CAPITULO 5: DUELOS. LA PRIMERA EN RESISTIRSE.

"Ya hemos vuelto." Canturreó el pelirrojo mientras entraban por la puerta.

"¡Estamos en la cocina!" Les avisó el castaño mientras yo movía un poco el puchero.

"Y ahora añades un poco más de pimienta… para darle un poco de sabor extra." Afirmé sonriéndole. "Y lo dejamos cocer otro poco y listo."

"Vaya, estáis cocinando." Nos dijo.

"Oh, ¿puedo ayudar?" Nos dijo el chaval. "¿Puedo, puedo, puedo?"

"Goku… Déjanos cocinar…" Le dijo el pelirrojo.

"Pues que yo vea tú no has hecho nada." Le dijo el chaval.

"¿Os importa dejar de pegaros aquí?" Les dije. "Estamos haciendo algo importante."

"¿Es miso?" Me dijo.

"Sabía que era algo cultural." Afirmé. "Y no, es sopa de ajo. Con verduras."

"Ah, es… ¿interesante?" Dijo el pelirrojo.

"Es una guarrada." Afirmó el rubio. "Para mí una sopa de miso, con un poco de tofu, y cebollinos, pero picados finos, no como si los hubieras cortado a katanazos."

"Pues ya sabes." Le dije. "Vete a comprar tofu y suerte con los cebollinos, el miso está en el primer cajón."

Cogió una cerveza de la nevera y se fue refunfuñando.

"¿Tienes miso y no tofu?" Me dijo el chaval.

"Me hago caldo de miso al menos una vez al mes, pero no puedo con el tofu." Afirmé encogiéndome de hombros. "Lo he probado crudo, frito, encurtido… hasta marinado con hierbas, pero nada. Sigue sabiéndome mal."

"Puedo intentarlo a mi manera." Me dijo el castaño.

"Oh, oh. Hakkai prepara el tofu muy bueno." Afirmó el chaval.

"Vale…" Afirmé. "Está bien."

"Bueno." Dijo el pelirrojo. "Pues manos a la obra. ¿Qué hay que hacer?"

"De momento dejarlo acabar." Le dije. "¿Qué os apetece cenar un poco de tortilla?"

"Hagamos tamagoyakis." Se ofreció el castaño. "¿Sabes hacerlos?"

"Tengo por aquí una receta." Afirmé. "Pero siempre me salen churros en vez de tamagoyakis."

"Vale, pues vamos a ponernos a hacerlo y te enseño." Me dijo.

(Salto espacio-temporal)

"¡A cenar!" Grité por la puerta de la cocina.

"Madre mía, qué voz tan potente." Me dijo el castaño riéndose y taponándose los oídos.

"Lo siento, estoy acostumbrada a gritar de un cuarto a otro para que me oigan." Afirmé.

"Pues tiene que funcionarte." Afirmó el pelirrojo. "Estaba al lado y por poco me dejas sordo."

"Sí… mi padre suele decirme que es de mala educación." Afirmé divertida. "¿Puedes llevar los vasos y platos?"

"¡Goku!" Le llamó. "¡Mono pulgoso, te toca mover las manos!"

"¡Que no estoy sordo, kappa pervertido!" Le gritó el chaval.

"Perfecto, Goku, coge por favor los platos y vete sacándolos." Le dije sonriéndole.

"¿Ves? Así mejor, bobo." Le dijo.

Creo que el pelirrojo dijo algo, algo que sonó a maldición en japonés, pero cuando le miré en busca de la traducción, tan solo sonrió y me hizo gestos de que fuese al comedor.

Así que solo pusimos la mesa y mientras tanto, el castaño y yo pusimos la mesa.

"Por fin." Dijo el rubio cerrando el periódico. "Mi estomago estaba a punto de devorarse a mí mismo."

"Si tenías tanta hambre deberías haber preguntado si echabas una mano." Le dije.

"Sanzo no cocina." Me dijo el pelirrojo quitándome lo que llevaba con la mano que tenía libre por un lado. "Ni limpia, ni cuida de nadie…"

"No me lo creo." Afirmé. "Es imposible que haya alguien así. ¿Qué hace entonces?"

"Gojyo exagera." Afirmó el castaño, Hakkai. "Sanzo fue el que se dio cuenta que tenías fiebre. Y me dijo la receta de la medicina que te dábamos. Es medicina muy vieja de nuestro país."

Aunque pareciese un insoportable por lo que se veía era buena gente también.

"Yo no exagero, o acaso no es cierto que…" Dijo para encontrarse con un cuchillo con la punta a su garganta por la mandíbula.

"¿Decías?" Dijo el rubio, Sanzo.

"Nada de armas en casa." Le dije frunciendo las cejas.

"No es un arma, es un cuchillo." Afirmó retirándolo.

"Aún así." Le dije para mirar al pelirrojo que se tocaba donde había estado la punta del cuchillo. "¿Estás bien?"

"Estoy acostumbrado." Me dijo para sonreír con ironía. "¿Estabas preocupada?"

"No precisamente, era simple cortesía." Afirmé volviendo a la sopa para fingir.

Un momento, 'fingir'… no, era imposible, no me importaba lo que le pasase, no era nadie, era… era idiota, era un machista, un bestia, un salido y…

De pronto, me volvió a la mente la imagen de él junto a mí cuando había despertado de la fiebre.

"Joder, vuelves a estar roja." Me dijo.

"Estás demasiado roja." Me dijo Hakkai. "¿Tienes fiebre?"

"Creo que es por la sopa, quema." Afirmé. "Si me disculpáis… será mejor que me duche y luego me la acabe."

"Claro, pero…" Me dijeron.

"Con permiso." Afirmé levantándome y saliendo con paso ligero sin correr hasta estar fuera y cerrar la puerta tras de mí.

Solo paré en el baño, cerrando la puerta con el pestillo y apoyándome en la puerta casi cayéndome contra ella cuando abrí el grifo de la bañera.

¿Qué me estaba pasando?

¿Por qué había pensado eso de él?

No podía enamorarme de él.

Ya había pasado por eso, cómo iba a dejar que volviesen a liarme en esa trampa.

Me deshice de la ropa con rabia y me metí en la ducha.

Mientras dejaba que el agua me relajara todos los músculos que iba lamiendo con su calor, noté cómo las reservas volvían a levantarse.

No dejaría que otro hombre me tomara el pelo de nuevo, no podía caer en esa trampa, no podía… no podía…

Unos ojos, su mirada era sincera. Sí, era un caradura, pero había estado a mi lado, velándome con el resto.

¿Acaso no había despertado varias veces para verle allí?

Sí, había estado a mi lado, probablemente ni hubiera dormido por velarme, o si lo había hecho, era evidente que había despertado antes que yo.

Di un gople en la pared con el antebrazo y me deslicé para sentarme en la bañera.

¿Cómo osaba?

¿Es que no había tenido suficiente ración de hombres?

Todos eran seres miserables, sin honor, no temían engañar, mentir y lo que fuese con tal de salirse con la suya.

"Eh, oye." Me llamaron llamando a la puerta. "¿Estás bien?"

Todos eran mentirosos, ninguno fuera de la propia familia eran dignos de piedad, ninguno era digno de nada y…

Me pesaban los párpados, se me nublaba la vista… me daba vueltas todo.

Entonces lo oí, aporreaban la puerta.

"¿Quién va?" Dije.

"¡Ya está bien de jugar, abre la puerta!" Oí gritar a Gojyo.

"¡No te atrevas a entrar!" Le dije molesta apoyándome en la bañera para levantarme con esfuerzo y cogerme la toalla para caerme fuera.

Por suerte, pude atarme la toalla para taparme antes de empeorar. Pero aún así… aún así, y entre parpadeos lentos ya que me costaba horrores hacer el más mínimo gesto, pude ver cómo la puerta caía derribada y entraba gente.

Alguien se tiró casi de rodillas a mi lado y noté cómo me tocaban el cuello y la frente, o tal vez fuese al revés.

Entonces salió hacia atrás empujado por alguien que me cogió en brazos a pesar de mis débiles intentos por lo contrario y me vi trasportada antes de reconocer el calor y calmarme un poco.

¿Cómo podía ser malo aquel calor?

Era familiar, y… me gustaba.

(Salto espacio-temporal)

(Voz de Gojyo)

"¿Cómo está?" Le pregunté a Hakkai cuando acabó de mirar todo en la chica.

"Se pondrá bien." Afirmó. "Solo parece un golpe de calor, y el baño tenía vapor, me inclino a pensar que tuviera la temperatura corporal algo alto a causa de la fiebre que aún no sabemos si se ha recuperado del todo y ahora, al haberse duchado con agua caliente, haya subido aún más."

"¿Estás seguro?" Le dije.

"Aquí tienes el hielo, Hakkai." Le dijo Gokku.

"Será mejor que salga a buscar algo." Afirmó. "Gojyo, ponle esta bolsa con hielo en la frente. Nosotros vamos a salir, cuantas más manos, antes podremos volver con la solución. Me pondré a hacerla en cuanto lleguemos."

"¿Y si le sube la fiebre otra vez?" Le dije.

"El hielo hará que no le suba demasiado." Me dijo. "Pero si no baja su temperatura habrá que meterla en agua fría."

Un baño helado, era demasiado duro para una mujer, pero… esa chica no era como todas. Había algo en ella que era… fuerte, como el acero.

Oí cómo salían los tres de casa mientras yo le ponía la bolsa con hielo en la frente, pero se revolvió.

"Oh, vamos." Le dije sabiendo que no contestaría y poniéndole la bolsa. "Es una bolsa con hielos, hay que bajarte esa temperatura."

"Frío…" Gimió sin abrir los ojos.

(Salto espacio-temporal)

Dong… dong… dong… dong… dong… dong… dong… dong… dong… dong… dong… dong…

Las doce de la noche, o la madrugada, según se viese, y volvía a estar despierto, velando el sueño de aquella chica cabezota que no paraba de insistir en jugarse la salud insistiendo en hacerse la dura.

Entonces volvió a revolverse, y esta vez acabó por quitarse de encima la ropa parcialmente, con tan mala suerte que parte de la ropa de su torso, que le habíamos puesto cuando la sacamos de la ducha y Hakkai la hubo reconocido para ver que no parecía tan grave salvo por unas décimas de fiebre que ahora habían bajado pero seguían siendo calor en su frente; parte de esa ropa, se había movido para revelar la curva del inicio de su trasero y parte de su costado hasta revelar lo que podría adivinarse como unos milímetros de curva de un pecho.

Se la veía tan dulce allí dormida ahora que se había movido para acercarse a mí como si fuese un enorme peluche que pudiese ella tener consigo…

No podía entenderlo, era realmente dulce, y dura.

Era extraño, nunca había visto alguien con cualidades totalmente opuestas.

Las mujeres eran dulces, eran como seda. Siempre eran reconfortantes y siempre eran suaves y conmedidas con los hombres. En cambio esta… peleaba contra otros hombres, vale que solo era un juego, pero lo hacía. Discutía con nosotros y aunque sonriente, era evidente que también sabía ponernos cara de enfado, y no se molestaba en ocultarlo. Además, no era demasiado femenina, y conservaba ese punto de niña que toda mujer debería tener. Por no hablar de que cada vez que se sentía acorralada, no dudaba en sacar sus uñas.

"Por todos los dioses…" Suspiré cuando volvió a quitarse el trapo húmedo de la frente haciéndome girarla de nuevo y ponérselo en la frente. "¿Qué vamos a hacer contigo?... Eres demasiado testaruda…"

Era testaruda, y mandona, y para nada femenina, pero aún con todo… aún no siendo mi ideal de mujer… ¡Vive dios que era imposible sacármela de la mente!

"Eres un incordio." Le dije sin darme cuenta. "¿Es que no sabes obedecer a lo que te decimos?"

"No tengo por qué…" Susurró casi sin voz y con los ojos cerrados poniendo cara de molestia para intentar volver a quitarse el paño de la cabeza. "No sois más que…"

"Lo hacemos por tu bien." Le dije.

"¿Qué más os dará?" Contestó.

"Así que has despertado." Le dije sonriendo divertido.

"Me duele la cabeza…" Gimió separándose de mí para ponerse en su espalda revelando pues su vientre y la curva inferior que hacían sus pechos al unirse con su torso.

"Hakkai piensa que has tenido un golpe de calor." Le digo divertido poniéndole la mano en la cabeza mientras por mi mente pasa la idea de que son unas vistas deliciosas.

"Mmmmm…" Murmura aceptándolo y tanteando en busca de mi mano por lo que se la doy y la aparta contra mí. "¿Y qué haces otra vez en mi cama…?"

"Velarte." Le digo sonriendo al ver que cuanto más se mueve más arriba parece querer subir su camisa del pijama. "Si quieres puedo volver a repetirte la parte de que tu cama es demasiado grande, pero me parece una pérdida de saliba innecesaria."

"Ya lo has dicho." Dice sonriendo.

Además de preciosa, inteligente. Algo un poco raro de encontrar junto en una mujer, más aún teniendo en cuenta el resto de sus características.

"Te veo demasiado bien para estar mala." Le digo bromeando.

"No me gusta estar mal." Afirma girándose para darme la espalda. "Hace calor…"

Con cuidado le pongo la mano en la espalda.

Está fría.

"Deberías taparte un poco." Le digo tirando de nuevo de la ropa de cama para taparla.

Aunque a mí me pesase quedarme sin ese premio a mis desvelos, sin esas vistas tan preciosas de su anatomía.

Claro que todo eso ya he podido verlo en apenas un atisbo cuando Hakkai la cambió.

"¿Qué haces?" Me dice.

"¿Yo?" Le digo divertido. "Taparte un poco, te esta bajando la temperatura demasiado. Aunque siempre podemos subirla de nuevo…" Le digo bromeando y caminando con dos dedos por su cadera y cintura hacia el pecho sobre las sábanas.

"Dios… eres incorregible…" Gime revolviéndose para apartarme los dedos.

Bueno, un insulto… un insulto pero no me había dicho que la dejara en paz.

Sonreí complacido y divertido para volver a acostarme mirándole darme la espalda, encogida sobre si misma.

Estoy tentado de ponerle un brazo sobre su costado, pero entonces me paro y sonrío recordando lo que me dijo Hakkai, que nunca respetaba a una mujer, que no era capaz de verlas como algo más que eso porque nunca había encontrado ninguna que fuese especial para mí.

No, esa chica no era especial para mí, solo era especial. Me despertaba curiosidad, y hasta que eso pasara… nah, yo nunca me aprovechaba de las borrachas ni las enfermas, y desde luego, NUNCA JAMÁS tocaba niñas, y esa era en cierto modo como una.

Sonreí y metí las manos sobre y bajo la almohada con los brazos flexionados.

Si esa chica quería jugar, podía jugar con ella, porque con los críos se hacía eso, se jugaba. Como con Goku.

(Salto espacio-temporal)

Domingo por la mañana, a eso de las 11.

(Voz de Lily)

"Mmmm…" Gimo despertando poco a poco para mirar el reloj. "¿Qué hora es?"

No puedo evitar despertar de golpe al ver que el reloj ya marca las once de la mañana pasadas. Me levanto de golpe y entonces vuelvo a notar un ligero mareo.

"Idiota… despacio." Afirmo suavemente para mí. "Despacito, despacito."

Aún no me he hecho a la idea de que últimamente tengo que levantarme con tranquilidad, así que me voy levantando poco a poco, primero me siento en la cama y luego, tras unos segundos, respiro hondo y me pongo en pie para ponerme la bata y salir.

La casa está inusualmente en silencio, cosa extraña, dicho sea de paso; sobre todo contando que últimamente no estoy sola sino con 4 hombres.

Entonces llego a la cocina y decido que mi estómago necesita algo de comer, así que, como hace frío y la puerta de la terraza está abierta, me decido a cerrar con cuidado.

"Eh, pajarito." Me dice una voz mientras la puerta topa con algo que me hace girar para ver al pelirrojo con un cigarrillo en los labios y parando la puerta que cerraba con su propia mano para abrirla un poco. "No me cierres fuera, por favor."

"Pensaba que no había nadie más." Afirmé. "Me acabo de levantar y como no oía ruidos…"

"El resto han salido." Afirma. "Y yo disfrutaba de un poco de silencio aquí fuera. ¿Qué tal estás esta mañana?" Me pregunta acercándose para posar sus labios en mi frente antes de separarse dejándome el pulso acelerado y sonreírme para volver a llevarse el cigarrillo a los labios. "Parece que por lo menos ya no tienes fiebre."

"Hoy me encuentro mucho mejor." Afirmo. "Y tengo hambre."

"Perfecto, hace tiempo que he desayunado, puedo acompañarte." Afirma sonriéndome de una forma que me hace notar algo dentro dando una última calada y remostando el resto con cuidado en la pared.

"Agradecería que no hicieses eso." Le dije indicándole con la mirada la mancha de ceniza en la pared. "Creo que hay algún cenicero por aquí."

"No, pero supongo que puedo encontrar algo." Me dijo. "¿Te gustan los huevos?"

"Sí, claro." Afirmo un poco descolocada.

"Perfecto, porque no sé hacer mucho más." Me dice sonriendo. "Será pues huevos revueltos y un poco de los tacos de carne que tienes en el frigorífico."

"Pero eso es demasiado para desayunar." Le dije.

"Vale, pues no diremos nada al resto." Me dijo como si bromeara. "Sartenes… sartenes… Ah, ya recuerdo. Aquí están… ¿a quién se le ocurriría ponerlas ahí abajo?"

"Me gusta el orden a mi manera." Le digo. "Están cerca del fogón y pongo los cazos arriba porque el hueco es mayor."

"Dicho así tiene algo de sentido." Afirma más bien para él antes de cogerse el pelo en una coleta con un hilo. "Bueno, vamos a ponernos. Hay que hacer un desayuno digno de una princesa."

"¿Por qué haces eso?"

"Vale, me has pillado, yo también tengo un poco de hambre. Y tú lo tienes peor." Me dice guiñándome un ojo. "Como sigas así adelgazando así no te va a querer ningún hombre." Afirmó comprobando que el aceite estaba caliente para echar los huevos y el jamón para comenzar a mezclarlos para hacer el revuelto.

"No, digo que por qué me llamas princesa." Le digo.

Entonces deja de remover sacando el revuelto a un plato y se gira para mirarme.

"¿Lo dices en serio?"

"Totalmente." Afirmo.

"Bueno, es evidente que eres una mujer." Me dice ofreciéndome la mano que miro con recelo antes de cogerla con precaución y que él me sujete para hacerme levantar y girar en el sitio antes de dejarme sentar. "Y no estás mal, te falta algo de pecho, pero tampoco está mal." Afirma para hacerme cubrir la parte aludida notando calor en las mejillas y haciéndole sonreír divertido. "Y eres demasiado recatada, en mi opinión, claro. Pero bueno, supongo que solo estás a medio florecer y cuando acabes de hacerlo sé que vas a ser preciosa."

"Insultas mi inteligencia." Le digo evitando mirarle. "No eres más que un vulgar… ligón. Todo palabras dulces y nada de…"

Entonces deja la cuchara de madera con que ha estado removiendo y me coge de la muñeca para levantarme y estamparme contra él, forzándome a levantar la cabeza y aprovechando mi sorpresa para besarme.

Podría haberle cruzado la cara, DEBERÍA haberle dado un tortazo, sin embargo… no pude. Tenía los ojos abiertos por la sorpresa y vi que los tenía cerrados, pero entonces los abrió mientras me tenía la cara cogida con cuidado y suavidad para guiarme y mirarme unos segundos antes de parar y separar sus labios de los míos.

"Hablas demasiado." Afirma sujetándome. "Y deberías controlar un poco ese genio tuyo. Te traerá problemas, si es que no te los da ya."

"Eres… eres un…" Le digo para que vuelva a besarme, esta vez con más pasión, tanto que me hace flaquear las piernas y al final es él quien casi tiene que sujetarme.

Y de nuevo para y me hace una caricia suave, me aparta el pelo tras la oreja mientras que con el otro brazo me sujeta. Entonces sonríe.

"Que sepas que no me importa lo más mínimo volver a hacerlo." Me dice suavemente mientras me mueve el pelo del otro lado. "Eres agradable, pero tienes un genio tan grande como tú."

Un demonio… es un maldito y condenado demonio con un envoltorio bonito.

(Salto espacio-temporal)

(Voz de Gojyo)

Mordiscos breves, poca cantidad de revuelvo y calma al comer.

No puedo evitar sonreír al ver el efecto que mi 'doma' ha causado en ella.

Pero entonces me doy cuenta.

¿Cómo es posible que esa misma chica sea capaz de alterarme así?

Las mujeres no me hacen salir la sonrisa, no me divierten tan tiernamente como ella, solo las niñas lo hacen, y ella no es una.

El primer impulso fue cerrarle la boca e impedir que me insultase con un beso, y lo había conseguido; la segunda fue también para hacerla callar, y para darle una lección de humildad, para mostrarle que debía controlar su genio de vez en cuando.

Pero había sido mucho más, oh sí.

Con esos besos había sentido más, demasiado 'más'.

Sus labios eran tiernos, dulces… llenos de inocencia, como los de una niña. No había habido malicia ni tampoco sensualidad en su beso, ni siquiera en el segundo que no podía haberle pillado tan de sorpresa. Y no había habido ni pizca de erotismo en sus labios, es más, me había parecido demasiado casta, y eso me divertía.

¿Cómo era posible que una chica de esa edad conservase aún esa… pureza en su interior?

"¿Está bueno?" Le pregunté.

"Sí, pero… no sabía que podías cocinar." Me dijo escamada.

"Sé lo justo para no morir de hambre." Afirmé. "Por lo demás, es preferible que se encargue Hakkai, es un gran cocinero, como ya habrás comprobado hasta ahora."

"Sí, pero… esto está bueno." Me dijo.

"Sin embargo comer poco." Le digo divertido. "Temía que no te gustase."

"No, es… estaba pensando." Me contestó. "¿A qué hora se fueron todos?"

"Hace ya un rato." Contesto sonriéndole. "Pero tardarán mucho. Igual no vuelven hasta la tarde. ¿Tanto te molesta mi compañía?"

"Depende." Afirma descolocándome puesto que esperaba un no rotundo.

"¿Depende?" Le digo. "¿Cómo que depende?. ¿De qué?"

"De si vas a volver a besarme sin previo aviso." Afirma desarmándome y mirándome de frente, como retándome. "No me gustan ese tipo de trucos."

"A mí tampoco que me insulten abiertamente." Le digo inclinándome un poco hacia delante para contestar a su reto antes de levantarme para darle la espalda y llevarlo al fregadero.

"Entonces intentaré no insultarte si es lo que quieres, siempre y cuando no me des motivos para ello." Me dijo haciéndome sonreír y aguantar la risa.

Sí, sin lugar a dudas iba a ser la dama más difícil y con más valor que nunca había conocido. Enfrentarse abiertamente con un hombre como yo… atreverse a lanzar un reto y no amedrentarse cuando se lo devolvía… realmente admirable. Y eso hacía que me dieran más ganas de hacerme con su cuerpo, de doblegar su espíritu y su genio y…

¿por qué no? Apuntar más alto, hacerla necesitarme tanto que hasta le doliese.