Bueno aquí el tercer cap xD , salio laaargo pero no quería cortarlo, sentí que todo esto debía estar junto jaja

ok ahora los dejo leer ñ.ñ


-Gracias Adir, sin tu ayuda no habría acabado a tiempo- le dijo Colin al muchacho pelirrojo.

-No es nada Colin, además no me molesta ayudarte siempre y cuando me prestes tu espada- le contestó el chico con una sonrisa arrogante en el rostro.

-¡Eso no es ayuda!- le respondió el mayor mientras ambos reían.

Estaban cansados después de haber dedicado toda la tarde arando la tierra para plantar calabazas. Adir se encontraba apoyado en uno de los arados mientras el rubio recogía algunas cosas antes de irse. En eso vieron como Cami, una joven chica, un año mayor que pelirrojo, se acercaba. Era pequeña, de cabello rubio atado en dos coletas y traía en sus manos una pieza de tela perfectamente doblada.

-¡Adir! ¡Hermano!- llamó la chica a los dos mientras agitaba la mano en un gesto de saludo.

-¡Miren el vestido que mamá me ha hecho!- les mostró contenta la rubia.

-Le ha quedado genial a mamá- dijo Colin viendo el vestido que traía en las manos su hermana.

-La señora Uli cose muy bien- dijo Adir.

-¡Sí! Este lo voy a usar cuando vayamos al castillo. Estoy tan emocionada por ir. Tal vez y hasta pueda ver a la reina, dicen que ella es muy bella- decía la chica colocando sus manos sobre sus mejillas sonrojadas.

-Es cierto, es la primera vez que van al castillo, ¿no es así?- le dijo el mayor a los dos.

-Sí- respondieron ambos al unísono.

-¡Ah! Ahora recuerdo, mamá los llama a ambos. Quiere que se prueben lo que les está haciendo- les informó la chica.

-Lo había olvidado- dijo Colin apenado -Ni modo, andando Adir- el mayor le dio un ligero golpe en la espalda antes de comenzar el camino de regreso a casa.

En casa de Rusl, Colin ya había terminado de probarse su atuendo y ahora era Adir el que se encontraba sentado mientras Uli hacia unos arreglos a la camisa que llevaba puesta.

-Si que creces rápido, pensé que las medidas que te tome hace tres meses aun servirían- dijo la mujer haciendo su labor con destreza.

-Si sigue creciendo así ya no podrá entrar por la puerta- dijo entre risas Beth que acababa de llegar con una pequeña niña rubia de 4 años en sus brazos.

Colin fue a saludarles rápidamente y tomó a su hija entre sus brazos.

-¿Cómo estás Beth?- le preguntó la mayor.

-Muy bien, acabo de bañar a Lili- le dijo mientras miraba a su hija en brazos de su padre - Por cierto, ¿ya terminó todos sus trajes?

-Con este termino- dijo Uli.

-¡Beth, Beth, Beth!- llamó Cami a la joven -Mira el vestido que me hizo mamá -le mostró orgullosa su vestido.

-Esta muy hermoso Cami- le dijo Beth.

-Si este es así, imagina cómo será el que me haga cuando me case con Adir- dijo de lo más natural la chica.

Todos echaron a reír incluyendo Rusl que recién había llegado atraído por las voces que se escuchaban desde afuera.

-¡Seguro será el más vistoso!- dijo Colin.

-Y tendrá muchos colores- dijo Beth.

-Ni imaginar lo que le haga a Adir- dijo Rusl.

El muchacho no pudo evitar soltar un suspiro y bajar la cabeza ante la incómoda situación. Quería mucho a Cami, eran como hermanos y por eso mismo no podía imaginarse casado con ella. Uli, que había permanecido callada notó el sentir de muchacho y un poco molesta echó a todos los presentes de la sala.

-¡Ya paren de molestarlo! Además este lugar es muy pequeño, porque mejor no van a alistar sus cosas, ¿acaso no recuerdan que partimos mañana?- con eso todos salieron, sabían que no era sabio hacer enojar a la mujer.

-Perdónalos Adir- le dijo Uli algo apenada.

-No es nada, no se preocupe- le respondió el muchacho, realmente le agrada estar junto a la mayor. Era lo más cercano que tenía de una madre y además lo comprendía bastante bien.

-Ya está, levántate para ver como quedo- le pidió la rubia. Al verlo, pudo confirmar que había crecido unos centímetros. Podía recordar cuando era solo un pequeño niño y ahora era prácticamente un hombre alto, fuerte y bien parecido. Tenía esos ojos verdes como los de su madre. "Como quisiera que pudieras verlo Ilia" pensó para sí misma Uli y sin notarlo su expresión cambió a una triste y melancólica.

-¿Está bien señora Uli?- preguntó el chico al notar su cambio de expresión.

-Sí, solo recordé cuando eras pequeño y aún me llamabas mamá- le dijo la mujer.

Adir se sonrojo un poco ante aquellos recuerdos, le daba pena cada que hablaban de aquello.

Antes de partir al palacio, el muchacho decidió hacer una visita. Se escabulló entre las estrechas paredes de las casas que se encontraban sobre el lago. Su abuelo decía que antes habían dos o tres, pero ahora habían muchas, casi cubrían en su totalidad el agua. Estaban sobre ella o se asentaban en la piedra que rodeaba todo el estanque. Casi al final subió por unas enredaderas que habían y trepó al techo de una de las casas. Luego siguió hasta llegar a una roca que salia del agua. No habían construido nada ahí, el lugar parecía casi sagrado. Agua rodeaba el montículo donde yacía una lápida con el nombre de su madre. Pocos rayos de luz se colaban entre las ramas de árboles que cubrían el lugar. Adir dejó unas flores que había recogido. Su abuelo le había dicho que su madre había muerto en un accidente. Siempre pensaba que todo sería diferente si no hubiera muerto.


-¿Nervioso?- le preguntó la Twil mientras posaba una de sus manos en el hombro del joven. Ambos se encontraba en un balcón contemplando los tonos cálidos del mundo del crepúsculo.

-Un poco, siento algo de angustia. Podría decir que solo estoy asustado- le respondió el muchacho. Tenía el pelo café claro, como sus ojos, largo y lacio recogido en una coleta alta. Su piel era blanca, casi pálida pues nunca era expuesta al sol, tan solo a la tenue luz de aquel mundo.

Midna acercó su mano a la mejilla del joven, removiendo de su camino los largos mechones que cubrían parte del lado izquierdo de su rostro, dejando expuesto así el sello que permitía que el hyliano permaneciera intacto. Las marcas con escrituras y símbolos antiguos de la magia Twili marcaban su ojo, parte de su frente y sus alrededores. Era el sello que le fue puesto el día que llegó.

-Por años pediste respuestas desesperadamente y ahora que estás por tenerlas, ¿te acobardas?-le preguntó la reina de una manera casi burlona.

-Escondiste la verdad por todo estos años, debe haber una razón para eso. Y no debe ser buena, o al menos, no creo que me agrade- dijo el menor.

-La verdad no es ni felicidad ni tristeza, es conocimiento- le dijo antes de continuar -conocimiento con el cual podrás dirigir tu vida hacía el camino que escojas. Y ese camino será tu felicidad. Tu formas tu propio destino, recuérdelo- la mayor se volteo y su mirada fue a parar a la gran fuente de agua donde debajo se encontraba un espejo. El hyliano la imitó y ambos observaron por largos segundos el portal.

-Te dije que cuando cruzaras esa puerta sabrías la verdad y voy a cumplir mi palabra-


En el palacio, se estaban terminando los últimos detalles previos a la gran celebración que se llevaría a cabo. Zelda caminaba inspeccionando los preparativos junto a los encargados del evento. Algunos de ellos consultaban sobre qué vino servir, que comida debían preparar para la noche y en que orden servirla y otros le informaban a la reina quienes habían confirmado su asistencia y quienes habían confirmado su ausencia también.

Ella los escuchaba a todos con total atención pues quería que todo saliera a la perfección. Solo faltaba un último detalle que verificar. Zelda siguió su recorrido por los grandes pasillos dirigiéndose a un solo lugar seguida por los organizadores que aún tenían asuntos que discutir con ella. Ella los atendía pacientemente hasta que llegaron al ala este del castillo.

Allí, al final del pasillo, frente a dos grandes puertas de madera, pudo ver a varios de los sirvientes discutiendo entre ellos. Parecían algo aterrados, molestos, confundidos y con algo de pánico en sus ojos.

Al observar la situación, la hyliana dejó de escuchar y responder a sus acompañantes para enfocar toda su atención en los criados. Todos se quedaron en absoluto silencio. Los que yacían frente a la puerta se percataron de la presencia de la reina que los miraba con seriedad y algo de enojo. Alzo una de sus cejas en señal de duda, con unos ojos que pedían una respuesta rápida.

Los sirvientes que habían permanecido quietos tragaron fuerte. Uno de ellos incluso sintió una gota de sudor recorrer sus frente.

-¿Lassel ya está listo?- preguntó la reina. Quería pensar que solo estaba imaginando cosas y que todo su recorrido seguiría perfecto. Sin ningún error.

-Su majestad- dijo el único mayordomo presente seguido de las muchachas. Todos hicieron una venia. Durante el tiempo que se inclinaron todos trataban de pensar una buena excusa para calmar a la hyliana pues sabían que su enojo sería inminente.

-¿Lo está o no?- la voz de la mujer tenía un tono de enfado.

- Vera ... nosotros - comenzó una de las sirvientas. Pero Zelda no pudo esperar más y se adelantó hacia la puerta abriéndola de golpe encontrando en la gran habitación a otra de las criadas en la ventana. La chica rápidamente se giró e hizo la venia al notar la presencia de la mujer seguida por un grupo de gente.

-¿Dónde está?- preguntó acercándose hacia donde se encontraba la joven encarándola.

La chica solo le señalo la ventana, la reina se acercó y pudo ver debajo un pequeño jardín de flores. Era perfecto y pulcro hasta que notó un sector de flores estaban aplastadas. Seguramente algo había caído ahí.

-Búsquenlo, no debe andar muy lejos de los jardines- dijo Zelda con algo de calma. Sí, Lassel probablemente estaba recorriendo los patios, y tal vez habría olvidado la hora y el día que era. Sí, no había de qué preocuparse.

-Su majestad, ya lo hemos buscado por todo el castillo- con eso la ira de Zelda regresó junto al mismo miedo que sentía cada vez que escuchaba eso.

-¡Entonces manden soldados a buscarlo! ¡¿Qué creen que hacen tratando de ocultármelo?!- la reina estaba roja, sabía que no debía actuar así con ellos ya que era otro el que causaba su furia. Pero aún así - ¡Son 7 y él 1, su deber es solo vigilarlo y asegurarse que no salga del palacio!

En eso llegó un soldado que traía un mensaje para la reina.

-Milady- empezó a hablar.

-¡¿Qué?!- le preguntó irritada la mujer. El hombre se quedó observándola pues nunca la había visto en ese estado. La reina siempre parecía una mujer tranquila, alguien quien permanecería en calma ante cualquier situación.

-Los sacerdotes la llaman, el portal se está abriendo- le dijo algo inseguro el soldado.

Zelda se percató de la situación y calmó su nervios mientras con una de sus manos se cubría la cara.

- Perdónenme, pase los límites, les pido mis más sinceras disculpas. Sólo búsquenlo y tráiganlo a salvo- dijo la mujer antes de salir a paso rápido de la gran habitación junto al soldado.


-¡Wow!- exclamó Cami al observar a la distancia el castillo - Es tan grande y bonito-

-Espera a que lo veas por dentro- dijo Rusl.

En poco tiempo su caravana entró a la ciudad. Estaba llena de tanta gente, cada quien ocupado en una tarea.

-Es genial venir a la capital ¿no lo crees?- le preguntó Colin a Adir. Ambos iban atrás de la carreta junto a Bo caminando. Había sido un largo viaje y necesitaban mover sus músculos entumecidos.

El menor sólo podía contemplar el paisaje. Era tal cual se lo habían descrito, ruidoso y lleno de personas. Humanos, zoras, gorons y otras razas que no conocía, todos estaban en el lugar para la gran celebración. Conmemoraban la creación de Hyrule, la fiesta la hacían después de verano para agradecer también las buenas cosechas.

Adir dirigía su atención especialmente a la tienda del herrero. Ahí habían armas de todo tipo, especialmente espadas. Grandes, pequeñas, pesadas o livianas, tenía una fascinación por ellas. Desde muy pequeño, Rusl le enseñó a usar la espada, decía que su padre era muy bueno en eso. Muy pocas veces hablaban de su padre. Tan pocas que podía contarlas con los dedos de una sola mano. Pero gracias a eso había descubierto su pasión. Desgraciadamente a su abuelo no le agradaba para nada la idea de usar espadas por lo que nunca dejó que tuviera una. Aun así practicaba de vez en cuando con los habitantes del pueblo hasta que se había vuelto el mejor.

A medida que se acercaban más al castillo se podía ver una revuelta de gente amontonada cerca de una pequeña tienda. Entre los gritos se podía distinguir "Inscríbanse en el torneo de Caballeros", también se escuchaban a personas apostando por sus combatientes preferidos.

El había escuchado antes de ese torneo. Aunque el nombre hacía referencia a caballeros, cualquiera que pudiera empuñar una espada podía participar. Aunque la mayoría de mejores competidores eran caballeros que habían ganada alguna vez ese torneo. Por eso se quedó con tal nombre.

Adir tenía tantas ganas de entrar ahí. Su vida usualmente era pacífica por lo que siempre buscaba un poco de emoción en batallas de espada.

Tal vez podría convencer a su abuelo.

- Abuelo- le llamó. El mayor se viro al verlo.

-¿Puedo..- le quería preguntar el menor pero fue interrumpido.

-No- fue la respuesta rápida del alcalde.

-Pero...- siguió intentando.

-No- la mirada que Bo le dio era seria. Era la misma que siempre ponía cuando Adir le pedía permiso para hacer algunas cosas. Sabía que diría "Es peligroso" o "No quiero que salgas herido".

Por lo que decidió no continuar con eso. Tan sólo paso ignorando a los apostadores y competidores que hacían demasiado ruido. De alguna manera burlándose de su suerte, pues él no podía participar. Uno incluso le dijo:

-¿Vas a estar en el torneo? Yo apostaría 500 rupias por ti-


En la capilla que había debajo del castillo, varios sacerdotes del palacio estaban reunidos. Zelda llegó corriendo al lugar justo en el momento en que los símbolos del portal hacia el crepúsculo se estaban formando.

De él salieron 4 figuras, una era la de la reina del mundo de las sombras, Midna seguida de un muchacho joven al que Zelda pudo reconocer inmediatamente como el hijo que Link había llevado al crepúsculo. Los otros dos parecían ser acompañantes de la soberana.

- Reina Midna del mundo de las sombras- le saludo Zelda cortésmente. Se alegraba de verla después de tantos años. A pesar de que escribían de manera frecuente, no se habían visto.

-Zelda, Reina del mundo de la luz- le saludo de igual manera Midna con una sonrisa en el rostro.

- Y este debe ser el príncipe Ruelli- afirmó Zelda mirando al joven a su lado.

-Milady- Ruelli se inclino ligeramente ante ella. Apenas sus pies habían tocado ese mundo pudo reconocer que los que estaban ahí se parecían a él. Y más cuando vio a la reina, sus orejas igual de puntiagudas a las de él. Comenzó a comprender varias cosas.

-Ah, venir a Hyrule me trae tantos recuerdos- dijo Midna mientras caminaba saliendo del salón con Zelda a su lado.

-¿Y dónde está nuestro otro príncipe?- preguntó la twili muy cerca del oído de la otra y con voz muy baja para que nadie más escuchara.

-También me gustaría saberlo- dijo Zelda algo abatida mientras los acompañaba a donde descansarían por los siguientes días.


Adir estaba saliendo de la posada donde se encontraban para dirigirse junto a los demás a los jardines del palacio donde se llevaría a cabo el torneo. Porque a pesar de no participar, ese era un evento del festival al que todos acudían e incluso la reina estaría ahí.

-¡Hey Adir!- escuchó que le llamaban.

Afuera de la posada estaban Malo y Colin. Los demás parecían haberse adelantado.

-Mira lo que te conseguí- le dijo el comerciante. En sus manos tenía un papel algo sucio y arrugado pero podía ver claramente que era una inscripción al torneo. ¡Y con su nombre!

Rápidamente se acercó a ellos y tomó el papel en sus manos.

-¿Pero cómo?- le preguntó mirándolos incrédulo.

-Logré ir a inscribirte sin que el viejo se diera cuenta. Rápido, debes apresurarte antes de que cierren las puertas- le dijo Malo.

-No puedo hacerlo, mi abuelo se enfadara si lo desobedezco- dijo resignado.

-No se enfadara si no te ve hacerlo- le dijo de manera segura el más pequeño de los dos.

-¿A qué te refieres?- le preguntó el pelirrojo.

-Pensamos en eso- le dijo Colin mostrándole un frasco con un líquido negro. Malo tenía en su mano una máscara que le colocó a Adir.

-Así el viejo Bo nunca se dará cuenta- Colin le echó el líquido sobre la cabeza haciendo que se volviera varios tonos más oscuro.

-En cuanto a la armadura, sólo pude conseguir esto en mi tienda. Creo que varios competidores vinieron sin una porque me dijo el gerente que se agotaron rápido- le lanzó una armadura de malla que tan sólo serviría para cubrirle el torso- No es mucho, así que ten cuidado, no queremos que mueras-

-Toma- le dijo Colin entregándole su espada envainada -Haz que Ordon quede en alto- rió después de decirlo.

-Gracias por esto- les dijo Adir.

-Bueno, rápido no hay tiempo que perder, corre - le dijo Malo al muchacho antes que este salga rumbo a su destino.

-No puedo creer que lo hayas ayudado, tu usualmente no ayudas a nadie- le dijo al rubio al otro.

-No te confundas, no lo estoy ayudando. Solo es una buena inversión- le dijo el menor.


-Rápido principito, no te quedes atrás- dijo una muchacha de pelo negro.

-Es sólo que me sorprende que no haya tanta gente en las calles el día de hoy- respondió el rubio.

-Es obvio que no hay gente. ¿No sabes acaso que hoy es el torneo de caballeros? Todos están en el palacio- respondió otro muchacho del grupo.

"¿Torneo? pero si siempre hay muchos de esos. ¡Ah! Cierto la celebración…"

-¡Lo olvidé!- dijo el Lassel antes de salir corriendo del lugar de regreso al palacio.

-¿Te vas?- escuchó cómo le preguntaron a lo lejos por lo que él respondió gritando:

-¡Sí! Olvide algo muy importante- dijo al mismo tiempo que se despedía de sus amigos con la mano y seguía corriendo por las angostas calles de la ciudadela.

No podía creer cómo había olvidado un evento tan importante. Su mamá se lo había recordado toda la semana, pero esa mañana había amanecido con un clima tan bello que no tuvo más remedio que salir del palacio. A él le gustaba salir a jugar con sus amigos, pero la reina siempre le decía que era peligroso para él salir del castillo. "Es un lugar peligroso para un príncipe" decía. Pero no entendía porqué ya que a diferencia de lo que siempre le contaba su mamá o los otros sirvientes, era un lugar muy agradable y divertido.

Era tanto su apuro que no pudo evitar cruzarse con un charco de lodo y resbalarse en el suelo. "¡Por las diosas!" pensó al verse todo sucio pero no perdió el tiempo y siguió corriendo.

Al trepar por los muros del castillo, pudo ver que la guardia real estaba por todos lados.

-¡Busquen al príncipe!- dijo el comandante. Sí que estaba en problemas.

Lassel se ocultó de cada uno de los guardias hasta llegar debajo de su habitación. Ahí subió por una enredadera que había en la pared. Cuando estaba cerca de agarrar el muro de su ventana sus dedos resbalaron por el lodo pero aun así siguió intentándolo.

Pudo escuchar un grito dentro de su habitación, seguramente su mano había asustado a Fesy. Una de sus cuidadores. La reconocía por el timbre de su voz.

-¡Fesy! ¡Fesy!- llamó a la chica.

-¿Príncipe?- la muchacha se acercó a la ventana y lo vio sostenido de la enredadera.

-Ayúdame- le pidió y la chica rápidamente le ayudó a subir.

-Prepara mi baño, no hay tiempo para explicaciones- le dijo antes de que la muchacha empezara con sus interrogatorios. Él la conocía bien.

Lassel comenzó a desvestirse rápidamente sacando su camisa primero junto a todos los broches al mismo tiempo que sacudía las piernas para que sus botas salieran.

-Su baño a estado listo hace horas su alteza- le respondió la chica ayudando a sacar su camiseta, que por el lodo estaba pegajosa.

-Perfecto-dijo antes de adentrarse a la otra sala donde había una piscina llena de agua.

Tomó el baño más rápido de su vida y se vistió de la misma forma también. Sin preocuparse por detalles.

Fesy le ayudaba a poner todos su broches y su capa mientras él secaba su pelo a medias. Porque apenas la muchacha terminó, él salió corriendo de la habitación aun con el pelo goteando.

-¡Príncipe!- todos los sirvientes que se encontraban afuera exclamaron.

El muchacho no se detuvo a saludarlos pues sabía que estaba tarde.

-¡Su alteza! ¡Su corona!- escuchó a Fesy gritar. Maldijo internamente y regresó por su indispensable artefacto. La tomó en sus manos y volvió a dirigirse al exterior del castillo, a la arena donde se realizaba el evento.

Era una especie de coliseo pero en lugar de haber sido construido hacía arriba, se encontraba debajo de la tierra. Solo la parte superior del lugar sobresalía, tan sólo uno metros de la gran estructura.

Al llegar a la puerta de la entrada para la realeza y otras nobles familias, el muchacho se detuvo a respirar.

-¡Su alteza!- dijo el guardia que se encontraba resguardando la entrada.

-Quieto- le ordenó el menor a lo que que el guardia obedeció algo extrañado por lo que le pidió el joven.

Lassel se acercó un poco más a él hasta que pudo ver su reflejo en su armadura. Gracias al viento de Farore, su pelo se había secado y lo peinó rápidamente antes de colocar su corona.

-Listo- dijo antes de entrar al lugar.

Entró a un pasillo donde habían varias puertas a los lados. El se dirigió a la última que se encontraba en el centro. Ese era el lugar reservado para la familia real.

Dentro de la sala estaba Zelda, un guardia y una muchacha sirviendo comida.

Zelda le lanzó una mirada llena de enojo al verlo entrar. Lassel se cohibió un poco pero avanzó hasta donde se encontraba la reina.

-¿Dónde has estado?- le preguntó la reina.

-Perdón, no me fijé en el tiempo- le dijo el chico.

La reina se levantó y lo tomó rápidamente de la mano. Sosteniéndola frente a su rostro para ver sus uñas que estaban sucias.

-¡¿Saliste del castillo?!- le preguntó casi indignada - sabes que no puedes hacerlo, afuera hay peligro-

-Estaba cansado de estar adentro, dame un respiro- le respondió el muchacho pues le molestaba cuando decían que la ciudadela era peligrosa. Él constantemente la frecuentaba y nunca le había sucedido algo.


El alcalde Bo estaba sentado en el balcón que gentilmente le había asignado la reina. Ahí se encontraban otros miembros de Ordon menos Adir, Malo y Talo. Colin le había dicho que su nieto había preferido quedarse en la posada. Lo cuál entendía porque estaba consciente de cuanto el muchacho quería participar en el torneo. Seguramente le dolería ver a otros participar mientras él estaba en las gradas. Malo y Talo en cambio se encontraban con los apostadores en uno de los pisos inferiores.

En ese momento Adir se encontraba secretamente peleando contra un guerrero zora en las semifinales. El ser acuático se encontraba exhausto y ya casi no podía seguir. Pero lanzó una de sus dagas hacia Adir que logró esquivarla por poco. Aunque rasgó su máscara haciendo que esta cayera al suelo. Al mismo tiempo le dejó un rasguño en el lado derecho del rostro.

Cami. que se encontraba emocionada viendo el torneo apoyada en el balcón, pudo reconocer rápidamente a su querido Adir.

-¡Oh! Es Adir. ¡Es Adir!- gritó la chica. Por lo que todos miraron la arena. A ninguno realmente le emocionaba mucho el torneo pero estaban ahí porque habían sido invitados. Así que disfrutaban conversando y comiendo.

-¡¿No dijiste que estaba en la posada?!- le reclamó Bo a Colin. Que sólo pudo quedarse callado.

-Sí que lo está haciendo bien-dijo Rusl sorprendido al ver al muchacho que había terminado su combate saliendo de la arena, mientras otros iban a ayudar al zora herido.

-¡Y el novato nuevamente ha ganado!- dijo el animador del torneo que era un bufón. Malo le había dado unas cuantas rupias para que llamara a Adir de esa manera y no revele su nombre porque a la primera Bo hubiera ido a detenerlo.

-No sabía que en este mundo también disfrutaran de actos tan barbáricos como este- dijo Ruelli mientras Midna bebía una copa de vino.

-En todos los reinos las masas buscan entretenerse de una manera u otra. Además siempre es emocionante ver estas batallas- dijo la mayor.

-Si tu lo dices- dijo el chico apartando la vista de la arena.

-Vamos, no seas aguafiestas- le dijo la reina entre risas.

Lassel estaba sentado junto a Zelda algo aburrido contando las uvas que habían en una vasija. Estaba hastiado por el momento. Sólo le interesaba cuando su maestro era quien iba al combate, un guerrero de la edad de Zelda probablemente, que desde pequeño le había enseñado a usar la espada y el arco.

En ese momento, escuchó que le tocaba luchar a él así que se acercó más al balcón para poder ver como su mentor ganaba con facilidad. Él había quedado vencedor desde que tenía memoria. Le llamaban campeón de campeones.

Bo quería bajar y detener a Adir. Estaba dolido porque lo había desobedecido por primera vez en su vida y además estaba preocupado por que algo le pasara. Pero los demás le detuvieron ya que a pesar de todo el menor había llegado tan lejos. Incluso Uli le pidió que lo dejara, y eso que ella tampoco aprobaba esas luchas.

El bufón presentó el último de los duelos. Se llevaría a cabo entre Sir Eikis y el "novato".

-¡Vamos Adir! ¡Tu puedes!- gritaba Cami desde su balcón.

Adir alcanzó a oírla pero no quería voltearse a mirar pues sabía que su abuelo estaba ahí, observándolo, lo presentía.

-¿Un novato en la final? Que injusto para él. Pobre muchacho, el maestro Eikis va a acabar con él- dijo Lassel sintiendo genuina pena por el chico.

Zelda estaba en silencio, porque a pesar de la distancia pudo reconocer las orejas de aquel chico. ¡Era un Hylian! Habían poco hylians en el reino. Estaban contados. Y por las ropas que traía el chico pudo saber que era de Ordon.

-No puede ser- susurró la mujer poniendo atención en la arena.

La batalla comenzó con el choque de espadas. Adir estaba emocionado, pues había escuchado antes de su rival y sabía de su reputación.

Ambos atacaban con fuerza y con determinación. Los dos querían ganar.

-Eres fuerte muchacho, pero te falta técnica- le dijo el guerrero con mayor experiencia.

Adir no respondió solo seguía defendiéndose pues el mayor lo estaba haciendo retroceder.

-¡Tu puedes Adir!- gritó la rubia de Ordon.

Bo estaba preocupado por el chico por eso no apartaba su atenta mirada de la batalla.

Adir resbaló en el suelo por lo que Eikis aprovechó para dar un certero ataque al muchacho. Mas el pelirrojo logró bloquearlo con su espada. La punta de la espada del guerrero trataba de hundirse en la espada del otro que la mantenía de una manera vertical.

-Ríndete y no tendré que hacerte daño muchacho- dijo el mayor, que realmente no quería causarle alguna herida grave a menos que sea necesario.

-¡Nunca!- dijo Adir empujando su espada hacia arriba para que él otro retrocediera pero solo logró que su espada se rompiera en dos.

Rápidamente rodó para que el otro no clavara su espada en él. Eikis lo siguió dispuesto a terminar el encuentro pero recibió una patada en el pecho tan fuerte que podía jurar que le rompió una o más costillas. El guerrero soltó su escudo durante el impacto tratando de recuperar el aliento. Adir tomó el escudo de hierro. Eikis con habilidad blandió su espada contra él pero el menor pudo evitarlo protegiéndose con el escudo ejerciendo tal presión que tanto el escudo como la espada salieron volando en distintas direcciones.

Los dos corrieron por la espada que se encontraba en el otro lado de la arena.

-¿Qué es eso? ¿Esta permitido hacer eso?- decía Lassel desde el balcón real con Zelda que estaba sumergida viendo el duelo.

-¡Eso es Adir!- gritaba Cami junto a los otros habitantes de Ordon que alentaban al chico.

El menor fue el que logró tomar la espada primero. Pero el caballero planeaba tomarla de cualquier forma. A lo que Adir de espaldas respondió dándole otro golpe en el pecho con el codo. Esto dejó al mayor en el piso y el hyliano le apuntó al cuello con su propia espada que se encontraba justo sobre su arteria.

-Ríndete y no tendré que hacerte daño- le dijo Adir con aire vencedor.

-¡Maestro!- gritó el príncipe pues creía que el muchacho iba a acabar con la vida del mayor.

Adir soltó la espada y se alejó del guerrero que estaba sorprendido de haber sido vencido.

El bufón lo declaró campeón . Y todo el estadio aclamó al nuevo vencedor. En el lugar de apuestas todos lloraban excepto Malo, Talo y un viejo anciano que habían ganado las apuestas. La mayoría había hecho una apuesta segura por Sir Eikis u otro renombrado guerrero, pero nadie había querido invertir su dinero en un novato desconocido.

Lassel había salido corriendo hacía los pisos bajos pues estaba preocupado por el estado de salud de su mentor. Cuando llegó a los túneles pudo ver cómo, con ayuda de uno de los soldados, iba entrando para ser atendido por uno de los médicos del lugar.

-¡Maestro!- le llamó apenas lo vio- ¿Estás bien?- le preguntó realmente preocupado viendo como algunas líneas de sangre escurrían por su boca.

-No siempre se puede ganar- tosió un poco después de hablar- al menos este muchacho me dejó con vida, creo que voy a estar bien- dijo calmando al menor pues sabía que le tenía un gran aprecio y respeto por lo que la situación lo ponía intranquilo.

Zelda bajó hacia la arena para otorgar el premio al chico. Al verlo pudo saber que era hijo del héroe escogido por las diosas. Además en uno de los túneles pudo ver a Bo juntó a otros habitantes de Ordon.

Adir al verla se arrodilló ante ella. Zelda sacó su espada real y la colocó en uno de sus hombres.

-¿Cual es tu nombre?- le preguntó al menor.

-Adir, su majestad- le respondió.

-Yo, Zelda, reina de las tierras de luz creadas por las diosas, te nombró a ti Sir Adir, el joven, caballero de Hyrule- todo el coliseo aplaudió y festejó el nombramiento de un nuevo caballero.

El pelirrojo estaba tan satisfecho después del torneo. No solo había logrado luchar contra los mejores del reino, sino que hasta había ganado. Al menos así no llegaría con las manos vacías a su abuelo.

Al retirarse de la arena, Adir se encaminó al túnel donde se encontraba Bo, Cami y los otros. Él estaba feliz aunque no podía decir lo mismo del anciano que veía regresar al chico con una sonrisa en el rostro acompañada de varios rasguños y heridas por todo el cuerpo. Le dio una bofetada en el rostro antes de abrazarlo y llorar mientras lo regañaba. Ya había perdido una vez una hija y no quería perder a su amado nieto. El menor lo comprendía bien y solo le devolvió el abrazo dejando que el mayor se desahogue.


Bueno aquí termina el cap, también actualice la portada. Dejé un link en mi perfil por si quieren verla mejor.

Nos leemos~