Las apariencias engañan
La semana pasó sin ningún nuevo descubrimiento entorno al libro, le di vueltas y más vueltas, lo agité, le apliqué un sin fin de hechizos y nada. El jodido libro seguía intacto con sus páginas vacias, a excepción de aquella que ya había leído y releído tratando de comprender que secretos ocultaba, puesto que parecía que la sala lo había dejado caer en el lugar y momento exactos. Además aquel aspecto, aquel olor a viejo y escondido, con su lomo rasgado y maltrecho y sus páginas amarillentas, caligrafiadas en una letra cursiva y antigua, me indicaba que llevaba escrito desde los primeros años de Hogwarts o incluso tiempos anteriores.
Despues estaba el asunto de Granger revoloteando por aquí y por allí con su actitud de rata sabia, envuelta en libros y cumpliendo con su deber. Las cortinas, que antes me parecían más oscuras no dejaban lugar a la imaginación. Granger se pasaba las horas antes de dormir pegada a tomos literarios, a simple vista, aburridos.
Y para colmo, Eugene, nuestro "perfecto" profesor de Defensa contra las artes oscuras, había organizado un grupo de alumnos para hacer de niñeras del resto del rebaño que iba a pasearse a Hogsmeade como forma de diversión. Y yo estaba escogido como uno de aquellos "monitores", como si no tuviera otras que hacer que obedecer las órdenes de aquel payaso. Cada día me caía indudablemente peor. Y el hecho de que Granger fuera murmurando cosas sobre él no lo mejoraba. Me caían mal por separado, y en conjunto simplemente no les podía soportar. Así fue como decidí pasar completamente de la reunión que había organizado un día antes de la excursión. Ya tenía suficiente de rollos grupales con Alea Aurea, como para ponerme a vigilar a una manada de críos por las calles de Hogsmeade. En vez de pasar la tarde en aquella reunión, volví al lugar cerca del lago donde sabía que me encontraría a Theo, visto que esta semana había resultado una ardua tarea conversar con él, ya que a parte de monosílabos lo único que conseguía de él era débiles movimientos de cabeza, lo que intuí que era su manera de asentir. En cuanto llegué le vi sentado cerca del roble, mirando anonadado a algo que tenía escondido entre las manos.
- ¿Contemplando el paisaje? ¿O es que estás asegurandote de que la hiedra de nuestro majestuoso castillo crece en las mejores condiciones? - Dije mirandole de reojo. Dado que sólo me contestó con una larga mirada cargada de nostalgia, caminé derecho hacía el lago y cuando estaba en la orilla escogí una piedra y la arrojé para verla rebotar y perderse en el horizonte. - ¿Piensas hablar algún día o es que alguien te ha dado una poción para que enmudezcas ante mi presencia?
- Más quisieras.- Contestó mirando por donde la piedra se había perdido.- Y tú, ¿te has cansado ya de maldecir a nuestro querido profesor?
- No es tan importante como para ocuparme todo el día.- Me giré y comencé a andar en su dirección.
- Seguro. - Levantó una ceja. - Por eso has estado mono tema durante esta semana. Estoy seguro que le pitan los oídos.
- ¿Qué me dices de ti? - Murmuré intentando cambiar de tema. - ¿Te has cansado ya de estar todo el día en actitud misteriosa?
- No estoy en actitud misteriosa. - Guardó, lo que quiera que fuera que contemplaba minutos atrás, en uno de los tantos bolsillos de su capa.
- Para empezar, tu mudez. Lo máximo que te he escuchado decir en estos días es "si" o "no" o gruñidos varios. - Arqueó una ceja mostrando su duda. - Vamos Theo, te pregunté si querías más de aquella tarta de chocolate que sirvieron en el postre y ni siquiera te diste cuenta. Y estábamos hablando de ti, "Theodore Nott, glotón de Slytherin"
Escuché una risa entrecortada mientras me sentaba a su lado y le miré de reojo.
- Veras, después de aquella... ¿visión? - Me explicó mirando al lago. - Todo se ha vuelto más... extraño.
- ¿Extraño? - Pregunté - ¿Más de lo que ya era?
- Esta bien, sí, ya era un poco extraño. Pero eso es culpa de Alea Aurea. - Enfatizó haciendo gestos con las manos. - La cosa es que todos nuestros compañeros...
- Perdona, TUS compañeros. - Añadí. - Sigo intentando volver a mi sala común.
- Como quieras. - Rodó los ojos. - Todos ellos, o al menos los que dudaron, se han disculpado conmigo. Y los que me apoyaron también han querido volver a mostrar su apoyo y como ves, las cosas han vuelto a su cauce. Me siento bien en Alea Aurea por primera vez. Por mucho que quieras, en Slytherin no todos nos entienden. Incluso entre los nuestros nos sentimos juzgados...
- Digas lo que digas. - Intervine gruñendo. - Eso no justifica tu actitud.
- ¿Qué actitud?
- Estar de morros todo los días. - Resumí.
- Ah. - Suspiró.
Despues de aquello lo único que se escuchó fue el cantar de algún pájaro sobrevolando la zona. Sabía que algo rondaba la cabeza de Theo pero no podía forzar sus pensamientos. Ambos éramos parecidos, necesitabamos nuestro tiempo para meditar. Y además estaba el hecho de que yo no le había contado nada del libro, si él no me quería contar porque estaba actuando de esa manera, estaba en todo su derecho. Por más que yo me muriera de la curiosidad en saberlo.
- Era el cumpleaños de mi madre. - Rompió el silencio de ambos. - ¿Sabes? A veces creo que esa sala nos está llevando por un camino. Uno bueno.
- ¿Aunque nos maree en el intento? - Añadí socorronamente.
- Aunque nos maree en el intento. - Asintió con una sonrisa de medio lado.
Rebuscó por el interior de su capa y sacó el objeto al que había estado dando vueltas cuando llegué.
- Llevas arrastrando eso toda la semana. - Dije sin inmutarme tratando de no mostrar curiosidad. - ¿Algo valioso?
- Incalculabe. - Respondió mostrandomelo.
Girando su tronco noventa grados me alargó el pequeño objeto ante mí. Su mano acogía una llave vieja y un poco rayada, pero parecía de oro. Relucía con la poca luz del sol que las nubes dejaban traspasar. Aún así, a pesar de la aparente vejez y de que el oro se había oscurecido, la forma de la llave era preciosa y un cordel colgaba de ella.
- Me la dio mi madre.- Comentó cuando la tuve en mis manos - El día de la visión.
- ¿Qué? - Pregunté mirándole extrañado. - ¿Pudiste hablar con ella?
- No. No es lo que tú piensas. Es algo muy especial. Fue como si ella supiera pero no. Ni yo mismo lo entiendo. - Se encogió de hombros. Después de una pausa, en la que le devolví la llave, prosiguió con todas las dudas que había estado acallando desde que recibió la llave. -¿Crees que estamos realmente expuesto? ¿Qué nos pueden ver y sentir como nosotros a ellos? ¿O que son sólo simples recuerdos? Yo... no sé que pensar.
- ¿Quieres decir que posiblemente podemos interactuar más de lo que creemos? - Arqueé una ceja.
- Posiblemente. - Añadió. - Ni siquiera he podido descubrirlo y llevo dándole vueltas toda la semana. He buscado, consultado y preguntado por todos lados y lo más cercano que he encontrado son los pensaderos. Y estos no son interactuables, además de que el recuerdo tiene que ser dado voluntariamente. Y no creo que sea el caso de Potter, ni el mio. Estoy perdido.
- Ya somos dos. - Dije sumiendome en sus dudas.
Se volvió a instalar un silencio entre nosotros. Sus dudas me dejaron un poco inquieto y no sabía que pensar al respecto. Si estábamos tan expuestos como él creía, habría que ir con cuidado la siguiente vez, porque estaba seguro de que esa dichosa sala nos llevaría de nuevo a uno de esas visiones.
- Bueno, ¿qué tal si nos atiborramos un poco para subir los ánimos? - Se levantó con ánimo interrumpiendo mis pensamientos. - ¡Quizás podamos pensar mejor con el estómago lleno!
Y con esto nos dirigimos al comedor. En la cena no volvimos a sacar el tema y todo transcurrió con tranquilidad. Volviendo solo a la sala común me di cuenta que Theo se había colgado la llave como si fuera un amuleto y yo me pregunté si aquella llave era otro de los planes de Alea Aurea, puesto que parecía que cada paso que nos hacía dar nos conducía a algún lugar. Era completamente lógico pensar que aquella llave quizás fuera la clave tras una puerta cerrada, o algún tipo de objeto que se negaba a abrirse. "Como el libro" pensó mi subconsciente. ¿Tendría, entonces, aquel libro alguna forma de resolverse? Pero mis pensamientos fueron cortados por una voz varonil.
- De todos los monitores a los que he llamado esta tarde para la reunión sobre la excursión de Hogsmeade, eres el único que se ha dignado a faltar. - Dijo la voz de Eugene. - ¿Algo que alegar?
- Tengo entendido que es de mala educación pedir disculpas si realmente no las sientes. - Contesté sin girarme.
El tránsito de estudiantes que iban y venían del Gran Comedor me impedía sentirme cómodo con la situación. Aunque con Eugene no acababa de sentirme "cómodo" en ninguna de las situaciones.
- Puedo saber porque no se nos honró con su presencia, señor Malfoy. - Añadió con algo de ironía.
Ante aquel comentario digno de un Slytherin, me giré y a unos pasos me encontré con mi profesor mirándome con una sonrisa amable, como si esto fuera un juego de niños para él. Eso me irritó sobremanera.
- Hermione ha querido excusarte.- Dijo.- No todo el mundo daría la cara por…
- ¿Por mi? - Interrumpí.- Gracias por el apunte, aunque esa lección ya me la conocía profesor.
- Por un compañero.- Aclaró acercándose.- Tu soberbia ha mejorado en estas semanas, aunque tu ego… sigue intacto.
- ¿Algo más que añadir? - Dije cruzandome de brazos. Los alumnos que caminaban alrededor escuchaban nuestra conversación. Algunas fans declaradas del profesor de Defensa contra las Artes Oscuras se habían juntado en un corrillo y contemplaban la escena desde una esquina del pasillo.
- Te espero mañana a las ocho junto con tus compañeros en la puerta del castillo.- Afirmó con seguridad antes de andar en mi dirección. Justo cuando estaba a mi lado, y ambos mirando hacía direcciones contrarias, añadió algo. - No soy el único que confía en tí, Draco.
Y con esto se alejó dejándome solo ante nuestros espectadores. Los miré desafiante y tal como se alejó Eugene, me alejé yo. Me adentre en mi habitación minutos más tarde, preparándome mentalmente para la excursión a Hogsmeade. Sabía que si no me presentaba, Eugene me perseguiría hasta el infinito para que fuera a Hogsmeade y no podía aguantar más su cara de duendecillo feliz de los bosques. Theo tenía razón, me estaba convirtiendo en un blandengue. Cuando rendido me senté en la cama, un remolino de rizos traspasó la cortina.
- Eres un irresponsable. - Gritó desde la esquina más alejada.
- ¿Os habéis puesto de acuerdo? - Murmuré frotándome las sienes.
- ¿Quién?
- Tú y tu profesor.- Espeté.- Sois tal para cual. Los dos igual de insoportables.
- ¿Qué te ha dicho? - Me interrumpió.
- Ha procedido a darme un sermón parecido al tuyo. Quería dejarme en evidencia. ¿Eso también se lo has dicho tú? - Me levanté y ella pegó un pequeño salto hacia atrás.
- ¿Se puede saber que te pasa? - Exclamó.
- ¿Se puede saber que os pasa a todos hoy? - Dije irritado.- Además, ¿qué haces tú en mi habitación?
- Por si no lo habías notado, también es la mía. - Se cruzó de brazos.
- Mira sabelotodo, no tengo ganas de sermones… - Intenté decirle.
- Mañana tenemos que cuidar de los alumnos más pequeños y velar por su seguridad, serán sólo unas rondas. Además, deberías sentirte orgulloso de que hayan pensado en ti para esta tarea, esto significa que los profesores confían en ti. Es por eso que…
- Esta bien Granger - Dije poniendo una mano en el aire. - Esta bien. No sé ni porque te presto atención. Tú y tu novio podéis iros juntitos a Hogsmeade. Ahora, dejáme dormir.
Y con esto y un empujón, eché a Granger de mi lado de la habitación, intentando calmar mis nervios. De un manotazo al interruptor hice que la luz se apagara y con ella la posibilidad de que la sabionda volviera a aparecer por la cortina. Así, me sumí en mis pensamientos llenos de incógnitas, todas girando alrededor de Alea Aurea. El libro, las visiones, la llave de Theo,... lo que me llevó a la "disculpa". ¿Se habían disculpado por su actitud? Habían rechazado a Theo por ser hijo de un mortifago y ahora conocían su pasado, habían descubierto al verdadero Theodore Nott.
Theo era mucho más que aquello. A veces su actitud gentil y amable me hacía olvidar que era un Slytherin. Ser hijo de mortifagos no te hacía ser peor. Theo no quería ser mortifago pero yo no lo tenía tan claro. Ser mortifago como mis padres me parecía la opción más fácil pero, ¿es lo que yo quería? Ser un secuaz más, al cargo de alguien sin ningún derecho con un sólo propósito. Ser, ni más ni menos, que un mortifago. ¿Quería convertirme en eso?
Aunque ahora que mi padre estaba en Azkaban, mi madre se había quedado sola a merced de los secuaces de Voldemort y si yo me uniera a ellos, quizás la ayudaría. Puesto que mi tía había demostrado a lo largo y ancho del mundo mágico, y cuando se le permitía por el mundo muggle, de que había perdido toda su lucidez. ¿Qué era lo que esperaban de mí? ¿Qué era lo que yo realmente quería?
La mañana llegó y los ruidos de la comelibros me despertaron. Más que para cumplir con el deber, me presenté puntual en la puerta de Hogwarts para que me dejaran en paz. Y cuando digo puntual, me refiero a muy puntual, puesto que me esperé hasta el último minuto de la hora establecida para llegar. Eugene estaba hablando cuando entré y me colé entre los presentes sin hacer ningún ruido. Después de otro aburrido sermón sobre la seguridad y los lugares que era más apropiados en Hogsmeade, propusieron hacer turnos de vigilancia ya que, por lo visto, no todos los cursos iban a ir y no todos los profesores iban a asistir para brindar seguridad. No lo habían mencionado, pero todos temían que Hogsmeade estuviera invadida de secuaces de el Señor Tenebroso. Como si los seguidores de la guerra no tuvieran otra cosa mejor que hacer.
Después de aquella charla se pusieron a hacer parejas. No me sorprendió ver que había más alumnos de Alea Aurea. Mike y Mika se pusieron en equipo en uno de los últimos turnos. Unos alumnos de último curso se separaron en parejas y escogieron las tres primeras horas respectivamente. Las demás parejas se fueron apuntando y la última hora quedó pendiente.
- Bien.- Dijo Eugene levantando la vista de la lista.- Draco Malfoy, te tocó la última hora. De cinco a seis. ¿Tienes pareja?
Un silencio se hizo entre los presentes. El frío de la mañana calaba tras la ropa pese al sol que brillaba desde el cielo. En sólo media hora se había decidido todo.
- Viene conmigo.- Afirmó una voz a mi derecha.
Me giré para ver como Granger apuntaba nuestros nombres en la lista que Eugene sostenía. Cuando acabó y todos se esparcieron, intenté reclamarle lo que había hecho.
- ¡Eh, tú! - Exclamé. No se giró y siguió andando con la barbilla alta. - Nadie te ha pedido el favor.
- De nada.- Contestó mientras caminaba a toda prisa, intentando que no la adelantara.
- No soy tu maldita obra de caridad.- Espeté poniendome delante de ella obligandola a frenar su carrera.
- Muy bien Malfoy.- Se cruzó de brazo. - ¿Algo más?
- Mira Granger… - Quise intervenir.
- No, mira tú. - Me miró juzgándome.- Tengo ganas de disfrutar de esta excursión, así que hasta las cinco.
Y con esto, me dejó plantado entre alumnos que emprendían el camino hacia los carruajes.
Había tomado una decisión a la ligera, lo sabía, pero en cierta parte me sentía responsable de Malfoy. Aunque por otro lado, aguantarlo una hora de guardia, sería una tarea ardua. Ahora lo único que quería hacer era pasar la mañana con los chicos y dejar todo el rompecabezas que resultaba Alea Aurea de lado.
Así fue como después de visitar Honeydukes por insistencia de Ron, quíen ahora parecía hablarme de nuevo; y gastarnos un par de galeones, nos fuimos a dar una vuelta por la ciudad.
Con la nieve a cada paso se nos hundían los pies, así que pronto nos refugiamos en Las Tres Escobas. Las horas allí volaron y cuando volví a consultar mi reloj eran las tres de la tarde. No podía dejar pasar la oportunidad de visitar mis tiendas favoritas. Había estado guardando un poco de dinero para hacerme con una nueva pluma, unos tarros de tinta y unos metros de pergamino egipcio. Y como capricho personal, entre a "Hansen y Harkiss. Librería mágica" a cotillear algunos tomos nuevos. ¡Cuantos libros que quería leer! Pero el precio de algunos se disparaba sobremanera. Siempre había pensado que tener una biblioteca personal debía ser un lujo. Estantes de libros que poder leer y releer, unos más viejos que otros, con nuevos conocimientos e historias narrados por héroes del pasado, o simples cuentos con los que sonreír. El tacto de las hojas, el olor a papel, el crujir de las páginas al pasar. Con una sonrisa de oreja a oreja, me perdí en las estanterías de la tienda. Recordaba que algunos de aquellos libros estaban en la biblioteca de Hogwarts, así que de momento, no tenía necesidad de comprarlo. Lo que realmente me apetecía era algo de narrativa, así que moviéndome por los pasillos, ojeé las nuevas entradas.
Algo llamó mi atención. Un montón de chicas se acumulaban en un lugar de aquel estante. Pronto se alejaron todas con lo que parecía el mismo libro: lomo granate, pesado, con toques dorados. Cuando todas se hubieron ido, cotilleé de que libro se trataba, ya que no era normal que esta fuera la tienda más visitada de Hogsmeade. Cogí uno de aquellos libros y me sorprendió ver al autor. "Eugene Abraham Horace"
- Vaya, con que este era uno de sus libros. - Murmuré.
Lo abrí por una página al azar y cuando estaba a punto de leer uno de los párrafos, un grito agudo e histérico se escuchó en la calle principal. Solté el libro de inmediato y miré el reloj. ¿Quién estaba ahora de guardia? Pero el pánico se había adueñado de Hogsmeade y pequeños grupos de alumnos corrían aquí y allá. Salí corriendo de la tienda y me dirigí al primer grupo de personas que divisé.
- ¿Qué ha pasado? - Pregunté a unos alarmados alumnos de tercero.
- ¡La marca! - Gritó una niña de trenzas.- ¡La marca tenebrosa!
- ¿Dónde?- La cogí de los hombros para intentar calmarla.
Pero antes de que pudiera contestarme se había dado a la fuga. Vi como corría hacia una luz roja que uno de los profesores había hecho aparecer de su varita. La marca de auxilio que nos habían enseñado.
- ¡Hermione! - Gritó una voz entre el gentío.
Luna se precipitó entre el alumnado. Ginny, Harry, Ron, Theo, Elizabeth y Phoebe iban en el mismo grupo. Todos se veían alterados.
- ¿Dónde estabas? - Preguntó Luna. - No te habíamos visto por el pueblo y estábamos preocupados.
- Chicos, será mejor que os unáis con los demás para que podamos volver al castillo. - Eugene había salido de entre la multitud y nos miraba severamente.
- ¿Qué ha pasado? - Intervino Harry.
- Los mortifagos han tomado Hogsmeade.- Informó.- Parece que alguien ha visto la Marca Tenebrosa por los alrededores de la Casa de los Gritos.
- ¿La Casa de los Gritos? - Preguntó Theo.
Nuestro profesor de Defensa contra las Artes Oscuras nos miró antes de asentir.
- Será mejor que vayáis hacía allí.- Hizo un gesto con la cabeza y se alejó.
Cuando habíamos llegado al punto de encuentro, entre gritos e histerismos, sentí como alguien me sostenía el hombro.
- Hermione. - Me llamó la voz de Theodore Nott.- ¿Sabes dónde está Draco?
- No… - Murmuré mirando a todos lados
- Alumnos de Hogwarts, siganme. - La voz de la Señora Sprout sonó por encima de todo el jaleo. - Entrad a los carruajes en orden.
- Vamos. - Me dijo Ginny que no sabía de mi conversación con Theo.
- Espera. - Le dije.- ¿Habéis visto a Malfoy?
- ¿Draco? - Preguntó Ginny como acto reflejo.- No.
Ambas buscamos entre los alumnos, Luna y Theo se habían alejado un poco más para echar un vistazo.
- Nuestro carruaje está por allí. - Dijo Harry ajeno a nuestra búsqueda. - Vamos.
- Espera.- Ginny lo sostuvo del brazo.- Harry, no encontramos a Malfoy.
- No quiso venir conmigo a Las Tres Escobas. Estábamos andando por los alrededores de Hogsmeade cuando le propuse entrar con los demás.- Explicó Theo.
- ¿Quieres decir que a lo mejor no se haya enterado? - Preguntó Ginny.
- Quizás está en La Casa de los Gritos. - Dijo Luna.
- ¿Qué querría hacer allí Malfoy? - Intervine yo.
- Pensar. - Respondió Luna.
- Vamos chicos, vuestro carruaje está listo. - La señora Sprout nos hizo un gesto para que entraramos. Cuando se alejó lo suficiente para ayudar a más alumnos miré a todos lados, ni rastro de Draco Malfoy.
- Iré a buscarlo.- Dijo Theo.
En aquel momento de mi varita empezaron a salir chispas doradas. Un escalofrío recorrió mi espalda y supe que es lo que tenía que hacer como si de una corazonada se tratara. Un tipo de intuición al que tenía que obedecer.
- Iré yo. - Afirmé poniendo una mano en el hombro de Theo.
- Pero… - Quiso decir.
- Pero nada. - Añadí. - Es mi deber como monitora. Si tengo algún problema siempre puedo haceros llegar un patronus.
Mi primer pensamiento era irme sin decir nada, correr sin que les diera tiempo a pararme, Malfoy podría estar en peligro y no había tiempo para eso; pero no quería generar otra pelea. Dirigí mi vista hacia Harry y le pedí con la mirada que me dejara marchar, que daría explicaciones más adelante. Él me miró fijamente y sin decir nada, asintió con la cabeza. Asentí de vuelta y antes de que dudara de mi decisión, me alejé corriendo desapareciendo entre los pocos alumnos que quedaban.
Mi varita había decidido volver a su normalidad. Una luz verde iluminaba la zona más oscura de la ciudad, que ahora estaba desierta. Cuando llegué a la zona de los árboles, próxima a las afueras de la ciudad, la luz verde era más intensa. Paré para tomar aire apoyándome en un tronco cercano. Cuando miré hacía el cielo pude ver de donde provenía aquella luz verde: La Marca Tenebrosa se movía entre las pocas nubes de un cielo azul añíl.
- Sé que estás cerca. - Dijo una voz femenina. - ¿Dónde te escondes Draquito?
Contuve la respiración. Una risa histérica y un sonido de pasos que se hundían en la nieve comenzaron a envolverme.
- Vamos Draco. No tengo todo el día. - Volvía a hablar la voz escalofriante de aquella mujer a quien no podía olvidar.- ¿Te ha enseñado tu mami a esconderte tan bien?
Tomé una bocanada de aire en silencio. Gracias a su incesante caminar, deduje que se encontraba cercana a mí y me escondí en el lado contrario, aferrándome al árbol lo más que pude.
- Mi hermana se sentirá orgullosa de saber que has aprendido a huir tan bien como tu padre. - Una risa histérica se apoderó de Bellatrix Lestrange.
Mi varita comenzó a echar chispas. La escondí como pude. Bellatrix se alejó por el lado contrario y yo corrí en la otra dirección. Cuando sentí que el aire quemaba mis pulmones, paré. La Casa de los Gritos se irguió frente a mí. Había llegado sin darme cuenta. En mi bolsillo, la varita seguía soltando brillos, me giré a tiempo de ver como al correr había dejado un rastro dorado. No tenía tiempo que perder y el único lugar por el que seguir era la Casa de los Gritos. Sabía que desde allí podría volver a Hogwarts pero, ¿dónde estaba Malfoy?
No podía ponerme a gritar su nombre pues en pocos segundos me encontrarían. Corrí desesperada hacía la casa abandonada, tratando de tramar un plan desde allí. Pero al llegar, me encontré las puertas principales cerradas. Ni siquiera un alohomora pudo abrirlas. La verja estaba abierta de par en par, alguien tendría que haber cerrado las puertas tras la huída de Sirius. Quizás algún profesor lo hizo para evitar que la ruta secreta hacia el castillo se hiciera popular, aunque pocos eran los que se atrevían a adentrarse en las cercanías de la Casa de los Gritos. La opción que me quedaba era buscar una entrada por la parte de detrás. Me adentré por lo que sería el jardín. La poca luz que tenía era la que la Marca Tenebrosa me daba. Andaba casi a tientas, pegándome a las paredes de la casa.
Cuando di la vuelta, la luz casi no llegaba y mi varita seguía dando chispazos. Buscando la posible puerta, tropecé con la nieve. En el momento más oportuno, otra chispa dorada iluminó el camino y unos pasos se escucharon entre la nieve. Me puse en posición de ataque, intentando levantarme en la nieve.
- Maldita seas Granger, se te puede ver a kilómetros. Arregla tu varita de una vez o te compraré yo una. - La voz de Malfoy resonó a mi alrededor.
- ¿Dónde estabas?- Murmuré tratándome de levantar, pero mis pies se hundían más en la nieve.
- Dando un paseo.- Por lo que pude ver gracias a la luz verde de la Marca Tenebrosa, también él se había caído al encontrarme a mí.
- Estámos en medio de un ataque de mortifagos, ¿qué hacías paseando? - Pregunté.
- Ironía Granger, ¿no viene en tus libros? - Dijo después de levantarse.
- Tenemos que salir de aquí. Entra.- Señalé la casa con la cabeza mientras me levantaba como podía.- Corre.
- Es la Casa de los Gritos. - Anunció.
- Lo sé, pero… - ¿Cómo decirle que su tía estaba acechando el pueblo y que le buscaba?
- Mi tía Bellatrix está por ahí, eso es lo que querías decir, ¿verdad? - Me interrumpió. Su semblante era serio o eso es lo que la luz me dejaba ver. - Siento no tener una familia tan perfecta como la tuya, pero al menos no son muggles.
Antes de poderle replicar, la risa histérica que había estado escuchando en el bosque se elevó por la zona frontal de la casa.
- Draco, sé que estás cerca. - Cantó. - Pero me he cansado de jugar al ratón y al gató. Si estás por aquí, saldrás por tus propios pies. ¡Incendio!
- Mierda. - Siseó Malfoy.
- Adentro, ¡ahora! - Abrí la puerta de un tirón y corrimos hacia el interior de la casa.
- Bellatrix incendiará media Hogsmeade si la dejamos. - Murmuré lanzando un lumos para que la pequeña cocina trasera se iluminara.
- ¿Prefieres enfrentarte a ella? - Replicó en voz baja.
- No, pero… - No sabía que decir exactamente.
- Me viene buscando a mí, ya la has escuchado. - Desvió su mirada. - No va a parar hasta que me encuentre.
- ¿Y qué es lo que quiere?- Las preguntas me salían sin pensar en lo que realmente debía decir.
- ¿Tú que crees Granger? Demuéstrame porque te has ganado el mote de sabionda comelibros. - Arqueó una ceja y me miró desafiante.
- Ella quiere… Quiere que tú… - Tartamudeé, no sabía como seguir ante su mirada firme.
- ¿Qué quiere? - Preguntó sin inmutarse.
- Quiere que te unas a los mortífagos… ¿no es así? - Me costó decirlo sin vacilar.
- Diez puntos para Gryffindor.
- No lo entiendo. - Murmuré sin pensar.
- Eso es nuevo para alguien como tú. - Sonrió de manera mecánica.
- Yo pensaba que tú… - No podía mirarle directamente a los ojos. El frío inundaba la habitación. - Que tu estabas conforme.
- ¿Con ser como Bellatrix?
- No… Quiero decir… Con ser… Con seguir el legado. - Era de la mejor manera que tenía de expresarme. Mis respiraciones se convertían en vaharadas de vapor que me impedian la visión.
- No soy como crees Granger. - Me miró a los ojos y el silencio precedió al momento en el que mis labios me traicionaron.
- Tal vez si que sepa como eres. - Susurré.
Un crujido rompió el ambiente. El frío no dejaba de aumentar y noté una sensación de ahogo helarme la sangre. Con los ojos abiertos como platos, me di cuenta que no estabamos solos.
- ¡Malfoy alejate de ahí! - Grité.
Pero fue demasiado tarde. Lo que habían sido las maltrechas puertas que conducían hacía el salón principial, se deshicieron en astillas. Tres dementores se avalanzaron a la pequeña estancia en la que estábamos. Miré en dirección a Malfoy, que había pegado su espalda a la mía y apuntaba con la varita a uno de ellos.
- Malfoy, tenemos que ir a la habitación del fondo.- Traté de decir sin elevar la voz.
No recibí contestación.
Los dementores se movían en círculos alrededor de nosotros. Mi varita soltó un chisporrotazo dorado.
- ¡Malfoy!- Volví a decir. No recibí ni siquiera un gruñido por su parte. - ¿Draco?
Me giré y vi como a cada vuelta que daban cada uno de aquellos dementores chupaban la energía del Slytherin. Se alimentaban con tal ansia de él, que en cuestión de segundos sentí como su espalda tambaleaba contra la mía. ¿Por qué no reaccionaba y conjuraba un patronus? Los dementores prácticamente se habían olvidado que yo estaba allí para acabar con él. ¿Es qué no conocía la manera de defenderse?
Entonces caí en la cuenta que el hechizo que vencía a los dementores nunca nos lo habían enseñado en la escuela y que yo lo conocía gracias a las clases prácticas del ejército de Dumbledore.
- ¡Expecto patronum! - Grité concentrandome en un momento feliz.
De mi varita salió un resplandor azul que acabó convirtiéndose en una preciosa nutria que revoloteó entre los dementores espantandoles hacia la salida. En el mismo instante en que estos abandonaban la estancia, Malfoy cayó como un peso muerto en el suelo. Se había desmayado.
Corrí en su ayuda y cogiéndole por los hombros le zarandee para intentar despertarle. Pero tras varios intentos aún seguía con los ojos cerrados. Me empezó a entrar el pánico y no sabía que hacer. Estaba segura que Bellatrix había visto el resplandor de mi patronus y no tardaría en llegar hacia nosotros.
Oí un crujido por el lugar en el que los dementores habían aparecido y mi corazón empezó a latir frenéticamente. Bellatrix nos había encontrado.
- Malfoy, despierta. - Susurré mientras le daba pequeñas cachetadas en las mejillas. - No me hagas esto.
La última bofetada fue un poco más fuerte que las anteriores, los nervios y el miedo me estaba comiendo por dentro y el control se me fue de las manos. Pero pareció funcionar, ya que los párpados de Malfoy empezaron a moverse y después de un quejido, los abrió de golpe llevándose una mano a la mejilla donde había recibido el golpe.
- ¿Qué cojo...
- Shhhh. - Me llevé una dedo a la boca mientras miraba a todas partes.
- No me mandes callar, Granger. - Gritó masajeandose la cara y mirándome enfadado.
- ¡Malfoy! - Susurré un grito y me abalancé tapando su boca con mi mano. Sus ojos se agrandaron por la sorpresa y empezó a moverse para librarse de mi agarre. - Tenemos visita.- Murmuré señalando con la cabeza el hueco por donde antes se encontraban los dementores. Pareció comprender el peligro de la situación y asintió por lo que aparté mi mano.
Necesitábamos ir cuanto antes al retrato del caballo cojo, pues es donde se encontraba el pasadizo hasta el Sauce Boxeador, lo cual nos llevaría a los terrenos de Hogwarts. Estaba completamente segura que Bellatrix no conocía aquel camino, estábamos en ventaja sobre ella.
Si no recordaba mal, el retrato se encontraba en el dormitorio de la planta baja, por lo que debíamos movernos antes de que ella nos atrapara y no tuviéramos ninguna escapatoria. La habitación se encontraba al final del pasillo, sólo debíamos ir con sigilo y evitar las zonas bañadas por la luz de la noche.
- Malfoy. - Murmuré mirando hacia la puerta. Aún me sorprendía que Bellatrix no nos hubiera encontrado y eso sólo hizo incrementar mi temor de que estaba esperando el momento adecuado. - Tenemos que llegar a aquel dormitorio. - Señalé la susodicha habitación del que desde nuestra posición se podía ver una cama.
Empezamos a andar rumbo hacia la habitación, Malfoy caminaba cabizbajo con la varita en la mano derecha apretada con fuerza. ¿Qué estaría pensando ahora mismo? Su tía le perseguía para poder llevarselo y convertirlo en un mortífago. Siempre había creído que él lo deseaba y que cuando llegara el momento, se arrojaría con los brazos abiertos al Señor Oscuro. Pero eso, es lo que pensaba antes de haber convivido con él estos meses.
Ya podía ver la estancia y efectivamente, esa era la habitación por la que habíamos aparecido tres años atrás, aquella noche en la que descubrimos que Sirius no era tan malo como creíamos en un principio.
"Las apariencias pueden engañar" me dije mientras miraba de soslayo a Malfoy.
Estábamos a punto de cruzar la puerta cuando un sonido, demasiado evidente para saber que había sido producido por una persona, retumbó por toda la casa haciendo que mi corazón martilleara veloz en mi pecho. Bellatrix había entrado.
Fue sólo unas décimas de segundo en los cuales nuestras miradas chocaron pero ver el miedo reflejado en sus ojos me aterrorizó más que el propio hecho de que la mortifaga se encontrara en la casa.
Antes de que tuviera tiempo de pensar algo, ya que mi cerebro parecía haberse obstruido a cualquier plan de escapada, Malfoy me cogió de la mano y me arrastró escaleras arriba. Llegamos a la planta de arriba que se encontraba como la última vez que estuve aquí. Los muebles, llenos de arañazos, estaban desperdigados por todos lados; la cama, majestuosa en sus inicios, se hallaba llena de polvo y con las sábanas completamente rotas. Un escalofrío recorrió mi espina dorsal, recordar la última vez que habíamos estado allí sólo hizo incrementar mi miedo y querer salir cuanto antes de aquella casa.
Sin soltarnos las manos, nos escondimos detrás del primer mueble que encontramos que resultó ser el piano en el que tres años atrás Scabbers se transformara en Peter Pettigrew.
Intenté controlar mi respiración pero parecía un tarea un tanto difícil. Bellatrix nos perseguía, estábamos en mitad de la nada rodeados de mortífagos y nadie en el castillo sabía de esto. Deseé que Harry y Ron estuvieran ahí conmigo. Traté de contar hasta diez mentalmente, pero mi concentración se iba a paseo cuando llegaba al número cinco.
De repente sentí un apretón suave en mi mano derecha que hizo que mi respiración se cortara en el mismo instante en que un escalofrío me recorría la espalda. Giré mi cabeza para observar a Malfoy que con el cuerpo apoyado en el piano y los ojos cerrados parecía más afectado que nunca. ¿Era consciente de que aún manteníamos las manos unidas? Intenté encontrar en su rostro algún indicio de ello aunque no supe desvelarlo. No sabía si el apretón había sido intencionadamente o había sido un tic nervioso de Malfoy, pero lo único que sabía era que había conseguido calmarme y poder centrarme en el problema. A pesar de las circunstancias, una sonrisa tímida escapó de mis labios.
- ¿Crees que es mi tía? - Susurró tan bajo que si no hubiera estado tan cerca de él, no hubiera podido escucharle. Había preguntado con cansancio, como si la situación le aburriera, pero le conocía un poco para saber que sólo quería ocultar el miedo que sentía en esos momentos.
Yo, no sabía que contestar. Si le mentía, él sabría que lo hacía para calmarle y si le decía lo que pensaba sólo reforzaría mi idea de que Bellatrix estaba en la casa, y decirlo en voz alta era casi declarar que era real. Así que opté por la manera más fácil de llevar aquello, me encogí de hombros.
Pasaron varios minutos en los que sólo se oía el viento chocar contra las ventanas. Bellatrix no era una mujer paciente, por lo que o quería pillarnos con las guardias demasiado bajas o había recibido órdenes de que abortara misión. Rogué porque fuera lo último. Estaba a punto de decirle a Malfoy que nos levantaramos, cuando oí un crujido en las escaleras seguido de pisadas rápidas y todos mis sentidos se pusieron en alerta.
Encogímos nuestros cuerpos más, esperando con ello que no se nos viera desde la entrada, pues el piano quedaba muy cerca de la puerta. En ese momento pensé que ya nos habían encontrado, era un poco infantil pensar que por esconderse detrás de un mueble nadie nos descubriría. Pero sin embargo, las pisadas parecían tener un destino fijo, ya que se dirigieron hasta el final de la estancia y se pararon allí. Tal fue mi alivio que una pequeña risa se me escapó en el silencio de aquella habitación. Malfoy me miró de reojo con sus ojos irradiando furia y sonrojandome hasta la cabeza murmuré un lo siento.
No sabía porqué pero sabía que aquella persona que había irrumpido en la habitación no se trataba de Bellatrix. Sus pisadas parecían de alguien mucho más alto y fuerte que ella y si no me equivocaba eran las pisadas de un hombre. ¿Cuántos mortífagos había? ¿Habían llamado a más? Malfoy tenía que ser muy importante para tal despliegue de poder.
No quería asomarme por el borde del piano por temor a que aquel mortífago me sorprendiera, pero mi curiosidad por saber si estaba en lo correcto o no ganó al sentido común y eché un rápido vistazo. La silueta se hallaba de espaldas y efectivamente, como había predicho, era un hombre, por lo que al menos pude respirar tranquila al saber que no se trataba de la loca de Bellatrix. Pero hubo algo que me llamó la atención, no llevaba la capa de los mortífagos y su postura me recordaba a alguien. Se encontraba en frente de la chimenea y cuando el fuego se encendió y se agachó supe lo que iba a ocurrir y me volví a esconder. Iba a comunicarse a través de la chimenea y la persona que apareciera podría verme.
- Aún no.- Una voz varonil llenó la silenciosa habitación y un escalofrío recorrió mi espalda. ¿Por qué me sonaba tanto esa voz? El crepitar del fuego no nos dejaba escuchar al otro interlocutor por lo que no sabíamos a que se refería con eso.
- En cuanto les encuentre, los llevaré ante usted. - En ese momento sentí como Malfoy volvía a apretarme la mano con mucha más fuerza que la vez anterior. Sabía que estaban hablando de nosotros. Y aunque debería haber sentido miedo, me horrorizó más el sospechar quien se encontraba entre nosotros.
No quería creer, simplemente no podía hacerlo. Tenía que ser producto de mi imaginación que hacía que esa voz se pareciera a la de la persona que yo creía que era. Intenté convencerme de ello, pero la Hermione lógica me gritaba que tenía razón.
- Bellatrix está jugando como siempre. - Su voz sonaba enfadada haciendo que me asustara más de lo que ya estaba.
Teníamos, más que nunca, volver al castillo. Pero, ¿cómo salir de allí y bajar a la planta de abajo? No podíamos salir como si nada y bajar las escaleras corriendo porque nos atraparían antes de que tuviéramos ninguna oportunidad de alcanzar el pasadizo. Cerré los ojos y me apoyé en el piano, tenía que pensar algo pronto.
El fuego que crepitaba en la chimenea empezó a hacerse más ruidoso y su olor se intensificó, ¿cómo era posible aquello? Abrí los ojos para comprobar que era lo que pasaba cuando me di cuenta que una nube de humo nos rodeaba haciendo que mis ojos lagrimearan. Controlé la tos y me subí la cazadora para así evitar que el humo se me metiera en la nariz y la boca. Alguien había generado un fuego en la planta baja de la casa, y sabía muy bien de quien se trataba. Bellatrix quería hacernos salir a la fuerza.
Los dos nos giramos a la vez por nuestro lado del piano. La persona aún seguía de espaldas, por lo que supuse aún no se había dado cuenta de que la casa estaba en llamas. No sabía si Malfoy se había dado cuenta del parecido de la voz, pero yo me quise convencer una vez más que todo había sido producto de mi imaginación. Pero cuando el hombre se dio la vuelta, revelando su identidad, mi yo lógica empezó a gritarme: "Lo sabía" mientras que el miedo se apoderaba de mi cuerpo.
Oí como Malfoy maldecía por lo bajo mientras Eugene, nuestro profesor de defensa contra las artes oscuras, bajaba los escalones varita en mano.
Mi corazón latía velozmente. No sabía que pensar. Eugene era nuestro profesor, era nuestro mentor en Alea Aurea, Dumbledore confiaba en él. Nosotros también confiabamos en él, ¿verdad? Pero, ¿por qué no me sentía segura al cien por cien? No entendía porque se encontraba en esa casa, no entendía porque hablaba de Bellatrix y no entendía porque nos buscaba.
- Ese cabrón. - Malfoy apretaba fuertemente los nudillos.- Sabía que no… Sabía que era un jodido mentiroso.
Iba a decirle que parara, que no tenía que hablar así, pero las palabras se quedaron atascadas en mi garganta. ¿Cómo defender a alguien de quien tú misma dudabas?
Una viga de madera del techo cayó encima de la cama llenando la habitación de aún más humo y comprendí que o salíamos de allí en seguida o los planes de Bellatrix funcionarían. Sin esperar a que Malfoy acabara su discurso de "Odio a Eugene" le cogí del brazo y nos lanzamos escaleras abajo.
El humo y las llamas eran mucho más intensas en esa parte de la casa e impedían que pudieramos ver donde nos encontrabamos. Empecé a toser y aunque intentaba taparme lo más que podía con mi cazadora, el humo parecía haberse incrustado en mi pulmones y notaba como se expandía por mi cuerpo. Temí que alguien pudiera escucharnos y que nos encontrara pero no podía parar de toser.
Malfoy, cogiéndome de la mano por segunda vez aquel día, tiró de mí llevándome hacia la habitación del pasadizo. Los ojos se me empezaron a humedecer y temí caerme por no saber por donde pisaba, por lo que me agarré más fuerte a su mano mientras me ponía a su altura. Y a pesar del hecho de que estábamos a más de cuarenta grados, sonreí al notar el tacto frío de su mano.
Llegamos al retrato y me asombró a la vez que me aterró el hecho de que ningún mortífago nos hubiera encontrado. ¿Estarían esperándonos escondidos? ¿Sabían de la existencia del pasadizo y por eso estaban esperando a que nosotros nos dirigieramos hacia allí? Pero cuando corrimos el cuadro hacia la derecha y solo nos encontramos con un largo pasillo oscuro, me precipité hacia el pasadizo arrastrando al Slytherin conmigo.
Corrimos sin descanso, sin detenernos en ningún momento, sólo con el claro objetivo de llegar al castillo. No hablamos, no había necesidad de llenar el silencio y malgastar el poco aliento que nos quedaba. Y puede, aunque yo era plenamente consciente de la suavidad de su piel; que obviaramos el hecho, de que nuestras manos se encontraban entrelazadas.
¡Y aquí subimos otro capítulo de vuestro fic favorito! Y esta vez en tiempo record, ¿eh? ;)
Y esta vez estamos las dos publicando juntas. No estamos en el mismo lugar, ¡ojala! Pero estamos conectadas las dos a la misma vez y eso, en estos tiempos de cosplays y trabajos, es casi un milagro jeje.
Primero que todo, vamos a hablar del capítulo, ¿qué os ha parecido? ¡Esta vez no os podéis quejar de Dramione! Creernos, somos las primeras que queremos que esto corra mucho, pero ¡son Hermione y Draco! ¡Tienen que ir despacio! (Eso si, si fuera con alguna de nosotras grrrr)
Bueno dejando a un lado nuestro lado salvaje, vamos a hablar de Eugene. De nuestro querido profesor sexy, que para nosotras sigue siendo sexy (que nos hace mucha gracia que le hayáis puesto ese mote así que ahora nosotras también lo usamos jeje) aunque sea malo. De hecho, eso le da más sexappeal al chico :P ¿Os lo esperabais? ¿Os ha caído mal? ¿Qué es lo que hará ahora Hermione? ¿Y Draco? Asunto peliagudo, ¿eh?
*Al habla Patri*!Hola magos y muggles, he vuelto por estos lares! Si, si, y es que realmente no me había ido, por que siempre he estado por aquí, leyendo reviews y pendiente de vuestros favs! Me encaaaaaaanta que os guste y nos comentéis, de verdad. Siento cierta conexión con aquellas personas que nos escriben, por que pasáis a ser una persona real, desde otro dispositivo con internet, leyendo, comentando y viviendo cosas que nosotras hemos escrito, y realmente, ¡es mágico! Por supuesto, me hace ilusion que leáis aunque queráis permaneced anónimos, pero, todo esto se hace más real cuando alguien te dice ¡"Hey, me ha encantado!" o "Ese personaje de allí, ¡no lo soporto!" Y es que eso, es como comentar una serie con tus mejores amigos, ¡simplemente hace que sea el doblemente bueno!
Muchas gracias y siento haber dejado estas actualizaciones a Lili, desapareciendo un poco del panorama fanfiction. Tenemos un poco de lío, pero creernos cuando decimos que las reviews nos devuelven por aquí, porque, ¿quién no tiene el correo electrónico enlazado con el móvil? Es casi como recibir un mensaje diciéndote "Hey, a esta persona de aqui le gusto tu fic y ha comentado" Y piensas, quizás sea momento de actualizar y ver como van las cosas por allí
ALEA AUREA MOMENTS: Este momento nos hace mucha gracia a las dos porque es una frase que salió sin pensar y que ahora se ha convertido en una frase que utilizamos siempre, como la de "¿no es demasiado pronto"? que os comentamos en los primeros Alea Aurea moments. Esta frase es "Besitos a Nott" y la creamos en el capítulo en el que todos se disculpan con Nott después de su visión y se hacen amigos de él. Como estábamos planeando capítulos y teníamos que resumir cada capítulo con frases cortas, ese fue la frase de la parte de Nott. Nos gustó tanto, que ahora cada vez que necesitamos hacer algo parecido en el fic, siempre acabamos diciendo esa frase cuando planeamos porque sabemos lo que tenemos que hacer, es como un código secreto ;)
Muchas gracias a todos por todos los reviews recibidos, ¡ya oficialmente hemos llegado a los 100! Aún no nos lo creemos, ¡MUCHAS GRACIAS! Sois todos geniales ^_^
Un besito enorme
Os quieren,
Patri y Lili.
*las dos hacen la croqueta mientras esperan montañas de reviews*
