DICLAIMER: Los personajes en esta historia le pertenecen a JK Rowling y a WB TM. Yo no lucro con nada de esto, lo hago como hobby porque me encanta, así que gracias por leer. Y la situación legal de los derechos de estos personajes está muy lejos de favorecerme. Pero aun así escribo… (sí, todavía).

CAPÍTULO CATORCE

"Lo que estaba buscando"

Por: TlalGalaxia

Era como vivir una segunda vida. Como estar en un cuerpo que no les pertenecía, como ser parte de una película de cine. Una película que disfrutaban bastante y la cual esperaban durara más que "lo que el viento se llevó" con todo e intermedio.

Todo había empezado aquella tarde en que Hermione por fin había pedido lo que de verdad quería. Aquello que toda una vida había deseado pero que había pasado toda una vida temiendo no merecer ¿Y quién lo iba a decir? Harry habían dicho sí. Sin más había dicho que sí, que lo dejaría todo si ella se lo pidiera y entonces había hecho la pregunta.

"¿Lo dejarás todo sin mirar atrás?" Había preguntado ella sin dejar lugar a duda que ahora no era una pregunta hipotética sino una pregunta real.

Y Harry había asentido. Primero seriamente y luego una gran sonrisa se le había dibujado en el rostro. Había sido en ese momento preciso en que la mano de Harry había recorrido la distancia a la mano de Hermione. Esa distancia tan corta y abismal al mismo tiempo.

"Necesito que lo digas" había contestado ella con voz queda, casi conteniendo el aliento y sintiendo que el corazón se le salía del pecho. La mano de Harry seguía sobre la de ella pero apenas la apretaba tiernamente. Ella, llena de expectativa, contemplaba su perfil pero él seguía mirando al horizonte. Kalynda había decidido que hacer bailar a la rana sujetándola de sus patas delanteras era una buena idea.

"¿Qué tal que te lo demuestro?" había sido su única respuesta antes de girarse y sujetarla de la barbilla y besarla.

Hermione no se lo había esperado. Morna seguía en su regazo, así que no dejó que la sorpresa de lo que estaba pasando la distrajera de la responsabilidad sobre sus piernas. Y aun así… aun así pensó que era tan fácil perderse ahí. Como siempre lo era y como quizá siempre lo sería.

El camino de regreso a La casa de los gritos había sido tomados de las manos. Con Morna sujetada contra el pecho de Harry y Kalynda tomada de la mano de Hermione. Cualquiera que los hubiera visto en ese momento, habría pensado que era una familia tal cual. Y la idea les había cruzado por la cabeza al mismo tiempo y les había fascinado.

Esa misma noche, luego de poner a las niñas a dormir se habían mirado frente a frente cada cual sentado a un extremo de la mesa. La pregunta era evidente "¿Vamos a hacer esto?" y ambos contestaban sin palabras "es lo que quiero". Y a pesar de saber que eso no era lo correcto, ninguno podía encontrar el valor y las ganas de decir lo contrario.

Se habían ido a la cama sin discutirlo. Sin hacer más que dormir en los brazos del otro y sin atreverse a hacer más ahora que compartían habitación con las niñas. El silencio fue su medio de comunicación como lo había sido por muchos años atrás. Y fue justo en medio de este silencio y la oscuridad de la noche que se encontraron. Los labios de Harry sobre los de Hermione y esa reacción inmediata. Besos era todo lo que podía haber esa noche, así que decidieron que lo mejor que podían hacer era aprovecharlos.

Muy pocas personas en este planeta, magos o no, tienen la oportunidad de elegir una vida distinta a la que rutinariamente han vivido por tantos años. ¿Qué habría pasado si Einstein hubiera decidido ser cocinero? ¿Y si Hitler hubiera sido cura? ¿Qué habría pasado si Voldemort hubiera tenido una infancia feliz? Todo puritano diría que las cosas han sido como han tenido que ser y que si pudieran ser distintas, lo serían. Harry y Hermione habían vivido muchos años bajo esa misma filosofía. En esos matrimonios que, pensaban, eran felices y a los cuales nunca se atrevieron a cuestionar. Era por eso que luego de que la vida les pusiera en las manos esa nueva familia, esa nueva realidad y todo ese tiempo ¿Cómo podían desaprovecharlo?

Con Voldemort y Dumbledore muertos, el mundo mágico era un lugar seguro y así lo sería por varios años más (eso sí lo sabían con certeza ya que habían vivido esos años ya). Era el ambiente perfecto para criar a ese par de niñas que, de otra forma, terminarían huérfanas. Y Harry nunca lo había expresado en voz alta, pero el hecho de que ellas fueran huérfanas como él lo había sido, era lo que despertaba su instinto protector. Y a pesar de que Harry no lo decía, Hermione lo sabía y no podía evitar amarlo todavía más por eso. Así que no fue difícil decidir dar ese paso. Tomar todas sus cosas (que no eran demasiadas) y mudarse a Australia. Había sido un viaje largo en escoba ya que las niñas no podían aparecerse y tampoco podían usar un traslador o la red flu. Una vez en Sídney, habían recuperado su apariencia natural para iniciar una vida de muggles.

Fue mucho menos complicado de lo esperado. Quizá por los antecedentes muggles de ambos, no fue difícil encontrar soluciones para todos sus problemas o cuidarse demasiado de cometer algún error de protocolo. Quizá lo más complicado había sido el tener que recurrir a delitos para hacerse de dichas identidades. En primer lugar habían tenido que falsificar sus identidades así como sus certificados educativos. Hermione había conseguido un empleo de secretaria en una dependencia de servicio social y Harry se encargaba de arreglar desperfectos en los hogares. Obviamente Harry no tenía talento alguno como plomero o carpintero, pero cuando sabía que todo estaba perdido, y cuando nadie lo veía, recurría a la magia para terminar su trabajo. Este último detalle era algo que él pretendía ocultarle a Hermione y ella a su vez pretendía no saber.

Fue una de esas primeras noches rutinarias, cuando Kalynda había sido inscrita en la escuela, Hermione había llegado de trabajar y Harry había preparado la cena, que se miraron a los ojos en el umbral de la cocina.

"Te amo" le había dicho Harry atrayéndola hacia sí en un abrazo prolongado.

"Y yo a ti" había contestado Hermione con una sonrisa y las mejillas llenas de color.

Más de veinte años después de lo esperado, Harry Potter la amaba. Ese sueño al que había renunciado por tantos años, por fin se volvía realidad. ¿Qué más podían pedir?

Esa misma noche, Harry había iniciado una expedición en el cuerpo de Hermione. Luego de haberle confesado sus sentimientos, no fue complicado pasar la línea de los besos y las caricias. Desvestirla en su cama, acariciar más allá. Hermione podía sentir, por primera vez en mucho tiempo, los escalofríos que se sienten como si fuera la primera vez. El cuerpo desnudo y cálido de Harry sobre el de ella, pidiendo permiso para entrar, para fundirse y ella sin poder contenerse a recibirlo.

-Sí…- murmuraba Hermione a su oído. Abrazándolo con todo su cuerpo. Sintiéndolo dentro de sí. Emitiendo su magia en ella como nunca lo había sentido ¿Podía ser que eso que siempre confundió con amor era otra cosa? ¿Podía ser que eso que ahora vivía, esa dicha, fuera felicidad verdadera?

-Te amo…- volvió a decir Harry como gruñendo muy a pesar de sí.

Esa mujer debajo de sí no era más que Hermione. La niña que había crecido a su lado. La que amaba todo lo que hacía con tanta pasión que nunca le había quedado remedio más que perseguir lo mismo. La chica cuyas opiniones se convirtieron hace mucho en la voz de su conciencia que siempre le ha indicado el bien, el mal, lo justo y lo injusto. Esos ojos castaños que siempre lo miraron con enojo, represión, alegría y amor. Esos labios que siempre habían servido para indicarle lo que lo mantendría con vida. Los probaba una vez más y se preguntaba por qué había tardado tanto en descubrirlos. Sentía su calidez debajo de él y se preguntaba mil veces por qué había desperdiciado tanto tiempo sin desearla. Por qué había tardado tanto tiempo en saber que eso era lo que necesitaba.

-Te amo…- respondió Hermione como reafirmando esa verdad casi olvidada en la rutina de su vida.

Y fue así como aceptaron su nueva vida y cómo el tiempo transcurrió suavemente a lo largo del primer año. Fue confuso y un camino largo y rocoso cuyos huecos fueron llenados por la presencia de esas dos niñas que ahora estaban bajo su cuidado. Kalynda era una niña dulce y demasiado inteligente para alguien de su edad. Morna era "la bebé mejor portada" de acuerdo a Harry, aunque Hermione alegaba que eso se debía a que sus propios hijos, salvo Al, habían sido siempre una pesadilla para cualquier niñera.

Los tiempos más difíciles eran precisamente cuando recordaban a sus otros hijos. Cuando Hermione creía ver en los ojos de Kalynda los ojos de su querida Rose y Harry distinguía en Morna un parecido infundado con Lily Luna. Eran esos días y noches cuando se miraban en silencio y se preguntaban una vez más si lo que estaban haciendo estaba bien, si era justo poner su felicidad en primer lugar aún a costa de otras cosas, de otras personas.

-Tenemos mucho tiempo para resolverlo,- decía Harry cuando la confusión se volvía insoportable,- hemos hecho una elección. Te he elegido a ti. Te quiero y te necesito en mi vida, sin importar lo demás te elegiré siempre a ti. Eso es lo que debí hacer en un principio y no voy a cambiar de parecer.

Hermione se sentía reconfortada, por supuesto, esas eran las palabras que había querido escuchar por años. Ese era el sentimiento que había querido reafirmar la mitad de su vida ¿Y entonces por qué se sentía como si estuviera haciendo algo muy malo? Para ella, las dudas eran mucho más grandes. A diferenciad de Harry, Ron no le había hecho nada para obligarla a elegirlo. Había sido ella quien había desistido de Harry por voluntad propia y había elegido a Ron en su lugar. En su caso, sería ella la harpía que le rompería el corazón al padre de sus hijos y al mejor amigo de ambos ¿Cómo podía hacerlo? No importaba las veces que se dijera a sí misma que era una Gryffindor y que lo enfrentaría con valor, el solo pensar que ese día llegaría la llenaba de terror.

-Lo resolveremos todo en su tiempo.

Hermione había decidido confiar en el criterio de Harry. Se había dejado seducir por él y por la vida que él le ofrecía. Con esa familia que cada vez parecía más real. Conforme las niñas crecían y Morna se veía cada vez más despierta. Conforme Kalynda empezaba a actuar como si sus verdaderos padres nunca hubieran existido. Empezaron a pegar dibujos en el refrigerador, a hacer planes en familia. A dejar que esa vida los absorbiera.

De pronto Morna empezó a caminar y a decir sus primeras palabras. Iban juntos al parque, Harry cargaba a Kalynda en hombros con la confianza de conocerla de toda la vida le daba. Y a pesar de sí mismos, aprendieron a sonreír cada vez más y a llorar menos. A amar la vida que estaban formando y a olvidar poco a poco aquella que habían dejado atrás.

Pero es justo en estos momentos que la vida gusta de darnos las buenas dosis de realidad que muchas ignoramos. Solo bastó con esa tarde para que tuvieran que poner los pies en la tierra.

-¡Tienes que ver esto!

Hermione recién llegaba del trabajo. Harry había hecho la labor de cuidar a las niñas y muchas veces hacía las labores del hogar. No es que le costara mucho trabajo, después de todo había crecido con los Dursley y podía decirse que se le daba mejor que a Hermione.

La condujo al cuarto de las niñas donde Kalynda cuidaba a su hermanita quien jugaba con unos cubos mientras estaba sentada sobre una frazada.

-¿Qué se supone que debo ver?- preguntó Hermione quien ni siquiera había tenido tiempo de quitarse el abrigo o dejar el portafolio del trabajo.

Harry le hizo una señal a Kalynda quien se puso de pie y se alejó de su hermana unos pasos. Luego extendió las manos al frente y exclamó.

-¡Morna! ¡Dame una A!

La pequeña elevó la mirada y regaló a su hermana una sonrisa con pocos dientes. Agitó los brazos, y el cubo, inicialmente en su mano, pareció deslizarse por los aires hasta llegar a su hermana quien lo atrapó sin ningún problema.

Hermione se llevó las manos a la boca para cubrir su sorpresa y al mismo tiempo una enorme sonrisa. Que una bebé de un año tuviera ese tipo de habilidades a esa edad era fantástico. Lo sabía perfectamente porque tanto ella como la pequeña Rose habían tenido el mismo tipo de manifestación.

Y justo al pensar en eso, se reactivaron sus miedos.

-¿Qué te parece?-preguntó Harry con un tono que sonaba a padre orgulloso.

Hermione guardó silencio por un instante mientras se encaminaba a la cocina y lejos de la habitación de las niñas donde ellas permanecieron jugando. Harry iba detrás de ella, la sonrisa todavía dibujada en sus labios no parecía percibir el miedo en su actual pareja.

-¿Quién le enseñó eso?

Harry perdió la sonrisa al instante al detectar el tono molesto de Hermione al dejar el portafolio en la mesita de cocina.

-Ella sola…Kalynda, no sé ¿Estás molesta?

-¿No te das cuenta? Si Morna desarrolla habilidades tan potentes ¿Cómo la haremos pasar por Muggle? ¿Cuántas veces crees que podemos borrarle la memoria a la niñera?

-Entonces no las dejaremos solas. Me quedaré a cuidarlas todo el tiempo.

-¿Y crees que la gente no sospechará?

Mientras Hermione respondía, caminaba de un lado a otro haciendo sus pensamientos andar a mil por hora. Harry se había quedado quieto en el marco de la puerta, viéndola andar de un lado a otro como un gato que observa algo curioso.

-Esto no es el medioevo, es casi el siglo veintiuno. El padre se queda en casa a cuidar a los hijos y la madre se va a trabajar ¿Qué tiene eso de extraño?

-Será peligroso sacarla a la calle ¿Y si la gente la ve hacer algo extraño? ¿A cuántas personas podemos controlar? ¿Cuántos hechizos podemos hacer antes de que el Ministerio de Magia se entere?

-¿Entonces qué sugieres?- inquirió Harry cruzando los brazos sobre el pecho.- ¿Quieres que volvamos al bosque? ¿Nos escondemos en un desierto? Hermione, no me importa a donde tengamos que ir y lo sabes. Mientras estemos juntos, no me importa.

-Harry, es que no se trata de un lugar…

Hermione se había detenido de golpe. Su mirada estaba fija en la de Harry y con labios temblorosos, empezó a hablar.

-Lo que estamos haciendo está muy mal. Todo lo que estamos haciendo… y no me refiero a Ron o a Ginny. Me refiero a este juego de la familia feliz y de estas niñas que han perdido a supasada familia y están empezando a formar lazos con nosotros ¿Te has puesto a pensar qué pasará con ellas cuando el tiempo nos alcance? ¿Cuando tengamos que volver a esa realidad del tren en llamas? Harry, esas niñas merecen otra cosa, merecen un mundo donde puedan pertenecer. Y nosotros debemos mantenernos a distancia de cualquier cosa que pueda alterar la realidad ¿O es que ya olvidaste lo que nos dijo Dumbledore?

Parecía que por primera vez estuviera cobrando consciencia ¿Cómo no había pensado en esas cosas antes? ¿Cómo no lo había previsto de esa manera?

-Hermione, estás asustada y lo entiendo,- Harry caminó lentamente en su dirección mientras decía esas palabras,- pero lidiaremos con ello. Siempre lo hacemos ¿Por qué quieres echar todo a la borda por algo tan pequeño? Seremos más cuidadosos.

Intentó abrazarla pero Hermione se negó.

-Eres un ingenuo ¿Crees que el mundo se acomodará mágicamente a tus deseos y conveniencias? Y yo… yo fui una ingenua también, por un momento creí que podría revertir las cosas del pasado. Que podía retomar decisiones que hace mucho tiempo se me fueron de las manos. Pero míranos, estamos en una posición donde cualquier resultado no puede ser otra cosa salvo un caos.

Harry parecía herido tras escuchar esas palabras. Como si le hubiera dado una cachetada invisible y ahora tuviera problemas para hablar. Hermione estaba a unos pasos de él, con la respiración agitada como si hubiera corrido para llegar ahí, con los ojos llorosos al darse cuenta de lo precaria de su situación. Con el pecho en llamas ante la realización de esa verdad premeditadamente ignorada.

-¿Y qué sugieres?- preguntó él al fin a pesar de que cada palabra le dolió en la garganta como si estuviera hecha de un metal extremadamente duro.

-No podemos movernos de lugar,- volvió a decir ella con mayor convicción,- tenemos que movernos de tiempo. Resolver las cosas en el tiempo adecuado. Esa era nuestra misión original y no debimos dejar que ningún distractor nos apartara de ella.

-¿Un distractor? ¿Así es como lo ves?

-Harry no…

Harry no la dejó terminar. Tiró de su mano y la atrajo hacia sí. Sujetó su rostro entre sus manos y acercó sus labios a los de ella. La besó tiernamente, levemente, esperando a la respuesta que no tardó en llegar. Hermione no tenía defensas en contra de Harry y eso era quizá lo que más le aterraba. El saber que no importaba cuán racional y lógica hubiera sido toda su vida, que no importaban cuán grandes fueran sus dudas y miedos. Era justamente a su lado donde se sentía más segura. Lo sintió rodear su cintura y su instinto fue colgarse de él, intensificar ese beso que la estaba dejando sin aliento.

-Haremos lo que quieras,- dijo él interrumpiendo el beso levemente,- excepto algo tan estúpido como terminar lo nuestro ¿Entiendes?

Hermione lo miró fijamente a los ojos. Todavía mareada por su presencia y por el contacto físico. Este era el chico que siempre había deseado. El hombre que más admiraba. Con quien se sentía segura y completa. No pudo formular mucho salvo asentir con la cabeza.

Así que a lo largo de la siguiente semana tuvieron que prepararlo todo para su partida. Tuvieron que hablar con Kalynda porque ella era una niña inteligente y estaban seguros que entendería. Luego de muchas lágrimas y de asegurarle que la buscarían en el lapso de un año, le buscaron un hogar en Sydney. No podía ser un lugar mágico porque no querían dejar evidencia de su viaje en el tiempo y tampoco podían arriesgar que alguien les extrajera recuerdos donde ambos aparecían. Así que finalmente optaron por un hogar muggle. Hermione había hecho las investigaciones de varias parejas que buscaban adoptar por medio de la institución para la que ella trabajaba de secretaria y finalmente, junto con Harry, habían elegido a una pareja que las adoptaría.

-¿Les modificarás la memoria como a tus padres?

Hermione tecleaba rápidamente en una computadora mientras que Harry leía el expediente dentro de un enorme folder blanco. Ambos estaban en el comedor y las niñas se habían ido a dormir una hora atrás.

-No tengo otra opción. Ellos recordarán haber llevado a cabo un exhaustivo proceso de adopción y haberlas seleccionado de un catálogo de cientos de niños. También agregué el expediente de ambas en el archivo de la Institución y modifiqué la memoria de una de las trabajadoras sociales para que recuerde haber atendido a la familia que las adoptará.

-¿Y los poderes de Morna?

-Bloqueados. Cuando tenga once años los desbloquearé, no te preocupes.

-¿Y cómo piensas encontrarla dentro de diez años?

-Guardé un poco de su esencia aquí,- Hermione levantó el brazo y le mostró un talismán que colgaba de su muñeca.

-Piensas en todo,- Harry cerró el expediente que había estado hojeando y se estiró para besar la mejilla de Hermione que estaba a su lado.

-¿No es por eso que me amas?- inquirió Hermione con una sonrisa petulante. Harry rió también.

-Sí, pero no solo por eso.

Hermione clavó la mirada en él, como queriendo hacer la pregunta "¿Por qué me amas?" pero no pudo. Sabía que el amor era algo imposible de explicar ¿Podía explicar ella lo que sentía por él? Durante su juventud, para ella el amor había sido sinónimo de dolor, de pérdida, de desear lo que se sabía que no se podía poseer. Y ahora… ahora era seguridad, sentirse completa, feliz y sin miedo ¿Se sentía Harry completo a su lado? Tenía miedo a preguntar…

El día de la entrega de las niñas, Hermione logró ser asignada al caso. Harry se tuvo que despedir de ellas en la puerta de la casa donde las abrazó largamente y con lágrimas en los ojos. Hermione lloró también, habían compartido un año con esas niñas y el apego era enorme.

-Ya no haremos el truco de los cubos,- lloró Kalynda intentando tentarlo a que no las abandonaran.

-Ya lo hablamos, nena,- insistió Hermione,- esto no es un castigo. Es por su propio bien. Además, nosotros tenemos que partir ¿Recuerdas? Como cuando eras pequeña, tenemos que irnos.

-¡PERO YO QUIERO IR CON USTEDES!- Lloró Kalynda y Morna se contagió de la tristeza de su hermana y empezó a llorar también.

-No llores…- le dijo poniéndose de rodillas ante ella con Morna en sus brazos,- debes ser fuerte por tu hermana. En un año estaremos de vuelta y pasaremos a saludarlas y a sus nuevos papás.

-¡Pero no queremos otros papás!

Mientras tanto, Harry sentía que se le rompía el corazón. Las palabras se le habían convertido en piedras y era imposible decir cualquier cosa. Solo podía llorar y abrazarlas y quererlas y amarlas.

-Harry…

-Las amo, no lo olviden,- les dijo mientras Hermione lo desprendía de ellas.

No es que fuera más sencillo para Hermione, pero era evidente que le afectaba a Harry mucho más. Además, ella quería ser fuerte para él. No fue sino hasta que las entregó en la casa muggle que se permitió llorar. Lloró todo el camino a casa esperando haber terminado cuando viera de nuevo a Harry. Pero de vuelta a casa habían cruzado miradas y habían vuelto a llorar juntos hasta quedarse dormidos en los brazos del otro.

Al día siguiente usaron una de las plumas de Fawkes para hacer el polvo del giratiempo. Ese día habían hecho todo por inercia, sin tener consciencia de lo que estaban haciendo o de qué día estaban viviendo. Todavía estaba fresco el dolor de la decisión que habían tomado a pesar de saber que a la larga eso era lo mejor. Tenían que retomar el viaje que habían iniciado y reparar las cosas cuando el tiempo fuera óptimo. Cuando hubieran logrado la seguridad de sus hijos y cuando hubieran hablado lo necesario con sus parejas.

Luego de accionar el giratiempo, reconocieron sus alrededores en Londres cerca del Ministerio de Magia. El año les indicaba que ambos estaban haciendo su entrenamiento en esas instalaciones pero debido a las protecciones mágicas no se habían aparecido dentro del recinto. De cualquier forma llevaban puestas las capas de invisibilidad. Hubieran querido ganarle tiempo al tiempo antes de tener que buscar otro fénix u otra forma de obtener las plumas. Pero le habían hecho una promesa a Kalynda y a pesar de que había pasado un día desde que la habían visto por última vez, no pudieron esperar demasiado antes de ir a la casa de los Anderson.

Dejaron Londres en un abrir y cerrar de ojos y se aparecieron en Sydney. En un parque cerca de la casa indicada. Era extraño que hubiera pasado un año y que todo fuera tan distinto. La fachada de la casa era de otro color e incluso habían puesto una cerca de madera para recubrir el frente. Hermione tocó sin importarle nada, sabía que podía manipular los recuerdos de los Anderson para que recordaran haber recibido a un vendedor de enciclopedias o lo que fuera.

-¿Sí?

Una mujer de color que definitivamente no era la mujer que buscaba, le abrió la puerta.

-¿Christina Anderson?

Hermione preguntó por ella de todas formas esperando que quizá se tratara de una visita. Al fondo de escuchaba una televisión a todo volumen transmitiendo un partido de Rugby y a alguien emitiendo gritos y quejas sin ton ni son.

-¿Disculpe? ¡Peter! Baja el volumen a eso ¿Quieres?

-Busco a los Anderson.- refirmó Hermione nerviosamente. Harry guardó silencio intentando comprobar de reojo si no se habían equivocado de casa.

La mujer los observó de manera suspicaz por un instante pero luego sonrió.

-Creo que se refiere a los antiguos inquilinos de esta casa.

-¿Disculpe?- esta vez fue Harry quien hizo la pregunta.

-Los Anderson se mudaron hace algunos meses ¡Peter! ¿Cuándo llegamos aquí?

-¡Hace seis semanas!- respondió una voz masculina desde dentro de la casa. luego exclamó una grosería y los gritos en el televisor ahogaban el resto de sus insultos.

-La casa tenía de abandonada un mes cuando llegamos. Tuvimos que remodelar algunas cosas por el descuido.

-¿Alguna idea de dónde podemos localizarlos?- preguntó Hermione sintiéndose impaciente.

-Creo que escuché al casero decir que se habían ido de Sydney ¡Peter! ¿Recuerdas a dónde dijo el casero que se habían ido los que vivían aquí antes de nosotros?

-¡A América!

-¿América el país o América el continente?

-El país, querida. Peter ni siquiera sabe que el continente se llama igual.

Caminaron en silencio por un par de cuadras mientras meditaban lo que iban a decir. Ambo parecían pensativos pero tenían los sentimientos mezclados. Sin darse cuenta, volvieron al parque donde se habían aparecido en un principio y se dieron cuenta que a pesar de tener las instalaciones de un parque con juegos para niños, estaba muy vacío a pesar del bello día que estaba haciendo. Quizá ese vecindario estaba lleno de parejas que ya habían criado a sus hijos y no les quedaba más que esperar a que los nietos llegaran.

-Quizá fue para mejor…- comentó finalmente Hermione dejándose caer en uno de los columpios.

-¿Qué quieres decir?- Harry permaneció de pie, viéndola balancearse levemente.

-Que ellas necesitaban a una familia de verdad. Los Anderson eran buenas personas, esas niñas no nos necesitan.

Harry miró el suelo intentando no pensar mucho en eso. No podía negar que les había tomado cariño y por un instante era casi como si fueran sus hijas. No quería dejarlas ir así de fácil. No quería renunciar a ellas, no podía. Y Hermione lo sabía pero no podía dejarlo hundirse en ese sentimiento y sabía que si alguien podía alejarlo de esos pensamientos, esa era ella.

-Hay otros niños que nos necesitan más,- sugirió Hermione imitando el gesto de ver el suelo mientras pronunciaba las palabras,- otros niños por quienes se supone estamos aquí, en este tiempo en el pasado.

Harry enderezó la mirada y Hermione lo presintió mirándola así que hizo lo mismo. Harry asintió al cruzarse con ella. Hermione tenía razón. Debían pensar en sus verdaderos hijos, Morna y Kalynda estaban bien ¿Qué caso tenía aferrarse a ellas?

-Está bien,-le dijo tendiéndole la mano para ayudarla a reincorporarse,- vamos, el futuro nos espera.

Muchas gracias a mis lectores de hueso colorado que me siguen a pesar de los años y las demoras. Muchas gracias a mi beta Gaby que el día de hoy no le he dado a vetear así que disculpen los horrores de ortografía y gramaticales. Espero hayan disfrutado el capítulo y los veo en algún momento ya sea en este fic o en alguno de los otros. Gracias por seguirme y gracias por el review que sé que me dejarán.

TLAL