Iba caminando de regreso a las escaleras, lograba oír los gritos de su amigo, claro que los ignoraba, ya iba llegando a las escaleras cuando se acordó del sueño que tuvo, se detuvo y miró a los lados como si supiera que alguien más estaba en su casa, acomodó sus lentes y caminó a una pequeña oficina, la cual estaba cerca de la sala. Se sentó en el escritorio, abrió la gaveta y de ahí sacó una libreta. Tomó el lapicero, abrió la libreta y comenzó a escribir su sueño. Alguien le había contado que los sueños se hacían realidad (entonces mientras camine un hueco se abrirá de la nada en el suelo, caeré por este y llegare al mundo de Hetalia y Antonio o Arthur me van a violar :3 no soy pervertida), por lo que creía conveniente anotar sus sueños en una libreta especial para así ver si realmente se hacían realidad o no. Una vez que acabó de escribir suspiró, levantó de su asiento y se dirigió a su habitación, llegó a esta y se acostó en la cama.
- ¿Qué significara ese sueño? ¿La cerveza habrá estado caducada?-
~~~~~ á ~~~~~
- ¿Cuánto quieres por tu silencio?- la chica seguía sin responder.- Anda vamos, llevo haciéndote esa pregunta varias veces y al parecer aun no te decides por la cantidad de dinero, solo dime más o menos cuanto quieres.-
- Lo que… quiero…- susurró. Ignacio ya se estaba desesperando por lo que se acercó a ella y la tomó por la cintura hizo que ella levantara más su rostro y la miró directo a los ojos.
- ¿Te gustaría ser la reina de este imperio?- le preguntó con un tono seductor.
- Yo no quiero mezclarme con una rata como tú, me das asco, mucho asco.- al oír su respuesta la soltó de una manera algo brusca.
- ¿Entonces madre es lo que quieres?- le preguntó serio, sin embargo ella no le contestó.- ¡Ya dime cuanto quieres!- le gritó ya molesto.
- ¡No quiero dinero ni estar contigo! ¡Lo que quiero es quedarme con la niña hasta que crezca! ¡No me importa que se vaya a casar!-
- Solo piensas ella… ¿y en ti? ¿No piensas en qué hacer con tu vida?-
- Daria mi vida por ella si fuera necesario… volviendo al tema… es lo único que quiero, estar con ella hasta que crezca más y pueda defenderse por sí sola.- el silencio reino por unos segundos, un feo y calmado silencio, Ignacio simplemente asintió y comenzó a retirarse de donde estaban. En eso se detuvo.
- Lo pensare, solo espero que hayas pensado bien las cosas.-
- Por eso tarde contestar, lo medité muy bien.-
- Nos vemos.- y continuó caminando.
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Ambos monarcas estaban en su habitación, Aarón sentado en el balcón leyendo un libro y Amelia cepillándose el cabello, en el ambiente reinaba un poco el silencio, pues se lograba oír la música clásica en los alrededores. El primero cerró el libro y lo puso sobre la mesa, tomó la taza de café y le dio un pequeño sorbo, de reojo miró a su esposa, quien al parecer estaba ida con su cabello. Decidió romper el silencio con algo que lo traía intrigado desde que se acordó crear el nuevo imperio.
- ¿Ya pensaste quien de los tres se va a casar?- preguntó el hombre deseando que la mujer le contestara. La conocía muy bien, sabía que si la pregunta le molestaba o aun no tenía respuesta a esta, simplemente le ignoraba. El silencio continuó, ella no contestaba, hasta que oyó su voz.
- Claro, pero primero tengo que ver a quién van a mandar ellos, si es quien creo que va a ser... *sonrisa maliciosa* ya se a quien le voy a dar.- él no notó la sonrisa que se había formado en su rostro, pero por el tono con el que lo dijo fue suficiente para saber quién iba de sus hijos iba a ser.
- Si es quien pienso que va a ser a la que mandaras, no le dejaras tan fácil el mando a ese tipo ¿eh?-
- No estás para nada equivocado amor… te sugiero que mejor nos olvidemos de asuntos políticos… aunque sea solo por hoy, ellos vendrán la próxima semana, tengo esperanzas en que la familia real, o lo que quedó de esta, tenga cierto poder sobre ese hombre, no me da buena espina, tiene algo que hace que no confíe del todo en él, por eso, si el quien se casara le mandare a su dolor de cabeza.-
- Veo que realmente quieres proteges lo que has construido, y al parecer moverás las cartas a tu antojo.-
- Tampoco haré semejante cosa, hay que ser equitativos, hay que ayudar, pero sobre todo… hay que comportarse y mover las piezas de acuerdo a la situación.-
- Por eso es que nuestro país creció bastante, porque tú lo lideras.-
- Tal vez esto no te guste, pero tú solo eres rey porque portas la corona, eres un rey de juguete, un rey de adorno, tu opinión poco importa pues a fin de cuentas se hace lo que yo digo.- Aarón no dijo nada, prefirió guardar silencio, al no haber respuesta por parte de su esposo prefirió continuar la conversación con otro tema.- En una semana nuestra hija vendrá de Europa e Ignacio traeré al que se casará con ella, así como Alfred conocerá a su futura esposa.-
- Vamos a ver si se enamora aunque sea solo un poco.-
- Le comprare juguetes.-
- ¿Juguetes? ¿Para qué?-
- Así es, le comprare juguetes para que juegue con su esposa a la casita o a tomar el té, también un nenuco no estaría nada mal.- su esposo iba a decir algo pero no pudo ya que alguien los interrumpió.
- Toc toc.-
- Adelante.- dijo su madre. La puerta se abrió lentamente y el rostro blanco de la chica siendo ligeramente cubierto por sus cabellos se asomó lentamente por la abertura.- Entra hija, no seas penosa, después de todo somos tus padres.- La chica de cabellos blancos entró lentamente por la puerta y una vez adentró la cerró.
- Mamá, papá, ¿es cierto que uno de nosotros tres se va a casar?-
