ocurrirá algo, siempre se nos ocurre. Será como en los viejos tiempos ¿Recuerdas? Nunca ha habido nada que nos detenga.
Harry intentó emular una sonrisa pero Hermione seguía con una expresión amarga que era muy contagiosa para él. De no saber lo contrario, habría jurado que tenía a un dementor alrededor robándole todos los buenos sentimientos. Fue cuando se le ocurrió una idea.
-Ven, vamos a cazar…- sugirió Harry y Hermione no tuvo fuerzas para negarse.
Para ella fue más sencillo ir detrás de él mientras se adentraba en los bosques de los alrededores que resistirse porque además sabía que no tenía caso, Harry insistiría y ella volvería a negarse hasta que finalmente accedería. Durante un lapso de dos horas, Harry estuvo lanzando hechizos silenciosos para aturdir aves y liebres cuando por fin pudo hacerse de uno de los segundos. Hermione tuvo lástima por el animal pero solo unos instantes, sabía que si no lo comían los que morirían serían ellos.
Volvieron a la casa abandonada en silencio. Harry desolló la presa y él mismo se encargó de preparar el estofado que esa noche fue su cena. Hermione comió a duras penas y fue más bien para beneficio de Harry que lo hizo pues la estaba observando inquisitivamente todo el rato que el plato estuvo frente a ella y a ella le parecía que si se negaba a comer sería él quien se comportaría todo "Hermione" con ella.
-¿Ya te sientes mejor?- inquirió él cuando ambos ya casi habían terminado de cenar.
Hermione asintió pero había una presión en el pecho que se sentía culpable por no poder dejar salir. Había un llanto, un grito, un dolor… ella sabía que Harry podía verlo. Era por eso que había decidido dejarla guardar silencio, esperar a que ella hablara al respecto si así lo deseaba o que lo callara si eso la hacía sentir mejor. Durante todos sus años de amistad, Harry siempre había guardado ese comportamiento hacia ella y por mucho tiempo Hermione lo había agradecido pero al mismo tiempo lo había odiado. Era cierto, muchas veces solo quería que la dejaran sola para que sus pensamientos se pusieran en orden. Pero otras veces… muchas otras veces, le hubiera gustado que Harry le preguntara sobre sus tristezas y poder abrirse con él, con el que ella siempre había considerado su mejor amigo mientras crecía y dejar de justificarlo solo "porque es un chico y no hablan de esas cosas".
-Ya sé que tenemos que hablar del plan una vez más,- replicó ella débilmente,- pero hoy no, por favor… ¿Podemos hablar de eso después?
Harry asintió, la sonrisa que tanto tiempo había tardado en dibujarse en su rostro por fin se manifestó. Hermione sabía que como siempre, él no podía darle las palabras de consuelo que buscaba. Él no era bueno en eso, aunque ella podía constatar al cien por ciento que intentaba por todos los medios hacerle saber que estaba ahí. Aunque sea que estaba ahí para llorar en su hombro ¿Cuántas veces siendo novia de Ron no lo había hecho? ¿Cuántas veces se había sentado ahí en silencio solo viéndola llorar pero sujetando su mano? No había muchas palabras de consuelo en su amistad. Solo Harry prometiéndole que las cosas estarían bien en el futuro y luego sabía que él haría hasta lo imposible porque así fuera. Pero ahora, solo por ahora, quería dejarse llevar por la calamidad de sus pensamientos. Ya mañana lo dejaría arreglar su mundo si así quería.
Las noches de noviembre eran más frías que las de octubre. Llevaban dos meses lejos de su realidad y nunca se les había ocurrido que debían prepararse para los cambios de clima. Esa noche Hermione creó su famoso fuego azul en dos frascos y le dio uno Harry para que lo colocara debajo de su cobija para darle calor.
Harry se quedó de pie frente a ella mientras arreglaba su cama para irse a dormir. Sus camas estaban una al lado de la otra con el espacio suficiente entre ellas.
-Lo extrañas mucho ¿No es así?- dijo él poniendo una mano en el hombro de su amiga.
Hermione quiso contestar con palabras pero le fue imposible. Cuando Harry vio que las lágrimas por fin habían empezado a salir se sintió un poco aliviado. Sabía perfectamente que llorar era la principal válvula de escape de Hermione y que luego de eso, posiblemente volvería a ser ella misma. La atrajo hacia sí y la dejó llorar sobre su pecho.
-Ven,- le dijo Harry sentándose en la cama y sentándola junto a él. Ella seguía con el rostro sobre su pecho,- ésta noche hace mucho frío. Acurrúcate conmigo… vamos a pretender por un momento que yo no fui huérfano. Que crecí en una familia de verdad y que tú eres mi hermanita que le tiene miedo a los monstruos de debajo de la cama…
Harry tenía treinta y seis años, Hermione treinta y siete. Pero esa noche los dos tenían diez y once y Hermione lo dejó cazar sus demonios una vez más porque para ser honesta no estaba segura de querer estar sola. No esa noche que luego de que todo les había salido mal, tenían que volver a vivir uno de los años más difíciles de su vida. El año que más la había hecho cambiar y el año que había sido el inicio de sus tormentos los años por venir.
A la mañana siguiente, Hermione brincó fuera de la cama con mucho cuidado de no despertar a Harry. Lo primero que hizo fue poner un poco de té y acomodarse el disfraz de gitana para ir al pueblo a buscar algo de comer con los pocos sickles que le quedaban. Dejó que Harry durmiera un poco más y se encaminó en sus mandados. El primer lugar que visitó fue al apotecario de Hogsmeade, el señor Emrys.
-Usted otra vez,- le dijo el hombre con una sonrisa al verla entrar por la puerta,- hace mucho que no la veía por aquí.
Geoffrey Emrys era el dueño de la apotecaria y atiende el negocio al lado de su esposa Delilah. Hermione y Harry habían ido a ese establecimiento la primera vez para adquirir los ingredientes para las arenas del tiempo. Se habían gastado casi todo su dinero en eso la primera vez, así que ésta vez Hermione sabía que sería imposible obtenerlas de una manera legal. Pero la idea de robarlas abandonó su cabeza tan pronto como vio la sonrisa del señor Emrys y la de su esposa que la saludó apenas salió de detrás de la tienda con una niña en brazos.
-¡Señora O'Rourke!
Hermione agradeció que la mujer se dirigiera a ella por ese apellido pues ella lo había inventado la primera vez que había ido al establecimiento y no estaba segura de recordar el apellido que les había dado ya que había tenido el tino de dejar que el prejuicio se apoderara de ella y había utilizado un apellido con "O'" como todos los apellidos irlandeses famosos como O'Conell, O'Donell y cosas así.
-Señora Emrys…,- sonrió Hermione extendiendo la mano pero no pudo contestarle porque tenía las manos ocupadas.
Hermione se disculpó y al ver los ojos azules de la niña de un años que Delilah alimentaba con un biberón, cas dejó escapar un sollozo al recordar los ojos de su misma hija Rose. Hermione se limitó a llevarse la mano al pecho y a sonreír maternalmente.
-Es hermosa,- le dijo intentando tocarla una vez más pero sin atreverse nuevamente.
Delilah sonrió y le dio la niña para que la cargara en brazos. Hermione la aceptó de buena gana y acarició su rostro arrullándola de un lado a otro. De todas las cosas que había hecho bien en su vida, Rose era una de las que más estaba orgullosa. La pequeña Rose que había aprendido a hablar, a caminar y hasta vestirse a sí misma mucho antes de lo normal. La pequeña Rose que no podía dormir sin antes escuchar a alguno de sus padres leerle un libro. Su hija mayor, a quien dos meses antes había visto partir en ese tren y su preocupación mayor había sido ¿Cómo se va a dormir si nadie le lee antes de dormir? Y luego el ten había explotado… las llamas… los hombres enmascarados aplastando el vagón… Hermione no pudo soportarlo y le regresó la bebé a su madre sin poder evitar las lágrimas en su rostro.
-¿Y cómo se llama?- preguntó ella intentando tranquilizarse para no armar un drama con gente que apenas la conocía.
-Kalynda,- dijo la señora Emrys sujetando a la bebé con un brazo y utilizando la mano libre para acariciar el brazo de Hermione,- ¿Te sientes bien, linda? ¿El señor O'Rourke no viene contigo?
Ah, sí, Harry. Pensó Hermione habiendo limpiado su rostro y habiéndose tranquilizado por fin.
-Ah, sí, sí, claro. Está en el campamento…
Ambos habían inventado pertenecer a un campamento nómada, como la mayoría de los gitanos irlandeses. La gente en Inglaterra siempre sabía que los gitanos eran herméticos sobre sus lugares de acampar y por eso era que nunca indagaban demasiado en eso. Los señores Emrys comprendían eso a la perfección pero desde el momento que los habían visto pasar por su puerta se habían dado cuenta que el matrimonio O'Rourke era un matrimonio triste por alguna razón. La simple reacción de Hermione, a quien ellos conocían como Emily, les había comprobado que su tristeza era debida posiblemente a la falta de niños. Cosa rara en los gitanos ya que normalmente se llenan de tantos niños como les es posible. Pero aun así, a pesar de saber todo eso, Geoffrey y Delilah decidieron no decir nada al respecto.
-Y disculparán que los moleste pero…- empezó a decir Hermione cambiando de tema abruptamente,- estaba buscando un empleo temporal en el pueblo ¿Saben de alguien que esté buscando ayuda?
Los señores Emrys se habían visto el uno al otro extrañados de las palabras de Hermione. Era bien sabido también que los gitanos no trabajaban, que no eran de fiar, que evitaban cualquier vínculo con cualquier actividad laboral ¿Y ahí estaba esa mujer diciéndoles que quería encontrar trabajo? Estaban seguros que nadie la contrataría, nadie contrataba gitanos. Pero por alguna extraña razón a ellos siempre les había parecido que tanto ella como su esposo eran personas de fiar.
-Nos encantaría darte trabajo, Emily,- le dijo Dalilah mirando a su marido quien le dio un gesto aprobatorio,- pero no podemos pagarte un sueldo decente. El negocio apenas nos da para lo que necesitamos. En diciembre, a veces, necesitamos manos extras pero no creo que sea suficiente para que tú y tu marido o tu familia vivan de ello.
-Delilah, me da pena decirlo,- replicó Hermione tímidamente,- pero lo que en realidad queremos… bueno, nosotros no queremos que nos pagues con dinero. Verás… ¿Recuerdas los ingredientes que compramos el año pasado?
-Todos y cada uno,- respondió Geoffrey hablando por primera vez luego de un rato,- sus ingredientes eran tan extravagantes y precisos que nunca los olvidaré. Además, tardamos tiempo en conseguirles algunos ¿Recuerdas?
Hermione asintió.
-Bueno, pues necesitamos esos ingredientes una vez más pero… pues ustedes saben, la situación éste año no ha sido buena, no pudimos ahorrar para comprarlos de nuevo pero quisiéramos… si a cambio de trabajo nos pagan con mercancía de su establecimiento, eso estaría bien para nosotros.
Dalilah sonrió y le pasó el brazo por detrás de la espalda.
-¿Y para qué quieres todos esos ingredientes, Emily?
Hermione se quedó muda. Quiso que su mente trabajara a mil por hora para inventar la excusa adecuada a tiempo pero solo logró balbucear. Delilah sonrió nuevamente dándole unas palmaditas.
-Ya se,- le susurró al oído,- es una poción de fertilidad ¿Verdad? ¿Para tener bebés?
La reacción de Hermione fue peor que la primera ¿De dónde había sacado eso? La respuesta se había formado en su cabeza tan pronto como había hecho la pregunta. Oh, las situaciones fortuitas, pensó Hermione. Ni siquiera a ella se la habría ocurrido una coartada mejor que esa. Una pareja de gitanos que a finales de sus treinta años siguen en la búsqueda de descendencia y no pueden decirlo a los de su caravana por miedo a que los divorcien porque para los gitanos una pareja que no es productiva es una pareja que no vale la pena se llamada así ¡Era perfecto!
Cuando Hermione volvió a la casa de los gritos, Harry notó sorprendido que el semblante de su amiga había cambiado totalmente al que había tenido el día anterior. Llevaba consigo una pieza de pan fresca y un poco de leche que el matrimonio Emrys había insistido que llevara consigo. Harry también había contribuido con el almuerzo y había llevado unos pescados que había logrado sacar del lado del lago de Hogwarts que estaba fuera de los terrenos.
Mientras comían pescado asado con hongos silvestres que Hermione había recolectado de las afueras de la casa, Hermione se sintió por fin liberada un poco del nudo que le había estado oprimiendo el pecho los pasados días y por fin se había animado a hablar.
-Entonces, el plan…
Harry sonrió tras las palabras de Hermione y no lo pudo ocultar. Sabía que a veces la cabeza de Hermione simplemente no dejaba ir las cosas, las obsesiones, las ideas y que podían haber pasado más días hasta que ella le hubiera dicho que estaba lista. Pero algo había cambiado, sabía que no había sido él. Pues si bien abrazarla cuando la veía llorar era siempre su primer impulso, sabía que ella necesitaba más para recuperarse ¿Había simplemente decidido pelear después de todo? Por el momento eso no importaba, lo que importaba es que ella había dicho las palabras mágicas.
Hermione también se dio cuenta de la reacción de Harry. Sabía que ahora que ella estaba más dispuesta él empezaría a formar el plan junto con ella y dejaría atrás lo que sea que la hubiera puesto triste. A veces Hermione lo odiaba por eso. Siempre había sido así, Harry siempre haciendo pocas preguntas y ella tan poco comunicativa ¿Cuántas veces en el pasado había querido decirle tantas cosas pero su inseguridad se lo impedía? ¿Y si él lo encontraba aburrido? ¿Y si resultaba que no le importaba? Hermione valoraba su amistad demasiado como para dejarlo menospreciarla de esa manera. Lo valoraba porque Harry había sido, en efecto, el primer amigo que había tenido en el mundo mágico.
Harry nunca sabría lo que ella había pensado de él todo ese tiempo porque nunca se lo había preguntado. Nunca sabría que casi se va de espaldas cuando supo que él era quien venía en el tren en su primer viaje a Hogwarts¿Una celebridad en el tren? No, eso no era lo que ella había pensado. Había pensado en un niño que, como ella, había crecido en un mundo donde la magia era un mito. En un mundo donde tener habilidades diferentes te hacía un marginado, inadaptado, antisocial… Hermione había leído acerca de Harry justo después de conocer a la adivina del callejón Diagón. Cuando había decidido entrar al mundo mágico no había querido ser una ignorante y había sabido lo terrible que su vida había sido. Por eso había querido ir a conocerlo, quería mirarlo a los ojos y ver si ese niño tan famoso a pesar de ser un bebé sería en verdad como se lo imaginaba. Como el héroe de los cuentos en los libros que sus padres le regalaban de cumpleaños. Esos libros que mientras crecía habían sido sus únicos amigos en la vida.
Pero Harry no había sido el héroe gallardo que ella se había imaginado. No era como los príncipes de cabellera dorada y brillante sonrisa. Harry había sido un niño común y corriente sentado en el vagón de un tren con otro niño aún menos impresionante que él mismo. Parecía incluso solitario y perdido. Por primera vez para Hermione, una persona y no un libro, habían llamado su atención. Y sin querer había puesto toda su atención en él aunque no de una manera romántica.
Por un momento, luego del evento del troll en el baño de las niñas, Hermione había recordado los presagios de la adivina pero no había podido hacerse a la idea de si Harry la había salvado al saltar en el cuello del troll en primer lugar o si había sido Ron al utilizar el hechizo en el mazo de la bestia. Luego de pensarlo lo suficiente ella había llegado a la conclusión de que posiblemente ni uno ni el otro fueran la persona a la que la gitana se refería. No podían serlo porque para serlo, debería haber sido más claro ¿No es así? Además, Hermione de pronto se volvió más cercana a ellos y luego de sobrevivir las pruebas del tercer piso para rescatar la piedra filosofal, a Hermione le había parecido que eso de salvarse la vida con Harry o con Ron iba a ser una cosa que haría continuamente mientras siguiera a su lado. Pero para Hermione ya no había marcha atrás, Harry y Ron eran sus amigos porque ella necesitaba tanto de ellos como ellos de ella. Aunque esto no fuera en los mismos niveles. Hermione necesitaba personas a las cuales llamar amigos y ellos necesitaban más a un guía que los mantuviera lejos de los problemas. A Hermione le había parecido que era un trato justo y tomó la amistad como quien la ofrece en una oferta de baratija.
Era injusto, sí, definitivamente pero Hermione se había culpado a sí misma incluso por eso. Había sido ella que debido a su inseguridad no les dijo que a veces se sentía excluida. O que cuando iba a su habitación en el área de las niñas de la torre, se sentaba sola pensando lo silencioso que eran sus alrededores sin ese par por mucho que a veces la molestaran. Nunca les dijo que a pesar de ser buena en los libros, muchas veces lamentaba no compartir las cosas que ellos compartían. Hermione se sentía sola en esa amistad de tres. Y ahora era mil novecientos noventa y dos. Era el año de Lockhart y su cabello rubio, sonrisa brillante y porte heroico. Era también el año del basilisco. El año en que Hermione había descubierto que no era del tipo preferible en todas las sociedades y estándares. Y ahí estaba ella de vuelta, más de veinte años después ¿Para qué? ¿Para atormentarse?
Cada vez que pensaba en esa época de su vida, como ahora que se habían visto a sí mismos en esa edad y en esa época, Hermione no podía evitar tener escalofríos recordando lo que pasaba por la mente de la niña que iba rumbo a los calabozos acompañada de los otros dos niños… La Hermione adulta no siempre estaba orgullosa de la Hermione niña, la que consideraba veinte mil veces las opciones antes de tomar una decisión y que por lo cual muchas veces había llegado a conclusiones erróneas. Y entonces se preguntaba… si ya sabía lo que pasaría al darse a sí misma el consejo en el callejón Diagón ¿Por qué se dio el consejo de todas formas?
Hermione de pronto reaccionó, seguía en la mesa ¿Cuánto tiempo había estado divagando? Podía decir por la expresión de Harry que había sido más del que hubiera querido. Solo una cosa sabía de cierto, ya no quería estar en el pasado. Por lo menos no en ese pasado. Le dolía recordarlo y sobre todo revivirlo. No porque no apreciara las cosas buenas que le habían ocurrido pero porque no estaba orgullosa de su manera de ver el mundo en esa época. Y se reprendió a sí misma pensando "ya tienes treinta y siete años. Hace veinte años que superaste el pasado". Lugo miró a Harry con más seriedad y juntos comenzaron a armar el nuevo plan para una vez más intentar ir a su presente, el presente que ambos necesitaban con ansiedad.
Listo, el año del basilisco comienza. Es una pequeña introducción. Aunque, creo que a algunos les gustarán más unas escenas que otras. Las divagaciones de Hermione… bueno ¿Qué Harmony no las ha tenido? Y si, ya saben que en este fict hablaremos más del punto de vista de Hermione porque es el de ella el que no nos sabemos en los libros. Nos vemos pronto!
TLAL
PD: Dejen review, si? Please? *_*
