- Te casaras con México.- esas palabras retumbaban en sus oídos, no las podía sacar de su mente, ¿Él, casado con una niña? Imposible.
- ¿Ca… casarme… con una niña?- contestó como espantado.- ¿Cómo me voy a casar con una niña?- rezongó. Inmediatamente se levantó de su asiento y comenzó a caminar como loco por la sala de juntas.- No me casare con una pequeña.-
- Pues lo siento mucho, te casaras con ella aunque no quieras, ya se decidió.-
- Pero Amelia… es una niña… una NIÑA… se vería mal que un hombre grande como yo se case con… con ella… terminare de niñero y tú sabes que no soy nada bueno tratando con los niños.-
- I'm sorry. You don't have other election. Te casaras en un mes, disfruta el resto de tu soltería.- lo último el rey Aarón lo dijo en tono burlón.
- No te burles… ¡No me quiero casar! ¿Acaso no la puedo tratar como mi hermanita menor?-
- No puedes, sería como si ella fuera tu colonia. Además ella crecerá, no siempre se quedara así.- le contestó la mujer con un tono serio.- Ya no vamos a discutir este asunto, te casaras con ella y punto final. Nos vemos, tenemos asuntos que entender.- Ambos monarcas se levantaron de sus asientos, se despidieron de los que aún estaban presentes en la sala y se retiraron dejando a la nación sola en la sala. Este no hizo nada, simplemente se quedó ahí parado y suspiró.
- Maldición, ahora me tacharan de pedófilo y quizás obtenga una reputación como la de Francis.- con su puño le pegó a la pared, una vez realizada esta acción se pasó las manos por su cabello, meditando lo que le acaban de decir. Decidió que sería una mejor idea regresar a su casa, haya intentaría pensar mejor las cosas y verle el lado positivo, aunque no encontraba nada de positivo en ese asunto.
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Una vez en casa preparó el agua para bañarla, sacó ropa limpia y la puso en la cama, la cual ya estaba lista para que la pequeña se durmiera, terminó de acomodar unas cosas y finalmente le habló a la niña.
- Isabel, ven que ya te voy a bañar.- la mencionada estaba jugando con sus muñecas y como de costumbre tomó al mismo oso y se dirigió a donde estaba la joven, se puso detrás de ella.- Isabel, ya es tarde, te tienes que bañar para acostarte, ya mañana podrás jugar todo lo que tú quieras.- la pequeña estaba detrás de su nana si ella avanzaba, ella igual, si la mayor se volteaba ¿Por qué no hacerlo también?- Isabel, por favor, si Antonio estuviera aquí ya te hubiera regañado, así que por favor sal.- Al mencionar el nombre del español la chiquilla se puso frente a Ana.- ¿Dónde te habías metido?- le preguntó la joven mientras ponía sus manos en las caderas. La menor no contestó, solo bajó un poco la mirada y abrazó a su osito de peluche. Ana se percató de eso, se puso a la misma altura que la pequeña y posó su mano en el pequeño hombro.- ¿Qué te sucede corazón?- preguntó con un tono tierno.
- Es que…- comenzó a hablar débilmente.- Hermano Toño no ha venido a verme… y ya ha… pasado mucho tiempo… ¿Crees que ya se olvidó de mí?- Ana notó como los ojos de la niña se veían brillosos, no sabía que hacer o que decirle así que simplemente la abrazó.
- No creo que él se haya olvidado de ti…-
- Entonces… ¿Por qué ya no viene a verme? ¿Acaso ya no me quiere?- unas pequeñas lagrimas comenzaron a brotar una por una de los ojos de la pequeña, Ana solo la abrazó más fuerte.
- Sé que ha sido difícil para ti adaptarte a vivir sin tu hermano, él no te olvido, estoy segura de que él todavía te quiere… que te quiere muchísimo.- contestó con la voz algo quebrada.
- Entonces dime porque no ha venido a verme.- Ana sintió como una daga le atravesó el pecho por la petición de María. ¿Qué le diría? Odiaba mentirle pues ella misma le había dicho que las mentiras eran malas que sería mejor hablar con la verdad, pero sabía que la verdad le caería muy mal a Isabel.
- Si quieres le podemos escribir una carta…- la dejó de abrazar, tomó una toallita y le comenzó a limpiar las lágrimas que había derramado y tomó sus pequeñas manos entre las suyas.- Tal vez no puedas verlo por ahora, pero le podemos escribir, claro… si tú quieres.-
- Pero yo no sé escribir.-
- Por eso no te preocupes, tú me dirás lo que le quieres decir y yo lo escribiré, para finalmente mandarle la carta ¿Te parece?- en el rostro de Isabel se formó una pequeña sonrisa, la cual se veía un poco forzada.
- Si.- asintió.- me parece bien.-
- Está bien, ahora sonríe, sabes que a Pooh no le gusta verte triste.-
- Pooh dice que haga lo que hermano me decía: sonreír aunque las cosas estén mal.-
- Ya deja de pensar en cosas tristes y mejor quítate la ropa que te voy a bañar y alistar para que te duermas.-
- Quédate conmigo.- suplicó la morenita.
- No puedo, tengo que ir a mi casa, pero te prometo que un día de estos me quedare a dormir contigo.-
- ¿Pero si vendrás mañana temprano?-
- Sabes que sí. ¿Quieres que hoy te cuente un cuento?-
- ¡Sí!-
- Entonces vamos a bañarte.-
Después de un buen baño, Ana le puso su ropa de dormir a Isabel, la acostó en la cama y la arropó bien, la niña nunca dormía sin su osito de peluche, como siempre le contó un cuento y finalmente ella se quedó dormida. Fue por sus cosas, las cuales estaban en la habitación de los empleados, en ese vio que un hombre pasó por ahí, caminó detrás de él, se armó de valor y le habló.
- Ignacio.- el susodicho se detuvo y volteó a verla.- Quiero hablar contigo.-
- ¿Sobre qué?-
- Sobre la niña.-
