El joven de cabellos castaños estaba escondido detrás de una puerta, a través de la bisagra observaba a la pequeña y su nana. Deseaba poder estar con ella, pero no podía, estaba prohibido. Desde que habían llegado a la reunión Antonio había estado observándoles, le sorprendía lo grande y linda que estaba la niña. Realmente la extraña a. Hubiese dado todo lo posible con tal de tener a la menor entre sus brazos y poder jugar un poco con ella. Era un sueño. No podía.
En eso, Isabel volteó a la habitación, al parecer sentía que alguien la estaba observando y la niña no se equivocó.
- ¡Hermano!- gritó la pequeña de alegría y corrió hacia donde él estaba. El español comenzó a correr. Si hubiese sido su elección la habría recibido en sus brazos, pero no podía. Tenía que hacer todo lo posible para no ser descubierto.
Comenzó a correr lo más que podía, se sentía muy mal. Dejaba a la persona que mas quería en el mundo atrás. Él mismo impedía cumplir con el pequeño sueño de ambos.
- Lo siento Isabel... No puedo hacer otra cosa...-
Maria corría detrás de él y a pesar de que se estaba cansando no paraba de seguir a su hermano. Antonio se sentía muy mal, escuchar las súplicas de la menor para que se detuviera lo destrozaban aun más de lo que ya estaba. En lo que corría divisó una habitación, la puerta estaba abierta. De manera rápida recordó el plano de la mansión del francés, se asomó por una gran ventanilla y se dio cuenta de que ya estaban en el último piso. Maldición... Entró a la habitación que había visto antes y se escondió. Isabel entró al cuarto y comenzó a buscar a su hermano con la mirada, al verse sola se soltó a llorar. Ella estaba arrinconada en una esquina, abrazaba sus piernitas y sollozaba.
El español no pudo evitarlo y salió de su escondite.
- Hola Isabel, ¿Cómo has estado?- preguntó con una gran sonrisa mientras extendía sus brazos. Al escuchar la voz del hombre Maria alzó la mirada, sonrió, limpió sus lágrimas y corrió a los brazos de hermano.
- ¡Hermano! Sabía que eras tu.-
Fue un hermosa escena. No se puede describir.
- Antonio, ¿Por qué no me has visitado? Prometiste ir a verme.- un nudo en la garganta se formó en Antonio.
- Ammm... Es que últimamente he estado muy ocupado...-
- Pero si estabas durante la reunión, ¿Por qué no me saludaste? Tenía muchas ganas de verte.-
- Es que acabo de llegar de viaje.-
- Esta bien... Pero ¿Por qué corrías?- eran muchas preguntas y las respuestas muy falsas, Antonio no recordaba a Isabel ser así. Siempre fue callada pero ahora era muy curiosa.
- Estaba haciendo ejercicio... No me di cuenta que venías detrás de mi, luego escuché a alguien llorar y vi que eras tu, mi bella hermanita.-
- No lo vuelvas a hacer... Te estuve gritando, parecía que me ignorabas... Me sentí muy mal... Solo quiero pasar un tiempo con mi hermano...-
- Lo siento Isabel, te prometo que algún día te visitaré y jugaremos mucho.-
- Eso espero hermano.- dicho eso la pequeña abrazó con mucha fuerza a su hermano. Pasaron un ratito platicando y jugando. Reían demasiado, ambos extrañaban pasar el tiempo así, era maravilloso. Por esos instantes se olvidaron de las personas que los estaban buscando, solo se concentraron en ellos. Lástima que toda fiesta tenga que tener un pequeño incidente. Ya saben, ese pequeño momento malo en que arruina por completo la felicidad y alegría de los invitados.
La puerta de la habitación sonó muy fuerte al ser abierta, un hombre rubio apuntaba al español con una pistola. Se veía muy nervioso y sino se calmaba heriría a alguno de los presentes. Claro que como Isabel era muy inocente sonrió y le habló al americano.
- Hola Alfred. Te presento a mi hermano, se llama Antonio.-
Ahí estaban, frente a él. En el aire podía escuchar las risas de ambos. ¿Realmente ese hombre tenía malas intenciones? Que jurado más estupido. Ana estaba llorando, y Alfred aún no comprendía porqué él e Isabel... Ella se veía tan feliz... Al fin tenía a esa persona que tanto quería y le dolía que no era él.
- ¿Q-qué haces aquí?- preguntó Alfred nervioso.
- Yo... No sabía que ustedes estaban aquí... Lo juro...- contestó Antonio. Se levantó del piso, donde estaba con Maria, y cargó a la pequeña.
- Déjala en el piso. No sé si eres capaz de hacerle algo o no...-
- Por favor, es mi hermana. No sería capaz de lastimarla, incluso ese día te deje claro: si intentas hacerle o le haces algo que la lastime, no me importará lo que el mugre consejo de tu país y el de ella hayan acordado, iré por ella y por ti. Te daré una lección que jamás olvidarás.-
Hubo silencio en la sala. Fueron unos momentos muy incómodos y tensos. De repente, esa mala vibra murió. Los tacones de los zapatos de Ana se escucharon. Ella caminó casi desmayándose hasta donde se encontraban los dos hermanos. Sonrió entre lágrimas y se lanzó a los brazos de él. De nuevo se soltó a llorar.
- Te extrañé... Demasiado... No sabes cuanta falta nos haces...- Alfred se sintió mal, jamás creyó que quisieran tanto al europeo. Le costaba aceptar que antes de él había alguien más, quería que Isabel lo abrazara y le dijera que lo quería mucho. No era necesario que ella se enamorara de él, a decir verdad, él sentía que ella era como su hermanita y ver esa escena le dolía. Ver como Ana lloraba por él y como Maria reía junto a él... Haría todo lo posible por ganarse la confianza de ambas y lo más difícil: Su cariño.
- Ana... ¿Cómo han estado?-
- Muy preocupadas, no te habíamos visto desde ese día... Pensamos que estarías muy mal, pero ya veo que no. Eso me alegra demasiado...-
- Hermano, quiero que vayamos al parque juntos, como solíamos hacerlo siempre que venías.-
- Isa... Yo no...- Antonio ni siquiera pudo terminar la oración, pues unos hombres de servicio secreto entraron a la escena.
- Está detenido señor Fernández.- dijo uno de ellos mientras otros dos esposaban al español. Isabel abrazó muy fuerte a Ana y ambas miraron atónitas la escena.
- ¡Dejen a mi hermano! No se lo pueden llevar... Él no ha hecho nada malo...- La niña se bajó de los brazos de su nana al ver que se llevaban a Antonio, intentó detenerlos, pero ella era solo una pequeña niña y no podía compararse en fuerza ante aquellos hombres extraños. Alfred bajó la mirada y Francis lo observó detenidamente.
- ¡Alfred! ¿Por qué están haciendo esto? Isabel estaba aquí, vio como se llevaron a Antonio. ¡Y lo peor es que él no hizo nada malo!-
- Lo siento Ana. Toma a Isabel y vamos a casa.-
- ¡No nos iremos sin que nos des una explicación!-
- Lo siento, no puedo decirte.- fue lo único que el americano dijo y siguió a los hombres. Francis también fue detrás de ellos.
- Ami, eso que hicieron está prohibido. Entraron en territorio extranjero. Están en mi país, no en el suyo. Podría declararles la guerra por eso.-
- Si quieres hazlo, creo que podremos contra ti.-
- Que arrogante eres. Siquiera deberías de darles una explicación. Lo que quieres es ganarte la confianza y afecto de ellas dos, pero de esta manera no se puede.-
- No puedo hacer nada, así son las cosas.-
- Claro que si lo puedes hacer, habla con ellas, o de lo contrario te odiarán.-
- No tienen porqué hacerlo.-
- Si. Tienen una buena excusa. Oye... Isabel solo es una niña, le quitaste lo que ella quiere más en este mundo. Admite que jamás ocuparás ese lugar, pues tu eres su esposo, no su hermano.- la sala principal se quedó en silencio, Alfred intentó meditar esas palabras, lo que lo enfureció y salió muy rápido del lugar.
- Eso debieron de haber pensado sus hombres antes de entregarla a nosotros.- dijo entre dientes. Atrás del francés estaban Maria y Ana, ambas llorando sin saber que sucedía ni que hacer.
- Ana, amour... ¿Estás bien?-
- No...-
- ¿Y la niña?-
- Tampoco...-
- Ammm... ¿Se irán con Alfred, quieren que las lleve o gustan pasar la noche en mi casa?-
- No sé... No queremos verlo, pero tampoco queremos dejar que haga lo que sea... Por favor... Llévanos a casa...-
- Pediré que alisten el auto enseguida.-
Kdabaoebw disculpen por no haber actualizado antes, mi lap se me cayó y pues... Ahí quedó... No es lo mismo escribir en la computadora que en el cel. Es un poquito incómodo en este último, en fin...
Ódienme por haber escrito esto cx
Los (as) quiero (/u\) tengan un lindo fin de semana.
