Alea y Aurea.

Había sido arrollado por Ginny, quién me condujo por un estrecho pasillo en el que dos estanterías habían chocado, quedándose cruzadas en diagonal. El suelo estaba lleno de cristales rotos que crujían con nuestras zancadas y hacían eco. Seguimos corriendo en cuanto atravesamos las estanterías, por un delgado pasillo que estaba justo en paralelo por el que habíamos venido, más oscuro y olvidado. Llegamos de nuevo a la sala de los relojes, comprobando que ya nadie quedaba allí, que incluso todas las personas de nuestro recuerdo se habían desvanecido hacia otra sala.

- Ahora tendríamos que estar en la sala del arco… - Musito Ginny apartando un montón de mesas que habían sido derribadas.

- Esta idea retorcida de revivir momentos del pasado tiene que tener algún sentido… - Me coloqué las gafas en su sitio, tratando de ignorar la punzada de dolor al recordar a Sirius.

- ¿Crees que podríamos…? - Preguntó arrastrando una silla hacia un lado.

- ¿Salvarlo? - Me quedé indeciso, retirando de nuevo una mesa.

Habíamos cruzado la gran campana de cristal del techo, aquella que revolvía el tiempo, por la cual el mortifagó calló, convirtiendose en algo parecido a un bebé con cuerpo de adulto. Ahora estábamos rodeados de estanterías y mesas con sillas, muchas de las cuales estaban esparcidas por el suelo, seguramente tras la trifulca con el mortifago llamado Doholov, quién intentó atacar a la Hermione del pasado. Las memorias me venían difusas, borrosas, y me costaba concentrarme. Me había quedado pensando con una silla a medio volcar en mis manos, intentando apartarla para poder pasar por la puerta del final que seguro nos conducía al vestíbulo. Fijé la vista en frente y vi el pomo de la puerta reluciendo.

- ¿Crees que existe esa posibilidad? No hemos probado a atacar a los mortifagos… Ni siquiera nos hemos cruzado con ellos… ¿Crees que somos visibles? - Pregunté a Ginny, que apartaba de un empujón la última silla que nos impedía el camino.

- Está claro que estamos aquí, que somos materiales en este sitio. Si no no parecería que me he peleado con un gato. - Levantó los brazos llenos de arañazos por todos lados. - Las profecías cortan como espadas.

Giré el pomo y la puerta permaneció en el mismo sitio. Lo intenté dos veces más y no sucedió nada.

- Habrá que probar con otra puerta. - Dijo Ginny encogiéndose de hombros.

Nos encaminamos de nuevo hacia la hilera de puertas, intentando abrirlas. ¿Que estaba pasando ahora? Todas estaban cerradas. Volví a intentarlo con Ginny volviendo a la que daba al vestíbulo, escuchaba como empujaba, golpeaba y forzaba la puerta con toda clase de hechizos.

- ¿Se puede saber por qué no podemos salir ahora? Ni siquiera se abre la puerta por la que hemos venido. Estamos encerrados con este montón de relojes y esa campana rejuvenecedora. - Dijo dejándose caer en una de las sillas que se encontraban en medio de la sala.

- No tiene sentido. - Afirmé. - Nosotros podíamos pasar por las puertas, tendríamos que poder.

Después de intentarlo de todas las formas posibles y con todas las puertas, me senté al lado de Ginny, dándome unos minutos para pensar, notando el cansancio en el cuerpo al recostar mi espalda contra el respaldo. Respiré profundo llenando mis pulmones. El día estaba siendo un completo desmadre.

Primero el ataque a Hogsmeade, después la desaparición de Hermione, quien se había quedado rezagada y había vuelto justo cuando nos veíamos engullidos por otra visión pasada. La primera había tenido una conclusión clara, demostrar mi verdad, ahora todos mis compañeros sabían que Voldemort había vuelto. La segunda nos sirvió como escarmiento, no juzgar a un Slytherin, y esta… esta se me escapaba de las manos. Además del hecho de que el mismo Draco Malfoy había podido coger una profecía de alguien llamado "Siberius Slytherin", claramente, no era él. Había olvidado los otros dos nombres, todo había pasado demasiado deprisa, pero sabía que el no tenía ni idea de como funcionaban las profecías. Yo mismo había probado a coger una al azar y había sentido un calor impresionante, fue como querer alzar una olla que ha estado hirviendo. Quemaba, ardía, parecía hervir. Y pesar una tonelada. Y Malfoy la había cogido con una ligereza y sutilidad que me había dejado pasmado. Aquello solo podía decir una cosa, aquella profecía tenía que ver con él. ¿Sería descendiente de Slytherin después de todo?

- Ginny… - Pregunté haciendo eco en la sala. - ¿Es cierto que una profecía solo la puede coger la persona a la que va dirigida?

- Sí. - Me miró frunciendo el ceño. - ¿Planeas coger alguna profecía en concreto?

- No,... es solo que… - Dudé. - Acabo de ver a Malfoy coger una profecía en la que no ponía su nombre. Y yo mismo he intentado coger otra al azar y casi me quemo la mano.

- ¿Que quieres decir? - Se giró por completo, mirándome con las cejas alzadas. - ¿Que ha cogido una por qué si?

- No lo parecía. - Repasé el momento en mi mente. - Estábamos escuchando a los mortifagos, la conversación y de repente estaba embelesado con una profecía. Ni siquiera sabía como funcionaba, pero parecía saber quienes eran a los que estaban dirigida.

- ¿Así, sin más? ¿Os escondísteis y de repente se dio cuenta de que conocía a quien iba dirigida la profecía que estaba a su lado? - Ahora me miraba extrañada. - Tendría que tener mucha suerte para toparse así de repente con una profecía para él ni siquiera sabiendo que son. Quiero decir, tú al menos sabías que Voldemort te había comido la cabeza con su legeremancia, sabías donde tenías que ir… ¡lo habías visto!

- ¿Si una de esas profecías fuera para ti, Ron podría cogerla? ¿O alguno de tus hermanos, tus padres o incluso tus tíos o abuelos? - Volví a preguntar intentando atar cabos.

- No, solo puede la persona a la que le incumbe. - Ginny se cruzó de brazos. - ¿Qué quieres decir de todas formas?

- La profecía que tenía en la mano iba dirigida a un tal Siberius Slytherin. - Ginny abrió mucho los ojos. - Lo sé, es lo primero que pensé. Que sería un antepasado. Pero ahora sabemos que aunque lo fuera, no podría haberlo cogido.

- ¿Lo sabe alguien más? - Me dijo mirándome por el rabillo del ojo.

- No, no me ha dado tiempo a pensarlo ni siquiera… ¿Crees que debería saberlo alguien? - Sabía que aquella pregunta la había hecho con segundas.

- Tal vez a Hermione le interese saberlo, siendo compañeros de habitación… - Fue a girarse para mirarme pero su mirada se detuvo muy por detrás de mi, mirando a la lejanía. ¿Se abría abierto una puerta? - Harry… mira.

- ¿Qué…? - Me giré deprisa sosteniendo mi varita en posición de ataque. - ¿Esto… no está en nuestra sala común?

¿Como no me había dado cuenta antes? Entre los montones de relojes de las estanterías, había un reloj, uno que recordaba muy bien. Lleno de engranajes, viejo y nuevo al mismo tiempo. Era el reloj de Alea Aurea, con solo una aguja marcando las tres. Espera… Aquello tenía que tener algún sentido aparente, pues sabía que estaba roto, había estado marcando las dos durante días. Ginny se había levantado igual que yo, y nos dirigimos con pasos torpes hacia el reloj, apartando una de las mesas que habían resultado intactas en la pelea contra los mortifagos en el pasado. Haciéndola a un lado, llegamos hasta el estante del reloj.

- ¿Por qué todos los relojes marcan las tres? - Se miró a la muñeca. - Son las once y media…

- ¿Quizás es la hora en la que estamos en la visión? - Dije girándome sobre mi mismo, comprobando que Ginny tenía razón.

- También era de noche cuando vinimos por primera vez aquí. - Afirmó, dirigiéndome una mirada.

Se hizo un silencio y me volví de nuevo para el reloj. Estaba quieto, como si no funcionara, pero yo lo había escuchado con claridad antes de adentrarnos al departamento de misterios. Al decir verdad, era lo único que se sentía al despertar en una visión nueva…

- Tres. - Afirmó Ginny de repente.

- ¿Tres…?

- ¡Tres! - Sonrió para si misma, dando un brinco de alegría. - ¡No está marcando la hora! ¡Marca los números de visiones que hemos tenido!

- ¿Quieres decir que… ? - Me quedé perplejo mirando al aparato. - ¿Esto es lo que nos lleva a las visiones?

- No lo sé, pero al menos, lleva una cuenta de ellas… - Arqueó una ceja. - ¿Por qué está aquí?

- Quizás pertenecía al departamento de Misterios hasta que vinimos a Alea Aurea. - Supuse en voz alta, acercándome un poco más. - ¿Recuerdas haberlo visto con anterioridad?

- Si te digo la verdad, no me fijé en los relojes. - Admitió mirando al fondo de la sala. - Aquella campana de cristal me tenía demasiado engatusada como para prestar atención a nada más. Por no decir lo aterrador que fue saber que tenías razón, y saber por donde andabas, como si tuvieras un mapa mental…

Resultó un tanto extraño escuchar su opinión en voz alta, aunque sabía que aquello había sido extraño incluso para mi. Volví de nuevo mi cabeza hacia el reloj, lo miré, pensando en qué misterios se esconderían detrás de él.

- ¿Has visto esto? - Ginny alargó la mano y cogió algo de la estantería, justo debajo del aparato, escondido entre tuercas y mecanismos. - Parece… una nota.

Sacó de su interior una papiro ajado, roto por los bordes, desgastado por sitios en los que se podía ver a través del papel. Lo desdobló con delicadeza, tratando de no romperlo más, aunque mostraba claras evidencias de que había sido quemado en el pasado, ya que al extender la pagina delante de nuestros ojos, vimos con incredulidad que le faltaban trozos.

- Especificaciones sobre… Arg, esto está que da pena. - Murmuró Ginny intentando leer en vano el papiro. - "Las visiones son pasajes momentaneos de reminiscencias remotas de los individuos de Alea Aurea".

- Espera. - Cogí el papiro, rasgándolo de un lado sin querer. - ¿Habla de las visiones?

- Eso pone. - Releí de nuevo mientras Ginny le daba una ojeada por encima de mi hombro. - Mira, parece que son como explicaciones sobre las visiones.

- "Desprovisto está quién se alza en la aventura, pues los recuerdos hieren pero nunca curan" - Me detuve, pensando en que podría significar aquello.

- ¿No podrían soltarlo sin más? ¿Por qué tanta floritura? Seria más facil decir, eh, no toques lo que no debes si no quieres salir escaldado. - Ginny se cruzó de brazos y volvió a mirar el reloj, intentando encontrar algo más.

- "Solo Aurea podrá resurgir". ¿Solo Aurea podrá resurgir? ¿Aurea es alguien? - Elevé el papiro intentando encontrar alguna especificación más, pues todas estaban arrasadas por el paso del tiempo.

- Estamos peor que al principio. Más dudas. Además, aquí no hay nada más. - Estaba regirando la estantería intentando encontrar algo más. - Todo lo que tenemos es ese trozo de papiro, húmedo y hecho pedazos.

- Por aquí hay algo más, pero se corta aquí… - Me coloqué las gafas y intenté leer. - "Alea deberá repetir las palabras…" Esto es imposible.

Ginny intentó hacer un reparo, pero solo estropeó más el papiro. Leía y releía las líneas, intentando resolver algo, pero habían tantas dudas en mi mente que despejarlas se me hacía imposible. Todo parecía una maraña de cosas sin sentido.

- Osea, que Alea y Aurea son dos personas. - Ginny había cogido el papiro ahora, y lo miraba escéptica. - ¿Crees que existen, o existieron? Alea y Aurea, quiero decir.

- Para serte sincero, cada vez estoy más perdido.


Desde que la sala nos había estado llevando a aquellas visiones o lo que quisiera que fueran, había temido el momento de vivir la mía. Y aunque esta visión podía ser de cualquiera de de los que habíamos ido al departamento de misterios la primera vez, excepto de Harry, supe sin ninguna duda que era mía. Aunque no entendía el motivo por el cual teníamos que revivir aquello otra vez, ¿era para que averiguáramos como defendernos de los mortífagos? ¿O era para que los demás vieran por todo lo que habíamos pasado aquella noche? Sea lo que fuera, no me gustaba la idea de ver todo de nuevo.

Después de atravesar diversas puertas, huir de la sala de las profecías y evitado ser atacados por las maldiciones, nos encontrábamos en aquella sala que parecía un anfiteatro. En el centro de la habitación, como yo lo recordaba, se hallaba el arco por el que hacía un año Sirius Black había desaparecido. Aún recordaba a Harry gritando que tenía que volver, que no estaba muerto. Y me apenó el hecho de que tuviera que volver a revivirlo, la sala no era justa con ninguna de nosotros, pero lo era mucho menos con Harry.

Le busqué con la mirada, pero no se encontraba entre nosotros. ¿Dónde estaría? Después de huir de aquella sala de las profecías no le había vuelto a ver. ¿Y Malfoy? Sólo le había visto un momento fugaz junto a Theo, ¿estarían juntos?

- Neville.- La voz de Ron se oyó haciendo eco en el lugar, habíamos llegado demasiado pronto y aún los mortífagos se encontraban persiguiéndonos en una de las tantas salas del ministerio. - ¿Has visto a Harry? ¿O a Hermione?

- Tampoco encuentro a Draco.- Theo se acercó cojeando. Puede que se hubiera lastimado en alguna de las locas carreras que habíamos realizado aquella noche.

- ¿Y Ginny? - Luna, junto a Stefanie, habían aparecido a mi derecha. Los demás las seguían y en poco tiempo nos juntamos todo alrededor haciendo un círculo inexacto.

- ¿Dónde estamos? - Elizabeth se abrazaba a sí misma tiritando de frió. Llevaba solo la camisa y la falda del uniforme y en ese lugar hacía más frío que en las mazmorras de Snape. Mike, que se encontraba a su lado, le pasó su capa por los hombros.

- Estamos en el Departamento de Misterios del Ministerio de Magia.- Aclaró Luna mirando el arco del centro.- Vinimos el año pasado para salvar a alguien, aunque todo fue un plan de Voldemort.

- Sí.- Corroboró Ron.- ¿De quién será la visión esta vez?

Y antes de que dijera que creía que era la mía, el Harry del pasado cayó rodando las escaleras del anfiteatro hasta dar con la espalda en la tarima donde se alzaba el arco. Ya estaban aquí.

Con un movimiento rápido les incité a que se movieran y se agacharan detrás de los asientos para no ser descubiertos por los mortífagos, aún no estaba seguro si podían vernos, sentirnos o lo que quisiera que pasara en esas visiones. Pero no quería que corriéramos riesgos. Todos formábamos una fila y era como si estuviéramos a punto de ver una obra de teatro. Una terrorífica.

A los pocos segundos de que Harry llegara, los mortífagos hicieron su aparición bajando lentamente las escaleras apuntando a Harry con la varita pero sin dañarle, necesitaban la profecía.

Harry se puso en pie, aunque las rodillas le temblaron y parecía a punto de caerse, pero aferraba fuertemente la profecía en la mano izquierda y con la derecha señalaba a los mortífagos. La risa de Dolohov se oía amplificada en aquel anfiteatro y era mucho más macabra de lo que la recordaba. A mi lado, Theo apretaba los puños fuertemente fijando su atención en el mortífago.

- Se acabó la carrera, Potter.- Lucius Malfoy se quitó la máscara. Draco Malfoy no podía negar que Lucius era su padre, eran como dos gotas de agua. - Ahora sé bueno y entrégame la profecía.

- ¡Deje… deje marchar a los demás y se la daré! - Exclamó Harry, desesperado. Unos cuantos mortífagos rieron.

- No estás en situación de negociar, Potter.- Replicó Lucius Malfoy y los demás mortífagos sonrieron socarronamente.- Verás, nosotros somos diez, y tú estás solo… ¿Acaso Dumbledore no te ha enseñado a contar?

Observé la parte alta del anfiteatro donde sabía que de un momento a otro iba a aparecer para ayudar a Harry. Me vi bajando los primeros escalones y un escalofrío me recorrió la espina dorsal.

- ¡No está solo! - Grité apuntando a todos con la varita de Hermione, la mía se había roto por culpa de Dolohov.- ¡Todavía me tiene a mí!

Me encontraba más magullado de lo que recordaba. Una pata del pantalón se encontraba llena de sangre, mi jersey estaba roto por diversas partes y la cara estaba tan hinchada que parecía un globo que podía salir volando en cualquier momento. Bajaba los escalones con gran dificultad sin apartar la vista de Harry.

- No, Neville, no… Vuelve con Ron…

Pero yo, ignorando las advertencias de Harry, empecé a lanzar desmaius sin pararme ni un segundo. Pero uno de los mortífagos me agarró por detrás inmovilizándoME en el acto; intenté dar patadas y forcejear para escapar, pero era en vano. Los mortífagos se reían de mí.

- Ése es Longbottom, ¿verdad? - Preguntó Lucius Malfoy con desdén—. Bueno, tu abuela ya está acostumbrada a perder a miembros de la familia a favor de nuestra causa… Tu muerte no la sorprenderá demasiado.

- ¿Longbottom? - Repitió Bellatrix. Tuve que hacer un gran esfuerzo para no bajar y arrancarle la sonrisa de un puñetazo. Creo que nunca odiaría a alguien como hacía con Bellatrix. Ella me había quitado la vida que podía haber tenido junto a mis padres, era algo que jamás olvidaría. - Vaya, yo tuve el placer de conocer a tus padres, chico.

Volver a recordar como la persona que había dejado locos a mis padres se reía y fanforroneaba de su éxito, era algo que nunca esperaba que me pasara. Note como todos mis compañeros de Alea Aurea me miraban de soslayo, pero nadie dijo nada. Luna, a mi lado, me agarró la mano y la apretó suavemente. La miré un momento y le agradecí el gesto con un asentimiento de la cabeza. Agradecía el no tener que pasar por aquello solo.

Mis padres, mis valientes padres. Mi abuela nunca me había engañado con la historia de ellos. Nunca había querido adornar los hechos para que yo me sintiera más agusto y lo sobrellevara de la mejor manera posible. Ella quería que yo supiera lo que había ocurrido porque, principalmente, todo había ocurrido por salvarme a mí y proporcionarme un mundo mejor en el que vivir. Yo no tendría más de dos meses y según mi abuela esa noche, que me había quedado con ella porque mis padres estaban en una de sus tantas misiones con la Orden del Fénix, no había dormido nada. Sólo lloraba y lloraba, como si supiera lo que iba a ocurrir. Y todo mi futuro junto a ellos se esfumó esa noche. No sólo Bellatrix les había lanzado el cruciatus, sino que además se encontraban con ella Rodolphus Lestrange, Rabastan Lestrange y Barty Crouch Jr. El cruciatus de cuatro dementes mortífagos, que lo único que les importaba era el paradero de su Lord, fue suficientemente fuerte para volverlos completamente locos. Mi abuela siempre me cuenta que eran unos magos muy respetados por todos y que siempre se les recordaría con orgullo.

- ¡Ya lo sé! - Oí que chillaba haciéndome que volviera a la realidad. Seguía luchando intentando escapar.

- ¡Que alguien lo aturda!- Dijo el mortífago que me tenía entre sus manos. Pero Bellatrix, tenía otra idea entre manos.

- No, no, no.- Repitió Bellatrix. Se notaba su emoción aún estando lejos de ella. Nos miraba a Harry y a mí como si fuéramos un experimento que necesitara realizar. - No, vamos a ver cuánto tarda Longbottom en derrumbarse como sus padres… A menos que Potter quiera entregarnos la profecía.

Y en ese momento, en mi yo de hace un año, sentí que era el momento de demostrar que yo también era un Longbottom. Mis padres defendieron lo que ellos creían que era importante, ellos lucharon hasta el final por devolver la paz al mundo mágico y yo lo hice aquella noche. Y volvería a hacerlo tantas veces como tuviera que hacerlo. No sabía lo que se encontraba tras aquella profecía, pero Voldemort la quería; y no la iba a conseguir tan fácilmente.

- ¡NO SE LA DES!- Bramé forcejeando aún más fuerte, retorciéndome mientras Bellatrix se me acercaba con la varita en alto. Aquella varita que tanto daño me había causado. La miré con todo el odio que pude reflejar y grité aún más fuerte que antes, el corazón me latía a mil por hora. -. ¡NO SE LA DES POR NADA DEL MUNDO, HARRY!

Casi no había terminado de hablar, cuando Bellatrix levantó la varita.

- ¡Crucio!

Aún recordaba aquella sensación. Era como si mil hechizos atacaran a todas las partes de mi cuerpo a la misma vez, como si me estuvieran embistiendo con cuchillos mientras me quemaban con antorchas, con un único pensamiento en mente, el querer morir antes que seguir sufriendo aquella tortura.

Pude ver como mi yo del pasado caía al suelo mientras se retorcía de dolor, Harry miraba como me doblaba sin saber que hacer. A mi lado, Luna me agarró más fuerte la mano y oí un "cobardes" que alguien había pronunciado al final de la fila.

- ¡Eso no ha sido más que un aperitivo! - Exclamó Bellatrix al tiempo que levantaba de nuevo la varita. Había parado de retorcerme aunque me quedé en el suelo sollozando. Ahora sentía mucho más respeto por mis padres. - Y ahora, Potter, danos la profecía o tendrás que contemplar la lenta muerte de tu amiguito.

Y en ese mismo momento, en el que Harry estiraba la mano para entregarle la profecía a Lucius Malfoy, las puertas de la derecha se abrieron y cinco personas hicieron su aparición. Sirius, Lupin, Moody, Tonks y Kingsley. Todos pertenecían a la nueva Orden del Fenix, aunque algunos de ellos habían pertenecido cuando mis padres formaban parte de ella. Y en ese momento todo se volvió caos.

Los miembros de la Orden luchaban contra los mortífagos, los mortífagos, deseosos por fin de poder atacar a alguien, lanzaban maldiciones sin parar. Todo se lleno de humo debido a los bombardas que ocasionaban que el anfiteatro se cayera en pedazos. Observé como Harry fue a socorrerme y me ayudaba a escapar del centro del caos. Pero en un despiste ocasionado por un hechizo, del que había dejado un cráter en el centro, uno de los mortífagos agarró a Harry por el cuello exigiendo que le diera la profecía. Harry intentó hacer un hechizo, pero las palabras quedaron atascadas en su garganta, se estaba ahogando. Y mi yo del pasado, sin pensárselo dos veces, se avalanzó hacía el mortifago para clavarle la varita de Hermione en la rendija de la máscara.

- Buena jugada.- Me dijo Theo y a pesar de todo lo que estábamos reviviendo, no pude evitar sonreír.

En ese momento, un hechizo impactó cerca de donde nos encontrábamos todos los de Alea Aurea, haciendo que gritáramos al unísono. Pero nadie pareció oírnos, ya fuera por el ruido de la sala o por el hecho de que efectivamente, no podían hacerlo.

- Deberíamos movernos hacia las puertas.- Señaló Ron la entrada por la que segundos antes los miembros de la Orden habían hecho aparición.- Estaremos más seguros.

Pero yo no me quería ir tan pronto. Necesitaba revivir todo de nuevo. En un principio me había quejado de que tuviéramos que volver a pasar por aquel recuerdo, pero ahora entendía porque tenía que estar allí. La profecía. Un año atrás, cuando Harry me ayudaba a subir los escalones, la profecía se le resbaló haciendo que esta se rompiera. Nadie pudo escuchar lo que esa figura fantasmal decía haciendo que nuestros esfuerzos fueran en vano. Pero esta noche, yo lo iba a averiguar.

Todos se dirigían agachados hacia la entrada de la derecha, y esquivando hechizos que volaban en todas direcciones, cuando yo me dirigí hacia el lado contrario, hacia mi yo del pasado y Harry. Oí como Luna me llamaba y Ron me gritaba que era muy peligroso. Pero no hice caso a ninguno de los dos, necesitaba hacerlo y nadie me iba a parar.

Llegué justo en el momento en el que Lupin nos exigía a Harry y a mí que fuéramos en busca de los otros y saliéramos de allí. Mis piernas, debido al hechizo que me había lanzado Dolohov, se movían frenéticamente y no me dejaban subir los peldaños. Harry tiraba de mí y recordaba como Harry, volviéndome a coger de la túnica, me pedía que empujara con los pies para ayudarme a subir. Pero mis piernas tenían vida propia y era muy difícil mantenerlas en orden.

Mi yo del presente se acercó un poco más a donde estaban, la profecía se caería de un momento a otro y necesitaba estar cerca o no la oiría, el ruido era ensordecedor. Pero cuando Harry tiró una vez más de mi túnica, esta tuvo la mala fortuna de romperse haciendo que la profecía saliera disparada del bolsillo de Harry. Como un autómata, seguí a la esfera para encontrarme en el momento adecuado cuando esta se rompiera. Esquivando un hechizo, me posicioné justo donde esta se había hecho añicos.

El corazón me iba a mil por hora cuando vi aparecer la figura fantasmal que yo recordaba. Por fin, íbamos a saber lo que la profecía decía y por fín, iba a poder contarle a Harry por lo que tanto habíamos luchado.

- El único con poder para derrotar al Señor de las Tinieblas se acerca... - Tuve que acercarme más para poder entender mejor lo que decía.- Nacido de los que lo han desafiado tres veces, vendrá al mundo al concluir el séptimo mes…- Aunque sabía que la profecía hablaba de Harry, sentí un escalofrío al oír aquella parte. Yo también había nacido en el séptimo mes. - Y el Señor de las Tinieblas lo señalará como su igual, pero él tendrá un poder que el Señor de las Tinieblas no conoce…- ¿Harry tenía un poder? ¿Tenía un poder que podría matar a Voldemort?- Y uno de los dos deberá morir a manos del otro, pues ninguno de los dos podrá vivir mientras el otro siga con vida... - Harry tenía que matar a Voldemort. O Voldemort le mataría a él. - El único con poder para derrotar al Señor de las Tinieblas nacerá al concluir el séptimo mes.

Finalmente la figura dejó de hablar y se disolvió en el aire dejándome una sensación extraña.

¿Voldemort había elegido a Harry? Según la profecía, Harry había sido escogido por él, Voldemort le había señalado como su igual. ¿Eso significaba que otro niño podría haber corrido la misma suerte que Harry? ¿Por qué Harry entonces? Siempre había pensado que todo había ocurrido porque Voldemort intentó matarle y al no conseguirlo, quería cubrirse su venganza. Pero ahora, no entendía nada. ¿Por eso Voldemort buscaba la profecía? ¿Para saber quien era? Pero estaba claro que era Harry, ¿por qué querría buscarla entonces? Pero entonces me acordé de la última frase, repetida dos veces, "Nacerá al concluir el séptimo mes" Yo nací en Julio, ¿ese niño podía…podía haber sido yo?

No tuve tiempo de pensar en nada más cuando la puerta de la izquierda se abrió y Dumbledore apareció en ella. Recuerdo ese día sentir que todo estaba solucionado, Dumbledore estaba allí, ¿qué podía suceder? Pero no todo ocurre como uno se espera.

Los mortífagos dándose cuenta de la presencia del director, decidieron que lo más factible era salir de allí e huir como cobardes que eran. Conocían a Dumbledore y el poder que este poseía. Pero nuestro director, con un simple movimiento de varita consiguió reducir a unos cuantos, a día de hoy me seguirá sorprendiendo el poder que dominaba. Sólo una pareja seguía peleando, como si no se hubieran dado cuenta de la aparición de Dumbledore o como si en el fondo no quisieran hacerlo. Bellatrix luchaba con Sirius Black como si nunca hubiera peleado con nadie más y Sirius Black combatía como si llevara años deseando tener una pelea de verdad.

El primer haz de luz roja que le lanzó Bellatrix, Sirius lo esquivó riéndose de ella "¡Vamos, tú sabes hacerlo mejor!" Fueron sus últimas palabras. Corrí al lado de Harry, quería brindarle mi apoyo, incluso aunque sabía que no podía sentirme. El segundo haz de la varita de la mortífaga le dio en el pecho y sin dejar de reír abrió mucho los ojos sorprendido. Harry empezó a bajar los peldaños con la varita alzada, le seguí. Pero antes de que pudiéramos alcanzar la tarima, Sirius cayó hacía atrás en el velo. El velo se movió como si lo hubiera agitado una ráfaga de viento para luego volver a estar como al principio. Sirius había muerto.

El grito de euforia de Bellatrix se propagó por toda la sala, haciéndolo incluso más terrorífico. La odiaba. Era alguien que no merecía perdón. Asesinaba por disfrute y por orden de alguien que estaba loco. Era la peor persona que me había cruzado jamás en la vida.

Observé como Harry seguía mirando el velo esperando que la cabeza de Sirius asomara en cualquier momento. Kingsley relevó a Sirius en su pelea con Bellatrix que seguía riéndose locamente como si hubiera visto la cosa más graciosa del mundo. Los miembros restantes de la Orden habían atado a los demás mortífagos con cuerdas invisibles y los mantenían agrupados en el medio de la sala. Lucius Malfoy, inconsciente, se encontraba entre ellos.

Lupin no dejaba de mirar a Harry esperando cualquier momento en que este hiciera alguna locura. Y cuando Harry corrió hacia el velo, esperando que Sirius apareciera por el otro lado, Lupin le alcanzó antes de que cometiera su objetivo.

- No puedes hacer nada, Harry…

- ¡Vamos a buscarlo, tenemos que ayudarlo, sólo ha caído al otro lado del arco!

Era horrible ver a uno de tus amigos en ese estado y era más horrible aún estar allí, dos veces, y ambas no poder hacer nada para reconfortarlo. Harry intentaba con todas sus fuerzas librarse del agarre de Lupin. Gritaba, pataleaba pero el profesor le sujetaba con fuerza mientras le decía con voz temblorosa que se había ido, que no volvería.

- ¡NO ESTÁ MUERTO! - Rugió Harry.- ¡SIRIUS!

Y entonces me sentí confundido. ¿Con qué objetivo íbamos a las visiones? ¿Sólo por el mero hecho de ver cómo moría gente a nuestro alrededor? ¿Como se morían y no podíamos hacer nada para salvarlos? Primero revivir la muerte de Cedric, que aunque no habíamos sido testigos de ella, habíamos rememorado los hechos; segundo la muerte de la madre de Theo a manos de mortífagos sin escrúpulos y ahora, la muerte de Sirius Black. Y en ninguno de los casos pudimos hacer nada para salvarlos.

Harry nos había pedido que no hiciéramos nada, que no atacaramos pues no sabíamos lo que podía ocurrir. Estaba claro que aquello no funcionaba igual que un pensamiento en pensadero y aquí no éramos simples observadores. Podíamos acceder a sitios en los que la persona de la visión no se encontraba e incluso ser atacados por hechizos. Pero, ¿ocurría igual al revés? ¿Si nosotros lanzábamos un hechizo heríamos a la persona de la visión? ¿Podía haber salvado a Sirius aquella vez? ¿Por eso nos mandaba la sala a aquellas visiones? Miré de nuevo a Harry roto por el dolor y me arrepentí de no haber intentado nada para salvar a Sirius.

La sala se empezó a difuminar pero la imagen de Bellatrix triunfante se coló en mi retina a la vez que se oía el grito desgarrador de Harry jurando que la mataría. Y en ese mismo instante, me prometí a mi mismo que haría que Bellatrix pagara por todas sus maldades.


Habíamos vuelto. Bueno, eso creía. La línea que separaba la realidad de la alucinación se volvía delgada y tenue contra más tiempo permanecía en Alea Aurea.

Estaba boca arriba, escondido tras mi cama. Esta vez no había caído, no lo recordaba, simplemente yacía en el suelo, con el faldón de la colcha rozándome el hombro. Palpé el bolsillo derecho, todavía seguía allí, escondida; la profecía desprendía calor y luz. Después de todo estar en aquella posición me iba a servir de ayuda. Saqué la profecía y alargando la mano hacia el interior de lo que quedaba debajo de la cama, la deposité. Seguía brillando. Sería muy obvio cuando las luces de la habitación se apagara que había un foco de luz debajo de mi cama.

- Mierda. - Susurré para mi mismo.

Se me ocurrió una idea un tanto idiota, pero no tenía tiempo. Si Granger me descubría alli abajo, querría saber que estaba haciendo. Por no decir que aún tenía que responder por haberla encerrado en una aula cualquiera.

Alargué la mano por encima de la cama y estiré de la primera prenda que encontré. La bufanda de Slytherin. "Que propio para la ocasión" pensé mientras de un revuelo cogía la profecía de debajo de la cama y la enrollaba con la bufanda de manera que no se viera ni un destello de luz azul. La volví a dejar justo pegada a la pared de lo profundo de mi cama, bajando el faldón a consciencia. No sabía que tenía que hacer con ella de momento, aunque tampoco es que me pudiera pasear por ahí con una profecía del mismo hijo de Salazar Slytherin…

- Argh… - Se escuchó al otro lado de la habitación. Granger.

Me levanté tan dignamente como pude, y quitándome la chaqueta, que ya estaba bastante maltrecha después del día de hoy, di dos pasos en dirección donde antes había habido una cortina que separaba la habitación. Granger estaba sentada en el suelo, cerca de la estantería. Se frotó la nuca con dolor.

- Menudo día. - Se levantó y por primera vez reparó en mi. - Y para colmo me tengo que olvidar de mi privacidad.

- No tengo ni la más remota curiosidad por ti. Puedes estar tranquila. - Murmuré metiendo las manos en los bolsillos.

- Es reciproco. - Se alisó la falda del uniforme.

Y por primera vez me resultó incómodo provocar a Granger. No es que no pudiera hacerlo, porque tenía razones de sobras, es simplemente que no quería levantar la veda de preguntas. Resultaría espinoso tener que contestar a todas sus dudas, muchas para las que ni yo mismo tenía respuesta. Y la comelibros era mucho peor que yo en eso. Por no decir que sospechaba que su querido Potter le contaría a la más mínima que me había llevado una profecía del departamento de misterios. Y aquello ya sería el colmo.

Y fui salvado por un estruendo en la sala común, donde suponía que habían ido a parar todos. Se alejó hacia la puerta, sin ni siquiera cerrarla, dejándome mirando al punto en el que había estado antes. Se escucharon unas suelas chocando contra los escalones y pronto su voz estaba sonando más abajo. Me adentré en la parte de la habitación de Granger y me arrimé a la puerta abierta, poniendo mi atención en lo que sucedía abajo.

- Suerte que todos estáis bien. - Murmuró Granger. Bien, nada nuevo, todos habían salido intactos.

- Ha sido de lo más raro. - Respondió la alumna de Ravenclaw que bien podría haber sido una Weasley.

- Nunca había visto cosas más raras que las que había en las habitaciones de ese vestíbulo. - Ese era Theo.

- Sea como sea, nos hemos enterado de algunas cosas. - Dijo la pequeña de los Weasley. - Y creo que os incumben a todos. Así que será mejor que cuanto antes lo sepáis mejor.

Se hizo un silencio por parte de todos, solo roto por el recolocar de alguna silla o mueble. Sin quererlo me vi fuera de la habitación, al borde de las escaleras, tratando de escuchar todo mejor.

- Ginny y yo hemos encontrado este reloj junto con los demás relojes de la sala anterior a la de las profecías. Marcaba la misma hora, las tres. Todos marcaban las tres, a decir verdad… - Potter estaba hablando del reloj de Alea Aurea y yo sentí un escalofrío. Habían destapado algo. Algo importante. Podía notarlo en el tono de voz, severo y inquieto. - Este reloj no marca la hora, marca las visiones que tenemos, los recuerdos que hemos vivido en conjunto.

- Hasta ayer el reloj había marcado las dos, parecía... roto. - Weasel, como lo aborrecía.

- Sí, tú mismo lo has dicho. Parecía. Pero funciona bien. No es un minutero, es un indicador. - Ginny Weasley le contestaba a su hermano y a todo aquel que quisiera saber. - Marca las tres porque hemos vivido tres recuerdos diferentes. Y parecen pertenecer a tres personas diferentes. Pero eso es solo una teoría mía.

- ¿Quieres decir que viviremos doce recuerdos? Pero somos trece. - Lunatica tenía razón.

- Eso es lo que destroza mi teoría. - Afirmó de nuevo la Weasley.

- Lo cierto es que hemos encontrado un papel bajo el reloj, uno que incumbe a Alea Aurea. - Potter volvía a hablar. - Está bastante destrozado como podéis ver, pero algo se puede leer. "Las visiones son pasajes momentáneos de reminiscencias remotas de los individuos de Alea Aurea"

- De ahí sale mi teoría. - Admitió la chica Weasley.

- "Solo Aurea podrá resurgir" - Leyó Potter. Eso tenía que ser verdad. Yo lo había visto, lo había sentido. Lo había provocado. - Debajo pone algo que está más bien quemado, esperad... "Alea deberá repetir las palabras" y ahí se acaba, no hay nada más. Bueno, lo cierto es que para esta aún tenemos una teoría, pero hay otra más que no sabemos que puede significar.

- Alea y Aurea son dos personas diferentes. - Afirmó Ginny Weasley lo que hizo que un escalofrío recorriera mi espina dorsal. - Pero no sabemos quienes son, si han existido, a qué se dedicaban o si todo es esto es solo pura ficción y metáforas.

Cómo si se tratara de un resorte que me había empujado, salí del pasillo y bajé las escaleras hasta quedarme a mitad. Ninguno de los presentes me miró, sólo Potter, quien sabía que tenía aquella profecía. Y lo que esperé que fuera una mirada de desafío, solo fue una penetrante ráfaga de duda e incomprensión. Yo necesitaba saber cosas sobre las profecías y él necesitaba saber cosas sobre aquella sala que yo sabía. Pero yo no iba a ceder y él tendría que rebanarse los sesos más de lo que yo tendría que esforzarme en encontrar respuestas, pues la biblioteca estaba llena de libros que hablaban sobre el departamento de misterios, pero yo no había encontrado ninguno que hablara de Alea Aurea de la forma en la que el diario de Siberius Slytherin lo había hecho. Por una vez iba un paso adelantado del niño que sobrevivió.

- "Desprovisto está quien se alza en la aventura pues los recuerdos hieren pero nunca curan" - Leyó en voz alta después de volver la vista hacia el papel. Pero, ¿qué coño estaba leyendo Potter? Aquello más que un papiro parecía papel mojado y calcinado. Estaba hecho un harapo. - No tenemos ni la más remota idea de que puede significar este. Es el único que no hemos sabido cómo encajar.

- Repitelo. - Dije de improviso, pues mi boca habló antes que mi orgullo. Todas las caras se giraron para mirarme. Yo, intentando quitarme protagonismo, recosté todo mi peso hacia un lado y me metí las manos en los bolsillos.

- "Desprovisto está quien se alza en la aventura." - Repuso Granger. - Si se viene a referir a las visiones, ¿significa que todo aquel que se adentra en una de ellas está desprovisto?

- "Pues los recuerdos hieren pero no curan" - Volvió a parafrasear Potter.

- Los recuerdos hieren. - Alzó la voz Theo, y su sola entonación afectada dio a entender suficiente.

- Tiene que haber una lectura entre líneas que se nos escapa. - Ginny advirtió. - Son todo avisos y este parece una simple rima, pero me da que es el que más significado tiene.

- Quizás… - Empezó a decir Luna que había aparecido como por arte de magia a mi lado. - Quizás se refiera a algo literal, quizás no sea una simple metáfora.

- ¿Los recuerdos hieren? - Footman habló. - Literalmente sería que los recuerdos nos hacen daño…

- He recibido un buen golpe en la cabeza cuando esa esfera ha caído de la nada. - Se resentía su amigo. A su lado, la Ravenclaw rubia del pelo rizado le miraba con ojitos compasivos. - Me ha herido, literalmente.

- No es como revivir un recuerdo en un pensadero. - Longbottom admitió en voz alta. - Las personas no nos traspasan y por alguna razón, siento que si nos quedamos quietos en un sitio mucho rato, podemos llegar a ser advertidos…

- Los recuerdos… Las visiones pueden herirnos. Podemos salir heridos de las visiones, de los hechizos. - Dijo Granger en voz alta, pero concentrada en un punto fijo, cerca de sus pies. - Pero… no curan, porque no podemos hacer nada por detenerlo.

- ¿Que quieres decir? - Weasley la miró fijamente.

- No podemos interponernos… - Levantó la vista y antes de enfocar su atención en Weasley, me miró de soslayo. - No podemos impedir lo que sucedió, por doloroso que sea.

- ¿Quieres decir entonces, que nos "adentramos" en las visiones "desprovistos" por que podemos resultar heridos, a pesar de no poder cambiar los acontecimientos? - Preguntó la pelirroja, quien ahora sostenía el papiro y releeía las líneas. - Pero sigo pensando, que sea quien sea Aurea, tuvo algo que ver con todo esto. Si no, no saldría nombrada aquí. Aparte de que la parte de Alea está completamente echada a perder. He intentado salvar el papiro con algunos hechizos de reparación pero solo se ha roto más. Creo que esto es lo único que tenemos de momento.

Aquella conversación cayó en mi como un cubo de agua fría. Yo sabía quien era Aurea y no quería admitir quien era Alea. Era todo disparatado. Pero todo empezó a tomar forma frente a mis ojos. Me recosté en la pared más cercana, empujando sin querer a Lunatica, que me observaba de una forma extraña, aunque no se de que me sorprendía, toda ella era un cuadro.

Podía notar mi piel erizarse. No podía ser. Alea y Aurea, ¿dos personas? ¿Qué cojones estaba pasando en esa estúpida sala? ¿Se habían vuelto locos? No tenía ya suficiente con estar allí adentro, soportando a esos pelmazos, ¿qué ahora tenía que asumir toda esa cantidad de información? Por no hablar de la esfera que estaba bajo mi cama, aguardando con una profecía que ahora no sabía si quería saber. ¿No podría abdicar y ceder mi papel en toda aquella historia a otra persona con más sentido del protagonismo? Como Potter, por ejemplo.

¿Qué clase de suerte caprichosa era la mía?


¡Hola a todos! Patri al habla: Hoy hay actualización especial ¡porque es el cumple de Lili!

:3 Feliz cumpleaños a la mejor compañera de historias, a la mejor persona y a la mejor amiga :3 ¡FELICIDADES!

Lili al habla: ¿Cómo no querer a esta personita? MUCHAS GRACIAS ^_^ Estoy tan feliz ^^ Y, ¿cómo no celebrar mi cumpleaños con un nuevo capítulo de Alea Aurea? :D

Al habla las dos: Aquí estamos de nuevo actualizando más rápido de lo normal, ¿eh? Nos estamos poco a poco acoplando a hacerlo más rápido porque creernos, nos encantaría actualizar todas las semanas, pero estar separadas se nos hace un poco difícil. Pero lo intentaremos siempre, porque somos fans de Alea Aurea :D :D

Bueno, bueno, bueno. Otra visión que acaban y al menos en esta, ya hemos descubierto muchas cosas, muuuuuuuuuchas cosas. Ya sabemos más cosas de la visiones, tenemos reglas y uhhhhhh... ¿Alea y Aurea dos personas? ¡Cha chan! ¡Queremos saber vuestras opiniones de todo!

Y como final de esta entrada, Lili os manda un trocito de tarta con un poco de Malfoy dentro jijiji.

Lili habla de nuevo: ¿Y ya que es mi cumple podría tener un montón de reviews como regalo? ^_^

Un beso croquetoso a todas y muchas gracias por los reviews, followers y favoritos que nos hacéis. Cada vez que recibimos un email, nos emocionamos mucho. Gracias por ser parte de Alea Aurea.