Se encontraban en la sala. Habían transcurrido al menos 4 horas desde que la menor había logrado escaparse, la preocupación era algo simple de notar. Ni uno había podido dormir durante ese lapso de tiempo. ¿Cómo era que Isabel se había logrado esfumar de esa zona de la ciudad? Tanto los policías como ellos no dejaban de hacerse esa pregunta, estaba claro que no era una humana común pero era demasiada rapidez ya que era solamente una niña pequeña. Los encargados de la investigación ya habían ordenado que se colocara vigilancia en todas las carreteras del estado.

Ana tenía los ojos hinchados de tanto llorar, no había poder humano que lograra consolarla; por su parte, Alfred solo se limitaba a respirar por medio de la boca, no quería que lo viesen llorar pues se suponía que él nunca hacía eso pero esta ocasión era diferente.

- Continuaremos patrullando, nos comunicaremos con ustedes si nos enteramos de algo importante. Por favor, mantengan la calma. Sé que para ustedes no es nada fácil tener que esperar, pero les pido que tengan paciencia. Esperamos que la niña aparezca pronto.- Al escuchar eso, sin pensarlo, Ana se recargó del pecho de Alfred, lo cual le sorprendió demasiado al último, aunque, a pesar de eso, decidió no hacer absolutamente nada. Sabía que la niña era muy importante para ella pero aún no lograba entender por qué lo era demasiado. Solo esperaba que la joven lo explicase algún día.

- Ana…- Se atrevió a decir algo. Al escuchar la chica la voz del joven, ésta se separó rápidamente de Jones y se limpió las lágrimas.

- ¿Si?- Preguntó disimulando la pena por lo sucedido.

- Ammm… Oye… Tu e Isabel…- Alfred intentaba formular una pregunta pero no se le ocurría absolutamente nada. No era su intención hacer que la chica se separara de él, pues no le molestaba ya que ambos compartían el dolor.- Perdona que sea algo indiscreto pero me gustaría saber desde cuándo comenzaste a cuidar a Isabel, quisiera saber más sobre su pasado.- Al escuchar eso. Ana comenzó a reír de manera nerviosa.

- Ah… Sobre eso… ¡Jajajaja! Sobre eso…- Ella esbozaba una sonrisa llena de nerviosismo, lo cual, para Alfred, no era buena señal.

- ¿Acaso quieres esconder algo?-

- ¡NO, PARA NADA!- No podía mantener la calma ni disimular, de eso ya se había dado cuenta.- ¡Qué bajo movimiento!- Pensó la chica.- Se aprovechó de mi inestabilidad psicológica para hacerme este tipo de preguntas. Lo siento Alfred, perdona mi actitud, pero sabes que no me encuentro bien para hablar de ese tipo de cosas.-

- Siento que no quieres que sepa algo. ¿Se trata de Antonio? ¡¿Le hizo algo a Isabel cuando estaba más chiquita?!-

- ¡NO! ¡ANTONIO SERÍA INCAPAZ DE HACERLE ALGO A ESA PEQUEÑA, LA ADORA!- Ana había cambiado, parecía una fiera, no paraba de gritarle cosas en favor del español, es como si fuera un salvador para ella. Esa actitud hacía más ansiosa la necesidad de conocer la vida pasada de los tres, era demasiado interesante para él.

- ¿Eras amante de Antonio?-

Un golpe se escuchó. El silencio reinó. Alfred acariciaba lentamente su mejilla, la cual estaba completamente roja. Ana le dedicó una mirada de odio al chico, eso lo hizo estremecer, aunque, a decir verdad, aquello lo sentía más como una mirada amenazante y fría, como sí se tratase de un victimario.

- No creí que pensases cosas de ese tipo. Te creí una persona más decente.- El tono de voz, el maldito tono de voz era muy diferente a como hablaba siempre.- Escucha Jones, no te interesa ni te debe interesar nuestro pasado. No te contaré nada aunque me presiones, no creas que te considero un amigo, aún no, hay cosas que hacen que dude de ti. La historia no la sabrás a menos que YO decida contártela. Hasta entonces deberás esperar, y solo hasta entonces, cuando lo haga, deberás de ser considerado como un amigo para mí.- Esa actitud ya le daba mucho que pensar. ¿Acaso estaba viviendo con una psicópata? Por sí las dudas hablaría sobre esto con Amelia, para ver que podían hacer y, sobre todo, como proteger a Isabel.

- Okok… No te preocupes, te daré tiempo, pero por favor… no desconfíes de mí…-

***** á *****

Vagaba por las calles, más que eso, se escondía detrás de los arbustos que había a lo largo de éstas. Estaba perdida, tal como hace unos días. Sentía algo de temor, pues no conocía la ciudad; cada que un extraño se acercaba corría a esconderse en algún sitio. Prefería estar perdida a acabar en la casa de un desconocido.

Pasaron unas cuantas horas, llegó a una zona en la que parecían vivir personas con buena posición económica. Caminó unas cuantas cuadras y de repente…

- ¡HOLA!- Gritó un pequeño. María se quedó estática, a lo cual el niño se acercó aún más a ella.- ¿Qué haces por aquí? Deberías de estar en tu casa.-

- Yo…- No le dio tiempo de contestar, pues una persona mayor se acercó al par.

- Hola pequeña, ¿Qué es lo que haces en esta zona? Deberías de estar en tu casa.- María bajó la mirada. La joven sonrió y extendió su mano.- ¿Quieres venir con nosotros? Hay galletas recién horneadas y leche tibia en casa.- La pequeña asintió con una sonrisa. Tomó la mano de la mayor y el cuarteto comenzó a caminar.- Y dime… ¿Cómo es que llegaste a esta zona? Está muy lejos de tu casa.- Mari no contestó. Tenía miedo, no quería regresar a casa ¡aún no!- Está bien, no te voy a presionar, te daré algo de tiempo para que lo digas. Eso sí, tengo que avisarle a Ana y Alfred que estás aquí, deben de estar muy preocupados.-

- ¡NO LO HAGAS!- Gritó la pequeña y abrazó con fuerza el pantalón de la húngara.- Por favor…- Eso la sorprendió demasiado. Era extraño que una pequeña niña perdida no quisiese regresar a casa. Elizabeth se agachó hasta estar a su altura, con una de sus manos tomó una de la pequeña y con la otra acariciaba su cabello.- No quiero volver, no todavía.-

- Tranquila. No diré nada, pero tienes que prometerme que me vas a contar qué es lo que pasó.-

- Lo siento, pero eso no puedo decírtelo… Es un secreto…- Eli sonrió de manera forzada y se levantó.

- Vamos a casa chicos, está algo oscuro.- El cuarteto caminó rumbo a la gran casa del austriaco y de la húngara. Durante el pequeño camino los hermanos italianos iban haciendo bromas y jugando con Isabel. Ellos alegraron su día e hicieron que se olvidará de porqué estaba ahí.

- Ya llegamos.- Dijeron al unísono al entrar a la casa. Roderich estaba sentado en la sala principal leyendo y escuchando música clásica.

- Ya estás con tus cosas aburridas Sir. Avaro.- Bufó Lovino.

- Que tenga clase no quiere decir que soy aburrido. Ustedes aún están chicos, pero conforme pase el tiempo comenzaran a apreciar el arte y sus gustos serán peculiarmente finos.-

- Sí eso va a hacer que me vuelva amargado y avaro como tú, NO.-

- Onii-chan, deberías de dejar de ser tan grosero, además tenemos visitas ¡y no es correcto que seas así!- El par de hermanos comenzó a pelear. Una gota de sudor surgió en la cien de Isabel, quien estaba muy nerviosa por el comportamiento de ellos.

- Ven Mari. Dejemos que esos dos se sigan peleando.- Dijo Elizabeth.

- Pero pueden lastimarse…- En la voz de la menor había cierta preocupación.

- No hay nada que temer, siempre se comportan igual. No es que sean mal educados, pero son niños y pienso que tienen derecho a divertirse y disfrutar de su infancia.-

- Antonio dice que la infancia es un tesoro muy valioso, que no se puede recuperar una vez que se pierde, y que por eso hay que cuidarlo y disfrutarlo.- La húngara esbozó una sonrisa.

- Me sorprende que una pequeña como tú diga eso, sobre todo de una manera tan tranquila y natural…- Hubo un momento de silencio.- ¿Extrañas a tu hermano?- De repente la atmósfera cambió: el aire de paz se convirtió en uno de tensión.- Lo siento pequeña… Esto no debe de ser fácil para ti…- Esperó una respuesta pero nada llegó. La menor estaba respirando de manera agitada, estaba soportando las ganas de llorar.

- No importa.- Contesto con una pequeña sonrisa.- Espero algún día poder estar con él.-

****** á *****

Estaban desesperados, cada segundo que pasaba hacía que se ahogaran en su propia respiración. Se había movilizado a una gran parte de la policía y ya estaban considerando en que los militares debían entrar en acción. Alfred no dejaba de preguntarse qué había hecho mal. Constantemente ignoraba a Ana, pero no porqué estuviese apenado con ella, sino que lo partía verla en ese estado: ella estaba destrozada.

- ¿Por qué tanto amor hacía Isabel?- Tenía que deshacerse de esa duda, aquello también lo estaba matando. Estaba considerando en platicar seriamente con ella, necesitaba conocer más sobre el pasado, después de todo Isabel era su esposa.- ¡Eres un enfermo!- Gritó logrando captar la atención de la nana. ¡Era inaceptable que tuviera esa idea! Isabel solo era una pequeña niña y él un hombre. Hasta cierto punto, era enfermiza la idea de estar casados.

Ana se levantó del sofá y caminó con mucha lentitud hasta él. Al verla, Alfred se horrorizó. No podía creer que en tan poco tiempo la chica hubiese cambiado su aspecto.- Ana…- Susurró. La joven tenía los ojos hundidos, su cabello despeinado y su expresión daba a mostrar nada. La observó fijamente y le recordó a alguien, lo que hizo que se estremeciera.

- Deja de pensar en estupideces, no es buen momento.- Su tono de voz era demasiado serio, demasiado grave. Ya antes le había hablado de una manera similar, pero admitía que ésta daba mucho más miedo.

- No es lo que tú crees…- Silencio.- Tengo muchas ideas revueltas en mi mente, necesito aclarar una por una.- Ana le dedicó una mirada en la que le mostraba que no le interesaban sus asuntos. Eso fue suficiente para que el chico callara.

- Saldré, no puedo quedarme más tiempo aquí. Tu policía no puede hacer nada, son inútiles.- Tras decir eso caminó con rapidez a la entrada de la casa. Alfred se quedó estático por unos momentos hasta que reaccionó: no podía dejarla salir sola en la noche. En los últimos meses había incrementado levemente el número de asaltos en la ciudad, no podía dejarla sola. Corrió hasta ella, tuvo suerte, apenas alcanzó a tomarla del brazo a lo cual ella respondió girándose y golpeándolo en la cara con mucha fuerza.

- ¡MALDITA SEA!- Pensó.- Se levantó del piso, estaba demasiado molesto.- ¡¿Qué diablos te pasa?! ¡Sólo quería acompañarte, no quiero que te pase nada!- Ana estaba a punto de estallar cuando el teléfono sonó. Esa había sido la campana que salvó a Alfred, por esta vez. La joven tomó el teléfono y contestó:

- Buenas noches. Soy Eli.- Aquella llamada era sorpresiva, no esperaban que ella les llamara.

- Aaaah… Hola…-

- Sé que es muy extraño que les haya llamado y quiero disculparme por no haberlo hecho antes, pero decidí esperar un poco… Isabel está con nosotros.- Sin decir más Ana colgó el teléfono, tomó a Alfred, las llaves del auto y corrió hacia el garaje.

- ¿Qué es lo que pasa?- Preguntó Jones confundido.

- Isabel está en casa del austriaco y la húngara. Ella acaba de llamar. Tenemos que ir rápidamente allá.- Sin esperar más insertó las llaves para encender el auto pero no pudo proseguir ya que el hombre la detuvo.

- ¿Siquiera la dejaste terminar?-

- Ammmm… No…-

- Apaga el auto, hay que llamarle y hablar muy bien con ella. ¿Has pensado en qué Isabel pudo decirle que no nos dijera nada?- Ana bajó la mirada y asintió. Quitó las llaves del auto y se las entregó a él.

- Al menos… al menos está con buenas personas…-

- Exacto, así que no debes preocuparte. Llamemos para determinar cómo resolver éste inconveniente.

****** á *****

Amaneció, el sol anunciaba que sería un lindo día para salir a caminar o para disfrutarlo en el jardín de casa. El trio de pequeños desayunaba en el patio trasero mientras Elizabeth hacía un esfuerzo para no dormirse. Los menores se habían levantado a las cinco de la mañana a "buscar fantasmas" y era claro que no podía dejarlos solos, pues eran demasiado traviesos. Los niños realmente se divertían y eso le encantaba a Elizabeth, se veían muy lindos. Era triste la idea de que algún día dejarían de ser unos pequeños y tendrían que dedicarse a sus respectivos países por el resto de sus vidas…

- Me encanta como es la vida… esa guerra solo trajo dolor pero al menos trajo con ella a estos niños llenos de alegría.- Dijo Eli para sí misma.

- Dolor, pobreza, hambre y destrucción. Que no se te olvide todo eso.- Era Roderich. No es que estuviera de mal humor pero tampoco se sentía alegre. No le agradaba la idea de tener a Isabel en casa, conocía muy poco a Amelia, pero con lo poco que había logrado tratar con ella llegó a la conclusión de que era una persona demasiado problemática y que se aprovechaba de cada ocasión que se le presentase para sacar ventaja y beneficiar a su amado país. Era por ello que sí se podía evitar contacto con esa nación se hiciese.- No quiero ser grosero pero esa niña debe de irse lo más pronto posible.-

- No digas eso Rod… Se ven tan felices…-

- Pues esa felicidad momentánea nos puede costar años de paz. Prefiero evitar a toda costa las relaciones con Alfred y ella.-

- Pero es solo una niña… No va a pasar nada. Además está aquí como persona no como país…- Hubo algo de silencio.- Tan solo míralos, no dejan de sonreír. Te recuerdo que esa pequeñita ha sufrido mucho a su corta edad, no es fácil que te alejen de tu familia.-

- Antonio se lo buscó.- Dijo cortante el austriaco.

- No digas eso, Antonio no hizo nada. Los que rodeaban a la familia real se aprovecharon de la inquietud de la gente y tomaron como pretexto que esa niña significaba libertad y soberanía, sin importarles su edad y que no estba preparada para dirigir junto a su líder su país.- Tras decir eso Roderich se levantó de su asiento dejando caer con fuerza su libro en la mesa.

- No es nuestro asunto. Solo enfócate en que tenemos la misión de preparar a Feliciano y a Lovino. Olvídate del resto, en especial de todo lo que tenga que ver con Alfred.-

- No seas rencoroso con él, menos con ella… Es solo una niña.-

- Estableceré relaciones con ella cuando sea mayor, mientras no es más que una marioneta para Amelia y Alfred.-

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Hola (° °) Actualizo cada 1000 años, pero lo importante es hacerlo(?)

Bien, pues creo que las cosas se van a poner más interesantes, haré lo posible por hacer los capítulos más largos para que, por lo menos, valga la pena la espera…