Uno, dos, tres… ¿en qué me quedé? Ya hasta se había olvidado de cuantos trajes se había probado, estaba cansado pero no quería decir nada por miedo a que la reina entrase en modo Berseck, todos esos trajes que se estaba probando le parecían muy anticuados y… feos… no es que le quisiera mandar una indirecta a su amigo austriaco, era solo que… no eran de su agrado ese tipo de trajes, veía que la mujer sacaba un traje tras otro ¿Pues cuántos de esos tenia Aarón? Ya no soportaba estaba a punto de explotar.
- Ammm… ¿Amelia?- preguntó Alfred con los ánimos caídos.
- ¿Si? ¿Qué sucede Alfie?- preguntó con mucha ternura mientras incrustaba unas agujas en la tela.
- No me digas así, no me gusta, se oye… demasiado tierno… así que por favor no me llames así… dejando a un lado eso… ¿no sabía que te gustaba la costura?-
- Me fascina, es mi pasatiempo preferido, eso de leer no me agrada del todo ¿Quién crees que les hizo el vestido a mis hijas?-
- Wow.- dijo algo sorprendido.- Pensé que había sido un sastre cualquiera y no… tu…- ante ese comentario la mujer comenzó a apretar el carrete que sostenía en sus manos y le lanzó una mirada asesina a Alfred, tanto que hasta Aarón se sintió algo intimidado.- Perdona… no creí que te fueras a molestar… lo siento *sonrisa nerviosa* después de todo debo de admitir que esos vestidos eran muy lindos, siempre pensé que un sastre de primera los había hecho, por el diseño, tipo de tela, adornos y la costura *nótese el sarcasmo*.- una venita resaltó en la cien de la mujer al escuchar todo eso, Aarón sabía que eso no iba a acabar bien por lo que se refugió dentro del baño, ahora Alfred recibiría la furia de la reina, tragó saliva nervioso e intentó hacer todo lo que estuviese en sus manos para que se calmara.- Lo siento, lo siento, no fue mi intención decirte eso… lo que quería decir… pues e-era que tú eres muy buena sastre… creo que la mejor que…- pero al ver que la mujer seguía furiosa decidió callarse y recibir su merecido. Al no seguir hablando Amelia sonrió y continuó componiéndole el traje, el silencio reinó por un gran tiempo, Aarón ya no estaba escondido sino que ahora estaba sentado en el balcón leyendo el periódico y Alfred… pues no tenía otra opción para escapar más que esperar, así que tu tuvo que soportar el seguir esperando a que Amelia terminara de componer el vestido.
- ¡Listo!- dijo la reina de manera alegre, Alfred bajó del asiento donde estaba, se acercó a un espejo y se miró haciendo una mueca.
- Que raro me veo.- dijo con los ánimos caídos.
- No digas eso, te ves muy bien y sobre todo guapo, me gustas para yerno pero no se puede.- ante tal comentario un leve sonrojo surgió en las mejillas del rubio.
- Y aunque se hubiese podido… yo no soy una persona calificada para casarme con una de sus hijas.-
- Eso es lo de menos, ahora que el traje ya está ¿Qué harás?-
- Pues tengo pensado ir a comprar unas cosas… antes… ¿Cuándo va a ser la cena?-
- En dos días.- contestó como si nada.
- ¡¿EN DOS DIAS?! ¡¿NO QUE ERA EN UNA SEMANA?!- gritó muy sorprendido.
- Iba a ser en una semana pero decidimos que lo mejor sería adelantarlo, además Alice llega mañana y pienso que sería mejor quitarnos ese pequeño pendiente de encima para que así mi hija se olvide de preocupaciones y disfrute su estancia aquí.-
- Creo que solo la pondrás más nerviosa… además… no tiene caso que la hayas mandado a estudiar a una escuela tan lejos, hay personas que quieren ir a la escuela y no pueden.-
- No me digas eso, haces que me sienta mal… además ya se va a casar, solo espero que haya aprendido algo, ahora… ve el lado bueno, conocerás a tu futura esposa ¿no estas feliz por eso?- Alfred no contestó y volteó a ver a otro lado.
- Creo que es hora de que me vaya a terminar con mis cosas.-
- Alfie.- dijo Amelia con mucha ternura.- No te enojes, después de todo es la verdad y tienes que aceptarla, para que veas que soy una buena persona y jefa te daré el día de mañana libre para que medites bien la situación y veas que no es para nada malo…-
- Para ti no porque tú no te vas a casar.- la interrumpió molesto.
- Alfred.- continuó pero con un tono serio.- No quiero problemas y menos contigo, lo sabes, es mejor dejar esto por la paz y aceptar como está la situación, si quieres irte adelante, vete, total ya terminamos el trabajo, llévate el traje, lo usaras el día de la cena.-
- ¿Es enserio? ¿Tengo que usarlo?- preguntó desganado.
- Yo te recomiendo que sí, a menos que quieras que la reina malvada surja.- contestó Aarón haciéndose bolita, cuidándose de un posible ataque. Sin otra opción el rubio tomó de mala gana el traje al igual que unos papeles, se despidió y salió de la habitación rumbo a su auto, aun llevaba el traje que le habían prestado, lo primero que haría al llegar a su casa sería cambiarse de ropa, solo deseaba que Freddie no estuviese afuera esperándolo porque se burlaría a mas no poder de él y aunque no lo admitía ese tipo siempre le sacaba una sonrisa. Llegó a su casa y afortunadamente no había nadie esperándolo, entró con rapidez y se cambió, de nuevo tomó las llaves del auto y emprendió su camino al supermercado.
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- La cena será en dos días a las siete de la noche, la niña tiene que estar lista una hora antes, saldremos de aquí 6:15 para llegar allá 6:45, el tiempo de sobra será para conversar un rato con los reyes y esperar a que lleguen los invitados.- decía Ignacio, Ana estaba atenta escuchando, el día se acercaba, al menos simplemente conocería al que se iba a casar con su pequeña protegida, pero poco a poco se acercaba más el día de la boda, aun no le habían dado información oficial sobre ese tema pero había logrado escuchar la fecha que sería anunciada en dos días. Sería una doble boda, sencilla pero sería una boda, aun así la simple idea de que Isabel se iba a casar con alguien mucho mayor no le agradaba en lo absoluto pero tenía que aceptarlo, no podía hacer nada para impedirlo, estaba agradecida de que Ignacio le permitiese quedarse con la niña, realmente había sido increíble, cualquier otra persona le hubiese dicho que no, así que por el momento tenía que conformarse.
- ¿Y sus majestades cuando llegan a este recinto?- preguntó la chica.
- Mañana en la mañana, te pido que estés presente en la llegada de ellos, ten en cuenta que tu solo te dedicas a cuidar a María Isabel, por nada vayas a descuidarla, ten mucho cuidado con el mayor, conociéndolo… sería capaz de hacerte algo, no solo a ti sino… a todas…-
- ¿Acaso estas asustado? Ese… mocoso, como le llamas tú, ¿es al que tanto miedo le tienes?- lo cuestionó Ana.
- Olvídate de esa estupidez, además yo simplemente soy uno de sus primos, nunca habría tenido oportunidad de gobernar.-
- A menos que… los matases…-
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Los dos días pasaron de manera rápida, la hora de la cena se acercaba, Alfred se miraba en el espejo de su habitación, soltó un suspiro y una mueca.
- No puede ser… ¿Por qué?- se preguntó, dio la media vuelta y dirigió a la salida para subirse al automóvil que le esperaba para llevarlo al palacio.
