¡Holaaaaaa!
Disculpen que no pude actualizar en todo este tiempo, es que el monstruo de los exámenes y los trabajos prácticos apareció Dx
Pero ahora que estamos en receso invernal, puedo actualizar tranquilamente :D
Antes que nada, quería hacer algunas aclaraciones:
Pasaron 4 años desde que los aliens se fueron. O sea... hace 4 años que Ichigo y Aoyama están de novios.
Piensen que en todo este tiempo ellos se conocieron mucho más, las relaciones van cambiando a medida que pasa el tiempo. Ellos ya no son los niños de 13 años, piensen que ahora son adolescentes de 17 años. Sus actitudes van cambiando también, respecto a lo que van experimentando.
Por eso, no se aferren tanto al pasado. Obviamente ellos conservan su misma esencia, Aoyama el mismo novio tierno, amable y protector con su amada. Sé que es raro imaginarlo enojado con ella, pero insisto, piensen que pasaron 4 años. Ellos vivieron muchas cosas, pasaron mucho tiempo juntos. Es normal que sus actitudes vayan cambiando, porque también ya están acostumbrados a las reacciones de su pareja.
(Ejemplo: si durante los 4 años años, Ichigo siempre llegó tarde a las citas con Aoyama, es normal que este se moleste de vez en cuando).
Además... bueno, no quiero hacer spoiler pero... me parece que... algo de sus reacciones tiene que ver también con... Deep Blue... creo.
Jaja no hablo más. Disfruten el capítulo y dejen comentarios contándome que les pareció :)
La próxima actualización no va a ser muy lejana, ¡lo prometo! Sp~
CAPÍTULO 7: COMENZANDO
~En otra parte de la ciudad…~
- ¡Hanacha, Chincha, Lucha, Honcha, Heicha! ¡Vengan a desayunar, na no da!
- ¡Siii, desayuno! – se apresuraron los niños en levantarse de la cama, y alistarse para ir a la escuela.
Era un nuevo día en la vida de Pudding.
Después de acompañar a sus hermanitos a la escuela, se dirigió a su instituto. Ella estaba en segundo año de la escuela media, y sus hermanos estaban en primaria, habían crecido bastante. Entre todos ayudaban a mantener la casa en orden, y se repartían los quehaceres para ayudar.
…
- Alumnos, tengo algo que informarles – anunció el maestro – Hoy se incorporará a la clase, un nuevo alumno.
El chico entró al aula, y se paró en frente de sus compañeros. Tenía la camisa y la corbata desarreglada, como si hubiese salido apurado. También se lo notaba molesto, como si alguien lo hubiese obligado a asistir ahí.
- Él es Ikisatashi Taruto, por favor sean amables con él.
- Meh – expresó Tart, con desinterés.
- ¡Taru-Taru! – gritó una niña de cabello rubio, emocionada al notar que el niño iba a asistir a la misma clase que ella.
- ¡Te dije que no me llames así! – gritó Taruto avergonzado, provocando el asombro de todos.
- Ah… parece que ustedes ya se llevan bien – dijo el maestro, sorprendido por sus reacciones.
- ¡No, claro que no! – exclamó Tart rojo de la vergüenza.
Los demás niños rieron de la graciosa situación.
…
- ¿Por qué está Taru-Taru en la escuela de Pudding, na no da? – preguntó Pudding mientras caminaban juntos en el recreo.
- Es culpa del idiota de Pai. Insistió en que yo tenía que venir a la escuela, para no perder el año – bufó Tart - ¿Por qué tengo que venir? ¿Por qué no me puedo tomar vacaciones? – se quejó haciendo un berrinche.
- Es lindo venir a la escuela Taru-Taru, harás muchos amigos – sonrió Pudding – además pasarás más tiempo con Pudding – al decir esto, provoco un gran sonrojo en el niño.
- ¿A-a q-quién le interesaría verte, y ser amigo de estos estúpidos humanos?
Pudding sonrió, como si no creyera lo que el niño acababa de decir, y tomándolo de la mano, lo llevó a jugar.
…
Finalizada las clases, se dirigieron al café, ya que era hora de ir a trabajar. A Tart no le agradaba para nada la idea de tener que trabajar, prefería usar el tiempo en conocer más a Pudding, o ir a hacerles travesuras a otros humanos. Ella estuvo todo el camino, contándole las nuevas acrobacias que había aprendido, y los dulces que le iba a hacer probar, en un futuro no muy lejano.
En un momento de la charla, Tart se atrevió a preguntarle lo que le había quedado rondando en su cabeza, desde el día de ayer.
- Oye Pudding… lo que dijiste ayer… acerca de tu compromiso… ¿es cierto? – interrogó Tart, mientras miraba para otro lado, probablemente por la vergüenza producida al sacar el tema.
- Así es, es un matrimonio arreglado por mi padre. Él lo escogió para mí – explicó la niña.
- ¿Cómo puede obligarte a casar con un extraño? – preguntó Tart exaltado
- Pues… ya no es un extraño, Pudding lo conoció hace tiempo. Ahora que lo pienso… Taru-Taru también lo conoce – respondió Pudding pensativa
- ¿Yo también lo conozco…? – comenzó a recordar él también
- ¿Recuerdas el hombre que me salvó aquella vez que usaste la chimera en forma de cactus gigante? Y también el que me protegió de esa chimera en forma de canguro boxeador, en el campeonato de peso pesado – afirmó Puding
- ¿Qué? ¿Ese idiota es tu prometido? – exclamó Tart casi a los gritos, mientras se le venían los recuerdos a la mente. Recordaba cómo se había molestado porque ese patético humano había interferido en su "juego" con Pudding.
- ¡No puedes casarte con él! – reprochó el niño.
- ¿Por qué no? – preguntó curiosa la chica.
- P-p-porq-que es un idiota, ¡un simple humano!, no te merece – exclamó, sonrojado.
- Pues… no está en los planes de Pudding casarse ahora, pero Yuebing-san me ha demostrado que es una buena persona. Ahora debe estar esforzándose mucho junto con papá – sonrió felizmente, al pensar en éste último.
- ¿Yuebing-san? – inquirió Tart
- Sí, así se llama. Gracias por preocuparte por mí Taru-Taru – respondió enérgicamente, mientras le daba una cálida sonrisa.
-¡Ahhhhh, cállate! ¿No te cansas de ser tan tonta? Mira, ya tendríamos que estar en el café – exasperado Tart huyó del lugar, muy sonrojado por la reacción de la pequeña. Estaba tan nerviosa que ni siquiera recordó que se pudo haber teletransportado al lugar, en vez de ir corriendo.
En el café…~
- ¡Aquí Pudding y Taru-Taru reportándose para trabajar, na no da! – exclamó la niña alegremente, al llegar al café. Tart apenas podía respirar, se había agotado por haber corrido tanto.
- ¿Dónde estaban? ¡Es tarde! – recriminó Shirogane – ¡pónganse ya a trabajar!
- ¡Qué bueno que hayan llegado! Nuevamente hay un montón de clientes que atender, y pocas personas están ayudando – protestó Ichigo mientras miraba como Mint tomaba su té.
- Tranquilízate Ichigo, para eso están los aliens que contratamos – respondió Mint con soberbia.
- Sí, pero por lo que se ve, solo uno se presentó a trabajar – contestó Ichigo ya muy molesta
- ¡Cálmate Ichigo-san! Estoy segura que ellos habrán tenido sus razones, o quizás se les hizo tarde, o estaban muy cansados – dijo Lettuce, intentando calmar la situación, aunque en el fondo estaba algo decepcionada por no poder ver a Pai.
- Es verdad, ¿por qué estás tan molesta, Ichigo? – preguntó Mint
- ¿Yo? ¿Molesta? ¡Claro que no! ¿Por qué tendría que estar molesta? ¿A mi qué me importa que el idiota de Kisshu haya tenido una cita con la primer estúpida que se le cruzó, y que por eso no haya venido a trabajar? ¡No estoy molesta para nada! – respondió Ichigo furiosa
- ¿Kisshu-san tuvo una cita? – Preguntó Lettuce sorprendida – vaya, qué rápido
- Parece que no pierden el tiempo. ¿Pero a ti te molestó el hecho de que no haya venido a trabajar, o que haya tenido una cita? – interrogó Mint, con mirada sospechosa.
- ¡YA TE DIJE QUE NO ESTOY MOLESTA! – contestó Ichigo, casi lanzando fuego por la boca. Luego de decir esto, se fue enojada a los vestidores.
- Claro, seguro que no está molesta – se burló Mint.
…
- Es un estúpido, lo odio, ¡lo odio profundamente! No le volveré a hablar, ¡ni siquiera lo miraré!, o quizás… podría atacarlo con mi strawberry bell muahaha. Sí, eso sería gracioso – pensaba Ichigo para sí misma, mientras limpiaba una mesa. Las demás veían cómo tenía un aura de maldad a su alrededor.
Ya era de noche, el café estaba por cerrar sus puertas. Pai y Kisshu no habían aparecido en toda la tarde.
Ichigo ya no estaba molesta, en algún momento de la tarde, había entrado en razón y se había preguntado a sí misma por qué estaba molesta. Se le pasó por la cabeza pensar que quizás podrían ser celos… pero no, obviamente lo negó, no podía ser eso para nada.
- Por fin terminamos, fue un día largo – exclamó Lettuce, agotada por todo el trabajo que habían tenido.
- Sí, no veo la hora de ir a casa a dormir. Por cierto… chicas, lamento haberles gritado hoy, puede que quizás haya estado algo molesta jaja – admitió Ichigo, con algo de vergüenza
- ¡Qué raro! Si no lo decías, ni nos dábamos cuenta – respondió Mint con burla
- Bueno, pero si estuve molesta es porque con todo el trabajo que tenemos, los aliens se toman el gusto de no presentarse a trabajar. ¡A todos nos gustaría salir de paseo en vez de estar trabajando! – reprochó Ichigo
- Lo entiendo Ichigo-san, pero piensa que fue su primer día, quizás querían conocer un poco más la ciudad, recuerda que hace cuatro años que no pisan la tierra – respondió Lettuce haciendo reflexionar a Ichigo, y logrando que entre en razón
- Tienes razón Lettuce, quizás fui un poco desconsidera – contestó Ichigo, ya despejada de todos los pensamientos negativos.
- ¡Hola! Disculpen la tardanza, tuve una salida agradable con una persona y perdí la noción del tiempo – dijo Kisshu disculpándose, luego de haberse teletransportado al café.
- Kisshu-san, por fin llegas, necesitábamos tu ayuda aquí en el café – contestó Lettuce
- Lo siento, se me hizo tar-
- ¡Buenas noches! – dijo Ichigo amargamente, antes de marcharse, pegando un portazo, y logrando el silencio de todos los que allí quedaron.
