Remordimientos.

Los días pasaban muy despacio y, aunque sólo quedaran tres semanas para las vacaciones de Navidad, el tiempo parecía estar congelado. Por primera vez en mi vida, quería alejarme del castillo y poder pasar una Navidad tranquila en familia.

Eugene, después de varios intentos más para poder hablar conmigo en los que siempre me escabullía culpando a las clases o deberes varios, había dejado de intentarlo. Y aunque una parte de mí agradecía ese descanso, pues cada vez que se me acercaba me agobiaba sobremanera, temía que ahora estuviera planeando algo o que realmente hubiera descubierto que sabíamos que era un mortífago. Y eso, me aterrorizaba más que nada.

Me dirigía a clase de cuidado de criaturas mágicas, cuando una voz me llamó desde el fondo del pasillo.

- ¡Hermione! - Harry se acercaba casi corriendo a donde me encontraba.- Te llevo llamando desde hace un buen rato. - Comentó cuando se paró en frente mía.

- Lo siento.- Me disculpé.- No te había oído.

- Si, eso me pareció.- Se rió y se colocó la bufanda alrededor del cuello.- ¿O a lo mejor es que no querías oírme?.- Seguía con su tono risueño, pero pude percibir un poco de reproche en su mirada.

- Es que andaba pensando en otras cosas.- Expliqué un poco avergonzada, estas últimas semanas había estado tan pendiente de Eugene, mortífagos y Malfoy que había dejado a Harry y Ron un poco de lado, en el fondo entendía su reproche.

Pero Harry no dijo nada más y nos pusimos rumbo a la cabaña de Hagrid para la clase. Hacía mucho frío y nuestra respiración se notaba en el aire. Me enfundé bien mi bufanda no dejando ni un trozo de piel al contacto con el exterior, me gustaba el frío pero me gustaba mucho más cerca de la chimenea con un buen libro que leer.

- Aún no sé como Dumbledore no le ha dado una sala a Hagrid.- Comentó Harry tapándose las orejas con las manos, las tenía rojas del frío.- ¡Vamos a morir algún día congelados!

- Al menos Hagrid coloca hogueras enormes para calentarnos.- Se podían apreciar varios resplandores anaranjados en la linde del bosque prohibido.- Además siempre nos da una bebida caliente cuando terminamos las clases.

- Y menos mal que no lo prepara él.- Se rió Harry.- Lo siento, pero Hagrid no tiene don para la cocina.-

- Ninguna.- Me reí con él.- Aún me acuerdo de la vez que nos preparó tartaletas de calabaza.

- Si, yo también.- Dijo Harry riéndose.- Pensaba que me quedaría en San Mungo por semanas.

- Menos mal que Fang se lo come siempre.- Dije divertida recordando como el perro de Hagrid siempre nos ayuda a terminar con los "postres" de Hagrid.

Y entonces empezamos a recordar historias culinarias de Hagrid y Harry las contaba tan graciosas que no me podía parar de reír. Hacía tanto tiempo que no estaba con él y en un ambiente tan distendido que me arrepentí por haber estado tan ofuscada en otros asuntos y haberle dejado de lado. Porque desde que habíamos entrado en Alea Aurea, habíamos pasado mucho menos tiempo juntos. Y les echaba de menos, tanto a él como a Ron.

- Hermione.- Harry me llamó, pero su tono de voz fue tan serio que me asusté al oírle pronunciar mi nombre.- ¿Estás bien?

Mi corazón empezó a latir fuertemente, sabía que era una tontería el ponerme nerviosa, sólo era Harry preguntándome una pregunta inocente. Pero sabía perfectamente que aquella cuestión, significaba mucho más de lo que aparentemente dejaba ser. Y por un momento me vi explicándole todo, mis miedos de Eugene, mis teorías de que era un mortífago y mis quebraderos de cabeza con Malfoy. Pero una vez más, me tragué todas mis dudas y con una sonrisa afirmé que todo iba bien.

- Todo bien, Harry.- Sonreí sin mirarle directamente a la cara, pues no sabría si podía mentir mirándole a los ojos.- ¿Por qué lo preguntas?

- Es que llevas unas semanas, como un tanto ausente.- Me miró al pronunciar la última palabra, como si no supiera como iba a reaccionar.

- Es que las asignaturas este año son más difíciles.- Me excusé con algo que creia que no fallaría.- Y quiero conseguir EXTASIS en mis exámenes.

- Sabía que me dirías eso.- Harry sonreía, pero era una sonrisa triste.- Pero tú sabes tan bien como yo, que eso no es así.

- Harry…

- Hermione, te hemos estado observando.- Sabía que se refería a Ron.- Y te hemos visto dibujar círculos en tus apuntes, obviamente porque no prestabas atención. - Quise protestar pero Harry continuó hablando.- ¡Tú! Que una vez nos regañaste a Ron y a mí porque habíamos tachado una palabra y ¡ya los apuntes no habían quedado limpios!

- Bueno, esa vez…

- Sabemos que te preocupa algo.- Harry se paró haciendo que yo también me parara, habíamos llegado al borde de la casa de Hagrid, ya veía a varios alumnos cerca de la hoguera.- Y nos gustaría ayudarte.

Me quedé sin palabras y me entristecí de manera inmediata. Harry me miraba detrás de sus gafas redondas instándome a que contara la verdad, que realmente quería ayudarme. Y me sentí muy mal amiga. Pero no podía contarles nada, o ¿es qué en el fondo no quería contarles nada? Me sentí muy culpable y en ese momento me entraron muchas ganas de llorar. ¿Qué era lo que me estaba pasando?

- ¡Harry! ¡Hermione!

Oímos como Hagrid desde su cabaña nos llamaba y nos saludaba con la mano. A su lado se encontraban cajas enormes de madera que temblaban un poco. El gigante se acercó a una de ellas y se aproximó como si estuviera susurrándole palabras cariñosas, y conociendo como era Hagrid sabía que eso es lo que estaba haciendo.

Harry volvió a clavar su vista en mí, y yo me sentí de nuevo muy culpable. ¿Acaso no confiaba en mi amigo? El pelinegro se acercó a mí y me puso los brazos en los hombros. Desde ahí cerca podía ver como sus gafas se empañaban por el frío cuando respiraba.

- Hermione, no te voy a obligar a que me cuentes nada si tú no quieres.- Me apretó suavemente los hombros.- Pero dime la verdad, ¿hay algo que te está causando problemas?

Y aunque nunca supe porque mentí y no mencioné que un mortífago me estaba acechando y que encima se encontraba en el colegio, el saber que Malfoy era de alguna manera mi "compañero de crimen" me hacía sentir segura. Y eso me volvió a hacer sentir más culpable que antes.

Negué con la cabeza y aunque Harry me miró dubitativo, no volvió a preguntar nada, y con un último apretón en el hombro, nos dirigimos juntos a la clase. Aunque mi culpabilidad me acompañó todo el día.


Había estado evitando a la sabelotodo desde aquel día. Y sé que ella lo sabía. Hubo un amago de empezar conversación una vez que coincidimos en la habitación, pero escapé antes de que ni siquiera Granger abriera la boca. No quería hablar con ella, no quería su compasión y no quería que me hiciera sentir aquellas de dudas de algo que ni siquiera sabía que era. No, tenía que poner punto y final antes de que me volviera más loco de lo que ya me estaba volviendo. Sólo quería que llegaran las vacaciones de Navidad para poder irme de Hogwarts y descubrir más cosas del paradero de mi madre; desde el castillo era muy difícil y no quería levantar sospechas de nadie. Pero las vacaciones parecían tan lejanas que creía que nunca iban a llegar.

Me adentre en la sala de Alea Aurea deseando que estuviera solitaria, pero era un día lluvioso, todo el mundo estaba dentro del castillo. Observé como todas las miradas se posaron en mí cuando crucé la gran puerta dorada. Muchos de los alumnos volvieron a lo que estaban haciendo cuando se dieron cuenta de quien había entrado y sólo las chicas de Ravenclaw asintieron con la cabeza murmurando un tímido "hola". Noté como Granger me miraba de soslayo, pero la ignoré como llevaba haciendo estos días y me enfadé de nuevo con ella por los pensamientos contradictorios que me provocaba.

Theo se encontraba en el sofá cerca de la chimenea y ni siquiera se dignó a girar la cabeza, sólo me miró de reojo y siguió hablando con lunática. Este seguía enfadado después de nuestra conversación en el almacén y los dos éramos demasiados orgullosos para ir a hablar con el otro. Y aunque en ese momento necesitara hablar con un amigo, nunca iría a arrastrarme a pedirle perdón cuando no creía que tuviera que hacerlo.

De camino a mi habitación, pasé por detrás del sofá donde se encontraban la Ravenclaw y Theo riéndose seguro de cualquier chorrada sobre "piffpuffs" que la rubia había comentado, cuando una voz aguda me saludó.

- ¡Hola Draco!- Lovegood me saludaba con la mano mientras me sonreía.

No sé quien le había dado el derecho a llamarme por mi nombre e iba a reclamarle que para era ella era Malfoy cuando me lo pensé mejor y sin siquiera saber porqué lo hacía, saludé de vuelta a la Ravenclaw.

- Hola l...- Paré antes de decir lunática. Y me quedé quieto sin saber más que hacer, hasta yo mismo me sorprendía por lo que había hecho.

Lovegood me miró sorprendida para después sonreír más profundo. Me arrepentí enseguida por aquel ataque de amabilidad. Theo levantó una ceja sorprendido a su vez pero no dijo nada, ni siquiera miró hacia mi lado.

- ¿Quieres unirte con nosotros?- Preguntó la Ravenclaw ajena a la tensión entre Theo y yo. - Estaba comentando a Theo sobre los Rickpaf, unas criaturas que…

Pero las palabras de Lunática quedaron ahogadas por el fuerte tic, tac que inundó la sala. Todos dejaron de hacer lo que estaban haciendo y miraron al reloj. Esta vez el tic, tac eran tan fuerte que se oía un eco del tic como si realmente hubiera dos diferentes sonidos a la vez. Y antes de que la sala nos llevara de nuevo a una de esas visiones, creí ver que el reloj se movía más rápido de lo normal, como si quisiera abarcar dos números a la vez.

Aterrizamos en una plataforma de madera y enseguida nos vimos envueltos por un coro de gritos de júbilo, cánticos y diversos instrumentos. El color verde y el color rojo predominaban por todos lados. A nuestra derecha, el campo de Quidditch se extendía albergando diferentes espectáculos. Carteles cambiantes anunciando: "Mundial 1994, ¿quién ganará? ¡Hagan sus galeoapuestas!"; se encontraban esparcidos por todo el estadio. Estábamos sin ninguna duda en el Mundial de Quidditch de hace dos años.

- ¿Estáis todos bien?

Potter gritó para hacerse oír entre todo el alboroto. Me levanté del suelo y miré a mi alrededor. Nos encontrábamos en la zona de las gradas de Irlanda, pues el color verde predominaba por todos lados. Miré hacía arriba y supe sin ninguna duda que nos encontrábamos en la zona de gradas en las que vi el partido con mi padre. Un escalofrío me recorrió la espina dorsal, no estaba preparado para que la sala nos hubiera llevado a la que sería mi visión. Aunque en el fondo, había pensado que sería una mucho más oscura. Pero, ¿realmente estábamos en mi visión?

- ¿Dónde están los demás?.- La chica rubia de Ravenclaw miraba para todos lados como si buscara a alguien en particular.- ¿Dónde se ha metido Phoebe y Mike?

Al fijarme más detenidamente, me di cuenta que no estábamos todos los que nos encontrábamos en la sala. ¿Habrían ido a parar a otra parte de la visión como nos pasó a Granger y a mí? Pero esa vez supuse que era porque estábamos en otra parte de Alea Aurea cuando empezó la visión. Pero esa tarde estábamos todos en la misma sala, ¿dónde estarían los demás? Nos encontrábamos debajo de una de las gradas, fuera del camino de transeúntes que pasaban por allí. Aún no sabíamos si nos podían ver o chocar con nosotros y con tal cantidad de gente no era bueno arriesgarse.

Potter, la chica rubia de Ravenclaw, Theo, la chica Weasley, Footman y yo habíamos aparecido juntos. Algo extraño, pues yo sólo me encontraba cerca de Theo cuando la visión empezó. ¿Cómo escogía la sala quién aparecía junto y quien no? Me prometí investigarlo en el libro, si es que había algo que pudiera leer.

- Puede que estén en otro lado de la visión.- Potter se cruzó de brazos.- Ya había pasado antes.- Me miró de lado.

- ¿Quién fue al mundial hace dos años? - Preguntó la pelirroja, ella también sabía donde habíamos aparecido.

Todos, menos Theo, levantamos las manos.

- Mi visión no es.- Comentó Potter.- Y tampoco podía ser la de Theo, ya que ya las hemos vivido.

- ¡Ese es mi padre!.- Gritó un poco más fuerte Smith haciendo que todos giraramos las cabezas hacia donde estaba señalando. Veíamos una misma versión de ella más joven acompañada de un señor alto. La Smith joven llevaba la cara pintada de verde mientras que su padre ondeaba una bandera mientras cantaba el himno de Irlanda. - Que raro es verse uno mismo.

- Entonces está claro.- Comentó Theo.- Estamos en la visión de Elizabeth.

- ¿Algo que recuerdes de ese día Elizabeth? - La Weasley se había acercado a ella, pero Smith negó con la cabeza.

- No recuerdo nada en particular.- Se encogió de hombros.- Sólo ir al partido con mi padre.

- ¿Para que nos habrá traído a esta visión la sala entonces? - Se preguntó Potter pensativo.

Y entonces una voz demasiado fuerte se oyó callandonos al instante. Mi corazón empezó a latir frenéticamente pues reconocería esa voz incluso si se encontrara a metros de distancia. Mi padre hacía su entrada en el estadio mientras que un yo más joven le seguía mirando arrogante a todas las personas, siguiendo la estela de mi padre.

Vi por el rabillo del ojo como Theo me miraba y Potter me lanzó una mirada interrogante. Pero yo no les prestaba atención, sólo observaba a mi padre y a una versión más pequeña de mi mismo. Mi padre andaba soberbio y con la cabeza bien alta haciendo que las demás personas se apartaran de su camino. Yo le seguía, mirando desdeñosamente a todo aquel con el que nos cruzábamos y odié mi gesto nada más verlo. ¿Así es como la gente me había visto siempre?

Mi padre y yo nos cruzamos con Smith y su padre que estaban de pie esperando que el partido empezara. El padre de la chica agitaba tan fuertemente la bandera que impedía a mi padre avanzar, vi la cara de asco que cubrió a mi padre y se apartó hacia a un lado mirando con repulsión hacia el padre de Smith.

- Y por eso Draco es bueno ser parte de la alta cuna de la sociedad.- Comentó mi padre señalando a los Smith. Su voz llegó claramente hacia donde nos encontrábamos- Para no tener que juntarte con la mugre.

Mi yo pasado sonrió desdeñosamente y miró con arrogancia a padre e hija, que permanecían ajenos a la conversación que habíamos tenido. Noté la mirada de Smith del presente y por primera vez en mi vida, me sentía avergonzado del comportamiento que había tenido. Una disculpa se quedó atascada en mi garganta, pero no fuí capaz de hacerlo. Y en el fondo no sabía si quería hacerlo, toda mi vida me había comportado igual, que no sabía que era lo que tenía que hacer.

Mi padre y yo subimos las escaleras que nos llevarían a nuestra grada donde se encontraba la gente importante como siempre decía mi padre. En un impulso, seguí los pasos de mi yo pasado y sin darme cuenta me encontraba tras mí mismo. Potter, Theo y la pelirroja me habían seguido, aunque estaba seguro que lo hacían porque querían vigilarme, lo que no estaba claro si era a mi yo del pasado o a mi yo presente.

Pero me quedé parado en cuanto llegué a la grada, no me acordaba y me enfurecí conmigo mismo por haber olvidado lo que sabía que vería a continuación. Mi madre, con su sonrisa amable saludando a mi yo del pasado con un abrazo cariñoso, mientras que yo intentaba liberarme de aquel abrazo comprobando si alguien nos había visto. Mi madre, tan guapa y perfecta como la recordaba. Una punzada de dolor me cruzó el pecho y quise correr a abrazarla y decirle que la echaba de menos. Pero Potter y compañía llegaron a donde me encontraba y el orgullo se sobrepuso a la nostalgia, no dejaría que me vieran afectado, aunque noté la mirada compasiva de Theo y quise borrarsela de un plumazo. ¿No estaba enfadado conmigo? Pues que siguiera estando.

- Aún no sé en cuál visión estamos.- Oí susurrar la pelirroja a Potter. Pero este sólo se encogió de hombros sin decir nada más.- Ni cual es la razón de que estemos aquí.

Yo no paraba de observar a mi madre, quería beber cada segundo de ella. Se encontraba detrás de mi padre y mía, mientras nosotros hablamos con la gente importante de mi padre. Mi padre me agarraba por los hombros orgulloso y me presentaba a todas esas personas de las que ya ni me acordaba del nombre. Mi madre sonreía a todas las personas, pero la conocía tan bien para saber que era una sonrisa forzada y triste. Deseaba más que nunca reconfortarla, y verla así y no poder hacer nada me mataba por dentro.

-¡Ah, ahí está Lucius! - El Ministro de Magia, Fudge, llamó a mi padre. Junto a él se encontraban Potter, Granger y la mayoría de la familia Weasley. Aunque quise evitarlo, miré a Granger de refilón.

- ¡Ah, Fudge! - Dijo mi padre; tendiendo la mano al llegar ante el ministro de Magia.- ¿Cómo estás? Me parece que no conoces a mi mujer Narcisa, ni a nuestro hijo, Draco.

- ¿Cómo está usted?, ¿cómo estás? - Saludó Fudge, sonriendo e inclinándose ante mi madre. - Permítanme presentarles al señor Oblansk... Obalonsk... al señor... Bueno, es el ministro búlgaro de Magia, y como no entiende ni jota de lo que digo, da lo mismo. Veamos quién más...Supongo que conoces a Arthur Weasley.

Fue un momento muy tenso. Pues bien era sabido que mi padre no se llevaba bien con el señor Weasley, por considerarlo traidor a la sangre limpia por juntarse con muggles. Los dos se miraron despectivamente aunque de manera respetuosa pues no querían que el Ministro lo notara. Granger del pasado se había cruzado de brazos y miraba enfadada la escena. Mi yo del pasado miraba con más arrogancia si era posible hacía donde se encontraba el trío dorado, como queriendo dejar claro que él tenía más poder allí del que ellos tenían. Estaba actuando cobardemente, como siempre.

- Por Dios, Arthur - Mi padre se acercó al señor Weasley en un descuido de Fudge que intentaba hablar con el ministro búlgaro. - ¿Qué has tenido que vender para comprar entradas en la tribuna principal? Me imagino que no te ha llegado sólo con la casa.

La tensión seguía siendo palpable e incluso en el presente pude notar las críticas miradas de la pelirroja y Potter, echándome la culpa de algo que había dicho mi padre hace más de dos años. Me enfurecí, pero a la vez sentí vergüenza por lo que mi padre acababa de decir. El único del presente que me miraba sin reproche era Theo.

- Lucius acaba de aportar una generosa contribución para el Hospital San Mungo de Enfermedades y Heridas Mágicas, Arthur. -Fudge volvió a nuestra conversación.- Ha venido aquí como invitado mío.

-¡Ah... qué bien! -dijo el señor Weasley, con una sonrisa muy tensa. Se notaba perfectamente que sólo quería ser cortés.

Mi padre observó a Granger, y sentí el impulso de ir a protegerla incluso aunque sabía que no había nada de lo que tenía que proteger pues eso pasó hace mucho. La Gryffindor se puso colorada pero le devolvió la mirada con determinación. Mi padre la miraba con una mueca de desprecio, siempre la había considerado basura por ser de origen muggle antes incluso de llegar a conocerla. ¿No era lo que había hecho yo siempre con todo el mundo? ¿Lo había aprendido de mi padre o siempre había sido así? ¿No estaba acaso haciendo lo contrario de lo que se me había enseñado y estaba conviviendo con gente a la que no soportaba? ¿Significaba que estaba cambiando?

Miré a mi yo del pasado que miraba con desprecio al trío dorado; ellos a su vez me miraban con indiferencia en sus rostros. Y no sé porque, eso me molestó. ¿Era acaso tan indiferente para ellos? Me fijé en Granger una vez más, y pude notar algo más que indiferencia en su mirada. Tristeza. Y en el mismo momento en el que sentí el impulso de ir a reconfontarla, aún sabiendo que era imposible, un tirón conocido en el estómago nos llevaba de vuelta a Alea Aurea. Y antes de que todo se volviera difuso, volví la vista hacía mi madre y me juré que la buscaría con todas mis fuerzas.


Aparecimos en una gran zona arbolada, la hierba había amortiguado nuestra caída. Luna a mi derecha se masajeaba la espalda mientras que Neville se secaba la pata del pantalón, supuse que había caído en un charco.

Me enderece y busqué alguna pista con relación a donde nos encontrábamos, era un bosque como otro cualquiera y no tenía nada de particular. De hecho me parecía demasiado muggle, aunque no era algo que se pudiera notar a primera vista.

- ¿Dónde están los demás? - Ron a mi lado giraba la cabeza de un lado a otro.

- Ya había pasado antes.- Comentó Phoebe situándose justo al lado de Ron, sonreí interiormente, a esa chica se le notaba a leguas que le gustaba Ron.

- Pero yo estaba al lado de Theo y Draco.- Luna se acercó a mí.- Y ninguno de los dos está por aquí.

Era cierto. ¿Cómo había escogido la sala a quién llevar juntos y a quién no? Ron, Luna, Neville, Phoebe, Mike, Stefanie y yo estábamos en ese lado de la visión. La otra vez también nos había separado, pero era cierto que las personas que habíamos aparecido juntas estábamos juntas en la sala. Intenté buscar con la vista si habían aparecido sólo un poco más retirados de donde estábamos nosotros, pero era noche cerrada y el bosque estaba muy oscuro, no se podía ver con claridad.

- ¿Dónde estamos? - Mike se cruzó de brazos protegiéndose del frío, la visión le había pillado en camiseta de manga corta.- ¿Y de quién es la visión esta vez?

- Estamos en el medio de un bosque.- Stefanie miraba a todos como aburrida de la situación de tener que trasladarse de un sitio a otro cuando a una sala le diera la gana.- Podría ser de cualquiera.

Pero, de repente, como si hubiéramos murmurado unas palabras mágicas; el bosque se inundó de ruido, gritos y pasos apresurados. Nos agrupamos todos juntos y empezamos a ver las primeras personas apareciendo por uno de los lados del bosque, era una familia de cuatro miembros; la madre, el padre y las dos hijas. Estaban en pijama y sus caras eran semblantes de puro terror.

- ¡Esa es mi familia! - Gritó Phoebe señalando a las personas que habían entrado en el bosque. -¡Esa soy yo!

La luz no era muy adecuada, pero efectivamente reconocí el color pelirrojo de Phoebe. Se la veía muy asustada y se agarraba fuertemente a la que supuse sería su hermana mayor.

- ¿Recuerdas cuándo fue Phoebe? - Ron preguntó.- ¿Y por qué huiais hacía el bosque?

- Si me acuerdo.- Asintió la pelirroja sin dejar de mirar a su familia que ahora se escondía detrás de unos grandes árboles cerca nuestro.- Fue el mundial de quidditch de hace dos años. Y nos escondíamos de los mortifagos.

Un escalofrío recorrió mi espina dorsal, recordaba perfectamente aquella noche. Era la primera vez que los mortífagos se atrevían a hacer algo en público atacando a las personas muggles que regentaban el camping. Recordaba como les hacían flotar por encima de sus cabezas mientras que a la pobre mujer del propietario le daban la vueltas haciendo que todo el mundo le viera las bragas. Recordaba como los encapuchados se reían y atacaban a aquel que se pusiera en su camino, generando el caos a su alrededor.

Al cabo de un segundo, multitud de gente empezó a aparecer por nuestro lado. Familias, mayores, jóvenes, niños que no dejaban de llorar asustados. Pero aunque el bosque estaba abarrotado de gente, nadie nos rozó, nadie nos miró; era como si realmente no estuviéramos allí. Y no sé porque eso me asustó. Aunque ya sabía que era así, no entendía porque había momentos en los que podíamos "interactuar", por llamarlo de alguna manera, con las visiones y en otras éramos meros espectadores.

Iba a preguntar si alguien tenía alguna idea de lo que hacer cuando una cabellera rubia cruzó un instante mi campo de visión. Malfoy, el del pasado, iba esquivando a gente con una clara señal de asco en su mirada. Mi nerviosismo aumentó al saber lo que iba a pasar a continuación, hace dos años Harry, Ron y yo nos lo encontramos de camino a escondernos en el bosque. ¿Puede que estuviéramos en la visión de Malfoy? ¿O en la visión de Ron o mía? Pero si hubiera sido así, no habríamos visto a la familia de Phoebe. Estaba hecha un lío.

Malfoy se iba a perder de mi campo de visión, y antes de que tuviera tiempo de pensar en nada, murmuré un rápido "ahora vuelvo" y me adentre en el bosque. Ron intentó seguirme, pero Luna le paró. ¿Acaso sabía Luna donde me dirigía? El Slytherin empezó a andar más deprisa y temí perderle de vista. No sabía porque Luna había decidido parar a Ron, pero se lo agradecía infinitamente; no sabía como explicar a Ron que había empezado a seguir al Malfoy del pasado sin ninguna razón aparente.

Malfoy se paró en un pequeño claro y asintió sonriendo, como si supiera exactamente donde tenía que situarse. La noche era cerrada y quise poder conjurar un "lumos" pero aún tenía la extraña sensación de que las personas en las visiones podían intuir si utilizaba mi magia. Me detuve en un árbol cercano y esperé a que aparecieramos. Si no recordaba mal, aquella vez nos encontramos al rubio justo a nuestro lado derecho.

El Slytherin estaba apoyado en un árbol y jugaba con su varita de la cual salían chispas verdes, haciendo que la escena pareciera tétrica. Gritos y risas se oían lejanos, y aunque Malfoy intentaba aparentar que no había nada que temer, su semblante dejaba ver lo contrario. Sabía que era algo imposible, sin embargo, sentía la necesidad de acercarme y tranquilizarlo. Se veía claramente que sólo era un chico asustado.

- ¿Qué ha sucedido? - Mi yo del pasado apareció al final del claro, Harry chocó conmigo al haberme parado tan de repente. Éramos dos sombras un tanto difíciles de identificar, pero sabía que éramos nosotros.-. ¿Dónde estás, Ron? Qué idiotez...¡Lumos!

La varita se encendió, y su haz de luz se proyectó en el camino. Ron estaba echado en el suelo. Efectivamente éramos nosotros. Malfoy se acomodó más en el árbol como aparentando normalidad y sonrió, el miedo se había ido de su rostro.

- He tropezado con la raíz de un árbol - Contestó el Ron del pasado de malhumorado, volviendo a ponerse en pie.

- Bueno, con pies de ese tamaño, lo difícil sería no tropezar - Malfoy había aparecido en escena, arrastrando las palabras como había hecho siempre. Nuestros yos del pasado se volvieron con brusquedad, Ron echaba humo por las orejas.

- Vete a la mierda, Malfoy.

- Cuida esa lengua, Weasley - Le respondió Malfoy, con un brillo en los ojos, disfrutando de la escena. - ¿No sería mejor que echarais a correr? No os gustaría que la vieran, supongo…

Y entonces señaló a mi yo del pasado con un gesto de cabeza. En ese mismo momento llegó desde el camping un sonido como de una bomba y un destello de luz verde que iluminó por un momentos los árboles a su alrededor.

- ¿Qué quieres decir? - Mi yo del pasado preguntó desafiante.

- Que van detrás de los muggles, Granger - Explicó Malfoy-. ¿Quieres ir por el aire enseñando las bragas? No tienes más que darte una vuelta... Vienen 82 hacia aquí, y les divertirá muchísimo.

Mi corazón empezó a latir con fuerza, no recordaba la conversación que habíamos mantenido. Sabía que él sólo estaba siendo hiriente, y eso es lo que intentaba aparentar, pero había conocido a Malfoy por estos últimos meses y sabía que cuando decía algo también tenía que ser provechoso para él. ¿Me estaba diciendo algo de alguna manera que no había llegado a entender en su día? Pero era Malfoy, no podía esperar nada. Aunque me aferré fuertemente a aquel sentimiento.

- ¡Hermione es bruja! - Exclamó Harry, acercándose más a mí como queriendo protegerme.

- Sigue tu camino, Potter - Dijo Malfoy sonriendo maliciosamente -. Pero si crees que no pueden distinguir a un sangre sucia, quédate aquí.

Y aún sabiendo que había pasado hace dos años, me dolió oír de nuevo ese comentario por parte de él.

- ¡Te voy a lavar la boca! - Gritó Ron, acercándose peligrosamente al rubio.

- No importa, Ron - Dijo mi yo del pasado rápidamente, agarrándolo del brazo para impedirle que se acercara a Malfoy.

Malfoy observaba la situación triunfante, sin embargo pude apreciar una pizca de tristeza en su mirada al mirarme a mí. Fue un gesto tan rápido que pensé que me lo había imaginado. Pero quise pensar que había sido así.

Desde el otro lado de los árboles llegó otra explosión, más fuerte que cualquiera de las anteriores. Cerca de donde nos encontrábamos, gritaron algunas personas. Malfoy soltó una risita, se había vuelto a poner su máscara de serpiente.

- Qué fácil es asustarlos, ¿verdad? -Dijo con calma. - Supongo que papá os dijo que os escondierais. ¿Qué pretende? ¿Rescatar a los muggles?

- ¿Dónde están tus padres? - Preguntó Harry, a quien le hervía la sangre.- Tendrán una máscara puesta, ¿no?

Ante la mención de sus padres, Malfoy se tensó y apretó las manos. Pero duró un segundo, y entonces el rubio se volvió hacia Harry, sin dejar de sonreír.

- Bueno, si así fuera, me temo que no te lo diría, Potter.

- Venga, vámonos.- Mi yo del pasado se acercó a Harry y a Ron cogiendolos de los brazos. Al irme arrojé una mirada de asco a Malfoy. -Tenemos que buscar a los otros.

- Mantén agachada tu cabezota, Granger.- Dijo Malfoy con desprecio.

- Vámonos.- Repetí mientras arrastraba a Ron y a Harry de nuevo al camino.

Vi como nuestros yos del pasado se dirigian por donde habíamos venido. Y aunque quise seguirles, pues sé que podría llevarme a alguna pista de porque estábamos en esta visión, me quedé observando a Malfoy. Se había quedado en el centro del claro mirando por donde nos habíamos ido. Apretaba fuertemente su varita, haciendo que las chispas verdes ahora salieran con más fervor que antes. Su semblante de serpiente había desaparecido y volvía a tener la mirada triste y perdida. Un sonido como de bomba sonó demasiado cerca de donde se encontraba y se alejó por un camino entre árboles.

Mis sentimientos eran tan contradictorios que no sabía a cual de ellos hacerle caso. Sabía que lo que había visto en los ojos de Malfoy había sido miedo y eso me hizo guardar esperanzas a algo que ni siquiera sabía el que. Me estaba volviendo loca.

Unos pasos cercanos interrumpieron mis pensamientos y me aparté por pura inercia, queriendo no ser descubierta. Algo tonto, sabiendo que nadie me podía ver salvo los que estaban en la visión conmigo. Pero las visiones siempre me aturdían un poco.

- ¡Estás aquí!- Luna se acercó a mí y me abrazó fuertemente.- ¡Chicos la he encontrado! - Gritó a su espalda mientras movía los brazos llamando su atención. - Tranquila, no diré tu secreto.

Luna me guiñó un ojo dejándome confundida. Oí como los demás se acercaban impidiendo que hablara con la Ravenclaw. ¿Sabía que había venido a ver una escena de mi pasado? ¿Cómo?

- ¿Dónde estabas? - Ron me preguntó nada más verme, su cara reflejaba de todo menos alegría.- ¡Nos tenías muy preocupados!

- Perdón.- Agaché la cabeza, avergonzada. Aún ni sabía porque había desaparecido sin más del grupo.- Es que me pareció ver algo y tenía que comprobarlo.

- Pues la próxima vez avisa.- Dijo Ron enfurruñado.- Sabes que podemos ayudarte.

- Tienes razón, Ron.- Me arrepentí. - Perdona.

- Lo importante es que está aquí con nosotros.- Luna salió en defensa mía. Se lo agradecí infinitamente, no quería generar una pelea con Ron.- Además, hay veces que necesitamos estar solos, es algo muy normal.

- ¿Descubriste algo?- Neville preguntó. Yo negué con la cabeza mintiendo, aunque realmente no estaba mintiendo sólo ocultando la verdad.

- Pues entonces estamos más perdidos que antes.- Musitó Mike dando una patada a una piedra cercana.

- Sé que estamos en mi visión.- Dijo Phoebe convencida.- Porque hemos visto a mi familia.

- Algo tuviste que ver ese día entonces.- Ron murmuró pensativo.- ¿No hay alg…

Pero sus palabras quedaron suspendidas en el aire. Como por arte de magia, el claro se había llenado de personas encapuchadas vestidas de negro, unas máscaras oscuras le tapaban la cara dejando sólo al descubierto los ojos. Eran mortifagos.

Nos escondimos rápidamente detrás de unos árboles cercanos, aún sabiendo que no podían vernos. Pues su sola presencia era tan espeluznante que no podíamos estar cerca de ellos sin sentir terror. Aunque yo sentía repugnancia, eran unos malditos cobardes.

- Eso ha estado bien, ¿verdad? - Rió uno de los mortifagos mientras que se quitaba la máscara. - ¡Como gritaba la asquerosa muggle!

Algunos de los mortifagos le rieron la gracia mientras se despojaron de sus máscaras, dejando sus rostros visibles. Después de la trifulca en el ministerio, daba por seguro que todos mis compañeros reconocerían esas caras. Pero sobre todas ellas, una con el pelo largo y platino y la postura altanera, sonreía con malicia. Y desconecté. Solo podía mirarlo con odio, porque de alguna manera, le estaba culpando a él por la decisiones que había tomado y que arrastrarían a toda su familia. Porque ahora que estaba en la cárcel, arrastraría a su hijo hasta su posición. E intentaba figurar a Draco Malfoy en una de esas máscaras, haciendo cosas tan despreciables como aquella, y… no podía. Mi mente divagaba con el que podría pasar, ¿qué sería de Draco Malfoy si se hacía mortifago? ¿Acabaría en la cárcel como su padre? O algo mucho peor…

Noté un tirón en el brazo, pues en mi distracción, no había notado como parte del grupo se había movido. Y se habían movido en el mismo momento en el que los mortifagos se habían empezado a dispersar por el bosque. Sería mejor alejarse de allí lo antes posible, pero aún así, no podía dejar de pensar en las acciones de Lucius Malfoy. ¿Que clase de delitos habría cometido?

Los mortifagos había empezado a generar el caos de nuevo, y lo que empezó siendo como una caminata por el bosque para encontrar un posible escondrijo para esquivarlos, acabó siendo una carrera. Estaba tan oscuro y era tan arriesgado intentar hacer un lumos que podría delatarnos, que acabamos corriendo a oscuras esquivando los árboles a la luz de la luna. Me repetía a mi misma que aquello sólo era una visión, pero parecía tan real que mi instinto de supervivencia me instaba a salir huyendo. Y corrí hasta que los pulmones me dolieron, pero para cuando quise darme cuenta, había perdido el rastro de el grupo y solo Luna estaba a mi lado. Paramos para coger aire cuando creímos que nadie más nos podría seguir. Nos recostamos en un árbol, sin decir ninguna palabra, intentando recuperar el aliento, cuando un ruido a nuestra derecha nos puso en alerta.

- Puede ser uno de los nuestros. - Dije en lo que intentaba ser un susurro, apoyando más fuertemente la espalda al tronco del árbol. -Escondámonos en otro lugar.

Y cuando salimos de nuestro improvisado escondrijo, una sombra me sorprendió y me hizo recular.

Una sombra larga y esbelta rodeaba el árbol, haciéndonos encoger más. Cogí la mano de Luna y le indiqué con un gesto de cabeza que tendríamos que rodear el árbol por el lado opuesto, escondiéndonos así de nuestro posible atacante. Empezamos a rodearlo con el mayor silencio posible, aunque hasta nuestras respiraciones eran delatoras, pues el aire se condensaba a nuestro paso y en nuestros pies las pequeñas ramas crujían. La sombra avanzaba y nos tenía casi acorraladas. ¿Sería uno de los nuestros? Lo dudaba. La parsimonia con la que se movía era tan… tan...

- No tengo todo el día… - Musitó la voz de Lucius Malfoy.

Luna me miró con los ojos muy abiertos, mientras yo sacaba la varita del bolsillo trasero del pantalón. Si era necesario, presentaríamos batalla. Cerrando los ojos muy fuerte y tomando una bocanada de aire, apreté la varita en mi mano. Y cuando abrí los ojos, unos grisáceos me miraban intensamente.

Pero no eran los de Lucius.


Volvimos a Alea Aurea y esta vez me sentí más perdido que las veces anteriores. Me apoyé en el respaldo del sofá cerrando los ojos. Había visto a mi madre y aunque hubiera preferido verla en el presente, me aferré a la idea de que al menos había vuelto a ver su sonrisa.

- ¿Por qué no estamos todos?

Y no me dio tiempo a observar la sala, cuando las demás personas fueron apareciendo como si de fantasmas volviendo a la realidad se trataran. Era un panorama un tanto extraño. Una figura, un poco más lejos de donde me encontraba, cayó cuan larga era en el suelo. Aunque no era algo por lo que sentirme orgulloso, reconocería esa cabellera alborotada en cualquier sitio. Rodé los ojos e iba a darle la espalda, cuando un murmullo se oyó por toda la sala.

- No, Malfoy…

Me giré tan rápido que mi cuello crujió dolorido. ¿Había oído bien? La mirada desorientada de Granger chocó con la mía y sentí un escalofrío en mi espina dorsal. ¿Por qué me había llamado? Giré la cara e hice como que me molestaba que la estúpida de Granger me hubiera llamado; notaba las miradas de todos los presentes tanto en mi como en la Gryffindor y no quería generar una pelea por algo de lo que no tenía la culpa, al menos en el presente. Pero aún así no entendía nada, la visión que habíamos vivido no era peligrosa como las anteriores, ¿cómo es que parecía tan asustada?

- Hermione, está bien.- Lunática a su lado le ayudaba a incorporarse. - Estamos de vuelta en Alea Aurea.

- ¿Qué es lo que ha pasado? - Potter se acercó a ellos posicionándose al otro lado de Granger; ignoré la punzada de celos que me dio al ver esa escena.

- Estábamos en el bosque donde se celebró "El Torneo de los Tres Magos".- Contestó Granger frotándose el cuello.- Y alguien nos perseguía. - Noté una mirada de reojo por parte de ella, pero la ignoré completamente.

- ¿En el bosque?- Preguntó Potter sorprendido.- Nosotros no estábamos en el bosque, aparecimos en las gradas.

- Con razón no podíamos encontraros.- Lovegood dijo como si eso lo resolviera todo.

- Pero es muy raro.- La pelirroja Weasley se unió a ellos. - ¿En qué momento estabais en el bosque? ¿El partido estaba a punto de empezar?

- No.- Negó la Ravenclaw.- Era de noche y ya había pasado el partido.

- Estábamos en el momento en que los mortífagos empezaron a atacar.- Granger me lanzó otra miradita y apreté los puños, ¿por qué no paraba?

- Pues nosotros estuvimos sólo en las gradas.- Murmuró Theo a mi lado.- ¿Cómo es posible que estuviéramos separados en el tiempo?

- A no ser que…

La pelirroja se levantó y se acercó al reloj que decoraba la gran sala de Alea Aurea. Todos dirigimos nuestras miradas y entonces me di cuenta, el reloj se había movido dos veces. En la última visión el minutero se había colocado en el número tres y ahora la aguja se posicionaba en el número cinco.

- ¡Hemos tenido dos visiones en vez de una! - Una emocionada Weasley nos miraba señalando el reloj. - ¿Cómo ha sido posible?

- Esta sala actúa por voluntad propia.- Potter comentó acercándose también al reloj mirándolo como si pudiera descifrar el acertijo que era Alea Aurea. - No hay manera de saber como va a continuar con todo esto de las visiones.

- ¿De quién era vuestra visión?- Theo volvió a hablar y pareció demasiado integrado con todos ellos que una parte de mi sintio celos. - La nuestra pertenecía a Elizabeth.

La ravenclaw asintió con la cabeza afirmando lo que Theo había dicho. Parecía molesta y triste. Y aunque todo lo de la visión había pasado hace dos años, me sentí culpable. Y un pensamiento se instaló al final de mi cabeza: "Tienes que ir a pedirla perdón".

- La nuestra era de Phebs.- Weasley agarró a la chica por los hombros a lo que esta se sonrojó un poco.- Vimos a su familia en el bosque.

- Y también nos topamos con los mortifagos.- Longbottom se apoyó en el sofá cerca de la chimenea.- Y tuvimos que salir corriendo.

- ¿Os atacaron?- Preguntó la Weasley.

- No estoy segura.- Comentó Granger alzándose de hombros.- Ya sabéis que en las visiones todo es mi confuso…

Y de nuevo me lanzó esa mirada y me dieron ganas de gritarla que parara. ¿Por qué tenía que seguir haciéndolo? Suspiré frustrado y apreté más los brazos, sólo quería subir y olvidarme de todo.

- ¡Atención alumnos de Hogwarts! - La voz amplificada de Dean Thomas se oyó por todos los rincones del colegio. - ¡El partido de Ravenclaw contra Hufflepufff va a comenzar en diez minutos!

- ¿Te apuntas, Eli? - El chico asiático miró a Smith, que ahora parecía más animada, a lo que está asintió. - No vamos a poder resolver el misterio de las dos visiones, al menos nos divertiremos.

- ¡Hufflepuff os va a pegar una paliza! - Coreó Footman mientras se unía a ellos.

- Vais a morder el polvo, Footman.- Tranter les siguió hacia la salida.- Tenemos a Bronson, por si se te había olvidado.

- Bronson no tiene nada que hacer contra Kapp.- Se oyó decir a Chang antes de que se cerrara la puerta de Alea Aurea. Era como si fueron alumnos normales de Hogwarts, sin visiones ni salas extrañas a sus espaldas.

- Sería divertido ir todos juntos.- Comentó Lovegood mirando a todos los presentes.- Aunque está claro a que equipo voy a animar.

- Yo iré con Hufflepuff, sólo para llevarte la contraria.- Theo le sacó la lengua, a lo que esta se encogió de hombros murmurando "Si quieres ir con el equipo perdedor"

Y con Theo y la Ravenclaw a la cabeza, todo las demás personas fueron desapareciendo tras la gran puerta dorada. Me quedé mirando la chimenea, e ignoré el sentimiento de desazón que me produjo que nadie me hubiera dicho que fuera con ellos; aunque siendo justos nadie me había dicho que no fuera con ellos.

Pensé que me había quedado solo, pues el silencio me acompañaba; pero aún seguía notando como alguien me miraba, y para mi quebradero de cabeza, Granger aún seguía en la sala y aún seguía observándome como cuando habíamos vuelto de la visión. Rodé los ojos molesto y me dirigí veloz a mi habitación, no quería más discusiones a algo que no sabía ni lo que era.

- ¿Crees que tu padre tuvo elección?

Me paré a mitad de poner un pie en la escalera y sin siquiera darme la vuelta cerré los ojos frustrado. ¿Por eso tantas miraditas? Quería enfrentarla y decirla que parara, que se metía en terreno peligroso, pero no quería pelear, estaba cansado. Seguí mi camino, haciendo caso omiso de su pregunta, me regocijé, pues sé cuánto odiaba que la dejaran con la palabra en la boca. Pero tenía que haber sabido que Granger no era de las que guardaban silencio.

- ¿O lo hizo para protegeros?

- Calla la boca Granger.- Exploté. Me di la vuelta y la encaré. Ella no sabía nada y detestaba como se entrometía una y otra vez en mi vida, ella no tenía derecho.- Tu no sabes una…

- ¿Qué no sé una mierda, Malfoy? - Replicó con su tono de sabionda, crispando aún mis nervios.- Creo que ya hemos cruzado esa frontera.

Y sin más, abrió la puerta dejándome con la palabra en la boca. Apreté los dientes enfadado, ¿por qué siempre tenía que hacer lo mismo? Granger sólo sabía descolocarme más y más la vida y aún no sabía bien porque no la paraba. "Será porque disfrutas de ello" dijo una vocecita al final de mi cabeza. Y con ese pensamiento y más enfadado que nunca, me dirigí a la habitación que compartía con la sabelotodo, sin saber muy bien si desmentir aquel pensamiento.


¡Hola a todos!

Primero que todo dar la bienvenida a los nuevos integrantes de Alea Aurea. ¡Pasad, pasad, todavía hay sitio al fondo junto a nuestra pareja favorita! :D No sabéis la ilusión que nos hace recibir una notificación de follower, de favourite o de review (esta última nos hace más ilusión jijiji) Sois los mejores :D A los que nos podemos contestar, porque no hay email de contacto, os damos las gracias por aquí :D Gracias por leernos y seguirnos ^_^

Segundo, ¡por fín nuevo capítulo! *Bailan emocionadas la danza croquetosa* La sala descubre otras nuevas dos visiones y vamos descubriendo cosas del pasado. Y este Draquito... siempre echando las culpas a Hermione. Si es que no se puede con él :P Sabemos que la cosa va lenta ¡pero dentro de poco vendrán curvas! Y bien, ¿qué os ha parecido? ¿Os ha emocionado, entristecido, enrabiado, enamorado... (y ahora mismo no se nos ocurren más emociones jijiji)? Dejadnos muchas reviews para saber vuestras opiniones :D

Alea Aurea moments: Hacía mucho que no escribíamos otro de nuestros momentos pero ha ocurrido hace muy poco. Hace una semana hemos estado juntas en Barcelona (sniff que ya no estamos juntas sniff) y nos fuimos a una cafetería a planear nuevas ideas para Alea Aurea. Pues bien, teníamos un papel donde fuimos apuntando las ideas, incluso hicimos esquemas, de los siguientes capítulos, pero en un despiste de las dos, aún no sabemos bien el momento exacto en el que pasó, el papel había desaparecido. Cuando nos dimos cuenta, y preguntarnos entre nosotras si lo habíamos guardado sin acordarnos, llegamos a la conclusión que el camarero lo había recogido al limpiar la mesa. Así que nos quedamos sin el fruto de una tarde jajajaja. Menos mal que tenemos mentes privilegiadas y lo apuntamos de nuevo en otro papel que guardamos a buen recaudo. Eso si, una de nuestras teorías es que el camarero era un fan y quiso tener los spoilers :P

Esperamos veros de nuevo por aquí ^_^

*Patri y Lili se alejan haciendo la croqueta*