Los mayordomos llevaron a Ana e Isabel hasta otra sección del jardín, donde estaban los demás niños, a lo lejos se escucharon risas y una que otra voz de adulto, al parecer eran las naciones a cargo de las más pequeñas, en eso un balón de futbol americano cayó cerca de donde estaban ambas chicas, haciendo que la mayor gritara del susto.
- Lo siento, no fue mi intención, pensé que no había nadie.- se disculpó el albino.
- No se preocupe, debería de tener más cuidado antes de lanzar el balón.- contestó Ana de una manera seria pero con un tono formal.
- Vamos, no me digas que eres de esas fresitas de la realeza, esas no saben divertirse y están amargadas.-
- Retire lo dicho, que siga las normas y no sea escandalosa es diferente a que no me sepa divertir.-
- De seguro adoras bailar el vals con esa música aburrida mientras bebes té y observas como víbora a las demás, claro, te miraran más feo a ti, porque ese vestido que traes no es el apropiado para esta ocasión.- la chica estuvo a punto de perder los escrúpulos y explotar, quería matar al albino, pero antes de que pudiera hacer algo, un extra interfirió.
- Le pido que disculpe a mi hermano señorita, él es algo… liberal… no guarda mucho la compostura y tampoco es muy disciplinado.-
- ¡¿CÓMO QUE NO SOY DISCIPLINADO?!- gritó Gilbert.
- Ignórelo si es tan amable, mi nombre es LudwingBeilschmidt.- Ana se quedó sorprendida por la actitud del menor, para ser un niño estaba muy bien educado en comparación de quien, al parecer, era su hermano.-
- West, ya te he dicho que no seas así, te harás amargado como ella, vamos a seguir jugando futbol americano.-
- Ya te dije que no jugaré eso, no es muy grato para mis gustos y no llames amargada a la gente educada, no es correcto, deberíamos de poner el ejemplo a la sociedad, por personas como tu es que este mundo a veces tiene problemas.-
- (O_O) - fue la reacción tanto de María como de Ana, pensar que ambos tenían la misma edad y ese niño había madurado tan rápido, era un milagro, sobre todo por como era su hermano y daba aires de ser un niño prodigio. Ana se acordó de que el menor se había presentado, por lo que ellas también debían hacerlo, no sería correcto no presentarse.
- Disculpe jovencito, usted ya se presentó y nosotras no, disculpe el error.-
- Mi nombre es María Isabel, es un placer conocerlo Ludwing.- dijo la pequeña mientras abrazaba su peluche e intentaba soportar las ganas de esconderse detrás de Ana.
- Y el mío es Ana Domínguez, soy la nana de la niña Isabel, es un placer conocerlos.-
- El placer es nuestro señoritas, ahora les pido que me sigan a donde están los demás, no son tan maduros aun, son niños de su edad [Tu también deberías de serlo] se la pasan jugando y corriendo sin importarles si se ensucian la ropa o no, por favor sígame.- comentó Ludwing, ambas chicas y Gilbert, caminaron hasta un área de juegos, había columpios, puentes, un mini castillo, muñecas y juegos de té, era el paraíso para María, la menor le hizo señas a su nana, quien entendió lo que quería decir y caminaron juntas hasta las mesitas de té.
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- Veo que no eres su niñero después de todo.- comentó cierto inglés.
- La niñera venia incluida en el paquete.- contestó algo serio Alfred.
- Vamos, ¿te molestaste por lo de hace rato? Agradece que no le dije mocosa.-
- ¡Ya basta!- gritó Alfred, se levantó de su asiento y tiró la taza de té de Arthur, causando que algo de este callera en su ropa.
- ¿Por qué hiciste eso?- preguntó intentando guardar la compostura mientras lo observaba con una mirada asesina.
- ¿Por qué? ¿Todavía preguntas por qué? No te dije nada frente a ella porque no quería que hubiera problemas y nos viera.-
- Vamos, es solo una mocosa mal criada, apuesto a que debe de pasársela llorando todas las noches y no te deja dormir para nada, también cada vez que van a comprar ha de hacer sus berrinches porque quiere que le compres varias cosas y como tú te niegas se pone a llorar frente a todos haciéndote quedar en vergüenza. ¿Qué estabas pensando al aceptar semejante trato? Prácticamente te entregaron a la niña sin importarles que le pasaría estando a tu lado, tal vez en las noches entras a su cuarto y la miras deseando que crezca, para así poder hacerla tu esposa por completo…- solo sonó un golpe, si, solo eso, los trabajadores corrieron a donde se encontraban ambos hombres y Francis se interpuso entre los dos, recibiendo unos puñetazos en la cara y mandándolo fuera del lugar de la pelea.
- M-mi rostro… mi-mi-mi suave rostro… ustedes… ¡ENGRENDOS DEL MAL!-
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- ¿Fue tío Francis el que gritó?- preguntó una de las naciones menores, mientras caminaba a
- No fue él, debe de ser algún vecino.- contestó Elizabeth. Claro que debió de haber sido un vecino, si es que encuentras alguna persona en más de 10 kilómetros de maleza. Los mayores se miraron entre sí, asintieron y se retiraron del lugar, dejando a las trabajadoras a cargo de los menores.
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