DISCLAIMER: Los personajes le pertenecen a JK Rowling y WB TM.
CAPITULO SIETE
"Pasado y Presente"
Por: TlalGalaxia
A finales de noviembre, Harry y Hermione habían conseguido ya casi todos los ingredientes trabajando con el apotecario. Habían descubierto en poco tiempo lo agradable que era el matrimonio Emrys y lo adorable que era su pequeña Kalynda. Quien si bien atormentaba a Hermione con lo mucho que le recordaba a su pequeña Rose, ella se consolaba pensando que mientras estuvieran en el pasado, su hija seguía viva. Solo tenían que mantenerse lejos del futuro que le daba esos cinco minutos después de salido el tren de la estación y todo tenía solución.
El mes había transcurrido tranquilamente entre ellos. Tan acostumbrados estaban el uno al otro que las confrontaciones no saltaban a cada momento salvo que estuvieran discutiendo el plan para regresar a Hogwarts en busca de una segunda pluma de fénix.
-Yo iré al castillo y tú me esperas aquí,- Harry no sabía cuántas veces había señalado esa parte del plan pero Hermione se negaba a aceptarlo.
-¿Y cómo voy a saber si algo te pasó?
-Nada me va a pasar,- le decía con los brazos cruzados sobre el pecho,- soy un Auror preparado y…
-¡No voy a escuchar esa cantaleta otra vez!- renegaba ella con los suyos en jarras,- ¡Es un basilisco! ¿Me vas a decir que cada semana te mandan a combatir basiliscos en el ministerio?
-¡Pero fui yo mismo quien lo mató en primer lugar!
-Fawkes te ayudó y tenías la espada de Gryffindor,- sentenció ella rápidamente como siempre rebotaba cada uno de los argumentos de Harry.
-Pues si algo pasa, le diré que se vaya. A fin de cuentas es una serpiente.
-¿Y tú crees que soy tonta?- inquirió ella demostrando más enojo que antes, lo cual de verdad era mucho,- tú no hablas Parcel desde que el horcrux en tu cabeza fue destruido. ¡Esa serpiente te puede matar tanto como pudo matar a los otros alumnos!
Ésta vez Hermione lo tenía. Harry se dio cuenta que no había manera de convencerla que era seguro entrar y salir como si nada del castillo cuando un Basilisco rondaba por los pasillos. Él mismo sabía lo peligroso que era y ese era principalmente el motivo por el cual quería mantenerla lejos de esa misión. Así que en ese momento fue cuando supo que tenía que decir la verdad como última alternativa para convencerla.
-Exacto,- replicó Harry dando un hondo suspiro y relajando el semblante,- esa serpiente puede matar… y también puede matarte a ti.
La pausa que hizo Harry fue para aclararle a Hermione que la discusión había terminado. Incluso ella se relajó al escuchar el tono consternado con el que ahora hablaba.
-Si quieres que me concentre, déjame ir solo.- continuó diciendo Harry- Mi capa de invisibilidad es mejor que la tuya, conozco la contraseña de la dirección y la súplica que hiciste la vez pasada para pedirle la pluma a Fawkes. Así que espérame aquí, por favor…
Al decir eso, cerró sus manos en las de Hermione. De pie en medio de la sala, frente a frente reconoció en los ojos castaños la vida y determinación que una vez, años atrás se había congelado a causa de la misma bestia a la que los dos tanto temían. En ese entonces, aunque le doliera admitirlo, Hermione era su amiga pero no la apreciaba tanto como ahora. Y si en aquel entonces se había sentido tan perdido sin ella, veinte años después y tras todo lo vivido el sentimiento de que algo le pasara era insoportable. Tanto ella como Ron eran sus mejores amigos de una vida y las únicas personas que de verdad lo entendían y lo querían por quien era. No iba permitir que eso le fuera arrebatado. No como sus propios hijos habían sido arrebatados de sus brazos por una banda de locos psicópatas. Ya había experimentado lo que era perder a alguien tan querido y no quería volver a sentirlo nunca más. Así que no, Harry estaba decidido a dejarla ahí aunque tuviera que hechizarla.
Pero Hermione se había mordido el labio inferior como el tic que nunca había logrado desterrar del todo desde su infancia y había asentido dubitativamente. Y tan pronto como lo hizo se sintió atrapado en uno de esos abrazos que parecían no quererlo dejar ir nunca. Hacía mucho tiempo que no lo hacía pero Harry lejos de sentirse incómodo correspondió el abrazo disfrutando del sentimiento de familiaridad y seguridad que su amiga le transmitía.
-Te daré dos horas,- le dijo sin soltarse de él,- un minuto más… un segundo más e iré a buscarte sin excusas. No voy a perder a nadie más.. no voy a…
Hermione no pudo terminar la frase ya que los sollozos se lo impedían. Harry acarició su espalda mientras que la dejaba abrazarlo con todas sus fuerzas. Ella había dicho en voz alta eso que él mismo había temido hacer para no mortificarla pero había sido un ingenuo a creer que ella misma no lo estaba pensando ya. Claro que lo estaba pensando, Hermione había pasado los siete años en Hogwarts brincando en las esquinas, mordiéndose los labios y fabricando maneras de mantenerlo con vida cuando sabía que estaba en peligro de muerte, lo cual era casi todos los días mientras fue estudiante y sobre todo en ese último año en que ella permaneció a su lado lo más que pudo.
Una vez que el plan fue aceptado muy a pesar de Hermione, debían elegir un día que fuera propicio. Desgraciadamente, con el paso de los años tanto a Harry como a ella les costaba trabajo recordar las fechas exactas en que los ataques del basilisco había ocurrido. Y entre más dejaban pasar tiempo, más les preocupaba estarlo desperdiciando. No fue sino hasta la segunda semana de Diciembre que Harry convenció a Hermione que no tenía caso seguir esperando más y que mientras tuviera la capa de invisibilidad y se mantuviera lejos de Fang, Snape o el Profesor Dumbledore, nada podía salir mal. Y entonces esa tarde, el primer día de nieve había llegado y Harry decidió que la nieve era perfecta porque ningún alumno estaría afuera y además debido a la tormenta, sus huellas serían cubiertas tan rápido como las hiciera.
-Harry, ten cuidado,- le dijo ella temblorosa.
Llevaba en la mano el giratiempo aún sin reparar pero que había tratado con hechizos para sellarlo. En la mesa la arena del tiempo ya había sido realizada y solo esperaba por la pluma de fénix pulverizada. Harry asintió a las palabras de ella y le dio un abrazo en lo que ella revisaba su reloj de pulsera asegurándole que hablaba en serio cuando le había prometido ir a buscarlo en dos horas.
Cuando él se marchó, Hermione se hundió en la silla del comedor preguntándose si alguna vez en su vida se iría ese sentimiento siempre latente en ella de protegerlo. De cierta manera siempre había sabido que él la necesitaba más que Ron y era por eso que había procurado estar siempre a su lado. Y había permanecido siempre así a pesar de que por mucho tiempo, demasiado tiempo había sido doloroso hacerlo.
Miró sus manos sobre la mesa, ya no eran las manos de aquella niña que seguramente en esos momentos estaba preparando una poción multijugos en el baño del segundo piso. Eran las manos de una mujer que en ese momento le resultaba ajena pues el estar en ese espacio de tiempo era como revivir esos viejos pensamientos ¿Y qué había pensado Hermione entonces? Bueno, en primer lugar estaba muy ocupada soñando que Lockhart era el héroe de quien la gitana del callejón le había hablado y en segundo lugar luchaba por no mostrarle ni a Harry ni a Ron el miedo que le daba saber que la bestia que acechaba los pasillos iba tras los que eran como ella. Siempre le había resultado difícil comunicarse con ellos aunque ciertamente ese no fue el año que más confusiones le trajo. Al contrario, había sido un año fácil si no contaba que había perdido un mes de su vida petrificada en una cama. y que al despertar de su sueño su mentalidad había revolucionado de tal manera que nunca volvió a ser la misma.
Hermione dejó salir un hondo suspiro mientras se ponía de pie. Era momento de ocuparse en algo porque sabía que si se quedaba ahí, empezaría a pensar cosas que no quería. Si todo salía de acuerdo a lo planeado, ella y Harry intentarían de nuevo volver a su tiempo ¿Funcionaría el hechizo de sellado que había hecho en el gira tiempo? Esperaba que sí porque ya no podía seguir a la expectativa de lo que estaba delante de ella. No podía seguir preocupándose por cosas del pasado que hace mucho había enterrado. Era mejor mirar al futuro y rescatar a su familia. Mirando el reloj, precedió a borrar cualquier evidencia que ellos habían estado ahí en lo que esperaba a que Harry volviera.
Cuando terminó de pasar por el largo pasadizo, Harry llegó a la entrada del sauce golpeador. Utilizó el hechizo de la varita para inmovilizarlo el tiempo suficiente y avanzó en dirección a la puerta principal. La nevada estaba cayendo pesadamente y apenas podía ver delante de sí. Pero a lo largo de su estadía en Hogwarts había hecho ese recorrido tantas veces que podía hacerlo con los ojos cerrados. Para su suerte, al ser de día, las puertas estaban abiertas como lo habían estado siempre en fechas de Halloween. Era por eso que habían decidido no esperar más o a la noche. Sabían que de hacerlo posiblemente serían encerrados afuera y tendrían que buscar la entrada de la dulcería del Señor Dukes y eso era demasiado arriesgado por muy eficaces que fueran sus capas.
Caminó con cuidado por esos pasillos. Varios niños andaban de ahí para allá así que tuvo cuidado de detenerse en cada esquina para evitar que chocaran con él. Luego, en las escaleras, se tomó el tiempo suficiente entre piso y piso hasta llegar al tercero. Era una lástima el no poder ir a echar un vistazo al segundo piso, le hubiera gustado verse o ver a sus amigos como hace mucho no los veía. Una vez frente a la gárgola susurró "sorbete de limón" y ésta se hizo a un lado dejándolo pasar. Cuidadosamente avanzó hasta adentrarse solo lo suficiente para comprobar que Dumbledore no estaba ahí y que Fawkes estaba en su percha habitual. Dio una vuelta por el despacho solo para estar seguro antes de descubrirse solo el rostro para que Fawkes pudiera verlo y lanzó un hechizo sobre los cuadros en la habitación haciéndolos dormir en sus marcos. Entonces empezó a leer la súplica que Hermione había escrito.
- Te ruego escuches mi súplica, oh ave maravillosa. Por las virtudes que adornan tu dorado plumaje y por las propiedades purificantes de tus lágrimas y tu canto. Concédenos tus favores y nosotros prometemos utilizarlos para el bien. Prometemos impartir justicia con ellos y nunca tomar ventajas propias. Entrega tu pluma, te rogamos, ave Fénix.
Esperó unos instantes a que Fawkes se inclinara y doblara las patas pero luego de un rato a Harry le pareció que ya había pasado más tiempo que la primera vez ¿Cuánto más debía esperar? Volvió a recitar la súplica un poco más lentamente que la primera vez creyendo que tal vez había herrado en alguna palabra pero una vez más nada sucedió.
-Vamos Fawkes,- le dijo apresuradamente,- necesito que me ayudes una vez más…
-Me preguntaba quién había sido ese extraño intruso que había tomado una pluma de Fawkes hace más de un año.
Harry ni siquiera tuvo que volverse para saber de quién se trataba. La voz Dumbledore era inconfundible. Instintivamente dejó caer la tela de la capa sobre el rostro para no ser visto esperando así poder salir sin ser percibido. Después de todo, le había estado dando la espalda y no había logrado verlo. Pero pensarlo era más fácil que decirlo, una fuerza extraña le impedía moverse. Pronto, Dumbledore estaba a su lado contemplando a la misma ave a la cual le había suplicado los pasados minutos.
-Son aves maravillosas ¿No es así?- dijo el anciano de una manera cordial a pesar de ser Harry era un ladrón que recién había aprehendido. Harry asintió a pesar de saber que él no lo veía.- tan maravillosa como la capa que cae sobre tus hombros.
Harry no quiso hablar intentando prolongar el descubrimiento de ese viajero en el tiempo. Si era atrapado, Hermione se pondría como loca. Por primera vez desde que había hecho el plan lamentaba no haberla llevado consigo. Seguro ella sabría qué hacer. Ni siquiera hechizar su rostro era una opción ya, sus manos estaban tan inmóviles como sus pies.
-Supongo que debes tener un buen motivo para haberla robado a uno de mis alumnos,- continuó el Director,- y me intriga aún más para qué quieres la pluma de Fawkes… y por qué Fawkes te dio una en primer lugar…
Harry pocas veces había visto a Dumbledore tan indeciso acerca de algo. Era como si quisiera y no quisiera descubrir al extraño ladró que estaba de pie junto a él.
-¿Sabes que Fawkes sólo ha dado dos plumas desde que salió del cascarón? Ambas a petición del señor Olivander y ambas son el núcleo de dos varitas,- luego hizo una pausa breve antes de girarse a ver a donde seguramente adivinaba estaba la cara de Harry,- lo que me lleva a ti. Si has venido aquí por una pluma para fabricar una varita solo debías habérmelo pedido y habría dejado que Fawkes decidiera. Mi mascota es caprichosa ¿Sabes? Por eso me sorprendió que accediera a hacerte un favor.
Harry pronto sintió un tirón en su cabeza y la capa cayó con todo su peso a sus pies. Albus Dumbledore observó su rostro por un instante y después una sonrisa se dibujó en su rostro. Harry no podía regresar el gesto, estaba demasiado mortificado para hacerlo. Había hecho la única cosa que no podía hacer. Estaba a punto de cambiar el pasado porque el director lo había reconocido. Intentó hablar pero una presión en el pecho no dejaba escapar ni un solo sonido.
-Estás muy lejos de tu tiempo,- dijo Dumbledore finalmente. Un sentimiento de satisfacción no podía ser ocultado y Harry tampoco podía negarle quién era. La marca en su frente seguía ahí como el primer día.
-Profesor,- se apresuró a decir,- es tan malo de por sí que me haya descubierto. Necesito que no me haga preguntas.
Sabía que era su única oportunidad, apelar a la bondad y al buen juicio del director. Seguro él entendería lo sensible que era la situación de Harry y tal vez solo tal vez lo dejaría marcharse con la pluma sin decir nada más.
-Es demasiada tentación,- dijo,- verte aquí siendo un hombre mayor mientras una versión tuya de doce años está en los pasillos confundido porque domina la lengua Parcel…
Había pasado tanto tiempo que casi había olvidado esa época de su vida o que alguna vez hubiera hablado en Parcel. Incluso una vez que había llevado a Ginny y a los niños al mismo zoológico donde una vez había liberado una boa, se había inclinado sobre el cristal e intentado comunicarse con otra y había comprobado satisfecho que no podía hacerlo. La certeza de que Voldemort no volvería a atacar sus pensamientos era algo a lo que se había aferrado los pasados años y esa era una comprobación del hecho.
-Profesor,- volvió a decir Harry,- no quiero decir nada… no puedo decir nada que comprometa el futuro.
Para su sorpresa, el director asintió.
-Comprendo,- le dijo invitándolo a tomar asiento,- ¿Sería tan malo que me dijeras cómo llegaste aquí? ¿O a qué has venido?
Harry negó con la cabeza. El director también había tomado asiendo del otro lado del escritorio, en su propia silla.
-Solo puedo decirle que fue un accidente,- replicó Harry,- al igual que encontrarme aquí lo ha sido. Profesor, disculpe que le insista pero necesito la pluma de Fawkes… es imperativo que la tenga.
El director observó el rostro de Harry como intentando leer en él las respuestas a todas las preguntas que tenía para él. De no ser porque Harry era un Auror entrenado y que sabía que Dumbledore no era del tipo, habría jurado que intentaba utilizar legilimancia con él. Luego de unos instantes, el director asintió, se puso de pie y tarareó una canción frente al ave. Inmediatamente Fawkes se inclinó y el director extrajo la pluma que le dio a Harry en la mano.
-Úsala bien,- le dijo haciéndolo recordar esa nota que había escrito en la capa de invisibilidad cuando tenía once años. Harry sonrió y luego recogió la capa colocándola sobre sus hombros.
-¿No se incendiará?- Inquirió Harry refiriéndose a Fawkes, recordando que la primera vez eso mismo había pasado.
-Por supuesto,- asintió el director,- solo que mi súplica lo hará más lento.
Entonces Harry pudo notar cómo el majestuoso plumaje del ave Fénix poco a poco se empezaba a degenerar con ella. Le dio la mano a Dumbledore en señal de agradecimiento y feliz de volver a verlo después de tantos años. Pero su reunión fue interrumpida por unas voces a lo lejos. Alguien estaba por entrar a la oficina.
-Debe ser la profesora McGonagall,- le dijo,- será mejor que te apresures a usar la capa. Yo la distraeré para que suba a la segunda sección de la torre y así podrás escapar, Harry.
-Gracias, profesor.
Y una vez dichas esas palabras, terminó de cubrirse el rostro volviéndose invisible en su totalidad. Instantes después una versión más joven de la Profesora McGonagall entró con una expresión que parecía que acabara de ver un monstruo y detrás de ella se vio a sí mismo como hacía años no se veía ¿En realidad alguna vez había sido tan pequeño? La profesora subió a la segunda sección de la torre como sabiendo que ahí encontraría al director mientras que el joven Harry Potter miraba a su alrededor con bastante mortificación. El Harry mayor de repente recordó ese día ¿No había ocurrido eso después de otro ataque del basilisco? Cuando los niños de Hufflepuff habían hablado a sus espaldas señalándolo como el heredero de Slytherin ¡Qué irónico!
Y mientras se veía a sí mismo colocarse el sombrero sorteador intentando despejar la duda si era o no era un verdadero Slytherin, Harry emprendió el camino lento y silencioso a la salida de la torre del director. Solo un par de minutos más tarde, el joven Harry vería a Fawkes cobrar fuego cuestionándose si había sido su culpa que hubiera sido así ¿No era irónico eso también?
Caminó de regreso a la salida pero la puerta estaba cerrada. Afuera la tormenta de nieve era mucho más fuerte que cuando Harry había cruzado el patio casi una hora atrás. Y sabiendo que no era bueno esperar porque Hermione se preocuparía y vendría a buscarlo, decidió que lo mejor era tomar otro de los atajos. Después de todo, el basilisco ya había tomado su presa del día.
El sótano del señor Dukes era bastante silencioso incluso para él que estaba entrenado para serlo. Miró su reloj de pulsera y ya habían pasado casi dos horas desde que había partido. Estaba a tiempo pero la tormenta afuera se estaba asegurando de demorarlo. Intentó ver a través de ella pero todo se veía blanco y el viento amenazaba con volarle la capa. Sin Hermione cerca para cambiarle las facciones corría peligro que alguien lo viera pero lo que más le preocupaba era que pasaran las dos horas y Hermione fuera tras él. Y ahora que lo pensaba, a pesar de que el basilisco había atacado a Justin Finch-Fletchley, podía seguir dando vueltas por ahí ¿Quién sabe?
Notando que no había nadie que notara su presencia, utilizó la varita para aparecerse directamente dentro de la casa de los gritos. Miró a su alrededor sacudiéndose la nieve pero Hermione no estaba ahí. De pronto sintió un golpe en el pecho ¿Y si alguien había venido mientras él no estaba?
-¿Hermione?- dijo con la varita en alto. Pero nadie contestó.
Sintió un golpe de adrenalina y se apresuró a la trampilla que conducía a la entrada del sauce boxeador.
-¡Hermione!- volvió a gritar.
Su voz hizo eco en el fondo y poco después escuchó una voz distante replicar.
-¿Harry?
Corrió hacia adelante aún en la oscuridad poco a poco escuchándola acercarse a él. Y deteniéndose cuando los pasos sonaban demasiado cerca.
-Aquí estoy,- dijo Harry en tono normal aun respirando agitadamente.
Pronto sintió el cuerpo tibio de su amiga abalanzarse sobre él. Podía escucharla sollozar mientras que sus brazos lo sujetaban como si nunca quisieran dejarlo ir. Harry correspondió el abrazo porque también estaba aliviado. Por un momento había temido lo peor ¿Y quién sabe qué había pensado ella? ¿Que la dejaría ahí sola? Probablemente. Y pensando lo horrible que hubiera sido si se hubiera quedado solo también suspiró apretando el abrazo tanto como ella.
-Aquí estoy,- le dijo intentando tranquilizarla. Y eso pareció funcionar en unos instantes.
Sin decir más, Harry tomó su mano y la condujo de regreso a la casa de los gritos. Una vez fuera, Hermione soltó su mano y después le propinó un golpe en el brazo que lo hizo hacer muecas de dolor.
-¡Tardaste diez minutos!
Harry se frotó el brazo incapaz de molestarse. Él habría tenido la misma reacción de haber estado los papeles invertidos.
-Lo siento,- le dijo buscando entre sus ropas la pluma que Dumbledore le había dado.
Hermione se apresuró a tomarla y a pulverizarla en el mortero. Cualquier otra preocupación fue dejada atrás cuando la promesa de volver a su tiempo estaba cada vez más cerca. Cuando las arenas del tiempo estuvieron listas minutos después, Hermione procedió a colocarlas dentro del giratiempo. Luego puso la cadena en su cuello y en el de Harry.
-¿Listo?
-Espera,-reaccionó Harry de inmediato,- No podemos quedarnos dentro de la casa y avanzar en el tiempo ¿Qué tal si vuelve a fallar?
Hermione accedió a hacerlo afuera de la casa embrujada vistiendo las capas de invisibilidad solo por si acaso. Una vez listos ella dio veintidós vueltas hacia adelante pensando que el tiempo para descubrir al terrorista del tren sería suficiente así. Las manos se le congelaba pues el tiempo no mejoraba pero ella no quería esperar ni un minuto más para intentarlo y tampoco Harry.
-¡Levitus!- exclamó Harry tan pronto Hermione terminó de dar las vueltas. Luego ella soltó el reloj y comenzó a dar vueltas de la manera esperada.
Era reconfortante ver el tiempo desvanecerse a su alrededor y sentirse fuera incluso del clima que minutos antes amenazaba con convertirlos en muñecos de nieve si se quedaban más tiempo por ahí. Mientras viajaban, Harry buscó la mano libre de Hermione y le dio un apretón por sobre sus capas en señal de apoyo. Pronto estarían de vuelta, pronto estarían ahí e impedirían la tragedia del mundo mágico. Parecía casi irreal que tantos meses hubieran pasado ya perdidos en el pasado.
Cuando por fin se detuvieron, Hermione inspeccionó el reloj. Estaba vacío una vez más. Un tanto mortificada miró a su alrededor.
-¿Qué año es?- susurró para que solo Harry pudiera escucharla.
El lugar era muy parecido lleno de nieve solo que ahora no había tormenta. Pero habiendo avanzado años exactos era difícil definir qué año era con solo ver la nieve, la casa embrujada o el castillo. Esas eran cosas que nunca cambiaban.
-Ni idea,- replicó él antes de tomarla de la mano y comenzar a caminar,- vayamos al pueblo usando las capas y averigüémoslo.
Tan pronto se acercaron a la entrada de Hogsmeade vieron una multitud de alumnos ir venir de varias de las tiendas del pueblo. Ambos miraron a su alrededor buscando indicios del año en cuestión pero era difícil cuando el uniforme de Hogwarts había sido el mismo por tantos años. Era evidente que se trataba de una excursión pero de nuevo, esas actividades las realizaban cada año. De pronto, Hermione presionó la mano de Harry en señal de alerta para que se detuviera. A lo lejos, una joven Hermione y un joven Ron estaban comprando paletas de sabores en un negocio en la calle y parecían hablarle a algo que solo ellos veían.
-Harry…- susurró Hermione, su mano estaba causando dolor en la de Harry por el apretón que le estaba dando,- solo avanzamos un año.
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TLAL
