Hola! ¿Cómo están? Lo siento por no haber actualizado, han pasado 18 días! que rápido vuela el tiempo, en serio lo siento xD pero para mi defensa tenía más de la mitad del capítulo escrito desde la última actualización pero regresa a clases y no me ha dado el tiempo ;A; me explotan, de cualquier manera hoy al revisar mi agenda pude encontrar un poco de tiempo libre y voila c:


Faltando poco para la noche Cami estaba feliz en la posada dando vueltas con su vestido mientras se miraba en el espejo. En cualquier momento partirían de nuevo al palacio para la fiesta de la noche. Todos estaban casi listos, Uli con cuidado volvía a limpiar las heridas de Adir aplicando una ácida pero efectiva pomada que escocía la piel del muchacho.

El menor soltaba unos pequeños quejidos al sentir el líquido del pañuelo que la rubia utilizaba.

-Ya va a pasar- le dijo con tono maternal. No era nada grave pero no quería que se volviera un problema mayor por la falta de cuidado.

El camino al castillo estaba repleto de gente, todos los ciudadanos estaban invitados y nadie quería llegar tarde.

-¡Hey!- escuchó el pelirrojo que lo llamaban. Se volteó y vio a Malo que le lanzó una pequeña bolsa.

Adir se quedó extrañado al principio pero no tardó en averiguar que la bolsa tenía rupias, muchas de ellas.

-¿Porqué me das esto?- le preguntó.

-Ganamos una fortuna gracias a ti. Es justo que te demos una parte- habló Talo, el hermano mayor de Malo quien no estaba tan seguro si era correcto dar su dinero a otro - Además necesitas comprarle otra espada a Colin-


Dentro del palacio, Zelda se encontraba sentada frente un gran espejo. Dos sirvientas peinaban y arreglaban su cabello pero la mirada de la reina estaba enfocada en la nada, parecía que sólo su cuerpo estaba ahí.

-¿Estás bien?- Lassel estaba recostado sobre la cama de la mayor esperando que terminara de prepararse pero no recibió ninguna respuesta.

-¿Mamá?- volvió a insistir esta vez acercándose a ella. Pero nuevamente no obtuvo respuesta. Las muchachas salieron del cuarto, el rubio puso una de sus manos en el hombro de la reina -¿Mamá?-

Zelda parpadeó rápidamente y luego dirigió su mirada al menor que la miraba con preocupación.

-¿Estás enferma?- sus ojos azules se encontraron - Si quieres puedes quedarte descansando, yo me encargo-

-¿Eh? No- hizo una pausa- No me sucede nada ... solo... pensaba- dijo con una sonrisa en su rostro.

Lassel la miró desconfiado - ¿Sigues enojada conmigo?- asumiendo que esa era la razón por la cual se encontraba así.

-No, no me sucede nada- le dijo levantándose y dirigiéndose a la puerta. Luego se volteo esperando por el menor que se estaba acercando -Además, no podría dejar que tu te encargaras de todo- rió tras decirlo.

Lassel sólo respondió con una mueca. Cuando estuvo muy cerca de Zelda, esta lo abrazó acariciando su cabello. El rubio se sorprendió por la repentina acción y no supo como responder.

-¿Mamá?- le alcanzó a preguntar. Sí que estaba actuando de una manera extraña el día de hoy.

-Ante todo... - hizo una pausa breve antes de proseguir -recuerda que te amo-


Los músicos en el salón tocaban alegres melodías, el ambiente en aquel lugar era cálido, casi hogareño, a pesar de haber miles de personas reunidas. En el aire se podía sentir el suave aroma de deliciosas comidas que inundaban el lugar.

Midna se encontraba charlando seriamente con varios miembros de la tribu Oocca que también participaban de la fiesta del castillo. Junto a los otros dos ministros que la habían acompañado desde el mundo del crepúsculo, la reina de las sombras comentaba como había tomaba ideas de la Ciudad en los Cielos cuando pasó por ahí. La tecnología que había visto en aquel lugar la asombró tanto que una vez regresado todo a la normalidad quiso que también estuviera en su reino.

Ruelli que también estabas reunido con los Ooccas tan solo se limitaba a escuchar. No es que tuviera una falta de interés en el tema, más bien le interesaba mucho aprender sobre tan extrañas criaturas, pero su atención estaba enfocada en los demás invitados. Mientras la mayor y los dos ministros aclaraban sus dudas y discutían sobre la mecánica de ciertos objetos, él se quedó callado hasta que terminaron. La twili lo notó y no tardó en preguntarle:

-¿Qué sucede?- lo dijo de manera jovial.

-Angustia, tal vez- le respondió simple.

-¿Porqué?¿En qué piensas?- Midna pasó uno de sus brazos sobre los hombros del menor.

-¿Estamos ... relacionados de alguna manera ... la reina y yo?- le preguntó dubitando - Quizás, ¿por sangre?-

Midna lo miró muy extrañada para luego sonreír de la misma manera burlona como siempre.

-¡No! Si fuera así ¿No crees que su encuentro hubiera sido más emotivo?¿Cómo se te ocurrió?- le preguntó entre risas -¿Es acaso porque también es Hylian?-

-¿Hylian?- recordaba haber leído sobre esa raza de pequeño pero no lo recordaba bien debido a que tan sólo le permitieron estudiarla un breve lapso de tiempo.

-Sí, Hylians, ya sabes con la sangre de las diosas y estas orejas- le dijo tocando las del menor- como tu- concluyó poniendo su índice sobre la nariz del castaño.

Ruelli quedó perplejo. ¿Le estaba diciendo que era descendiente de las diosas de la luz? ¿Aquellas que condenaron su mundo? Midna no se inmuto con la reacción de su protegido. De alguna manera sabía que reaccionaría así y era lo mejor. Tan solo tenía que cuidar ser sutil mientras le revelaba la verdad al menor. No podía decirlo todo bruscamente.

-Hace mucho tiempo se dice que en esta tierra había miles de ellos, pero ahora, por lo que se, no hay más de 10. Incluso la mayoría de ellos se encuentra ahora mismo en esta sala- le confesó.

El joven comenzó a observar a su alrededor. Aunque le tomó algo de trabajo pudo localizar a uno y luego a otro, y otro. Cualquiera de ellos podría ser unas personas muy cercanas a ti, lo que le había dicho su madre tiempo atrás. Estaba seguro. Volvió a ver a la reina sentada en una mesa a la que se dirigían junto a las familias nobles de Hyrule. A lado de Zelda,su hijo, el príncipe, ¡también era Hylian!

Las voces de todos los invitados se detuvieron cuando iba a comenzar el agradecimiento a las diosas. Todos se pusieron de pie y formaron un semicírculo alrededor de una mesa grande y vacía donde al frente, en el suelo, se encontraba grabado en el mármol del piso un símbolo dorado de la trifuerza.

Era tradición que se diera las gracias por las bendiciones recibidas a las diosas con ofrendas, muchas veces flores e incluso oro. Los líderes de tribus, jefes de familias y cualquiera que quisiera debía presentar su obsequio y dar a conocer públicamente la razón de su agradecimiento. De esa manera se dice que las diosas seguirán escuchándolos el próximo año y los protegerían del invierno que está tan cerca. Al final todas las ofrendas son lanzadas al río de los zoras donde atraviesan todo Hyrule hasta sus confines.

Los primeros en dar las gracias fueron la familia real que agradeció por la prosperidad del pueblo y la paz reinante que había perdurado por años. Después de ellos siguieron los zoras que agradecieron la abundancia de alimentos en los ríos que le permitieron tener un año tranquilo. Los siguientes eran los gorons que agradecieron el estado pasible de la montaña de la muerte que tan sólo había expulsado vapor de agua lo cual era bueno ya que siempre que había una erupción ocurrían desgracias.

Cuando los grandes tribus terminaron siguieron otras familias nobles de Hyrule, sus motivos de agradecimiento eran diversos. Algunos agradecían por salud, riquezas,bienestar familiar, etc. Pasó un tiempo antes que los agradecimientos individuales comenzarán. En estos las personas agradecen por situaciones más personales. Una señora de mayor edad afirmó haberse curado de una enfermedad mortal gracias al poder divino. Todos y cada uno de estos actos eran acompañados por aplausos de la gente que realmente sentía ese evento esencial para continuar sus vidas con éxito y paz.

Ya faltaba poco para terminar las ofrendas, después de que un joven pescador terminará un hombre con una capa que no permitía observar su rostro se acercó dejando una única flor marchita en la mesa. Todos se quedaron callados pues la presencia del hombre era intimidante y aterradora.

-Pero que maravilloso obsequio he recibido por parte de las diosas- dijo con voz fuerte pero con un tono burlón -sus protegidos, los tres bendecidos con sus poderes, los escogidos, están aquí-

Zelda supo desde que lo vio que era un peligro así que firmemente le ordenó a los guardias:

-¡Arréstenlo!-

Los invitados estaban confundidos, nadie sabía que pasaba, aquel hombre estaba loco y no hablaba más que tonterías. Midna, que también presintió el mal se puso a la ofensiva. Los guardias no tardaron y rodearon al hombre que no se movió de su sitio.

-Su presencia es débil pero certera. Ahora estoy más que seguro- dijo con una sonrisa retorcida en sus labios. Lentamente comenzó a caminar pero los soldados lo atacaron, fue cuestión de segundos y los guardias estaban tirados en el suelo. En ese momento hubo caos en la gente que asustada comenzó a salir corriendo del lugar.

-Ahí hay uno y allá hay otro pero ¿dónde está el tercero?- dijo mientras miraba el lugar donde se encontraba Zelda y luego a Midna -no importa- terminó y levantó ambos brazos apuntando a las dos direcciones.

Unos rayos negros salieron disparados, Zelda creó un escudo alrededor de ella y los demás que estaban cerca también. La twili en cambio desvió el ataque al techo, conocía esa magia, era de su mundo. Sin perder el tiempo Midna le encomendó a los dos ministros cuidar de Ruelli, si era posible, regresar al crepúsculo. El menor al principio protestó pero se quedó callado con la mirada que le otorgó Midna.

El hombre con capa se percató de lo que sucedía y con rapidez iba a atacar al menor. Zelda y Midna cruzaron miradas y atacaron a la vez al hombre, su cuerpo quedó encerrado en un crisálida que se seguía expandiendo. El poder de la sombra y la luz oprimían su cuerpo y un hilo de sangre descendió de su boca.

El hombre no habló más y cuando las mujeres pensaron que todo había acabado, del cuerpo del hombre salieron unas sombras y en un segundo desapareció dejando como único rastro su capa en el aire. Pero al tocar el suelo se convirtió en un cristal que parecía salir desde el mismísimo centro de la tierra. El cristal fue creciendo y fragmentándose en puntas filosas que llenaron la sala y seguían creciendo.

Todo ocurrió en un parpadeo. Una de los cristales negros y filosos se acercó a Midna tan rápido que no pudo esquivarlo y terminó con uno de aquellos cristales atravesando su abdomen. Aunque el golpe era mortal, no perdió la consciencia de inmediato y miró a los tres que la acompañaban por un momento antes de cerrar sus ojos.

El ministro más joven usó su magia para envolver su mano y convertirla en una filosa daga capaz de cortar el cristal que atravesaba a la reina.

-Es la magia prohibida- afirmó el más anciano.

Todos corrían en todas direcciones tratando de esquivar los cristales. Uno de ellos iba a golpear a Lassel que también intentaba salir de ahí junto a Zelda. Estaba de espaldas y por eso no pudo verlo pero la mayor que iba un poco detrás si lo vio y empujó al rubio con tanta fuerza que se golpeó fuertemente contra el piso y ella recibió el impacto que atravesó su pecho.

Frente a sus ojos pudo verse a ella misma cuando era pequeño, como había recorrido el palacio, el rostro de su padre sonriéndole, a su madre abrazándola, todos su viajes, a las personas que había conocido, la guerra que hubo hace años, la derrota de Ganondorf, el momento en que Link le trajo a su hijo, en aquel momento no compartió las decisiones que el héroe había tomaba pero ahora no había manera de expresarle su infinito agradecimiento. Desde el momento en que lo trajo la había salvado de tantas formas. Aquel hombre que le desagradaba pero por el bien del reino debía desposarse con él, que suerte la suya. El hombre con el que el consejo quería que se casara la rechazó pues no quería cuidar un niño de dudoso origen. Incluso el mismo consejo quiso que abdicara pero al saber del poder dorado en el niño le permitieron seguir su reinado. A pesar de que a veces sufría de pánico por el niño, este le había traído tanta alegría, verlo crecer, cuando lloró lo consoló, hubo momentos en que rieron juntos. Tenía miedo de que Link regresara en cualquier momento para llevárselo pero nunca pasó y se lo agradeció a las diosas, pero ahora deseaba que estuviera ahí, sabía que no podría seguir pero no quería dejarlo solo, a su hijo, su niño que ahora la veía con horror y preocupación en los ojos.

-¡Madre!- gritó al verla colgando del cristal sin fuerza. Los soldados vinieron a ayudarle rápidamente y los médicos fueron llamados también.

Del palacio e incluso de la ciudadela salía la gente con prisa , todos tenían miedo de esos cristales que ya habían matado a cientos de personas.

Mientras aún trataban de salir del castillo, por la conmoción Adir se fijó que no estaba su abuelo y logró verlo ir en dirección contraria, hacia el castillo. Lo siguió como pudo para luego agarrarlo de la mano.

-¿A dónde vas abuelo? El castillo es peligroso, ¡debemos salir!- le dijo algo molesto de que el mayor que siempre tomaba precauciones estuviera arriesgando su vida volviendo a aquel lugar.

-¡Tengo que regresar, debo ayudarlos!- le dijo el mayor con una mirada de arrepentimiento en los ojos.

-¡No tienes porqué regresar! ¡Hay que salir!- le dijo con más desesperación.

-¡No! Tu no entiendes, ¡no entiendes!-le gritó tratando de soltarse del agarre.

-¡Estás loco!-


Cerca de la medianoche, el palacio parecía un lugar habitado por fantasmas, no había ni una alma rondando por ahí. La ciudadela no estaba mejor. El gran salón había sido sellado por los sacerdotes y los ministros del crepúsculo. Se podía escuchar el sonido de los cristales que seguían creciendo de a poco dentro de la sala. Los demás estaban en una habitación, que se encontraba protegida por los guardias más valientes en la entrada y adentro por otros, los demás habían huido.

Ahí los sacerdotes y los ministros discutían sobre lo que había sucedido. Zelda y Midna se encontraban en diferentes camas recostadas,convaleciendo.

Lassel sostenía con fuerza la mano de la reina. Temía que en cualquier momento dejara de respirar. Temía que su mano se pusiera fría por eso no la soltaba.

-Tiene poco tiempo de vida- le dijo uno de los twili.

Los sacerdotes que también lo escucharon se alarmaron de que su reina moriría pronto.

-¿Qué fue lo que pasó?- preguntó Ruelli a los hombres reunidos que hablaban con preocupación.

Ellos se quedaron en silencio observándolo. El debía ser uno de los hijos del héroe. No sabían que había pasado con ellos desde el incidente en Ordon. Solo sabían del que había llegado al palacio.

-Un hijo del héroe- afirmó uno de ellos.

El menor no comprendió lo que le habían dicho.

-Esa es la razón, por eso ocurrió esto, los buscan- dijo otro mirando también al rubio que se encontraba sentado.

-¿A qué se refieren?- insistió el castaño.

Los sacerdotes se sintieron inseguros de seguir hablando.

-Hijos del héroe del tiempo, el salvador de Hyrule y el reino del crepúsculo- dijo el que parecía ser el lider de ellos.

-Los dos son hermanos- dijo otro.

Ruelli volteó a verlo, el príncipe de Hyrule que estaba devastado con los ojos cerrados y un rostro de angustia. Tenía sentido, aparentaba ser de una edad cercana a él. Entendía su dolor pues Midna no se encontraba mucho mejor pero debido a su naturaleza twili, era mucho más resistente.

-Su padre y madre son los mismos- continuó hablando - el héroe del tiempo partió hace años a derrotar un mal desconocido y desde entonces no lo hemos visto- dijeron.

-Ese mal regresó entonces- dijo el twili más antiguo -esa magia que vimos está prohibida de nuestro reino-

-¿Entonces el culpable es un twili?- preguntó uno de los sacerdotes.

-Es posible pero no es seguro- dijo el mayor.

-¿Hay cura para las heridas causadas por aquel poder?- preguntó otro.

-No- respondió seguro el otro twili -quien es infectado por eso está destinado a morir-

En la sala se sintió un gran pesar, pues parecía que ninguna de las mujeres se salvaría.

-Hay una forma- dijo el anciano - se dice que en este mundo hay un líquido que lo cura todo-

-Eso no es más que una leyenda- dijo un sacerdote - todos saben que no existe, los que tratan de conseguirlo nunca regresan- dijo.

La conversación terminó ahí y los sacerdotes y los ministros se dirigieron a observar cómo seguía el gran salón.

-Espera, Amon- le dijo Ruelli al mayor de los twili.

-¿Sabes donde se encuentra ese líquido?- le preguntó rogándole con la mirada.

-Así es- le respondió el mayor - se dice que cruzando la frontera de este reino hay un gran abismo y aquel que lo cruce encontrará un líquido capaz de curar cualquier herida-

-¿En realidad existe?- el rubio se había acercado sigilosamente hasta donde se encontraban los dos.

-Así dicen los escritos- le respondió.

-Pero es cierto, nadie regresa vivo- le dijo Lassel.

-Tal vez no buscaron en el lugar adecuado- le dijo el mayor.

El twili anciano hizo aparecer un pedazo de papel enrollado. Lo abrió y ahí se mostraba un mapa de Hyrule y sus alrededores siquiera cinco o seis veces más grande que el mapa de Hyrule.

Les señalo un lugar donde él creía que posiblemente estaba el líquido.

-Tomen, lo necesitarán- le dijo envolviendo el rollo y entregándoselos para luego salir de la habitación.

-Tengo que ir a buscarlo, debo hacerlo- dijo Lassel viendo fijamente el mapa -ayúdame a buscarlo por favor- le pidió al otro.

-No tienes que pedirlo, tengo mis razones para ir a buscarlo- le respondió Ruelli -además ... somos hermanos ¿no?-


Los sacerdotes del palacio se dirigían a la habitación del príncipe, pues debían informarle que hacer en caso de ocurrir lo peor.

-Deberá asumir la corona, no hay otra opción- dijo el líder de ellos.

-Se está comenzado a esparcir el caos e inseguridad en el reino, es su deber calmar al pueblo- agregó otro.

-No creo que esté preparado aún, le falta experiencia, la reina nunca dejó que participará en las inspecciones reales- dijo preocupado uno de ellos.

-Con o sin experiencia deberá hacerlo- terminó de decir el líder.

Cuando entraron a la habitación notaron que no había nadie.


En la pradera de Hyrule, a las afueras de la ciudadela, Lassel y Ruelli recorrían los campos en la madrugada. Hacía frío pues el invierno estaba cerca y más de una criatura nocturna rondaba por ahí. Mas eso no los detuvo y siguieron caminando, cubriendo sus cuerpos con unas capas, pues el rubio sabía que no tardarían en notar su ausencia y buscarlo. Por eso no podían desperdiciar la noche, tenían que ser rápidos.

-No podemos regresar sin esa cura- dijo el rubio - ¡tenemos que encontrarla!-


Bueno hasta aquí el chap, no se porque me siento mala . aunque no ha pasado nada malo(?)

una cosa que quería aclarar ya que una amiga me lo comento, los capítulos no tienen un largo específico, salen como salen o3ó! n,nU solo lo quería aclarar por si acaso xD nada importante la verdad

espero leernos pronto!