Miró el sobre fijamente y lo tomó con desconfianza, con su mirada seria examinó este sin quitarle la vista de encima a cierto hombre. Al parecer el sobre aun permanecía cerrado, eso si no había abierto el original y reemplazado por uno nuevo, Ignacio no hizo nada más que recargarse en la pared de la cocina.

- ¿Para que esto?- preguntó con un tono de curiosidad.

- Es para que le compres un vestido a María, el dinero lo envió la familia real.- contestó como si nada.

- Claro, y debe de estar completo.- le dijo con cierto sarcasmo.- Ha de ser solo una parte del dinero, el resto lo debes de tener tu.-

- ¿Y cómo sé que una vez que compres el vestido no te vas a quedar con el cambio?-

- No soy como tú, no soy hambre para el dinero ratero.-

- No soy ratero, además el dinero está completo, no me quedé con nada, todo ese dinero es el que te mandaron, si no me quieres creer no me creas, pero yo sé que estoy diciendo la verdad.-

-Bien, bien, como digas. ¿Pero para que un vestido? Ella tiene muchos.-

- La próxima semana habrá un cena en la casa de la familia americana, ahí conocerá a Alfred, quien es la persona con la que se va a casar, así como presentaremos a los que se casaran para sellar el acuerdo sobre el imperio.-

- Entonces es para eso… está bien, solo espero que sea una persona fácil de tratar así como racional y sin ninguna perversión o que no sea pedófilo.-

- Solo cómprale el vestido a la niña y ya, deja de preocuparte por cosas que no te corresponden.-

- Me interesan y me preocupo porque yo he criado a esa pequeña y la dejare hasta que pueda defenderse por sí sola.-

- Ok, no se nota que la quieres, entonces nos vemos y que se diviertan.- el hombre se fue rápidamente, como si tuviese algo que ocultar, Ana solo sabía que algo no le daba buena espina, abrió el sobre con cuidado, sacó el dinero y lo contó, una vez que terminó lo guardo en el mismo sobre y se apresuró a alistar las cosas que iba a llevar. Una vez que acabó metió los topers en una pequeña maleta y se dirigió al cuarto de María.

- Toc toc.- llamó a la puerta antes de entrar.

- Adelante.- ordenó una vocecita desde el interior de la habitación.

- ¿Ya terminaste de alistar tus cosas?- preguntó Ana con cierto cariño.

- Claro ¿y tú? ¿Ya alistaste la comida?-

- Por supuesto, estamos listas para irnos, pero antes vamos a hacer un repaso a la lista para verificar que tenemos todo. Primero: tazas de té.-

- ¡Aquí!- contestó con un estilo militar.

- Muñecas.-

- ¡Aquí!-

- Suéter.-

- ¡Listo y en uso!-

- Botiquín de primeros auxilios.-

- ¡En mi mochila señora!-

- Y por último: Pooh.-

- ¡Presente y listo para irse!-

- Entonces a la carga.- ambas mujeres tomaron las cosas que llevarían y se dirigieron a la entrada de la casa, ahí estaba un auto esperando para llevarlas a su destino. Las dos entraron con rapidez al auto y se acomodaron ya estando dentro.- Solo déjame decirte que una vez que acabemos de comer iremos a comprarte un vestido.-

- Pero si yo tengo muchos vestidos, ya sabes cómo era mi hermano, siempre que venía de España me traía vestidos.-

- Esta salida va a ser especial, por eso necesitas un vestido nuevo.-

- Pero no quiero ir a comprar vestidos, yo quiero jugar.- dijo acompañado de pequeños berrinches.

- ¿Ya vas a comenzar? Si es así entonces iré a dejar todas las cosas y solo iremos a comprar el vestido.-

- No quiero ir a comprar el vestido, es muy aburrido.- Ana miró seria y fijamente a la niña ¿Qué le sucedía? Nunca se había comportado así, siempre se portaba muy bien, sin hacer berrinches y sin oponerse a algo, Antonio la había criado muy bien, pero… ¿Por qué ahora? ¿Qué pasaba? No tenía respuestas, pero lo que si sabía es que de ahora en adelante tendría que tratarla con mano dura.

- Dime ¿Te pasa algo?- le preguntó Ana con un tono serio-molesto. La pequeña rápidamente supo cómo estaba su nana, bajó la mirada evitando encontrar la mirada de la mayor. Isabel no le contestaba, se mantenía en silencio, sabía muy bien que su comportamiento no era el correcto, pero algo la impulsaba a portarse así.- Te pregunté algo ¿No piensas contestar?-

- Yo…- comenzó débilmente.- No me sucede nada… es solo que…- ya no dijo nada más, no tenía ideas para contestar. Ana le indicó al chofer que ya se podía llevarlas a su destino, en todo el camino el silencio reinó, hasta que finalmente llegaron al lugar.

- Ya llegamos señorita Ana, que se diviertan. Ya saben que estaré aquí si se les ofrece algo.-

- Muchas gracias don Alberto.- contestó Ana y ambas bajaron del auto.

- ¿Dónde estamos?- preguntó Isabel un poquito preocupada.

- Estamos en el parque.- contestó la mayor como si nada. Tomaron sus pertenencias y ambas comenzaron a avanzar hacia la entrada de este.

- Pero… ¿Por qué estamos aquí si me porte mal?-

- Bueno… digamos que me debes una *guiño*-

- Aun así… no me lo merezco, me porte como no debía…- eso era lo que a Ana le gustaba de Isabel, a pesar de estar chiquita sabía muy bien sus errores y los aceptaba, si ella hacia algo que no debía no se quedaba callada al contrario siempre los decía.

- No te preocupes, ahora vamos a entrar al parque para que empieces a jugar y al rato vayamos a comprar.-

- Está bien.- contestó la menor con una gran sonrisa y entró corriendo al parque.

- ¡María espera!- gritó Ana al ver que la niña corría sin cuidado y salió detrás de ella.- ¡María fíjate por donde corres!-

Sé que tarde tres días en publicar y ayer no subí nada pero todo es culpa de la tarea, odia que escriba (TT-TT) y quiere separarme de lo que amo. Gracias por leer y les mando buenas vibras.