El objeto perdido

Todo se emborronó y una ráfaga de viento me dio contra las mejillas. Había vuelto a suceder otra vez, pero esta vez ni siquiera me encontraba en el amplio hall de la sala, al contrario, estaba en mi habitación, discutiendo como siempre con el idiota de Malfoy.

Al principio todo me parecía borroso y oscuro, pero como si de la lente de una cámara de fotos fuera, se fue aclarando. Miré a mi alrededor desprendiéndome de un tirón de la mano de Malfoy, que ahora se encontraba tan confundido como yo, contemplando su paradero.

Hacía un frío aterrador y estaba muy oscuro. El único punto de luz cercano era el de una casa que desprendía humo por su chimenea. Estábamos a pasos de ella, en el jardín de la entrada, y al apartarme bruscamente del agarre de mi acompañante, fui a chocarme con el buzón de aquella casa que, previamente, parecía muggle.

- "Los Nott". – Leí en voz alta.

- ¿Qué? – Dijo Malfoy, mirándome con cara de estupefacción.

- Esta es la casa de los Nott. – Contesté mirando a la puerta de la casa por primera vez.

- ¿Estás segura Granger? – Preguntó, mirándome con desdén. – No sé como coño haces para saberlo siempre todo.

- Leyendo. – Respondí haciendo un gesto para que comprobara el buzón.

- ¿Qué es esta caja? – Miró extrañado el objeto.

- Un buzón. Es como los muggles se intercambian el correo. – Al ver su expresión extrañada, di por zanjado el tema, Malfoy sabía menos del mundo no mágico que los trolls de protocolo.

Me alejé del Slytherin, aún contemplando el artefacto, y anduve hacia la casa. Se escuchaba un suave murmullo. Caminé justo hasta el porche y antes de subir las escaleras, me detuve a pensar. Todo aquello de las visiones, o lo que quiera que fueran, me dejaban bastante descolocada. Tenía que haber un sentido en todo aquello, no podría ser arbitrario. Había intentado averiguar cosas sobre el tema pero los libros que había leído durante mi estancia en la enfermería no decían nada sobre "visiones", "sueños conjuntos" o "recuerdos compartidos". Lo más parecido que había encontrado era el pensadero y su capacidad de revivir las memorias de quienes las cedían. Pero aquello no podía ser un pensadero, nadie había cedido el recuerdo de Harry la primera vez y estaba segura de que si este era un momento pasado de Theodore Nott, no lo hubiera cedido.

Suspiré y me llevé una mano a la sien. Además de que no comprendía el porqué de tan repentino viaje, no conocía el funcionamiento. ¿Se había esperado Alea Aurea a que yo estuviera presente? ¿Y cómo es que funcionaba sin tener que estar en el hall? Es decir, incluso en los dormitorios aquello parecía viable. ¿Era totalmente arbitrario? ¿Podría activarse mientras dormíamos? Si así era, tendríamos que estar demasiado atentos. Desconocía por completo si los actos físicos eran duraderos en la realidad, es decir, ¿qué pasaría si alguien saliera herido en una de aquellas visiones? ¿Qué hubiera pasado si aquella planta me hubiera engullido en el laberinto del Torneo de los Tres Magos?

Envuelta en todos mis pensamientos, una silueta conocida apareció por segundos en una de las ventanas del piso superior.

- ¡Ron! – Grité sin darme cuenta.

Estaban arriba. Dentro. Dentro de la casa. ¿Cómo habían entrado? Le siguió otra silueta y yo me alejé de la casa para ver mejor aquella ventana. Harry y Ginny le seguían de cerca. A los segundos el grupo de las Ravenclaws se unió a los Gryffindors. Ni rastro de los Hufflepuffs o del mismo Nott. Me moví e intenté de alguna forma que me vieran. Miré hacia mi varita. ¿Podría utilizarla? ¿Volvería a la sala si formulaba algún hechizo? ¿Era correcto emplear la magia?

Miré hacia el suelo buscando una solución más muggle. Había gravilla, así que escogí una piedra con la que dar en el cristal. No era la mejor con la puntería, así que mi lanzamiento se vio fallido y chocó contra el marco de aquella ventana. Volví a agacharme para coger otra piedra y lanzarla, pero mi varita empezó a chisporrotear otra vez aquella luz dorada. ¿Qué pasaba ahora? Seguía sin entender que significaba aquello. De todas formas tenía que darme prisa y debía hablar con ellos. Con rapidez, escogí de nuevo una piedra de aquel jardín y la lancé con fuerza hacia el cristal de aquella ventana.

- ¡Harry! – Grité al compás de mi lanzamiento.

Moví uno de mis brazos intentando llamar la atención y volví a lanzar otra piedra que dio justo en medio de aquel cristal. El pelinegro estaba detrás de todo aquel grupo que se encontraba de espaldas a mí, siendo el más cercano a la ventana. Con ansia vi como Harry se giraba al escuchar el impacto.

- ¡Harry! ¿Qué ha pasado? ¿Cómo habéis entrado? – Empecé a hablarle a través del cristal.

Como era obvio, Harry no podía escucharme y hacía gestos con sus manos. Me señalaba con su dedo pulgar hacia atrás, como dándome a entender algo. Me encogí de hombros. Con su dedo índice y anular, hizo otro movimiento, acompasaba los dedos para hacer que pareciera que subían unas escaleras. ¿Escaleras? ¿Qué pasaba con ellas?

De repente Harry abrió los ojos como platos. Mi varita volvió a soltar una ráfaga dorada y no pude ni siquiera contestar a los torpes gestos del pelinegro antes de que una voz me interrumpiera.

-¡Granger, corre! – Dijo detrás de mí la voz de Slytherin.

- ¿Qué?

- ¡Corre! – Malfoy corría hacia mí. - ¡Granger!

Miré a Harry una vez más. Seguía con la cara de sorpresa. Con la cabeza me hizo un gesto pero no me do tiempo a ver nada más porque una fuerza me arrastraba hacia las escaleras del porche. La mano de Malfoy me sostenía por el antebrazo y me empujaba a correr a su ritmo. Pronto dimos la vuelta a la casa por uno de los pasillos laterales y nos encontramos en la parte trasera, en el jardín.

- ¿Qué pasa? – Grité cogiendo aire.

- ¡Shhh! – Respondió Malfoy respirando con dificultad y poniéndome una cara agria. – Cállate.

- ¿Pero qué…?

- Joder Granger. – Dijo en un susurro. - ¿Tienes que saberlo siempre todo?

El sonido de un golpe salvaje sonó por toda la calle. Alguien estaba golpeando la puerta delantera. Y la golpeaba impacientemente, con fuerza y violencia.

- Sí. – Afirmé con delicadeza, sin elevar mi voz. Malfoy se giró sin prestarme atención y contemplando su alrededor con mirada calculadora. Buscaba algo. Miró la puerta trasera de la casa con las cejas alzadas. – Contéstame.

- ¡Shhh! – Dijo llevándose un dedo a los labios. Puso un gesto de esfuerzo y me miró a los ojos con expresión fastidiada. – Mortífagos Granger. Hay dos jodidos mortífagos.

- ¿Qué? – Pregunté casi retóricamente.

- Entra. – Me dijo mirando la puerta de atrás.

- No podemos. Hay gente ahí adentro. – Volví a susurrar. - ¿Qué pensarán si…?

- Tu querido Weasel está ahí adentro. – Me contestó zafándome del brazo por segunda vez. – Pasa.

No contesté y le miré furiosa. Estaba completamente en contra de sus métodos pero un nuevo golpe hizo que diera un bote. Aquellos mortífagos estaban dispuestos a tirar la puerta abajo, sería mejor que estuviéramos dentro por si se les ocurría hacer lo mismo que había hecho Draco, entrar por la puerta de atrás.

Cogí el pomo y lo giré para poder entrar, pero como sospechaba, aquella puerta estaba cerrada con llave. Antes ni siquiera de poder girarme escuche un suave "Alohomora" de la voz de Malfoy y la puerta se abrió. De un empujón entré, y aún preguntándome si haber hecho aquel hechizo fue correcto por su parte, y sorprendiéndome de que éste tuviera efecto sobre aquellos recuerdos, entramos directos a un pequeño patio exterior que comunicaba con la cocina.

Anduve con cautela unos cuantos pasos, rodeando la mesa central. La cocina era un lugar modesto, rectangular, rodeado de encimeras y armarios. Me situé en la esquina de la estancia, dispuesta hacia la puerta entreabierta, poniendo mi campo de visibilidad justo en el salón, resguardándome de posibles miradas. Malfoy siguió mis pasos y se puso tras de mí. Se hizo el silencio entre nosotros, atentos para poder enterarnos de lo que estaba sucediendo en la sala contigua.

Las respiraciones alteradas eran lo único que se escuchaba en aquel lugar. La puerta no estaba lo suficientemente abierta como para ver algo más que la chimenea y dos sillones grandes. Los golpes en la entrada habían cesado, aquellos mortífagos parecían haber desaparecido. El frío empezaba a calar en la habitación. Aquella quietud me volvía una persona impaciente. Respiraba con el mayor cuidado posible, y Malfoy parecía reproducir mi mismo movimiento.

Silencio.

El viento corría de un lado a otro, balanceando un poco la puerta, dejándome ver de vez en cuando algo más de aquella casa. Más silencio. Empecé a inquietarme cuando pensé en la posibilidad que el Slytherin había barajado. ¿Y si venían justo por la puerta trasera? Si abrían, la puerta había cedido bajo el alohomora de Malfoy, así que no tendrían ni siquiera que golpear. Apreté la varita en mi mano mirando por primera vez a la puerta trasera. El silencio seguía presente en toda la sala. No sabía hacia dónde mirar. Además, la oscuridad no ayudaba y no quería conjurar un lumos.

Llevábamos varios minutos estancados en la cocina, en la penumbra. ¿Qué estarían haciendo los demás? ¿Estarían bien? La misma pregunta fue el impulso que necesitaba para moverme de aquel sitio y alejarme hacia la puerta dispuesta a salir por el salón, donde parecía ser el único lugar de la casa con luz. Ni siquiera pude dar un paso cuando una grave voz conjuró un "bombarda" que me hizo retroceder. Fue tan potente que además de destrozar la gruesa puerta de madera de la entrada abrió de par en par la puerta que yo misma había estado a punto de traspasar, arrojando una fuerte bocanada de aire con trozos de cristal que me redujo y me empujó hasta el suelo, donde aterricé contra algo blando.

- Estúpida torpe. – Susurró una voz en mi nuca.

Me llevé una mano a la mejilla, que sangraba. Uno de los cristales me había dado y al parecer no era la única que había sentido las consecuencias. Aquel que me hablaba, Malfoy, había amortiguado mi caída y había aterrizado justo encima de él. Una de sus manos me sostenía el brazo y había unos cuantos rasguños en ella por los que su sangre contrastaba con la palidez de su piel. Quise levantarme para apartarme de aquella incómoda postura, ya que estábamos reducidos contra la esquina de la encimera, sentados de una forma extraña en la que yo quedaba entre las piernas de el Slytherin. Deduje que Malfoy me habría seguido en mi travesía fallida de traspasar el salón y habría caído justo por mi culpa, así que opté por no contestar a su soez comentario y mantenerme callada.

- Sabemos que estas aquí Nott. – Se escuchó una grave voz por el salón, haciendo que me estremeciera. – No puedes esconderte por mucho más tiempo.

- Nuestro Lord no estaría orgulloso. – Añadió otro hombre al que pude verle la capa negra.

Me encogí y sin querer, mi espalda encontró el pecho de Malfoy. Habían entrado y buscaban a Nott. ¿Pero a quien de todos ellos? ¿A Theodore Nott del pasado? ¿A Nott del presente? ¿O al padre de Nott?

- No sé a qué viene todo esto. – Dijo una nueva voz. – Sabéis que ya no estoy en vuestro bando. No sois bienvenidos en mi casa.

- Nuestro Lord está buscando ayuda para resurgir y ¿huyes como un cobarde? – Reclamó el primero de todos.

- ¿Es que vas a creerte la estúpida historia que cuentan sobre nuestro Lord? ¿Es que crees que sería tan necio como para caer en manos de un crío de tan solo un año? – Gritó el mortífago más cercano a la cocina, al cual ahora podía verle al completo. Era alto y muy esbelto, lucía una capa negra y llevaba agarrada su máscara en la mano que no sostenía la varita.

- Harry Potter derrotó a quien vosotros sabéis hace cinco años. ¿Por qué no debería creerme esa historia? – Contestó el hombre que supuse sería Nott.

- Harry Potter no existe. – Afirmó el mortífago más alejado.

Como si la misma afirmación ardiera, por el pasillo, del cual la puerta yacía destrozada en astillas por todo el salón, pude ver el reflejo de unas gafas redondas acompañadas por una cicatriz y justo al lado, unos mechones pelirrojos.

Pero tan pronto como miraron, volvieron por donde habían vuelto. Podía ver una pizca de las escaleras, por las cuales, unos pies se dieron prisa en subir.

- Harry. – Dije en un susurro que me arrepentí de haber emitido.

El silencio volvió a hacerse por toda la sala, y como si aquello no fuese la visión que yo creía que era, el mortífago que se había desprendido de su máscara se giró para mostrar su rostro hacia la puerta de la cocina. Sus ojos, profundamente oscuros y enormes, miraron fugazmente hacia la estancia, centrándose en el jardín, pues incluso la puerta trasera había cedido al viento.

Sentí una mano fría en contra de mi boca que me empujaba hacia atrás. Sin duda había sido un error haber pronunciado aquella palabra, justo en aquel punto de la conversación. El mortífago no se había movido un ápice pero sus ojos seguían escudriñando el ambiente. Me dejé llevar por el agarré del Slytherin y me agaché más, cubriéndome con la encimera, preguntándome qué pasaría si éramos descubiertos. Como si comprendiera que aquello no era una simple reproducción de un recuerdo, que no estábamos en un pensadero, me llevé mi propia mano a la boca, chocando contra la fría piel de Malfoy, que también se esforzaba por mantenerme callada.

- ¿Estás diciendo que pretendes huir de tu deberes, Nott? – Preguntó el otro mortífago, haciendo que el primero dejara de contemplar nuestra posición. – Nadie escapa del Lord Oscuro.

- Le debes tus servicios. – Reprimió su acompañante.

- No le debo nada. Fui un estúpido y escogí el camino incorrecto en tiempos difíciles y me pareció lo más fácil, pero creedme, nunca estuve de vuestro bando. – La voz de Nott sonaba firme. – He formado una familia y he encontrado una razón digna por la que vivir.

- Ya veo. – Contestó con desdén uno de los mortífagos, moviéndose de la estancia.

Por primera vez me fijé en las siluetas que se veían reflejadas gracias al fuego de la chimenea. Los dos mortífagos a penas se reflejaban, pero la figura de Nott, sosteniendo una varita se marcaba en la moqueta. Dos sombras mucho más pequeñas se encontraba acorraladas en una esquina, una era muy delgada y tenía formas femeninas, la otra era muy bajita, por lo que deduje que aquel solo podía ser el hijo de los Nott, Theodore.

- No la toques. – Anunció Nott de una forma segura e irreprochable. – Sarah, Theo, será mejor que salgáis mientras yo hablo con estos señores.

- No veo porqué deberían moverse de aquí. – Contestó el servidor de Voldemort que seguía parado enfrente de la cocina. - ¿Verdad que no, Sarah?

- ¿Para qué habéis venido? – Volvió a preguntar Nott.

- Tú marca. Le debes lealtad a Lord Voldemort. Tu señor te necesita. Deja de huir como un cobarde. – El mortífago se movió, y dejé de verlo, ahora solo veía la puerta hacia el pasillo y un sin fin de zapatillas en el pedazo de escaleras que podía ver desde allí. Los chicos se mantenían allí, sin lugar a dudas.

- Bien. ¿No quieres volver? – Preguntó el segundo mortífago. – Deberás pagar un precio.

- Será mejor que os vayáis de mi casa o…

- ¿O qué, traidor?

Un rayo de luz verde iluminó la sala. Me volví a encoger, llevando mi espalda hacia atrás, chocando de nuevo con la agitada respiración de Malfoy, que se mantenía tan sorprendido como yo. Aquel conjuro con destellos verdes solo significaba una cosa. Aparté la mano del Slytherin de mi boca y me moví. Tenía saber que estaba pasando, y teníamos que estar preparados para contraatacar si aquellos mortífagos venían. No podían encontrarnos, pero si lo hacían no podíamos estar desprevenidos. Gateé hasta el filo de la puerta y miré rápidamente.

- ¡Sarah! – Gritó la voz de uno de aquellos hombres. Se agachó para sostener una mujer.

Los dos mortífagos se mantenían de pié, sin mostrar piedad alguna. Un movimiento inesperado me hizo mirar hacia el pasillo. Allí se encontraba el Nott de mi época, aferrado por Luna y Mike. Este se mostraba frío, a la vez que furioso. Pero no pude mirar demasiado rato porque un nuevo rayo verde irrumpió la sala y me volví hacia atrás, pegando mi espalda en uno de los muebles de la encimera, sacando mi varita.

- ¡Theo! – Se escuchó desde el salón.

Con un gesto reflejo, miré de nuevo a la sala y un niño pequeño de rasgos conocidos se precipitaba hacia donde me encontraba. Uno de los mortífagos había caído y Nott y el desenmascarado se batían en duelo. El pequeño corría sin mirar atrás, y con cara asustada se dirigía al jardín trasero de su casa. Sin lugar a dudas era Theodore Nott. El pequeño Slytherin se esforzaba por correr tanto como podía pero el mortífago que se enfrentaba a su padre miraba al niño con cara de prepotencia y superioridad. Con una mueca terrorífica, torció la varita hacia el niño.

- ¡No! – Grité alargando mis manos en un ademán protector.

Como si tuviera un resorte por el cual me veía impulsada, me levanté y seguí al niño, dispuesta a defenderlo de aquel mortífago. Y antes de que pudiera dar dos pasos por el jardín, sentí una fuerte presión en la espalda.


Me encontraba en mi antigua casa, de eso estaba seguro. El papel pintado con snitches doradas que mi madre colocó hacía tiempo decoraba lo que fue la habitación de mi niñez. La cama, desecha como de costumbre, albergaba un baúl medio lleno con mis pertenencias, mi pequeña escoba se encontraba entre ellas. Los libros que mi padre no había permitido llevarme se encontraban colocados de manera desordena al pie de la cama, y el jersey que mi madre había elegido para mí, porque era un regalo de la abuela, estaba debajo de la almohada, lo había escondido ese mismo día, era el que más picaba de la historia. Recordaba perfectamente esa noche. Esa noche en la que la vida que yo conocía no volvería a ser la misma.

Me acerqué al escritorio situado debajo de la ventana, mis plumas y pergaminos con dibujos de calabazas gigantes y fantasmas con varita estaban esparcidas por toda la mesa impidiendo que lograra ver lo que recordaba que se encontraba allí, un retrato de mi familia el día de mi cuarto cumpleaños. No sabía si podría mover los objetos, pero antes de que tuviera tiempo a pensar, mi brazo apartó con cuidado todo y pude admirar la fotografía que se movía tal y como yo la recordaba. Mi padre sosteniéndome en brazos a la vez que se apartaba riéndose de ser golpeado por mi varita de juguete; mi madre, con su sonrisa eterna, miraba fijamente a la cámara mientras intentaba en vano retirar mi brazo de mi padre; y yo reía como nunca, feliz de encontrarme entre ellos.

Contemplé por minutos la pequeña fotografía en movimiento deseando fervientemente que aquello volviera a ser realidad, enfureciéndome cuando comprendí que mi deseo era inútil, nunca volvería a ver a mi madre de nuevo. Solté la fotografía, que cayó con un ruido seco en la alfombra verde, y me alejé hacia la puerta apartándome con furia las lágrimas que habían comenzado a salir, ¿qué era todo esto? ¿Era la sala que había decido este recuerdo? ¿O había sido yo al pensar ese día demasiado en mi madre? ¿Por qué la sala quería verme sufrir? ¿Era acaso alguna prueba? Mil preguntas se formaban en mi cabeza sin poder dar respuesta a ninguna, ¿por qué nadie sabía nada de lo que pasaba? ¿Estaban todos metidos en mi recuerdo o era yo solo? Pero un ruido cercano confirmó mi pregunta.

De la habitación contigua a la mía, lo que antes era la habitación de invitados, salieron Potter acompañado de Weasley y su hermana, seguido de las Ravenclaw y los divertidos Hufflepuff. Me observaron sin decir nada, yo no sabiendo que hacer aparté la mirada y la dirigí hacia la habitación principal de donde salió Luna, mirándome con una sonrisa triste, comprendiendo antes que nadie donde nos encontrábamos.

- ¿Dónde estamos? – Preguntó la pelirroja Weasley moviendo la cabeza en todas direcciones intentando de esta manera reconocer el lugar. - ¿Y dónde está Hermione?

Me fijé más detenidamente en el grupo y efectivamente ni Granger ni Draco se encontraban entre los presentes, ¿ellos no formaban parte de el recuerdo? ¿O habían aparecido en otro lugar de la casa como los demás? Si era cierto que ellos no se encontraban en la sala común cuando había pasado todo aquello, ¿acaso teníamos que estar todos juntos para poder tener las visiones conjuntas?

- Y tampoco se encuentra el estúpido de Malfoy. – Contestó Weasley cruzándose de brazos enfadado.

- Tú sabes dónde estamos, ¿verdad? – Potter preguntó mirándome fijamente a través de sus gafas redondas. – Sabes qué lugar es este.

Aquello no era una pregunta, era una afirmación y solo pude encogerme en mi sitio cuando noté todas las miradas puestas en mí. ¿Qué pensarían todos cuando les dijera que estábamos en mi casa? No creo que les gustara estar en la visión de un hijo de mortífago y menos aún que aquel lugar fuera su casa. ¡Yo no quería que nada de esto pasara! ¡Sólo quería apartarme de todo esto! Mi vida ya de por sí tenía demasiados problemas como para estar compartiéndolo con los demás.

Potter, aún impaciente por saber mi respuesta, cruzó los brazos y siguió mirándome expectante. Su actitud no era para nada desafiante, al contrario, era preocupación y una pizca de miedo lo que pude ver reflejado en sus ojos. No sabía cómo sentirme ante aquel gesto. Vi como Luna se colocaba detrás de él dirigiéndome una sonrisa tranquilizadora que hizo disipar un poco la aprensión que sentía en ese momento. No sé cómo, pero siempre conseguía calmarme con su sola presencia.

Respiré hondamente pero antes de que me diera tiempo a contestar, un ruido procedente de la planta de abajo resonó por toda la casa, confirmando que había alguien más y que no estábamos solos. Potter dirigió su mirada hacía allí y pidiendo silencio dio media vuelta para bajar por las escaleras. Yo me tensé ante aquel gesto, ¡yo sabía quién eran esas personas! ¡Yo era una de ellas!

En seguida Weasley siguió los pasos de Potter, acompañado de su hermana y de las Ravenclaw. Los Hufflepuff se quedaron mirando por el sitio donde se habían dirigido los demás sin saber muy bien que decidir. Apreté los puños intentado controlar las lágrimas que amenazaban por salir. ¿Por qué tenían que ver aquello? ¡Era un recuerdo mío! ¡De nadie más! ¡Nadie tenía derecho a verlo si yo no quería!

Una pequeña mano cubrió la mía dándome calor, Luna se había acercado a mí y la apretaba en un gesto cariñoso.

- Luna, yo… - Comencé sin saber muy bien que decir.

- Tranquilo. – Sonrió y apretó de nuevo mi mano. – Todo irá bien.

- Pero ellos verán… ellos verán. – Respiré hondo. - Ellos verán algo que no quiero que vean. ¿Por qué? ¿Por qué tenemos que estar aquí?

- No lo sé, Theo. – Negó con la cabeza. - Pero te prometo que estaré a tu lado, es lo único que te puedo ofrecer ahora mismo. – Sonrió haciendo que una pequeña sonrisa se reflejara en mi rostro. - ¿Te parece?

- Me parece. - Reí tristemente mirándola con infinita gratitud. Si no hubiera sido por ella, mi estancia en la sala habría sido mucho peor.

Un sonido retumbó por toda la casa haciendo que las paredes vibraran y mi corazón corriera veloz ante aquello, sabía que era ese golpe, lo había vivido once años atrás, los mortífagos habían llegado.

- ¿Qué ha sido eso? – Luna dirigió sus ojos asustados hacía mí. - ¿Quiénes intentan entrar, Theo?

- Bajemos. – Fue lo único que escapó de mis labios dirigiéndome hacía la escalera.

- ¿Quiénes, Theo? – Me agarró del antebrazo cuando intenté bajar. Otro golpe tronó haciendo que se me erizara la piel

- Mortífagos, Luna. – Suspiré. No había porque ocultar la verdad cuando todos se iban a enterar dentro de unos minutos. – Vienen a reclutar a mi padre.

Luna asintió despacio comprendiendo como ella sólo hacía. Esta vez bajamos los dos y nos reunimos con los demás. Potter y Weasley en cabeza apuntaban con su varita a la puerta principal.

- Hermione estaba con Malfoy en el jardín delantero. – Nos contó la pequeña Weasley cuando nos vio aparecer a Luna y a mí. – Ha sido justo antes de que se oyeran esos golpes, espero que nos les haya pasado nada.

- Tranquila. – Susurró Luna sonriendo. - Juntos saben cómo defenderse.

Dirigí mi vista hacía la puerta principal sabiendo lo que venía a continuación. ¿Estaríamos a salvo de aquel conjuro? Estábamos muy cerca de la puerta y eso podría ser un problema, un bombarda tan potente como el de ellos nos podría dañar en la vida real, ¿lo conseguiría también en aquella visión? Agarré el brazo de Luna y subí un peldaño intentando que me acompañara, ella me miró sin comprender y antes de que me diera tiempo a advertirla, el bombarda explotó en frente de nosotros. Caímos hacia atrás debido a la fuerza del hechizo y yo me raspé el hombro con un escalón. Alguien tosía cerca de mí y un espeso humo nos impedía ver quién había ejecutado aquello, pero yo sabía quiénes eran.

- ¡Shhh! – Alguien susurró e inmediatamente nos callamos, ¿nos podrían escuchar?

- Cómo te gusta montar numeritos. – Una de las figuras entró en la casa, el humo se había disipado un poco y pude observar que llevaba una capa negra como el carbón y la máscara de mortífago que impedía que se le viera la cara.

- Sabes que es lo que más me gusta, Gibbon. – Rió socarronamente su compañero, también llevaba la máscara. – Eso les asusta y nos hace más fuertes.

- Vamos, antes de que algún estúpido muggle nos vea. - Ordenó Gibbon y los dos se internaron en el comedor, desapareciendo de nuestra vista.

- ¿Estáis todos bien? – Potter se levantó limpiándose de sus pantalones resto de polvo y trozos de madera.

El bombarda, tan potente como me lo había imaginado, no nos había dañado tanto como si hubiese ocurrido en la vida real. Observé a los demás y salvo un rasguño en el ojo o alguna muñeca dolorida debido a la caída, no había nada más grave. Entonces, ¿estas visiones nos afectaban en cierta medida? ¿Por qué ocurría? En clase nos habían hablado de los recuerdos, que era lo que pasaba si te metías en uno ajeno, pero en ellos sólo veías lo que hacía la otra persona sin participar en el recuerdo. ¿Por qué era diferente todo esto? "A lo mejor es porque no he cedido mi recuerdo" pensé antes de que una grave voz interrumpiera mis pensamientos.

- Sabemos que estas aquí Nott. – Me estremecí. Todas las miradas, de nuevo, se dirigían hacia mi. – No puedes esconderte por mucho más tiempo.

- Nuestro Lord no estaría orgulloso.

Bajé la cabeza y apreté los nudillos fuertemente. Ya no cabía duda de que aquellos mortífagos, que habían reventado la puerta de mi casa, venían a buscar a mi padre como antiguo mortífago que era. Pero Potter y demás no sabían nada y sólo juzgaban por lo que estaban viendo. En la anterior visión, mi padre junto con el de Draco, habían aparecido frente a él como sus vasallos, y ahora unos mortífagos venían a reclamarle a mi padre. ¿Pensarían que yo era un mortífago también?

- No sé a qué viene todo esto. – Oí la voz de mi padre traspasar la pared. A pesar del miedo que sabía que tenía, su voz no temblaba. – Sabéis que ya no estoy en vuestro bando. No sois bienvenidos en mi casa.

- Nuestro Lord está buscando ayuda para resurgir y, ¿huyes como un cobarde? – Reclamó el que supuse sería Gibbon. Potter, acompañado del pelirrojo, se acercó a la puerta del comedor con la varita en alto. Intenté advertirles algo pero las palabras se quedaron atascadas en mi garganta.

- ¿Es que vas a creerte la estúpida historia que cuentan sobre nuestro Lord? ¿Es que crees que sería tan necio como para caer en manos de un crío de tan solo un año? – Gritó el otro mortífago. Luna a mi lado acariciaba mi brazo para tranquilizarme.

- Harry Potter derrotó a quien vosotros sabéis hace cinco años. ¿Por qué no debería creerme esa historia? – Contestó mi padre.

- Harry Potter no existe.

Como si aquello bastara para confirmar algo, Potter regresó hacía donde nos encontrábamos y con un movimiento de cabeza instó a que subiéramos los escalones de nuevo hacía la planta de arriba. Las Ravenclaw obedecieron al instante temiendo hacer enfadar al pelinegro, Footman miró a su compañero y asintiendo fue tras ellas, pero los demás no nos movimos de nuestro sitio. Potter me miró una vez más intentando comprender todo lo que estaba ocurriendo, pero sin apartar los ojos de él negué con la cabeza, las explicaciones se darían a su debido tiempo.

- ¿Estás diciendo que pretendes huir de tu deberes, Nott? – Preguntó incrédulo el compañero de Gibbon, de nuevo la conversación captó nuestra atención. – Nadie escapa del Lord Oscuro.

- Le debes tus servicios.

- No le debo nada. Fui un estúpido y escogí el camino incorrecto en tiempos difíciles, y me pareció lo más fácil, pero creedme, nunca estuve de vuestro bando. – La voz de mi padre sonaba firme y en ese momento me sentí muy orgulloso, sabía que no estaba siendo nada fácil para él – He formado una familia y he encontrado una razón digna por la que vivir.

- Ya veo.

Mi piel se erizó ante aquella simple frase, sabía que estaba ocurriendo sin necesidad de oír la conversación. Cerré los ojos y evoqué el recuerdo encerrado en mi memoria por más de 10 años. Yo, abrazado a mi madre y ella con sus brazos protectores alrededor de mi cuerpo impidiendo que viera lo que ocurría a mí alrededor. Mi pequeña mente no entendía lo que ocurría, hacía un momento estaba guardando mis libros en el baúl de mi madre y un segundo después unos señores de oscuro y máscaras terroríficas habían entrado en casa diciendo palabras que no entendía. ¿Quién era el Lord Oscuro? ¿Y por qué se querían llevar a mi padre? Mi mente volvió a la realidad cuando una pequeña mano me acarició dulcemente la mejilla, Luna limpiaba unas lágrimas que habían escapado a mi control.

- No la toques. Sarah, Theo, será mejor que salgáis mientras yo hablo con estos señores.

Ante la simple mención de mi madre me erguí completamente apretando los puños con furia. ¿Por qué habían interrumpido aquellos dos cobardes en nuestras vidas? ¿Por qué no habían dejado que mi padre viviera una vida feliz? Él había cometido un error, un único error, ¡pero estaba intentando arreglarlo! Mi madre y yo éramos una prueba viviente de ello, ¿acaso un mortífago no podría amar a otro que no fuera el Lord Oscuro?

- No veo porqué deberían moverse de aquí. ¿Verdad que no, Sarah?

Aparté de un empujón a Weasley y me precipité hacia la puerta. ¡Tenía que salvar a mi madre! ¡Tenía que hacer lo que no pude cuando tenía cinco años! ¿Pero el qué? Saqué mi varita del bolsillo del pantalón temblando violentamente, la rabia me cegaba haciendo que perdiera mi campo de visión, pero me conocía aquella casa aunque hiciera años que ya no viviera allí. La puerta se encontraba entreabierta y el fuego dibujaba las siluetas de los presentes, mi corazón se paró al ver a ella, a mi madre. Estaba tal y como la recordaba. Su larga melena rizada acariciaba su perfecto rostro que, aunque asustado, miraba desafiante al mortífago que se encontraba más cerca de nosotros. Intentaba ocultarme detrás de su espalda, pero yo, siempre tan curioso, asomaba la cabeza sin comprender lo peligroso de aquella situación.

Oía como seguían hablando aunque ninguna palabra llegaba a mí, todos mis sentidos se centraban en una única persona, ella. Era más bajita de lo que recordaba y alrededor de su cuello llevaba el colgante que le había hecho por su cumpleaños, "Siempre lo llevaré con orgullo" me dijo el día que se lo regalé. Y así había sido, lo llevó hasta su último segundo de vida. Ese pensamiento hizo darme cuenta de lo que iba a ocurrir, ¡mi madre iba a morir a manos de aquellos asesinos!

Los demás se habían acercado sigilosamente a mi lado, pero se mantenían callados no sabiendo si por miedo a ser escuchados o por compasión hacía mí. Pero no tenía tiempo para pensar en banalidades, ¡tenía que salvarla! Mi mano aún temblaba cuando apunté con la varita al mortífago, ¿funcionarían los conjuros en estas visiones? ¿Podría hacer que mi madre no muriera? Mi corazón latió más fuerte cuando aquel pensamiento se instaló en mí, ¿podría salvarla? Cerré los ojos respirando hondamente pensando cualquier hechizo lo bastante potente para que mandara a aquel malnacido lejos de mi madre, tenía que intentarlo. Pero cuál fue mi sorpresa que cuando abrí los ojos me encontré con dos varitas más acompañando a la mía. Luna, con una seriedad que no había visto antes, apuntaba al mismo sujeto que yo; mientras que Potter, sin ni siquiera dirigirme la mirada, empuñaba la suya con un odio ciego.

Volví la vista hacía mi madre, el mortífago se había acercado más hacía nosotros pero ella seguía manteniendo su postura desafiante, sin prever que aquello sería lo último que viera. El conjuro quemaba por salir de mi garganta pero no me atrevía a llevarlo a cabo. ¿Y sí rebotaba en algún lado y daba a mi madre? ¿Y sí me daba a mí y moría en aquel tiempo? ¿Desaparecería en ese instante? Por el rabillo del ojo observé que el mortífago daba otro paso, esta vez con la varita en alto, resultando más tenebrosa su figura. ¡Tenía que actuar rápido! Fijé de nuevo la vista en mi madre y un detalle llamó mi atención. Lo único que impedía a mi yo del pasado de ser atacado era el brazo izquierdo que mi madre había extendido, como yo lo recordaba, mientras que con el derecho buscaba frenéticamente algo entre los pliegues de su capa de viaje. ¿Qué buscaba? ¿Su varita? Pero antes de que siguiera indagando, sacó su mano del bolsillo y apretando fuertemente su puño, abrió la palma de la mano de mi versión pasada y depositó allí algo cerrándola al instante. Sonreía al mortífago y en ese momento supe que ella sabía que iba a morir.

No tuve tiempo a reaccionar cuando el mortífago se acercó más a nosotros y un rayo de luz verde iluminó la sala. Abrí la puerta de un golpe y observé con horror como mi madre yacía inerte en el suelo con mirada ausente. Estaba muerta. No había podido salvarla por segunda vez. Furioso me dirigí hacía el asesino de mi madre, se había quitado la máscara y sonreía con burla al ver como mi padre lloroso se acercaba al cuerpo de su mujer. Luna y Potter me sujetaban por los brazos, impidiéndome acercarme a él. Pero observé su cara, aprendiéndome cada detalle, jurándome que si me lo encontraba de nuevo se arrepentiría del día que puso en pie en mi casa.

- ¡Theo! – Se escuchó desde el salón.

Otro rayo verde alumbró la sala y todo se volvió un caos. El hechizo rebotó acabando con la vida de uno de los mortífagos, mientras que mi padre se batía en duelo con el que quedaba en pie y en ese instante mi yo del pasado corrió sin mirar atrás hacía la puerta que daba al jardín trasero.

Mareado me apoyé en el marco de la puerta dirigiendo, sin ni siquiera pensarlo, la vista hacía el cuerpo de mi madre. Se encontraba tumbada bocarriba, sus ojos reflejaban el miedo de aquellos que se encontraban con la muerte cara a cara, aunque un atisbo de sonrisa se dibujaba en su rostro. Paso a paso me acerqué a ella y me agaché temblando, ¿podría tocarla? Mi mano se movió antes de que tuviera tiempo a pensar y cerré los ojos a mi madre, ahora parecía como si estuviera dormida soñando con algo bonito.

Un reflejo dorado llamó mi atención, una cadena con un colgante en forma de llave estaba tirada en el suelo cerca de donde me encontraba. No recordaba haberlo visto antes y como si una snitch dorada pasara delante de mi supe inmediatamente lo que era, lo que mi madre me había dado antes de que muriera. Se me había caído cuando huía. Sabiendo que podría cogerlo, agarré la cadena y apretándola contra mi pecho susurré: "Te quiero mamá" antes de que notara que todo se desvanecía a mi alrededor.


En un despiste, uno de los mortífagos dirigió la varita hacía Theo pronunciando la peor maldición imperdonable, el Avada Kedavra. Pero antes de que ni siquiera llegara a alcanzarle, Granger salió de la cocina y se interpuso entre el hechizo y el niño, el rayo verde la golpeó en la espalda, derribándola al instante. Había salido corriendo y ni siquiera había podido pronunciar su nombre, cuando el rayo verde impactó de pleno en ella. El mortífago se quedó congelado y miraba extrañado el lugar en el que el hechizo había hecho efecto, ¿qué es lo que realmente había visto? Alguien, aprovechando ese momento de distracción, derribó al mortífago lanzándole el bombarda más fuerte que había visto realizar.

¿Cómo había sido tan tonta de ponerse en el camino de Theo? ¿Es lo que le había salvado de una muerta segura? ¿Por qué ni siquiera me había avisado? Quizás podría haber improvisado algo. Me sentía inutil y exhausto. Atrapado en mi propio remolino de culpa. Entorpecido, intenté levantarme e ir tras ella.

Pero ya no podía pensar. Mi cabeza daba demasiadas vueltas y no entendía muy bien lo que pasaba. Oí como todos se deshacia a mi alrededor. La visión se diluía poco a poco. ¿Estaba muerta? Una desazón se instaló en mi pecho, si ella moría... No podía pensarlo siquiera. Tanto tiempo creyendo que la odiaba y ahora…


¡Hola! ¡Lili actualizando!

¡Feliz San Valentin a todos! ^_^

¿Qué mejor manera de celebrar San Valentin que con un capitulo nuevo de Alea Aurea? ¿Y que mejor manera de que nos perdonéis por tardar tanto que subir un capitulo en el día del amor y del perdón? :)

Lo sé, lo sé. Han pasado ya algunos meses desde la ultima vez que actualizamos pero quiero que sepáis que seguiremos actualizando porque estamos "on fire" y no vamos a dejarlo por nada del mundo. Estamos muy emocionadas por el fic y nos gusta demasiado para dejarlo. Así que tendréis Alea Aurea para mucho tiempo :D. Quiero excusarme personalmente porque gran parte de la culpa ha sido mía. El mudarme a vivir a Manchester, el empezar un trabajo que nunca había hecho, el idioma, la cultura y el quedarme prendada de un chico que solo me trajo momentos tristes y quebraderos de cabeza, Lili era un caos esos meses. Pero todo eso ha quedado atrás, ya estoy mucho mas centrada en mi nueva vida y mucho mas contenta :) Y puede que me cambie de trabajo y me vaya a vivir a Londres, un sueño que he tenido desde siempre. Aunque tiempo al tiempo.

Y bueno, ya vamos de lleno a por el capitulo. ¿Qué os ha parecido? Han tenido nueva visión, esta vez de Theo. (Que a mi este chico me lo imagino de una ternura que no puedo) y todos han estado bastante involucrados, sobre todo Hermione. ¿Qué habrá pasado con Hermione? ¿El hechizo ha conseguido dañarla? Y Theo, pobre Theo reviviendo de nuevo toda su historia y la muerte de su madre. Tiene que ser bastante doloroso. Pero Theo, ¿debería haber muerto o seguir vivo? ¿Y el collar? ¿Y qué pensáis de nuestro querido Draco? ¡Ay nuestro querido Draquito! Jejeje. Pero todas estas preguntas las solucionaremos mas pronto de lo que pensáis ;)

La ultima vez que actualizamos dijimos que nos íbamos al 50 aniversario de Doctor Who y fue una de las mejores experiencias que hemos tenido en mucho tiempo. Tuvimos la suerte de poder charlar un poco con uno de nuestros actores favoritos, el bello MATT SMITH que es el mismísimo protagonista de la serie. Fue un verdadero amor, yo que le vi el año anterior en otra convención me puse a llorar de la emoción cuando le vi :) ¡es que es adorable! ^_^; y también pudimos hablar con algunos de los del staff que daban charlas. Todos un encanto. Fue una gran experiencia que no nos importaría volver a repetir. ¡Lo haremos en el 100 aniversario! Pues aun seguiremos con mucha marcha en el cuerpo, as always! :D Por cierto, desde aquí os aconsejamos que veáis la serie si no lo habéis visto nunca. Es BRILLIANT.

ALEA AUREA MOMENTS: Ya os contamos quien era Elizabeth y Phoebe y quien era nuestro sexy profesor Eugene (no sabéis lo que es escribirle y que nos venga a la cabeza Zachary Levi e.e) Y ahora os vamos a contar los otros protagonistas de Alea Aurea que han sido creadas por nosotras. Una de ellas es Stefanie Tranter que tiene ese nombre debido al nombre real de Lady Gaga, una cantante que nos enamora; y el apellido es de Justin Tranter, el cantante de Semi Precious Weapons que era telonero de Lady Gaga en la gira de 2010. Justin, al que cariñosamente llamamos Jus Jus, es un amor de chico. Otro de nuestros personajes es Mike Chang, que tiene el nombre a un actor taiwanes del que vimos un dorama (las series orientales) y nos enamoro a las dos. Bueno tengo que reconocer que a mi más que a Patri, porque se le considera el príncipe de los besos y yo soy una gran fan de los besos. (Esto os lo puedo contar Patri de los sueños que le cuento con besos y me convence diciendo que en una serie o libro hay besos jajaja) Y luego tenemos a Mika Footman, aunque creo que este le habréis averiguado desde el primer momento, si es nuestro gran Mika, el cantante por el cual nos unimos y no podía no estar presente ^_^ Además le hicimos muy parecido en gestos y en comportamiento :) El apellido es de la antigua corista suya que es un encanto de mujer y siempre nos ha tratado genial.

Y ya me despido que al final va a ser más largo esto que el capítulo en sí jejeje. Ahora mismo acabo de venir de trabajar del turno de noche, pero no podía dejar la subida del capítulo por más tiempo :) Muchas gracias por leernos y por seguir en Alea Aurea.

*Lili espera cuando se vaya a dormir sueñe con besos. Uno en el que Draco la bese como él solo sabe e.e*