Disclaimer: Hey Arnold! No es de mi propiedad, ni tampoco sus personajes, yo sólo los uso para darle vida a mi loca imaginación sin fines de lucro.

La rubia caminaba con un montón de cosas rondando por su mente. Poco le importaba el entorno. Le sorprendía las vueltas tan drásticas que podía dar la vida en tan poco tiempo.

Casi deseaba volver a tener diez años, cuando su principal preocupación era que el cabeza de balón no descubriera sus sentimientos, aunque pensándolo bien, tal vez la intención era que lo descubriera, ¿quién iba a saberlo? Era una niña en ese entonces, además Arnold era un despistado de primera y vivía en las nubes la mayoría del tiempo.

Aun así su niñez estaba llena de momentos en los que, sin que él lo supiera, lo ayudó aun en las más grandes locuras.

Ahora tenía casi dieciséis años y su mundo había dado un giro de 360 grados.

Había terminado la secundaria en Francia, por increíble que parezca, jamás pensó que estudiaría lejos de Hilwood antes de la universidad. Por si eso no fuera poco, había hecho amigos en esa escuela tan lejos de su hogar, que aunque no eran tan especiales como Phoebe, les tenía bastante aprecio. Incluso extrañaba al idiota de Alex.

Ahora finalmente estaba de regresó y planeaba quedarse para estudiar la preparatoria con sus viejos amigos, pero no eran para nada las condiciones que planeaba.

Tan pronto había desempacado sus padres le informaron que pasarían las vacaciones con Olga y su marido, dado que era el último mes del embarazo de su hermana. La relación con su hermana mayor había mejorado notoriamente pero eso no significaba que adorara su presencia, además incluso por carta y por teléfono podía notar como las hormonas le estaban causando estragos y estar cerca de ella no era lo que más deseaba.

Así fue como termino un mes y medio viendo a sus padres correr de un lado a otro para cumplir todos los antojos de su hija mayor y a su cuñado bastante incómodo por la visita de sus suegros, aunque era lo suficientemente amable como para no hablar de ello.

Ahora tenía dos sobrinos, Richard y Geraldine, y seguía pensando que esa niña odiaría a sus padres por el resto de su vida. Aun así un sentimiento de protección y cariño había nacido de ella hacia esos dos mocosos, cosa que claro, no diría en voz alta.

Se había perdido la llegada de Arnold, y en el fondo lo agradecía, porque no sabía muy bien como sentirse con respecto a él, habían pasado muchos años. Estaba demasiado nerviosa antes y después de la llamada que le había hecho y no sabía muy bien si ir a buscarlo o esperar que se cruzaran por casualidad.

Y por si todo eso no era bastante para una sola adolescente, Bob y Miriam habían anunciado en su último día de "vacaciones" que iban a divorciarse. Ya lo veía venir, debía de haber estado preparada para ello, pero lo cierto es que la tomó por sorpresa tanto como al joven matrimonio.

Olga había llorado, Richard se había quedado sin habla y ella, ella no sabía qué hacer.

Era cierto que ella había vivido más de cerca la situación de sus padres que Olga, ella entendía que tenían demasiados conflictos, que después de todo simplemente no podían seguir enamorados, pero aun así, una parte de ella se sentía mal con la noticia y para despejarse de todo eso, había salido a dar un paseo, pero claro, olvido que el destino te encuentra en cualquier esquina.

(***)

Acostumbrarse a vivir en la ciudad no era del todo fácil.

Habían sido cinco años en la selva, en la naturaleza y cambiarlo todo de repente causaba una especie de shock. Aunque claro para él era un poco más sencillo, sólo estaba regresando y a excepción de unos pequeños cambios, su hogar seguía igual que cuando lo dejo.

Su hermana Anne en cambio, estaba encantada con todo lo que veía, ella había nacido en San Lorenzo y considerando su enorme curiosidad, más aún de la que él poseía la hacía un torbellino difícil de seguir y más aún de parar.

Los inquilinos seguían siendo de carácter diverso y sus abuelos seguían tan peculiares como lo recordaba, excepto que eran más viejos. Incluso su amistad con Gerald seguía ahí, como si no hubieran pasado años desde la última vez que se vieron.

Después de haber pasado toda su niñez sin saber nada de sus padres ahora estaban con él, en Hilwood, ahora tenía una hermana pequeña, ahora su vida estaba casi en completo orden.

Casi.

Y es que no se había quitado a cierta rubia desde hace una semana ni un solo momento de sus pensamientos, sentía una horrible incertidumbre de lo que podría pasar entre ellos, o no podría pasar.

Era consciente que ya no eran dos niños jugando a gustar, gustar y eso le atormentaba. Había contado los días para volver a ver los ojos azules de aquella niña que tanto lo molestaba y a la vez que tanto había hecho por él, pero le aterraba la idea de que lo suyo fuera sólo un amor de la infancia y que el encanto se pasará tan pronto volvieran a verse.

¿Qué tal si ella ya no sentía nada por él? ¿Qué tal si se decepcionaba de lo que veía? ¿Qué tal si cuando la viera no sintiera las mariposas que lo volvían loco cada que recibía una carta suya?

Incluso el sueño se le escapaba y unas ojeras empezaban a aparecer bajo sus ojos, no podía más con la duda.

El rubio había olvidado que a veces las respuestas llegan solas, tan de repente, que puedes tropezar con ellas.

(***)

La caída había sido tan familiar a pesar del tiempo que tenía de no suceder. Algo tendrían las esquinas que los hacían coincidir de esa manera tan peculiar.

No había necesidad de presentarse nuevamente, pues sus miradas se reconocieron de inmediato.

Esta vez había algo diferente en la caída, porque ella había terminado sobre él, provocando que estuvieran terriblemente cerca.

Ambos se quedaron sin habla, reconociendo todos los rasgos que recordaban y aún estaban ahí y volviéndose a conocer, viendo el paso de esos cinco años separados en el otro.

Los miedos resultaron infundados porque sus corazones comenzaron a latir alocadamente y sus mejillas se cubrieron de rojo mientras sus alientos se mezclaban por lo cerca que estaban sus labios.

Él fue el primero en percatarse de la posición tan comprometedora en la que estaban así que se apresuró a ponerse de pie y ofrecerle su mano para levantarse, a diferencia de las miles de veces que sucedió lo mismo de niños, esta vez ella acepto, aunque con una mirada entre molesta e incómoda por ver sus sentimientos tan expuestos.

Se formó un denso silencio entre el verde y el azul que evitaban cruzarse. Sus miradas observaban al otro viendo todos los cambios que habían tenido. Ella pensó que era apuesto y él pensó que ella era muy hermosa. Las hormonas hicieron de las suyas y se sonrojaron aún más.

Finalmente sus ojos se toparon y supieron que, aunque había mucho de qué hablar, lo más importante estaba dicho ya.

¡Hola! ¿Hay alguien ahí? Estoy de vuelta y consciente que me he tardado en actualizar, pero es que entre la facultad y otras cosas simplemente no me daba tiempo pero ya estoy aquí. En fin, sé que era de esperarse la tan esperada conversación pero soy #TeamHelga y creo que Arnold merece sufrir un poquito, no mucho. Además la idea vino tan de repente que tenía que escribirlo y subirlo.

Por si hay alguien que lee (o quiera leer) mi fic Sabes que te amo (que es de los Teen Titans) les informo que en estos días también tendré actualización, no me maten.

Espero no tardar en volver a actualizar, ya tengo la idea del siguiente cap, así que estaré pronto de vuelta. Muchísimas gracias a quienes comentaron y agregaron a favoritos y seguidores, espero que me dejen su opinión en un review, me hacen infinitamente feliz.

Nos leemos pronto mis amores, un abrazo.

Atte: Coralyna