Pese a las protestas de Ana hacia Alfred, de que no le enseñara a jugar videojuegos, el segundo acabó mostrándole sus grandes conocimientos en juegos y como jugarlos, a la pequeña Isabel todo eso le llamó la atención, cosa que impresionó al estadounidense, tanto que hasta acabó prometiéndole que le equiparía su cuarto con ese tipo de cosas, claro que antes hizo prometer a María que no le diría nada su nana, pues sería la primera en oponerse.
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- ¿A dónde van?- le preguntó Ana al rubio.
- Iremos a la tienda de juegos más cercana.- contestó este.
- Te recuerdo que es de noche y la pizza está por llegar.-
- Bip bip.- se escuchó afuera.
- ¿Escuchaste? Es hora de cenar, la pizza ya llegó… y mañana hay que levantarse temprano para ir a comprar el vestido de Isabel, te recuerdo que tiene varios…-
- Bien… me ahorraré dinero…- a punto estaba de decirle a Ana que su pequeña esposa usara uno de esos vestidos cuando…- Pero sino vamos… ¡NO TENDRÉ OTRA OPORTUNIDAD DE SACAR A ISABEL DE CASA! ¡Y LE FALLARÉ NO COMPRANDOLE SU CONTROL Y CONSOLA! Creo que hay que ir mañana al centro comercial, iré con ustedes, las acompañaré.-
- ¿Eh? ¿Estás loco? ¿Te sientes bien?- le preguntó Ana completamente confundida.- Mari ¿Acaso están tramando algo?-
- No nana.- contestó la menor con una gran sonrisa.
- ¡GENIAL! Es como un perrito entrenado, hace lo que le pidas y sabe guardar secretos, gracias Ana.- fue lo que pensó el estadounidense, aguantando las ganas de hacer una pose victoriosa, definitivamente mañana llevaría a la niña a conocer el paraíso.
- ¿No me estás mintiendo? Sabes que es malo mentir María Isabel.-
- Para nada nana, estoy diciendo la verdad.- contestó y puso unos ojos que mostraban ternura e inocencia. Pagaron la pizza y comenzaron a cenar, se despidieron y cada quien fue a su respectiva habitación, una vez que Ana vio que la niña estaba completamente dormida emprendió la ida a su casa. Quería dormir, pues mañana sería un dio algo ocupado, otra vez de compras y de ahí a la reunión… A ella le encantaba la idea, pero sabía que a la pequeña no le agradaba en lo absoluto, odiaba ir a comprar ropa, se aburría con facilidad y eso la hacía algo inquieta. En fin… aunque no quisiera tenía que ir.
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Al día siguiente se levantaron temprano y a las diez de la mañana ya estaban los tres en el centro comercial, Alfred se veía terrible, a pesar de haberse dado una buena ducha con agua fría, su rostro se veía adormitado y demacrado, vaya ni los lentes le habían podido ocultar esas ojeras que cargaba, la niña no se quedaba atrás, donde veía un asiento aprovechaba la oportunidad de descansar, aunque fueran tan solo segundos y al parecer Ana era la única entusiasmada en la compra del vestido.
- Quiten esa cara, apenas son las doce y ya se ven más que aburridos.- comentó la chica mayor.
- No se puede, esto de venir a comprar ropa no es lo mío, debería de estar despertándome apenas, los fines de semana son sagrados y son para eso: dormir.-
- Ay si, como no… ya visitamos varias tiendas, pero ninguna me convence con sus modelos, todos se ven tan tétricos… y extravagantes…-
- Ana… en la tienda de allá hay vestidos "no extravagantes" y todos los hiciste a un lado, dijiste que no eran lo suficientemente elegantes, te recuerdo que es una pequeña reunión entre países y lo más seguro es que ella acabe sucia por jugar con los demás.-
- ¿Con los demás? ¿Acaso hay más niños como ella?-
- Por supuesto, no es la única infante, estoy seguro de que se llevara bien con ellos, ya sabes cómo son los niños, se ponen a jugar y acaban sucios. No tiene sentido que le compres un vestido tan caro y adornado, para que al final acabe de esa manera.- esas palabras las meditó un poco Ana y solo asintió, no tardaron mucho en encontrar el vestido y decidieron que era hora de ir a casa, pues la reunión se acercaba.
- Ufff… que bueno que logré convencerla, ya me estaba aburriendo, no sé cómo me salieron esas palabras pero fueron increíbles.- pensó, sintiéndose victorioso por haber convencido a una mujer. Logro desbloqueado: Vámonos a casa chica (500 g)
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Llegaron a casa directo a alistarse, Ana había llevado uno de los vestidos que usaba cuando iban a reuniones, se veía más formal y los colores eran claros, un vestido largo, cuello de tortuga, mangas largas, delantal… de alguna manera le gustaba vestirse así. Alfred miró el reloj, ya era hora de irse, prendió el auto e inmediatamente bajaron las chicas.
- ¿Llevan todo? ¿Están listas?- preguntó Alfred antes de emprender el camino.
- Si, todo está listo, ya podemos irnos.- contestó Ana.
El viaje no fue tan largo, solo tardaron como una media hora para llegar a la mansión de Francis, había varios autos estacionados, en lo que al parecer era un estacionamiento especial para los invitados. Ana estaba sorprendida, desde la carretera se podía apreciar el terreno de Francis, el jardín se veía hermoso, las flores inundaban el lugar, el pasto se veía completamente verde, justo en el centro había un pequeño laberinto de puros arbustos y en el centro de este estaba una fuente, asientos, mesas, pequeñas palapas elegantes… ¿Cómo es que podían vivir con todos esos lujos? Normalmente la gente se conformaba con solo una casa bien hecha y un pequeño pero ¿Todo esto?…
- Mmmm… ¿Todos los de tu tipo viven de esta manera?- preguntó Ana sin dejar de mirar el lugar.
- Digamos… viven según la economía de sus países, yo puedo vivir en un lugar como este, pero no me gusta, además vivo, vivía solo y no tenía caso tener una mansión para solo una persona, ¿Antonio no vivía de esta manera?-
- Su casa de aquí no era así… supongo que la que está en su país si… de cualquier manera debe de ser hostigante vivir así.-
- La personas se acostumbran, aunque no tiene sentido vivir en un lugar así de grande, es como una grosería para aquellos que se esfuerzan trabajando y apenas tienen para vivir… en fin…-
- Cambiando ligeramente el tema, ¿Antonio va a venir a esta reunión?-
- No sé, de eso no estoy seguro, casi no asisto a este tipo de reuniones.-
- ¿Entonces por qué vinimos?-
- Porque no quería que nos fueran a sacar de la casa, eran capaces de hacer un escándalo ahí afuera, así que lo mejor era venir.- después de eso todo se quedó en silencio, llegaron a la entrada, Alfred le dio las llaves del auto al portero, se acomodó el saco y los tres entraron a la mansión.
