Elecciones y dudas.

Los rayos de sol me acariciaron la cara, dándome calor. Me removí con los ojos cerrados aún sin querer despertarme. Estaba exhausta. Me tapé de nuevo con la sábana que se me había resbalado y comprobando que aún era pronto para levantarme, me autoimpuse dormir cinco minutos más. Pero al rato, o lo que yo creía que habían sido horas, me desperté sobresaltada mirando rápidamente el reloj de mi mesita. ¿Me había quedado dormida? Pero descubrí que sólo habían pasado dos minutos desde que había mirado la hora. Maldito subconsciente.

Intenté volver a cerrar los ojos para descansar, pero las imágenes de lo acontecido el día anterior sobrevolaban en mi mente no dejando que me concentrara en la simple tarea que era dormir. Suspiré irritada mientras me acomodaba en la cama, ya que no iba a ser capaz de volver a dormir, al menos pondría en orden mis pensamientos.

Me desesperecé dándome cuenta que aún tenía puesta la ropa de ayer. Y entonces me acordé. No es sólo porque estaba tan cansada que lo único que quería era echarme en la cama y descansar, sino que además había otro problema que iba a ser mi quebradero de cabeza en los siguientes días, la cortina desaparecida. Miré a mi izquierda, a la cama de mi compañero de cuarto. Malfoy dormía de lado, por lo que sólo podía verle la parte de atrás del cuello y la espalda tapada con la colcha. Su respiración acompasada era lo único que se podía escuchar en la silenciosa habitación.

¿Cómo había desaparecido la cortina? Aunque la pregunta más bien sería, ¿por qué había desaparecido? Primero, la cortina se aclareaba tanto no dejando lugar a la imaginación descubriendo todo lo que pasaba al otro lado; y ahora, ya no es que solo lo intuyeras, sino que claramente podías observar todo lo que ocurría. Si ya antes me costaba horrores cambiarme de ropa, haciéndolo detrás del armario para que no se viera nada, ahora ya no sé lo que iba a pasar. ¿Y si un día me olvidaba y Malfoy me pillaba en ropa interior? Creo que ese día le catalogaría como el más vergonzoso de mi vida. Tenía que hablar con él y hacer un horario, era la manera más razonable de hacer las cosas.

Aunque ahora necesitaba centrarme en algo más importante que una simple cortina, el extraño comportamiento de Eugene en la Casa de los Gritos. ¿Por qué se encontraba ahí? Si le hubiera visto rondando los alrededores pensaría que sólo nos estaba buscando pero, ¿con quién había ido a hablar que no podía hacerlo en su habitación o en una de las tantas chimeneas del colegio? Eso me inquietaba y me entristecía a partes iguales. Eugene había sido simpático con nosotros desde el primer día, y aunque había creído que había algo raro en él, nunca hubiera pensado en algo de tan magnitud. Pero y si, ¿sólo había aparecido en el momento erróneo? Suspiré, no sabía que pensar.

Mi compañero de habitación se removió en su cama y se dio la vuelta. Aunque su pelo platino tapaba parte de sus ojos, pude ver como se revolvía en sueños, ya que apretaba fuertemente los párpados y movía ligeramente la cabeza hacía los lados. ¿Qué es lo que estaría soñando? Y entonces un recuerdo del día anterior se coló en mi memoria, antes de que nos desvanecieramos de la visión, Malfoy me contó como había sido capaz de eliminar de mí la maldición Avada Kedabra. Pensé que no había ocurrido nada, que sólo me había interpuesto en una "falsa" maldición, que había sido real en el pasado pero no en la visión. Era cierto que noté un fuerte dolor en la espalda, pero como desperté de lo que yo creía que había sido un simple desmayo sin ninguna herida, pensaba que los hechizos no podían herirnos. Pero entonces Malfoy hablaba de un contrahechizo y unas palabras que la sala esperaba que repitiera en voz alta. ¿A que palabras se refería? ¿Y qué es eso de que sólo habían funcionado conmigo? ¿Significaba eso que si Harry hubiera hecho lo que yo hice estaría… muerto? Suspiré. Muchas preguntas y la única persona que podía responderlas era aquel que hacía todo lo posible por sacarme de mis casillas. Iba a ser una tarea dificil.

Tan concentrada estaba en mis propios pensamientos que la hora pasó volando haciendo que me dirigiera veloz a las duchas sino quería llegar tarde. Pensé que a mi vuelta, Malfoy estaría despierto o al menos fuera de la cama, pero reconozco que no me sorprendió verle aún enredado en las mantas respirando firmemente. Todos los miembros de Alea Aurea necesitaban estar presentes y él no podía faltar. ¿Tan cansado estaba que no podía levantarse? Y aunque era su problema si decidía bajar o no y no tenía porque entrometerme en sus asuntos, antes de abrir la puerta para dirigirme a la reunión, me giré llamándole.

- Malfoy.- Grité, a lo que Malfoy dio un respingo sin dejar de estar tumbado, al menos me había escuchado.- Ya están todos reunidos. Tienes que bajar.

Pero este, ignorando mis palabras, se dio media vuelta y moviendo la mano murmuró algo como "Vete a la mierda, Granger" Sí, quedaba claro que no era de humor mañanero.

Enfadada me dirigí a la sala común donde estaban ya todos reunidos. Me senté en el sofá en frente de la chimenea encendida entre Ginny y Neville. A veces ignoraba lo estúpido que podía ser Malfoy.

- ¿Todo bien?- Me preguntó la pelirroja.

- Perfecto.- Contesté con sorna. ¿Por qué me había molestado tanto lo que ese engreído me había dicho?

- ¿Dónde esta Malfoy? - Preguntó esta vez Harry. - Pensábamos que bajaría contigo.

- Pues pensastéis mal.- Respondí en un tono tan ácido que Harry levantó las cejas sorprendido.- Lo siento.- Sonreí a Harry esperando que aceptara mi disculpa.- Muchas cosas en la cabeza.

- ¿Quién tiene hambre? - Preguntó Mike frotándose las manos emocionado. Él sí que tenía un espíritu mañanero.

- ¡YO! - Gritó Theo levantándose de un salto de su sitio. Su cara era el reflejo mismo de la felicidad. Todos nos reímos al mismo tiempo y Theo, rojo de vergüenza, se sentó de nuevo murmurando algo como que el desayuno era la comida más importante de todas añadiendo más carcajadas a la atmósfera.

- Está bien, tú puedes venir con nosotros.- Dijo Mika con una sonrisa señalando al avergonzado Theo.- Pero no hagas que nos pillen.

- ¿Ir con vosotros a dónde? - Pregunté sin saber de que iba todo aquello.

- A las cocinas.- Dijo Ron levantándose y juntándose con Mike y Mika cerca de la salida. Theo se unió a ellos.

- Lo hemos hablado antes.- Me cortó Harry antes de que tuviera tiempo de replicar.- Y hemos decidido que es mejor desayunar aquí que en el Gran Comedor.

Asentí sin querer decir nada más. Robar en las cocinas, por mucho que los elfos se desvivieran por darnos la comida, era algo que iba contra las normas y la Hermione responsable se quejó dentro de mí. "Eres una copia de McGonagall" La voz de Malfoy se propagó en mi mente. "Pues yo he roto más reglas que tú, Malfoy" La Hermione rebelde se jactó y sonreí traviesamente. Ginny me miró curiosa.

- ¿Alguien más quiere venir? - Preguntó Mike mirando fijamente a Elizabeth. Sonreí con ternura, era más que notable el sentimiento entre estos dos.- ¿Qué dices, Eli?

- No, Eli no.- Dijo Mika sonriendo picaramente.- No queremos que la Señora Norris nos pille porque os habéis entretenido haciendo manitas.

- ¡Mika! - Gritó su compañero dándole un manotazo en el brazo. Y todos nos volvimos a reír mientras que la pobre Elizabeth se cubría la cara con las manos.

- Venga anda.- Ron riéndose cogió del brazo a Mike y lo arrastró hacia la salida.- Theo, coge al otro o no nos iremos nunca.

Y así los cuatro salieron por la gran puerta dorada mientras que Mike regañaba a Mika, creando más risas en la sala. Estos dos eran verdaderamente divertidos. Pero algo había llamado mi atención haciendo que me sintiera tremendamente orgullosa. El comportamiento de Ron. Había hablado a Theo como a otro más de la sala y no como a un Slytherin o un enemigo. ¿Lograría comportarse de esa manera con Malfoy algun dia?

Volvieron a la media hora pero con las manos vacías. Me preocupé de que los hubieran pillado e impuesto un castigo por nuestra culpa. Pero sus caras reflejaban de todo menos fastidio. Quise preguntar pero Ginny se me adelantó.

- ¿Dónde está la comida?

- Aquí con nosotros.- Mika se tocó la barriga y sonreía con picardía. Mike, Theo y Ron le imitaron.

- ¿Os lo habéis comido todo? - Ginny se levantó acercándose peligrosamente a ellos, ella era una Weasley y con la comida no se jugaba, y menos cuando tenía hambre. - O alguien me explica lo que ha pasado o mi varita accidentalmente lanzará cuatro hechizos mocomurciélagos.

- ¿Qué os dije? - Ron miró a los chicos triunfante.- Sabía que mi hermana iba a saltar primero, me debéis cinco sickles cada uno.

- ¡Ronald Weasley! - Gritó Ginny y yo me preocupé seriamente por la integridad de Ron si no se explicaba y pronto.

- Tranquila hermanita.- Levantó la manos enseñando las palmas.- Está todo aquí.

Y entonces de los bolsillos empezaron a sacar miniatura de todo lo que pudieras imaginar. Muffins, croissants, cajas de cereales, botellas de diversos zumos, botellas de leche, jamón de York, queso, piezas de fruta, barras de pan y chocolate. Lo colocaron en una de las mesas, y antes de que nadie más preguntara o Ginny se les echara al cuello, lanzaron el hechizo "Engorgio" hasta que todos los alimentos tuvieron su tamaño adecuado. Todos les vitoreamos y les aplaudimos, mientras ellos no dejaban de hacer reverencias. Y por primera vez compartimos todos juntos la mesa para desayunar, a excepción de Malfoy.

Cuando terminamos de desayunar nos reunimos de nuevo alrededor de la chimenea y el ambiente se fue haciendo más silencioso hasta que sólo se oía el crepitar del fuego. Todos posamos nuestras miradas en Harry que se encontraba en el sillón más cercano a la chimenea. Vi como suspiraba y colocándose las gafas que se le resbalaron se acomodó en el borde del sillón.

- Como dijimos antes de ir a dormir, quedamos todos hoy para hablar de lo ocurrido ayer.- Miré por acto reflejo a nuestra habitación y me enfade de nuevo con el idiota de Malfoy. - Tanto de la visión como del ataque de los mortífagos.

- Ya os leímos las normas que encontramos en ese reloj.- Continuó Ginny situada a mi derecha.- Tenemos que tenerlas muy en cuenta para la próxima visión.

- Ayer cuando estábamos en la sala del arco.- Habló Neville mirando de soslayo a Harry.- Un bombarda cayó cerca de nosotros, nos hirió en cierta medida, pero nadie nos oyó gritar. Puede que fuera por el ruido.- Se encogió de hombros.- O puede que fuera porque realmente no pueden oírnos.

- Eso aún no lo tengo claro.- Confesó Harry.- Pero, ¿no sentís a veces que es como si notaran vuestra presencia? ¿Cómo que si os quedaraís mirándoles fijamente a los ojos podrían veros?

Todos asentimos, algunos murmurando afirmaciones mientras que otros miraban fijamente el fuego de la chimenea, claramente asustados. Desde que nos habíamos metido en estas visiones siempre había tenido esa sensación, pero pensaba que solo me pasaba a mí. Me alegré, de que al menos, no fuera la única.

- Cuando volvimos de la visión de Theo.- Empezó diciendo Luna. - Hablamos sobre si podíamos atacar a las personas de la visiones. ¿Dice algo de eso en el papel que encontrasteis?

- No, sólo las que os leímos.- Murmuró Ginny buscando en el bolsillo de su pantalón vaquero, del que sacó un papel doblado en cuatro partes.- Ayer antes de dormir copié todas las "reglas" aquí.- Explicó desdoblandolo. - No quería que el otro se rompiese o perdiese.

- Pero hay una parte quemada.- Expusó Neville.- Ahi podria estar escrito.

- Exacto.- Corroboró Harry. - Así que como no sabemos si esa regla está o no, os vuelvo a pedir que no hagais ninguna locura.

- Pero, ¿y si lo intentamos con un hechizo pequeño para ver si funciona?- Preguntó tímidamente Phoebe. Algunos asintieron con la cabeza dándole la razón a la Ravenclaw.

- No.- Contesto tajantemente Harry. - No quiero que corrais riesgos por una tonteria.

- Yo creo que Phoebe tiene razón.- Salió Ron en su defensa.- Ya hemos intentado hechizos en objetos y han funcionado, ¿por qué no intentarlo en personas? Podríamos intentar algo como, por ejemplo, un "accio" a alguna varita.

- Ron, no creo que sea buena idea.- Harry miraba firmemente al pelirrojo, a sabiendas, un poco molesto por no haber estado de su parte. - Podría ser muy peligroso.

- O podria salvarnos. - Ron se encogió de hombros como si el asunto no fuera importante. - Nunca lo sabremos.

- Cierto.- Harry se apoyó en el respaldo. - Nunca lo sabremos.

Pude ver las miradas desafiantes de los dos y conociendoles como les conocía, teníamos que cambiar de conversación o se generaría una batalla verbal y acabarían enfadados. Estos dos, a veces, solo necesitaban una pequeña chispa para saltar. - Ginny.- Dirigí mi vista hacia ella.- ¿Puedes volver a leernos las reglas?

- Sí.- Carraspeó acomodándose en el sofa.- "Las visiones son pasajes momentáneos de reminiscencias remotas de los individuos de Alea Aurea" Que ya sacamos en claro ayer que podía ser que cada uno va a tener una visión. - Argumentó. - Aunque lo del reloj, me sigue confundiendo.

- ¿Y si alguien ha tenido la misma experiencia y la sala los va a juntar en una visión futura? - Vaticinó Stefanie. - Para que sean doce visiones y no trece.

- Pero la visión de ayer. - Contestó Luna. - Era sólo de una persona pues la manecilla sólo se movió una vez.- Señaló el reloj para demostrar lo que estaba diciendo. - Pero podía haber sido de nosotros seís juntos.

Todos miramos por inercia al gran reloj dorado que se encontraba en la sala. Efectivamente, como había dicho Luna, la manecilla se encontraba marcando "y cuarto". Se había movido una vez por cada visión que habiamos vivido. Entonces, ¿por qué el reloj no tenia trece números en vez de doce? ¿O por qué habíamos sido elegidos trece en vez de doce?

- Exacto. - Respondió Ginny interrumpiendo mis pensamientos. - Pero si es cierto que se ha movido desde la última visión.

- Lo tendremos en cuenta para la proxima.- Comentó Harry. - Continua Ginny.

- "Solo Aurea podrá resurgir" es la siguiente. - Ginny leyó. - Junto con lo que está escrito debajo "Alea deberá repetir las palabras" pero ya no tenemos nada más porque es el trozo quemado.

Yo habia dejado de escucharla cuando pronunció aquella última regla, "Alea deberá repetir las palabras". Esa frase era bastante similar a la que Malfoy me habia revelado el dia anterior "Como si la sala estuviera esperando a que yo dijera esas palabras en voz alta" Un escalofrío involuntario me recorrió la espina dorsal haciendo que mi corazón latiera más deprisa. ¿Cómo no me habia dado cuenta ayer? ¿Qué significaba todo aquello? ¿La sala le había dicho las palabras? Ginny dijo ayer que Alea y Aurea eran dos personas, pero eso no tenía ningún sentido. ¿Cómo iban a ser dos personas? Era imposible e improbable. Todo eso eran palabrerías típicas de la clase de Trelawney. Malfoy había dicho unas palabras, me había despertado pero él, él no era Alea. Me negaba a creer aquello. Pero mi parte más irracional gritaba a los cuatro vientos que era la única solución posible.

- ¿Qué piensas tú, Hermione? - Todas las miradas se posaron en mí.

- Perdona Luna, no estaba escuchando. - Me disculpé avergonzada. Callando cualquier otro pensamiento estúpido instalado en mi cabeza.

- No hay problema. - Luna me guiñó un ojo. - Yo tambien a veces me quedo pensando en pequeños sierpes. - Y mi cara debió de ser un poema, porque Ginny soltó una pequeña carcajada.

- Estábamos hablando. - Neville aclaró mirando extrañado a Luna.- Del ataque de los mortifagos a Hogsmeade. ¿Crees que tenian algún objetivo? ¿O sólo lo hicieron para generar miedo?

Y por mucho que me pregunté durante todo el dia nunca averigüe el motivo de porque callé. Quise creerme que era porque no era asunto mío, que Malfoy era quien debía de hacerlo; aunque eso nunca me habia frenado en contar algo si creía que era demasiado importante. Y esto lo era. Claramente lo era. Pero sentía que estaba en deuda con él, aunque él, de seguro, me hubiera vendido a la primera de cambio. "Te salvó la vida" Una vocecita al fondo de mi mente anuló cualquier otra reflexión.

- Creo que sólo querian generar miedo.- Evite sus miradas, sobretodo la de Harry, pues sentía que si me miraban a los ojos descubririan que estaba, en parte, mintiendo.

- ¿No viste nada cuando fuiste a buscar a Draco? - Theo me preguntó y en ese momento le maldije un poco por ponerme en un aprieto. - Tardasteis mucho en volver.

- No le encontraba. - Menti rapidamente. - Se alejó bastante de la Casa de los Gritos.

- Y además estaban juntos. -Resolvió Luna como si eso explicara todo.

La estancia se llenó de una fragancia con olor a menta. Sin ni siquiera darme tiempo a pensar por que lo hacía, dirigí mi vista hacia la escalera principal. Y ahí se encontraba mi compañero de habitación. Recién duchado, con el cabello aún mojado y despeinado, Malfoy expandía elegancia sin ni siquiera proponérselo. Su mirada fija puesta en mi, sólo me indicaba una cosa, había escuchado nuestra última parte de la conversación. Creía que podía haberle molestado, pero su postura relajada y su expresión ligeramente asombrada, me dio a entender todo lo contrario. Le había sorprendido que hubiera mentido por él, y para que voy a negarlo, yo también estaba sorprendida.

- … siempre podríamos decírselo a Dumbledore.- Fijé mi atención a lo que Stefanie estaba diciendo mientras sentía la mirada de Malfoy clavada en mi nuca.

- O a Eugene.- Continuó Elizabeth timidamente. En ese momento dejé de respirar.- Él es nuestro mentor en la sala.

- Es verdad.- Corroboró Ginny.- Podríamos ir a contarle todo lo que está pasando en la…

- ¡NO!

Dos voces resonaron en la sala común, haciendo que todos los presentes miraran simultáneamente hacia los causantes de aquello, Malfoy y yo. Tragué espeso intentando buscar una respuesta coherente a mi clara negativa.

- ¿Por qué, Hermione? - Harry me miraba desconcertado. -¿Ha pasado algo? ¿O has visto algo que…

Pero su pregunta quedó en el aire al oírse la voz de Dumbledore amplificada retumbando en las paredes de Hogwarts. Su voz era tan potente que tuve que taparme los oídos por inercia.

- Atención alumnos de Hogwarts, dirijanse al Gran Comedor. Les necesito a todos allí urgentemente.

Parecía como si nadie hubiera escuchado la voz del director, ya que ninguno de nosotros se había movido ni un poco. Todos miraban a Harry, como intentando preguntándole que hacer. Aunque Harry seguía mirándome fijamente, intentando comprender lo que pasaba. Pero si ni yo misma sabía que era lo que ocurría, ¿cómo iba a poder explicarlo?

- Seguiremos con la conversación más tarde.- Resolvió Harry levantándose, los demás siguieron su ejemplo.

Yo me levanté también deseosa de poder salir de allí. Sabía que no había hecho nada malo, aunque me sentía una traidora por todas las cosas que estaba ocultando a mis amigos. Pero sabía que en cuanto dijera mis sospechas relacionadas con Eugene, ellos me creerían y no habría vuelta a atrás. Necesitaba estar segura, pero para ello necesitaba tiempo.

- Harry.- Le llamé cuando pasó por mi lado, necesitaba que me entendiera.- No hables con Eugene de lo que está pasando. - Sentí su mirada escéptica, pero seguí hablando.- Necesito tiempo para poder entender…

- Lo entiendo.- Se cruzó de brazos.- No te preocupes.

Sabía que no era sincero al cien por cien, pero dejé que se fuera sin decir ni una sola palabra más. Luna se colocó a mi lado y juntas nos dirigimos hacía el Gran Comedor. Por el rabillo del ojo ví como Theo hablaba con Malfoy, a lo que este solo negaba con la cabeza. Malfoy también ocultaba cosas a su amigo. Y aunque sé que no debería alegrarme por ello, una pequeña sonrisa se dibujó en mi cara, Malfoy y yo teníamos un secreto.


La mañana pasó rápida y antes de que me diera cuenta, nos dirigiamos hacia el Gran Comedor por el anuncio de Dumbledore. Habíamos estado hablando de todo lo sucedido en las visiones, de las reglas y de los dementores. Y aunque la idea primera de esa reunión era aclarar bastantes cosas, mi cabeza seguía con el mismo lío.

Sólo habia sacado una cosa en claro, las visiones no iban a ser divertidas. Aunque para ser justos, nunca lo habían sido. Y además estaba el hecho de que podíamos incluso morir. Sí, tremendamente divertido.

Aunque habia algo de la última visión que debía de hablar con Harry, la profecía. Pensé en hablarlo nada más volver, pero el cansancio me venció antes de que tuviera tiempo de abrir la boca. Era algo que no debía esperar, y cuando vi a Harry adelantarme con Ginny en el pasillo grité para llamar su atención.

- ¡Harry! - El susodicho se dio la vuelta.- ¿Podemos hablar un momento?

- Si, claro. - Sonrió. - Nos vemos luego Ginny.

Y la pelirroja, sorprendiéndome a mí y hasta al mismo Harry, besó al chico en la mejilla y se dio la vuelta guiñando un ojo. Harry como acto reflejo se tocó la cara fugazmente sonriendo. Me alegre que su relación fuera mejorando, a mi parecer, siempre habían hecho una bonita pareja.

- Harry.- Llamé otra vez para llamar su atención. No quería reírme de él, pero su cara de embobado me lo hacía díficil.

- Ah, sí, Neville.- Carraspeó metiéndose las manos en el bolsillo del pantalón.- ¿Qué es lo que querías?

Me dio pena tener que romper su momento pero tenía que saberlo cuanto antes, era su profecía y la del Señor Oscuro. Empecé a caminar y Harry me siguió, no quería ser castigados por llegar tarde.

- Cuando estábamos ayer en la sala del arco.- Vi como se tensaba al oírme pronunciar ese lugar. - Reviví toda la escena y ¿te acuerdas que el año pasado la profecía se rompió sin poder escuchar nada? - Asintió.- Pues esta vez me acerqué y pude escucharla entera.

Pensé que se alegraría y que me pediría que se la contara lo antes posible, sin embargo nunca esperé lo que me dijo.

- Gracias Neville. - Suspiró como meditando lo que decir a continuación.- Pero ya la había escuchado.

- ¿Cómo? ¿Cuándo? - Me sorprendí.- La profecía se rompió, ninguno de los dos pudimos escucharla.

- Lo sé, y en ese momento tampoco la escuché.- Se movía inquieto ante mi mirada de desconcierto.

- Pero no entiendo nada.- Me pase una mano por el pelo.- Si no la escuchaste allí, ¿entonces dónde?

- Dumbledore.- Suspiró.- Dumbledore me lo contó. Y antes de que me preguntes.- Me cortó cuando vio que iba a hablar otra vez.- No te puedo contestar como él lo averiguó, al menos no por ahora.

Me quedé chafado. Había arriesgado el que me pasara algo por ir a escuchar una profecía que Harry ya conocía. Sabía que no tenía porque haberme contado las palabras que escondía, pues eso sólo le incluía a él, pero sentí que al menos me debía el contarme que ya la había oído. Me sentía culpable porque, en parte, había sido por mi tropiezo que la profecía acabara rota.

- Perdona por no contartelo antes.- Se disculpó mirándome por encima de sus gafas.- Pero está siendo un año un poco difícil.

Y en ese momento, la pequeña rabia que estaba creciendo dentro de mí se apagó. Harry tenía una carga muy importante sobre sus hombros, y no sólo bastaba con eso, que además tenía que revivir momentos duros a través de las visiones. Yo no sé lo que haría estando en su lugar.

- No te preocupes, lo entiendo.- Contesté un poco cohibido.- Al menos ya sabes lo que dice la profecía.- Sonreí tristemente.

- Sí.- Se rió expulsando el aire por la nariz.- Una profecía típica de mí.

- ¿Quién sino iba a tener ese tipo de profecía? - Me burlé y los dos reímos aún sabiendo que no era algo por lo que reírse.

- Neville.- Se paró mirándome más serio incluso que antes.- ¿Escuchaste toda la profecía? ¿Hasta lo del séptimo mes?

Me tensé al escucharle decirme lo del mes y no entendí porque me lo repetía. ¿La profecía no acababa dónde yo había oído? ¿Había algo más?

- Tú naciste en el séptimo mes.- Me miraba fijamente empezando a asustarme.- De hecho, tú eres un día mayor que yo.

Y entonces, como si sólo bastara para decir eso en voz alta, comprendí. Yo podía haber sido elegido por Voldemort. La profecía no se refería a Harry, sino al niño que Voldemort había señalado como su igual. Y ese no había sido yo, pero podía haberlo sido. Me mareé un poco y tuve que cerrar los ojos para tranquilizarme.

- Creo que has entendido.- Harry se acercó a mí y posó una mano en mi hombro.- Pero tranquilo, Voldemort me eligió a mí.

- Pero, ¿por qué?

- No sé, la próxima vez que le vea se lo pregunto.- Bromeó.- Aunque no sé si querrá explicarmelo.

Y a pesar de que sabía que estaba mal, me reí. Abrí los ojos y le miré, admiraba su fuerza y su sentido del humor en este tipo de situaciones. Harry era la persona más valiente que había conocido en la vida, aún con todas las desgracias que vivía, seguía con ánimo para bromear y querer seguir luchando. Otro en su lugar se hubiera rendido hace ya mucho tiempo.

- Venga.- Me dio un golpe en la espalda.- Que no quiero que Snape nos castigue por llegar tarde.

- Ni yo.- Sacudí la cabeza pensando en castigos anteriores con nuestro profesor de pociones.

Y quise dejarle continuar su camino, pero había algo más que tenía que decirle.

- Harry.- Le nombré y se dió la vuelta y no supe por donde empezar. - No pude… No pude hacer nada.- Me excusé.- Quería hacer algo, pero…

- Lo sé.- Suspiró mirandome con ojos aguados. - Yo también quería.

Y los dos nos entendimos sin necesidad de mencionar nada más. Ojalá hubiéramos podido cambiar las cosas. Y ojalá hubiera podido haber hecho algo más por él. Pero como decía mi abuela: "Si las cosas han ocurrido de esta manera, tarde o temprano se encontrará el porque".


Intenté escaparme de la marabunta que se dirigía al Gran Comedor, tenía cosas mucho más importantes en las que concentrarme que escuchar a un vejestorio hablar de cosas que no sabía, pero Theo me arrastraba guiandome con su mano en mi espalda.

Le miré de soslayo. Theo estaba serio y pensativo, como hace unos días en el lago. Me fijé en que la mano que no se encontraba en mi espalda, apretaba fuertemente algo que se encontraba en su palma blanqueciendo sus nudillos. Sabía de que se trataba, la llave de su madre. La que le había dado en la visión.

- ¿Has descubierto porque pudiste traer la llave contigo? - Murmuré bajo para que nadie a nuestro alrededor se diera cuenta, pero todos estaban demasiado ocupados hablando para fijarse en dos serpientes.

- No.- Negó con la cabeza. - Aún no.

- ¿Crees que en cada visión podremos sacar algún objeto? -Necesitaba respuestas a porqué había podido traer conmigo la profecía. - Porque...

- No sé.- Se encogió de hombros sin dejar que terminara la frase.- Pero siento que esto es algo importante y que vimos esa visión específica por alguna razón.

Y entonces comprendí, para él era algo tan importante, algo especial y callé, aunque me moría de ganas de contarle que tenía aquella profecía escondida, no iba a decirle que yo había podido traer conmigo esta vez un objeto. Eran demasiadas preguntas y responsabilidades de golpe, demasiadas incertidumbres. Preferiría averiguar por mi mismo de que se trataba, para contarle después, cuando las cosas estuvieran más claras… si es que alguna vez resolvía tanto acertijo.

Nos quedamos callados por varios minutos. Antes con Theo todo era muy sencillo y aunque no éramos de muchas palabras, un silencio era como un aliciente de que las cosas iban bien, pero desde que estábamos en Alea Aurea los silencios eran pesados y me incomodaban de tal manera que no sabía como reaccionar.

Quería preguntarle algo que llevaba rondando en mi cabeza desde la visión anterior, pero no sabía cómo exponer el tema. Por mucho que era mi mejor amigo, no podía soltar a la lígera: "Eh Theo, ¿sabes que mi tía me buscaba para unirme al grupo que mató a tu madre y que hubo un tiempo en que me lo pensé?" No, no era tarea fácil.

- Dispara.- Soltó mirándome de reojo. Unos alumnos de primero de Ravenclaw pasaron corriendo por nuestro lado.- Puedo oír tu cerebro pensando desde aquí.

Me paré y me giré para observarle. Esto no era algo que se podía hablar en mitad del pasillo lleno de alumnos que ante la simple mención de la palabra mortífago, correrían a contarle al anciano de que alguien estaba conspirando contra ellos. Y menos si escuchaban esa palabra de dos Slytherin. Con un movimiento de cabeza le indiqué que me siguiera a una puerta que se encontraba a sus espaldas. El lugar resultó ser una de los tantos armarios lleno de escobas y productos de limpieza, un fuerte olor a lejía inundó mis fosas nasales.

- ¿Tengo que preocuparme de que me traigas a un armario oscuro? - Preguntó con una sonrisa de medio lado. - Era broma.- Confesó al ver que no reaccionaba de ninguna forma. - Sé que te gustan más las mazmorras para ello.

Resoplé llevándome las manos a mi pelo, despeinandolo a su paso. Me senté en uno de los cubos que se encontraba bocabajo y me tapé la cara con las manos frustrado. Theo me imitó sentándose en una caja sucia, esparciendo polvo a su contacto.

- Sólo intentaba suavizar el ambiente.- Sentía su mirada curiosa.- ¿Qué es lo que te pasa?

Levanté la cabeza y empecé a hablar antes de que tuviera tiempo de arrepentirme.

- Cuando aparecieron los mortifagos ayer en Hogsmeade, no fue para generar miedo, sino para reclutarme entre los suyos. - Tragué espeso y le vi asentir sin apenas haber cambiado su semblante.- Mi tía Bellatrix vino a por mí.

- ¿Y qué es lo que pasó?

Granger. Es lo primero que pensé a aquella pregunta. Sacudí la cabeza. Granger no tenía nada que ver. Granger sólo era una molestia. "Pero vino para salvarte" Una vocecita al final de mi cabeza me lo recordó. Granger no es nadie.

- Que mi tía prendió fuego a la Casa de los Gritos. - Dije sin más. Pero Theo era ávido a respuestas, a veces no entendía como no había acabado en Ravenclaw.

- No era esa mi pregunta.- Sabía a que se refería, pero era muy difícil decirlo en voz alta.- ¿Qué es lo que pasó para que no acabaras recluido?

- Me escondí.- Evitaba su mirada.- Me escondí para que no me encontraran hasta que Granger apareció con su acto heroico del día y por casi nos pillan.

- Eso significa que no quieres unirte a ellos - Sentí que su semblante se relajaba y expulsaba el aire que había estado conteniendo.- No quieres ser uno de ellos.

Le miré fijamente. No, no quería ser como ellos. No quería ser como la loca de mi tía; no quería acabar como mi padre, en una cárcel rodeado de dementores sólo por seguir las órdenes de un chiflado. Pero no me podría esconder por siempre.

- No es tan fácil.- Dije casi en un susurro.

- Yo lo veo fácil, no unirte a ellos es la única solución.

Se cruzó de brazos como dando concluida la conversación.

- No, no es tan fácil. - Declaré un tanto enfadado, pensaba que él, de entre todas las personas, podría entenderme.- Creo que… creo que tienen a mi madre.

- ¡Y mataron a la mía! - Elevó la voz apuntandose con un dedo en el pecho.- ¿Acaso no viste lo que pasó? ¿Acaso no vistes de los que son capaces?

- ¡Claro que lo sé! - Grité más asustado que enfadado. - ¡Y no quiero que le hagan eso a mi madre!

- ¿Y unirte a ellos es la única solución? - Su mirada acusadora me hacía enfadar. ¿Qué sabía él?

- ¿Qué otra opción me queda? - Levanté el mentón retandole a una respuesta.- ¿Unirme a Potter y su pandilla?

Silencio. El silencio que ahora tanto odiaba entre nosotros volvió a cubrirnos haciéndome enfadar todavía más. Mi respiración era agitada y apreté los puños con fuerza intentando controlarme. Si Theo, que era mi mejor amigo no podía comprenderme, ¿quién lo haría? Un sentimiento amargo se instaló en mi, los ojos me picaban pero mi orgullo era más fuerte.

- Pensaba que estabas cambiando.- Se levantó de su improvisado asiento acusandome con la mirada - Pensaba que no eras más el idiota niño de papá, que hacía las cosas porque otros se lo ordenaban. Pensaba que estabas siendo Draco y no Malfoy.

Y aunque quise gritarle que no tenía ni puta idea de nada, que la vida no era de color de rosa; las palabras se me quedaron atascadas en la garganta. Y antes de que tuviera tiempo de darme cuenta, me quedé sólo en ese cuarto oscuro dejando que mi orgullo me invadiera completamente.

Los últimos alumnos en entrar al Gran Comedor se dirigían a sus respectivas mesas. El ambiente era sereno y los alumnos hablaban en murmullos bajos a sabiendas de la seriedad del asunto. Hubiera deseado risas y voces alegres dominando la estancia.

Mi mirada se dirigió hacía la mesa de las serpientes por acto reflejo, encontrando solamente a uno de los Slytherin que vivían en Alea Aurea. Theo se hallaba sólo rodeado de Slytherin de primero que lo miraban con miedo, pues su aire enfadado no pasaba desapercibido. ¿Qué había pasado para que estuviera tan enojado? ¿Y dónde se encontraba Malfoy? Y como si este me hubiera escuchado, el rubio cruzó las puertas sentándose en el primer hueco vacío que encontró.

Y uno no tenía que ser muy listo para darse cuenta que se habían enfadado. Malfoy tenía los puños apretados, su entrecejo fruncido y lanzaba miradas de soslayo a Theo. ¿Qué es lo que había pasado entre estos dos? Y noté que me había quedado demasiado tiempo mirando a Malfoy fijamente cuando noté su mirada afilada. Me sobresalté agachando la mirada avergonzada. Notaba la cara arder.

- ¿Estás bien Hermione?- Susurró Ginny colocando una mano en mi hombro. Asentí vigorosamente dirigiendo mi vista hacia la mesa de los profesores esperando que la pelirroja no notara mi rubor.

Dumbledore se levantó de su mesa acallando los murmullos a su paso. Se acercó a su atril y levantó los brazos aquietando a los pocos que seguían hablando. Se colocó las gafas de media luna que se le habían resbalado de la nariz y empezó su discurso.

- Queridos alumnos y alumnas. Aunque he recibido muchas negativas a comentaros los acontecimientos de ayer.- Dirigió vagamente la vista hacia la mesa de los profesores.- Nunca he sido considerado un hombre que no comparte su sabiduría, por lo tanto creo que tenéis derecho a saber toda la verdad. - Tragué espeso. Aunque sabía que Dumbledore no iba a ocultar lo ocurrido el día anterior, temía lo que fuera a decir a continuación.- Sombras oscuras acecharon el pequeño pueblo de Hogsmeade alterando la paz de sus habitantes. La señora Rosmerta, nuestra querida mesera de "Las Tres Escobas", se encuentra gravemente herida al interponerse en una maldición dirigida a uno de sus clientes.- Se me llenaron los ojos de lágrimas al oír aquello, creía que no había habido ningún herido. Observé a Harry arrugar el entrecejo enfadado, él tampoco lo sabía.- Por eso quiero que recordéis esto.- Se detuvo mirando por encima de sus gafas de media luna.- Son nuestras elecciones las que muestran lo que somos, mucho más que nuestras habilidades.

Y, aunque fue en una milésima de segundo, dirigió la vista hacia donde se encontraba Malfoy. Me estremecí. Dumbledore sabía que hacían los mortífagos en Hogsmeade y a por quien habían venido. Por el rabillo del ojo, vi que Malfoy parecía haber llegado a la misma conclusión que yo.

- Aunque eso no es todo.- Su sonrisa no encajaba con las palabras dichas anteriormente dejándome confundida. - Este año…

Eugene apareció en el Gran Comedor cerrando las puertas a su paso con un ruido seco. El miedo se apoderó de mí y tuve que reprimir un chillido, era la primera vez que le veía desde que le había visto en la Casa de los Gritos. Andaba a pasos rápidos con las manos en los bolsillos. Oí risitas y murmullos femeninos cuando este pasaba por su lado. Se sentó en su silla detrás de la mesa de los profesores sonriendo a todo el mundo. Su sonrisa ahora se me antojaba falsa e hipócrita.

- Justo a tiempo Abraham.- Dumbledore sonreía a su profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras.- Iba a anunciar nuestra sorpresa.

Eugene asintió e intenté concentrarme solamente en el director. Una tarea difícil, pues nunca me había sentido tan asustada como me sentía ahora.

- Siempre he sido un creyente nato de que los tiempos difíciles son más fáciles de sobrellevar si tenemos motivos felices a nuestro alrededor, pues nos enseña a ser más luchadores. - Sacó la varita de uno de sus tantos bolsillos.- Y como este año Alea Aurea nos honra con su visita, no podemos más que sino agradecérselo.- Apuntó al techo falso del Gran Comedor murmurando un conjuro no verbal, del que empezó a caer un polvo dorado, como si de nieve se tratara, desintegrándose antes de llegar a nuestras cabezas. Los alumnos murmuraban asombrados intentando alcanzar la polvoreda dorada. - ¿Y qué mejor manera de dar las gracias que con un baile en su honor?

Gritos emocionados, risas y vítores resonaron en el Gran Comedor. Dumbledore sonreía a todo el mundo, sabiendo que había traído consigo un momento feliz. Ginny me dio un codazo riendo y aunque quise negarlo, me emocioné un poco ante la idea. Y sin ni siquiera pensarlo mis ojos se dirigieron hacia donde cinco minutos antes se encontraba Malfoy, apartando violentamente los ojos al descubrir nuestras miradas encontradas.


¡Hola a todos!

Al habla las dos: Os traemos un nuevo capítulo de Alea Aurea, el ambiente está caldeaito. Theo enfadado con Draco, y nosotras creemos que con razón, Draco es muy orgulloso para demostrar nada. #teamTheo. Bendita paciencia la de Harry pero, ¿cuanto durara? ¡Hagan sus galeoapuestas!

¿Qué tal las vacaciones? Nosotras hemos disfrutado mucho y estamos planeando nuevas cosillas para hacer. Al fin Patri me ha lanzado a los brazos del cosplay y la maquina de coser es mi nueva amiga. Tenemos un evento muy importante en Octubre y estamos deseosas de ver los progresos, os iremos informando :)

Esperamos que os haya gustado este nuevo capítulo y que mandéis muchos reviews para ver que os parece ^_^. Gracias por vuestro apoyo, vuestros likes y comentarios. Si alguien no ha recibido contestación algún review, pedimos perdón de antemano pues la aplicación de fanfiction no te indica a quien se lo envías y a quien no. #sadface.

Un beso croquetoso.

Patri y Lili