Regresó a casa, habían pasado al menos tres semanas desde que se había ido sin decir algo. Entró a su hogar, no esperaba que Isabel y Ana lo recibieran con los brazos abiertos pues lo que había sucedido las había dejado marcadas mucho más de lo que ya estaban. Una vez dentro miró a su alrededor, todo seguía normal, o al menos eso aparentaba.
- Iré a mi oficina a ver si llegó algo.- Pensó. Al entrar sintió un olor a hierbas, era agradable. Al menos Ana no había dejado de limpiar el sitio pese a su gran molestia.- Puede que ya se les haya pasado el enojo…- Comentó para sí mismo. Fue a su escritorio y vio varias cartas así como carpetas con documentos. ¡Hoy no iba dormir temprano! Llevó una de sus manos a la cabeza y se jaló suavemente el cabello. Comenzaba a dudar sobre sí su pequeño viaje había sido una buena idea… en fin, ya lo descubriría pronto. Decidió ir por una taza de café antes de comenzar su ardua tarea, necesitaría mucha cafeína para mantenerse despierto, al menos hasta las cuatro de la mañana del día siguiente.
Salió de la habitación y se encontró con Ana, quien llevaba una pila de ropa, ni uno se había percatado del otro por lo que sin más ambos chocaron y cayeron.
- ¡Maldita sea!- Dijo la nana demasiado molesta.- Si quiera hubieras avisado que habías llegado, pude haberte hecho algo desagradable si te hubiese confundido con algún ladrón.- Lo último lo dijo con un tono amenazante y frío, lo cual no pasó desapercibido por el estadounidense.
- Lo siento… No quería importunar con mi presencia, sé bien que no soy recibido en mi propia casa, así que por lo menos intenté no darles problemas con mi llegada.-
- No es que los des, no del todo directamente…- Hubo silencio, ambos se levantaron del suelo y recogieron la ropa. Ni uno se atrevía a hablar. La chica tomó de nuevo la pila de ropa y se dirigió a las escaleras.- Por lo menos avisa cuando llegues, nos tenías preocupadas.- Ana intentó restarle importancia a sus palabras, quería que no notará la preocupación en esa oración, claro que nuestro amigo sí lo notó. No lo expresó, pero por dentro se sentía bien saber que tenía la oportunidad de ser perdonado.
***** á *****
Un par de horas pasaron y la mayoría de su trabajo ya había terminado, simplemente era leer notificaciones y firmar algunos papeles, no había nada serio y complicado de por medio. Se estiró desde su asiento y decidió salir a dar una vuelta por la casa, las piernas se le estaban entumiendo por la falta de movilidad, así que le convenía subir y bajar las escaleras por lo que lo hizo.
Ya en la segunda planta de la casa la curiosidad lo comía por dentro, quería ver a la pequeña Isabel, no le importaba ser rechazado por ella, solo quería saber cómo se encontraba. Se acercó lentamente a la habitación de la menor, observó la perilla y se preguntó por varios segundos sí sería buena idea entrar. Caminó en círculos por un rato hasta que escuchó risas, eso le indicaba que el ambiente dentro no era tenso por lo que decidido tomó el picaporte y…
- ¿Qué se te ofrece Alfred?- Preguntó la nana. Ambas se encontraban jugando al té. María al ver al hombre abrazó su peluche, desvió su mirada de él e hizo lo posible por no llorar.
- Yo…- No sabía que decir.- Yo… yo solo… quería saber cómo estaba la niña…-
- ¿Física o mentalmente?- Eso no le gustó al joven para nada.
- No me digas que está mal por lo de su hermano…- No pudo seguir hablando pues la pequeña se levantó de la pequeña silla repentinamente y corrió hacía el pasillo, no sin antes pegarle a Jones al salir.
- ¡ISABEL, REGRESA!- Ana salió detrás de la niña, seguida por Alfred. La primera estaba preocupada y el segundo no entendía por qué tanta desesperación.- ¡NO VAYAS A SALIR A LA CALLE!- Pero fue inútil, la ignoró. María siguió corriendo con rapidez y Ana no conseguía alcanzarla. Sí no lo hacía la perdería de vista y tendrían que comenzar una búsqueda. La chica se detuvo, estaba exhausta, hacía un buen tiempo que no se ejercitaba.- ¡Alfred ve por tu carro, solo así la alcanzaremos!-
- Lo haré, pero no entiendo cómo es que ella corre demasiado rápido siendo solamente una niña.-
- Es un país, es obvio que tiene fuerza y rapidez más que un ser humano común, sobre todo porque está chica…-
- Está bien, está bien… iré por el auto, tu síguela, no puede ir muy lejos.- Ni bien se alejó dos metros de Ana y ésta se tiró al piso mientras rompía en llanto.
- ¡ISABEL ESTUVO PERDIDA DURANTE DOS DÍAS MIENTRAS TE FUISTE!- Alfred se detuvo, estaba petrificado y horrorizado por aquella confesión. Se giró para verla, dio pasos lentos y la levantó tomándola de los hombros. Todo fue tan repentino…
- ¡¿CÓMO QUÉ ISABEL SE PERDIÓ!?- Era una fiera, soltó a Ana bruscamente, casi aventándola a la cera.- ¡NO PUEDO CREER QUE HAYAS SIDO TAN DESCUIDADA, ES SOLO UNA NIÑA, PUDO HABERLE PASADO CUALQUIER COSA!-
- ¡SÉ QUE DEBÍ HABERTE DICHO AL LLEGAR SOBRE ESO, PERO NO PUDE PORQUE…
- ¡CÁLLATE, NO QUIERO ESCUCHAR TUS ABSURDAS EXCUSAS!- Los ojos de Ana se abrieron completamente, un hermoso brillo emanaba de estos así como un lindo manantial de los mismos.- ¡Sí algo le pasa a María será TU culpa!- Ana fue golpeada mentalmente ante esas palabras.- Me encargaré de que te alejes de ella. ¡YA NO SERÁS MÁS SU NIÑERA, IRRESPONSABLE!- Ese fue el golpe final, la joven cayó de rodillas al piso, no paraba de llorar. Isabel era lo único por lo que vivía y no estaba dispuesta a perderla, esa niña era la luz de su vida, era el motor y la esencia que movía su alma. Sin ella no tenía idea de lo que haría.
A Jones no le importó el estado de la nana, regresó apresurado a su casa y llamó a la policía solicitando ayuda. Maldecía la hora en que se le había ocurrido decir esas palabras, no tenía idea de que afectarían tanto a la menor. Respecto a Ana tenía que pensarlo bien, no era una decisión fácil de tomar, admitía que todo lo anterior lo había dicho dejándose llevar por el coraje que sintió en ese momento y no había sido correcto. Se subió a su coche y se dejó caer en el asiento del piloto, suspiró una y otra vez.
- Dios… cuídala… por favor, es solo una niña… es inocente, no tiene la culpa de lo que le sucede…-
Encendió el auto, conducía con lentitud, era obvio que con ir rápido no ganaría nada, Isabel se había esfumado de la zona y lo mejor era ir con calma viendo los alrededores. En eso divisó a Ana, al verla se le partió el alma: la chica preguntaba desesperadamente a cualquier persona que se le atravesara sobre María, al ver que le decían que no, su llanto aumentaba mucho más, volteaba una y otra vez hacía todos los sitios con la esperanza de poder encontrar a la niña. Pobre mujer, no se imaginaba como había podido pasar por aquél momento amargo, la primera escapada de Isabel, sola. Era fuerte, eso se notaba a simple vista pero ahora estaba destrozada.
- ¿Cómo habrá sido la vida de ella antes de llegar a ser la niñera de esa pequeña?- Esa era una buena pregunta. Ahora que lo pensaba más detenidamente se había dado cuenta de que no tenía información alguna sobre aquella mujer y, ahora que lo pensaba mucho más, se percató de que prácticamente era una desconocida, una extraña que había dejado entrar a su casa. También pensaba que era normal proteger y querer a un niño al que cuidabas todos los días pero… ¿Por qué tanto afecto y tanta preocupación por la niña? Maldición… Ahora tenía algo que le incomodaba en su mente y no iba a estar tranquilo hasta averiguarlo.
¡Hola! ¿Cómo han estado? Me disculpo demasiado por hacerlos esperar tanto tiempo por la actualización, no solo de este fic sino de todos (por si es que alguien lee los demás que tengo). He tenido una fea temporada y no había podido escribir absolutamente nada… Apenas hoy fue que pude continuar, lo había intentado días anteriores pero era un completo asco. Estudiar una carrera que no quieres afecta demasiado la mente. En fin. Espero que el capítulo sea de su agrado, así como la historia. No duden en dejar sus comentarios y sugerencias, las tomo mucho en cuenta. ¡Feliz fin de semana!
