Un callejón oscuro, contenedores de basura y cajas en ese lugar, un olor fétido que sale de las cañerías… Ese definitivamente no era el lugar en el que John iba a entregarle la información que tenía sobre el español. Habían quedado de verse en una cafetería, ahí John le iba a entregar a Alfred un sobre, el cual contendría todo lo que él había podido conseguir sobre su querido amigo. Ambos hicieron que esa pequeña reunión pareciese lo más normal posible, pero con Freddie vestido de detective al lado, eso no parecía acabar bien.
- Si llega a haber problemas con la reina te avisaré. No te preocupes, haré todo lo que esté en mis manos para que no pierdas tu trabajo, y si eso llegase a pasar yo te daré un empleo, ya sería tu decisión si aceptas quedarte ahí o buscar algo más.- Comentó el rubio.
- Le ruego a todos los dioses porque eso no suceda… Amelia no es linda cuando se molesta…-
- He estado con ella desde que nació y he visto muchos de sus cambios de humor, créeme que eso no sería nada...-
De repente la plática cambió drásticamente a lo dura que era la reina en cuanto a sus castigos, no eran nada discretos y las pocas personas que estaban ahí cerca escuchaban de manera discreta al trio. Ojalá que Amelia no se enterase de nada.
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La noche cayó, Alfred llegó a su casa y encontró que Isabel y Ana estaban viendo películas.
- Buenas noches.- Dijo él sin emoción aparente. Las chicas solo contestaron un débil "Hola" sin dejar de mirar la televisión. Alfred movió ligeramente la cabeza y entró a su despacho. Cerró la puerta, pero no le puso seguro, se vería demasiado sospechoso si lo hacía y pues no quería que nadie pensara cosas erróneas.
Contempló el sobre, ese sobre contenía algo que cambiaría su vida y la de tres personas más, sobre todo de dos. Tenía la pequeña esperanza de que las cosas cambiarían para bien de todos. Puede que su nueva vida no haya iniciado de una manera tan buena, pero tampoco comenzó tan mal, tenía fe en que esto lo ayudaría demasiado.
Sus dedos templaban, los nervios lo consumían: en parte quería abrir ese sobre y a la vez no…
- Toc toc.- Llamó alguien a la puerta. Eso lo sacó de sus pensamientos y rápidamente contestó con un "adelante." Ana abrió lentamente la puerta y con ello se asomaba.
- Vamos a cenar, ¿Quieres que te haga algo de comer?- Preguntó la chica. Alfred se sorprendió por aquella acción, pues nunca, en el tiempo que llevaban ahí, le había ofrecido, si quiera, un vaso de agua. Jones asintió y la chica de nuevo cerró la puerta, esta vez dejándolo solo. Miró el sobre y decidió que mejor dejaría las cosas así, no le importaba que lo odiaran, ya se les pasaría el enojo… O eso es lo que pensaba.
Los tres estaban cenando en el comedor, todo estaba silencioso y ninguno se atrevía a hablar. Isabel tarareaba de vez en cuando, pero no hacía nada más. A Alfred eso le incomodaba demasiado, no dejaba de pensar en lo que había sucedido en la reunión pasada y tampoco dejaba de recordar el rostro de felicidad de la menor y de su hermano. Lucían tan felices en su recuerdo… Tanto que lo comenzaba a odiar.
- ¿Qué tiene él que yo no?- Se preguntó. Vaya, hasta la pregunta era algo tonta, era más que obvio: Él era su hermano, la persona que la cuidó desde que era solo una bebita, y él solo era un intruso en su vida, alguien que estaba con ella por conveniencia. Aunque si pensaba más en eso, estaba alegre de que todo eso hubiese pasado. Puede que para ella eso fuese un golpe muy fuerte y por ello tenía, quizás, algún trauma. Si, a lo mejor… Bueno, si ella lo tenía la ayudaría en todo lo que pudiera, y si lo pensaba más a fondo, le gustaba tener una hermana (aunque ella fuese su esposa.) Fue ahí cuando Antonio regresó a su mente y los pensamientos de ver a Isabel y él felices lo comenzaban a molestar aún más. Por un instante la comida se volvió desabrida y con ello el silencio parecía una barrera espesa, imposible de romper. Simplemente se levantó del asiento y dijo:
- Provecho.- No dejó mucha comida en su plato, pero eso a Ana no le gustó. Esa actitud tan repentina era demasiado rara. Quería ofrecerle su ayuda y su amistad, pero pensaba que él no la aceptaría tan fácil.
- Nana, ¿Qué tiene Alfred?- Preguntó la pequeña con voz inocente.
- Nada, quizás tuvo un mal día…- Contestó la joven.- Solo sigue comiendo, recuerda que la hora del baño y de irse a dormir se acerca poco a poco.-
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- Él no tiene la culpa de nada.- Pensó y aventó una libreta de notas contra la pared. Para su suerte no se escuchó el golpe, sino Isabel y Ana correrían a verlo. Se sentó junto a la ventana y recargó sus codos contra las rodillas y su rostro en las manos.- No es justo que él pague solo por hacerla reír… Definitivamente no es justo.-
Y en otra parte de la casa… Con mucho cuidado cerró la puerta de la habitación de la pequeña María Isabel. Ana estaba dispuesta a ir a su casa para descansar, pero justo cuando iba bajando las escaleras, se encontró con Jones.
- Mañana tendré una salida, regresaré hasta en la noche y quizás hasta el día siguiente. Quiero que te quedes con la niña desde temprano, no quiero que se quede sola ningún momento.-
- Está bien, llegaré a las seis de la mañana. ¿Está bien a esa hora?-
- Si, está bien. En cuanto llegues tú, me iré yo. Cualquier cosa pídele ayuda a Francis. Su número telefónico está en el refrigerador junto al de otros países, pero te suplico que solo le hables en caso de una emergencia. Si alguien te pregunta por mí, tú contestarás que tuve que salir. No les des explicaciones ni nada, solo contesta eso.- Ana simplemente asintió. No entendía porque rayos le pedía que dijera prácticamente nada. Vaya, ni ella sabía a donde iría, pero no lo cuestionaría. Ya se le ocurría algo por si las cosas no salían como el norteamericano esperaba.
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La mañana llegó y justo a las 6:00 a.m. la joven entró por la puerta de la entrada. Alfred estaba sentado en la sala bebiendo algo de café. El olor del café inundaba el lugar, al parecer no había tenido una buena noche, incluso en su rostro se podía notar la preocupación. Cuando vio que la chica estaba dentro, tomó las llaves de su auto y salió. Ana se quedó pensando en que estaba planeando, no le agradaba la idea de que, de una manera algo precipitada, le pidiese que se quedará con la niña y no diera explicaciones sobre su futuro paradero. Algo le decía que nada acabaría bien. Después de pensar unas cosas se dirigió a la cocina para comenzar a preparar el desayuno.
- ¿Qué irás a hacer Alfred?-
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Disculpen la super demora, pero con esto de la escuela y el servicio solo ocupo la computadora por ratos :c Hago lo posible por continuar la historia, disculpen sino publico tan seguido…
