Alfred vio como se llevaban al español, era doloroso para él ver que Isabel y Ana estaban molestas con él, pero bueno, ya se les pasaría. Las llevaría a casa y todo regresaría a la normalidad, claro, eso pensaba…

Esperó unos minutos a que las chicas salieran del lugar, pero las vio salir acompañadas del francés, eso no gustó en lo más mínimo.

- ¿A dónde van?- preguntó preocupado y serio a la vez.

- Francis nos llevará a casa.-

- No, ustedes vinieron conmigo y regresaran conmigo. No hay necesidad de que él las lleve. Para eso estoy yo.-

- Gracias por tu oferta, pero penosamente negamos aceptarla. Nos vemos allá.- no se dijo nada más. Ana entró con Isabel al auto del europeo y Alfred simplemente vio como se alejaban poco a poco. Su esperanza de llegar a ganarse el cariño de ambas lo veía lentamente destrozado, pero era obvio que él no era el culpable. ¡Por supuesto! Todo era culpa de Toño, pues él se había metido en sus vidas de nuevo justo cuando ya comenzaban a olvidarlo. Claro, eso debía de ser. Era obvio que él jamás tendría la culpa… Y eso mostraba que el americano se negaba a aceptar que alguien más ocupaba el lugar que tanto deseaba…

Llegaron a casa, todo estaba silencioso, Alfred aún no llegaba, era extraño, pues el chofer había confirmado varias veces que él venía detrás de ellos y ahora parecía que se hubiese esfumado.

- Creo que estará mejor que no lo veamos hasta mañana.- pensaba la joven. Isabel ya estaba dormida, se veía tan tierna y Ana no podía evitar sonreír al verla, la quería demasiado. Con ayuda del chofer entró a la casa y llevó a María hasta su habitación, la arropó y se sentó a un lado de la cama. Esperaría hasta que el norteamericano llegara. No se iría y dejaría sola a la menor, se culparía si algo le pasase mientras no hubiese nadie en casa.

Pasaron al menos dos horas y Alfred llegó, se podía notar que estaba de mal humor, su rostro lo decía, es más, lo gritaba. La chica se salió de la habitación sin dirigirle la palabra, no quería molestarlo más de lo que se veía que estaba. Él vio que se retiraba, tocó la perilla de su habitación y pensó en que sería bueno decir en ese momento.

- Si me explicaras que pasó cuando estaban con él sería más fácil que las entendiese. ¿Por qué no me lo cuentas?- Ana detuvo su caminar, inhaló y exhaló, miró al piso discretamente y contestó:

- Aunque te lo contase no entenderías el dolor y sufrimiento. Solamente le hablaría al aire, jamás lo comprenderías, eres hueco para entenderlo. Mejor no preguntes nada y sigue intentando ser buena persona con ella.-

- ¿Y contigo?-

- Preocúpate por ella. Yo me tengo que ir algún día, será mejor que ella te tenga cariño y no odio cuando me vaya de este mundo.-

- Ana… Por favor… Cuéntame que pasó…-

- Ya te dije que no… Si me permites, me tengo que ir, ya es tarde. Descanse señor Jones.- dijo y salió del lugar, Alfred simplemente observó como desaparecía del lugar y cuando ya no pudo verla entró a su habitación.

La mañana comenzó diferente a las demás: era muy callada. Como en las películas, estaba lloviznando y el clima era algo frio. Isabel coloreaba en la mesita de la cocina mientras Ana preparaba el desayuno y Alfred no había bajado de su habitación.

- ¿Le llamaré para que venga a comer?- Se preguntaba Ana.- Mejor le llevo el desayuno a su cuarto. ¿Quieres venir Isabel?-

- No, aquí estoy bien. Además estoy ocupada.- Por un instante Ana maldijo a la pequeña, pero pues ella tenía el derecho a negarse. Aunque hubiese preferido ir con ella, era como un pequeño escudo contra el americano. Le daba algo de gracia pensar de esa manera, pero no importaba, haría lo posible por no matarlo. Llamó a la puerta y escuchó un débil: "adelante." Se armó de valor y entró a la habitación.

- Aquí está tu desayuno. Si se te ofrece algo más solo dilo.- de manera rápida se dirigió a la puerta pero fue detenida.

- Espera.-

- ¿Qué se te ofrece?- preguntó mientras tomaba con delicadeza la perilla de la puerta.

- Por favor, cuéntame lo que pasó cuando estaban con Antonio.- Ana guardó silencio, es más ni siquiera podía tartamudear, su respirar estaba demasiado lento, sentía como se ahogaba poco a poco.- Ana… Realmente quiero saber que sucedió, quiero saber su pasado.-

- No creo que te agrade saberlo.- casi corriendo salió del lugar, al cerrar la puerta tomó aire y caminó de manera rápida hasta el jardín trasero, pero antes se aseguró de que Isabel no la hubiese visto. Se dirigió a un árbol, debajo de cual, había unos asientos que se mecían. Se sentó en ellos y dejó romper el llanto.

- Lo que él no entiende es que no es lindo recordar el sufrimiento por el que pasas. Lo único que quieres hacer es dejarlo atrás, olvidarte lo más que puedas de ello. No queda de otra más que ser fuerte, pero a veces es imposible. Se sufre demasiado como para sonreír. Que todos los días nos vea reír no quiere decir que no estemos ocultando nuestro dolor, nuestro sufrimiento, es lo que él debe de entender.-

Isabel seguía dibujando y coloreando en la sala, su desayuno poco a poco comenzaba a enfriarse, estaba tan entretenida que no había notado que su nana aún no regresaba.

- ¿Qué haces?- le preguntó Alfred.

- Ah, hola.- contestó secamente la menor sin dejar de colorear.- Estoy pintando unos dibujos, ¿Por qué?-

- Mmmmm solo preguntaba. Te recomiendo que comas eso antes de que esté frio, ya luego no lo querrás comer.-

- Cuando acabe de dibujar comeré. ¿Se te ofrece algo? Es que estoy ocupada.-

- Ammm si… ¿Y tu nana?-

- No sé, dijo que iba a dejarte el desayuno.-

- Si, ya fue… ¿A dónde se habrá metido? A lo mejor… fue a comprar algo.- Improvisó. Con mucha discreción se asomó por las puertas para ver que Ana no estuviese cerca, se sentó junto a la menor y pensó en que si sería buena idea preguntarle o no.- Oye… ¿Puedo hacerte una pregunta?-

- Hazla, pero no te prometo contestarla.- No, no era buena idea, además ella solo era una niña, mejor se quedaba con la duda antes de lastimarla, sin contar que Ana lo quemaría en la hoguera por haberlo hecho.

- Nada… olvídalo…- Alfred se levantó de la mesa y se dirigió a la sala.-

- ¿A dónde vas?-

- Saldré un rato. Regresaré en unas dos o tres horas. Nos vemos Isa.-

Hola (/u\) Disculpen la súper demora, pero la suerte no está de mi lado. Ahora a mi cel le cayó el control de Xbox y le rompió la pantalla y pues no tenia en que escribir, bueno sí, tengo la compu de escritorio pero no me gusta escribir en ella por los acentos, pero bueno, decidí continuar la historia, pues les prometí seguirla ;) Aquí está el capitulo 28, espero que les guste. ¡Tengan una linda semana!