Bueno aquí traigo el segundo cap que originalmente iba a ser parte del primero pero salia muy largo así que lo dividí en dos. Con esto acaba el prólogo y empieza la verdadera historia(?)

Como siempre ninguno de los personajes de Zelda me pertenecen excepto los Ocs

Adv: Hay algo de self-harm, pero creo que es irrelevante aunque igual lo pongo aquí.


El último año, Ordon había cambiado de poco a poco. Ahora en el pueblo habían muchas más personas, algunos se habían asentado ahí, otros tan solo estaban de paso.

Pero una sola cosa era cierta y es que todos habían ido por una sola razón: pedirle un deseo al héroe.

Zelda le explicó a Link que cuando la trifuerza esta unida es capaz de cumplir cualquier deseo. Por eso tenía que ser muy cuidadoso al utilizar aquel poder.

De alguna manera, poco a poco, más y más personas escucharon aquel rumor que había comenzado como el más sutil de los murmullos pero que ahora era más estruendoso que un grito.

Muchas personas venían desde muy lejos, sin importar las grandes distancias, para que sus deseos sean escuchados. Algunos tenían deseos nobles como salud, paz entre familias, una buena cosecha para alimentar a su pueblo, y Link no tenía problema en concedérselos. Pero otros eran más codiciosos y pedían riquezas o tierras, a estos tan solo los ignoraba. No debía abusar del poder de las diosas y mucho menos conceder deseos que llenaran de mal el corazón de las personas. Tampoco podía cumplir lo prohibido como regresar a las personas de la muerte. Y aunque muchos rogaban por la última, no podía porque sería una aberración en contra de los vivos.

A pesar de todo, Link intentaba llevar una vida normal en el pueblo. Su tiempo libre lo utilizaba para terminar de construir unos escalones en la entrada de su casa ya que una escalera de madera no era la mejor opción para su esposa que estaba a poco tiempo de dar a luz.

-¡La cena está lista!- llamó Ilia desde una de las ventanas.

Link, al verla, no pudo evitar sonreír. Ilia ahora tenía el cabello largo, recogido en una trenza. Una de sus manos sostenía su abultado vientre que era un poco más grande de lo normal. Muchas mujeres del pueblo aseguraban que la muchacha tendría más de un hijo. Esto inquietó un poco a la joven pareja, pero a medida que los meses pasaban, iban asimilando la idea.

-Enseguida voy- dijo dejando de lado las herramientas que estaba utilizando y limpiando un poco sus manos con un pedazo de tela que tenía al alcance.


En una mañana de otoño nacieron cuatro hermosos y saludables niños, lo que fue una gran sorpresa para la familia. Era difícil mantener la calma en casa pero Link no podía negar que era completamente feliz.

El enseñarles a caminar, comer solos o escuchar sus primeras palabras lo llenaban de gozo.

En una tarde, Link llevó a tres de sus hijos a recolectar bayas al bosque. Uno de sus pequeños no los acompañaba porque se había lastimado la rodilla hace poco, y a pesar de que no era nada grave, se había quedado agarrado a las ropas de su madre.

El hyliano procuraba no apartar la vista de sus hijos ya que sus pasos no eran seguros aun y no quería que se golpearan contra el suelo. La ligera brisa refrescante le alertó que estaba oscureciendo por lo que colocó las últimas bayas en su canasto y llamó a los menores para que ellos también guardarán su colecta.

En casa del héroe, Ilia se encontraba sentada frente al fogón con uno de sus hijos en el regazo. Estaba cocinando un estofado mientras con su mano libre acariciaba maternalmente la espalda del pequeño.

-Ya casi está. Solo falta que tu papá y tus hermanos vuelvan a casa- le dijo Ilia a su pequeño mientras este se acurrucaba contra ella -¿Tienes sueño?-

El niño simplemente negó con la cabeza.

-Entonces no te duermas, tienes que comer la cena- le regaño delicadamente. El menor al parecer le hizo caso omiso pues no se movió de su lugar.

Ilia iba a volver a regañarle cuando sintió un escalofrío en la espalda. Giró su cabeza hacia atrás para verificar que las ventanas estuvieran cerradas y para asegurarse que nadie más estuviera dentro de la sala mientras rodeaba con sus brazos a su hijo protectoramente. Después de recorrer con su mirada hasta el último rincón del lugar, volvió a concentrarse en la comida.

Con una cuchara de madera revolvía el caldo y se aseguraba que no se queme. Las llamas en el carbón ardían e Ilia las observó por un momento antes de fijarse que parecían inclinarse a diferentes direcciones.

"¿Pero que?" pensó antes de sentir al niño temblar.

-¿Qué sucede?- le preguntó sosteniéndolo de los hombros.

La mirada del niño la espantó.Parecía perdido, su rostro reflejaba miedo y pequeñas lagrimas se acumulaban en sus ojos. Esto se acentuaba con el hecho de que no paraba de temblar. La mayor, muy preocupada le iba a volver a preguntar que le sucedía. Pero al acercarse un poco, lo vio. En los ojos tan claros de su hijo se reflejaba una sombra. Mostraba la silueta de una persona con una capucha. Todos los músculos de la mujer se tensaron. Su respiración se alentó. Quería gritar, quería llorar pero no lo hizo. Abrazó a su niño antes de girar a ver al intruso.

-No por favor- susurró tan leve y tan rápido.


Al estar cerca de su casa, Link presintió que algo no estaba bien. Corrió hasta la puerta dejando a los niños atrás algo aturdidos sin saber que pasaba.

-¡Ilia!- la llamó esperando oír su voz. Pero no escuchó nada. Tomó el pomo de la puerta antes de abrirla. Todo estaría bien. La encontraría sentada junto a su hijo calmándolo porque era muy asustadizo.

Pero cuando entró a la casa, todo estaba mal. Sus ojos se abrieron tanto por el asombro mientras miraba devastado la escena. Su esposa en el suelo junto al menor que estaba en sus brazos. Ambos no se movían, no respiraban. Y la el charco rojo debajo de ellos reafirmaba su miedo.

Cayó de rodillas al suelo sin decir ni una palabra. La escena parecía tan irreal que la miraba con ojos vacíos, impotentes. Nada de eso era cierto, era un sueño. Sí, no era más que una cruel broma de las diosas. ¿Entonces porqué no desaparecía tras cerrar los ojos?

-¡NOOO!- gritó tan fuerte como sus pulmones le permitieron mientras golpeaba el suelo con sus puños y lágrimas amargas recorrían su rostro.

Se levantó rápidamente y corrió donde se encontraba su esposa. Se agachó y la tomó entre sus brazos. Pudo notar en su abdomen el corto mortal y su hijo, inerte también con un corte en el pecho.

No podía estar pasando, no podía permitirlo. Se juró protegerla y ahora la encontraba muerta entre sus manos. Su cuerpo aún estaba tibio y cálido, su olor suave a flores estaba impregnado en sus ropas. Su falta de pulso la delataba. Pensar que hace tan poco su corazón aún latía. Entonces lo deseó. Deseó con todas sus fuerzas que los regresaran a la vida. Que todo lo que estaba viendo no fuera más que una mentira. Sabía que el balance se rompería, que se volvería impuro, pero no le importó y acercó su mano a su niño para devolverle la vida que injustamente le habían arrebatado. Pero bastó con acercarse para qué un dolor atroz apareciera en su pecho. Comenzó a retorcerse en el suelo, era un dolor que quemaba su piel y oprimía su interior.

Pero aún así Link intentó nuevamente tocarlos, otra vez no pudo ya que el dolor se volvió más agudo. El hyliano solo pudo gritar en el suelo tan fuerte que seguramente lo habían escuchado en todo Ordon.

-¡Déjenme! ¡Déjenme hacerlo!- gritó entre lágrimas de dolor. Pero no por el que su cuerpo padecía sino por el dolor de perder a sus seres queridos.

El alcalde Bo fue el primero en llegar al lugar. La escena lo destruyó al ver a su querida hija en el suelo sin vida.


A Link lo habían llevado al manantial sagrado de Ordona, donde el espíritu de luz lo encadenó después que el héroe tratará de lastimar su piel afirmando que le quemaba.

-El balance se ha roto- dijo el espíritu preocupado. No creería que él era el héroe escogido por las diosas si no lo hubiera visto él mismo el día que derrotó al Rey Maligno.

Link estaba alzado del suelo por cadenas doradas, balbuceaba incoherencias de vez en cuando, la mayor parte del tiempo se encontraba en silencio llorando su pérdida. Rara vez intentaba luchar contra sus cadenas y cuando lo hacía no era más que unos segundos.

Ya habían pasado tres días desde lo ocurrido, pero el sabio espíritu decidió mantener su aprisionamiento puesto que unas manchas de color negro comenzaban a salir en el cuerpo del héroe. Y él podía reconocer bien que eran signos de mal que se estaba alojando en su corazón.

El hyliano por otro lado, no estaba consciente de los que pasaba alrededor. Sentía que flotaba en un oscuro vacío donde no podía dejar escuchar las voces de las diosas. Sus risas retorcidas hacían eco en su cabeza y sus susurros constantes se repetían diciendo las mismas palabras:

"Tendrás el valor de acabar con tus enemigos"

"Conocerás sus debilidades"

"Podrás destruirlos con mi fuerza"

Pero él no decía nada. Había comprendió que las diosas solo estaban jugando con él. Se estaban burlando de su dolor. Supo que no tenía sentido seguir con eso.

Con pesar abrió sus ojos y vio su situación.

-¡Ordona! Libérame- le exigió Link al espíritu. Sus ojos mostraban determinación que desafiaba al ser superior.

-No puedo liberarte, el mal crece en ti y con el poder de las diosas podrías destruir el mundo que se me encomendó proteger- la voz de Ordona era seria y firme en su decisión.

Link tan sólo hizo una mueca antes de suspirar y bajar la cabeza nuevamente.

-¡Ordona!- le llamó nuevamente -Libérame- le exigió.

-No puedo hacerl…- el espíritu no pudo continuar pues Link lo interrumpió.

- Din, Naryu y Farore te lo ordenan- le dijo y sus ojos brillaron con el poder dorado al igual que el símbolo de la trifuerza se mostraba con esplendor en su mano demostrando así que realmente era el escogido por las diosas.

Ordona no tuvo más remedio que obedecer la orden divina. Liberó al hombre temiendo lo peor.

Sin embargo, al caer al agua, Link no hizo más que beberla y lavar su cuerpo, sobre todo en los lugares donde las manchas negras estaban. Por lo que levemente fueron desapareciendo.


El alcalde se sorprendió al ver entrar a Link por la puerta. Al mirarlo pudo ver la agonía en su mirada, misma que él compartía. Mas su rostro estaba paralizado. No reflejaba emociones.

-Señor Bo, lo siento- le dijo frío, sin sentimientos algunos.

-Link, no tienes por qué - le respondió.

-No, sí tengo por qué. Es por mi culpa que Ilia ha muerto- dijo con voz amarga que reflejaba ligeramente el dolor que sentía- Es por culpa de esto- le dijo mostrándole su mano donde claramente se veía el símbolo de la trifuerza- se rió irónicamente mientras observaba su mano -Ni todo el poder del mundo pudo salvarla. Estoy seguro que si no tuviera esto, ella no habría muerto. Ni ella, ni mi hijo. Ambos estarían aún aquí, conmigo. Quienes hayan sido, estaban buscando este poder. Estoy seguro de ello. Es por eso que no puedo seguir con este deber.

-¡Link! Tu eres el único que puede llevar ese poder. Recuerda lo que dijo la Reina, la muerte de Ilia, aunque me duela porque soy su padre, no puede acabar contigo. ¡Tienes que velar por tus hijos!- le dijo indignado el mayor.

-Lo sé, y es por eso que lo digo. Bastó un ligero desbalance en mi corazón para que las diosas se corrompieran- le confesó a lo que el mayor solo pudo mostrar un rostro de asombro.

-Incluso me ofrecieron ayudarme a buscar venganza, pero eso es algo que no puedo hacer, no con este cargo. No puedo arriesgar el mundo, las diosas fácilmente pueden corromperse- guardó silencio por un momento- sólo los corazones puros pueden hacerse cargo de tal responsabilidad. Fue un error haber mantenido este poder unido-

-¿Y qué piensas hacer?- le preguntó Bo.

-¿Dónde están mis hijos?-


-Link no hagas esto, son muy pequeños para eso- le pidió el alcalde al darse cuenta de lo que iba a hacer.

-Son los únicos que pueden hacerlo. Además aún son pequeños y puros. Las diosas se calmaran con ellos-dijo mientras veía a sus tres hijos dormir ajenos a los problemas que él tenía.

Link se acercó a ellos y acarició sus frentes y sus rostros. Tomó la mano de sus hijos uno por uno y cada uno de ellos recibió una parte de la trifuerza. Fue tan sutil que ni siquiera mostraron signos de querer levantarse.

Después de eso Link y Bo, salieron del cuarto.

-No estarán seguros juntos aquí. La presencia de la trifuerza es fuerte- le dijo el hyliano.

-¿Dónde los piensas llevar?- le preguntó algo triste el mayor al saber que sus nietos no estarían más en el pueblo.

-Uno de ellos se quedará en Ordon. Estará a salvo siempre y cuando crezca como un niño normal- le dijo Link al alcalde - Cuida mucho de mi hijo por favor- le pidió.

-¿Y tú qué vas a hacer?- le preguntó el mayor.

-Hay algo allá afuera que no va a dejar a mi familia en paz. Ya mató a dos de ellos. Ahora yo iré a matarlo- dijo con una voz llena de odio.

-¡Link! ¿No sería mejor que te quedes con ellos?- le volvió a insistir el mayor.

-Jamás voy a estar tranquilo hasta que no le ponga fin a esto. No puedo cuidar de ellos así- le dijo antes de irse.

Iba a prepararse para salir, pero antes fue a la tumba de Ilia y su hijo que estaba encima de la última piedra del lago. Un lugar donde Ilia siempre le gustaba estar. Ahí leyó los nombres de Ilia y su hijo, grabados sobre una lápida. Lloró una vez más en aquel lugar de rodillas y se prometió nunca más hacerlo, al menos hasta vengar su muerte.

Con sus ropas verdes, Link se dirigió a la casa del señor Bo a ver a sus hijos. Iba en un caballo marrón un poco más oscuro que Epona. No llevó a su yegua porque está ahora tenía un potro que cuidar y él no tenía planeado volver pronto. Algunos de los moradores lo veían pasar pero nadie decía nada.

Cuando llegó a su destino Bo volvió a insistirle:

-Ellos te necesitan a su lado- le dijo.

-Iré a buscarlos cuando todo esto termine. Es algo que debo hacer por ellos y por mí- terminó.

Como era de noche, los dos niños que cargaba Bo estaban dormidos. Link los tomó y los recostó en una carreta que era tirada por el caballo que ahora montaba y salió del pueblo rumbo al castillo de Hyrule.


Faltando poco para que cayera la noche, Link llegó al castillo. Ahí Zelda se asombró de su inesperada llegada. Cuando la reina lo vio supo que un tragedia había ocurrido. No solo portaba el traje del Héroe del Tiempo sino que llevaba en sus brazos a dos de sus hijos. Y su rostro, su rostro mostraba que había pasado por un infierno.

La puso al tanto de los hechos sin detenerse en los detalles. Le encargó una importantísima misión, una que como él mismo dijo no se la daría a menos que tuviera plena confianza en ella, cuidar de uno de sus hijos. Inmediatamente Zelda preguntó qué pasaría con el otro niño que Link sostenía.

Él tan solo le pidió que le dejara usar el espejo del crepúsculo*. Quería que sus hijos estuvieran lo más lejos posible.

En el mundo del crepúsculo, todos se sorprendieron con la llegada de un ser del mundo de la luz. Midna llegó al lugar donde se encontraba Link rápidamente. Ahí Link le encargó la misma misión que le había pedido a Zelda y sin perder mucho tiempo regresó a Hyrule.


El héroe partió hace mucho tiempo, pero aún no ha regresado...


* Lo aclaro por si se preguntan como rayos esta de nuevo el espejo del crepúsculo y pues les dejo opciones libres, no es tan importante pero igual

1. Link pudo haber deseado que se reconstruyera el espejo.

2. Hay una teoría que leí. Resumida dice así: A la hora del crepúsculo se puede viajar entre los dos mundos.

3. Su propia idea xD, es que hay muchas posibilidades, hay algunas que dicen que habían dos espejos o recolectaron las mini particulas que dejo Midna etc.