DISCLAIMER: Los personajes le Pertenecen a JK Rowling y a WB TM. Yo no lucro con ésta historia.
CAPÍTULO NUEVE
"Viejos secretos"
POR: TlalGalaxia
Casi se podían escuchar los latidos de sus corazones. Miraron a su alrededor y comprobaron que estaban en el pasillo que dividía las habitaciones de la mansión Black. Era extraño estar ahí, luego de tantos años de no poner pie ahí. Tiempo atrás, Harry le había regalado la propiedad a Teddy Lupin, su ahijado, pues consideraba que siendo de los últimos en la línea de los Black, se lo merecía más que nadie más (o por lo menos más que Draco Malfoy o su hijo). Claro que para el joven Teddy, esa enorme casa era demasiado para él, especialmente con el retrato de la señora Black que todavía no habían logrado descolgar a pesar del paso de los años o con Kreacher, quien se había quedado ahí por órdenes de Harry.
Hermione sabía que el silencio era vital en esa casa, sobre todo con Kreacher deambulando por ahí a media noche y la señora Black en el pasillo gritando "traidores de la sangre" a todo pulmón. Sigilosamente caminó en dirección al final del pasillo guiando a Harry con un jalón de su túnica. La madera debajo de sus pies rechinaba mucho más estrepitosamente ahora que el silencio de media noche había llegado. Ambos sabían que justo en ese día la casa estaba lejos de estar vacía. Con Sirius y su aire festivo había invitado a todos los Weasley para celebrar la navidad.
Al final del pasillo encontraron una escalinata que los llevaba al tercer piso. En esa época sabían que la habitación principal no estaba sola pero Harry condujo a Hermione dentro sin pensarlo demasiado.
Tan pronto cerraron la puerta detrás de sí, Bucbeack levantó la cabeza y miró desesperadamente alrededor como si supiera que había alguien más en la habitación. Harry sujetó a Hermione por el brazo y la condujo dentro de la habitación rodeando al hipogrifo. Se sentaron recargados contra la pared y observaron al animal regresar a su sueño casi al instante.
-Necesitamos…-susurró Hermione.
-Shh,- la silenció Harry de inmediato pasándole el brazo por los hombros,- necesitamos dormir… descansar de tres navidades continuas.
Harry abrió su capa y Hermione hizo lo mismo con la suya. Acomodaron ambas capas de tal manera que los dos quedaron cubiertos bajo el mismo manto de invisibilidad. Harry atrajo la cabeza de Hermione sobre su hombro y cerraron los ojos quedando dormidos tan pronto lo hicieron.
Definitivamente había sido un día muy largo per muy productivo al mismo tiempo. Habían logrado avanzar dos años y estaban cada vez más cerca de los suyos y sus familiares. Incluso Hermione, quien había sido atormentada por los recuerdos los pasados meses, dejó eso de lado debido al cansancio y disfrutó una de las pocas noches donde sus sueños no eran más que una enorme oscuridad donde se sentía flotar.
De no haber estado tan cansada lo habría recordado, habría podido evitarlo…
-Me dijiste que funcionaría.
-Te dije que lo intentaras y que posiblemente funcionaría.
-Pero no funciona, sigue sin hablar conmigo. A pesar de que ya le dije que yo le puedo ayudar… tuvimos que llamarte a ti para que entrara en razón.
-esto no se trata de ti o de mi Ginny, así que deja de quejarte de esa manera. Se trata de Harry y de sus temores.
-Ya sé,- suspiró la chica pelirroja desairada,- es solo que… he esperado demasiado. Y yo quiero ser… a veces quisiera ser tú ¿Sabes?
-¿Yo?- la chica del cabello castaño contempló a la pelirroja joven con las manos en jarras y una sonrisa irónica,- no sé qué es lo que imaginas que pasa cuando nos quedamos a solas, pero no tiene nada que ver con lo que tú quieres.
Un ruido ascendente distrajo a las chicas. Venía del piso inferior. Hermione, la Hermione mayor que estaba debajo del manto invisible giró la cara y vio a Harry mirando con seriedad a las chicas a través de la capa.
-Vamos,- agregó la mayor de las dos jóvenes,- creo que los chicos ya se han levantado.
Cuando la puerta se cerró detrás, Buckbeak levantó la cabeza como molesto y luego volvió a dormir. Era un poco temprano y seguro la gente apenas comenzaba a levantarse. Harry le hizo señas a Hermione y se pusieron de pie al mismo tiempo. Miraron por la ventana y la gente estaba en movimiento a pesar de la nieve para celebrar su día de navidad.
-Ven, nos vamos a Hogwarts,- susurró Hermione buscando su varita a toda prisa.
-No,- susurró Harry,- solo quiero… solo quiero verlo una vez más. Solo una vez más.
-¿A quién?
La pregunta se contestó por sí misma cuando la puerta se volvió a abrir. Ésta vez en lugar de las chicas, quien entró fue un hombre de casi cuarenta años y de pelo negro y largo hasta los hombros. Harry se quedó quieto, como en trance contemplándolo mientras acariciaba a Buckbeak y le daba unas cuantas ratas muertas de comer. Harry hizo ademán por estirar la mano pero Hermione lo detuvo, la sostuvo con la suya y luego lo abrazó contra sí. Lo sintió temblar entre sus brazos y de momento se sintió mal por haberse sentido culpable por la escena anterior cuando claramente lo que estaba pasando por la cabeza de Harry no tenía nada que ver con los líos de unas adolescentes.
Cuando Sirius salió minutos después silbando uno de sus villancicos, Hermione reincorporó el rostro de Harry usando sus manos para verlo a los ojos.
-Harry, tienes que componerte. Vamos, tenemos que ir a Hogwarts.
-No podemos desaparecer,- reaccionó Harry de pronto limpiándose las lágrimas con el dorso de la mano.
Hermione hizo una mueca de desagrado como de pronto recordando que Grimmauld Place tenía más hechizos de protección que el mismo ministerio de magia o Hogwarts. Pero pronto se serenó antes de volver a hablar en el mismo tono bajo de antes.
-Entonces debemos ser extremadamente cuidadosos en nuestro camino de salida… es Navidad, seguro que las visitas no tardan en llegar.
-No, espera… creo que… a ésta hora ya llegaron todos, pero en un par de horas nuestras versiones jóvenes irán a San Mungo a ver al señor Weasley ¿Recuerdas? Tal vez deberíamos esperar a ese momento. Mucha gente saldrá y seguro la puerta se queda abierta un rato para que podamos salir.
Hermione asintió pues sabía que el principal problema para salir de ahí era no solamente el activar el retrato de la señora Black, después de todo a veces se ponía a gritar por sí sola. Era más bien abrir la puerta y que alguien de adentro sospechara que algo había entrado o salido. Una simple acción como esa podía activar el pandemonio y cambiar el orden de las cosas. Y no es que Harry no hubiera pensado ya lo genial que eso hubiera sido…
Mientras esperaban sentados en el suelo lleno de paja, detectaron el aroma del pavo navideño que los habitantes de esa caza estaban almorzando y sintieron un fuerte jalón en el estómago. Habían pasado muchísimas horas desde su último alimento y escuchar las cucharas, cuchillos y tenedores golpear los platos durante el almuerzo había sido una inmensa tortura. Incluso Buckbeak se encontraba comiendo la ratas que Sirius le había dejado.
-Estaba pensando…- susurró Harry,- lo genial que hubiera sido que Teddy viniera con nosotros…
Hermione no tuvo qué preguntar las razones por las que Harry decía eso. Estaba segura que lo decía porque hacía unos instantes habían escuchado a Lupin con versar con el resto de las personas en el comedor. Sí, seguramente hubiera sido genial que ese chico que creció con su abuela, pudiera ver al menos una vez más a su padre. Entonces Hermione tocó el giratiempo en su bolsillo y miró a Harry con la mirada perdida.
-¿Y a ti, Harry? ¿No te dan ganas de ir hacia atrás en lugar de ir hacia adelante? Ir y ver a tus padres… hablar con ellos…
Una sonrisa insípida se dibujó en los labios de él.
-Habría sido una propuesta tentadora… hace veinte años. Pero yo hablé con mis padres ¿Recuerdas? Hablé con Sirius y Lupín. Y mira, ahora pude hablar con Dumbledore… creo que ahora, de alguna manera he logrado encontrar paz conmigo mismo con respecto a las personas que murieron. Es doloroso, Cedric, por ejemplo… fue doloroso verlo porque murió así nada más. Pero entonces lo vi en el baile con Cho y me di cuenta que ese pequeño instante, ese momento tan pequeño le dio toda la felicidad. Lo vi en sus ojos. Y entonces recordé lo mal que en su tiempo me hizo sentir que Cho lo hubiera elegido. Hoy pienso que es lo mejor que pudo hacer. Y pensar en eso me llena de fe, Hermione.
-¿Por qué?
-Porque me doy cuenta que las cosas que parecen muy malas en nuestro presente… un día en el futuro las miraremos con otros ojos y pensaremos "qué bueno que fue así". Hoy mismo estoy pensando "Qué bueno que tu giratiempo está defectuoso" porque así pude ver a Sirius… había tanto que había olvidado de él y eso no es justo. Sirius me dio tanto…
Hermione tomó la mano de Harry y le regaló una sonrisa.
-Tómalo como regalo de navidad.
Harry sonrió también a pesar de saber que había cierta ironía en las palabras de su vieja amiga. Él mejor que nadie sabía lo difícil que era para ella estar en el pasado. Justo la noche anterior le había dicho una de las cosas que le molestaban. Algo tan sencillo como su falta de tacto. Y claro, la manera en que la había tratado el año que ella había cargado el giratiempo.
-¿Y a ti no te ha pasado igual?- Quiso saber él,- ¿No has visto algo que te haga pensar de la misma manera?
Hermione guardó silencio. Sabía que había muchas cosas que no lamentaba de su pasado y que había otras que eventualmente había superado o que gracias a ellas habían obtenido buenas cosas. El problema era que hoy, a diferencias de Harry, no podía decir que daba gracias por ellas. Al contrario, a ella comenzaban a dolerle tanto como en aquel momento le habían dolido. Y esa conversación con Ginny solo un par de horas antes… ¿Es que nunca se iba a ir de sus recuerdos? Supo entonces que no tenía más remedio que recurrir a sus viejas costumbres. Sonrió para Harry y asintió.
-Tienes razón… a veces se me olvida las cosas buenas que obtuve. Tengo a Rose ¿No es así? A Rose y a Hugo.
-Y a Ron.
-Claro, claro… me refería a que los tengo a todos ellos.
-Y me tienes a mí.
La mano de Hermione tembló y el estómago le dio vueltas tras aquellas palabras. Hacía mucho que no se sentía así. Suponía que se debía a que ya llevaban mucho tiempo atrapados fuera de su tiempo.
-Vamos,- le dijo interrumpiendo ese momento incómodo,- creo que escuché a Mundungus llegar.
Se pusieron de pie y se colocaron cada quien su capa antes de abandonar la habitación.
-Adiós, Buckbeak,- susurró Harry antes de cerrar la puerta tras de sí y el hipogrifo levantó la cara una vez más antes de volver a echarse.
Tuvieron que esperar un buen rato en el pasillo. Colocándose en los rincones apretujadamente en lo que los Weasley salían uno a uno. La primera en salir fue Hermione en ese breve momento en el que la señora Weasley se hizo a un lado llamando a Ginny. Detrás de Ginny salió Harry justo en el momento en que la señora Weasley volvió a gritar el nombre de Bill.
Una vez afuera, Harry miró hacia atrás. Sirius y Lupin estaban en el recibidor agitando la mano en dirección al coche de Mundungus. Harry levantó la mano y la agitó también antes de caminar en dirección a la esquina que había acorado con Hermione. Una vez ahí giró a la derecha y la encontró recargada en el poste revisando su bolso.
-¿Todo bien?- dijo él para hacerle saber que estaba ahí, luego miró a los lados y procedió a quitarse la capa.
-Solo tengo diez libras… pero son del dos mil diez… no las podemos gastar.
-Pues tendremos que ir a Hogsmeade y caza algo en los alrededores… luego iremos a Hogwarts y saldremos de aquí.
Usaron una caseta telefónica y se aparecieron justo afuera de la casa embrujada. Harry no dejó pasar el tiempo y capturó un par de liebres en lo que Hermione volvía a poner todo en orden dentro de la casa. Todavía no estaban seguros si encontrarían a Dumbledore dentro del castillo y decidieron esperar un poco antes de aventurarse. Por lo menos comer bien, tomar un baño y descansar un poco en un lugar más cómo que el suelo de la casa Black.
-Lo mejor es que esperemos a la noche,- dijo Harry dándole una mordida a una pierna del conejo asado que habían cocinado en la chimenea,- lo bueno es que todavía no hay muchos alumnos en Hogwarts… lo malo es que desconozco la contraseña de la dirección.
-Podemos quedarnos en la sala de los menesteres.
-No podemos, éste año hicimos el ED. Está lleno de nosotros practicando hechizos.
Hermione asintió. Hizo una pequeña pausa y recordó algo de pronto.
-Estaba pensando en ir con el apotecario.
-¿Para qué? No nos quedaremos mucho tiempo aquí.
-Los señores Emrys fueron buenas personas, Harry… y bueno, quería ver cómo estaba la pequeña Kalynda. Además, no es buena idea entrar de noche por el pasadizo del árbol, tendríamos que ir a Honey Dukes para entrar por la estatua de la bruja tuerta y entrar directamente al castillo.
-En eso tienes razón…
Esa tarde justo ante de que el señor Dukes cerrara, decidieron ir juntos usando sus capas de invisibilidad. Esperaron un par de horas en el pasadizo hasta que sintieron que era lo suficientemente tarde. Cuando llegaron a la estatua de la bruja tuerta, comprobaron aliviados que en efecto Hogwarts estaba casi desértico. Caminaron en dirección a las escaleras y pronto se encontraron en el pasillo que los llevaría a la entrada de la dirección. Avanzar tantos años en tan pocos días era una enorme ventaja pero también podía ser muy confuso. Había pasado un año desde el baile de gala del torneo de los Tres Magos aunque para ellos eso hubiera sido la noche anterior y ahora Hogwarts parecía ser todo lo contrario a festivo gracias a la mano inquisidora de Dolores Umbridge.
Una vez frente a la entrada de la dirección, se plantaron junto a la estatua.
-¿Ahora qué?- susurró Hermione.
-Ahora esperamos.
Un jalón en sus entrañas la llevó de regreso a una tarde en los terrenos de Hogwarts. Ella tenía catorce años y Harry trece. Era el primer viaje con el giratiempo que hacían juntos. habían ido a salvar a Sirius, al mismo Sirius que habían vuelto a ver en Grimmauld Place y Harry le había hecho la misma pregunta "¿Y ahora qué?" y ella misma le había exactamente esa respuesta que había escuchado de labios de él ¿Es que acaso lo recordaba consciente o inconscientemente? Había muchas cosas, buenas y malas, que Hermione había atesorado dentro de sus memorias. A veces, cuando estaba sola… hacía uso del pensadero que había hecho una tarde de ocio. Se metía a sus recuerdos y observaba esos eventos que tanto añoraba ¿Cuántas veces no se había vuelto a sentar en ese recuerdo? En esas dos horas observando, intentando detectar algo en la mirada de su amigo. Y ese algo siempre había sido la respuesta que quería, sabía que había tomado siempre las decisiones correctas ¿Entonces por qué se veía forzada ahora a volver a caminar ese camino? ¿A vivir esa vida que había dejado atrás a la que solo había imaginado recurrir en recuerdos?
Se hizo de noche pero nadie entró ni salió. No creyeron que Dumbledore cenar en su propia habitación así que decidieron que lo mejor era abortar la misión. Estando adentro era más fácil salir al patio. Caminaron hacia el sauce boxeador y en menos de lo que canta un fénix ya estaban en la casa abandonada.
-¿Crees que Dumbledore está en Hogwarts?- quiso saber Hermione.
-Es difícil saber… pero si no está ahí debe ser por un motivo muy importante. Él sabía que vendríamos en ésta fecha ¿No es así?
-Tal vez deberíamos preguntar si está ahí.
-¿Y a quién podríamos preguntar? No podemos arriesgarnos a que nadie más nos reconozca…
-Bueno, Aberfoth está en Cabeza de Puerco. Puedes usar esas habilidades tan especiales tuyas de interrogatorio y disfraz para que te diga a donde ha ido y si volverá.
Hermione terminó de acomodar su cama y transfiguró sus ropas en algo más cómodo. Harry hizo lo mismo con su cama y sus ropas y se acostaron a dormir. Había sido demasiado bueno para ser verdad, eso de avanzar tan rápidamente. Que las cosas salieran bien a la primera no era el estilo de Harry.
-¡Kalynda!
La niña de cuatro años se escondió detrás de las faldas de su madre cuando vio a la gitana entrar a la tienda.
-¡Emily!- exclamó la esposa del apotecario,- creí que nunca te volvería a ver. Ha pasado mucho tiempo, querida.
-Hola, Delilah,- replicó Hermione sabiendo que se refería a ella,- disculpa, no quise asustar a la pequeña.
-Seguro no te reconoció… vamos, Kalynda ¿Recuerdas a Emily?
La niña salió de detrás de su madre y evaluó cautelosamente a la mujer que recién había llegado a la tienda. Todavía era muy pequeña, pero había sido mucho más pequeña cuando Hermione había trabajado en la tienda. Sin embargo, la pequeña dio un paso al frente y sacudió la cabecita haciendo volar sus pequeñas coletas rubias de un lado a otro.
-E-mi-ly.
Hermione sonrió y la niña extendió sus brazos al cielo para ser capturada por la adulta.
-No pensé que vendrías por acá en ésta época del año ¿Cómo les ha ido con las tormentas de nieve?
.-No muy mal… seguro nos las arreglaremos. El señor O'Rourke fue a Cabeza de Puerco a buscar trabajo de mesero o algo.
-Oh, querida. Podrían venir y ayudar en la tienda ¿Necesitan los ingredientes de la última vez?
Hermione negó con la cabeza.
-Solo comida. Tal vez ya es un poco tarde para nosotros...
Dalilah Emrys pareció un poco triste al escuchar la noticia de los O'Rourke renunciando a su sueño de tener bebés pero se contuvo de hacer alguna declaración que avergonzara a la mujer frente a ella. Cuando la tarde cayó, la familia la invitó a almorzar con ella y no pudo negarse principalmente porque recordaba lo difícil que había sido cazar las liebres con la nevada el día anterior. Además, el estofado olía bien y estaba segura que Harry se había quedado a trabajar en la taberna por un plato de comida.
-¿Qué averiguaste de Dumbledore?
-No está,- Harry estaba todavía sacudiendo la nieve de su capa cuando Hermione se acercó a recibirlo a la puerta,- le pedí a Aberfoth llevarme con su hermano para conseguir trabajo y me dijo que no estaba. Que se fue en un viaje muy importante y que no volverá hasta después de año nuevo cuando el curso escolar inicie.
-¿Crees que mentía?
-No, me parece que decía la verdad.
-Entonces hice bien al conseguir trabajo con los Emrys.
-Supongo.
Era un invierno demasiado frío y nevado. Hogsmeade y Hogwarts estaban muy al norte del país, así que era de esperarse que conforme se acercara enero, las temperaturas cayeran incluso más. En los siguientes días Hermione se dedicó a asistir a la familia de apotecarios y Harry trabajó de mesero en Cabeza de Puerco. Ambos usaban el disfraz de gitanos para no ser reconocidos y de pronto les era útil estar en el pueblo para averiguar cuando es que Dumbledore regresaba. Además, los trabajos no estaban mal, a Hermione a veces le pedían encargarse solo de la pequeña Kalynda a quien, sospechaba, su madre gustaba de dejarla con ella motivada más por lástima que por necesidad. Hermione muchas veces se sintió mal por haber engañado a la pareja con esa mentira de no poder tener niños, pero en esos días, estar con la pequeña era lo único que la alejaba de pensar en Rose y en el tren cobrando llamas.
En lo que respectaba a la relación de Harry y Hermione, las cosas se habían vuelto un tanto extrañas desde que habían vuelto de la mansión Black. Hermione, por un lado, intentaba inútilmente deshacerse de los recuerdos indeseables que ese particular año le traía mientras que Harry, por el otro, había estado actuando de manera incómoda y eso le daba la paranoia a Hermione ¿Lo hacía por lo que le había dicho del baile? ¿Lo hacía porque ella había estado deprimida? ¿Por los niños? ¿Porque Sirius, Snape y Dmbledore estaban más presentes ese año?
Parte de la respuesta llegó sin ser pedida en la noche vieja mientras esperaban al año nuevo bebiendo una taza de té y hablando de lo primero que les venía a la cabeza.
-¿Desde cuándo le dabas consejos a Ginny sobre cómo conquistarme?
Hermione casi se asfixia con el trago de té y Harry tuvo que darle unas palmaditas en la espalda para ayudarla.
-¿A qué te refieres?- dijo a duras penas entre sus tosidos.
-Vamos, Hermione. Ambos estábamos ahí. Y tú estabas ahí dos veces, así que no me digas que no sabes a lo que me refiero.
-No le des mucha importancia,- sonrió ella intentando sonar despreocupada,- no es como lo imaginas.
-¿Y cómo lo imagino?
-Me imaginas trazando un plan para que Ginny te pusiera a sus pies.
Harry rió melodiosamente. Sí, básicamente eso era lo que se había imaginado.
-No estás en problemas, solo dime cómo pasó.
-Si de verdad debes saber…- suspiró ella antes de darle un sorbo a su taza que sujetaba con ambas manos pues carecía de aza,- simplemente se me salió. Cuando era más joven no le tenía mucha paciencia a Ginny. Cada que me buscaba solo hablaba de ti o me preguntaba por ti así que yo le daba respuestas rápidas a sus asuntos para que me dejara en paz.
-Descríbelo, describe la escena…
Había un aire de complicidad o travesura en el tono de Harry. A Hermione le parecía de pronto que era su manera de sentirse más cerca de su esposa y no podía culparlo. Estaban en una época en la que él no tenía ojos para ella. En la que sus suspiros tenían otro nombre y otra cara. Por supuesto que se preguntaba cómo había ocurrido el otro lado de la historia, el lado de Ginny. Hermione sintió un tirón en sus adentros al pensar que era eso de lo que se trataba.
-Bueno, por mucho tiempo se acercó a mí para pedirme consejos con respecto a ti. Pero en éste año… bueno, tú estabas interesado en Cho Chang y ella comenzó a desesperarse. Se dio cuenta que salías con ella o que querías hacerlo y se sintió desesperada. En aquel entonces tú estabas teniendo esas pesadillas horribles y además teníamos el problema con Umbridge y los exámenes. Así que éste día, cuando estaba investigando el hechizo que le dio el acné a Marietta, me insistió bastante ¿Qué te puedo decir? Estaba ocupada y solo le solté la frase "deberías empezar a hablarle, para variar. Demostrarle que ya lo has superado, a los chicos no les gustan las chicas necesitadas".
-Eso fue cruel.
-¿Lo fue?- inquirió ella arqueando una ceja.
Hermione bien había omitido la parte donde Ginny siempre venía y le decía cosas como "¿Notaste cómo me miró? Su mano rozó la mía. Tal vez sí le gusto de manera inconsciente". Y toda esa sarta de comentarios molestos.
-Bueno, es solo que… me es difícil imaginarla como la describes. Además, me desconcierta… eres mi mejor amiga y nunca me lo dijiste.
-Hay muchas cosas que no te digo, Harry… y otras simplemente no pueden decirse. Además ¿Qué es lo que te preocupa en esa historia? Ginny sigue siendo la misma persona que antes de contártelo.
Harry asintió desconcertado. No sabía qué conjeturas permitirse. Sonaba extraño pensar en Ginny así. En la niña que lo adoró tan pronto lo vio en el andén. Claro, recordaba la niña que se quedaba muda cuando él entraba en la habitación y en todos esos años en que solo fue "la hermana de Ron". Pero luego de una vida juntos, se había creado otra imagen de ella. La campeona de Quidditch, la novia cariñosa, la gran madre, la no tan buena cocinera. No quedaba mucho espacio en sus conceptos para la niña desesperada por llamar la atención de un chico.
- ¿Y qué hay del Quidditch? ¿Le aconsejaste que se uniera al equipo de Quidditch?
Hermione balanceó su taza nerviosamente de un lado a otro con sus dedos.
-Le sugerí buscar puntos en común.
Harry asintió, posiblemente pensando que Hermione le había pedido a Ginny encontrar algo en lo que fuera parecida a Harry. Lo que él no sabía era que desde el tercer año de la niña, Hermione le había contado a Ginny lo mucho que Harry disfrutaba el Quidditch y que desde esas vacaciones se había puesto a entrenar en casa cuando nadie la veía. Para Hermione eso había sido un indicio de tenacidad y la prueba que ella necesitaba para darse cuenta que Ginny se había ganado a Harry a pulso.
-¿Y Dean Thomas? ¿Idea tuya también?
-No le dije que saliera con Dean.
-Tramposa,- rió Harry apuntándola con el dedo índice,- pero le dijiste que saliera con alguien más.
-Celos en el último recurso,- suspiró ella,- solo así podía saber. Sin funcionaba… y bueno, funcionó.
-¿Lo ves? Es lo que te decía el otro día… acerca de las cosas que una vez nos hicieron mal y ahora las veíamos como un mal necesario. Seguro Ginny se daría cuenta de ello si estuviera aquí.
-Tal vez debí darle el giratiempo a ella. Por lo menos así estarían juntos y eso resolvería la mitad de tus problemas.
-¿La mitad de mis problemas? ¿Eso qué quiere decir?
-La extrañas ¿No es así? Tal vez habría sido mejor que ella hubiera venido contigo y yo me hubiera quedado con Ron.
-Bueno, no es la primera vez que las coas debieron ser así.
Si había algo que Hermione no era, era ser idiota. La referencia de Harry a esa situación del pasado le llegó como un dardo envenenado. Hablaba del tiempo que habían pasado juntos en el bosque de Dean. Incapaz de medir sus reacciones o de acomodar sus sentimientos antes de actuar, Hermione se puso de pie y se fue a la cama dejando su taza de té detrás de sí. Harry detectó el error casi de inmediato.
-No es lo que quise decir,- renegó yendo detrás de ella.
Estaba de pie frente a la cama de Hermione pero ella simplemente se dio vuelta dándole la espalda.
-Además, tú misma lo dijiste. Hubieras preferido estar con Ron ¿No es así?
-¡Por supuesto que no!- exclamó ella reincorporándose,- tú me necesitabas más que Ron, tomaría esa decisión mil veces si volviera a vivirla ¿Cómo puedes siquiera minimizarlo de tal manera?
-¡Y yo te elegiría mil veces si tuviera que volver a vivirlo!- replicó él en un tono molesto,- ¿Crees que puedo simplemente reemplazarte? No es así y no es eso lo que quise decir. Pero has sido tú quien empezó a hablar de estar con otras personas en lugar de estar atrapados en uno con el otro y ¿Qué quieres que piense? Sé que extrañas a Ron y que con eso se resuelve la otra mitad de tus problemas. Ahora solo necesito que me digas qué es lo que en verdad te está molestando para dejar de hacerlo. No tenemos tiempo para discutir por todas esas cosas que te molestan del pasado Hermione ¿Por qué no puedes simplemente dejarlas en donde están? Mírame a mí, tengo que ver a todas esas personas que amé en mi pasado, las veo hablar y sé que si me acerco a ellas, me responderán y sin embargo aquí estoy. Intentando todos los días encontrar la fuerza para ponerme de pie y seguir adelante.
Hermione estaba de rodillas sobre su cama, Harry estaba frente a ella mirándola a los ojos.
-Lo siento,- susurró ella recibiéndolo en un abrazo,- es solo que…
-Shhh, está bien,- Harry intentó sonreír mientras la abrazaba pero por alguna extraña razón no pudo. Miró su reloj de pulsera y notó que era media noche-Feliz año nuevo
-Feliz año nuevo,- replicó ella,- por veinticinco años de amistad.
Harry arqueó la ceja y se apartó de ella mirándola al rostro.
-¿Te he soportado tantos años?
La expresión de Harry al decirlo era graciosa Hermione asintió con una amplia sonrisa dibujada en el rostro y Harry volvió a abrazarla.
Sin querer, le había dado a Harry otro motivo para agradecerle, le había dado a Ginny, o por lo menos eso era lo que él estaba pensando. Sabía que tenía que sentirse feliz porque él. Pero no podía, ese año, en ese momento simplemente no podía sentirse feliz. Por fin habían llegado ahí, estaban en esa época que conforme avanzaban hacia el futuro, le revolvía el estómago. Se había visto a sí misma hablando con Ginny, sintiendo remordimiento y a Harry entendiendo mal las cosas. Una vez más entendiendo mal las cosas. Cuando se apartó de él estaba llorando y Harry pensó que era una sentimental. Le sujetó de las mejillas y le plantó un tierno beso en la punta de los labios ocasionándole un hormigueo incontrolable.
Luego de eso, Harry se fue a dormir pero ella se quedó ahí como congelada unos instantes más. Intentando en vano controlar el girar de su estómago. Se fue a dormir preguntándose por qué si había días como esos, momentos como esos, Harry nunca había visto nada raro… no quería ser como Ginny en su adolescencia, percibiendo cosas que no estaban ahí. Aunque no estaba segura si eso no era más que sus ganas de que así fuera. Tantos años ocultándolo, por fin lo había olvidado. Y ahora, justo ahora moría por gritarlo, por decírselo de una buena vez ¿Pero qué caso tendría?
No se volvió a hablar del tema.
Dumbledore no volvió al castillo hasta mediados de enero. Para entonces, las clases habían vuelto a la normalidad en el castillo y era mucho más complicado colarse en Hogwarts debido a las leyes inquisidoras de Umbridge y a que el ministerio estaba vuelto loco.
-Si no tenemos cuidado, podemos toparnos con nosotros mismos en Hogsmeade,- advirtió Harry.
-No te preocupes, no hay excursión hasta febrero.
Pero enero se empezaba a convertir peligrosamente en febrero y para entonces parecía no haber manera de entrar al castillo.
-Debemos buscar la manera de hablar con Dumbledore. A como de lugar antes de que… antes de que parta de Hogwarts.
Harry asintió. Por supuesto que recordaba que Dumbledore partiría de Hogwarts en cualquier momento.
-Podemos mandar un patronus.
-No podemos arriesgarnos a que tu versión de quince años vea el patronus, Harry. Es idéntico a como ha sido siepre.
-Entonces manda el tuyo.
-Para este momento yo conozco mi patronus también.
-Entonces lo mandamos de noche, cuando los alumnos se duerman.
-¿Y si lo ve Umbridge? No podemos arriesgarnos a que conozca el método de comunicación de la Orden del Fénix.
-¡Entonces nos quedamos aquí y nos volvemos viejos esperando los siguientes veinte años!
Hermione arqueó una ceja y Harry se disculpó al instante.
-No podemos perder la cabeza, Harry. Estoy haciendo lo que me dijiste, todos los días debo recordar mantener juntas mis piezas para no estallar. Así que deja de rendirte de esa manera y ayúdame a encontrar una solución.
Harry estaba del otro lado de la mesa. Los platos yacían sucios sobre la misma luego del estofado de pescado que acababan de cenar. Se reclinó sobre el respaldo de su silla y miró el techo con los brazos cruzados sobre el pecho.
-Le pediré a Aberforth hablar con Dumbledore.
-¿Bajo qué excusa?
Harry suspiró exasperado revolviendo su cabello aún más de lo que normalmente estaba.
-Le diré… le diré que tengo información de la piedra de resurrección.
Hermione inclinó la cabeza al suelo. Estaba considerando la posibilidad de que eso funcionara y no encontró manera de refutar el plan. Entonces asintió en silencio.
Estaba decidido , Harry pediría hablar con Albus Dumbledore por medio de su hermano. Hermione estaba convencida que una vez que resolvieran avanzar un año más, iría poco a poco dejando atrás todas aquellas cosas que había resurgido las festividades pasadas. Se olvidaría tal vez una vez más de una vez por todas de la adivina del callejón y de los chicos a quien miró a los ojos en busca de esa profecía. De los sapos que besó en el camino y de aquel que se le escapó antes de poder escribir la historia. De ese año que le recordaba la última vez que había guardado la esperanza.
Y de no haber estado tan absorta entre tantas lamentaciones y preocupaciones, habría estado alerta para prevenir lo que estaba por ocurrir ese catorce de febrero.
-¿Reliquias de la muerte? Esa es una leyenda, joven hombre. Deja de desvariar y ponte a limpiar las mesas, que hoy tendremos mucha clientela.
-Solo dígale a su hermano ¿Está bien? Dígale que es urgente
Aberforth refunfuñó antes de entrar a la parte trasera del bar y Harry se acercó a una de las mesas desocupadas para limpiarla. Era un día particularmente agitado, seguro era una excursión escolar.
-¡Viene con ella!
-¿Qué quiere que haga?
-Ve ahí, distráelo, seguro te hace más caso que a ella.
-Ginny, no puedo.
- ¿Acaso prefieres que se quede con ella?
- Prefiero lo que sea que sea bueno para él, lo que él decida está bien.
Harry giró la cabeza y comprobó sin sorprenderse demasiado que eran Hermione y Ginny.
-A veces me parece que no me quieres ayudar.
-¿Qué se supone que quiere decir eso?
- Que estás intentando hacer que Harry te de toda su atención.
- No seas tonta, no necesito hacer eso. Harry es mi amigo y ya tengo su atención.
- Pero no el tipo de atención que quisieras.
Cuando la pelirroja salió por la puerta con indignación, Harry volvió la mirada en dirección a la castaña que se había quedado. Se mordía el labio inferior como si estuviera a punto de hacer algo peligroso. Jugueteaba los dedos sobre la mesa y su respiración era agitada. Estaba visiblemente molesta. Y la conocía lo suficiente para saber que estaba a punto de llorar.
La presencia de su amiga en la entrada del bar con esa expresión de preocupación le comprobó lo que suponía. Y si algo no era Harry, luego de todos esos años de conocer a Hermione, era un tonto.
-Tenemos que hablar,- le dijo jalándolo de la túnica hacia afuera.- ¿Escuchaste…?
-Cada palabra.
-No es lo que…
-Hablaremos ésta noche, ahora vuelve a tu trabajo, yo no puedo perder el mío. Creo que Aberforth por fin le pedirá a Dumbledore venir acá.
Hermione trabajó con los apotecarios el resto del día preguntándose lo que Harry había asumido tras haber escuchado lo que había escuchado y qué era exactamente lo que había escuchado. Había logrado detectar, en ese breve instante en que lo había visto que estaba confundido. Que lo que había escuchado no le había gustado pero que no había tomado una decisión final al respecto. Pensó que si se ponía manos a la obra, tal vez podría acomodar las cosas de tal manera en que ella podría salir mejor parada del asunto.
-Primero que nada necesito que me digas la verdad, Hermione.
-¡Por supuesto! Verás, yo…
-¿Sabotearon tú y Ginny a Cho?
-No, Harry… no se trató de sabotear. Era simplemente que tenías que darte cuenta que Cho no era la indicada.
-¿De acuerdo a quién? El único motivo por el que terminé con Cho es porque no le agradabas, porque no toleraba nuestra amistad. No quise que me pusiera a elegir entre tú y ella pero ahora resulta que tú tampoco lo pusiste fácil. Que lo hiciste a propósito, la molestaste a posta.
-No, Harry, no fue así.
-¿Entonces cómo fue?
Hermione seguía de pie del otro lado de la mesa. Harry apenas había entrado a la casa cuando se había abalanzado a iniciar la discusión casi a grito pelado. Ella estaba teniendo problemas para expulsar las palabras de su pecho. No podía hablar de más por miedo a que descubriera más de lo que en realidad había asumido.
-No quiero decirte nada que haga quedar en mal a Ginny…
-¡No me importa! ¡Dilo de una vez!
-No seas injusto, Harry. Sabes muy bien que ella sola encontró los motivos para molestarse contigo. Y si tanto te molesta, si tanto la querías, debías haberla elegido a ella en lugar de a mí. Nada te costaba, siempre lo has hecho de todas formas.
Harry se quedó mudo, Hermione se cubrió la boca como si acabara de decir una blasfemia.
-¿De qué estás hablando?
-Olvídalo, Harry. ¿Y sabes qué? Tomo la culpa de todo ¿Te parece?
Hermione quiso rodear la mesa y salir de la casa, se sentía asfixiada tras el curso que había tomado la conversación pero Harry la sujetó de la muñeca deteniéndola.
-No, no me parece. Y ahora mismo me vas a explicar eso que dijiste. ¿A quién he elegido por sobre ti?
-A nadie.
-Claro que sí, hay alguien. Es algo que te ha estado molestando desde que volvimos y que no quise creer cuando me dijiste lo de la adivina del callejón. Ni tampoco lo quise pensar cuando vi a Ginny reclamarte lo de tus consejos en Grimmauld Place. Vamos, casi estuve seguro ahora que escuché su conversación en Cabeza de Puerco, pero no puedo seguir pasándolo por alto así que dímelo de una buena vez ¿Fui yo…? ¿Fui yo alguna vez en tu cabeza… la persona a quien creías que se refería la adivina del callejón?
Hermione se deshizo de él sacudiendo la mano y se alejó bañada en llanto. Sabía que no podría huir de él por mucho tiempo y que no tenía caso que lo hiciera. Así que se sentó en la orilla de la cama y hundió el rostro en sus manos intentando con eso cubrir la vergüenza de que Harry se hubiera enterado de algo como eso.
-¿Qué caso tiene que lo sepas? Ha pasado mucho tiempo ya…
-Solo dímelo… explícame, Hermione, sobre todo eres mi amiga. Cuéntame.
Para cuando decía eso ya estaba sentado a su lado, acariciando su cabello. Toda la situación era extraña para él. Imposible en todas sus formas. Muy en el fondo esperaba despertarse al siguiente día sabiendo que solo había sido un sueño.
-¿Qué quieres que te diga?
Ella se negaba a mirarlo a la cara. Su vista estaba concentrada en la pared frente a ambos.
-¿En qué momento? Dime, el momento en que asociaste lo de la adivina conmigo.
Hermione se mordió los labios. Sabía que no había nada que pudiera decir para empeorar las cosas. En dado caso lo peor que podía pasar era alivianar su conciencia y tal vez aminorar el peso que ahora visiblemente estaba sobre los hombros de Harry.
-Cuando estábamos en cuarto año.
-¿Por lo que me dijiste del baile? ¿Porque no te vi como una chica?
-No, eso solo debió ser el principio pero tal vez fui inducida. Las publicaciones de Rita Skeeter, las insinuaciones de mis compañeras de clase. Y luego… luego desapareciste en el laberinto durante la prueba final del torneo. Creo que ahí me di cuenta, ahí lo supe de verdad. Pensé que te perdería y el tiempo que duraste desaparecido, no pude pensar en otra cosa salvo en lo horrible que eso sería.
Harry tomó un hondo respiro y miró la misma pared que Hermione había estado observando mientras hablaba.
-¿Y cuándo cambiaste de opinión?
Ella sintió sus manos temblando incontrolablemente así que comenzó a jugar con ellas para apaciguarse.
-Después de lo que pasó en el ministerio de magia.
-Eso es un largo tiempo ¿Por qué no me lo dijiste?
-Lo intenté. No podía simplemente decirlo e intenté dejarte indicios. Estar siempre contigo, apoyarte en todo…
-Pero eso hacen los amigos.
Hermione apretó los labios, luego se giró para mirarlo a los ojos.
-No todos los amigos, Harry. Pero supongo que tú y yo reinventamos una nueva forma de amistad.
Harry se puso de pie dando un hondo suspiro, no sabía qué pensar, mucho menos sabía qué decir. Su amiga estaba ahí sentada desnudando su alma y él no podía articular frase alguna que creyera valiera la pena decirse.
-Tenías razón, no sé qué caso tiene saber esto ahora. No puedo siquiera… no puedo siquiera imaginarlo. y me siento un poco engañado. Creía que habías hecho las cosas por mí porque era tu amigo y no por porque… porque estuvieras enamorada de mí.
-¿Y cuál es la diferencia, Harry? Yo mucho tiempo creí que hacías las cosas por mí porque me amabas y no porque solo me veías como tu amiga.
-Lo siento.
Dicho eso, Harry la abrazó.
-No lo sientas, como dijiste… saber que no sentías por mí lo mismo que yo, me hizo darle la oportunidad a Ron. Y mira, eso resultó bastante bien. Así que yo también tengo mis cosas que en su momento dolieron mucho pero que fueron necesarias.
Harry se apartó pero aun así sujetó las manos de su amiga.
-Ojala lo hubiera sabido en aquel entonces,- sonrió él limpiándole las lágrimas que ya habían dejado de brotar.
-¿Y eso de qué habría servido?
-No lo sé… solo creo que hubiera estado bien que me hubieras dado la oportunidad de elegir…
Hermione no supo qué responder a esa teoría. En su momento no le había parecido una posibilidad porque arriesgarse sin estar segura de algo nunca había sido su estilo. Las pocas veces que había considerado decirle que lo amaba, que ella era la chica de sus sueños disfrazada de su mejor amiga, que solo ella cuidaría de él y lo entendería… todas esas frases, esas palabras que tenía listas para decir en su momento parecían poco probables a ser rebeladas. Además, a él le gustaba otro tipo de chica. A él le gustaba Cho Chang y eso de jugar al Quidditch o ser ridículamente femenina y bonita no se le daba ni de chiste. Ya luego le gustó Ginny y tuvo que resignarse a saber que no tenía oportunidad con él ¿Qué caso tenía decirle lo que sentía? Solo iba a crear incomodidad.
Sin embargo esa noche, luego de mucho tiempo, sintió un gran alivio que la permitió dormir profundamente por primera vez desde que habían llegado ahí.
Albus Dumbledore se presentó al día siguiente al bar Cabeza de puerco, cuando el aciano pudo adivinar que el gitano no era otro que Harry, se apresuró a hablar con él en la parte trasera del bar.
-No puedo quitarle plumas a Fawkes, Harry. En momentos como éste, no puedo prescindir de él. La Orden lo necesita.
-Pero profesor, el giratiempo no funcionará sin una pluma de Fawkes.
-Harry… creo que tus arenas del tiempo funcionarían perfectamente con la pluma de cualquier Fénix ¿No es así?
Harry observó al director. Todas las preguntas eran evidentes en su rostro pero decidió que era mejor lanzar la suya antes de que el anciano lo hiciera.
-¿Me puede decir cómo puedo encontrar un Fénix?
-Sí podría, pero seguro Hermione ya lo sabe.
Harry asintió y se despidió del director. No quiso darle tiempo a la tentación de preguntarle algo que no podía contestar. O de revelar con la mirada algo que no debía.
-Harry ¿Qué?
-Nos vamos, cariño.
-¡Señor, O'Rourke!
-Lo siento, señora Emrys… la caravana ya se va.
-Esperen, les doy algo de comida.
-Así está bien Dalilah, debemos apresurarnos.
Hermione se giró para ver a los Emrys y se despidió agitando la mano.
-Ten más cuidado, Hermione. Hace un momento me llamaste Harry frente a ellos.
-No creo que se dieran cuenta. Creo que estaban tan sorprendidos como yo al verte entrar de esa manera tan agresiva. ¿Conseguiste la pluma?
-No, necesitamos ir a buscar otro fénix.
Por fin he terminado. Disculpen la tardanza pero como ven es un capítulo mucho más largo que cualquiera de los anteriores. Ojala les haya gustado. Y en un rato cuelgo respuestas en la página de mi journal (TlalGalaxia en livejournal), muchas gracias por dejarlos! No por nada me apuro a seguir adelante. Las crónicas tiene muy buenos lectores y se que por eso no se olvidarán de dejarme el review, a que no? =)
TLAL
