CAPITULO 8: ENTRENAMIENTOS Y AGRADECIMIENTOS.
(Voz de Gojyo)
"¿Por qué coño…?" Murmura la chica junto a mí cuando la veo abrir los ojos apenas unas rendijas. "Ya no estoy enferma."
"No te he hecho nada." Le digo divertido por dentro ante su negación a dejarme estar allí. "No me he movido de este lado."
"No quiero que duermas aquí." Me dice revolviéndose para darme la espalda estirándose. "Que sea la última vez."
"Oh, venga, esta cama es muy grande para ti sola." Le digo divertido. "Es el último hueco libre, y antes de que lo sugieras siquiera, el mono ronca que no veas, además, se mueve mucho y pega patadas en sueños."
"Vete a la mierda." Me dice levantándose por fin de la cama.
Ya han pasado tres semanas más, las cosas están comenzando a ser rutinarias. Tenemos la misma discursión cada mañana y yo sigo acudiendo a mi mismo rincón de cama cada noche. Duermo unas horas y el resto del tiempo la vigilo.
Conozco todas sus rutinas, todos sus horarios. Por las mañanas va a sus clases en aquel sitio llamado universidad, yo la acompaño a clase y hasta estoy en la maldita lista.
Por las tardes las pasa entre clases el primer día de la semana y entrenamientos el segundo y cuarto a eso de las 7 de la noche.
Nosotros les entrenamos hasta que su profesor vuelta y la verdad, nadie tiene quejas de nuestros métodos. El grupo está dividido entre nuestros estilos, y ella… ella está en mi grupo.
(Salto espacio-temporal)
"Ese brazo está demasiado bajo." Le digo a Lili para modificarle la postura.
"¿Por qué estoy en este grupo?" Me dice. "No te aguanto."
"Goku es el mono, y Hakkai el caballo." Le digo. "El resto estáis conmigo."
"El resto somos solo Juancho y yo." Me dice. "Y a él no le haces correcciones."
"Porque él lo hace bien." Le digo dándole un toque en el trasero con el palo de colores y plástico que nos han hecho usar. "Ese trasero más metido, y el brazo más alto."
"Por qué no te vas un ratito a la mierda." Me dice entre dientes.
"Vamos, sé que puedes hacerlo mejor." Le dijo dándole un toque al chico en el puño para que lo bajase un poco. "Veinte más y comenzamos a practicar."
La verdad es que era un poco raro, esa chica era totalmente cabezota. No tenía fuerza y su preparación física era un poco normal, pero aún así insistía en hacer aquello.
"Lentamente." Les dije. "A ver cómo os defendéis."
Era evidente que iba a ganar él, pero tengo que reconocer que ella no lo hacía tan mal.
"Vale, a ver, Lily." Le dije. "Tienes que ser más rápida, así no me extraña que tu compañero te gane siempre."
"Por si no te has dado cuenta, Juancho es más fuerte y lleva más tiempo que yo." Me dijo ella.
"Ya, y el mono es el más fuerte de los cuatro." Afirmé. "Hay técnicas para hacerlo. Basta con aprovechar tus dones."
"Ya, claro." Me dijo.
"Intenta proyectar tu peso cuando le des un golpe, y no encajes golpes, intenta esquivarlos." Le dije. "Otra vez."
Era realmente terrible, era como ver a un aprendiz jugar con un crío. Sin embargo…
"Eso es." Le dije cuando consiguió darle un golpe suave en la rodilla de su compañero y este perdió el equilibrio unos segundos. "Ahora dale en el pecho, para que se caiga. Y ahora dale en la cara."
"No voy a darle en la cara." Me dijo.
"Si fuese un atacante…"
"Entonces, igual." Afirmó.
"Gojyo, vale ya." Me dijo Hakkai sorprendiéndome al ponerme la mano en el hombro desde atrás. "Aprenden a defenderse, no a atacar."
"La mejor defensa es un buen ataque." Afirmé.
"No voy a darle fuerte a un compañero." Dijo Lily.
"Sí, no queremos hacernos daño." Le apoyó su compañero.
"Vale, pegarme a mí." Les dije. "Supongo que así lo tendréis más fácil, no pienso dejarme dar."
"Eso es una opción." Dijo Hakkai sonriendo y dándome a entender que me había vuelto a equivocar pero al menos no era tan malo.
"¿Quién es el primero?" Dije.
"Son educada y le dejo a Juancho." Dijo Lily.
"Vale, pues yo primero." Dijo el chico. "Intentaré no pasarme."
"Dame con fuerza, no voy a dejarte que me aciertes." Le dije. "Pero al minuto cambiáis."
Era divertido, era como jugar con niños, estuvo cerca de darme un par de veces, pero su ataque dejaba bastante de desear.
"Minuto." Dije. "Lily."
"Ya verás, a este me lo cargo yo." Dijo ella dando una palmada con el chico para cambiar posiciones y que él mirase y ella entrase a pelear.
"Para poder tocarme te hace falta años de entrenamiento." Afirmé divertido.
"Ya veremos." Me dijo. "No pienso tirar la toalla."
"Sí… propio de ti." Afirmé bromeando. "Cabezota como nadie. ¿De dónde sacas esa determinación?"
"Es divertido." Afirmó ella parándome el brazo haciendo unas tijeras con los brazos para darme un buen golpe con el empeine en el costado. "¿Cómo era lo que decías de que no te rozaba ni en años?"
"Vaya, muy bueno." Le dije frotándome el toque que me había hecho.
"Qué buena. ¿De dónde lo has sacado?" Le dijo el chico.
"Hakkai." Afirmó ella sonriendo y saludarle. "Me dijo que si inmovilizaba los brazos no se esperarían una patada, y Goku me enseñó a derribar una escoba de su soporte, me costó unos cuantos moratones, pro al final la tiré."
"Pero bajas la guardia a la primera." Le dije dándole un pequeño empujoncito para tirarla sin esfuerzo y sujetarla antes de que se golpease. "Lección segunda, no permitas que nada te distraiga. Pasó tu minuto, siguiente."
(Salto espacio-temporal)
"Auch… me duele hasta las pestañas." Se quejó Lily mientras recogíamos la mesa.
"¿Quieres otro poco de hielo?" Le dijo Goku preocupado desde la puerta de la cocina.
"Te dije que no deberías haberles dado." Me dijo Hakkai fregando.
"Lo siento mucho, es que ni se ha apartado." Les dije. "Y encima me ha dado."
"Nosotros no damos fuerte." Me dijo ella. "Y lo tuyo aún duele."
"Será mejor que te vayas a la cama ya." Le dijo Hakkai. "Luego me pasaré por si quieres un masaje."
"Lo agradezco, pero no soy tan blandita." Afirmó ella dejando el trapo junto al fregadero tras limpiar la mesa. "Ya se pasará. En fin, buenas noches."
"Buenas noches." Le dijimos.
"Te has pasado." Me dijo Goku cuando oímos que se metía en su cuarto. "Le has pegado."
"Es que no lo esquivó." Le dije.
"Sí, y por eso te alcanzó a ti." Me dijo Hakkai. "Pero aún así, no quita para que le hayas dado un poco fuerte y le hayas hecho daño."
"¿Y te crees que me gusta pegarle a una chica?" Le dije. "Para empezar, no creo que sea buena idea que juegue a eso."
"A mí si me lo parece." Afirmó Hakkai. "Es bueno que quiera protegerse sola."
"Sí, para que la marquen la piel." Les dije. "Y por cierto, es preciosa. Hidratada, suave… y con ese olor a…"
"Por una vez, déjala en paz." Me dijo señalándome acusadoramente con un dedo. "Me parece que no es de las que suelen estar contigo."
"Eh, es una mala bestia, sin pizca de feminidad." Le dije. "¿Has visto cómo duerme? Ni Goku se pone pijamas de conejitos y tan anchos. Pero es nuestra compañera por ahora así que… además, es dulce, a su manera, y me divierte cómo se enfada conmigo por cualquier tontería."
"Eh." Me dijo Goku. "No la molestes."
"Dime Hakkai." Le dije pasando de Goku. "¿Un masaje ayudaría a que le doliese menos?"
"Probablemente." Me dijo. "Al menos ayudaría a que no le quedasen moratones mañana, o al menos que le quedasen más suaves."
"Vale, eso es todo lo que necesitaba saber." Afirmé viendo una nueva posibilidad. "Si no me necesitas para nada más, voy al lavabo."
Y claro que iba al baño, pero para ir luego a la habitación y hacer algo con aquella chica tan curiosa.
Llamé suavemente a la puerta y como no me contestó, entré. Como siempre, estaba con un cuaderno en las manos y leyéndolo mientras cerraba de vez en cuando los ojos para repetir algo en voz baja.
"Largo." Me dijo sin parar de hacer eso.
"Eh, he venido a ayudarte un poco con los golpes." Afirmé. "Y llevas todo el día haciendo eso. Descansa un poco."
"El éxito es de los que no se rinden." Me dijo apartando un momento la vista de sus papeles para mirarme de reojo. "Hay que trabajar muy duro para ser bueno."
"Totalmente de acuerdo, pero la vida está para vivirla, y si te relajas un poco, mejorarás más."
La vi dudar un momento y entonces cerró su cuaderno y lo apartó antes de mirarme.
"Vale, qué sugieres." Me dijo.
"Que te tumbes y me dejes hacerte un masaje." Le dije moviendo los dedos ante la cara y sonriendo divertido.
"No suena mal." Me dijo antes de fruncir las cejas como si volviese a no fiarse de mí. "Un momento, por qué."
"Para pedir perdón, por los moratones." Afirmé.
"Ya, vale." Me dijo desconfiando.
"Vale, no te fíes si no quieres." Le dije. "Pero te advierto que al menos sé hacer eso, y las veces que he dado masajes a las mujeres nunca se han quejado."
"Vale, está bien." Se rindió. "¿Qué hago, me quedo en sujetador?"
"Sería lo mejor, sí." Afirmé sonriendo feliz sabiendo que no tenía nada debajo de la chaqueta del pijama.
"Vale, por suerte llevo la parte de arriba de un bikini." Afirmó quitándoselo para revelar un sujetador extraño de triángulos tapándole el pecho y una cuerda atándoselos a la espalda para mantenérselo sujeto.
"¿Y eso?" Le dije.
"Mañana voy a ir a nadar un poco al gimnasio donde hemos estado." Afirmó tumbándose en la cama. "¿Así vale?"
"Vale." Asentí. "Vamos a ello."
La verdad es que era curioso el enorme contraste que había entre nosotros. Para empezar, su piel no era todo lo suave que debiera, pero era más suave que la mía, era morena y yo más bien pálido, tenía formas femeninas y yo… ejem, evidentemente no.
"Estás tensa." Observé viendo que la carne debería ser blanda pero estaba dura.
"Igual es porque no acabo de sentirme cómoda." Me dijo.
"Tranquila, solo estoy intentando limpiar mi ofensa al hacerte daño." Le dije divertido por su sinceridad y comportamiento virginal. "He descubierto que si masajeas los moratones se van antes."
"Será porque ayudas a que la sangre que los forma se absorba antes." Me dijo.
"Eres muy listilla ¿no?" Le dije bromeando.
"Es la explicación científica." Me dijo encogiéndose de hombros.
"No te encojas de hombros." Le dije poniéndole las manos en los hombros para masajearle un poco antes de volver a la espalda donde tenía puntos más oscuros donde se le acabaría formando un moratón. "Vaya, pensaba que no te había hecho tanto. ¿Por qué no te has quejado?"
"Quejarse no sirve de nada." Afirmó como si fuese a encogerse de hombros y dándose cuenta por lo que lo evitó.
"¿Ahí te duele?" Le dije notando que temblaba como si le doliese cuando le había masajeado sobre unas costillas.
"Más bien, un poco." Afirmó para volver a reprimir una mueca de dolor enterrando la cara en la almohada.
"No parecen rotas." Afirmé tras comprobarlo con cuidado.
"Claro que no." Dijo ella desenterrando la cara cuando levanté la mano. "Si lo estuviesen no podría ni respirar, y probablemente hubiera muerto, se hubieran clavado en los pulmones."
"Eres una listilla." Le dije dándole una palmada en la baja espalda para acomodarme mejor. "No me gustan las mujeres así."
"Perfecto, a mí tampoco los ligones del tres al cuarto." Me dijo para cerrar los ojos haciéndome sonreír.
(Salto espacio-temporal)
(Voz de Hakkai)
"Goku… a la cama…" Le dije viéndole que estaba medio dormido en el sofá.
"Quiero dormir con Lily." Me dijo dejando aún más patente que estaba medio dormido ya. "¿Por qué siempre tiene que ser esa cucaracha?"
"Vete a la cama de una vez y deja de molestar." Le dijo Sanzo.
"Goku, Gojyo fue el primero en aparecer aquí, por algún extraño motivo." Le dije acompañándole a su cuarto donde dormía con la puerta abierta como el resto salvo la chica que la tenía entornada por evidentes motivos de privacidad, privacidad que era casi nula contando con que Gojyo, en lugar de en el sofá como le había tocado en el sorteo del primer día, compartía habitación con ella y a menudo tenía el sueño ligero por lo que era perfecto para controlar su enfermedad. "Lo lógico es pensar que es él quien tiene que intentar buscar la respuesta a por qué estamos aquí, o por qué él primero."
Por no contar que aún nos quedaba la incógnita de por qué se había iluminado aquella noche que la conocimos siendo como era, evidentemente, humana.
"Pero no es justo…" Se quejó poniéndose el pijama que le había prestado ella para dormir, como al resto de nosotros salvo Gojyo que insistía en dormir solo con un pantalón o sus calzoncillos. "Yo también quiero."
"Bueno, pues díselo mañana." Le dije sonriendo e intentando quitarle la idea de la cabeza. "Ahora te caes de sueño, duerme."
"Pero si la oigo gritar iré a pegar a esa cucaracha…" Me dijo antes de comenzar a roncar en la cama.
"Buenas noches." Le dije tapándole un poco, cosa que era estúpido considerando con que cada mañana aparecía con toda la ropa dispersa caída de la cama.
Cuando salí, no pude evitar darme cuenta que, en la habitación de al lado, se oían las voces de Gojyo y la chica alternativamente, como si hablasen de algo. Y no eran gritos.
"¿Sabes que cuando no te portas como un baboso salido no eres tan mala compañía?" Le dijo ella.
"Y cuando tú tienes la boquita cerrada un rato tampoco estás tan mal." Le dijo él con un evidente tono de broma en la voz. "Echo un poco de menos la cerveza."
"¿Ya la habéis gastado toda?" Le preguntó ella.
"Es que Sanzo y yo bebemos solo eso." Le dijo él. "Cuesta creerlo, un sanzo bebiendo y fumando."
"Ya." Dijo ella. "Au, eso duele."
"Perdón." Le dijo él. "Se me olvidaba que eso te duele más. Si quieres puedo llamar a Hakkai para que te eche un ojo a eso."
"Supongo que será el golpe." Le dijo ella. "Por cierto, llevabas razón, no eres tan mal masajista."
"Ya te lo dije." Afirmó Gojyo con un tono alegre. "Las mujeres nunca se han quejado, y eso que aún no te he dado el especial."
"Ya veo." Afirmó ella. "No, en serio, pensaba que era una técnica malísima para ligar."
"Eso no es ligar." Afirmó él divertido.
Antes de que pudiese decir nada, llamé suavemente con los nudillos en la puerta.
"Perdón, traigo el cesto de la ropa sucia." Les dije interrumpiendo. "¿Algo para lavar mañana?"
"Ah, pensaba poner la lavadora yo misma." Dijo Lily levantándose para ponerse la camiseta del pijama sobre la parte de arriba de un bañador de dos piezas. "Déjala, puedo hacerla por la tarde."
"Ah, no importa." Le dije sonriéndole y levantando un dedo. "Si se hace por la mañana, para la noche estará seca."
"Entonces la pondré cuando me levante." Afirmó. "Supongo que para antes de irme se habrá acabado y…"
"Vale, ponla tú, pero ya la tenderé yo." Le dije. "Trabajo en equipo. Por cierto, mañana voy a salir a comprar también, he oído que hay un mercado y…"
"Ah, si esperas hasta media mañana podemos ir los dos." Me dijo sonriéndome. "Sé dónde ir para coger cosas frescas, hace mucho que no paso, y total, solo tengo dos horas obligatorias."
"Entonces puedo llevarte y luego ir los dos a ese mercado." Le ofrecí.
"Me parece buena idea." Asintió para sonreír.
"Hakkai, creo que a la dama le ha pasado algo en el costado, la espalda sobre las costillas pero hacia el costado." Me dice Gojyo levantándose de donde estaba cuando entré y les interrumpí antes de que pudiese hacer algo para molestar a nuestra anfitriona.
"¿En serio?" Le dije mirándola y preguntándome qué podía ser para no haberlo visto antes.
"No es nada." Me dijo ella. "Seguramente sea solo el golpe."
"Creo que ahí le alcancé un poco más fuerte de lo que hubiera querido." Afirmó Gojyo ignorando sus palabras. "Me quedaría más tranquilo si le echases un ojo."
"No importa." Le dijo ella. "Además, es muy tarde, hay que descansar."
"Para mi no es molestia." Afirmé sonriéndole. "Puedo echarle un ojo. Y sinceramente, me quedaría más tranquilo si me asegurase de que no es nada grave."
"Vale, como quieras." Acabó aceptando tras unos segundos de silencio.
"Saldré fuera a fumarme uno, así tendréis tiempo de hacerlo tranquilamente." Nos dijo Gojyo poniéndome la mano en el hombro para lanzarme una mirada que lo decía todo y yo asentir levemente.
Gojyo no me había pedido eso por mera galantería, había algo de preocupación en su mirada.
Había algo en ese dolor que parecía haberle dado que preocupaba a mi compañero, no era un mero capricho ni tampoco algo que le hubiera molestado. Se había preocupado de verdad.
"¿Tengo que quitarme también el bañador?" Me dijo.
"No, bastará con que muevas la cuerda cuando lo necesite." Negué intentando sonreírle de nuevo. "Dime. ¿Te duele mucho?"
"No, es que Gojyo se han empeñado en darme un masaje y cuando me ha pretado ahí me ha hecho daño." Afirmó para quejarse cuando le presioné un poco una zona que estaba un poco más enrojecida. "Lo siento."
"No he hecho casi fuerza." Le dije echando otro vistazo más moviendo la cuerda que atravesaba por medio esa zona un poco más hacia arriba. "Vaya… esto tiene pinta de ser un músculo dañado. ¿Lo moviste demasiado?"
"No, pero me han encajado algunos golpes ahí." Me dijo tranquila. "¿Crees que es grave?"
"Nada que no se solucione con descanso y un parche para evitar que mañana no muevas demasiado." Afirmé sonriendo.
"Fuah, a este paso voy a parecer una muñeca de trapo vieja y llena de parches." Me dijo haciéndome sonreír divertido ante su afirmación.
"Voy a buscar las gasas y el esparadrapo." Le dije. "Ahora vuelvo."
(Salto espacio-temporal)
(Voz de Gojyo)
Estaba tranquilamente fumándome un cigarrillo en el balcón de la cocina cuando llegó Hakkai.
"Ya puedes volver si quieres." Me dijo.
"¿Era muy grave?" Le pregunté intentando no sonar demasiado interesado.
"No, creo que solo ha sido un pequeño desgarro muscular." Me dijo. "Se curará solo, pero le he puesto un parche para evitar que se vuelva a extender demasiado y se agrave."
"Ah." Asentí.
Menos mal, no podría soportar la idea de que le hubiera hecho daño entrenando.
"Eh, Gojyo." Me dijo Hakkai suavemente. "Me ha dado la impresión de que te preocupa de verdad esta chica."
"Solo es una chica más." Le dije mirando al infinito para evitar su mirada sabiendo que si me miraba, vería algo que me delataría en mis gestos. "Es demasiado rara, no me gustan los problemas."
"Sí, supongo que me habré confundido." Afirmó riéndose tontamente como cuando se equivocaba. "No es el tipo de mujeres que sueles preferir. En fin, me voy a dormir ya. Deberías acostarte pronto, mañana tenemos un día movido. ¿Irás con ella a ese sitio?"
"Qué remedio, alguien tiene que ocuparse de ella." Afirmé intentando sacarle algo divertido a que me tratasen de tonto. "Ya la has visto, no es buena plantando cara."
"A mí me parece más bien pacífica." Me dijo. "En fin, buenas noches."
"Buenas noches." Le dije.
"Sabes que podrías acabarte eso en la habitación ¿no?" Me dijo desde la puerta.
"Prefiero no hacerlo." Afirmé.
"Sigo pensando que hay algo." Me dijo divertido.
¿Algo?
Miré el cigarrillo casi acabado ya. Era cierto que no fumaba en el cuarto porque lo compartía con ella, y como estaba enferma… ¿a quién pretendía engañar? No fumaba porque sabía que ella no fumaba y tampoco es que le gustase demasiado el humo.
Y me había preocupado haberle hecho daño de verdad cuando la había visto las marcas por error, o cuando al hacerle el masaje le había dolido el costado sobre las costillas atrás.
Entonces sonreí tirando la colilla tras apagarla en la lata vacía que usábamos como cenicero últimamente.
Entonces volví a cerrar la puerta del balcón en silencio y recorrí los metros que me separaban de la puerta de la habitación para entrar sigilosamente esperando no despertar a la ocupante.
"Te he dicho que no duermas aquí." Me dijo desde la oscuridad.
"¿Estás despierta?" Le dije sorprendido de su recibimiento.
"No." Dijo escuetamente.
Entonces sonreí ampliamente. De nuevo 'orgullosa'.
"Vamos, no puedo dormir en la bañera, me duele la espalda." Le dije divertido dando la vuelta para ponerme en la otra esquina de la cama. "Sabes que ni siquiera estamos cerca cuando dormimos. Además, siempre duermo mirando la pared."
"No ronques." Me dijo.
Sonreí. 'Orgullosa' hasta la médula. Era incapaz de decir simplemente que me dejaba dormir en la misma cama.
"Oye." Me dijo de pronto. "Es… no soy buena dando masajes, pero… bueno, si quieres puedo hacerte uno."
"Claro." Asentí sonriendo en la oscuridad al ver que aunque fuese bajo toda esa capa de orgullo, también era demasiado dulce. "A poco bien que des los masajes, creo que servirá."
"Hum." Dijo suavemente. "Ponte tumbado bocabajo."
Sonriendo le hice caso, entonces noté cómo se ponía a horcajadas en mis piernas, sin tocar siquiera mi trasero y tanteaba en la espalda para encontrar los hombros y bajar lentamente un dedo hasta la hendidura de mi cintura.
"¿Eso es el masaje?" Le dije ocultando que lo encontraba divertido.
"No, pero no quiero tocar nada raro." Afirmó. "Solo miraba las medidas."
"Ah." Afirmé divertido.
Entonces noté las manos en los omoplatos y cómo iba frotando suavemente masajeando la zona.
"¿Es aquí?" Me dijo cuando noté un poco de tensión.
"Justo ahí." Afirmé.
Era increíble, no había palabras para describir aquello.
Ella decía que no lo hacía demasiado bien, pero era mentira.
Sus manos irradiaban calor, sus movimientos suaves eran como si fuesen hechos con seda salvaje.
Entonces sonreí y cerré los ojos.
Era realmente increíble notar eso, era… era… me hacía sentir bien. Tanto como había supuesto que harían los abrazos de una madre.
"¿Has parado?" Le dije cuando noté que se movía para volver a su posición en el otro lado de la cama.
"Lo siento, ya te dije que no era lo mío." Me dijo.
"No, ha sido el mejor masaje que me han dado nunca." Afirmé.
"Mentiroso…" Me dijo.
No había ni gota de enfado en su voz, era como si en el fondo le hiciera feliz que le hubiera dicho eso, y no era ninguna mentira.
