- Por favor te pido que cuides a la niña mientras cocino.- esas palabras resonaban una y otra vez en su mente, estaba parado en el primero escalón, sin saber si subir o quedarse ahí. Estaba asustado, tenía miedo de ¿una pequeña niña? Era realmente extraño, ¿un hombre adulto tenerle miedo a una niña? Sonaba algo estúpido pero era la verdad, después de todo era la primera vez que estaría y cuidaría a una niña así de pequeña, siempre estando con adultos y ahora… solo con esa niña, lo peor es que estaría solo con ella, puede que anoche allá estado con ella, pero no era lo mismo porque ahí ambos habían estado dormidos y no despiertos como ahorita, perdido en sus pensamientos, reaccionó cuando se encontró frente a la puerta de la habitación de Isabel, se rascó la nuca y tragó saliva.
- Solo serán unos minutos, no creo que Ana se tarde toda una eternidad haciendo la cena.- pensó y tocó la puerta.
- Adelante.- contestó una voz, con mucho cuidado giró la perilla y abrió lentamente la puerta, revelando a la menor, quien estaba sentada en una mesita, perfecta para su tamaño, jugando al té.
- …- Alfred no sabía que decir ni que hacer, así que entró a la habitación y cerró la puerta, se recargó sobre esta y miró a los lados algo nervioso.
- ¿Qué se te ofrece?-preguntó la pequeña escondiéndose detrás de su peluche, a quien abrazaba.
- Pues… Ana me mandó a cuidarte… no quiere que estés sola… ella está haciendo la cena… ¿Qué te gustaría hacer? Puedo leerte un cuento… *traga saliva* jugar al té… o…-
- Ammm… ¿tienes algo interesante en esta casa?- preguntó Isabel haciendo una carita que mostraba mucha ternura, a la cual Alfred no pudo resistirse y con un poco más de confianza se acercó a donde ella estaba.
- Tengo una colección.-
- ¿Una colección?- preguntó impresionada.
- Si… es una colección ¿Quieres verla? Solo te aviso que está en un cuarto que tengo allá abajo, no te haré nada, solo te la mostraré.-
- Pero… ¿en dónde está ese cuarto?-
- Esta al lado de la sala, es mi oficina, nadie entra ahí… o al menos eso era antes… olvida lo último que dije, solo dime ¿quieres ir o no?-
- Por supuesto, vamos.- sin decir más Isabel tomó sus sandalias y se las puso, tomó su osito y caminó hasta la puerta, Alfred estaba algo impresionado por la actitud de la menor, pensar que hace un momento estaba actuando tímida y de un momento a otro eso cambió, se notaba más confiable y mostraba esa inocencia que la hacía tan especial, no pudo evitar sonreír y con esa sonrisa caminó hasta donde ella estaba, con algo de timidez María tomó la mano del mayor, lo cual sorprendió mucho a este, no dijo nada y ambos bajaron a la sala.
~~~~~ á ~~~~~
- Que bonita se ve la cocina llena de comida de verdad, para ser hombre Alfred tiene buen gusto por los diseños, la cocina es realmente amplia, perfecta para andar de un lado a otro, los electrodomésticos son de marcas reconocidas y aun así me preguntó ¿Por qué rayos no tenía nada de comer? Bueno, es nuestro primer día aquí así que no se nada, seguiré preparando la cena.- estaba concentrada escogiendo y cortando los alimentos cuando de repente comenzó a escuchar pasos y una que otra risa, no pudo soportar la curiosidad y se asomó por la puerta que daba a la sala, fue cuando vio a Isabel entrar con Alfred al cuarto al que había entrado hace unas horas.- ¿Será que intente hacerle algo a mi pequeña?- se preguntó y con mucho sigilo caminó hasta la habitación, donde, con mucho cuidado, se recargó sobre la puerta para escuchar lo que decían.
- ¿Qué es eso?- fue lo primero que escuchó, la voz era de Isabel.
- ¿Esto? No lo puedes tocar, solo míralo, puede pasar algo malo si lo tocas.- contestó Alfred con mucha tranquilidad.
- ¡PAS!- se escuchó cuando abrieron la puerta de golpe.
- M-mi puerta… era… de roble…- dijo el estadounidense casi susurrando.
- ¡¿QUÉ LE HACIAS A MI PEQUEÑA?!- gritó Ana enfurecida.
- ¡NO LE ESTABA HACIENDO NADA! ¡NO SE QUE HAYAS PENSADO PERO NO ESTABAMOS HACIENDO NADA!-
- ¡NO TE HAGAS EL INOCENTE, ESCUCHÉ CUANDO LE DECIAS QUE NO LO TOCARA!-
- ¡PERVERTIDA! ¡MENTE SUCIA! ¡Jamás le haría eso a una pequeña!- comenzaron a gritarse los dos, Isabel no sabía qué hacer, solo miraba a los lados en busca de ayuda, sino hacía algo Alfred podía acabar internado, por lo que solo había una cosa que hacer. Ana ya tenía acorralado al rubio en una esquina, tomó lo primero que encontró en unos estantes y estaba dispuesta a darle su "merecido", hasta que sintió unas manitas tomar su vestido.
- Nana, no le hagas nada, él no ha hecho nada malo, solo me estaba mostrando su colección.- dijo la dulce e inocente voz.
- ¿S-su… colección…?- preguntó la chica, se alejó un poco de Alfred y dejó caer los libros que tenía en sus manos.- Entonces… ¿no te estaba haciendo nada malo?- preguntó nerviosa y tragó saliva.
- Claro que no, ya te dije que no soy un pedófilo, le estaba mostrando mi colección de videojuegos y accesorios de estos.- contestó Alfred serio. Ana no contestó nada, estaba muy apenada, pensó que esa actitud había sido imperdonable, era hora de confiar en los demás y no encerrarse en ellas dos, ahora había un tercero en sus vidas.
- Bueno… y-yo… este… n-no se… que decir…-
- Anda di esas palabras.- la retó el norteamericano, lo cual solo hizo que la chica comenzara a sudar frio de los nervios.
- L-lo… ¿Huelen eso?- preguntó con un tono e intención de desviar, aparentemente, la conversación.
- No vengas con eso, dilo, no cambiaras el rumbo de esta conversación.-
- No… es enserio… huele como… si algo estuviera… ¡LA COMIDA!- gritó Ana y salió corriendo rumbo a la cocina, Alfred se recargó en la pared y dejó salir un gran suspiro, Isabel solo se sentó en un banquito y se puso a jugar con su peluche.
- No puedo creer que hiciera eso para librarse de esta…- de repente el olor extraño llegó a su nariz y efectivamente, algo se estaba quemando.- No… no…- comenzó a decir y a caminar a la salida de su oficina.- ¡MI COCINA!
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El trio estaba sentado en el comedor, una personita jugando, otra viendo con seriedad a la chica mayor y está desviando la mirada.
- ¿Ahora que cenaremos? La comida está quemada y la cocina sucia.- comenzó Alfred.
- Podría cocinar algo sencillo.- contestó Ana sin mirar al rubio.
- Ya es tarde, además no vas a cocinar con la cocina sucia, es antihigiénico, lo mejor es pedir una pizza.-
- No, eso no, no dejaré que Isabel coma eso.-
- No digas eso, además no tengo la culpa de que hayas dejado la comida con la estufa prendida, tus pensamientos sucios ocasionaron eso, no pelearemos más, llamaré a la pizzería ahora mismo y se acabó.- tomó su celular y marcó el número de la pizzería, Ana no dijo, no era oportuno alegar, además tenía razón, los tres estaban hambrientos y una pizza era lo más fácil de conseguir.
- Buenas noches, ¿Qué se le ofrece?- contestó la trabajadora de la pizzería.
- Buenas noches, quiero una pizza mediana de… un momento por favor, ¿Hawaiana o de pepperoni?-
- De ninguna ya te dije que no comeremos pizza.-
- ¿Qué es eso que llaman pizza?- preguntó María.-
- La quiero de… espera… ¿no sabes que es una pizza?- dijo Alfred algo alterado.
- No, nunca había escuchado esa palabra antes, tampoco sé cómo es y obviamente nunca la he comido, ¿Qué es una pizza?-
- N-no puedo creerlo… Ana… ¿en qué mundo vivían ustedes? ¿De qué dimensión son? ¿Acaso son extraterrestres o que? *se levanta de su asiento y se agarra la cabeza* Pequeña… ¿Qué has hecho para no saber que es una pizza?-
- Deja el drama Alfredo.- Ana le quitó el teléfono a este y continuó con el pedido, una vez que terminó colgó la llamada.- No sabe que es porque nunca ha comido una, Antonio nunca dejó que las comiera, siempre ha comido sano.-
- Que tipo más duro, eso no se hace, no tiene corazón…-
- Ya deja el drama y ponte a hacer algo productivo, yo limpiare la cocina, cuida a Isabel, pero aquí en la sala.-
- Esta bien… le enseñaré como jugar…-
- ¡NO! Eso es para niños, no es de niñas.-
- Claro… aun así le gustara ver como juego.-
