Se miraba en el espejo, de pies a cabeza, después de todo el traje no le quedaba tan mal pero aun así no era de su agrado, miró el reloj y se dio cuenta de que era hora de irse, ya que tenía que llegar mucho antes para corroborar que todo estaba en perfecto orden y listo. Afuera de su casa estaba un auto esperándolo para llevarlo al palacio, se subió y una vez que se aseguró de que tenía todo lo que iba a "necesitar" le ordenó al chofer que ya se podían retirar. Llegó y lo primero que pensó en hacer fue ir a ver a sus majestades, no tardó mucho en la oficina y salió de esta pero dirigiéndose esta vez a la cocina, sacó su teléfono y comenzó a arreglar unos asuntos a través de este, cuando…
- Hola Alfred.- dijo una voz coqueteándole, se detuvo y volteó a ver quién era la dueña de la voz.
- Alice.- susurró, la chica se acercó a él y comenzó a rodearlo mientras lo examinaba de pies a cabeza.
- No estas nada mal.- comenzó mordiéndose el labio.- Me hubieses gustado para marido pero desgraciadamente no se puede, ya que te vas a casar.- Alfred no pudo evitar ruborizarse ante aquellas palabras y esto no pasó por desapercibido por la chica. Unos pasos se comenzaron a oír, al parecer alguien venia corriendo.
- ¡Alice!- gritó Sharon agitada.- Te dije que no me dejaras, eres mala.- la mencionada se acercó a su hermana y le tomó ambas manos mientras sonreía.- ¿Sucede algo?- preguntó sin entender.
- Nada... ven vamos donde Alfred.- caminaron unos cuantos metros y llegaron a donde estaba el rubio esperándolas.- Míralo ¿no crees que se ve realmente apuesto?- Sharon se sonrojó un poco y simplemente asintió.
-No quiero ser grosero pero tengo que ir a ver si todo está listo para la cena.-
- ¿Cena?- preguntó Alice.
- Si… van a hacer una cena ¿no te ha contado tu mama?-
- No, de hecho me acaban de avisar que ella quiere hablar conmigo pero no me dijeron sobre que, si ese es el caso nos vemos al rato.- Cada quien tomó su propio rumbo, Alfred hacia la cocina y las chicas rumbo a la habitación de su madre.
- Toc toc.- llamaron a la puerta.
- Adelante.- ordenó la voz de un hombre. Ambas hermanas iban a entrar al lugar pero su padre dijo que querían hablar con su hermana sobre unas cosas y que ella debía de esperar en su habitación. Sin protestar se dirigió de manera rápida a su habitación, se sentó en la cama y tomó un oso de peluche para abrazarlo ¿acaso lo que a su hermana le iban a decir era serio? Esa era la única respuesta que tenía, pasaron los minutos y su hermana no llegaba por lo que decidió ir a sus aposentos, tocó la puerta pero no había respuesta alguna, en eso oyó unos pasos volteó y vio que ahí venia su hermana mientras que del otro lado venia su hermano. Los tres se juntaron afuera de la habitación, nadie dijo nada, simplemente hubo silencio.
~~~~~ á ~~~~~
El baño estaba listo al igual que el vestido y sus accesorios, solo faltaba algo: María Isabel. Ana la había estado buscando por toda la casa pero no la encontraba, buscó debajo de las camas, en todos los cuartos, en el jardín trasero y en las bodegas pero simplemente no la encontraba.
- ¡ISABEL! ¡VEN QUE TE TENGO QUE BAÑAR!- gritaba una y otra vez pero simplemente la menor no salía de su escondite, entró a la casa y comenzó a buscar de nuevo, esperanzada de que la hallaría pronto.
- ¿Sucede algo malo Ana?- preguntó el segundo hijo de los reyes.
- Su-su su majestad, disculpe.- la joven hizo una pequeña reverencia.
- No tienes por qué ser tan formal, después de todo no me gusta que la gente haga eso, todos somos humanos, no por ser parte de la aristocracia quiere decir que viviremos por siempre o que somos diferentes.-
- En parte tiene razón pero aquí lo que nos diferencia son los estatus sociales, aunque varios digan que somos iguales siempre habrá algo o alguien que haga la diferencia.-
- Ana, esta conversación no es muy agradable, mejor cambiemos de tema… ¿A quién o que buscas?-
- A la niña Isabel, no la encuentro por ningún lado.- el príncipe Jorge no contestó, se quedó pensativo, tomó la mano de la joven y la jaló en dirección a la habitación más alejada de las principales. Al llegar notaron que la puerta estaba semi-abierta, el joven lucia serio.
- Por nuestra culpa es que ella está sola, nosotros le arrebatamos a la única persona que tenía, Antonio siempre le enseñó a ser positiva, a ver las cosas buenas de la vida, aceptar los cambios que se presentasen y que ellos como naciones tenían que ver por el bien de su pueblo, que siempre estuviese sonriente y sobre todo… que no llorara ante los demás… él se veía tan fuerte, siempre aconsejando a los demás, a motivarlos a sonreír y a no deprimirse… pero cuando empezó la guerra de independencia el Antonio que conocíamos desapareció, se volvió incapaz de sonreír, siempre que nos encontrábamos en peleas se volvía un monstruo, su faceta era tan distinta y al perder… según nos contaron su sonrisa tardó mucho en regresar y en ese transcurso cayó en una depresión que preocupo a muchos.- Ana no dijo nada, simplemente bajó la mirada y comenzó a recordar el rostro de Antonio sonriente, unos recuerdos llevaron a otros, los recuerdos que tanto odiaba, que le causaban dolor de alguna manera y vio el rostro del español furioso, con ganas de matar a todos los que le impedían llegar, ver y separaron de su hermana, al ver cada fragmento de ese recuerdo en su memoria, daba pasos hacia atrás, Jorge supo que lo que pasaba por su mente no era nada agradable.- Ana… creo que será mejor que vayas con la niña, ella debe de estar ahí… nos vemos al rato…- el joven se dio la media vuelta y poco a poco comenzó a alejarse, Ana entró con cuidado a la habitación intentando no hacer ruido, ahí estaba, parada frente a la ventana abrazando su osito de peluche.
- Mi niña… es hora de que te bañe, para que te arregle y vayamos a la cena.- la niña no dijo nada por lo que Ana se acercó a ella, se agachó de manera que quedara a la misma altura y la abrazó, la pequeña contestó el abrazo y la joven pudo oír como sollozaba.- Tranquila, no llores, dime ¿Qué hacías aquí?-
- Nada nana, por favor no insistas, será mejor que nos apuremos…-
- No estaré tranquila hasta que me digas que te sucede, sabes que puedes contarme lo que quieras.-
- Pero esto es un secreto mío, así que mejor te contaré después.- Ana no quiso insistir, por lo que regresaron a la habitación, la bañó, cambió y peinó, la joven bajó por su maleta y se puso un vestido, el mismo modelo que el que usaba para trabajar, pero más nuevo y de otro color. Una vez estuvieron listas se subieron al mismo auto que sus majestades, Ana solo deseaba que el futuro esposo de su protegida fuera flexible para que así aceptase que ella se quedase a cuidar se Isabel.
~~~~~ á ~~~~~
Alice se encerró en su cuarto, cerró las ventajas y cortinas, se tiró en su cama y comenzó a golpearla, los peluches y almohadas volaron por la habitación tirando cosas, el cuarto estaba hecho un desastre, pero no le importaba en lo más mínimo, estaba molesta aunque no se lo había mostrado a su madre, no podía creerlo, nunca se había puesto en su contra siempre acataba lo que ella decía sin importar que fuese, pero lo que pedía… por favor era imposible, aun así en contra de su propia voluntad haría lo que ella le pidiese, no tenia de otra.
- Toc toc.- llamaron a la puerta. En ese instante quería estar sola, quería odiar a su madre por lo menos una vez, había pensado que le había dicho, ella creyó que la razón por la que su madre le había hablado fue para que regresara para pasar el tiempo como una familia pero se había equivocado, ahora sabía que se iba a casar y lo peor era pensar en que tal debía de ser él.
- Señorita por favor abranos, venimos a ayudarla a que se arregle.- Sin otra opción dejó que pasaran, ellas entraron y vieron el desorden de la habitación, llamaron a las encargadas de la limpieza y pusieron manos a la obra mientras que las otras mujeres sacaban un vestido, zapatos y accesorios.
~~~~~ á ~~~~~
Los invitados comenzaron a llegar poco a poco, afortunadamente no se presentó ningún imprevisto y todo, hasta el momento, iba de maravilla. La casa real mexicana (disculpen ya luego pensare bien en otro nombre) ya había llegado, sus altezas y acompañantes entraron, los presentes hicieron una pequeña reverencia.
- Por favor, acompáñennos a la sala de estar, sus majestades bajaran en unos minutos.- entraron a la sala, se sentaron y al poco tiempo la familia real bajó, Alfred venía con ellos, todos se pararon, reverenciaron y se volvieron a sentar a excepción de Ana, ella estaba a un lado de Isabel parada. En eso Alfred giró la mirada y vio a Ana y a la niña.
- Es la misma chica del parque.- pensó. La joven no lo había visto, sino porque se acercó a saludarle, ambos se miraron de una manera extraña pero le tomaron poca importancia.
- En unos minutos la cena será servida, espero que sea de su agrado la comida, ahora hablaremos sobre el por qué estamos aquí.- comenzó la reina.- No sin antes agradecerles a los presentes por tomarse un tiempo para venir, ahora, como saben, nuestros reinos formaran un imperio y para eso es necesario realizar una boda, de nuestra parte será Alice la futura reina y futura esposa del afortunado.-
- Su majestad, es un placer conocerla, como sabe mi nombre es Ignacio y soy como el tutor de mis sobrinos, el príncipe Fernando será el futuro rey y esposo de su hija, solo espero que se lleven bien y no intenten matarse.- unas pequeñas risas por parte de los invitados se oyó.- Confió en que no abran trucos sucios detrás de este matrimonio ¿verdad su alteza?-
- Nosotros somos de palabra y le admito que no hay ningún truco sucio.-
