Mientras tanto al otro lado de la mansión…

Algunos empleados yacían con las naciones que tenían algo de problemas, dos trabajadoras atención al francés, quien había resultado herido por la pequeña disputa entre Alfred y Arthur, Ana estaba junto al americano, el cual estaba siendo retenido por dos empleados más. Arthur nunca dejó su pose elegante, al contrario, se alzó aún más mientras miraba con odio a su compañero rubio.

- No entiendo porque pelearon, aun no me has dicho nada.- decía Ana una y otra vez, ella insistía en que se le hiciera saber cuál había sido el motivo de la discusión para así ayudar, si es que era posible.

- Ya te dije que te explicaré luego, quizás sea mejor irnos.- le dijo Alfred sin dejar de mirar al inglés.

- Pero acabamos de llegar…- intentó detenerlo Ana.

- No importa, no quiero que a Isabel le suceda nada, por cierto ¿Dónde está ella?- preguntó Alfred algo preocupado.

- Ella está con una de las trabajadoras.-

- ¿No hay ningún niño con ella?-

- No, está sola, o bueno… al menos así la dejé…- Alfred no dijo nada más, mordió sus labios y le dijo a los empleados que lo soltaran, que ya se había tranquilizado. Miraba a Francis una y otra vez, estaba muy apenado por lo que había sucedido y quería ofrecerle disculpas, pero ya sería en otro momento, algún instante en que el irritable inglés no estuviese presente.

- Francis… ¿Necesitas algo, estás bien? ¿Quieres que llame a algún doctor? ¿Algo?- preguntaba el norteamericano con pena.

- Oh~ Ami… no te preocupes, todo está bien… solo espero que mi rostro no quede desfigurado, porque si eso sucede me encargaré de que los apresen a ti y al cejudo para después ahorcarlos. Sabes que vivo de mi belleza, además no se la puedo negar a las chicas, mmmm…- contestó el francés mientras hacia uno que otro movimiento dramático.- Deberías de ir a ver a tu pequeña esposa, puede que… necesite algo…-

- Bueno, iré al área de niños, regreso en un rato. Vamos Ana.- la chica no protestó, solo lo siguió, no iba a su lado, sino detrás, como acostumbraba a ir detrás de Antonio cuando recién lo había conocido. Por un momento pensó en que quizás él debía de estar en alguna parte de la mansión, la simple idea de pensar en volver a ver al español la alegraba y estaba segura de que a Isabel la alegraría mucho más. Buscó con la mirada por todos los lugares que pasaba, buscando una señal de que Antonin estuviera por ahí, pero todo lucia normal, tranquilo, sin nada sospechoso.

~~~~~~ á ~~~~~~

- Mira cómo va esa perra detrás de Alfred.- comentó Arthur sin importarle que las trabajadoras estuviesen presentes.- No entiendo cómo es que puede haberla aceptado en su casa, que horror... -

- Arthy, Arthy… deberías de casarte, o por lo menos conseguirte una novia, necesitas encontrar algo que alegre tu vida, eres muy serio, amargado y te enojas con facilidad. ¡Ya se! Unas vacaciones en la playa te vendrían bien.- dijo Francis intentando evadir el tema que Arthur había sacado.

- No estoy interesado en amarrar mi vida a alguien que se envejecerá y que ni siquiera yo quiera.-

- Ya encontraras a alguien, solo no te vayas a fijar en Isabelita. Esa niña es un amor de persona, es demasiado tierna, tiene suerte de ser solo una pequeñita, sino estaría entre mis brazos.-

- A veces siento que estas enfermo, andas con una y con otra, tú también debes de decidirte.-

- Oh ami, ami, lo mio es diferente, al menos yo si estoy feliz, golpeado como ahorita pero feliz. Además seguiré insistiendo, ojalá la encuentres pronto, pero te repito: no te fijes en Isabel.-

- Jamás me fijaría en una mocosa, no soy pedófilo.-

- Tu mismo dijiste hace un rato que ella tiene que crecer y apuesto a que cuando crezca se pondrá aún más hermosa.-

- Hermosa ¿ella? ¡Por favor! No me hagas reír.-

- Jaja, quiero que digas eso mismo en unos años.- dijo el francés con una gran sonrisa en el rostro. Arthur tomó su taza de té, cruzó las piernas (así como lo hacen los hombres, no vayan a pensar que como una mujer e.e) y con mucha seguridad dijo:

- De mi parte jamás saldrá un alago hacia ella.- y bebió el té.

~~~~~ á ~~~~~

- Alfred… ¿Qué sucedió entre ustedes dos?- preguntó Ana para romper el incómodo silencio que se había generado mientras caminaban por los jardines de la mansión.

- Dijo algo que no tiene importancia.- contestó secamente.

- ¡¿Cómo no va a tenerla?! Si no lo tuviese entonces no se habrían golpeado.-

- No nos golpeamos, Francis se interpuso y recibió los puños de cada uno de nosotros, debo de admitir que es un acto algo valiente de su parte, me cuesta creer eso un poco ya que Francis no es así.- Al escuchar eso Ana se detuvo y suspiró un par de veces, Alfred sintió que ella no estaba tan cerca como hasta hace un rato por lo que también se detuvo y volteó a ver detrás.- ¿Te sucede algo?-

- No es nada, solo que… al parecer no me piensas decir porque sucedió eso, ¿verdad?- el rubio meditó un poco la pregunta, mordió sus labios y jugaba con lo que encontraba dentro de los bolsillos de su pantalón.

- Puede que si… pero este no es el momento y el lugar, ¿sabes? Pienso que deberías ir a ver a Isabel, no vaya a ser que esté llorando o este algo asustada ya que no estás con ella. Vez, yo las alcanzaré en un rato.- Ana no dijo nada más, solo asintió y se dirigió al área donde yacían los niños.