La cámara de los secretos.
Caminamos varias horas sin encontrarnos a nadie que fuera de nuestro presente. Algo poco normal pues nunca habíamos estado ni tanto tiempo separados ni tanto tiempo en una misma visión. Alea Aurea nos traería de vuelta, ¿verdad? No nos podría dejar en la eternidad en un plano paralelo, ¿verdad?
La tarde pasó sin más complicaciones que las de Theo maldiciendo Alea Aurea; Lovegood maravillandose de todo lo que pasaba a nuestra alrededor y de mí girando la cabeza al ver cualquier melena castaña rizada a lo que yo me preguntaba, ¿cuántas chicas había con el pelo igual?
- Necesito sentarme un rato.- Murmuró Lovegood apoyándose en una pared cercana.- Ojalá vinieran los "guris" a reponerme los pies.
Abrí la boca para replicar con un comentario mordaz a la Ravenclaw pero Theo me pisó el pie para hacerme callar. Mi mirada de odio pareció no importarle y se unió a la chica en el suelo. No solo no habíamos encontrado a nadie, ni habíamos comido desde el desayuno y tenía tanta hambre que me podría comer un hipogrifo; ni había estado aguantando las tonterías de Lovegood toda la tarde sino que además recibía un pisotón. Perfecto.
- Es muy raro todo lo que está pasando.- Theo se restregó los ojos frustrado.- No hemos visto a nadie de los nuestros desde que nos aparecimos en la sala de Slytherin y llevamos mucho más tiempo del que hemos pasado en cualquiera de las visiones.
- ¿Y no os habéis fijado que en esta visión la gente es como si realmente ni nos sintiera ni nos viera? - Me senté asintiendo a la pregunta de Lovegood. Pensaba que eran sólo imaginaciones mías.
- ¿De quién pensáis que es la visión esta vez?
Me encogí de hombros no sabiendo contestar a esa pregunta. Noté a los dos que me miraban fijamente haciéndome entender que ellos creían que era mi visión en la que estábamos. Negué rotundamente. Era cierto que habíamos aparecido en la sala común de Slytherin en la que sólo estaba yo como denominador común entre el presente y el pasado y que era lógico pensar de esa manera; pero no, sentía que mi visión tenía que ser otra de mucha más importancia que una conversación entre niños de doce años.
- Pero, ¿de quién más podría ser? - Preguntó Theo curioso.- No había nadie más aparte de tí en la sala y si por algún casual en aquel momento mi yo del pasado se encontraba en alguna habitación, no podría ser mía.
- ¿Y si la sala se ha equivocado? ¿Y si alguien puede tener dos visiones?- Pregunté a la desesperada, no quería hacer caso a las señales que me indicaban que no podía ser otro más que yo.- Siento que no es mi visión, que no es demasiado…
- Oscura.- Finalizó Theo por mí.
Asentí apoyando la cabeza en la pared. No podía ser mi visión. Pero, ¿de quién era entonces?
Pasaron varios minutos en los que sólo se oía el crepitar de las antorchas que alumbraba el pasillo. La noche nos envolvió rápidamente y antes de que me diera cuenta nos habíamos quedado a solas en el pasillo, ya no había ningún alumno corriendo o riendo de un lado para otro.
- Huelo al estofado de mi padre.- Murmuró adormilada Lovegood acomodándose en el hombro de mi amigo. - No dejes que se lo coman los "miris".
- No les dejaré.- Theo le acarició el pelo con los ojos cerrados y se apoyó lo mejor que pudo en la pared.
Cerré los ojos y me acomodé lo mejor que podía en la pared dura. Ya era la segunda vez que por culpa de Alea Aurea dormía en el suelo y me reí amargamente al pensar que habría muchas más situaciones como esas. Y antes de que cayera dormido, la imagen de Granger siendo atacada por un basilisco colmó de pesadillas mi descanso.
Me desperté sobresaltado no sabiendo muy bien dónde me encontraba. El cuerpo me dolía horrores y no entendía porque aún vestía con la ropa anterior cuando entonces me acordé de la visión en la sala común de Slytherin y de que había pasado la noche en el suelo, lo que Alea Aurea llamaría un día normal.
A mi lado Theo y Lovegood dormían plácidamente como si no se encontraran tumbados en el suelo duro de piedra. El brazo de mi amigo cubría a la chica como si pretendiera darla calor, un gesto demasiado estúpido a mi parecer porque hacía un frío de narices. Alea Aurea podría al menos venir con chimenea incorporada, tenía el cuerpo tan helado que sino fuera porque sé que mi piel era demasiado blanca pensaría que estaba muerto.
Me levanté a duras penas debido a lo dolorido que tenía el cuerpo y en el fondo me alegré que ellos no estuvieran despiertos y me hubieran visto levantarme como un viejo en sus últimos días, mi orgullo pertenecería intacto.
- Theo, Lovegood.- Exclamé fuerte cerca de ellos. Me enfadaba que ellos estuvieron tan cómodos cuando yo no podía mover ni el brazo de lo engarrotado que lo tenía.
Ya estaba amaneciendo y era mejor que nos pusiéramos en marcha cuanto antes, no es que tuviera muchas ganas, pero era preferible a estar sentados en el jodido suelo. Pero el único movimiento por parte de ellos fue que Theo se acercó más, si era posible, a la Ravenclaw. Quería vomitar. Me acerqué a Theo y le cogí por los hombros zarandeandole, se iba a despertar por las buenas o por las malas.
- ¡Theo, despierta!
- ¡¿Qué pasa?! - Gritó asustado sacando la varita y apuntando al pasillo. Lovegood ni se había inmutado.- ¿Dónde estamos?
- En el puñetero suelo de la jodida visión de Alea Aurea.
- No tenemos buen despertar, ¿verdad?- Preguntó Theo con sorna mientras se desperezaba con dificultad.
- Claro, es que me encanta dormir en el suelo y con un frío de cojones.- Critiqué.- Creo que le diré al chiflado de Dumbledore que haga que todos durmamos así; oh espera, ¡ya lo hace permitiéndonos estar en esa estúpida sala!
- A mi tampoco me agrada la idea.- Comentó sin su tono risueño de antes.- Pero no hace falta ser tan borde.
- Seré todo lo borde que me dé la gana. Y despierta a Lunat... - Theo me fulminó con la mirada antes de que tuviera tiempo a terminar la frase.- A Lovegood.
Me alejé dos pasos de ellos mientras me intentaba colocar el pelo y la túnica de manera decente. Que ganas tenía de que se acabara esa estúpida visión. Lovegood tardó más de lo que tarda una persona normal en despertarse y después de varios minutos y chorradas varias por parte de ella, nos pusimos en marcha en intentar buscar a todo el mundo.
Durante una hora intenté controlarme lo más que pude y procuré ignorar todos los comentarios hirientes que se me ocurrían por respeto a Theo y su recuperada amistad. Pero tras un comentario más ácido de lo que pretendía ser, que se me escapó antes de que pudiera controlarlo, Theo decidió por mí y dijo que sería mejor que nos separaramos. Y aunque molestó el hecho de que me echaran, agradecí interiormente no estar más con ellos dos.
No había pasado más de media hora desde que nos habíamos separado pero mi humor seguía bastante irritable. Me encontraba en el pasillo cerca de la enfermería, aún el sol se situaba en lo alto del cielo cuando ví a dos chicos que se acercaban hacia mí. Por instinto me quise esconder detrás de una columna pero nunca me dio tiempo a hacerlo. Algo extraño sucedió. Noté como una electricidad envolvía el ambiente y todos mis sentidos se avivaron. El sol empezó a ponerse y volver a salir rápidamente; los alumnos, que se estaban acercando hacia mí, comenzaron a andar deprisa y después muchos más lo siguieron, como si todo el mundo hubiera sido dado cuerda hacia adelante. La sensación no duró más de un minuto pero yo sentía que había recorrido mucho más de un día, ahora la noche cubría el castillo. ¿Seguiríamos en el mismo año? ¿A lo mejor habíamos vuelto a nuestro tiempo? Pero nunca antes había pasado de esa manera, siempre nos había dejado en Alea Aurea.
Entonces unas voces, que reconocí como la de los profesores, se escucharon al final del pasillo y sólo había una manera de saber en qué año me encontraba. Me acerqué sigiloso, temiendo que estuviera en mi año y me pillaran en mitad de la noche.
- Ha sucedido.- McGonagall se dirigía a varios profesores que se encontraban en bata.- Una alumna ha sido raptada por el monstruo. Se la ha llevado a la cámara.
Seguíamos en la época de la visión. Ese era la noche en el que la Weasley desaparecía. El profesor Flitwick dejó escapar un grito. La profesora Sprout se tapó la boca con las manos. Snape se pegó a la pared y preguntó:
- ¿Está ústed segura?
- El heredero de Slytherin.- Dijo la profesora McGonagall, que estaba pálida.- Ha dejado un nuevo mensaje, debajo del primero: "Sus huesos reposarán en la cámara por siempre."
Esa frase me inquietó. Sabía que estábamos en una visión y que no era tan probable que nos atacaran, pero yo había visto con mis propios ojos como Granger había recibido una maldición imperdonable y como se había quedado en un estado de duermevela permanente. ¿Significaba que la serpiente podía atacar de nuevo? ¿Qué alguién más podría salir herido? Y entonces la imagen de Granger siendo atacada por el basilisco ocupó todos mis pensamientos y antes de que pensara nada más, salí corriendo oyendo cómo la profesora McGonagall mencionaba que era la pequeña Weasley a quien el heredero de Slytherin había raptado.
Agradecí que el pasillo estuviera desierto, no me encontraba con ánimo de andar esquivando a la gente, necesitaba encontrar cuanto antes a todos los de Alea Aurea. Una sombra cruzó por delante mía y aunque no estuviera orgulloso de ello, me alegró encontrarme al Potter de nuestro tiempo. Él sabría donde encontrar a la gente.
- ¡Potter! - Grité su nombre. Este se paró buscando el origen de mi voz.
- Malfoy.- Pronunció cuando salí de las sombras.- ¿Tú también lo has notado? ¿Has notado cómo el mundo parece haber avanzado?
- Si, aunque seguimos en el mismo año, sólo que más adelante en el tiempo.
- ¿Cómo lo sabes?
- Porque acabo de escuchar a los profesores decir que el heredero de Slytherin se había llevado a una alumna.- Le miré a los ojos.- Como se habían llevado a Ginny Weasley.
Potter asintió con semblante serio. ¿Estaría pensando lo mismo que yo? ¿Qué la criatura podía volver a atacar? ¿Qué incluso el heredero podía llevarse a alguien de nuevo? No quería sonar demasiado ansioso, pero la imagen de Granger atacada por el basilisco fue suficiente para mandar a la mierda el decoro.
- ¿Crees que podrá atacar de nuevo a alguien de nuestro presente? ¿Crees que el heredero tendrá poder suficiente para llevarse a alguien más?- Abrió los ojos alarmado y eso me asustó más de lo que pensaba. Si Potter creía que el heredero podía hacer algo así de nuevo es que había una posibilidad de que eso ocurriera. Y Granger se volvió a instalar en mi cabeza dejándome aturdido.- ¿Crees que podría coger a alguien que no sea de sangre limpia?
Si esta pregunta le había sorprendido no mostró ninguna señal. Yo solo rogaba porque me dijera que estaba chalado y que era imposible que se llevara a alguien en esa visión para poder respirar a gusto.
- Sé una manera de averiguarlo. Sigueme.
No me dio tiempo a replicar cuando me vi corriendo junto a Potter por todos los pasillos de Hogwarts. Si alguien me hubiera dicho que estaría en algún momento de mi vida corriendo por "salvar" la vida de alguien junto al pelinegro, yo mismo hubiera firmado su permiso de entrada a San Mungo.
Nos paramos en una puerta que reconocí de inmediato como el baño de las chicas que no se utilizaba porque Myrtle la llorona siempre rondaba por ellos. No quise preguntar qué coño hacíamos allí porque quería saber la razón por la cual Potter me había traído hasta ese lugar. Llevándose un dedo a la boca pidiendo silencio, el Gryffindor abrió la puerta revelándome algo que me asustó y alivió a partes iguales.
Me desperté sobresaltada cuando algo me rozó la cara y me levanté de un salto empujando a Ginny al suelo sin querer. Saqué mi varita buscando cual había sido el origen con el corazón acelerado. Ginny se quejó dolorida desde el suelo y después de varios segundos en los que no encontré nada sospechoso caí en la cuenta que podía haber sido ella al moverse en sueños.
- Ginny, ¿estás bien? - Estiré una mano para ayudarla a levantarse. - Perdóname, creía que era otra cosa.
- Recuerdame que no duerma contigo nunca más.- Se sentó en el sofá de nuevo restregándose los ojos.- Prefiero despertarme de la manera tradicional. ¿Cuántas horas llevamos aquí?
- No estoy muy segura.- Miré hacia la ventana desde donde se podía ver que el sol ya había salido - Pero yo creo que ya debe haber movimiento en el colegio.
- Pues deberíamos salir cuanto antes. Alea Aurea esta vez sí que está jugando bien con nosotros.
Salimos al pasillo que ya se encontraba lleno de estudiantes que se dirigían felices a sus clases. Como hicimos el día anterior, nos posicionamos lo más cerca de la pared para no ser notados por ninguno de ellos ¿Por qué no habíamos encontrado a nadie más de Alea Aurea desde hacía muchas horas? Además era la primera vez que la sala nos hacía pasar la noche o al menos pasar muchas más horas de las que se debería de una visión aunque, ¿cuál era el tiempo estimado? No había un cronómetro que nos indicaba cuando debían de parar. Pero, ¿y si la visión ya había ocurrido por qué aún teníamos que estar aquí? Era más que claro que esta nueva visión pertenecía a Malfoy, le pertenecía a él y a su estupidez contra los sangre sucia. Ni Crabbe ni Goyle pertenecían a Alea Aurea. Aunque pensándolo bien en ese momento no eran ellos mismos, eran Harry y Ron con la poción multijugos. ¿Y si esta nueva visión pertenecía a Ron? Iba a contarle a Ginny este nuevo pensamiento cuando algo extraño ocurrió.
Noté una electricidad que envolvía el ambiente haciendo que todos mis sentidos se avivaran. Miré a Ginny por un segundo y vi por su expresión que ella sentía también lo mismo que yo. Desde el gran ventanal en frente nuestra observamos como el sol empezaba a salir y ponerse rápidamente, como si alguien hubiera pulsado el botón de acelerar en una película; los alumnos pasaron a nuestro lado mucho más deprisa de lo normal volviéndose casi un borrón. La sensación no duró ni un minuto pero sabía que sin ninguna duda había pasado más de un día; ahora la noche cubría el cielo de Hogwarts y el pasillo estaba desierto.
- ¿Qué acaba de pasar?- Preguntó Ginny un poco asustada. - ¡Esta sala nos va a volver a todos locos!
Al final del pasillo se oyeron unas voces que se acercaban y sin siquiera pensarlo cogí a Ginny por la mano para escondernos en una estatua cercana. Las voces resultaron ser fantasmas murmurando algo que no me gustó oír.
- Lo que temíamos ha ocurrido. La cámara de los secretos ha sido abierta. - Un ente masculino con uniforme militar comentaba al fantasma femenino que se encontraba a su lado. - Y ha cogido a la pequeña de los Weasley.
- Pobre chica.- Se apenó la dama abanicándose con un abanico traslúcido que no creo que generara ningún aire.- Espero que no pase lo mismo de la otra vez.
- Recemos para que no. - Comentó el primer fantasma colocándose una de sus medallas conmemorativas.- Vamos a comentarselo a Wilfred, ya sabes como es que quiere siempre enterarse de todo.
Y sin mediar más palabra atravesaron una de las paredes volviendo a dejar el pasillo solitario. Me aseguré que no hubiera nadie en el corredor y salí de detrás de la estatua. Cuando me di cuenta que Ginny no me seguía, volví en mis pasos. Esta se encontraba con los ojos cerados, parecía un tanto angustiada, me supuse que la mención de la Cámara de los Secretos había avivado todo lo ocurrido aquel día.
- Ginny.- Agarré su mano en un intento por calmarla.- ¿Estás bien?
Pero Ginny, nada más lejos de lo que había pensado, abrió sus ojos sorprendida murmurando un "estás tonta Ginny" que me dejó descolocada.
- ¡Tenemos que ir a la Cámara de los Secretos! - Me miró emocionada como si lo que me hubiera planteado había sido ir a hacer una excursión a Hogsmeade. - La sala nos ha traído aquí porque es mi visión, estoy segura. Y quiere que averigüemos lo que pasó aquél día. - Asintió sonriendo.- Y sé lo que tenemos que hacer.
Sin darme tiempo a reaccionar o a responder, la pelirroja salió corriendo hacia el final del pasillo rumbo hacia donde solo ella sabía. Y al grito de "Ginny, espera" me apresure a perseguirla, maldiciendo el impulso de la Weasley.
No pasaron más de diez minutos cuando se paró en una puerta grande en el primer piso y se disponía a abrirla cuando llegué a ella y cerré la puerta violentamente dándome igual si nos podían escuchar.
- ¡No Ginny! ¡No vas a bajar a la Cámara de los Secretos!
- Hermione, no lo entiendes. - Ginny me miraba con ojos suplicantes.- Necesitamos bajar y ver lo ocurrido, Alea Aurea es lo que quiere.
- ¡Me da igual lo que quiera Alea Aurea! - Me apoyé más en la puerta.- Es peligroso y no vamos a bajar.
- Hermione…
- No Ginny, hay un basilisco suelto ahora mismo por el castillo.- Noté que sus ojos se agrandaban al mencionar a la gran serpiente.- Y aún no estamos seguros de cómo las visiones actúan. ¡¿Y tú quieres bajar a su guarida?!
Ginny se relajó y me alegré de que pudiera hacerla entrar en razón.
- Tenemos que buscar a los demás.- Me alejé de la puerta y empujé a Ginny suavemente por la espalda. - Es lo más sensato de hacer.
- Pero es mi visión Hermione.- Se soltó de mi agarre dirigiéndose de nuevo a la puerta, me había engañado para que creyera que la había convencido.- Y yo decido lo que hacer con ella.
Y antes de que me diera cuenta ya estaba dentro del baño. Despotrique contra la actitud pasional y orgullosa de Ginny y me metí en el baño intentando hacer que desistiera una vez más.
Me la encontré arrodillada en frente de los lavabos mirando algo detrás de todos ellos. Sabía que estaba buscando el dibujo en forma de serpiente que abría la entrada a la cámara. Los chicos me lo explicaron todo aquel año y también recuerdo que Harry tuvo que hablar parsel para poder hacer que el portal se revelera.
- ¿Y cómo se supone que vas a entrar? - Me crucé de brazos mientras ella seguía en su búsqueda.- Por si no lo sabías, Harry tuvo que hablar parsel.
- No creo que sea tan difícil.- Movió una mano restándole importancia al asunto.- Sólo es hablar con muchas eses largas.
- Ginny.- La regañé de nuevo.- No seas…
- ¡Lo encontré!
En ese momento la puerta del baño se volvió a abrir y temí que fuera alguien del pasado. Iba a indicarle a la pelirroja que se escondiera cuando me encontré de sopetón con Harry. Por un momento pensé que era el Harry del pasado que venía a abrir el portal pero cuando le vi aparecer con Malfoy, la persona a la que menos quería ver en ese momento, no me cupo duda que eran los de Alea Aurea.
- ¡Harry! - Le abracé con fuerza.- ¿Dónde habéis estado? Os hemos estado buscando desde que salimos de la sala común.
- Ron y yo también estuvimos buscándoos.- Saludó a Ginny con otro abrazo y noté como la pelirroja se sonrojaba por el arrebato del chico.- Pero hasta ahora que no me he encontrado con Malfoy, no había visto a nadie más.
El Slytherin nos saludó con la cabeza y miró para otro lado colocando las manos en los bolsillos en la actitud tan pasota que le caracterizaba. Si tanto disgusto le ocasionaba estar ahí, que se fuera, nadie le había invitado. Yo desde luego no lo quería a mi lado ahora mismo y lo que menos quería era su chuleria y su "soy mejor que tú, Granger"
- Harry.- Ignoré al rubio y me concentré en el problema que ahora tenía entre manos.- Dile a Ginny que no es sensato bajar a la Cámara de los Secretos, llevo un rato intentando convencerla y no me hace caso.
- De hecho.- Respondió el pelinegro mirando a Ginny y sonriendo cómplice.- Creo que es lo que debemos hacer y por eso he venido también hacía aquí.
Oí una carcajada contenida por parte de Malfoy y me armé de todo mi valor para no girarme y lanzarle un "bombarda". "No le des el enfrentamiento que él quiere" me repetí mentalmente. Miré a mis dos amigos sin poderme creerme que fueran tan irresponsables para meterse en la boca del lobo.
- ¡Hay un basilisco fuera! - Grité más de lo que quería.- Y puede que sí pueda atacarnos, ¡no lo sabemos!
- Pero Alea Aurea nos ha traído en este momento por alguna razón. - Replicó de nuevo la pelirroja a lo que Harry asintió.- Y además es mi visión.
- Yo no creo que sea tu visión.- Por el rabillo del ojo me di cuenta que el Slytherin me miraba.- Creo que es la visión de Ron. - La cara de extrañeza de Malfoy era todo un poema y estuve a punto de soltar una carcajada.
- La de la sala común de Slytherin, yo también lo creo.- Admitió Harry.- Pero ahora estamos en otra, por eso el tiempo se ha movido.
- Y es la mía.- Repitió ahora más convencida.- Y quiero saber lo que pasó cuando estaba inconsciente.
Miré a Ginny fijamente y aunque supe las razones por las que quería bajar, en su caso he de reconocer que habría hecho lo mismo; aún seguía pensando que estaban locos. Alcé las manos desesperada murmurando un "haced lo que queráis" y me alejé al otro lado del baño dejando que Harry se pusiera manos a la obra.
No pasó más de un minuto, cuando después de unos susurros en parsel, abrió el portal que llevaba a la cámara de los secretos. Sin más preámbulos, los dos Gryffindor se lanzaron al negro vacío oyéndose como sus gritos desaparecían.
El baño quedó solitario a excepción del Slytherin y yo. Parecía que siempre se acababa resumiendo en él y yo. No iba a dejar que fuera así. Sabía que era una locura bajar, pero era mucho más peligroso dejar a mis amigos solos enfrentarse a ello. Y sin vacilar me dirigí a la entrada en el suelo de detrás de los lavabos.
- ¿Vas a bajar? - Malfoy preguntó con un deje de sorna que hizo crispar más mis nervios.
- ¿Acaso te importa lo que me pase? - Respondí sin ni siquiera mirarle.- Creo que yo lo has dejado bastante claro antes.
Noté por el rabillo del ojo como se tensaba ante mi comentario y su actitud de pasota se relajó.
- Lo que pasó…
- ¿Qué? ¿Ahora estás preocupado porque tu reputación se tambalee? - Sabía que mi actitud no era la correcta y que no debería de contestarle de la misma manera que él lo había hecho, pero estaba dolida y aunque no quisiera reconocerlo, un poco asustada. - Tranquilo, todo el mundo sabe lo que esperar de ti.
Delante de mí se encontraba un Malfoy dolido como nunca le había visto y aunque tuve un impulso de pedirle perdón, su actitud cambió a una desafiante en menos de dos segundos.
- Haz lo que te dé la jodida gana como siempre haces. - Se acercó un poco más a donde estaba situada.- Porque te crees más lista que todos nosotros. Porque siempre te lo has creído.
Se hizo un extraño silencio solo roto por el goteo de alguna cisterna. No dejabamos de mirarnos desafiantes sin bajar la mirada cada uno metido en su propio orgullo. Pero la imagen de mis amigos atacados por el basilisco fue suficiente para que mi orgullo se fuera a paseo y sin pensarlo más me adentre en el agujero que me llevaría hasta la Cámara de los Secretos.
Era como tirarse por un tobogán interminable, viscoso y oscuro. Un jodido tobogán.
Granger se había tirado sin más contemplación, dejándome con la palabra en la boca, como hacía siempre. ¿En qué lío me había metido? Estaba adentrándome en la boca del lobo, o más bien, en el nido del basilisco. Aquel al cual mi padre había temido de la manera a la que se temen a las catastróficas premoniciones, el cual me habían advertido y protegido, y ahora yo tiraba todo por la borda por… ¿ganar una estúpida pelea? Definitivamente la sala estaba jugando con mi cabeza.
Caí a un suelo rugoso y crujiente y sin perder ni un segundo me adentré siguiendo una tenue luz. Posicionados un poco más adelante que yo estaban Potter, la Weasley y Granger, con cara de pocos amigos. Potter murmuró algo y la puerta que se encontraba ante ellos se abrió mediante un mecanismo de serpientes que solo hizo que erizarme más la piel. ¿De verdad esto estaba pasando? Me faltaba el aliento. ¿Podía ser más estúpida Granger? ¿O es que no se daba cuenta del peligro? De grandes zancadas recorrí la distancia que me quedaba con ellos y traspasé el umbral de la puerta antes de escuchar como el mecanismo hacía el ademán de cerrarse tras de mi.
Me hallaba en el extremo de una sala muy grande, apenas iluminada. El silencio solo era interrumpido por nuestros pasos inseguros. Nos encontramos situados al principio de un gran pasillo enmarcado por una docena de cabezas de serpientes que acababa en una monumental escultura de un rostro antiguo y barbudo. Al final del pasillo yacía un cuerpo que parecía sin vida. Mi mente entró en bucle.
Antes de poder abrir mi boca para preguntar qué estaba pasando, los mecanismos de la puerta volvieron a chirriar. ¿Quien iba a entrar ahora? ¿Nos habrían seguido?
- La puerta se abre. Tenemos que escondernos. Algo me dice que vamos a ver un retazo de mi pasado. - Murmuró Potter cogiendo la mano de la Weasley, que había quedado absorta mirando el cuerpo inerte del final del pasillo. - Vamos.
Una sombra translúcida apareció cerca del cuerpo inmóvil y reaccioné antes que mi mente. Granger, a la que se le había ido toda clase de expresión de enfado de la cara, yacía impasible. Potter había desaparecido llevándose a la Wesley consigo, el murmullo de sus pasos haciendo eco resonaba por algún lugar de la derecha de la sala. Sin nisiquiera pensarlo, agarré de la muñeca a Grander y la arrastré a lo que creía que serían las entrañas de la sala, un sin fin de cañerías a la izquierda del pasillo.
- ¿Se puede saber que estás haciendo? - Musitó granger apartando su brazo de mi agarre.
- Estábamos rodeados. Por quien quiera que sea. - Eche la vista alrededor, humedad, mal olor y más cañerías. Perfecta estancia.
Alguien había entrado a la sala a grandes zancadas, y había empezado a murmurar al cuerpo inerte. ¿Era Potter? Y quien era el otro estudiante… ¿que transmitía una luz un tanto difusa? No me estaba enterando de nada. ¿No se suponía que había un basilisco? ¿Lo veríamos venir? Me debatía entre la acción que pasaba a las afueras de la cañería en la que me encontraba, robando vistazos entre la cabeza de la gigantesca serpiente.
- ¿Es Weasley la niña de allí? ¿Quien es ese alumno? ¿Se puede saber qué está pasando? - Granger, que había estado mirando como se desarrollaba la acción por encima de mi hombro, me miraba con el ceño fruncido.
- Muy agudo Malfoy. Pensaba que tu familia tenía todo esto suficientemente bien planeado. ¿O es que papá no te contó sus planes? Ya sabes, el de "la gran criba de los sangre sucia." - Contestó con desdén haciendo unas grandes comillas en el aire.
- Muy bien rata sabionda. - Agarré a Granger del hombro y la empujé contra la fría piedra de la cañería, acorralandola un poco. - Me estas empezando a cansar con tus comentarios hirientes.
- Oh, ¿entonces admites que ha dolido? - Levantó una ceja desafiante. - Bienvenido al mundo real niño de papá. -
¿Que estaba haciendo? ¿No veía que estábamos en un marrón?
Un estruendoso sonido inundó la sala. Un temblor. Algo se deslizaba, algo pesado. Cerré los ojos sabiendo la que se me venía encima. ¿Había alguna clase de protocolo para estos casos? ¿Algo que Potter hacia todas las veces para salir airoso de las situaciones?
- Mierda. - Murmuré.
- ¿Fawkes? - Preguntó Granger en voz alta, girando su cabeza para poder observar la escena.
- ¿Qué? - No me estaba enterando de nada.
- Es el fénix de Dumbledore.
- ¿El viejo ha enviado un fénix a Potter? ¿Qué espera que haga? - Cada vez todo se volvía más surrealista. ¿Como había sobrevivido el Gryffindor a todo aquello?
- ¡Le está atacando a los ojos! - La sombra de una sonrisa esperanzadora apareció por el rostro de Granger. Y fue entonces cuando me di cuenta que seguíamos en la misma posición. Pegados contra la pared. Una de mis manos anclaba el brazo de Granger, que tan solo giraba el cuello para observar la acción. Demasiado pegados, tanto que mi mente empezaba a divagar con cosas poco resolutivas.
- Has cegado a mi basilisco… pero aún puede oírte. - Una voz profunda y siniestra resonó por toda la cámara. El basilisco se quejaba entre gritos agudos, moviendo la cabeza furiosamente.
Parecía que la bestia se movía por instinto, pero realmente lo que hacía era mover la cabeza conforme el sonido. Ahora sí que estábamos jodidos. Despiadadamente, se deslizó corriendo por todo el pasillo, y de repente, no había rastro de la bestia.
- Muévete. - Susurré estrujando el brazo de Granger. Mis instintos estaban alerta, no podíamos quedarnos esperando una muerte casi segura allí en una esquina de una cañería.
Pasos, era todo lo que escuchaba. Estábamos siendo muy ruidosos. Siendo positivos, si el animal legendario tuviera, aunque fuera, la mitad de audición que un humano, nos podría detectar con un poco de esfuerzo. Pero dudaba que estuviera sordo, a parte de ciego, y era más que evidente que los charcos y los riachuelos de agua que corrían entre los laberintos que formaban las cañerías era imposible ser sigiloso.
- Quédate quieta. - Me detuve. - Si nos seguimos moviendo solo haremos que delatarnos. Hay… mucha agua.
Me miró, miró a su alrededor y después observó los grandes charcos de agua. No me había detenido a observar el hecho de que estábamos completamente demacrados. Tanto ella como yo. El agua caía por todos lados. Tenía el pelo mojado, la ropa ajada y mis zapatos y mis pantalones eran una mezcla furiosa de agua estancada y barro. Mi hilo de pensamientos se vio interrumpido por un sonido de zancadas en el pasadizo contiguo, y seguido, un temblor en el suelo. Teníamos al basilisco pisandonos los talones. Y algo me decía que el que corría desesperado era el pequeño Potter, tratando salvar el pellejo de alguna manera u otra.
Tiré de la muñeca de Granger una vez más, arrastrandola conmigo. La adrenalina me palpitaba en las sienes. ¿Qué hacer? Un sonido hueco hizo eco tras mis pies. Una piedra. Arrojada con fuerza.
Silencio absoluto.
En mi cabeza, el rompecabezas se desplegaba casi mecánicamente. El basilisco estaba detrás nuestro, correr sería una sentencia de muerte.
Un tirón impaciente. Granger me guiaba por la cañería contigua, señalándome con la cabeza el pequeño pasillo en el que se bifurcaba. Más que pasillo, era como una especie de vía sin salida, estrecha y sofocante, lo único que había al final era una mugrienta rejilla por la que caía el agua. Arrojado por Granger, nos adelantamos por la vía hasta que su espalda tocó la rendija. Como si se diera cuenta entonces de que nos la estábamos jugando a una sola carta, se tapó con ambas manos la boca y la nariz, entrecortando el sonido que hacía su fuerte respiración.
Estaba cerca, podía escuchar como se deslizaba.
Di un paso hacia delante. Granger se hundió más en la rendija. Volvíamos a la misma posición. Yo delante de ella y ella apretada contra una pared.
Una respiración profunda sonaba tras de mi. El basilisco estaba cerca. Los pelos de la nuca se me pusieron de punta. Di un paso hacia delante, alargando una mano, sosteniéndome firmemente en la rendija. Ahora podía notar el hedor de la boca del basilisco inundando el espacio. Algo azul brillaba con fuerza entre ambos. Azul intenso… La profecía había escogido el peor momento para brillar, haciéndose evidente con su color característico. Alargué la otra mano, aferrando la rendija con más fuerza que la anterior. Ahora Granger se encontraba enjaulada. Hundí mi frente en su hombro y esperé lo peor.
El pestilente olor solo se hizo más presente. Me concentré en la luz azul que nos rodeaba, en retener el aire en mis pulmones, en sostenerme con fuerza a la rendija, en todos los puntos en los que mi cuerpo rozaba al de Granger. El basilisco expulsó aire por sus fosas nasales con un fuerte sonido. Estaba cerca. La tentación de mirar era demasiado grande. A lo lejos, un sonido metálico chirrió. El basilisco soltó un gruñido por encima de nuestras cabezas, y como si nunca hubiera estado verdaderamente allí, salió corriendo en dirección del chirrido.
Pasaron unos segundos en los que no me atrevía a mover la cabeza. Mi cuerpo se había quedado estancado. ¿Sería posible? ¿Nos habríamos librado? ¿Saldría de esta con vida? Hasta que una mano me tocó suavemente el hombro y me empujó hacia un lado. Levanté mi cabeza del hombro de Granger y nuestras frentes casi tocaron. Otra vez me encontraba inmóvil. ¿Que había pasado? La luz azul era persistente y teñía todo con su color. Ahora que el Basilisco no estaba, otra clase de olor me embriagaba. Granger.
Como si supiera que clase de pensamientos pasaban por mi cabeza, se adelantó y me apartó sutilmente. Miró a ambos lados del pasillo y giró la cara para indicarme que teníamos vía libre. Todo había sido una pesadilla.
Andamos sin prácticamente mirarnos y sin abrir la boca. Tampoco es que tuviera nada que decir. Todo estaba pasando rapido y ni siquiera yo entendía por que la situación me provocaba sensaciones extrañas en el pecho. Cruzar cañerías era tedioso, por no decir que aquello era un verdadero laberinto. ¿Estábamos cada vez adentrándonos más a la boca del lobo? Cada vez había más cantidad de agua y más sedimentos, si en un principio todo era charcos y piedras pequeñas, ahora andar era difícil, el agua nos llegaba por las espinillas y era prácticamente imposible ser sigiloso. Teníamos que encontrar una salida, y pronto. Mis pies pesaban por la cantidad de agua arrastrada y por el barro que se acumulaba en forma de sedimento. El olor era insufrible. El frío que empezaba a sentir era el que acompañaba a la humedad. ¿Donde estarían Potter y la Weasley? ¿Sería mejor seguir adentrándonos o por el contrario, desandar lo andado? Aunque de todas formas, no sabía ni siquiera por donde habíamos venido.
Mi pie dio con algo, algo denso y viscoso, algo grande. Me detuve de repente. ¿Qué era aquello? Con la poca luz que irradiaba la profecía, y el escaso límite de racionamiento que me quedaba ante tal descarga de adrenalina, me quedé mirando lo que se encontraba enfrente.
- Parece… piel. - Susurró Granger, apartando un trozo. - Es imposible que pasemos por aquí.
En efecto, nos encontrábamos en una cañería sin salida, o más bien, obstruida por la gran cantidad de piel mudada. Piel del basilisco. En grandes cantidades. Lo que la profecía llegaba a iluminar con su luz azul solo nos mostraba parte del despojo, pero sería imposible avanzar más allá. Restos de piedras que habían caído de la propia cañería obstruian el pasillo.
Cambiamos de trayectoria y pronto nos encontramos en el mismo pasillo del que habíamos salido. Un laberinto sin fin. No encontrábamos la salida. Granger miraba a ambos lados de cada corredor, como queriendo encontrar sentido a las paredes de piedra o alguna clase de indicación para volver a la cañería principal. De momento, lo único que parecía indicar que avanzabamos hacia la posición inicial era la cantidad de agua que contenían los pasillos. Ahora nos encontrábamos en uno de los que solo tenía charcos, y nada de riachuelos imposibles. Andar era más ligero. Mis piernas empezaban a sentirse cansadas y estábamos irrevocablemente perdidos, dando vueltas y con un basilisco suelto. La situación no podía ir a peor.
O si.
Granger dio un traspié con uno de los hierros salientes de una de las cañerías. El hierro chirrió, quebrándose en la zona más vieja y oxidada, haciendo un sonido hueco al caer y rebotar sobre sí mismo, propagando el eco como un espía inevitable que revelaría nuestra posición inmediata. Nos miramos al acto y la cara de horror fue suficiente para darme cuenta que verdaderamente estábamos en problemas. Más problemas.
Seguí a Granger, que había empezado a correr pasillo arriba, como si supiéramos bien por dónde vendría la bestia. El sonido de deslizar se escuchaba rápido y envolvía toda la zona con su eco. Mis piernas no daban de sí. Tenía que seguir corriendo. Apenas había agua y la luz había incrementado. Giramos a la derecha. Volvimos a girar a la derecha. Me vi guiado por Granger. Y por un momento me sentí agradecido, correr era mecánico y no tenía que decidir qué dirección era la correcta. Como si Merlín hubiera escuchado nuestras plegarias, dimos con el pasillo inicial, coronado por cabezas de serpientes.
Antes de poder poner un pie en el exterior de la cañería, una sombra nos cubrió por completo. Granger quería salir a campo abierto, la puerta que nos habíamos encontrado era la que estaba más alejada de la entrada de la cámara de los secretos, cerca de donde yacía una Ginny Weasley muy pequeña. Granger retrocedió hacia atrás en un acto impulsivo, el basilisco venía directo a nosotros desde la abertura frente a nosotros, cruzando el pasillo central en un abrir y cerrar de ojos. Granger seguía estando delante de mí.
Entonces todo pasó muy rápido.
Mi cuerpo estaba completamente inmóvil, apreciando la grandiosidad de la bestia, que corría hacia nosotros.
Mis instintos de supervivencia me decian que tenia que dar media vuelta y volver por donde había venido.
Mis piernas cansadas querían una tregua.
Mi cabeza gritaba incesablemente, Granger, Granger, Granger.
Y en un acto inconsciente corrí en diagonal, hacia donde estaba ella, poniéndome delante y arrojándola hacia el suelo de piedra.
Aterrizamos sin golpe. El suelo estaba… ¿mullido? El olor había desaparecido. De hecho, olía bien. Olía familiar. Miré a mi alrededor, y aquello… era la habitación de Alea Aurea. Cerré los ojos fuertemente, suspirando largo y tendido. La pesadilla había acabado y estábamos vivos. Vivos. Algo debajo de mí se removió y me di cuenta. Había aterrizado encima de Granger.
Porque había hecho un estúpido placaje protector. Yo. Draco Malfoy. Me había puesto frente a ella, para… ¿salvarla de un basilisco? Cuando quise abrir la boca para dar mis excusas me encontré con sus ojos bien abiertos. Uno, dos, tres pestañeos, y el silencio seguía. ¿Que le iba a decir? Notaba todas y cada una de las partes en las que nuestros cuerpos estaban conectados sintiendo un cosquilleo placentero recorriendome el cuerpo. No sabía qué era lo que estaba pasando pero, sabiendo que no era la posición más cómoda del mundo, no tenía prisa por moverme.
- ¡¿ESO ERA UN BASILISCO?! - Alguien gritó desde la sala común.
Granger y yo nos sobresaltamos como si nos hubieran tirado un jarro de agua helada rompiendo aquel momento tan extraño. Me incorporé más rápido de lo que quería, incomodado ahora por la situación, y me arrastré haciendo distancia entre nosotros. Ella se incorporó más lentamente moviéndose hacia el otro lado.
Mi mente y cuerpo era tal mejunje de emociones y preguntas que me era imposible mirarla a la cara, me sentía demasiado cohibido. Yo, cohibido. Por Granger. Definitivamente, ya no era el mismo Malfoy. Pero, ¿era algo malo? Volviendo la vista a la visión que acababamos de tener, las frases dichas por mi yo de doce años me parecían insulsas y sin ningún tipo de valor. Sólo repetía las mismas palabras que mi padre me había reiterado uno y otra vez. "Pureza de sangre" "Familias de alto rango" "Sangres sucias", "Asquerosos muggles" Año tras año me habían inculcado en todos esos valores que ya no entendía. ¿Significan algo para mí ahora mismo? Sabía cuál era la respuesta pero aún tenía miedo a emitirla. ¿Miedo a que realmente? ¿A lo que mi padre o mi tía pudieran pensar? Sinceramente lo que ellos pensaran me traía sin cuidado. ¿A lo que mi madre pudiera pensar? Conocía a mi madre bien para saber que se alegraría por mí, que es lo que ella quería en su hijo, y no los pensamientos retrógrados de su marido y hermana. Entonces, ¿a qué le tenía miedo?
- ¡Los que faltáis, bajad ya!
Otro grito procedente de la sala, esta vez de parte de Potter, nos hizo saltar de nuevo. Nuestras miradas se cruzaron y el ambiente se cargó de esa sensación extraña que nos había envuelto antes. Me fijé en que varias veces Granger abría la boca, en un amago de hablar, pero nunca llegó a pronunciar sonido alguno. ¿Qué era lo que le costaba tanto decirme? ¿Qué no se atrevía a contarme? Como si hubiera desistido en su valentía a hablar, se levantó despacio mientras yo me quedaba sentado en el suelo. Tenía que decir algo, ¿pero el qué?
Granger se dirigía a paso lento hacia la salida, y mi agonía porque no se marchara se acentuó. Tenía que hablar de lo ocurrido, ¿verdad? Era el protocolo a seguir en estos casos, ¿cierto? Pero la valentía que momentos antes había sentido con el basilisco, se había esfumado tan rápido como una snitch dorada.
La Gryffindor abrió la puerta y estaba a punto de salir al pasillo cuando se paró mirándome de refilón.
- Gracias.-
Y antes de que tuviera tiempo de decir nada más, o de pensar ni siquiera lo que tenía que decir; Granger se alejó hacia la sala común dejándome una vez más con la palabra en la boca.
¡Hola de nuevo por aquí! Soy Lili :)
¡Nuevo capítulo! ¡Yay! Y siguen pasando muchas cositas nuevas entre nuestros queridos chicos. Esta visión nos ha gustado bastante porque Draco ya va preguntándose muchas cosas de las que antes creía que eran verdad, y nos encanta verle así jijiji. ¿Qué os ha parecido a vosotros?
¿Qué tal se os presentan las navidades? Nosotras estamos emocionadas porque vamos a vivir nuestras primeras navidades juntas y en vez de relajarnos vamos a coser más cosplays. Nos hemos adentrado a un nuevo proyecto gracias a una serie que nos tiene enamoradas, ¿alguien ha visto Yuri on Ice? ¡Levantad las manos! Y si no lo habéis visto os aconsejamos que no tardéis en verlo porque es una maravilla.
Un beso croquetoso y nos vemos en el siguiente capítulo ^_^
