La chica de cabellos blancos entró a la habitación, una vez adentro cerró la puerta con cuidado.
- Mamá.- dijo la chica con un susurro.
- ¿Qué sucede hija?- preguntó la mujer mientras dejaba el peine en el tocador.
- Oí hablar algo acerca de la junta que tuvieron el día de hoy, me pareció escuchar algo sobre… la formación de un imperio, si eso es verdad, supongo que uno de nosotros tres se va a casar ¿cierto?-
- Así es, yo misma escogeré junto con tu padre quien se casará, aunque no creo que sea una mujer por parte de ellos, como sabes la única chica que hay tiene unos seis años y por tener esa edad automáticamente la separaron del problema de independencia y se la llevaron sus padres, los reyes, mientras que los otros dos, como ya están grandes, pelearon por la independencia aun sabiendo que eso les podría costar el trono.-
- En todo caso una de las dos se va a casar ¿Cuándo viene mi hermana?-
- La próxima semana y tu hermano según llegara hoy en la noche o si no mañana en la madrugada, ¿estas ansiosa por verlo de nuevo?-
- Claro que sí, no lo he visto en un tiempo, ya quiero que llegue.- dijo con una sonrisa.- Entonces me voy, solo te pido que cuando te decidas me hagas saber tu respuesta… por favor.-
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Eran como las ocho de la mañana, la hora de entrada al trabajo, como siempre se dirigió al cuarto de los empleados y se cambió, se puso el vestido que siempre usaba. Preparó el desayuno y con este subió a la habitación de la pequeña. Lentamente abrió la puerta del cuarto y desde la entrada pudo ver como la niña dormía. Entró silenciosamente a la habitación, en la mesita de noche depositó el desayuno y del armario sacó un vestido. Al parecer Isabel sintió la presencia de su nana y lentamente comenzó a abrir los ojos.
- ¿Ana?- susurró la niña. La nombrada volteó a verla y se dirigió a donde estaba con el vestido.
- Buenos días amor ¿Cómo amaneciste?- Isabel con sus manitas se talló sus ojitos y soltó un pequeño bostezo.
- Bien… creo…- contestó con pereza.
- ¿Y eso? ¿Te sientes mal o algo?-
- No, me siento bien, es solo que no dormí muy bien que digamos…- la infante guardó silencio por un momento, como si estuviese meditando lo que iba a decir y después de unos segundos continuó hablando.- Es que anoche oí al señor Ignacio diciendo algo de que íbamos a ir a ver a un pemetido.- Ana solo se mordió el labio, sabia a que se refería.
- Para empezar no es pemetido, sino prometido y en segunda ¿Qué hacías despierta? Cuando me fui recuerdo que te deje durmiendo.-
- Es que no podía dormir y fue cuando oí eso. Ahora dime ¿Qué es un prometido?- la joven no sabía que contestarle pues era solo una niña, miró a los lados y volvió a tomar el vestido entre sus manos.
- Es hora de que te cambies para que desayunes, así podrás ir a jugar pronto.- le dijo con una sonrisa un tanto fingida, deseaba que esas palabras cambiaran el rumbo de la conversación y que a la pequeña se le olvidara milagrosamente esa duda. La menor se paró en la cama y situó sus manos en sus caderas.
- No me cambies el tema de conversación, te hice una pregunta e intentaste evadirla, ahora la tendrás que contestar.- la niña la miró fijamente, ante esos ojitos color chocolate no pudo negarse y sonrió.- ¿Qué sucede?-le preguntó la infante, pues su nana estaba ida viéndola. La vocecita la sacó de sus pensamientos y la trajo a la realidad, inmediatamente se acordó de la pregunta que la menor le había hecho y pensó en otra salida.
- Contestare tu respuesta cuando estemos en el jardín, primero te cambiaras y luego desayunaras.-
- Pero yo quiero saber que significa.-
- Lo siento mucho pequeña, si quieres saber que significa tendrás que hacer primero tus cosas, tienes suerte de que sea sábado, hoy no hay clases para ti.- María hizo una pequeña mueca y volteó a ver a otro lado, Ana no estaba molesta con la actitud que había tomado pues con la carita que había puesto se veía realmente chistosa sin embargo recordó la promesa que le hizo a Antonio y decidió regañarla.- ¿Qué con esas muecas?- la menor al escuchar la pregunta puso en su rostro ninguna expresión.- Sabes que no tienes que hacer esas caras y mucho menos frente a los demás, tenía pensado llevarte al parque para que jugaras un rato pero con ese comportamiento no te lo mereces.- Esa palabras hicieron que sus ojos se abrieran por completo y rogaran misericordia.
- ¡No! ¡Yo quiero ir al parque!-
- Lo siento mucho señorita, pero no iremos al parque.- María se bajó de la cama y con ambas manos ligeramente jaló el vestido de su nana.
- Por favor, vamos, prometo que no me volveré a portar mal, hare lo que me pidas, me pondré todos los vestidos que tú quieras, comeré todo lo que me des pero por favor ¡Vamos al parque!- los ojitos brillosos de la pequeña la miraban fijamente a los suyos, ante esa mirada no pudo negarse y le sonrió.
- Esta bien, pero ¿me prometes que no te portaras bien?-
- Te lo prometo y si me vuelvo a portar mal o a hacer algo que no esté bien nunca me volverás a llevar a jugar.- ante ese comentario Ana supo que Isabel estaba completamente decidida a portarse bien, era lo que tenía, Antonio la había enseñado a ser decidida y muy cumplida. Sin perder más tiempo la pequeña se cambió rápidamente y desayunó a prisa. Se lavó los dientes y la cara.
- Ya vuelvo, iré por las cosas que llevaremos al parque, mientras no estoy aquí alista lo que te vayas a llevar, recuerda que primero iremos a caminar al jardín y de ahí nos llevaran al parque.- la pequeña asintió y corrió por una mochilita para meter sus juguetes, como estaba aún baja de estatura no podía alcanzar el estante donde estaban las bolsas y mochilas, Ana fue a donde estaba y le bajó una mochila.
- Gracias.- le dijo María con una gran sonrisa, Ana cerró la puerta de la habitación y se dirigió a la cocina. En lo que iba caminando pasó al lado de Ignacio quien pasó como si nada, en eso reaccionó, volteó a ver a donde iba Ana y la siguió. Ambos llegaron a la cocina, sin embargo Ignacio no le hablaba, era como si le tuviera miedo.
- ¿Qué quieres?- preguntó la joven. El otro al ser "descubierto" pues no tuvo de otra más que contestar.
- Pues la familia real… bueno… lo que queda de… me pidieron que te diera este dinero.- le entregó un sobre, el cual al parecer no había sido abierto aun. Ana tomó el sobre con cierta desconfianza y lo examinó solo con la mirada.
- ¿Para qué es esto?-
- Pues es para que le compres un vestido a Isabel, veras… la próxima semana habrá una cena en la casa de los reyes de los Estados Unidos, ahí cada casa llevara a la persona comprometida y se presentaran.-
