Abrió los ojos, estiró su cuerpo y levantó de la cama, se dirigió al ropero y de dónde sacó su ropa. Tomó la toalla y metió bañar. Una vez estuvo listo bajó a la cocina para desayunar, acabada esta acción terminó unos pendientes que tenía que hacer en su casa y de ahí partió para el trabajo. Decidió irse caminando, puesto que le faltaba mucho para su hora de entrada y decidió pasar por el parque.

~~~~~ á ~~~~~

- ¿Gusta té?- preguntó la joven con un tono amable.

- Estaría encantada de que usted me sirviera un poco más de este exquisito té.- contestó cortésmente la pequeña.

- Por supuesto que le serviré, solo le recomiendo que no coma muchas galletas pues dentro de poco comeremos como se debe.-

- Gracias por avisarme señorita.- después de tomar un poco de té Ana les sirvió a ambas de comer. Comieron de manera tranquila, agradecieron por la comida y en eso María vio pasar a un carrito de paletas. Lentamente volteó a ver a su nana, quien miraba a la gente pasar, María dibujó una gran sonrisa en su rostro y le hizo ojitos a Ana, pero esta no se había percatado de que la menor la miraba, estaba perdida en sus propios pensamientos. Isabel se mordió el labio inferior pues su nana la había ignorado, miró los artículos que tenían en la banquita y vio un vaso que contenía agua, tiró el vaso haciendo que pareciera un "accidente".

- Isabel ¿Qué hiciste?- preguntó Ana al percatarse de que un poco de agua había caído en su vestido.

- Lo siento… no fue mi intención… fue un accidente…- contestó con cierto tono de culpa.

- Para la próxima ten más cuidado, por suerte fue agua simple y no de sabor.- para la suerte de María, Ana divisó al vendedor de paletas, la mayor inmediatamente supo que el "accidente" anterior se había debido a la petición unas paletas, pero prefirió no decirle nada.- Mira, están vendiendo paletas ¿quieres una?- no tardó en terminar la pregunta cuando recibió respuesta por parte de María.

- ¡SI!-

- ¿Y de que sabor quieres que te la compre?-

- De uva por favor.-

- Esta bien, ya vuelvo, no te vayas a ir de aquí o de lo contrario no habrá paleta.-

- ¡A la orden! Aquí me quedaré hasta que regreses.-

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En el parque veía a muchos niños jugar mientras eran vigilados por sus padres, intentaba quitarse de la mente la noticia de que se iba a casar pero ver a tantos niños le recordaba, le recalcaba, le remarcaba que su futura esposa era una solo una simple niña, iba perdido en ese pensamiento cuando de repente…

- ¡Ah!- escuchó débilmente, la voz provenía de una mujer, ella estaba entre sus brazos, ambos casi arrodillados en el camino de tierra, la ayudó a levantarse y vio como ella se comenzó a sacudir el vestido, eso lo sacó de sus pensamientos.

- ¿Estas bien? ¿Estas herida? ¿Te duele algo?- le preguntó ligeramente preocupado, después de todo, o al parecer, había sido su culpa por no fijarse por donde caminaba.

- Estoy bien.- contestó ella. La miró fijamente, se le hacía conocida, la había visto en alguna parte, comenzó a hacer memoria tratando de recordar su rostro, tal vez… ¿era la joven que estaba cuidando a la niña el día de la junta que tuvieron ambas naciones? Lo creía imposible, ¿Y si le preguntaba? Capaz y la estaba confundiendo, optó que lo mejor sería no preguntar nada y continuar con su camino, mientras todo esto pasaba por sus pensamientos Ana notó que la miraba mucho, eso ya no le gustó, se separó de él y le agradeció la ayuda retomando ella la dirección hacia el carrito de paletas. Alfred también comenzó a caminar llevando su rostro en mente, sabía que la había visto en algún lado pero no podía recordar donde, en fin no podía hacer nada más. Por su parte la joven compró las paletas y regresó a donde estaba la pequeña.- Ten, aquí está tu paleta, ya sabes que la tienes que comer rápido, sino se te va a derretir y el vestido se te puede manchar.-

- De acuerdo, ¿después de esto iremos a comprar el vestido?- preguntó con curiosidad.

- Así es, iremos a varias tiendas, ya sé que no te gusta ir a comprar ropa pero es orden de los hermanos Castilla por lo que tenemos que ir a.-

- Esta bien… ¿pero verdad que no tardaremos?-

- Si encontramos un vestido bonito entonces regresaremos pronto a casa y podrás seguir jugando.-

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Llegó como si nada al edificio donde trabajaba, ese día estaría ahí hasta la hora de la comida para luego dirigirse a la casa de sus superiores y terminar allá el trabajo, rápidamente llegó a su oficina, le ordenó a su secretaria que le sirviera una taza de café, en eso entró su querido amigo Fredie.

- ¡ALFRED! ¡AMIGO, CUATE! ¿Cómo estás?- le preguntó con alegría.

- Bien… supongo… ¿Qué necesitas?- contestó Alfred con cierto tono indiferente.

- Nada… ¿ya no puedo venir a saludar a mi querido amigo?- al menos intentó borrar las sospechas de su visita.

- Sé que tú no vienes aquí para saludarme, tú quieres algo, por eso dime que es lo que quieres.- ups, creo que al parecer su plan no funcionó.

- ¿Recuerdas que me prometiste que me dirías todo acerca de tu boda?-

- Supuse que sería eso y al parecer no estaba equivocado.-

- Es que aún no te creo que te vayas a casar con una niña, mínimo te hubieran comprometido con una joven… o con Hungría… esa esta… grrrr.-

- Por favor llévate tus pensamientos impuros a otra parte, esta zona es libre de perversiones.-

- No me hagas reír, si bien que te diviertes con tu secretaria.-

- Con ella nunca he tenido nada, además es casada…-

- Si como no, si he visto cómo te mira la tía, realmente deberías disfrutar el resto de tu soltería, luego te la pasaras viendo Barney y los Teletubies, así como jugando a la casita y tomando té *risa* Ya me imagino un cuadro en la pared de tu sala, donde estén tu pequeña esposa y tú, ella con un nenuco en los brazos y tu como el hombre de la casa.-

- Solo cállate, si vienes a molestarme por eso mejor hablamos luego *susurro* este lugar no es adecuado.-