DICLAIMER: Los personajes en esta historia le pertenecen a JK Rowling y a WB TM. Yo no lucro con nada de esto, lo hago como hobby porque me encanta, así que gracias por leer.
CAPÍTULO TRECE
"Desvíos y oportunidades"
Por: TlalGalaxia
Nunca fue su intención que ambos viajaran a ese tiempo específico.
-¡Corre!
Apenas unas horas atrás el día había transcurrido de lo más normal. Habían desayunado juntos un poco de avena con leche y habían ido a trabajar. Hermione a la tienda de los apotecarios y Harry a "Cabeza de puerco". Todavía tenían tiempo… todavía debían esperar unos días más.
-¡No te sueltes!
-Harry, no puedo correr con la capa puesta.
-Solo no me sueltes. Yo guío el camino.
Las explosiones obstruían la comunicación. Pero el apretón en su mano le indicaba exactamente lo que debía hacer. Y como si fuera la misma situación que muchísimos años atrás, Hermione se asió de ella como si su vida dependiera de ello. Hubo un momento en que Harry pensó que la había perdido, luego se dio cuenta que sus dedos estaban entumidos y confió en que ella no lo soltaría. En que no lo dejaría.
Justo esa mañana luego del largo silencio al respecto, habían decidido volver a abordar el tema.
"Ya sé que dijiste que no quieres escucharlo… ya sé que quieres que te lo demuestre. Pero cuando avancemos un año. Lo verás"
"Harry, no hay nada que…"
"Déjame mostrártelo. Te juro que no mentí…solo espera ¿Está bien?"
Hermione había asentido y luego le había dado un beso en la mejilla antes de despedirse de él ¿Cómo iban a saber que las cosas cambiarían tan abruptamente?
El primero en enterarse había sido Harry. Dumbledore había llegado a toda prisa a "Cabeza de puerco" casi sacándolo a empujones. Hablaba de alguien que lo había visto en el bar y lo encontraba sospechoso. Harry sabía que los gitanos siempre levantaban sospechas, pero era demasiado tarde para cambia la encubierta.
Cuando llegó a la tienda de los apotecarios, Hermione sonrió cuando lo vio desde la ventana. No solo estaba contenta de verlos, mientras cargaba a la pequeña Kalynda, parecía como si estuviera a punto de darle una excelente noticia. Los encargados de la tienda también estaban contentos. Pero Harry no tuvo tiempo de escucha o decir nada. Simplemente entró con paso decidido y la sujetó del brazo. Como siempre, solo una mirada bastó para que Hermione captara el mensaje y pusiera a la niña en el suelo.
"Debemos irnos, la… caravana ser irá antes de los planeado"
Hermione había asentido y se había encaminado a la puerta al momento que la señora Emrys corría tras de ellos con un bulto apresurado.
"Frutos secos, un poco de leche y pan, Emily… tomen"
Días antes, el señor Emrys le había adelantado los ingredientes para los polvos para el giratiempo. De hecho, en ese momento solo trabajaban para tener qué comer y para no despertar sospechas. Pero todo eso había sido en vano, de acuerdo a Dumbledore alguien había sospechado. Alguien los había estado siguiendo y era muy probable que se tratara de alguien cercano a Voldemort. Debían moverse antes de que algo sucediera.
"¿A dónde vamos?" había querido saber Hermione tan pronto habían llegado a la casa de los gritos.
"No podemos aparecernos en ningún lado seguro" había dicho Harry mientras levantaba la varita y arreglando la casa como si nadie nunca hubiera estado ahí. No podía pensar en otra cosa salvo que estaban en peligro inminente, que algo podía pasarle a Hermione. "No sabemos si son espías de Voldemort… o el ministerio. Es muy peligroso aparecernos en otro país. Debemos salir de su mira"
"¿El giratiempo?"
"No tenemos opción"
"Harry ¿sabes qué día es hoy? No podemos… no hoy"
"¿Crees que no lo sé?" Harry respiraba aceleradamente, su mirada parecía preocupada. Hermione lo detuvo sujetando su rostro.
"Harry, ¿Qué pasa?"
"Hay sospechas de un viajero en el tiempo. Si saben que soy yo… i Voldemort puede poner sus manos en nuestro giratiempo… si algo cambia y entonces esto nunca hubiera pasado…"
Ni siquiera tuvo que terminar la frase. Hermione sabía lo que pasaría si el cambio era demasiado fuerte. Volverían al momento en que se habían colocado el giratiempo como si nada. Olvidando ese pequeño espacio de tiempo. O quizá Voldemort aprovecharía el reloj y volvería a su pasado para no ser derrotado la primera vez… cualquier posibilidad, cualquiera de esos cambios, cambiaría para siempre lo que ellos conocían como presente. Y también cambiaría para siempre quienes ellos eran. Pero lo que más, lo más obvio que en ese momento les preocupaba era pensar que olvidarían que alguna vez se habían besado y que habían confesado sentimientos que de otra manera jamás habría sido posible. Por eso Hermione le había colocado el giratiempo a Harry sin chistar, quería proteger ese momento, quería protegerlo tanto como él quería protegerla a ella.
Pero en efecto no había sido el mejor momento para viajar un año al futuro.
Sin tiempo para recargar el reloj, pues estaban en Hogwarts durante la batalla final contra Voldemort, Harry y Hermione decidieron tomar el riesgo y correr en dirección a Hogsmeade. Era el mejor momento para aparecerse en otro país. La guerra era tan fatal que nadie estaría mirando los estatus mágicos de inmigración.
Mientras corrían en dirección al sauce boxeador, miraron a lo lejos el ejército de hombres lobo. A Nymphadora luchando espalda con espalda con Remus Lupin, sujetándose de una mano libre mientras defendían con la otra. Se veía en sus miradas que posiblemente sería su momento final. Harry y Hermione sabían que así era y se detuvieron conteniendo el aliento no muy lejos de ellos. Usaban sus capas de invisibilidad pero sabían que quizá no sería suficiente si el ejército de Voldemort llegaba primero.
-No, Harry…- susurró Hermione sabiendo que sus pies dudaban entre protegerlos o no.
Harry refunfuñó pues sabía que ella tenía razón. No había nada que pudiera hacer que los salvara. De pronto Tonks se giró con la gracia que nunca antes había tenido y le plantó un largo beso que le robó el aliento a su marido. Se miraron a los ojos y se dijeron todo lo que tenían que decir tan solo con la mirada. Harry supo en ese momento que esa era la única manera en que de verdad se decían las cosas entre dos personas que se amaban. Y se preguntó por primera vez cuándo había sido la primera vez que él y Hermione se habían comunicado así… y si había sido desde entonces que se habían amado de verdad.
La mano de Hermione tiró de la suya una vez más. La horda enemiga estaba a metros del castillo. Emitiendo un hondo suspiro, Harry buscó el cuerpo de Hermione a tientas y le colocó la mano en la cintura antes de conducirla debajo del sauce boxeador. Fue más complicado que solo congelarlo, pero los Lupin estaba tan cerca que no podían levantar sospechas.
Tan pronto terminaron de cruza el túnel que los llevaría a la casa de los gritos, supieron que habían cometido un grave error. Se les había olvidado, en lo apresurada de su huida, que no eran los únicos que conocían ese pasadizo. Seguramente además de Draco y sus cabinas reparadas, Peter Pettigrew le había dicho a Lord Voldemort acerca de su existencia. Apenas habían logrado salir de la trampilla cuando la puerta de la casa fue derribara de un golpe. Instintivamente, Harry tiró de Hermione y la puso contra la pared protegiéndola con su cuerpo.
El rostro de Harry estaba sobre el hombro de Hermione y contra la pared, así que fue ella quien vio al grupo de mortífagos desfilar en dirección a la trampilla en el suelo por la cual justo acababan de salir. Sintió su cuerpo temblar y no supo si era ella misma o si era Harry. Aunque probablemente eran los dos. Volver a vivir esa batalla no era sencillo. Hermione recordaba haberse sentido desfallecer al ver el cuerpo inerte de Harry en brazos de Hagrid. Y Harry solo recordaba la incertidumbre… y justo ahora el terror de pensar que la ideología de su antítesis profesara destruir a quienes eran como la mujer que ahora tenía en sus brazos ¿Podía un supuesto genio estar más equivocado?
Por un momento pareció que todos los que iban a entrar por ese pasadizo lo habían hecho ya. Se quedaron quietos un momento más y comprendieron que si no salían en ese momento no lo harían nunca.
Corrieron por la colina hasta llegar a Hogsmeade, esperaban desaparecer a partir de ahí pero el escenario que se dibujó ante sus ojos ninguno de los dos o esperaba.
-Por Merlín…- susurró Hermione capturando la mano de Harry una vez más.
Harry no respondió. Se limitó a intentar encontrarle sentido a lo que sucedía. De entre los mortífagos que no habían pasado por la trampilla, algunos se habían quedado en el pueblo intentando destruir lo poco que quedaba de él. Un grupo de hombres lobos terminaban el trabajo empezado por los magos. Harry desvió la mirada a donde había estado Cabeza de Puerco pero ahora estaba en llamas. Hermione divisó a lo lejos el negocio del apotecario y notó que estaba derrumbado como si hubiera sido sacudido por un fortísimo terremoto. Quiso correr en esa dirección preguntándose si habían logrado escapar de ahí con vida, pero seguía sostenida de Harry y eso le recordó que no había nada que pudieran hacer y que si lo hacían, solo terminaría por derrumbar ese pequeño instante encapsulado que ahora se había convertido en un tesoro, en su secreto… en lo que más anhelaban.
Caminaron lo más sigilosamente posible en medio del caos. Todavía quedaban mortífagos revisando los restos de los negocios y casas. Saqueando y aterrorizando. Era inhumano lo que estaban haciendo por el simple placer de hacerlo. Era una situación definitivamente fuera de control ya que no era a eso a lo que se suponía que los secuaces de Voldemort habían ido.
De pronto un grito los distrajo haciéndolos pararse en seco. Era el grito de una niña combinado con el gruñido de una bestia y el llanto de un bebé. Hermione se soltó de la mano de Harry por primera vez para cubrirse la boca al ahogar un grito que no pudo evitar al dase cuenta que la niña que gritaba era Kalynda, la rubia niña de los Emrys de ahora seis años. La pequeña tiraba piedras a un hombre lobo que traía algo en el hocico… y a juzgar por el llanto de bebé en medio de la escena, Hermione adivinó lo que había en la cesta que la bestia sacudía de un lado a otro.
Su reacción fue más rápida que su pensamiento. Antes de saberlo ya estaba a escasos pasos de la niña y la levantaba al vuelo.
-¡No!- gritaba la pequeña sacudiendo sus pies enérgicamente.
Su segundo acto fue tan automático como el primero. Sacó la varita de entre sus ropas en un instante y la apuntó al hombre lobo petrificándolo de un golpe. Harry observó anonadado la escena. En el jaloneo, Hermione había tirado la parte superior de su capa y era una cabeza flotante de abundante cabellera castaña con una niña también flotando al lado y la canasta que era atraída por una fuerza invisible.
Harry quiso gritar el nombre de su amiga pero se detuvo. Esperó pasmado a que lo que Dumbledore les había advertido ocurriera ahora que habían cambiado el pasado. Pero nada ocurría. Hermione pareció reaccionar de pronto en lo que había hecho y miró casi sin creer a los dos infantes que ahora abrazaba como si fueran los suyos propios.
-Yo…- quiso decir mirando en dirección a donde suponía que Harry seguía.
Harry acortó la distancia y tomó a Kalynda de los bazos de Hermione y la colocó debajo de su capa abrazándola contra su pecho. Hermione extrajo al bebé e hizo lo mismo. Harry buscó la mano de Hermione a tientas una vez más y la condujo a las afueras de Hogsmeade sin decir palabra. Y así anduvieron por un largo rato hasta que pareció que habían pasado kilómetros y kilómetros. En silencio sujetándose de las manos y a veces deteniéndose para descansar de sus cargas.
Cuando el barullo pareció estar lo suficientemente lejos y el humo gris terminó de cubrir el cielo, se detuvieron por fin a la orilla de un pequeño lago. Harry dejó ir la mano de Hermione y se puso de rodillas colocando a la pequeña Kalynda de pie en el suelo. Finalmente se descubrió el rostro y Hermione hizo lo mismo. El bebé en sus brazos se había quedado dormido largo rato atrás.
-Lo siento…- comenzó a disculparse Hermione pero Harry la detuvo.
-Lo hecho está hecho. Además… he estado pensando. Quizá esto es lo que debía haber sucedido.
Hermione parpadeó un par de veces todavía pasmada por lo que acababa de escuchar. Le echó otro vistazo al bebé en sus brazos. Sabía quién era al momento de rescatarlo pues esa había sido la buena noticia que no había tenido tiempo de darle a Harry horas atrás cuando la sacó a prisa de la tienda de los apotecarios. Justo le habían dicho que estaban esperando a su segundo hijo y al avanzar un año y ver a la pequeña Kalynda lanzar piedras a un terrorífico hombre lobo para salvarlo… no había tenido que pensarlo mucho.
Y ahora Harry decía que era algo que tenía que haber sucedido.
-O quizá solo…- empezó a decir Hermione pensando rápidamente,- quizá solo no hemos hecho lo suficiente para cambia el pasado del todo.
-O quizá sí estaba escrito que debíamos salvarlos. Hermione… ¿No lo ves? Quizá es como cuando te advertiste a ti misma en el callejón Diagon.
Hermione apretó lo labios. Kalynda todavía estada demasiado confundida para prestar atención. Incluso era probable que hubiera visto a sus padres morir. Pasar saliva era una misión casi imposible en esos momentos.
-¿Y qué se supone que haremos ahora?- inquirió ella.
Harry, aún de rodillas, se giró para ver a la niña. Todavía tenía hollín en la cara y su rubio cabello se veía gris debido a todo el polvo que había adquirido luego del derrumbe de su casa. Le acarició la cabeza pero la niña pareció no darse cuenta de lo que estaba pasando a su alrededor todavía.
-No podemos quedárnoslos…- respondió él sin dejar de acariciar a la niña.
-Tampoco podemos abandonarlos. Harry… nadie mejor que tú sabe lo que es crecer en una familia de extraños…
-No los dejaremos con los Dursley,- la interrumpió Harry,- buscaremos un lugar propicio… una familia adecuada.
-¿Y cómo vamos a hacer eso? No podemos investigar a cada persona que nos encontremos…
-Eso lo sé Hermione, pero no fue idea mía sacarlos de ahí y traerlos con nosotros.
Hermione cerró la boca de golpe. Había pensado responder lo que fuera que Harry le dijera salvo eso. Por supuesto que ese nuevo problema no era culpa de Harry. Había sido ella quien había tomado la decisión arrebatadamente. Y le enfurecía saber que a pesar de saber que estaba haciendo bien… en realidad solo había logrado meterlos en el embrollo más grande en que podían estar. Comenzó a temblar de impotencia y se giró abandonando la discusión.
Harry notó el gran cambio y lo lamentó tan pronto las palabras habían abandonado su boca. Se puso de pie de un salto y caminó a su lado. Hermione se resistió al principio, pero él se disculpó una y otra vez hasta que ella aceptó el abrazo reconfortante.
-Por supuesto que hiciste bien…- le susurró al oído. El bebé seguía dormido entre los dos y Harry se meció para que Hermione hiciera lo mismo.- no quise decir que hubiera sido mejor que los dejaras. Hiciste bien, Hermione.
Y quizá fue el abrazo o el que las palabas de Harry eran las indicadas. O tal vez era todo el miedo que poco a poco se disipaba al saberse lejos del campo de batalla. Pero por primera vez en semanas, Hermione sucumbió de nuevo a sus deseos y a su corazón. Dejó que los labios de Harry volvieran a reclamarla como lo habían hecho semanas antes. Cuando le había dicho que la amaba, que también la había amado en el pasado como ella misma lo había amado a él. ¿Y en verdad era cierto que no le había creído? Al principio se había convencido de eso. Tal vez para tener una excusa para mantenerlo alejado mientras pensaba mejor las cosas. Pero con el paso de los días había tenido que luchar más y más consigo misma. Habían pasado juntos la mayor parte del tiempo y eso había complicado el pensar en cualquier otra cosa. Por eso mismo ella había sugerido que trabajaran en lugares distintos. Había creído que así podría ver las cosas de una perspectiva mejor o quizá descansar de todas esas posibilidades que a diario vivían en su cabeza.
No podía haber estado más equivocada.
Sin importar lo que hiciera, Hermione no había podido hacer más que pensar más y más en ello. Incluso cuando dormía se encontraba fantaseando con la idea de que él cruzaría el pequeño espacio entre sus camas e iría a abrazarla.
Pero no lo había hecho. Y ella tampoco le había dado ninguna señal que le indicara que estaba cambiando de parecer. O que por lo menos eso era lo que quería. Que no necesitaba saber si Ginny le había dado la amortentia o no, o que si él la había amado desde antes como él le había dicho. Ni siquiera pensar en Ron tenía fuerza alguna.
-Harry…- suspiró ella interrumpiendo el beso a pesar de que no era exactamente eso lo que quería.
-No me voy a disculpar por eso…- le susurró todavía a escasos milímetros de su rostro,- he querido hacer eso por días…- dio un hondo suspiro y luego abrió los ojos,- a no ser que quieras que me disculpe…
Hermione se apresuró a negar con la cabeza ocasionando que se dibujara una sonrisa en el rostro de Harry que pronto se reflejó en el de ella.
-Creo que en este momento deberíamos estar pensando en otra cosa…
La mirada de Hermione le indicó a Harry que se volviera para ver a Kalynda que finalmente parecía haber vuelto en sí y ahora los observaba con un dejo de confusión. Harry se giró hacia ella. Ambos todavía llevaban su disfraz de gitanos, así que ella los conocía perfectamente y era por eso, seguramente, que la niña no hacía ademán por alejarse. Él se puso de cuclillas frente a ella y le sujetó el rostro. Sus grandes ojos azules parecían más llenos de dolor que de confusión. Ni siquiera tuvo que preguntarle lo que había pasado con sus papás, podía adivinarlo con tan solo verla y sabía que no había nada que pudiera decirle para remediarlo o para hacerla sentirse mejor. Él mejor que nadie sabía lo que se sentía.
-Kal…- empezó a decir Harry de todas formas,- siento mucho lo que pasó con tus padres… yo… yo quisiera poder hacer algo para remediarlo pero hay cosas que simplemente debemos dejar en el pasado…
Y mientras decía las palabras pensaba en el motivo por el que él y Hermione estaban ahí. Y se sintió como el hipócrita más grande del mundo ¿Pero qué más podía decir? ¿De qué otra manera podía explicarle a una niña de seis años que a pesar de tener en sus manos un giratiempos no podía usarlo para la única cosa que ella quisiera cambiar?
-Debemos pensar en lo que viene…- continuó Harry,- en las cosas buenas que podrían pasar en el futuro. Y… y quizá un día dolerá un poco menos.
-¿Me olvidaré de ellos? ¿De mis padres?
-No, no…- Harry abrió los brazos y la niña se dejó caer en su pecho. La sujetó con fuerzas y se puso de pie,- jamás los olvidarás. Ni tú ni tu hermanito olvidarán las grandes personas que sus padres fueron.
-Hermanita,- lo corrigió la niña.
Hermione miró el rostro del bebé que cargaba. Era un rostro muy dulce. Por supuesto que era una niña ¿Cómo no se había dado cuenta antes?
Finalmente decidieron quedarse ahí. Sabían que moverse con dos niñas era una misión casi imposible. Y ahora sin Dumbledore para apoyarlos era el doble de complicado. Rápidamente armaron la casa de campaña que Hermione cargaba encogida en su bolso y cortaron un árbol para transfigurarlo en una cama para Kalynda y una cuna para la bebé.
-¿Cómo se llama?- quiso saber Hermione mientras la arrullaba para dormir. Había logrado alimentarla con un la leche que la misma señora Emrys le había dado antes de dejar la tienda, sin querer había sido una última ofrenda de su verdadera madre pero pronto necesitarían más y no podía pensar en una buena forma de conseguirla.
-Se llama Morna,- contestó la hermana.
La pequeña no se parecía a Kalynda. Mientras la mayor era rubia y de ojos azules como su madre, Morna tenía el cabello negro como su padre y sus ojos en la oscuridad no se percibían el color, pero parecían marrones o algún otro color oscuro. Hermione le dio un beso en la frente antes de colocarla en la cuna y procedió a poner a la mayor en su cama.
-No quiero dormir sola…- le dijo tímidamente.
Hermione miró su cama. Eran demasiado pequeñas para que alguien más durmiera ahí pues estaban diseñadas para caber en la casa de campaña mágica. No había manera que ella y la niña durmieran juntas en alguna sin peligrar a caer al suelo durante la noche.
Harry empujó su cama junto a la de Hermione y sonrió.
-Ahora sí… así cabrán las dos.
-¿Y tú?- quiso saber la pequeña viendo que la cama que le habían hecho era apenas suficiente para ella.
-Dormiré en el suelo…- contestó con media sonrisa.
-No.- le dijo Hermione tajantemente.
Minutos después estaban los tres en la cama grande que se había fabricado al juntar las dos individuales. Kalynda estaba dormida entre los dos pero Harry y Hermione estaban cerca, muy muy cerca. Uno frente al otro, con las miradas fijas, la respiración entrecortada. Ella recordaba el beso de antes… y las ganas que tenía que eso no hubiera terminado. Harry pensaba exactamente lo mismo, pero había una niña entre los dos. Hermione le acarició el cabello a la pequeña y Harry aprovechó para colocar su mano sobre la de ella. Era solo un apretón de manos pero al mismo tiempo era mucho más que solo eso. Antes de saberlo se quedaron dormidos. Estaban mucho más cansados de lo que creían. Había mucho que pensar, mucho que considerar y muchos más problemas de los que hubieran querido. Pero por el momento no podían hacer más que descansar y esperar que el tiempo, eso único que todavía estaba de su lado, no les faltara para enderezar las cosas.
-No podemos arreglarlo todo con encantamientos para modificar la memoria... Kal es muy pequeña.- susurró Harry.
-No estoy diciendo que sea apropiado, pero no podemos hacer más…
Mientras hablaba, Hermione se mordía los labios. Habían estado repasando las posibilidades toda la mañana. Luego de despertar con la ternura de haber dormido tan cerca, la conversación de ese momento los estaba alejando cada vez un poco más. Hablaban a media voz, las niñas seguían dormidas y ellos terminaban de contar la comida que traían consigo. Era solo un poco de leche, los frutos secos y el pan su única munición.
-Quizá si hablamos con Kal… ella entenderá, es una niña inteligente.
-¿Y decirle qué? ¿La verdad? ¿Una mentira que pueda deshacerse en un descuido?
-Solo no creo que jugar con su mente sea apropiado, Hermione.
-Y yo tampoco lo creo, pero…
-Buenos días.
Ambos se giraron para ver a la niña que se acercaba al área de la cocina de la tienda. Era muy parecido a una casa de verdad, salvo que las paredes eran de tela, así que era muy posible que no escuchara lo que habían estado susurrando, pero se hubiera dado cuenta de que alguien discutía en la cocina.
-Buenos días,- respondieron ambos sonrientes.
Luego de eso no tuvieron tiempo de seguirlo discutiendo por el resto del día. Hermione había ido a conseguir leche en polvo a algún supermercado con el único dinero muggle que le quedaba. En el mundo mágico se acostumbraba alimentar a los bebés de la manera tradicional, así que no había manera de conseguir eso en ninguna parte donde aceptaran sickles o galeones. Y Hermione hacía mucho había tenido a Hugo como para fabricar por ella misma el alimento de la pequeña Morna.
Harry mientras tanto se había quedado en la casa de campaña con las niñas. Ocuparse de ellas no había sido nada difícil. Desde siempre, la misma Ginny le había dicho que tenía un don natural con los niños. Harry siempre creyó que era quizá porque él había crecido sin la guía o el cariño paternal que siempre intentaba ser aquello que nunca tuvo, algo así como los señores Weasley o los señores Granger.
Para cuando Hermione volvió con la leche y un par de mamilas, Harry ya las había bañado y les había cambiado la ropa que antes había estado llena de hollín. Morna había tomado gran parte de su tiempo, pero para su suerte Kalynda estaba en la edad en que un bebé era una actividad entretenida y todo el tiempo fue casi como jugar a las muñecas con ella.
-¿Se divirtieron?
-¡Emily!
La reacción de Kalynda no era de extrañarse. Hermione había sido una constante en su vida desde su nacimiento. Mucha veces por periodos cortos o medianos de tiempo pero siempre había sido como esa tía que solo se ve en épocas especiales y a quien siempre daba gusto ver.
Cuando terminaron de cenar y lograron ponerlas a dormir, Harry y Hermione por fin tuvieron tiempo de retomar esa conversación que había quedado inconclusa por la mañana.
-¿Has pensado en lo que vamos a hacer?
-Harry… no es que de verdad quiera modificarle la memoria ¿Pero qué puedo hacer? No conocemos a ninguno de sus parientes o si tienen alguno…
-No, no tienen… o al menos Kal no conoce a nadie más. Ella dice que tú y yo somos sus tíos ¿Sabías algo de los Emrys?
-Muy poco… solo que eran buenas personas pero eso lo sabes tú también. Pero eso no nos ayuda de mucho. Harry, no tengo idea de lo que vamos a hacer.
-No te preocupes,- le dijo tomándole las manos por sobre la mesa de la pequeña mesa que servía de comedor. Era un espacio más reducido al que tenían en la casa de los gritos, pero por el momento era suficiente - intentaremos resolverlo con el tiempo. Después de todo tiempo es lo que nos sobra.
Sí que les sobraba tiempo, tiempo para llegar a la fecha en que se supone pueden resolver la misión que los había llevado ahí en primer lugar. Era difícil ponerse a pensar en eso cuando se les habían agregado nuevas responsabilidades, pero si en algo era buena Hermione era en enfocarse en distintas tareas complicadas a la vez. Solo tenía que aplicarse a ello.
Los siguientes días intentaron llevar una rutina más o menos normal. Sabían que la leche sería suficiente por lo menos por una semana y en el bosque podían cazar la comida necesaria para el resto, pero ese plan debía expirar pronto, no tanto por su bien sino por el bien de las pequeñas. Luego de pasar por varias posibilidades, finalmente acordaron que lo mejor era regresar a Hogsmeade. Quizá ya no tenían a Dumbledore de su lado pero querían intentar hablar con Aberforth para conseguir lo necesario ya que ahora no solo eran sus propias bocas las que había que alimentar.
Fue difícil estar de vuelta, no tanto por ellos mismo sino por Kalynda quien posiblemente resentiría estar en el último lugar en que había visto a sus padres con vida ¿Pero qué opción tenían? Otro de los motivos por los que habían vuelto era para intentar averiguar si había alguien más que pudiera encargarse de ellas… sin revelar el paradero de las mismas (quién sabe qué pensarían al ver a un par de gitanos con un par de niñas que no eran las suyas… de por sí ya tenían mala fama).
Así que Harry trabajó unos días en Cabeza de Puerco mientras que Hermione se quedaba en la casa cuidando de las niñas. Era una situación irreal, era casi como si fueran una familia de verdad aunque estaban lejos de serlo. Cuando Harry no estaba, Hermione hacía su mejor esfuerzo. Las peinaba, las bañaba e incluso había empezado a enseñarle a leer a la mayor. Incluso de noche, antes de dormir, les leía un cuento.
Un día luego de dos semanas se encontraban descansando frente a la parte del Lago que no pertenecía a Hogwarts. El castillo se veía a lo lejos. No era como lo recordaban, todavía tenía varias partes de él derrumbadas y su color seguía siendo de un tono amarillento. A Hermione le gustaba pensar que estaba enfermo, que el castillo había sufrido heridas muy graves y que simplemente se estaba recuperando, regenerándose al reconstruirse. Tenía mucho de cierto, por supuesto, ya que Hogwarts en verdad se regeneraba gracias a la misma magia antigua que lo había creado. Pero también había necesitado de mucha ayuda de magos y brujas para lograrlo. En un principio había sido tarea de los profesores, pero luego llegaron los Aurores, la gente de Hogsmeade y finalmente hasta los alumnos habían regresado con la intención de dejarlo impecable para el inicio de su siguiente año escolar. Los mismos Harry y Hermione habían vuelto en compañía de Ron, Neville, Luna y Ginny. Habían puesto su granito de arena.
-Yo reconstruí esa ventana caída,- le dijo Hermione señalando una de las alas que veían al lago,- muchos de los lienzos estaban destruidos también. Tuve que repararlos porque los habitantes de los retratos se habían abarrotado en los pocos cuadros que estaban intactos.
-Recuerdo a la señora gorda quejándose de las ninfas del bosque,- rió Harry,- decía que no era decente bailar con esa falta de vestimenta.
-No podía esperar a que terminara de reparar el cuadro griego,- respondió Hermione riendo de la misma manera.
-Lo sé,- y esta vez el tono de Harry fue un poco más serio,- estabas empeñada en que el mundo mágico volviera a ser como si nada hubiera pasado. Trabajaste muy duro, ceo que no dormiste por tres días…
-Algo así…
-Yo sé qué era lo que te preocupaba. Sé que morías por ir a buscar a tus padres pero de cierta manera te convenciste de que era mejor que estuvieran apartados de ti mientras ponías orden al mundo a tu alrededor. Me presionaste incluso para que volviera con Ginny aunque yo…
Harry emitió un hondo suspiro y apretó los labios volviendo la vista al castillo. Kalynda estaba jugando lanzando piedras en la orilla del lago y la pequeña Morna estaba dormida en el regazo de Hermione.
-¿Aunque tú qué?
Harry se llevó la mano a la cabeza intentando aplacarse el cabello, ese era un gesto que había tenido toda la vida cuando no encontraba cómo explicar algo.
-¿De verdad me vas a dejar decirlo?
De pronto, Hermione supo a dónde iba a ir la conversación. Era esa continuación a lo que le había empezado a decir varias semanas atrás. Era eso que ella no había querido saber hasta que sus sentimientos se definieran mejor. Y aunque no estaba segura de saber lo que iba a hacer, sí sabía lo que sentía y lo que quería… quería escuchar el resto de la historia y quería de cierta manera creer que eso le ayudaría a arreglar las cosas (cualquiera que esa solución fuera).
Así que ella asintió y la mirada de Harry volvió a perderse en el horizonte.
-No es que me hubiera dado cuenta jamás lo que alguna vez habías sentido por mí. De haberlo sabido…- hizo una pausa más larga de lo que hubiera querido pero finalmente se aclaró la garganta,- en fin. No tiene nada que hubieras hecho por mi… es decir, nada intencional. Yo jamás vi nada que indicara que un sentimiento más allá de amistad. Y bueno, tú y Ron… tenían toda esa química ¿Sabes? Esa energía, esa tensión…
Hermione sonrió al recordar esas peleas infantiles pero le hizo ademán para que continuara hablando.
-El caso es que no sabía qué hacer con Ginny. Ella siempre fue muy independiente, tú lo sabes, nunca necesitó mucho de mí y tampoco estuvo cerca muchas de las veces. Al menos no como… pues no como tú.
-Pero Harry, eso no quiere decir…
-Espera, dijiste que me dejarías contarlo,- Hermione asintió,- el caso es que Ron había estado tan celoso cuando vio lo del medallón. Y nunca lo vi… por lo menos no lo vi de la manera en que él lo hacía. Y entonces me pregunté por qué él creería eso… y por qué tanta gente lo creyó. Incluso Rita Skeeter y Viktor ¿Sabes? Y entonces me pregunté ¿Por qué no? Y mientras me hacía esa pregunta, te observaba. Intentaba comprenderte, intentaba ver el mundo como lo veías y me di cuenta que no necesitaba observa mucho, que de cierta manera siempre lo habíamos visto de la misma manera. Y entonces la pregunta de ¿Por qué no? Se volvió más constante. Incluso hice una lista de tus cualidades… de las cosas que me gustaban de ti.
-¿Cómo qué?
Harry sonrió apenado y negó con la cabeza.
-Eran tonterías… tenía dieciocho…
-Harry… yo te dije lo de la adivina del callejón ¿Qué puede ser más vergonzoso?
-Sabía que eras una buena persona y que eras leal. Que siempre habías sido honesta conmigo… a veces incluso tanto que era doloroso y necesario. Sabía que todo lo que hacías, lo hacías por mi bien y que arriesgaste tu bienestar e incluso muchas veces tus intereses por complacerme. Y me pregunté ¿En dónde más puedo conseguir eso? Y entonces entendí la fascinación de Ron contigo… y me encontré deseando que tuvieras la misma fascinación por mí, que me encontraras tan interesante como encontrabas a Ron.
-¿Fue esa tu etapa de contar chistes? Es decir… cuando limpiabas, decías demasiadas bromas un poco…
-Ni me lo recuerdes…- respondió cubriéndose el rostro.
-Eran las peores bromas,- se carcajeó Hermione.
-No sigas,- replicó Harry con un tono herido,- lo sé… era terrible. Y entre más lo intentaba más me golpeaba con un muro porque tú… supongo que entonces tú habías renunciado a mí y por eso me insistías en que hablara con Ginny. Y yo creía que tú y Ron… en fin. Esa es mi historia trágica.
-Tu historia trágica de cinco minutos,- bufó Hermione.
-¿Cinco minutos? Claro que no… me tomó todo el verano y gran parte de nuestro último año en Hogwarts darme cuenta que no había manera en que algo funcionara entre los dos.
-Pero nunca me lo dijiste. Harry… no tuviste el valor suficiente como para que lucharas por mí.
-¿Y luchaste tú por mí? Tampoco recuerdo que me hubieras dado mucha oportunidad de elegirte o no…
-Es diferente… tú tenías muchas cosa de qué preocuparte. Además yo…
-Hermione, es lo mismo.
La burbuja de silencio que le siguió a esa declaración se volvió incómoda mucho más rápido de lo que hubieran querido ¿Cómo era posible que una conversación que ambos habían creído les haría bien había terminado tan mal? Finalmente fue ella quien decidió romper el silencio y ablandar un poco las cosas.
-¿Sabes, Harry? Hubo momentos… mientras acampábamos en el bosque de Dean.
-¿Mientas llorabas por Ron?- todavía había resentimiento en el tono de Harry pero Hermione decidió no excavar en esa dirección.
-No, Harry. No lloraba por Ron. Lloraba porque sabía lo que su alejamiento representaba para ti. Y no quiero decir con esto que no sentía nada por él. Yo sabía que él había sentido algo por mí por años pero había decidido no ahonda en esa posibilidad. En fin, eso no es lo que te quería decir. Lo que quiero decir es que en esos días desolados y de frío, a veces estuve tentada a pedirte que no volviéramos a Hogwarts… que no fueras tras Voldemort. Muchas veces quise pedirte… que dejaras todo atrás, tus obligaciones y tu deber, y que vivieras y te quedaras conmigo…
Harry había estado observando el rostro de Hermione hasta entonces. Luego volvió a ver al horizonte donde Kalynda ahora se encontraba jugando con una rana que se había encontrado.
-¿Y por qué no me lo pediste?
-Harry, no lo habrías hecho… no habrías abandonado tus obligaciones, no habrías dejado de hacer lo que es correcto solo porque yo te lo pidiera ¿O sí?
Él emitió un sonido extraño, algo parecido a un gruñido. Volvió a aplacase el pelo y Hermione supo que quería mentir pero no podía.
-No, no lo habría hecho en ese entonces.
Hermione asintió sabiendo que eso era justamente lo que ella había pensado en ese momento y que por eso no se lo había pedido. Pero entonces una nueva pregunta surgió… algo que estaba implícito en la manera en que Harry había dicho su respuesta. De pronto miró al bebé en su regazo y a la pequeña Kalynda jugando con la rana en el lago. La mano de Harry estaba en el suelo tan cerca de la suya ya que ambos estaban sentados con las espaldas reclinadas, sosteniendo todo su peso con las palmas de las manos sobre el suelo.
Y supo entonces que si quería que algo bueno surgiera de esa conversación, debía hacer las preguntas correctas en el momento correcto. Ya dos veces lo habían dejado pasar en el pasado ¿Por qué no intentarlo por una vez?
-¿Y ahora, Harry? ¿Lo dejarías todo si yo te lo pidiera?
Me encantan las adaptaciones de Las reliquias de la muerte. Me encanta todo el Harmony que hay en ellas y quise rendirle un poco de tributo rescatando esa hermosa fase que no sucede en los libros "let's grow old together". Espero les guste el capítulo y disculpen la demora.
TLAL
PD: Un agradecimiento también a Gaby, quien es mi biblioteca Potter y mi editora… caja de resonancia y básicamente "ecret keeper" de esta historia. Los lectores tb pueden agradecerle que la historia siga… que si me tardo mucho, ella me presiona para que no abandone XD
