Un deseo de muerte a una sangre sucia.

Hacía dos semanas que no habíamos tenido una visión de Alea Aurea y las cosas parecían haber vuelto a la normalidad. Mis compañeros de sala parecían igual de risueños como cuando entramos por primera vez y, aunque preocupados por los exámenes finales, se notaba un ambiente mucho más relajado que las últimas semanas. Agradecí el descanso que nos había dado Alea Aurea, pues todos podíamos volver a ser estudiantes normales y no un grupo de chicos que viajaban al pasado visitando momentos desagradables de la vida de otros.

Y entre tanta gente relajada me encontraba yo, que aunque debería estar más preocupada del ensayo que McGonagall sobre las "15 transformaciones más dolorosas para un ser humano" nos había mandado; andaba perdida en otros asuntos menos académicos. Apoye mi cabeza entre mis manos y me quedé mirando fijamente a la pared mientras oía lejano los murmullos de mis compañeros de sala.

Eugene había vuelto a la carga y me perseguía allá donde fuera. Cada vez se me hacía más difícil ignorarle y ya no sabía qué inventarme para que no tuviera que pararme a hablar con él. Lo reconocía, tenía miedo. Y aunque sabía que era más que imposible que él se dignara a hacer algo en el castillo, con Dumbledore dentro, me aterrorizaba el hecho de que este acecho fuera parte de un malvado plan para llegar a Harry a través de mí. Era algo que no me perdonaría si eso llegase a pasar. Por eso había decidido dejar a Harry a un lado y no contarle nada, él ya tenía demasiados problemas como para añadir uno más; uno del que además aún no estaba del todo segura. No, esto se quedaba así y ya lidiaría con el problema yo sola.

Y las cosas con Malfoy, suspiré, ojalá supiera cómo estaban las cosas con Malfoy. Desde aquella última vez en la visión del mundial de Quidditch que le encaré para hablar acerca de su padre, no nos habíamos vuelto a dirigir la palabra. Ni una sola vez. Había decidido ignorarme completamente y eso me entristecía y molestaba a partes iguales. No es que nunca hubiéramos tenido la mejor relación del mundo, pero creía que habíamos avanzado bastante. Al parecer, me equivoqué, no había cambiado nada entre nosotros. Sabía que no debería haber mencionado el tema de su padre, pero la visión me había dejado confusa y una persona curiosa como yo necesitaba respuestas. Pero no imaginé que ello desembocaría a un total ignoro por parte del rubio.

Un ruido cercano me sobresaltó y al ver una melena pelirroja cerca mía, hice que estaba absorta escribiendo el ensayo de McGonagall.

- No finjas, te hemos visto.- Ginny se sentó a mi derecha mientras Luna se acomodaba en el asiento de la izquierda.- Sabemos que estás pensando en el vestido que te pondrás en el baile, Hermione.

La Weasley me miraba de manera burlona y sonreí por el comentario.

- Como me conoces, Ginny.- Contesté con sorna sacándole la lengua.

- Lo sé, soy brillante.- Se movió el pelo en un gesto tan típico de Parvati y Lavender que solté una carcajada. Que bueno era tener amigas a tu alrededor para hacerte olvidar por un momento tus problemas con pequeñas tonterías.

- Al fin te ríes.- Comentó Luna mirándome feliz.- Pensé que te había tragado la risa un patuff.

- ¿Patuff?- Pregunté desconcertada.- ¿Qué es eso?

- Si ya sabes, aquel pequeño ser que va robando las risas de la gente y las va metiendo en un saco.- Comentó como si todo el mundo supiera la historia de aquel bicho.- Yo siempre he mantenido mi boca cerrada cuando he visto uno, por si acaso.

- Y bien que haces.- Contestó Ginny como si supiera lo que estaba diciendo. ¿Tanto tiempo llevaban juntas para que a la pelirroja se le hubiera pegado un poco de su locura?- Hablando de la fiesta, ya queda nada.

- Ni me acordaba del baile.- Murmuré encogiendome de hombros en una actitud pasota.

- ¿Cómo que ni te acordabas? - Preguntó sorprendida.- ¡Pero si está por todos lados! Hasta Filch parece emocionado, y ya es decir.

- He tenido muchas cosas en la cabeza últimamente.

- Pues ahora tendrás la cabeza en el baile.- Dijo Ginny mirandome fijamente. No me preguntaba que era lo que me pasaba, y no es porque no la importara, sino porque quería hacer que me centrara en otras cosas más triviales. Agradeciendole con una sonrisa, me permití ser una chica de 17 años y mantener una charla normal con mis amigas.

- ¿Ya tenéis pensado lo que os vais a poner? - Luna asintió vigorosamente a lo que Ginny negó afligida.

- Estoy en duda entre tres vestidos.- Contestó la pequeña Weasley a la vez que saludaba con la mano a las otras chicas que habían entrado por la puerta. Les indicó que se acercaran y pronto todas las féminas de Alea Aurea estábamos sentadas juntas hablando de cosas banales. Nunca habría pensado que hubiera echado de menos esto.

- Creo que deberías llevar el vestido rojo.- Murmuró Stephanie después de que la pelirroja enumerara todos los vestidos.- Con tu tono de piel te quedaría muy bien.

- Es el que pienso que voy a llevar.- Musitó.- Espero que Harry tenga algo rojo a juego.

- ¿Entonces vas con Harry?- Preguntó Phoebe emocionada.- ¡Hacéis una pareja tan perfecta!

- Aún no me lo ha pedido.- Miró a Harry que se encontraba ajeno a la conversación en la otra parte de la sala.- Pero le diré directamente esta semana: "Mi vestido es rojo, ¿qué vas a llevar para ir conjunto? No me valen los calzoncillos"

Todas reímos ante la ocurrencia de Ginny imaginándonos lo abochornado que se pondría Harry al escuchar eso por parte de la pelirroja.

- ¿Y el cafre de mi hermano te lo ha pedido ya?- Cuestionó sin tapujos Ginny haciendo enrojecer a la pobre Phoebe. A lo que está negó tímidamente más colorada que todo el pelo de los Weasleys junto. - Bah, lo hará pronto por la cuenta que le trae.

- ¿Tú crees que lo hará? - Preguntó cohibida mirándome de refilón. Me sorprendí por ese gesto sin saber muy bien porque lo hacía, pero creo que se pensaba que entre nosotros había algo más que amistad.

- Ron y yo sólo somos amigos.- Comenté sonriendo, queriendo infundir ánimo.- Creo que te tiene bastante aprecio.

- ¡Te lo dije!- Gritó Eli señalando con su dedo índice a su amiga. Todas en la mesa soltamos una carcajada al ver el apuro en el que se encontraba la pobre Phoebe. - Si te lo dice una de sus mejores amigas y su hermana, es que hay algo de verdad.

- Yo no sé si Theo tendrá algo a juego con mis pendientes de rábano.- Musitó Luna haciendo que todas las miradas se centraran en ella.- Pues no sabía que había que llevar algo a conjunto.

- ¿Vas a ir con Theo?- Pregunté sorprendida, aunque no sé de qué me sorprendía, desde que habíamos entrado en Alea Aurea se les había visto muy unidos.

- ¿Te lo ha pedido? - Curioseó Ginny

- Se lo pedí yo.- Nos miraba a todas sonriendo como si fuera lo más normal del mundo. Pero conocía un poco a Luna para darme cuenta que estaba emocionada pues un ligero rubor cubría sus mejillas. Me dieron ganas de abrazarla, feliz por ella, la Ravenclaw siempre me generaba bastante ternura.

- Pues yo haré lo mismo con Mike.- Comentó distraídamente Eli mirando donde el asiático y Mika jugaban una partida de ajedrez mágico.

- ¿Y tú con quién vas a ir, Hermione? - Interrogó Phoebe. Noté todos los ojos de las chicas en mí.- Estabas tan guapa en la fiesta del "Torneo de los tres magos".

Pero mis palabras se quedaron a mitad de camino. La puerta dorada se abrió de golpe interrumpiendo la actividad de Alea Aurea. Todas los presentes dirigimos la mirada hacia allí, ya que nos habíamos sobresaltado con el estruendo. Malfoy apareció por el hueco de la entrada cabizbajo con las manos en los bolsillos, pero al verse observado, modificó su actitud cambiándola por una más pasota.

Noté como me miraba de refilón al pasar por la mesa camino a nuestra habitación, y una sensación de vértigo me recorrió el estómago.

- ¿Hermione, estás bien?- La pelirroja me apretó el brazo suavemente.

- ¡Se ha puesto colorada! - Murmuró riendo risueña Eli, a la vez que yo me tocaba las mejillas comprobando el calor en ellas- ¡Estaba pensando en ESE alguien!

- No, no, esta…

- "Hermione tiene pareja. Hermione tiene pareja"- Corearon todas con ritmo infantil mientras daban palmadas riendo.

Miré a Ginny y Luna pidiendo ayuda, pero las dos acompañaban a las demás cantando más fuerte; Ginny incluso añadió otra frase poco infantil a la canción. Sentí que enrojecía mucho más y sin ni siquiera despedirme, recogí mis cosas y huí avergonzada. Oí como Ginny me gritaba una disculpa, pero yo ya había subido por las escaleras dirigiéndome al baño. Lo peor que ni yo misma había sabido porque había reaccionado así y solo rogaba porque Malfoy no hubiera oído la canción.


Cerré las puertas a mi espalda más fuerte de lo que había querido, pero quería dejar de escuchar a las estupidas de abajo cantar esa ridícula canción sobre la sabelotodo. ¿Que tenía pareja? Pues perfecto para ella, al menos no iría todo el día con esa cara de amargada a todas partes. Y seguro con lo idiota que era, habría perdonado al profesorucho ante una de sus estúpidas bromas y ahora volvía a beber los vientos por él. ¡Por mí como si se lo montaban en mitad del gran comedor!

Arremetí contra la cama dándole una patada haciendo que me doliera como nunca y maldecí a Granger porque ella tenía la culpa de todo. Siempre era la culpable de todo. La culpable de que tuviéramos que compartir habitación, la culpable de que la cortina hubiera desaparecido y tuviera que esforzarme en no mirar hacia su lado y la culpable de que la tuviera en la cabeza a todas horas. Si, ella era la culpable.

Los murmullos de risas femeninas aún se oían a lo lejos haciéndome maldecir por lo bajo, sólo quería estar relajado en mi habitación sin ninguna clase de ruido. En momentos como estos era cuando más echaba de menos Manor House. Recordar mi casa hizo que me acordara de mi madre y de que aún no había recibido noticias de ella. Todos los domingos mandaba una lechuza contándole nimiedades sobre Hogwarts, solo para mantenerla informada sin dar demasiados datos, ya que nunca sabrías quién podía estar leyendo tu correo; pero siempre mi lechuza volvía con las patas vacías. Una vez incluso, me atreví a escribir a mi tía Bellatrix, antes de que decidiera pasar a hacerme una visita; pero sólo recibí mi misma carta con una contestación al final de la misma, "Todo en orden querido sobrino". Dejándome más desorientado de lo que ya estaba.

Intenté animarme pensando que pronto sería Navidad y que volvería a casa para poder descubrir por mí mismo todo lo que estaba ocurriendo. Suspiré, aún quedaba 1 semana para las vacaciones y un estúpido baile entre medias. Y no es que estuviera emocionado por ir, pero en todo Hogwarts parecía como si no hubiera otro tema de conversación. Idiotas. Solo era otro ridículo baile como el del "Torneo de los tres magos". Un pensamiento fugaz de ese baile, de lo cambiada que estaba Granger, hizo que mi mente imaginara lo que llevaría ese año y volvería a captar todas las miradas. Di un furioso puñetazo a la cama al darme cuenta las gilipolleces que podía llegar a pensar. ¿Lo que llevara Granger? ¿Me había convertido en maldito Hufflepuff? Culpable, ella era la culpable de todo.

Tenía muchos cabos sin atar en mi cabeza y ultimamente todo me daba vueltas una y otra vez, viviendo mi propio tormento. Por no hablar de la maldita profecía escondida debajo de mi propia cama. ¿Qué se supone que tenía que hacer con ella? Sabía que la respuesta era simple, escuchar lo que quería decir, pero, ¿estaba realmente preparado? El peso que Alea Aurea había puesto en mi era más del que yo podía asumir.

Aprovechando que la sabelotodo estaba todavía con sus amiguitas, ojeé el libro que la sala me había arrojado; aquel vacío diario, pues en algún momento estuvo lleno de memorias de un tal Siberius. Cada dos por tres intentaba echarle una ojeada para ver si aquello cambiaba de parecer y tenía todas sus hojas milagrosamente rellenas con las respuestas a los misterios ocultos, ya que la primera vez que cayó en mis manos, estaba escrito al completo. Y quizás por suerte, esta vez, encontré algo que no recordaba haber leído.

"No encuentro nada sobre Alea Aurea, es como si nunca antes hubiera existido, como si todo fuera nuevo; o quizás es que alguien se ha encargado de entorpecer mi precaria búsqueda. Sea como fuere, las cosas en la sala común siguen sorprendiendome.

Las "visiones", como les llamamos ahora, han continuado sin más accidentes. Pero hemos descubierto algo, el reloj central de la sala, aquel extraño artilugio lleno de engranajes, funciona en reciprocidad a las visiones vividas.

En cuanto a lo personal, Ellie y yo vivimos un momento de aparente calma. Parece que entre padre y Godric la tregua respaldada por las damas Helga y Rowena, va viento en Popa.

Espero que todo continúe con esta prosperidad, pues se que tanto padre como Godric sufren cuando se desavienen.

Siberius S."

Bien, hasta ahí no había nada nuevo respecto a la sala. Le llevaba ventaja a Siberius. Aunque ni siquiera él me había podido contestar porque éramos trece los elegidos si sólo había doce supuestas visiones. Como siempre, los números no cuadraban y cada vez me parecía más claro que yo era el que sobrara en todo el puzzle. Por no hablar de que ya estaba más que confirmado quién era Siberius.

Siberius Slytherin, heredero de uno de los fundadores de Hogwarts.

Y como para rematar de quitarme las dudas, había mencionado no solo a Godric Gryffindor, si no que también hablaba de Helga Hufflepuff y Rowena Ravenclaw. ¿En qué clase de lío estaba metido para que un libro tan preciado hubiera acabado en mis manos? Estaba seguro que era un documento de valor incalculable. Y otra vez mencionaba a Ellie, la compañera de profecía de Siberius.

Todo me daba vueltas. Resolvía una duda y salían cuatro más. Era un laberinto sin fin. Pero las notas de Siberius seguían, y no podía detenerme a pensar en cosas banales ahora, quien sabe cuanto más estarían esas palabras escritas en el viejo papiro. Tan solo había una página más escrita, pero a mi, después de tanto tiempo sin nada nuevo, me sabía a gloria.

"Una grata y agradable sorpresa nos deparó hoy. El reloj, el de los grandes engranajes, reveló un secreto.

Un demacrado papiro estaba oculto entre sus engranajes, resultó ser un pequeño manual de instrucciones, o más bien, de intrincadas metáforas, a cada cual más inquietante.

Estaba claro que aquello era mucho más que una sala común normal y corriente. Y algo que me dejó pensativo durante unos minutos, fue la confirmación de lo que ya había pasado con anterioridad, una de las citas, recitaba: "Alea deberá de repetir las palabras, "Aurea yace dormida, despierta Aurea." ¿No era lo que había pasado aquella vez que Ellie no despertaba?

Para concluir y atar cabos sueltos, el papiro anunciaba que dos de los elegidos eran Alea y Aurea. ¿Qué quería decir aquello? Y lo más inquietante, Alea y Aurea debían de "confrontar la adversidad" ¿Pero que clase de adversidad?

¿Significa esto que yo soy Alea?

Sinceramente, a cada cosa que descubro retrocedo en mis pasos. Nuevos enigmas y misterios, que no se si quiero descubrir…

Siberius S."

Espera. No podía ser cierto lo que mis ojos estaban leyendo. Esto se ponía interesante y espeluznante. Bien, mi querido Siberius había descubierto el papel mohoso que nosotros ya habíamos recolectado de la visión en el ministerio. Pero si el suyo no estaba tan deteriorado, quería decir que él sí había leído más de lo que nosotros pudimos. ¿Que era toda esa mierda de que Alea y Aurea debían confrontar la adversidad? ¿Una especie de cuento para no dormir? Y lo más espantoso de todo… Si Siberius Slytherin era Alea, ¿como podía ser yo Alea también?

Un escalofrío recorrió mi mente. No, por una parte no me podía creer toda esa patraña, pero por otra, era tan sencillo afirmar lo obvio. Siberius y yo estábamos conectados por alguna especie de patrón que se repetía y ante mi tenía los pensamientos de un adolescente del pasado que estaba viviendo lo mismo que yo y había llegado a las mismas conclusiones. Solo que más rápido, dijo mi consciencia. Quizás a él le costaba menos asimilar tal apabullante información.

¿Que significa ser Alea?

Para empezar, eres "un elegido"; pero ¿no lo eran también los doce restantes? ¿Cómo es posible que Siberius y yo, y según él Ellie también, nos diferenciaramos en algo? Yo desde el primer momento me había negado completamente a formar parte de esta patraña, había dejado bien claro a todo el mundo que yo no quería pertenecer a aquello y ¿ahora la sala me lanzaba este reto? Estaba claro que era algún tipo de venganza que aún no comprendía. Este libro tenía que haberlo cogido Potter, que a él se le daba bien todas las hazañas heroicas, y no alguien como yo que prefería verlo desde la barrera. Nunca había sido un chico de acción.

Y sin siquiera pensar lo que estaba haciendo, me agaché en el suelo y estiré la mano para alcanzar la profecía que había escondido para que Granger no lo descubriera. La saqué del calcetín que la envolvía, contemplandola fijamente. Aún seguía tan caliente como la primera vez que la agarre. ¿Debería oír lo que decía? Según la profesora Trelawney, "las profecías son predicciones de un hecho futuro". ¿Me ayudaría a averiguar lo que pasaría en esa sala? ¿O sólo me liaría más? Cuando creía haber tomado una decisión, el tirón conocido en el estómago me sobresaltó acompañado del fuerte gong del reloj y antes de que la sala me llevara a una nueva misión por inercia agarré la profecía fuertemente.

Aparecí de espaldas con un fuerte golpe en una sala oscura. Me quejé dolorido, odiando cada vez que la sala nos transportaba de esa manera. Oí un quejido cercano y supe que al menos no había aparecido solo.


Si hubiera tenido que elegir una palabra para describir el nuevo lugar en el que Alea Aurea nos había transportado habría sido: frío. Aunque ciertas antorchas iluminaban la zona en un intento de caldear el ambiente, los muros húmedos de piedra hacían que pareciera todo lo contrario. Aún seguíamos en el castillo o eso creía al menos, aunque no sabía en qué época nos hallábamos.

- ¿Estás bien?- Oí a Mike preguntar a Eli, a lo que esta asintió, parecía que la chica se había torcido el pie a juzgar por el movimiento circular que realizaba.- Alea Aurea podría hacer una cuenta atrás cada vez que nos mete en una de estas visiones.

- ¿Dónde estamos Neville?- Stefanie murmuró cerca mía. Un sonido de pasos al final del pasillo alertó nuestro sentido de peligro y con un gesto silencioso indiqué a los que estábamos más cerca que se escondieran detrás de una columna que se encontraba cerca nuestra.

- Ese Peter Weasley... - Reconocería esa voz en cualquier lugar, y no es que me sintiera orgulloso de ello, pero mis sospechas fueron confirmadas cuando Malfoy apareció al final del pasillo. No iba solo, sus dos secuaces le acompañaban, Crabbe y Goyle.

- Percy.- Corrigió Crabbe a su lado.

- Como sea.- Contestó Malfoy acercándose más a nuestra posición. Por la apariencia de los chicos intuía que estaban en el segundo año de nuestro curso en Hogwarts. - He notado que últimamente entra y sale mucho por aquí, a hurtadillas. Y apuesto a que sé qué es lo que pasa. Cree que va a pillar al heredero de Slytherin él solito.- Una de las chicas ahogó un grito y yo rogué porque no hubiera sido captado por los tres Slytherin. Pero Malfoy sólo lanzó una risotada breve y burlona, no nos habían oído.

Se detuvieron ante un trecho de muro descubierto y lleno de humedad.

- ¿Cuál es la nueva contraseña?- Preguntó el joven Malfoy a Goyle, pero no dejó responder al chico contestandose a sí mismo. .- ¡Ah, ya! ¡Sangre limpia!

El muro enfrente de ellos se transformó en una puerta en la pared. Los tres chicos se adentraron dentro para a los pocos segundos cerrarse y dejarnos tan solitarios como cuando Alea Aurea nos había dejado al principio.

- Creo que ya no hay peligro.- Salí de nuestro escondite mirando a un lado y a otro. Uno a uno, los demás también fueron saliendo.

- Sangre limpia.- Murmuró Phoebe indignada.- Menuda chorrada de contraseña.

- Estamos en el año en el que se abrió la cámara de los secretos.- Comentó Mika observando la pared por donde habían desaparecido los Slytherin. - Muchos rumores se propagaron en ese tiempo.

- Ese fue mi primer curso y reconozco que al año siguiente estaba un poco asustada en volver de nuevo a Hogwarts. - Eli seguía masajeandose el pie. Mike a su lado la ayudaba a mantener el equilibrio.

- ¿Dónde están los demás?- Pregunté al darme cuenta que sólo Mike, Mika, Eli, Phoebe, Stefanie y yo nos encontrábamos allí.

- No lo sé.- Se encogió Stefanie de hombros. - Pero digo que deberíamos ir a buscarles.

Y sin más, nos dirigimos por el pasillo por el que los Slytherin habían aparecido rumbo a descubrir cuál era la nueva visión de Alea Aurea.


Habíamos aparecido en el lugar menos insospechado, la sala común de Slytherin. Me encontraba en una esquina de la sala, agazapado entre varios sofás. A mi lado Theo y Lovegood. Theo estaba intentando hacerle entender a la Ravenclaw que aquella era la sala común de slytherin. La sala común que tanto había añorado estas semanas. Repasando con la mirada cada rincón, me sentí como un extranjero en su propio país. Pero no era tonto, estar en mi propia sala común no eran buenas noticias. Más bien todo lo contrario, ya que levantando la vista, pude ver que justo al otro lado, cerca de la puerta de entrada, escondiéndose detrás de una columna de mármol, estaban Granger y la Weasley.

- Esperad aquí. - Justo en aquel momento, mi versión pasada se adentró en la sala. - Voy a traerlo. Mi padre me lo acaba de enviar. Te vas a reír con esto.

Detrás de mi yo pasado, entraron Crabbe y Goyle. Se acomodaron y yo desaparecí para volver con un recorte de periódico.

- ¿Y bien? ¿No os parece divertido? Por la manera en que se comportan, nadie diría que los Weasley son de sangre limpia. - Perfecto, ya estaba mi pasado yo soltando cosas de las que me arrepentiría después. La Weasley me miraba con actitud desafiante desde su posición. Intenté ignorarla. Pero los ojos de Granger se me clavaban como dagas.

- ¿Qué te pasa, Crabbe? - Dijo el pequeño yo desdeñosamente.

- Me duele el estómago.- Gruñó Crabbe

- Bueno, pues id a la enfermería y dadles a todos esos sangre sucia una patada de mi parte - Reiteró mi yo del pasado. Ahora ya no me atrevía a mirar a Granger. ¿De verdad sonaba tan estúpido desde fuera? - ¿Sabéis qué? Me sorprende que El Profeta aún no haya dicho nada de todos esos ataques.- continuó diciendo pensativamente.- Supongo que Dumbledore está tapándolo todo. Si no para la cosa pronto, tendrá que dimitir. Mi padre dice siempre que la dirección de Dumbledore es lo peor que le ha ocurrido nunca a este colegio. Le gustan los que vienen de familia muggle. Un director decente no habría admitido nunca una basura como el Creevey ése. Potter, ¿puedo sacarte una foto, Potter? ¿Me concedes un autógrafo? ¿Puedo lamerte los zapatos, Potter, por favor?

Se hizo un silencio tenso. Silencio que me ayudó a pensar con claridad. Ya sabía dónde estábamos. En qué momento exacto nos encontrábamos.

- La cámara de los secretos. - Murmuré para mis adentros. Theo y yo compartimos una mirada que decía que aquel no era buen lugar ni buen momento en el que estar. Lovegood miraba interesada como los chicos, aún sentados, seguían la conversación.

- San Potter, el amigo de los sangre sucia. Ése es otro de los que no tienen verdadero sentimiento de mago, de lo contrario no iría por ahí con esa sangre sucia presuntuosa que es Granger. ¡Y se creen que él es el heredero de Slytherin! Me gustaría saber quién es… Podría ayudarle. - Cada vez que mi yo de doce años abría la boca, yo me arrepentía un poco más de estar allí. Aunque más me arrepentía de que los demás tuvieran que apreciar tal sarta de palabras. En especial Granger.

- Tienes que tener una idea de quién hay detrás de todo esto. - Preguntó Goyle.

La verdad es que yo sabía poco, o más bien solo una pincelada de lo que realmente sucedió. Por supuesto que sabía cosas, no estaba completamente ajeno del asunto. No era nuevo para mi que aquel año iba a haber una criba en Hogwarts, una criba de alumnos de… sangre sucia. El pensamiento se me atragantó un poco. Por aquel entonces yo no sabía la magnitud del asunto. Hasta donde se veían con ánimos de seguir. Yo solo sabía cosas básicas. Mi padre quería quitarse de en medio a Dumbledore, y yo lo aceptaba de buen grado. Me parecía un chiflado. ¿Quien no quería quitárselo de en medio y tener a alguno de los amigos influyentes de mi padre controlando el colegio? Pero las cosas se empezaron a volver más y más oscuras a medida que llegaba el día de volver a hogwarts. Se hablaban de criaturas místicas, criaturas que no parecían existir y ya estaban extintas. Basilisco era la palabra clave y la que todos murmuraban. ¿Que iba a hacer un niño como yo por aquel entonces? Yo solo… solo quería que mi padre se sintiera orgulloso. Seguía a pies juntillas lo que él proclamaba. Y ahora, mirando el asunto desde afuera,... Todo me parecía de otro color. Un color bastante oscuro.

- Ya sabes que no, Goyle, ¿cuántas veces tengo que decírtelo? - Dijo mi yo del pasado bruscamente. - Y mi padre tampoco quiere contarme nada sobre la última vez que se abrió la Cámara de los Secretos. Aunque sucedió hace cincuenta años, y por tanto antes de su época, él lo sabe todo sobre aquello, pero dice que la cosa se mantuvo en secreto y asegura que resultaría sospechoso si yo supiera demasiado. Pero sé algo: la última vez que se abrió la Cámara de los Secretos, murió un sangre sucia. Así que supongo que sólo es cuestión de tiempo que muera otro esta vez... Espero que sea Granger.

Maldita suerte. Inconscientemente miré hacia donde Granger estaba situada, solo que ya no estaba. A mi lado Lovegood se cubría la boca con una mano y Theo sacudía mi codo señalando con la cabeza hacia la puerta. Se abrió sigilosamente con Granger colándose por la pequeña rendija abierta, seguida de la Wesley, que intentaba apresurarse tras la rápida fuga de Granger. Perfecto, lo había vuelto a hacer. Miré a mi yo del pasado, regocijándose en un comentario tan poco afortunado. ¿De verdad me veía así desde afuera? Tan… Tan yo. Siempre jodiendola. Tenía ganas de salir corriendo detrás de Granger. Intentar no fastidiarla tanto. Últimamente estaba tan confuso… Pero no la podía culpar. Y tampoco podía salir detrás de ella para darles mis explicaciones. La puerta se encontraba al otro lado de la sala, y para llegar tendría que atravesarla toda, quedandome expuesto. Tendría que esperar. Tendría que quedarme a escuchar más sandeces.

- ¿Sabes si cogieron al que abrió la cámara la última vez?

- Sí... Quienquiera que fuera, lo expulsaron- contestó mi yo del pasado, levantándose del asiento .- Aún debe de estar en Azkaban.

- ¿En Azkaban?

- Claro, en Azkaban, la prisión mágica, Goyle - contestó mi yo del pasado de mala manera.- La verdad es que si fueras más lento irías para atrás. - Dio un vago paseo alrededor y añadió - Mi padre dice que tengo que mantenerme al margen y dejar que el heredero de Slytherin haga su trabajo. Dice que el colegio tiene que librarse de toda esa infecta sangre sucia, pero que yo no debo mezclarme. Naturalmente, él ya tiene bastantes problemas por el momento. ¿Sabéis que el Ministerio de Magia registró nuestra casa la semana pasada? Por suerte, no encontraron gran cosa. Mi padre posee algunos objetos de Artes Oscuras muy valiosos. Pero afortunadamente nosotros también tenemos nuestra propia cámara secreta debajo del suelo del salón.

Hubo un pequeño murmullo en el que tras algunas disculpas Crabbe y Goyle desaparecieron corriendo por la puerta diciendo algo sobre el dolor de estómago. La sala de repente estaba vacía, salvo por mi, o más bien, mi yo de segundo año. Miró una vez más al artículo que le había alargado a Crabbe y Goyle y desapareció en dirección a las habitaciones masculinas.

Potter y Weasley salieron de su escondite cuando vieron que no había peligro, que al estar situado detrás de una de las columnas oscuras no me di cuenta que estaban con nosotros en la sala hasta que se situaron en la puerta. Ellos si sabían donde estábamos nosotros pues su mirada se dirigía directamente hacia aquí, más concretamente hacia mí, como siempre. Quise mantener mi pose indignada y de "sois escoria" pero sabía que tenían razón para mirarme como lo hacían, yo en su lugar lo hubiera hecho y hasta me hubiera enfrentado de malas maneras.

Me levanté de donde estábamos, Theo y Lovegood me siguieron, esta última saludaba a los Gryffindor como si mi yo pequeño no hubiera dicho todas esas cosas y no notara la tensión palpante en el ambiente. Quise hablar, abrí la boca pero no salieron palabras. ¿Y qué se supone que tenía que decir? "Siento haber dicho tantas gilipolleces, venga os invito a una cerveza de mantequilla?" No, no todo era tan fácil y además ¿yo quería ser amigos o al menos tener una relación cordial con ellos? Es verdad que Alea Aurea nos había juntado y por razones de convivencia había decidido soportar su presencia, pero de ahí a disculparme era un gran paso. "Pero has dicho muchas tonterías que ahora mismo ya no sientes" Dijo una voz al final de mi cabeza, ¿de verdad lo sentía o después de estar tanto tiempo en Alea Aurea me había vuelto un blandengue?

- ¿No hay nadie más con vosotros?- Preguntó el pelirrojo desde su sitio.

- No.- Negó la Ravenclaw con la cabeza.- Estamos sólo Theo, Draco y yo.

- Hermione y Ginny salieron antes por la puerta.- Comentó Theo mirándome de reojo. - Pero a los otros no los hemos visto.

- Iremos a buscarles.- Dijo Harry, mirándome fijamente. Aunque enfadado notaba también cierto aire de ¿pena?.- ¿Venís con nosotros?

Se hizo el silencio tenso de nuevo. Sabía que lo decían por obligación, que ellos no querían ni por asomo que todos nos uniéramos en una búsqueda feliz de sus amigos como si hiciera dos minutos no me hubieran escuchado decir que quería que su mejor amiga muriese a manos de una extraña criatura. O a lo mejor lo decían por miedo, por tenerme cerca por si en esta visión decidiera hacer una locura y me vengara de Granger en el presente. Cualquiera de las dos opciones me enervaba y entristecía a partes iguales, nunca seré otro que ese Malfoy que habían visto en la visión, y ahora ya no me sentía así, ¿o tal vez si seguía sintiéndolo? Merlín, tenía que salir de allí corriendo.

- Iremos por nuestra cuenta a buscarles.- Theo contestó y aunque me había salvado de ir con Potter y Weasley me enfadó que hablara por mí.

- Os buscaremos más tarde.- Anunció Potter mientras él y el pelirrojo salían por la puerta de salida.

Noté como Theo se acercaba a mí y antes de que tuviera tiempo a decirme nada me alejé a pasos agigantados por donde habían salido Potter y Weasley.

- Podrías al menos avisar de que te ibas.- Gritó Theo cuando salió detrás mía por la puerta.

- Y yo creía no me hablabas.- Me dirigí a grandes zancadas por el pasillo que sabía que los Gryffindor no habían cogido.

- Tienes que ir a buscarla, que disculparte.

Me paré de golpe. No había necesidad de decir el nombre en voz alta porque los dos sabíamos a quién se refería.

- ¿Por qué tendría que disculparme? - Pregunté intentando parecer sereno, pero el enfado se me iba acumulando.

- Porque acabas de desearle que se muriera. - Me giré para ver a un Theo calmado mirándome fijamente. Lovegood apareció por detrás de él. - Y tu no quieres eso.

- ¿Y tú qué coño sabes de lo que quiero o no quiero? - Mi enfado iba en aumento. Él era el que había decidido dejar de hablarme y ahora ¿me venía con historias morales? Que le dieran a él y a la estúpida de Granger. "Tu no quieres eso" Mi vocecita al final de mi cabeza siempre hacía acto de presencia.

- Sé muchas más cosas de las que tú te imaginas.

- Pues si eres tan listo dimelas.- Grité avanzando un paso amenazadoramente.- Venga, sorprendeme.

Pasaron varios segundos en lo que lo único que hicimos fue mirarnos sin hacer nada más. ¿Por qué todo el mundo se las había dado de listo diciendo que sabían cosas que ni siquiera yo entendía? Estaba harto. Harto de todo el mundo y harto de estos pensamientos contradictorios. Su mirada de lástima se clavó como un puñal y no aguanté más.

- No sabes una mierda.- Les dí la espalda, tenía que salir de allí cuanto antes. Aunque no llegué a andar dos pasos cuando las palabras de Theo me dejaron clavadas en el sitio.

- Sé que Granger te está sacando de quicio, sé que no te aclaras con ella. - Declaró sin vacilar.- Sé que no quieres formar parte de los mortífagos por mucho que digas que vas a hacer lo contrario. Sé que en Alea Aurea te sientes seguro por primera vez en tu vida porque esa tensión en los hombros que sentías al pertenecer a nuestra antigua sala común ha desaparecido. - Me giré despacio procesando toda la información.- Sé que ya no tienes ese odio a los Gryffindor, aunque a veces lo dudo cuando Potter y Weasley andan cerca.- Sonrió intentando relajar el ambiente en un gesto muy característico de él. - Sé que realmente eres un chico bueno disfrazado en una piel de lobo. Sé que tu corazón está peleando para que seas Draco y que tu mente te lo pone difícil porque quiere seguir siendo Malfoy.

Si hubiera una palabra para describir cómo me sentía en ese momento, creo que no hubiera encontrado una ni en un millón de libros. Mi cabeza daba vueltas con toda la información recibida y el corazón me bombeaba a tal velocidad que parecía haber corrido una maratón. Y en ese momento no sabía si quería borrarle la sonrisita con la que me miraba, abrazarle o salir corriendo.

- Como… pero… yo…

- He acertado en todo, ¿verdad? - Se había acercado a mí poniéndome una mano en el hombro. Seguía sonriéndome, las ganas de borrarle aquella sonrisa eran equivalentes a las ganas de darle un abrazo

- Pero, ¿cómo? - Murmuré

- Porque, aunque lo creas o no Draquito, eres un libro abierto.- Me dio dos palmadas suaves en el hombro.- Y porque llevo muchos años siendo tu amigo como para no saber lo que piensas.

- Yo también lo había notado.- Lovegood se acercaba risueña con las manos en la espalda.- Aunque no sabía que tuvieras un disfraz de lobo.- Me reí nervioso, ni me acordaba que la Ravenclaw estaba por allí, y aunque debería haber sentido vergüenza, el saber que ella también lo había notado me reconfortaba de alguna manera. Me estaba volviendo loco.

- No va a decir nada.- Expresó Theo, como temiendo a que protestara que Lovegood estuviera escuchando.- Sólo queremos ayudarte.

Y aunque mi mente gritaba que saliera corriendo, que gritara que todo era mentira, que estaban locos y que ni por asomo todo lo que había dicho Theo era verdad; sentía por primera vez en mucho tiempo que me había quitado un peso de encima.

- Venga vamos a ver qué nos depara esta visión.- Theo me agarró por la espalda guiandome por el pasillo. - Tenemos que encontrar a Granger.- Murmuró sonriendo en mi oído para que sólo yo lo oyera.

Asentí no muy convencido y aún un poco aturdido. Me dejé llevar por Theo que aún me guiaba por el pasillo. Mi cabeza no dejaba de hacer aparecer situaciones en la que Granger moría a manos del basilisco, dejándome una sensación extraña en el pecho, una que nunca había sentido antes y a la que no podía poner nombre. Me hice creer que era la culpa que sentía porque en algún momento lejano deseé ese pensamiento en voz alta.


No es que estuviera particularmente orgullosa de cómo habían ido estas últimas semanas respecto a Malfoy, pero nunca creí que llegaría a este punto. El odio tan enconado que tenía el Slytherin hacia mi persona solo hacía que aumentar. O más bien, ya estaba en altos niveles desde hacía unos años. La situación me había sobrepasado, y estaba cansada de tener que pretender que no me afectaba en absoluto, así que ahora me encontraba caminando a grandes zancadas hacia ninguna dirección en concreto.

- ¡Espera! - Resonó la voz de Ginny por el pasillo. - Hermione, espera.

- Creo que ha cubierto mi cupo, mi cupo está completamente lleno. - Dije negando con las manos. - No puedo más.

- ¿La verdad? Yo le hubiera dado un puñetazo. - Afirmó Ginny - acercándose a mi. - Pero tampoco puedes esperar nada de un niño de ¿cuanto? ¿doce años?

- No me importa. No tengo porque aguantar… - todo esto pensé para mis adentros. - ...sus palabras venenosas.

- Está bien, está bien. Yo tampoco quería estar allí. Estaba a un suspiro de lanzarle un trozo de leño de la estúpida y presuntuosa chimenea de Slytherin. - Añadió con una mueca, haciendo aspavientos con sus manos, dándose aires señoriales. - De verdad, ¿cómo pueden convivir en esa sala común? Es todo tan…

- Tan Slytherin. - Dijimos a la vez sonriendo, aliviando la tensión del momento.

- Hablando de Slytherin… - Murmuró Ginny. - La cámara de los secretos. Tendremos que ir con mucho cuidado.

- Cierto. ¿Pero en qué punto exacto nos encontramos? - Pregunté, intentando encontrar lógica.

- Creo que esos dos no eran precisamente Crabbe y Goyle, diría que eran Ron y Harry, mi hermano no sabe disimular, además antes de irme juraría que empezaban a notarse las pecas. - Dijo Ginny, caminando a mi paso.

- Cierto, la poción multijugos. No es que recuerde muy bien esos días. - Contesté poniendo una mueca al recordar mis días como felino. - Entonces,...

- Creo que deberíamos mirar la pared. - Dijo con algo de aspereza. - No es que… No es que sea mi momento favorito para revivir, pero, creo que deberíamos mirar si ya hice la pintada o no. Yo tampoco es que tenga una línea del tiempo demasiado clara de aquel año.

Subimos las escaleras sin mediar palabra, recorriendo los pasillos a pasos rápidos, casi corriendo, casi como si esperaramos un ataque en cualquier momento. Y la verdad es que tenía que admitir que no era tampoco uno de mis momentos favoritos en Hogwarts. Recuerdo que solía pasear mirando a un espejo de mano, intentando no encontrarme con aquellos ojos amarillos…

- Todavía me horroriza. - Admitió Ginny al doblar una esquina.

Y allí estábamos, frente a la pared pintada con lo que parecía sangre.

- "La Cámara de los Secretos ha sido abierta, enemigos del heredero, temed" - Murmuré. - ¿Cuanto tiempo crees que puede llevar aquí?

- Por lo que sé, la pintada de la pared no pudo ser borrada por Filch… Así que tampoco sabría decirte… - Desvió la mirada de la pared. - Lo único que sabemos es que la cámara está abierta, y que yo ando por ahí con un diario embrujado en alguna parte de esta escuela.

- Y el basilisco esta suelto. - Afirmé con algo más de tranquilidad de la que yo tenía.

- Esto solo hace que empeorar las cosas. Deberíamos buscar a los chicos. Deberíamos estar todos juntos. - Me miró. - Además, tenemos que ir con cuidado.

- Lo sé, lo sé, los sangre limpia y todo ese rollo Slytheriano… - Puse los ojos en blanco. - Últimamente parece que todo se resume a lo mismo. Busquemos a los chicos.

Y sin mediar más palabra, nos adentramos por los pasillos, buscando con toda la precaución del mundo a los chicos. Intentando hacer piña para no encontrarnos solas ante el peligro.

Las horas pasaban, y Ginny cada vez se mostraba más reticente a deambular solas por los pasillos de Hogwarts, cada vez más preocupada de que el basilisco nos pillara de imprevisto. No quería que siguiéramos separadas, pero tampoco le parecía gran idea que siguieramos la marcha juntas. La oscuridad empezó a reinar en Hogwarts cuando Ginny se detuvo en seco.

- Está bien, está bien, no podemos seguir haciendo esto. - Me miró encogiendo los hombros. - Mira, Hermione, antes de que repliques, quiero que sepas que esto es peligroso, y que estamos solas, y que no me apetece nada cargar tu cuerpo petrificado si a la serpiente gigantesca esa le da por salir de su guarida. Además, han pasado horas y no hemos visto a nadie. Estoy empezando a preocuparme.

- Tienes razón. Yo también estoy empezando a preocuparme.- Musité intranquila. ¿Por qué aún no nos habíamos encontrado con nadie? - Creo que lo mejor es que encontremos un sitio seguro donde pasar la noche.

- Sé un sitio bastante cerca con unos cuantos sofás, sígueme.

Nada más llegar al lugar que Ginny mencionó, y tras realizar algunos hechizos protectores nos tendimos en los sofás y antes de poder pronunciar "Hogwarts" caí en un sueño profundo pero inquieto en el que un joven Malfoy me repetía una y otra vez que debía morir.


¡Hola somos Lili y Neims! :)

Hemos vuelto después de un break en el que ¡han sucedido cosas maravillosas! ¡Lili está viviendo ahora en Barcelona! Y la experiencia de vivir en el mismo lugar es genial... Si no fuera por que apenas coincidimos. Salvo algunos momentos, particularmente por las noches, en los que podemos encontrar ratos libres, que últimamente, están destinados a escribir.

¿Qué tal las cosas por Alea Aurea? Un poco... Tensas ¿no? Las cabezas están pensantes, y algunos pueden empezar a notar ciertas... "cosas".

¿Preparados para las fiesta navideña de Alea Aurea? ¡Haremos lo posible por actualizar durante este periodo vacacional! ^_^

Los reviews nos hacen feliz y, en general, nos hacen actualizar antes *guiño-guiño*

Un beso enorme croquetoso