Condujo apresurado, en un par de ocasiones estuvo a punto de chocar, pero realmente quería llegar lo más pronto posible. Haberse ido en avión hubiese sido mejor, pero no quería que nadie se enterara de a donde se dirigía, no por el momento. Después de conducir unas horas, llegó al lugar al que quería. Había mucha seguridad, demasiados guardias, había pensado en la opción de escapar con la persona por la que había ido, pero al ver tanta seguridad, cambió de opinión y decidió que sería mejor resolver todo por las buenas.

- Es un milagro verlo por aquí Mr. Jones. ¿Qué lo trae por aquí? La reina no ha solicitado nada para usted, o algún encargo.- Dijo uno de los directivos del lugar.

- Estoy aquí por un asunto algo especial, nadie tiene que enterarse.-

- ¿Ni la reina? ¿Qué te traes entre manos?-

- Algo que no debería de ser de tu incumbencia. ¿Podemos hablar en otro lado?- Preguntó Alfred. Pues, efectivamente, nadie debía de enterarse de lo que estaba a punto de hacer.

- Claro, vayamos a mi oficina, la cual no está llena de cámaras de seguridad.- Dijo con un tono sarcástico.

- ¡Maldición!- Dijo en su mente una y otra vez.- ¿Puedes salir ahorita? Realmente necesito hablar contigo sobre esto.-

- Ahora, ahora, no. Pero después de que acabé la hora de trabajo, podríamos discutirlo mientras bebemos unas copas. ¿Qué te parece?- Alfred pensó la oferta por unos segundos y acabó aceptando. Estuvo esperando en su auto unas 4 horas hasta que acabara la jornada. Estaba durmiendo, cuando escuchó que la puerta de su coche se abrió y cerró. Era el directivo.

- Dime, ¿Con o sin mujeres?- Jones le dio una mirada como respuesta y Michael comenzó a reírse levemente.- Disculpa, disculpa, sabes que no hablo enserio, era broma. Ya sé que estás casado, no con una mujer exactamente, pero ya estás casado…-

- Sabes que no me gustan ese tipo de bromas.-

- Lo sé, pero pensé que quizás podía hacerte reír, siempre estás serio, y hacerte, cuando menos sonreír, es como un gran logro.- Jones no contestó nada y simplemente arrancó el auto. Michael lo guió hasta un bar más o menos lujoso, eso era buena señal, al menos no gastaría tanto dinero en alcohol. Se bajaron del auto y entraron al lugar, ya instalados y después de unas copas, Alfred se animó a decir el motivo por el que estaba ahí.

- No tengo porqué mentirte, tu sabes que no vengo a esta ciudad a menos que Amelia me lo pida o al menos que yo quiera conseguir algo.-

- Creo que entiendo que es lo que buscas. Es al español, ¿Verdad?- El estadounidense bajó un poco la mirada y mordió sus labios, lo que contestó la respuesta del directivo.- Mira, eso es algo delicado, no puedo asegurarte una visita, la reina fue muy clara, no quiere verlo libre de nuevo.-

- Sabes que eso puede provocar una guerra entre el gobierno español y nosotros. Dudo que quieras estar en el campo de batalla, tienes miedo, te haces el valiente porque solo tratas con hombres encerrados y desarmados. Pienso que podríamos llegar a un pequeño acuerdo.- El hombre se sentó erguido, jugó con la copa y después de unos minutos volteo a verlo.

- Podríamos usar lo primero como excusa. Aunque… Sabes que eso no durará solo un día, puede durar meses e incluso años, tienes que ser muy paciente.-

- Sé lo que viene, y sé que Amelia no estará nada contenta con esto.-

- Ella es quien me preocupa…-

~~~~~á~~~~~

Ir y venir. Estaba cansado, pero ya casi se acercaba al final. Ya que se trataba de un asunto internacional no hubo tiempo de espera, magníficamente en un mes el caso estaba casi resuelto. Ahora solo quedaba hablar con aquella mujer, estaba hecha una fiera, se podía escuchar desde afuera el sonido que hacían sus botas cada vez que encontraban el suelo, además de gritos. Se armó de valor, tomó la perilla y la giró para entrar, se asomó lentamente pero no vio nada.

- Adelante Jones.- La voz era seria y muy pesada. Entró y vio a la mujer recargada de la pared, cruzaba tobillos y brazos.- No sé cómo es que no me di cuenta de que tú comenzaste todo. ¿Sabes en el problema que nos has metido?- Amelia utilizó un tono amenazador, eso no le importó a Jones y le contestó desafiante.

- España exige la liberación de Antonio, es más que obvio, les pertenece y tenerlo aquí encerrado significa que ese país está bajo nuestro poder.-

- Si, eso lo sé…-

- ¿Y entonces como es que permitiste que se lo llevaran? Debiste regresarlo inmediatamente e impedirle la entrada al país, eso hubiese sido una mejor opción. Tú misma buscas los problemas.-

- ¡Estoy cuidando a Isabel!-

- ¡ESTÁS BUSCANDO UNA GUERRA!- Amelia calló.- Es obvio que ya debes de saber que España está buscando aliados para atacar en caso de que tú te niegues a liberar a liberar a Antonio.- Alfred esperó una respuesta pero no llegó.- Añoras una guerra, quieres que cedan a tus provocaciones, sabes que si ganamos España será de nuestra propiedad, eso es lo que quieres ¿No?-

- Estoy haciendo lo que está a mi alcance para hacer que nuestro sea poderoso y próspero, ¡soy capaz de hacer cualquier cosa!-

- ¡PERO ENCERRAR A LA GENTE ESTÁ MAL! Lo que tienes que hacer es dejarlo libre y prohibirle la entrada a nuestro país, no tenerlo tras las rejas, eso solo nos va a traer problemas.- Hubo unos segundos de silencio, la monarca suspiró.

- Sé que él ya es libre, tú lo tienes escondido en algún sitio... Solo ve y termina con lo que empezaste: puede regresar a su país pero no quiero que el costo del transporte salga de las reservas del Estado, tendrás que pagarlo tú.-

- El dinero es lo que menos importa.-

- Lo que tu digas, solo no quiero que se acerque a la niña o armaré un escándalo que será internacional y terminará en tragedia. Tienes la decisión de paz o guerra en tus manos.- Tras decir eso la mujer salió de la habitación quedándose Alfred solo. Estaba parado, estaba estático pero confiaba en que lo que había hecho era lo correcto. Llevó una de sus manos a la cabeza y comenzó a moverla en signo de negación.

- ¿Sucede algo malo Alfred?- Esa dulce voz lo sacó inmediatamente de sus pensamientos, era Sharon.- No lo niegues, solo quisiera saber que tan grave es el asunto, perdona mi intromisión...-

- N-no es ni un problema pequeña, solo que...- Se detuvo.

- ¿Es porque Isabel no podrá volver a ver a su hermano?- El hombre solo asintió, le dolía admitirlo pero era imposible negarlo.- Puedo ayudarte... Escuché que mamá va a mandar a hombres a vigilarte, podríamos organizar una pequeña reunión, claro que no tiene que durar más de diez minutos, es demasiado peligroso y aunque me cueste decirlo... tengo miedo de que mamá cumpla sus amenazas.-

- ¿Te refieres a que solo se despidan y ya?-

- Así es, sé que no es la mejor opción, pero cuando menos que tengan ese último recuerdo de ambos. Van a pasar muchos años antes de que se vuelvan a encontrar, por eso es bueno que se despidan.- Jones caminó hacia el ventanal, observó como el cielo lloraba y lo relacionó con el corazón de la pequeña Isabel y el de Ana. Necesitaba darles una esperanza y el español era lo mejor.

- Está bien, esperaré tus instrucciones pero tiene que ser rápido.-