Amaneció, la alarma sonó y él se levantó para ducharse, volteó a ver a la niña, quien dormía plácidamente mientras abrazaba su osito de peluche, se veía tan tierna que no pudo evitar sonreír. Tomó su ropa interior, una toalla y se metió a bañar. Abajo estaba Ana, quien revisaba lo que había en la cocina, no vio nada saludable por lo que pensó que sería buena idea ir a comprar algo comestible. Regresando a la habitación la pequeña María comenzó a revolverse entre las sábanas y poco a poco abrió sus ojos, tardó unos segundos en recuperar la visión, pues la luz del sol la había dejado cegada. En eso la puerta del baño se iba abriendo y de esta salió Alfred, la pequeña lo miró instintivamente al rostro y de ahí inocentemente bajó la mirada.
- ¡AAAAH!- gritó, al oírla Alfred se puso alerta y corrió a donde ella para ver qué era lo que sucedía.
- ¡ISABEL! ¡¿QUÉ TIENES?! ¡¿QUÉ TE SUCEDE?!- preguntó algo alterado, la menor se había cubierto con las sábanas de pies a cabeza y no conseguía que ella saliera de su pequeño refugio.- Isabel, dime que sucede.-
- Te lo diré, pero no me destaparé.-
- ¿Por qué no? ¿Acaso hay algo malo por aquí?- se detuvo y comenzó a mirar la habitación, buscando algo que asustase a la pequeña.- No veo nada, así que dime que es…-
- Estas en bóxer.- contestó cortante.
- ¿Y qué tiene de malo? No estoy desnudo.-
- Lo sé, pero mi hermano Toño me dijo que nunca debía de ver así a un hombre, que es indebido, sobre todo cuando se trata de una niña o jovencita.-
- Ese tipo la tenía entrenada.- pensó.- En eso tienes razón, se ve mal que alguien tan pequeña e inocente como tu vea a un hombre así, me cambiaré.- pasaron unos segundos, ella esperó la señal y cuando le dijo que ya estaba listo, lentamente se destapó, sin embargo se volvió a ocultar detrás de las sábanas: su, ahora, fuerte.- ¿Y ahora qué?- preguntó ya algo molesto.
- Estás sin camisa.- contestó la niña.
- O sea que… solo me puedes ver si estoy completamente vestido ¿no?-
- Así es…-
- Bueno, me pondré una camisa.- se dirigió a su armario y sacó una playera de algodón, al terminar de ponérsela volvió a dirigirle la palabra a María.- Listo, ya puedes descubrirte.- Ni bien se terminó de descubrir la niña y la puerta se abrió ferozmente, apareciendo detrás la nana de Isabel.
-¡ANA!- gritó con mucha alegría la menor. Sin previo aviso golpeó a Alfred brutalmente, dejándolo tirado cerca del balcón, con rapidez corrió hacia la niña y la envolvió entre sus brazos.
- ¿Estas bien Isabel? ¿Ese hombre malo y feo te hizo algo? ¿Por qué estás aquí? Deberías de estar en tu cuarto, no con esta bazofia *mirada llena de desprecio*.-
- Auch, lo último dolió más que los golpes *susurro*maldita loca…- cuando miró a la joven vio que un aura espesamente negra cubría sus alrededores, decidió no hacer ni decir nada y dejó se llevase a la niña, luego ajustarían cuentas, o eso pensó él.
~~~~~ á ~~~~~
- ¿Te hizo algo malo?- preguntó Ana, estaba hincada frente a Isabel, quien abrazaba su osito de peluche.
- Para nada.-
- Entonces dime… ¿Por qué estabas con él? Te deje en tu cuarto, no en el de él.-
- No te diré.- se negó, Ana la miró seriamente, no hizo ningún gesto, quería que le dijese lo que había pasado la noche anterior pero simplemente se negaba a hablar.- Isabel… por favor… dime porque estabas con él, sabes que no te haré nada malo, simplemente quiero saber si te hizo algo, sabes que eres muy importante para mí y te quiero demasiado, además le prometí a tu hermano protegerte sin importar lo que ocurriese, por eso te pido que me digas que fue lo que pasó anoche.- la pequeña bajó la mirada y evitó toparse con los ojos de su nana.
- No pasó nada… solo… tenía algo de miedo… escuchaba ruidos raros… y es que ese cuarto es grande y tiene muchos juguetes… y algunos dan algo de miedo…- dijo finalmente.
- Tranquila, sabes que no te pasará nada… entonces te fuiste a dormir con él porque tenías miedo ¿no es así?- María asintió y Ana solo sonrió.- después de todo no es tan malo, creo que puedo confiar en él. Creo que le debo una disculpa.-
- Jijijiji.- comenzó a reírse.- No eres muy buena pidiendo disculpas.-
- Al único que le he pedido ha sido a tu hermano, de ahí en fuera a nadie más.-
- Jejeje, te costará un poquito pedírselas ¿Por qué no le escribes una carta?-
- No se… es buena idea.-
- Así no pierdes tanto el orgullo.-
- No digas eso, no soy orgullosa, simplemente no me gusta disculparme, no con cualquiera.-
- Pero las tienes que pedir, cambiando un poquito el tema ¿Qué hiciste de desayunar?-
- Prepare hot-cakes, fue lo mejor que encontré en la cocina de este tipo, al rato iré a comprar comida de verdad y tu iras conmigo.-
- ¡SI! Vamos nana, sírveme de comer, ya quiero ir contigo al súper.-
- No te apresures tanto, además todavía falta que te metas a bañar.-
~~~~~ á ~~~~~
Bajo las escaleras con mucho cuidado, rogando no toparse con Ana, caminó de puntillas para no hacer ruido y con éxito llegó hasta su oficina, intentó hacer el menor ruido posible, vio en el escritorio la correspondencia, se sentó y comenzó a revisarlas. Cuentas, cuentas y más cuentas, realmente ser un país no era nada fácil, eso de tener que lidiar con las demás naciones (en especial Francia) no era muy de su agrado, continuó leyendo cada una de las cartas hasta que llegó a una.
- Reunión.- era lo que decía al inicio de esta.
- ¿De qué será?- preguntó para sí mismo algo confundido.- Será mejor que le demos una leída.
