DISCLAIMER: Los personajes y el universo Potter le pertenecen a JK Rowling y a WB TM. Yo no lucro con la historia.

CAPÍTULO DIEZ

"La Travesía del Fénix"

Por: TlalGalaxia

- Harry ¿Qué pasa?

Hermione repitió su pregunta varias veces sin obtener respuesta mientras caminaban a toda prisa a lo largo del camino que los llevaba fuera de Hogsmeade, Harry se detuvo hasta que alcanzaron la orilla del pueblo. Estaban demasiado alejados del camino principal pero aun así miró en todas las direcciones antes de comenzar a hablar.

-Necesitamos otro Fénix.

Hermione abrió la boca intentando formular una respuesta a la misma velocidad que su cerebro la descifraba.

- ¿Dumbledore?

Harry negó con la cabeza al momento que apretaba los ojos recordando la negativa rotunda del director. Hermione se pasó la mano por el cabello removiendo la pañoleta de su disfraz de gitana a su paso. Sin darse cuenta ya estaba mordiendo su labio inferior, sabía que buscar otro fénix iba a ser necesario eventualmente pero había querido prolongar eso lo más posible porque sabía la dificultad que eso implicaba.

- ¿Qué tan difícil es eso?- Quiso saber Harry adivinando la preocupación en el rostro de Hermione.

-Tan difícil como encontrar un Horcrux- murmuró ella en un hilo de voz… sintiendo que el aire se le iba de los pulmones.

Harry arqueó las cejas y se asomaron por encima de la montura de sus gafas.

-Debes estar bromeando.

-Harry, si fuera tan fácil tener un Fénix, todo mundo tendría uno ¿Por qué crees que en toda nuestra vida solo conocimos a una persona que tuvo uno? No es casualidad que solo fuera Dumbledore.

Harry sintió que un enorme hueco comenzaba a formársele en la boca del estómago. Tomó un hondo suspiro pero supo que los colores se le habían ido del rostro al igual que a Hermione. No podía dejarse hundir por esa sensación de impotencia o terminaría igual que Hermione y ambos sucumbirían antes de siquiera intentarlo.

-Bueno…- susurró él con la voz entre cortada pero ganando confianza conforme hablaba.- eso quiere decir que no es algo imposible. Después de todo fuimos nosotros quienes encontraron casi todos los Horcruxes ¿No es así? Y lo que dices comprueba que no es imposible tener un Fénix. Alguien lo hizo antes… eso es algo.

-Y tú eres Harry Potter,- agregó Hermione, el fantasma de una sonrisa comenzaba a dibujarse en la comisura de sus labios,- el chico que vivió… dos veces. Y venció a Voldemort.

-Vencimos a Voldemort.- Corrigió Harry con un tono más relajado.

Hermione asintió intentando no parecer demasiado satisfecha consigo misma. Extrajo un enorme libro de su bolso. Era el mismo libro que se habían robado de la biblioteca de Hogwarts acerca de las arenas del tiempo.

- Harry, debes saber que no es cerca ni es sencillo…

-Entonces no perdamos tiempo.

Tiempo… desde que habían decidido usar ese giratiempo roto la palabra "Tiempo" se había convertido en moneda de cambio. Nada más precioso, nada más valioso. Cuando terminaron de limpiar las evidencias de su estancia en la casa de los gritos, terminaron de empacar en el bolso de Hermione lo más que pudieron de comida, agua, los ingredientes de las arenas del tiempo que les quedaban y la casa de campaña reducida. Con respecto a la vestimenta, decidieron que era hora de dejar detrás el disfraz de los gitanos pues en tierras lejanas era más complicado que los reconocieran… además, a donde iban ese tipo de ropa no era de lo más práctica.

La arena se hundió bajo sus pies tan pronto aparecieron en ella. Miraron a su alrededor, se encontraban en medio de la vegetación pero el clima había subido y de pronto les pareció que el aire estaba denso y asfixiante. Hermione acomodó el velo de su vestimenta cubriendo sus labios y nariz y dejando solo sus ojos castaños al descubierto. Harry hizo lo mismo y caminaron con curiosidad dentro del oasis. Parecía como un mercado y la gente ahí vestía como ellos mismos. Con turbantes y velos, túnicas y sandalias. Hermione había estado ahí de luna de miel, así que ella era la guía. Pero eso había sido muchísimos antes… o después, dependiendo la línea del tiempo en que lo vieran, y por eso era que preferían andar por ahí con cautela.

Una vez que terminaron de caminar la calle principal donde hombres y mujeres de acentos extraños les ofrecían sus mercancías en tantos idiomas como les era posible pero siempre con el mismo acento propio de la región, giraron hacia otra interminable hilera de tiendas. El sol seguía en su máximo esplendor y la ropa comenzaba a pegárseles en los hombros. Harry tuvo que limpiar el paño de sus gafas mucho más seguido de lo normal. Finalmente encontraron una tienda de color tinto con adornos dorados y negros. Hermione se detuvo y Harry la siguió al interior.

Escucharon un saludo en un idioma que no comprendían. Hermione contestó en el suyo y el hombre dentro de la tienda sonrió y comenzó a hablarles en su idioma a partir de entonces.

-¿Buscan alguna criatura exótica?

-Sí,- asintió Hermione, Harry no podía dejar de ver las jaulas a su alrededor. Muchas de ellas contenían criaturas que solo había visto en ilustraciones de los libros en Hogwarts,- estamos buscando un Phoenix.

La mirada del hombre se ensombreció. Era un hombre de más bien baja estatura, un poco llenito, piel oscura y prominentes barbas y bigote.

-Eso no es algo sencillo…

-Lo sabemos,- Hermione cruzó las manos sobre el pecho.

-Y tampoco puedo traerlo para ustedes… solo mostrarles el camino.

-También lo sabemos.

Harry dejó de mirar la jaula con el puño de bolas de pelos que saltaban histéricamente para contemplar a su amiga y al vendedor.

- ¿Puede ayudarnos?- quiso saber él.

-Puedo ayudarlos muy poco… y ni siquiera es garantía de que se irán de aquí con el ave… ¿Se puede saber el interés que tiene en él?

-No, no puede,- replicó Hermione si bajar los brazos de sobre su pecho.

-No será barato ¿Saben?

Las miradas de Harry y Hermione se encontraron temerosamente. Su situación económica no era la mejor. Y en esa línea del tiempo no era posible simplemente ir a la bóveda a sacar un poco de dinero. Hermione se mordió el labio como acostumbraba hacer en una situación difícil. Miró al vendedor y extrajo rápidamente de su dedo anular un par de anillos.

-¿Esto será suficiente?

Harry abrió los ojos en señal de sorpresa, sabía que esos eran su anillo de compromiso y el de matrimonio. El vendedor titubeó examinando los anillos, Harry sabía que la piedra en el anillo no era ninguna gema lujosa… se apresuró e imitó el gesto de su amiga.

-¿Y qué tal con éste? ¿Es ahora suficiente?

El hombrecillo sonrió reconociendo que el anillo de Harry estaba hecho de platino.

-Síganme.

No hubo necesidad de decir nada. O más bien no había nada que Harry o Hermione quisieran decir al respecto de lo que acababa de pasar. Se entendía entre líneas que las prioridades siempre iban primero. Rescatar a su familia era prioridad por sobre las joyas. Y sabían que sus respectivas parejas comprenderían los motivos de sus acciones.

En la parte trasera de la tienda, estaba extendido un gran tapete. El hombre se paró sobre el mismo y los invitó a hacer lo mismo. Casi de inmediato y sin previo aviso, la alfombre se elevó con la dureza de una tabla. Harry reconoció la expresión de mortificación en el rostro de Hermione y no dudó en pasarle el brazo alrededor de la cintura para estabilizarla.

-Su esposa y usted tienen gustos exóticos…

Apenas pudieron escuchar la voz del hombre por sobre el aire rozándoles los oídos. Harry le dio una mirada a Hermione que la hizo sonreír. No era la primera vez que les decían eso… incluso antes de ese viaje. A veces, cuando se veían en la calle y solo conversaban de cualquier cosa en un café. Sin Ron y sin Ginny… algunas personas habían implicado lo mismo. Sobre todo las meseras y las encargadas d las tiendas a donde Hermione acompañaba a Harry en busca de algún regalo de cumpleaños para Ginny o de aniversario. Incluso los hijos de Harry… era difícil no sentirse madre de ellos. Y fue por eso que no tuvieron objeción, además… entre menos supiera la gente, mucho mejor.

Descendieron luego de varios minutos. Había sido refrescante sentir el viento en la cara luego de todo ese calor encapsulado. Aunque la verdad el viento se sentía más bien caliente y había ayudado muy poco en términos de aclimatación. El oasis había quedado atrás y ahora estaban dentro de las dunas del desierto. Un inmenso paisaje amarillo debajo de un interminable cielo azul y soleado.

-Yo llego hasta aquí,- les dijo con su floreado acento oriental,- han decidido venir en un buen día… entre más soleado, más probable es que esté ahí.

-¿Ahí?- inquirió Harry mirando a su alrededor en busca de cualquier cosa que no fuera arena.

-Ahí,- dicho eso, el hombre hizo un dibujo en la arena con el pie.

Luego extrajo una vara ligeramente más larga que las varitas normalmente usadas en el Reino Unido de adentro de su holgada túnica e hizo un círculo alrededor del dibujo. Cuando terminó clavó la vara en el suelo. La arena debajo de los pies de Harry y Hermione comenzó a moverse y esa fue pauta para que saltara de regreso a la alfombra que los había llevado ahí. Harry y Hermione se miraron con miedo pero la mirada del vendedor les dio un poco de confianza.

-¡Volveré en la noche!- gritó desde lo alto,- de cualquier manera puede que encuentren otra salida hacia el oasis. De ser así háganmelo saber. No se preocupen… lo peor que puede pasar es que no encuentren lo que han venido a buscar.

Conforme lo escuchaban, se habían hundido un poco más. Para cuando él desapareció volando en su alfombra, la arena ya había sobrepasado sus cinturas.

-No vamos a morir ¿Verdad?- inquirió Harry no muy seguro de lo que estaba por suceder.

-Esperemos que no…

- ¿Qué?

La respuesta a la pregunta de Harry tuvo que esperar pues la arena había comenzado a engullirlos mucho más rápidamente y ahora se encontraba a la altura de sus cuellos y pronta a devorar sus rostros. Hermione cerró los ojos dejando que la oscuridad se apoderara de ella. Estaba bastante sorprendida de no sentir el calor que había sentido hasta momentos antes. La arena no había absorbido el clima de su entorno. O por lo menos no la arena que los estaba tragando en ese momento.

Fue como caer… pero caer en agua. La arena era suave y moldeable. Hermione contuvo la respiración y comenzó a mover las piernas como si estuviera nadando pero se sorprendió al no encontrar resistencia en el material a su alrededor. No era como agua, era más bien como aire… como vacío, como nada. Sus pensamientos viajaron de inmediato al viejo que los había llevado ahí. Lo había conocido durante su luna de miel… eso era tiempo después, si se colocaba correctamente en la línea del tiempo en la que ahora estaba ¿Y si en su pasado se dedicaba a estafar parejas llevándolas a su muerte? ¿Y si cuando lo había conocido había decidido rectificar el camino? Entonces pensó en Harry ¿Había sido ella la causa de la muerte de Harry Potter? No había nada más irónico que eso… ella, una nacida de muggles responsable de su muerte… del chico que arriesgó la vida por defenderlos.

Pero antes de empezar a lamentarse por eso, sintió su cuerpo siendo depositado en tierra firme. Abrió los ojos tentativamente para evitar la arena en dado caso de que pudiera metérsele. Para su alivio estaba en espacio abierto. Bajo sus pies había tierra firme, mucho más firme que las arenas que había pisado en un principio. Le tomó unos segundo acostumbrarse a la oscuridad antes de escuchar un par de pies aterrizar en el suelo muy cerca de ella.

-¿Harry?

-¿Hermione?

Se buscaron con las manos. Las de Hermione mucho más apresuradas que las de Harry. Tan pronto sintió sus hombros dejó que sus instintos la guiaran y lo abrazó fuertemente en contra de sí.

-Pensé que algo malo pasaría…- no podía ocultar su preocupación que estaba a punto de convertirse en sollozo,- creí que nos habían engañado…

Harry le regresó el abrazo. Una parte de sí había pensado exactamente lo mismo. El pensamiento de calamidad apenas estaba disipándose. No estaba seguro qué era lo que más había temido en medio de esa oscuridad. Estaba el hecho de no poder ayudar a sus familias, de dejarlos a enfrentar ese terrible destino y estaba el miedo inmediato, el miedo de morir y el de que ella muriera. Ese microsegundo cuando creyó que en realidad había muerto…

-Está bien,- intentó tranquilizarla,- después de todo tú confiabas en ese hombre y nunca he tenido nada más seguro en toda mi vida que tu buen juicio.

Hermione sintió sus mejillas arder y dio gracias por la oscuridad. Sí, había confiado en el hombre, en el tiempo que lo había tratado le había parecido una buena persona y ese juicio nunca le había fallado en la vida. Pero que Harry lo creyera de igual manera y a ciegas era algo que nunca antes había pensado. Los recuerdos del día que lo había sacado de la dirección de Umbridge para salvarlo de la tortura, volvieron a su mente casi de inmediato. Sí, Harry siempre había confiado ciegamente en ella.

-¿Sabes en dónde estamos?- preguntó Harry cuando finalmente se sintieron lo suficientemente seguros como para soltarse de ese abrazo.

-Es una tumba antigua.

-¡Lumos!

Miraron a su alrededor. Era una bóveda bastante profunda ya que la luz solo iluminaba el suelo pero de techo no podían ver absolutamente nada.

-¿Alguna idea de a dónde vamos?

-¡Muéstrame!

La varita de Hermione se suspendió en el aire y giró varias veces antes de detenerse como si fuera una brújula. Caminaron en la dirección que la varita les señalaba con bastante cautela. El piso era algo en lo que sabían no debían confiar. No es que hubieran estado dentro de un lugar parecido antes, pero conocían a alguien quien sí y hablaba del tema cada que tenía oportunidad. Una vez más, no tuvieron que ponerse de acuerdo para saber lo que tenían que hacer.

Cuando por fin se detuvieron estaban frente a una inmensa pared de roca. Extendieron las manos y sintieron que tampoco estaba caliente. Era más bien fresca y era firme. Harry acercó la luz para examinar y Hermione recuperó su varita del aire donde se encontraba suspendida para hacer lo mismo.

-Tal vez debimos preguntarle algo más a ese hombre…- señaló Harry sintiéndose de lo más estúpido al no saber lo que estaban buscando.

-¿Para qué?- inquirió Hermione activando un interruptor que abrió un puerta en medio de la pared de piedra.

Harry sonrió recordando que era Hermione quien lo acompañaba. Por supuesto que alguien le prestaba más atención a los relatos de Bill. Y por supuesto que recordaba las indicaciones básicas para entrar en una tumba antigua. Mientras recordaba eso, Harry ponía los ojos blanco.

Las luces de sus varitas iluminaban el pasillo conforme avanzaban. Las paredes eran amarillentas, de la tonalidad de la paja. Los dibujos eran algo con los que ambos estaban familiarizados. No solo por la televisión sino por lo que habían visto en el Museo Británico meses antes cuando habían ido a fotografiar los grabados egipcios.

-¿Puedes leer lo que dice en la pared?

-Algunas cosas…

Hermione parecía más interesada en lo que había a su alrededor. Como si estuviera atenta a algún peligro latente. Harry miró a su alrededor también no muy seguro de lo que estaban buscando. Entonces Hermione accionó otra palanca. No estaba seguro de por qué estaba sorprendido, Dumbledore le había dicho ya que Hermione sabía cómo encontrar al fénix.

Detrás de la segunda puerta encontraron un jardín. Harry no podía creer lo que veía y Hermione parecía estar en la misma sintonía como siempre.

-Solo había leído al respecto en los libros…

Harry sonrió, había cosas que a pesar del paso de los años nunca cambiaban. Hermione era una de esas cosas. Y saberla a su lado era reconfortante. Hermione al igual que sus amigos era lo único que siempre sería constante en su vida.

Los pensamientos de Harry fueron interrumpidos por una música hermosa. Ambos miraron a su alrededor. El jardín era basto. Bastante verde, irreal casi y estaba iluminado por una luz surreal que provenía del suelo, de unas roca incandescentes que no conocía… ¿Cómo podía una lugar como ese mantenerse tan verde estando tantos metros bajo tierra?

-Es un sistema de canales subterráneo,- dijo Hermione como leyendo los pensamientos de su amigo,- está activado con magia antigua así que permanecerá así por el resto de los tiempos.

-Eso suena a mucho tiempo…

Hermione sonrió. Sabía a lo que Harry se refería. Los votos de su boda vinieron a su cabeza de inmediato. Harry leyendo los votos de Hermione antes de la boda. Ella nerviosa con la mirada tensa mientras él terminaba de leer.

"suenan muy impersonales"

Hermione se mordía los labios.

"¿A qué te refieres?"

"Ésta línea… dice: Prometo amarte mientras que el lazo de éste amor siga fuerte"

"¿Qué tiene de malo? Es honestidad pura, no voy a mentir en mis votos"

"¿Qué quieres decir con eso? Suena muy… no suena a mucho tiempo ¿Qué tal si dices: Prometo amarte hasta al final de los tiempos?"

"Eso suena a mucho tiempo…"

No tardaron en encontrar la fuente del canto. Incluso antes de verlos, sabían de lo que se trataría. Eran tres aves fénix posadas en diferentes niveles de las ramas de un par de árboles entrelazados. Harry hizo ademán por acercarse pero Hermione lo detuvo. Buscó rápidamente dentro de su bolso y extrajo el viejo libro egipcio hojeándolo rápidamente.

-Los fénixes como los hipogrifos,- empezó a decir,- son creaturas orgullosas. Necesitan sentirse reverenciadas y solo ellas tomarán la decisión final de dejar que te acerques o…

-¿O qué?

- No creo que te ataquen… a lo mucho se irán.

-¿Y en el peor de los casos?

Hermione frunció el ceño y cerró el libro de golpe.

-Es bueno que uses gafas… pero cúbrete el rostro de cualquier manera ¿Quieres?

Harry sintió un leve vuelco en el estómago pero decidió seguir con el plan. No por nada era un Gryffindor, no era tiempo de comportarse de cualquier manera que no fuera acorde a eso.

De pie frente al árbol, miró al Fénix que estaba más cerca del suelo. Parecía haber percibido tal vez su presencia o la fuerza de su mirada, pues casi al instante clavó los ojos en Harry tanto como él los estaba clavando en la criatura. Fue una conexión leve, podía sentir un pinchazo ardiente en el pecho que se pronto se extinguió. Sin previo aviso el ave revoloteó y desapareció de su vista. Hermione torció los labios y lo vio intentarlo de nuevo con el ave más cercana a ellos. Pero una vez más obtuvo el mismo resultado.

-Deja que lo intente,- le dijo haciéndolo a un lado.

-Ten cuidado.

Hermione sintió de la manera más seria que pudo pero por dentro el miedo comenzaba a treparle por el cuerpo. A extenderse desde su estómago a todas direcciones. Fijó la mirada en la tercera ave y sintió el mismo pinchazo ardiente sustituyendo a la frialdad del miedo previo.

-Con cuidado,- susurró Harry sintiendo que posiblemente ella estaba teniendo más éxito que él,- espera un momento más… un poco más ¿Lo sientes?

Hermione asintió. Jamás había experimentado algo como eso. Era un lazo mucho más fuerte que el que alguna vez había tenido con Crookshanks. Podía sentir el ardor recorrerle el cuerpo y encrespándole el cabello de la nuca. Involuntariamente tragó saliva pero el trago le supo a piedras en la garganta. Poco a poco empezó a trabajar en su reverencia sin despegar la mirada en el Fénix. Una vez inclinada esperó a que le diera una respuesta pero no pasó mucho tiempo antes de que el ave decidiera emprender el vuelo de la misma manera que las otras lo habían hecho con Harry.

-No creí que sería tan complicado…- renegó Hermione.

-Bueno, si fuera tan sencillo, todo mundo tendría un Fénix.

Hermione sonrió al escuchar sus mismas palabras citadas en los labios de Harry. Ese era un hábito que siempre habían compartido. Hermione citándolo a él y él a ella. Con el paso de los años se había vuelto una especie de chiste personal que muchas veces nadie más entendía. Ni siquiera sus parejas solían percibir esos momentos, esas frases o el significado de esas palabras. Se sentía como una pequeña travesura, un toquecito de complicidad que siempre sería solo suyo.

-¿Quieres intentar con el que queda arriba o esperamos un poco?- ofreció Hermione,- ¿O tienes hambre?

No esperó a que le contestara antes de meter la mano en su bolso y extraer un sándwich que había hecho con las pocas provisiones que les quedaban en su anterior escondite. Harry comenzó a devorarlo apenas lo recibió y Hermione extrajo uno más para ella. Se sentaron bajo el mismo árbol en silencio. Sabían que no habían obtenido la mejor de las respuestas y el temor de que les ocurriera lo mismo con el último Fénix que quedaba estaba latente.

Pero no hablaron al respecto.

-¿Y qué era lo que te gustaba de mí? Ya sabes… cuando estabas enamorada de mí…

Hermione casi se ahoga con su sándwich.

-¡Harry!

-¿Demasiado pronto para hablar al respecto?

La sonrisa de Harry se tornó seria de pronto. Tal vez no había sido la mejor manera de llenar el silencio pero la idea le había dado vueltas por la cabeza desde que lo había escuchado de labios de Hermione. Y hasta entonces no había encontrado una forma de retomar el tema.

-Creo que eso está bien en donde está,- respondió ella con una voz serena, como meditando en algún recuerdo lejano,- está en el pasado… no deberíamos removerlo.

-¿Y alguna vez has pensado en lo que habría pasado?

Ella no se atrevió a mirarlo a los ojos ¿Cómo decirle que la idea había sido su compañera por años? Incluso en el presente. Había días. Cuando compartían una barbacoa en el jardín de los Weasley. Cuando veía a los ojos al pequeño Albus. Sí, sí se lo preguntaba pero no podía decirlo tal cual. Su única reacción posible había sido ese leve encogimiento de hombros.

-¿Qué caso tiene ya?

Harry escuchó las palabras de Hermione como un balde de agua fría. La idea había jugado en su cabeza. Justo ahora, lejos de todo, como si estuvieran libres. Como si en ese momento fuera veinte años atrás… había buscado los huecos. Los momentos que Hermione había mencionado. El baile del torneo de los magos, el baile de las eminencias, Hermione inconsciente en el ministerio de magia… ¿Había sentido la indiferencia que Hermione creía que él había sentido? Una cosa era segura… no había corrido a sus brazos luego de eso.

-Lo curioso es que te lo dije desde el día que atravesamos la trampilla en busca de la piedra filosofal.

Harry se giró para contemplarla. Hermione había terminado su sándwich y ahora reposaba las manos en sus muslos.

-Me refiero a lo que me gustaba de ti,- continuó ella haciendo obvia su declaración,- te lo dije cuando nos despedimos tras la prueba de las pociones. Cuando me di cuenta de lo que sentía por ti, esas palabras que te había dicho volvían una y otra vez a mí. Y a lo mejor…

Ella hizo una pausa como mirando a lo lejos. Era difícil decir que estaban bajo tierra cuando estaban en un jardín tan vasto y hermoso. Incluso el techo tan oscuro podía pasar como el cielo a oscuras. La luz de las piedras incandescentes les iluminaba el rostro en tonalidades verdes y amarillas.

-¿Qué cosa?

Hermione se sonrojó, era rara la vez que Harry la veía sonrojarse y eso le arrancó una sonrisa. Él le hizo una señal para que continuara hablando y a pesar de haber negado con la cabeza, había continuado.

-Eras como un príncipe en blanca armadura.

Harry entrecerró los ojos y Hermione soltó una carcajada.

-Salvándome, Harry… tal como me lo había dicho la adivina. Eras tú siempre… era tu mano jalándome para quitarme del peligro, tu cuerpo era mi escudo. Y eso se sentía bien… suena raro decirlo, una mujer tan independiente y autosuficiente… pero se sentía bien. Supongo que por eso supe que tenía que interpretar mi parte como adivina. Harry, me rompiste el corazón, pero lo que sentí en todos esos momentos… no quise perderlo.

Harry se quedó como mudo. De pronto lamentó haber indagado en eso que ahora consideraba debía haberse quedado en el pasado tal cual ella le había aconsejado ¿Para qué quería saber todas esas cosas? Se sintió incómodo. Ella sentada ahí hablando de dolores del pasado por los que ya nada se podía hacer.

Se puso de pié y contempló el árbol en busca del Fénix a lo lejos. Hermione disimuló una sonrisa amarga pero imitó el gesto comprendiendo que esa conversación había terminado. Una parte de ella lo lamentaba también, lamentaba haber dicho todo eso… pero la otra estaba liberada. No sabía lo que callarlo por tanto tiempo le había afectado hasta que por fin lo había liberado.

-Subiré,- dijo él buscando la varita entre sus ropas.

-Oh, no Harry. La magia no sirve aquí.

Harry apretó los labios devolviendo la varita a su lugar. Luego caminó alrededor del árbol como evaluando las posibilidades y emprendió pronto su camino a la cima.

-¡¿Estás bien?!

-¡Sí!

Harry iba a medio camino y apenas podía escuchar la voz de Hermione cuando escuchó el revolotear del ave a la que pretendía atrapar. Se sintió como un idiota habiéndola espantado con un grito propio. Así que llegó a la base del árbol más rápidamente de lo que había subido.

-¿Y bien?

-Voló

Hermione se cruzó de brazos de manera consternada. Sin querer había comenzado a morderse el labio. Miró a su alrededor como buscando algo. El jardín era enorme. Probablemente tan enorme como enorme era el desierto. Harry la siguió mientras caminaba como buscando algo, él supuso que eran más aves Fénix y él no estaba seguro si había más ya que ya no las escuchaba cantar.

Pronto llegaron a una zona como un claro. Bajo sus pies había hierba fresca pero Harry se sorprendió de encontrar figuras talladas. Casi como estatuas griegas o romanas (en esas cosas él nunca podía distinguir). En el suelo había varias piedras con grabados egipcios. Piedras grandes y rectangulares que brillaban de la misma forma que las más pequeñas que les daban luz, eran casi del tamaño de una banca de jardín pero estaban al ras del suelo.

-¿Qué son?

-No lo sé…

No era normal que Hermione no supiera algo pero se hincó frente a una mientras buscaba el enorme libro en su bolso. No tenía caso que él echara un vistazo por más tiempo del necesario ¿Qué sabía él de jeroglíficos o de ese lugar? Caminó rodeando el claro prestando atención a su sentido del oído. Le parecía haber escuchado algo parecido al canto de un ave Fénix a lo lejos pero no estaba seguro.

-¿Te molesta que vaya a ver?

-No, no…

Hermione apenas había despegado la mirada del libro mientras le hacía la señal de despedida.

Harry siguió la indicación sintiéndose aliviado de poder alejarse de ella por lo menos por un instante. Luego de lo que Hermione le había dicho, se sentía extraño. Como ajeno a sus sentimientos y a los de ella. Y ahora que sabía todas esas cosas, comenzaba a desear no saberlas. Hermione había tenido razón como siempre y él era un tonto… como siempre

Siguió caminando por unos cinco o diez minutos, buscaba la fuente del sonido casi seguro que al final del camino encontraría el ave, la atraparía por fin y podrían irse de ese lugar. Había algo al respecto que no le gustaba. Eso de la magia antigua siempre lo ponía nervioso y por eso quería salir de ahí lo más pronto posible.

Luego de unos instantes por fin divisó al fénix. Sus plumas escarlatas eran inconfundibles entre el follaje de uno de los árboles más altos. Buscó una rama firme para comenzar a trepar y una vez más intentó el ritual que previamente le había fallado. Se apoyó con firmeza para reincorporarse y buscó la mirada del ave. Al inclinarse, ésta pareció asentir. Harry esperó unos instantes intentando asegurarse de que el procedimiento había sido seguido correctamente. Estaba que no se lo creía.

-¿Me seguirás a partir de ahora?

El ave no contestó ¿Pero cómo iba a hacerlo? Harry dudó por un instante pero decidió arriesgarse de una vez. Empezó a decir la súplica tal cual la recordaba para pedirle una pluma. Cuando le ave volvió a inclinar la cabeza, Harry extendió la mano y la extrajo sin mucha dificultad.

-Gracias,- le sonrió Harry acariciando su cabeza. El ave Fénix volvió a asentir.

Comenzó a descender lentamente por las ramas y se dio cuenta con decepción que el ave seguía en el mismo lugar. Apretó los labios como señal de su frustración y empezó a repasar los pasos que había seguido en busca de un defecto que pudiera reparar. Sus pensamientos se vieron interrumpidos por un ruido estruendoso seguido de un grito agudo que innegablemente le pertenecía a Hermione.

Sus piernas reaccionaron al instante. El corazón le palpitó a toda velocidad y recorrió de regreso el camino andado en menos de la mitad del tiempo que le había tomado inicialmente. La angustia le había dado un golpe casi físico en el pecho que apenas lo dejaba respirar. Al llegar al lugar donde la había dejado contempló con horror que en lugar del claro ahora se encontraba un enorme hoyo.

-¡Hermione!- el alma casi se le sale en ese grito,- ¡Hermione!

No podía ver nada salvo oscuridad ¿Qué tan profundo estaba y qué era eso exactamente? Se recostó en la orilla del orificio sin pensar mucho en la estabilidad del lugar donde se encontraba. Colocó las manos a los costados de su boca y volvió a gritar con más fuerza y desesperación que la primera vez.

-¿Harry?

Su voz se escuchaba distante. Un poco débil para su gusto. De pronto el alivio que había sentido al principio se volvió inestable.

-¿Estás herida?

-Oh… creo que me lastimé el pie.

-¿Qué tan grave?

-Estaré bien.

-¡Voy a bajar!

-¡No!

Ese grito había sonado más firme que las primeras palabras. Y aunque por una parte era reconfortante ver que Hermione estaba lo suficientemente bien como para emitir una reprimenda, todavía necesitaba verla en persona para tranquilizarse.

-Harry… creo que está demasiado profundo. Y no creo que puedas alcanzarme de cualquier manera.

-Voy a bajar.

-¡No!

-No es una pregunta, Hermione.

-Si bajas, ambos estaremos atrapados y eso sí que será estúpido. ¿Quién salvará a nuestras familias si ambos nos quedamos acá? Si ambos…

Hermione iba a decir "morimos acá" pero no pudo permitirse decir algo como eso. Sabía que su hija contaba con ella. Que no podía fallarle. Y el hecho de decirlo, de exteriorizarlo… lo hacía más real. Además, quizá Harry se alteraría más. Debía buscar la forma de tranquilizarlo. Después de todo había sido su curiosidad la que la había puesto ahí ¿Qué tenía que estar intentando viejos hechizos egipcios en primer lugar? Ese era su merecido por olvidarse de la misión verdadera. Debía haber hecho lo que Harry. Detectar el canto de un Fénix y seguirlo en lugar de activar viejos símbolos. Acarició su rodilla pero casi emite un grito de dolor, su pierna estaba debajo de una de las losas gigantes y no estaba segura de qué tan mal estaba. Pero si era tan malo como el dolor que sentía no podía ser nada bueno.

Harry se quedó quieto un momento tras las palabras de Hermione. Sabía perfectamente lo que ella había querido decir y lo que estaba temiendo. Estaba preocupado por ella pero no quría sonar tan preocupado que ella entraría en pánico. Aunque solo Merlín sabía el pánico que él estaba sintiendo al no poder ver lo que les estaba sucediendo.

-Quizá debamos esperar a que vuelva nuestro guía,- sugirió él.

-Entonces tal vez deberías intentar salir… pero primero busca la pluma.

-Tengo la pluma.

"Por supuesto que sí" pensó Hermione complacida. Harry nunca la defraudaría. No le atraía la idea de quedarse sola con ese dolor en la rodilla pero no tenía opción.

-Entonces regresa,- le dijo emitiendo el tono más fuerte que le fue posible. O sabía por qué los oídos comenzaban a zumbarle.- trae al guía… una alfombra mágica o algo así.

Harry asintió a pesar de saber que ella no podía verlo. Intentó decirle algo, quería decirle algo pero no sabía qué podía decir. Recordó la despedida con sus hijos en el andén nueve tres cuartos y por un micro segundo temió que ese adiós se prolongara tanto como se prolongaba el adiós a sus hijos.

-Aguanta, Hermione,- le gritó con voz angustiada,- traeré ayuda. Yo… yo te quiero, no lo olvides. Así que no…

Iba a decir "no mueras" pero se prohibió a sí mismo pensar en esa posibilidad. Corrió en dirección a la compuerta que Hermione había accionado y recorrió a toda prisa el pasillo con los jeroglíficos hasta llegar a la habitación oscura a la que habían caído en un principio. Encendió la varita dándose cuenta que la magia en esa parte sí funcionaba. Intentó desaparecerse pero al ver que era imposible pensó que quizá al igual que Hogwarts y Grammauld Place, el lugar estaba protegido contra eso. Miró al cielo, estaba tan oscuro como la noche sin estrellas. Comenzó a gritar pidiendo ayuda y pensó que quizá era muy pronto para que el hombre regresara…

Si es que regresaba.

No quería pensar en esa posibilidad, así que siguió gritando ¿Qué más podía hacer? Recordó las últimas palabras del hombre antes de retirarse y de pronto se le ocurrió una idea ¿No había dicho que había más formas de llegar al oasis desde ahí abajo?

Corrió de regreso hasta llegar al claro.

-Hermione ¿Conoces alguna manera de llegar al oasis desde aquí?

El silencio desde el otro lado se le encajó en el pecho.

-¿Hermione?

-Harry… creo que no me siento bien.

-Demonios, Hermione… ¡Voy a bajar!

-¡No! Harry, alguien tiene que salvar a los niños.

-¿Y qué te hace pensar que solo uno de nosotros irá? ¿Y qué te hacer pensar que lo voy a hacer sin ti?

-¡Harry! Si bajas, estropearás la única oportunidad que tenemos. Yo… yo tengo el reloj pero tendrás que esperar a que el tiempo pase. Es mucho tiempo pero debes…

La idea de estar esperando más de veinte años. Solo y sin Hermione… revisó sus ropas rápidamente y encontró la pluma todavía atada en el cincho de su túnica.

-Hermione ¿Tienes tu bolso a la mano?

-Sí ¿Por qué?

Era evidente que con el paso del tiempo, ella se estaba debilitando cada vez más.

-Di mi nombre lo más fuerte que puedas… dilo varias veces hasta que te pida que te detengas.

-Pero ¿Por…?

-Hazlo, Hermione. No tenemos tiempo.

Harry sabía que quien no tenía tiempo era ella y no quería hacer gastar más energía de la que debía. Hermione obedeció casi al instante y luego de varias veces de escuchar su nombre en labios de su amiga, rodeo el gigantesco pozo del claro. En sí era un poco más sencillo, pues recordaba más o menos en dónde había estado ella antes de dejarla.

-Te voy a lanzar la pluma, Hermione,- mientras lo decía, extraía un hilo de la costura de su túnica y le ataba del otro extremo una pequeña roca.

-¡No, Harry!

-¿De qué me sirve si tú tienes el giratiempo de todos modos? Cúbrete el rostro, allá va…

-¡Ow! ¡Harry!

-¿La tienes?

Harry no pudo evitar sonreír.

-Sí, la tengo… y tengo los demás ingredientes en el bolso. Pero Harry, no puedes bajar. Si no morí es porque la misma tierra del claro amortiguó mi caída. Tú te romperías el cuello…

-Está bien, Hermione. No bajaré.

-Pero…

-Solo dime en dónde estabas el próximo año. Te buscaré entonces.

Hermione intentó morderse el labio inferior, pero estaba lastimado y se contuvo. Rápidamente buscó los ingredientes dentro de la bolsa y el mortero para triturar la pluma. Para su suerte tenía un brazo libre. Desgraciadamente era el izquierdo y eso le demoraba más de lo que debía. Sabía lo que Harry sabía, debía tener una hemorragia en alguna parte ya que sentía como las fuerzas poco a poco la abandonaban.

-Hoy es quince de febrero… debo estar en la enfermería con Ron.

Harry recordaba por qué. Era el día que Ron había ingerido los pastelillos de Romilda y después el veneno en el vino. Sí, él estaba en la enfermería llamando el nombre de Hermione y de pronto pensar en eso lo hacía sentir extraño. Ron había llamado a Hermione en su lecho de muerte… él había pensado solo en ella. Eso era algo que él nunca había experimentado con respecto a su propia muerte. Nunca lo había sentido por nadie. Apretó los labios conteniendo esos sentimientos y esos pensamientos. Era momento para pensar en otras cosas.

-Cúbrete con la capa de invisibilidad, usa la mía. Es más segura.

-¿Y cómo entrarás a la enfermería sin la capa?

-Me las arreglaré. Hermione, ahora ve. Cuando llegues, estaré ahí.

Hermione se acomodó el giratiempo en el cuello luego de llenarlo con los materiales triturados. Torpemente guardó los restos y se acomodó la capa encima de la mejor manera que pudo. Se sentía como mareada, los oídos comenzaban a zumbarle cada vez más fuerte.

-Harry…- dijo ella lo más fuerte que pudo y no estaba segura de que la estuviera escuchando,- claro que pensé mucho en lo que habría pasado…todavía… te veo allá.

Pero supo que las fuerzas solo le alcanzarían para una cosa y prefirió usarlas para darle el giro al reloj. El mundo se desvaneció al su alrededor. Cuando Harry ya no escuchó su voz, deseó con todo su ser que se debiera a que había logrado el viaje.

La llegada de Hermione a la enfermería fue confusa. A pesar de estar vistiendo una capa de invisibilidad, escuchó los pasos de dos adultos a lo lejos antes de posarse frente a ella y sentir su cuerpo ser levantado aun envuelto en la capa. Alguien hablaba de una poción multijugos y del efecto que se desvanecería pronto mientras se sentía transportada por larguísimos pasillos en medio de la noche. Sabía que era noche porque podía oler las antorchas quemarse en los pasillos con su paso.

Finalmente fue colocada en una superficie blanda y los brazos que antes la habían cargado, ahora la descubrían de su manto invisible y sujetaban su rostro en sus manos. Una sustancia helada era colocada en su pierna lastimada y algo estaba en sus labios. Era algo que se suponía debía beber pero ella estaba muy débil para hacerlo.

-Vamos, Hermione…- le susurraba él,- no te esperé todo este tiempo para perderte. Bebe…

Apenas sintió el líquido espeso en la garganta sintió nauseas pero él la detuvo.

-Pásalo, pásalo por favor… te hará bien.- había miedo en su voz pero también había mucho cariño.

La tenía en sus brazos y la estaba ayudando a sobrevivir. A pesar de saber que las palabras de la adivina no eran más que una charlatanería, Hermione sintió la pequeña flama de la esperanza encenderse tímidamente una vez más ¿O es que alguna vez se había extinto? Los brazos de Harry la colocaron de regreso a la cama. Quería decirle que volviera, que la abrazara de nuevo pero ahora sentía sobre su cuerpo las mismas manos en su rostro… acariciando sus brazos. La voz diciendo varias súplicas en susurros inaudibles para ella.

Y entonces algo húmedo tocó sus labios. Al principio creyó que se trataba de su mano tal vez intentando darle más medicina pero entonces algo un poco más húmedo hurgó un poco más de lo debido depositando en su lengua un sabor extraño. Era algo mejor y no era medicina. Sus labios le dieron la bienvenida al darse cuenta de lo que era. Era un beso. No un beso de esos castos que se daban a veces para darse ánimos. De esos besos normales que carecían de romanticismo. Éste beso era diferente, Hermione sintió el calor correrle por la piel conforme el beso se intensificaba. Las manos de Harry apretaban sus brazos como exigiéndole que no se fuera. Y ella no quería irse, por supuesto que no iba a irse.

Cuando el beso terminó, él se quedó ahí abrazándola. Hermione intentó regresar el abrazo pero lo que acababa de pasar había absorbido todas sus energías. Pero no sus energías vitales, solo sus energías conscientes. Quería decirle algo, quería hablarle de sus sentimientos pero la urgencia por dormir se volvió insoportable. Los labios de Harry en su oído continuaban diciendo súplicas que todavía no entendía.

Sin embargo, antes de perder el conocimiento, escuchó claramente su voz decir con todo el dolor que nunca le había escuchado.

-No me dejes, por favor… no me dejes.

HOLA! Una enorme disculpa a ustedes por demorarme tanto. Pero ya ven… hay obligaciones del mundo muggle que muchas veces no podemos evadir por más que queramos. Pero ya estoy aquí. Feliz con ustedes y esperando que el cap les haya gustado. Intentaré ir contestando los reviews pero por lo pronto quise dejarles el cap y ya no me extiendo más. Solo vuelvo a darles las gracias por leerme y por dejarme los comentarios. Uds son geniales. No se olviden del review.

TLAL

Pd: Este fic no tiene beta, así que disculpen si hay errores ortográficos. Intento cuidarlos pero hasta al mejor cocinero se le va un tomate entero.